En Tu Corazón
Acto Ocho
Mar y Lágrimas
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Kenshin podía sentir en su pecho y en su cara al viento, haciendo fuerte resistencia mientras él corría a todo lo que le daban las piernas. Tenía la piel húmeda y salada y con cada paso, se acercaba más al mar.
Fue durante un segundo de distracción, en que se preguntó dónde estaba Kaoru, que ella lo pasó, corriendo a toda velocidad.
-¡¡Vas a ser un huevo podrido!!- le gritó la joven. Esto animó a Kenshin a hacer un nuevo y desesperado esfuerzo por alcanzar el agua.
-¡Y tú eres una infantil!- gritó él, estirando un brazo para tomarla de la ropa y evitarle a la chica llegar antes que él. Pero Kaoru apuró más el paso y deshaciéndose de su camiseta, quedó lista para sumergirse en cuanto llegara a la primera ola, cosa que pasó unos segundos después cuando alcanzó la parte húmeda y dura de la playa, donde además pudo agarrar más velocidad al no tener el obstáculo de la arena.
Kenshin también pudo correr más rápido y de ese modo, llego junto con Kaoru al agua. Incluso la pasó por varios metros con todo el vuelo que traía, quedando más adentro del mar, donde el agua le cubría hasta los hombros. Kaoru se conformó con sumergirse hasta el pecho.
La joven traía un gracioso bikini (que Kenshin encontró durante la madrugada hurgando entre su ropa interior) que decidió usar al notar, sorprendida, que el clima era estable y muy cálido en ese lugar, a pesar del frío otoño que estaban teniendo en la capital. De la rabia que tenía con Kenshin por sacarla de su casa y de su cama a una hora tan indecente, ni se acordaba.
Kenshin también traía su traje de baño, sólo que a diferencia de Kaoru, él no se quitó la polera. El mar estaba calmo y Kaoru, en cuanto le perdió el temor, se acercó nadando a Kenshin, que flotaba relajado sobre su espalda.
-Gracias por traerme. De verdad… como este año estuve terminando mi tesis, me ocupé de eso y no pude salir a ninguna parte en el verano.-
-De nada. Pero te cobraré este servicio.-
-¿Sí? ¿Y cómo?-
Kenshin se aburrió de flotar porque de pronto, le pareció mejor idea besar a Kaoru. Cuando estaban en eso, una ola los arrastró a la orilla por estar desprevenidos y acabaron tosiendo agua de una forma poco decorosa.
El pelirrojo estaba de todos colores.
-Oh, no, lo siento, lo siento… yo… en la tele siempre se ve bien eso de besarse en el mar.-
-Claro, tonto, pero no olvides que esas escenas las graban dentro de una piscina.- le reclamó Kaoru en forma engañosa, porque la verdad es que pasado el susto se estaba muriendo de la risa.
Se quedaron sentados mirando el agua. Kenshin posó una mano sobre la de la joven.
-Sólo págame con tu felicidad. Si puedes ser feliz aquí en mi casa… entonces yo también lo seré.-
Por toda respuesta Kaoru lo abrazó y se quedaron así un rato, sentados, mojándose los pies.
Sakura, la madre adoptiva de Kenshin, los observaba desde la ventana del comedor, sonriendo. Su esposo, Seijuro, se acercó a ella. Acababa de llegar del trabajo y miró hacia fuera.
-Así que ella es la niña de la que me hablabas.-
-¿No se ven lindos?- dijo Sakura muy emocionada.- Nunca lo había visto así… tan vivo, desde lo de… de….-
Seijuro frunció el ceño.
-No menciones a esa perra. Qué bueno que se está pudriendo, esté donde esté.-
Metros más allá, Kenshin y Kaoru volvieron al agua. Esta vez no se adentraron tanto en el mar y nadaron tranquilos. En eso, Kaoru tiró de la polera a Kenshin.
-Kenshin, ¿por qué no te la sacas? No es cómodo nadar con tanta ropa.-
El pelirrojo se puso serio un momento, pero disimuló pronto y fingió una sonrisa.
-Oh, está bien así. No te preocupes. No me molesta.-
En verdad, si le molestaba, porque se le quedaba arena entre la ropa y le picaba la piel.
-Vamos, no seas tonto… quítatela… - dijo Kaoru riendo. Dejó de nadar, poniéndose de pie y atrapando a Kenshin por su ropa, que empezó a tirar hacia arriba cuando él se incorporó.
-No creo que sea una buena idea, Kaoru… - comentó él preocupado, ya sin sonrisas.- Mi cuerpo no es…-
-Vamos, Kenshin, no sufras por esas cosas, aquí no hay nadie. Sólo estamos los dos. –
-Pero tengo cicatrices. No me gusta mostrarlas… -
-No debes sentirte avergonzado. Además, ya conozco esas marcas… sólo quiero que te sientas más cómodo.-
Kenshin lo pensó mientras Kaoru ahora nadaba alrededor de él como una sirena.
-¿En verdad no te importan? – preguntó él un poco inseguro.
Kaoru asintió.
El pelirrojo entonces se quitó la polera de mangas largas y haciéndola bolita, la lanzó a la playa. Su compañera entonces pudo apreciar todos y cada uno de los cortes que surcaban su torso y espalda, incluyendo parte de los brazos.
-La cirugía sólo pudo atenuar algunas y nada más. – Explicó él mientras Kaoru seguía nadando, examinándolo. – Esto es lo que seré siempre.- agregó, como disculpándose.
Kaoru se paró frente a él y con sus dedos tocó los relieves de piel, imaginando por un momento todo el dolor físico que le tuvieron que haber causado.
-Me gusta lo que eres.- dijo ella, aún concentrada en las marcas del pelirrojo, que se quedaba sin respiración cada vez que ella las tocaba.
Cerca del corazón, Kaoru encontró una cicatriz de bala con la consiguiente piel quemada alrededor.
-"Quién le pudo hacer esto…"- se preguntó conmovida. Noches atrás, en su cuarto, algo pudo apreciar sobre esas cicatrices, pero no con tanto detalle como ahora.
La joven le echó los brazos al cuello a Kenshin sin hacer comentarios, sintiendo un repentino choque eléctrico al sentir la piel desnuda del pelirrojo pegada a la suya. Al parecer, a él le pasó lo mismo porque la abrazó fuertemente por la cintura y cuando se movió para besarla, encontró su boca más cerca que otras veces ya que Kaoru tuvo el mismo deseo.
Esta vez el mar se calmó y el agua se movía tranquila en torno a ellos, como si de una gran piscina se tratara. Con Kaoru aferrándose fuertemente a él, Kenshin bajó la cara para besarle el cuello, sin poder evitar mordisquearlo y saborear su piel salada y deliciosa. Muy a lo lejos, escuchó un sonido familiar que le anunciaba era la hora de comer y aunque trató de ignorarlo, al final soltó a regañadientes a la chica, que tenía las mejillas arreboladas y respiraba con dificultad, pero sonreía como si le hubieran dicho que se ganó el premio mayor.
-Me gusta donde vivías. ¿Acá te criaste?- preguntó Kaoru mientras se iban a la casa.
Caminaban a paso lento, tomados de la mano.
-Acá me trajeron a vivir mamá Sakura y papá Seijuro. La pasé muy bien. En el verano salía a jugar con algunos chicos de los que me hice amigo y hasta tuve una novia.-
-Vaya… o sea que las cosas empezaron a ir bien para ti cuando te sacaron del albergue.-
-Claro que sí. Mis nuevos padres me escogieron y me brindaron toda la seguridad que yo necesite. Ellos no me adoptaron para que los demás pensaran que eran grandes personas o porque fuera una moda. Ellos me adoptaron porque según mamá Sakura, al verme pensó que yo sería un buen hijo y que podría amarme verdaderamente. Y creo que yo aproveché esa oportunidad, que además era la última para mí, de tener una familia. Yo ya estaba grande y las parejas que venían a elegir ya no se interesaban por mí.-
Kaoru venía muy pensativa, con sus sandalias en la mano libre. Kenshin la miró de reojo porque venía muy callada.
-¿Pasa algo?-
La joven lo miró fijamente por unos segundos. No estaba muy segura de verbalizar lo que pensaba pero luego de un rato se decidió.
-Es que… me gustan… tus besos.-
-¿Oro?-
La joven detuvo la marcha.
-Es que me gustan, de verdad. Me gustan mucho. Siento algo aquí… - dijo, tocándose la zona entre el pecho y el estómago.- Y no sé si a ti… si a ti te pasa lo mismo…-
Kenshin la abrazó por los hombros para seguir avanzando.
-Eso me pasa con sólo mirarte.- le aclaró.
Un carraspeo los interrumpió. Kaoru levantó la vista y vio a un hombre alto y muy fornido, de negro y espeso cabello con algunas canas en las sienes.
-Kaoru, este es papá Seijuro.- dijo Kenshin al presentarlos.- Papá, ella es mi Kaoru.-
-Si, hijo, si tu mamá ya me hizo una detallada descripción de cómo es la niña, incluso me previno de su enorme belleza. Encantado de conocerte.- añadió el padre, dirigiéndose a la joven con galantería.
Kaoru quedó impresionada con el papá de Kenshin. De pronto, le parecía que esa familia era como el clon de la familia que ella tuvo porque Seijuro era muy parecido físicamente a su padre, Kojiro Kamiya.
Pasaron al comedor, donde la madre ya tenía los platos servidos. Empezarían con ramen.
-¿Te gustó la playa, hija?.- preguntó Sakura.
-Si, es muy linda y tiene un clima espectacular. Usted debe sentirse afortunada por vivir aquí.- contestó Kaoru con entusiasmo.
-Llámame Sakura, linda. Y sobre lo del clima, la verdad ni yo me explico que ha pasado… los últimos días han sido muy fríos. Incluso habían pronosticado lluvia para hoy y cuando llegó Kenshin, estaba chispeando. Pero algo pasó y sucedió este doble milagro de que saliera el sol e hiciera calor. Tal vez tú seas la causante.-
Kaoru miró a la mamá de Kenshin, sorprendida porque su propia madre solía decirle ese tipo de cosas, como: "Kaoru, las flores de cerezo abrieron antes sólo para verte sonreír". Y por eso se sintió en verdad bien, tranquila, como hacía mucho tiempo no le pasaba.
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Megumi sostenía con fuerza contra su pecho, unas carpetas que le había entregado Aoshi recientemente, ya que él le pidió que se quedara un poco más para conversar.
-Supe que usted estudia durante la noche. ¿Es correcto eso?- empezó Aoshi relajado.
-Asi es, señor Shinomori.- respondió ella con voz suave. Una vez perdido el miedo al jefe, era fácil ser amable con él. Además, nunca perdía la esperanza de que Aoshi notara "algo" especial en ella.
-¿Y qué estudias?-
Megumi le dio el nombre de su carrera y al parecer Aoshi quedó satisfecho con ello. Se sentó tras su escritorio.
-¿Te queda lejos el lugar donde estudias? Quiero la verdad. ¿Cuánto tardas en llegar?-
La joven secretaria sonrió. Muchas preguntas provenientes del jefe. Eso era interesante…
-Yo… primero llego a casa, como algo rápido y salgo a la escuela. Demoro al menos una hora de viaje, asi que no puedo retrasarme.-
Aoshi asintió mientras se tomaba la barbilla. Luego levantó la vista hacia ella.
-A pesar de que llevas poco tiempo, te has adaptado con extrema rapidez a tus funciones. No sólo eso, manejas muy bien todo lo que es el sistema de archivos, de agenda, y eso que eres muy joven.-
Megumi estaba obligando a sus piernas a sostenerla porque las sentía de hilo. ¡Shinomori decía esas cosas buenas de ella!
-Por eso, el que estudies para superarte es doblemente meritorio y he pensado en recompensar ese esfuerzo que haces.-
Aoshi hizo una corta llamada de teléfono y al terminar, regresó la atención a su secretaria temporal.
-Lo primero es financiar parte de tus estudios con una beca que otorga esta empresa a sus empleados. De acuerdo a tu esfuerzo y calificaciones, la beca podría cubrir parte o el total de tu educación.-
Si a Megumi le hubieran dicho que Kaoru volaba, no estaría más sorprendida que en ese momento. Pero Aoshi aún tenía más novedades para ella.
-Además, he pensado en optimizar tu tiempo llevándote hasta tu casa y la escuela en vehículo… –
Cuando la secretaria se estaba quedando sin aire al imaginarse a ella y Aoshi solos en un auto, algo pasó y de golpe, se abrió la puerta de la oficina. Megumi pegó un salto del susto y se le cayeron las carpetas que tenía. Aoshi en cambio, ni se inmutó.
Estaba recogiendo una de las carpetas cuando una mano grande y bronceada se posó accidentalmente sobre la de ella, haciendo que la joven diera un respingo y mirara a su costado.
Sanosuke, el hermano de Aoshi, le sonrió arrebatadoramente.
-Siento haberte asustado, pequeña.-
¿Pequeña?... ¿¿Pequeña??... ¿Qué era eso?
A ella, que prácticamente le ayudaba a Aoshi a manejar la empresa, no le podía nadie decir "pequeña".
-Megumi… - le dijo Aoshi cuando se puso de pie.- Como sabrá, este joven es Sanosuke, mi hermano. El será el responsable de llevarla a su casa y a la escuela todos los días.-
Megumi miró a Sanosuke. Era guapo, si… pero no tenía ese toque elegante de Aoshi. Y los jeans gastados que traía no ayudaban mucho a mejorar su imagen.
-Puedes elegir entre auto o moto. En lo personal, prefiero la moto porque es más rápida.- dijo Sano de buen humor.
Aoshi recibió una llamada telefónica y la atendió. Dejó en espera a su interlocutor y mientras, le indicó a Megumi que ya había terminado su charla. A Sanosuke le recomendó que cuidara a su mejor empleada.
-Bien, pequeña… te paso a recoger hoy a la salida. El vehículo de la empresa es muy bonito, creo que te gustará.- le dijo Sanosuke a Megumi cuando estuvieron fuera de la oficina.
-Hem… no es necesario que lo hagas. Puedo ir yo misma hasta mi casa y luego…-
-Nada de eso. Ya lo hablamos con mi hermano y tú mereces algo especial. Asi que hoy empezamos con el transporte gratuito para ti. ¡Nos vemos en la salida!- le dijo al tiempo que se iba y levantaba una mano a señal de despedida.
Megumi suspiró fastidiada. Era el torpe hermano de Aoshi. No Aoshi. Era el poco elegante Sanosuke, el que no tenía aptitudes para nada, el que vivía a costillas de sus hermanos. Siempre arriba de su moto, viviendo despreocupadamente.
Mientras, en la oficina, Aoshi hablaba aún por teléfono.
-Ya veo… No te preocupes, está todo bien por aquí… - decía Aoshi, sosteniendo el auricular entre el hombro y la cara mientras revisaba distraído su correo electrónico. Luego se echó hacia atrás, más relajado, tomando el aparato con una mano.
Al otro lado de la línea, Kenshin le preguntaba si lo necesitaba al día siguiente.
-Kenshin, hace tiempo que no te tomas unas vacaciones. Aprovecha que hay poco trabajo en estos días y cuando regreses, hazlo contento. Acá te esperaremos con una pila de casos para que estudies.-
Megumi entró a la oficina con la correspondencia que acababa de llegar.
-Me alegro de que tu madre esté tan bien. Dile que un día de estos iré a comer de ese ramen delicioso que hace ella. –
La secretaria de Aoshi salió del lugar silenciosamente, disfrutando del buen humor de su jefe a pesar de la pésima idea que había tenido para ella. Lo único bueno era la beca.
-Mejor aún, invítalos a la ciudad… claro… -
Kenshin cortó unos minutos después, para no tentarse a revelarle a Aoshi que estaba feliz en la playa con Kaoru Kamiya y Aoshi por su parte se quedó contento por su amigo. De un tiempo a esta parte lo veía más feliz… incluso a veces lo sorprendía cantando en la oficina aunque su voz era terrible.
-Quizá está enamorado. Él en verdad merece que le vaya bien.- se dijo abriendo el periódico. En eso, su vista se topó con un sobre que decía afuera "urgente". Aoshi dejó de lado su recién comenzada lectura para ver de qué se trataba eso.
Megumi pasaba algunos datos a la agenda de su computadora cuando escuchó un fuerte golpe en la mesa de su jefe. Se levantó rápidamente y fue a investigar. Al abrir la puerta, se encontró con Aoshi de pie, con la cara desencajada y un papel arrugado en la mano derecha. Todo su cuerpo estaba en tensión.
-No puedo creer en la incompetencia de algunos jueces… - le dijo a Megumi cuando notó su presencia.
-¿Pasó algo, señor Shinomori?-
-Así es… - respondió él.- Le rebajaron la condena a una persona y salió hace dos días de prisión. Es una persona… altamente peligrosa.-
Megumi no podía comprender del todo la furia de Aoshi hasta que se le ocurrió preguntar.
-¿Y tiene algo que ver esa persona con nosotros?-
Aoshi asintió.
-Tráeme un par de aspirinas, por favor. Y organiza una reunión con el jefe de guardias para esta tarde. Tiene que ser hoy.-
-Señor… estoy entendiendo que esta persona movilizará a nuestra guardia. En ese caso, ¿no sería bueno hablar también con el señor Himura sobre esto? Es el abogado…-
-No, no, a Himura no le diremos nada, de momento. -
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Después de pasar un día magnífico, Kaoru y Kenshin subieron cansados a su habitación para acostarse.
-Tu mamá es muy especial… esta mañana al verla, pensé que nos regañaría por dormir juntos.-
-Mi mamá comprende que somos mayores de edad, entre otras cosas. Además, creo que le diste una muy buena impresión y le has gustado. –
-A mi también me ha gustado mucho ella, Kenshin. Ken… oh, Ken, gracias por traerme!!!-
Kenshin se rió cuando ella lo abrazó por el cuello por veinteava vez en el día.
-Te la has pasado agradeciéndome… aunque es mérito tuyo que la hayas pasado bien porque te has hecho el ánimo de disfrutar este día.-
Kaoru se acercó a la ventana y apoyando los codos en el marco, miró hacia fuera. Había un poco de luz que iluminaba el mar.
-¿Kenshin?-
-¿Si?-
El pelirrojo no demoró en acercarse a ella, tomarla por la cintura y apoyar la cara en su hombro.
-Hay algo… que quisiera preguntarte. Pero no estoy segura de hacerlo.-
Kenshin se tensó por unos segundos, intuyendo lo que se venía. Como Kaoru estaba ensimismada pensando, no se dio cuenta de ello.
-¿Y puedo saber de qué se trata?- inquirió Kenshin con cautela.
-Es que… yo sé que una vez te dije que no haría preguntas sobre… hem… sobre tu pasado para no molestarte pero hoy, al ver las marcas de tu cuerpo con mayor atención, yo… -
-¿Quieres saber cómo me las hice?- completó él.
Kaoru se dio vuelta y asintió, sin mirarlo a los ojos.
-Tengo la impresión de que la pasaste muy mal… -
Kaoru finalmente se atrevió a mirar a Kenshin a la cara y cuando lo hizo, se dio cuenta de que estaba apretando los dientes y que pasaba saliva con dificultad.
-La de la cara… ¿es de ese mismo episodio?- preguntó la joven con un ligero temblor en su voz. Kenshin cerró los ojos a modo de asentimiento.
-No es algo… de lo que me guste hablar.- dijo él luego de un rato.
-Hem… está bien.- se apresuró a decir Kaoru, nerviosa.- Yo… no debí preguntar. Lo lamento.-
-Está bien.- terminó Kenshin, retirándose a dormir.
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Al día siguiente el sol salió nuevamente y Seijuro decidió ir de pesca con Kenshin. Cuando Kaoru mostró interés en ir, le dijeron que no podía porque tratarían cosas de hombres, que no le incumbían.
"Apuesto a que su padrastro le interrogará sobre mí" pensó Kaoru suspicazmente. Y en verdad, le estaba achuntando bastante bien, porque en cuanto Seijuro se quedó a solas con su hijo, en medio de ninguna parte, Kenshin tuvo dificultades para no revelar cosas íntimas de la jovencita ante un arduo interrogatorio.
-Estos hombres y sus cosas.- dijo Sakura a Kaoru, que veía el bote alejarse mar adentro.- En fin, querida, ¿Qué tal si preparamos algo de comer? Este par de trogloditas llegarán hambrientos y nos regañarán si no encuentran con qué saciar su apetito.-
Kaoru asintió y en la cocina, Sakura rompió el hielo preguntándole de dónde conocía a Kenshin. Kaoru le narró la historia de cuando suplantó a una amiga para una entrevista de trabajo y el cómo Kenshin fue metiéndose en su vida, guardándose, desde luego, la parte en que él la investigaba y todo lo relacionado con su enfermedad.
Después de un rato de charla, Kaoru guardó silencio, pensando en Kenshin y en su reacción al ser consultado sobre sus cicatrices. Una vez él la había reñido porque ella no preguntaba nada y ahora que lo empezaba a hacer, la cortaba declarando que no quería comentar su vida pasada.
-¿Pasa algo, niña?-
-¿Eh?... – Kaoru sentía como si saliera de un ensueño.
-Kaoru, llevas cinco minutos pelando esa patata. Ya ni carne le queda.-
-Oh, no… ¡Lo siento, lo siento!.- empezó Kaoru a disculparse, muy avergonzada al ver la pequeña papita que tenía en la mano.- Estaba distraída.-
-¿Qué es lo que te está molestando?- preguntó Sakura directamente.- He sido maestra de escuela muchos años y he aprendido a observar muy bien, asi que no trates de decirme una mentira para dejarme calmada.-
Kaoru sintió como si recibiera un golpe en el pecho ante tan sincera declaración. Desde luego, decidió exponerle a Sakura el motivo de sus preocupaciones, y le narró lo sucedido en la playa y luego la noche anterior con Kenshin.
-Quizá yo no debería meterme en su vida, después de todo… debería esperar a que él quiera contármelo por iniciativa. Tal vez deba ser más reservada… - reflexionó Kaoru al final de su monólogo.
Sakura, que ya tenía la comida armada, reguló el fuego de la cocina e invitó a Kaoru a sentarse al comedor para charlar.
-Querida Kaoru… mi hijo tiene un genio muy especial. Si me preguntas, te diría que es como un ángel y un demonio, los dos en la misma persona.-
-Eso no puede ser, porque él siempre es muy amable…-
Sakura negó con la cabeza.
-Cuando conocí a Kenshin, era sólo un niño más, que se destacaba del resto por su apariencia exótica. Era muy introvertido… quizá no le hubiera prestado atención si no hubiese sido porque lo sorprendí peleando en un callejón de la escuela con unos cuantos chicos. Lo increíble de todo es que les ganó… -
-Ya recuerdo… - dijo Kaoru de pronto.- él me comentó ese episodio. Dijo que esos niños le molestaban por haber sido devuelto de un hogar… -
Sakura se quedó mirando a Kaoru y luego sonrió, negando nuevamente con la cabeza.
-Es cierto que esos niños lo molestaban, pero ese no fue el motivo de la pelea. Lo que sucedió en verdad, es que estaban molestando a una niña que había sido recientemente adoptada por una familia acomodada y los otros chicos le tenían bastante envidia. A él no le pareció que la acosaran y entró a defenderla. Casi lo echaron del colegio en esa ocasión ya que por caballero, no quiso revelar ese motivo. Yo me enteré unos días después cuando la nenita me lo contó todo, poco antes de que sus padres la trasladaran.-
"A él siempre le gustó la idea de proteger a la gente… estaba muy obsesionado con eso y nosotros pensamos que sería policía o bombero, puesto que no era brillante en la escuela, hasta que nos sorprendió con la idea que tenía de ser abogado. Salió de la universidad con honores y pronto encontró trabajo.-
Kaoru, con los codos apoyados en la mesa y la cara sostenida entre sus manos, seguía la historia con interés.
-Kenshin era muy apasionado en sus defensas y en el bufete donde trabajaba lo iban ascendiendo rápidamente. Todo iba bien hasta que conoció a una chica y se enamoró perdidamente de ella. Al parecer ella también estaba muy enamorada de él pero las cosas se torcieron de pronto de una manera terrible. Acababan de adquirir un departamento para ellos y sacaron la licencia para casarse. Pero el día del matrimonio, ella no se presentó.-
-¡Oh!- exclamó Kaoru, imaginándose el dolor de Kenshin ante esa traición. Rápidamente, recordó lo de ella y Enishi.
-Él estaba como loco ese día y aunque le ofrecimos compañía, se negó. Según lo que nos contó después, esa noche bebió como nunca lo había hecho en su vida y estaba muy enrabiado. Cuando se fue a acostar, durmió un rato y en sueños sintió a su novia entrar a la habitación.
-Vete.- le había dicho Kenshin al reconocer a la joven.- Ándate… ¡¿O es que te quieres burlar de mi y de mi estúpida idea de tener una familia?!-
-Me da lo mismo lo que pienses, ¡porque fuiste tú precisamente quien a mí me arrebató primero ese sueño!-
Kenshin en ese momento estaba algo borracho y tenía un dolor de cabeza terrible. Su ex novia encendió la luz y él se levantó para echarla de la casa, ya que según decía, tuvo un momento de lucidez y pensó que estaba tan enojado que podría hacerle daño, pero en cuanto puso sus manos sobre ella, ésta lo atacó con un cuchillo.
-La primera estocada pudo ser mortal.- contó Sakura un poco nerviosa al recodar todo eso.- pero esa mujer erró el golpe. Sin embargo estaba decidida a matarlo. Kenshin perdió mucha sangre inmediatamente mientras ella, sin piedad, seguía atacándolo. Él la aferraba de los brazos, pero ella se retorcía hasta que él la soltaba. Kenshin no estaba del todo lúcido y en ese momento, con el corazón destrozado, sus conocimientos de artes marciales bien poco le sirvieron, simplemente porque comprendió que prefería morir antes que hacerle daño a ella. En algún momento pensó en la retirada, y es por eso que también tiene cortes en su espalda. Finalmente, esa mujer lo baleó y Kenshin quedó tendido en el pasillo, a metros de la puerta de su departamento.-
-No creímos que sobreviviera. Necesitó varias transfusiones de sangre y varias operaciones para reparar un riñón que estuvo a punto de perder y el hígado. A él no le gusta hablar mucho de eso porque claramente fue una noche de pesadilla que no acabó allí, ya que luego vino el juicio que aunque fue favorable para él, terminó por sepultarlo. Ahí nos enteramos de que esta chica actuaba por venganza, y es que Kenshin unos meses antes había logrado una condena altísima para su novio por una millonaria estafa y el día que lo encarcelaron era el que antes ellos habían elegido para casarse. Ella reclamó que a su novio lo trataban pésimo tras las rejas aunque era inocente, y que de lo único que se arrepentía era de no haber matado a Kenshin. Incluso lo amenazó de muerte para cuando saliera de la cárcel por haber destruido su familia.
-Kaoru.- dijo Sakura tomándole la mano a la joven que la miraba consternada por la historia.- Mi hijo tardó mucho en recuperarse. Tuvo que rehabilitar algunos músculos que se vieron afectados por todo eso pero la secuela física fue la menos importante, porque la emocional fue la peor. Antes, él siempre hablaba de formar una familia y de tener tantos hijos como pudiera. Les tendría una casa grande para albergarlos a todos y también tendría un perro. Y quizá hasta un gato aunque no le gustan mucho… pero después de eso, parece que ese sueño se le olvidó. Aunque pasaron muchos años, nunca más volvió a hablar de familias ni hijos. Hemos sabido en un par de ocasiones que ha salido con chicas, pero nunca las ha traído a la casa a presentárnoslas, y son relaciones que duran muy poco. Dejó la abogacía de civiles y se dedicó al asesoramiento legal de empresas, trabajando un poco en las sombras. En verdad su vida dio un gran vuelco. Debe ser porque él es como tú… muy sensible. Y cuando algo le hace daño, lo esconde, no lo comenta, pero también lo evita. Que te haya traído es algo en verdad muy, pero muy importante porque tal vez él está sintiendo algo profundo por ti y quizá tú, más adelante, debas ser paciente y muy fuerte, si quieres que él confíe en ti.-
-Yo… yo… - empezó Kaoru titubeante, digiriendo todo lo que había oído.- … Yo seré paciente porque a su hijo… porque yo a Kenshin… porque a él… lo quiero mucho, señora.-
La mano de Sakura se cerró en torno a la de Kaoru cuando notó que un par de lágrimas caían de sus ojos. Y es que la joven acababa de comprender que lo que había dicho no era producto de la simpatía que le tenía a Kenshin, ni de la compasión que le pudiera generar su historia, ni de la familia sustituta que él le prodigaba. Ella en verdad quería a Kenshin Himura y quería ser quien le diera esperanzas. En verdad, Kaoru Kamiya acababa de descubrir que sería fuerte y paciente porque estaba enamorada de él.
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A esa misma hora, una mujer de treinta y cuatro años, de largo y negro cabello, retiraba del banco una fuerte suma de dinero. Afortunadamente, para ella, había sido ahorrativa cuando pudo y ahora podía vivir de eso hasta que encontrara algo que le permitiera subsistir.
La mujer era hermosa. Muy hermosa. Tanto así que cuando salió del banco, a pesar de sus ropas sencillas, fue admirada por muchos varones. Llevaba un aire misterioso y melancólico sumamente atrayente para ellos aunque a la vez les inspiraba mantener distancia.
"Una belleza fría, sólo para ser observaba y amada a la distancia"- pensó Tomoe al doblar por una esquina, rumbo a su hogar. "Y lo peor es que tal vez lo merezca".
Escondió el dinero en un lugar seguro de su casa y luego se dedicó a hacer la limpieza, pensando que estaba sola nuevamente y que no le gustaba esa sensación. Pero así mismo, estaba decidida a ajustar cuentas muy pronto con alguien, con el fin de cambiar su suerte.
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-¡Adiós, hijo. Vuelve pronto!- gritó Sakura al auto que se alejaba. Seijuro, a su lado, la sostenía por la cintura.
-¡¡¡Y trae a tu duendecita!!!- añadió él. Sakura se lo quedó mirando.
-¿Duendecita?- preguntó por el apodo.
Seijuro sonrió por toda respuesta y entraron a su casa, para ordenar algunos pendientes.
Media hora después, Kenshin alcanzó la carretera y además, pudo tomar velocidad mientras Kaoru miraba embelesada el paisaje a su alrededor con la escasa luz de la tarde. Desde un monte que pasaron, pudieron ver las luces de un puerto cercano y la joven se volvió hacia Kenshin.
-Kenshin… - comenzó a decir, pero él la interrumpió.
-Si, si, y ya lo sé, y no te preocupes, es por nada.- dijo riendo al adivinar lo que le iba a decir.
A poco andar, oscureció por completo y bajó una espesa neblina que obligó a Kenshin a disminuir la velocidad y avanzar con mucha precaución. Después de un par de horas llegaron a la ciudad y el pelirrojo se dirigió a la casa de Kaoru primero, para dejarla y devolver sus cosas, incluyendo la ropa de cama en la que se la había llevado. Luego se fue a su departamento.
Cuando Kaoru se quedó sola en la casa, se quedó pensando en todo lo que había averiguado sobre Kenshin ese día. En verdad era algo muy fuerte pasar por una experiencia así pero era admirable que al menos él no declarara que odiaba a las mujeres ni mucho menos. Aunque tal vez fuera posible que tuviera miedo a comprometerse…
No quería pensar en esas cosas. Lo mejor sería llamar a casa de Sohji y enterarse de cómo estaba.
-Kaoru, hola, niña… ¿Sohji?... ya está dormido. Si, ha estado bien aunque hay que esperar los resultados de los exámenes. ¿Por qué no vienes mañana? ¿Tienes algo que hacer?... –
La joven colgó el auricular sonriendo porque iría a ver a Sohji. Como hacía frío se colocó su gorro de duende y luego vio un par de papeles que había dejado antes sobre la mesa recordando que había un asunto que quería comentar con Kenshin. Ya que el asesoraba empresas y todo eso, quizá la pudiera ayudar con una idea que tenía. Desde luego, ella le pagaría el asesoramiento porque no había que mezclar las cosas.
-Lo primero que debo hacer, es demarcar bien mi proyecto. Me pondré manos a la obra.- dijo en voz alta, tomando un cuaderno de apuntes y sentándose a la mesa para ponerse a trabajar. Llevaba como una hora en eso cuando sintió que se abría la puerta de entrada. No tuvo ni que voltearse porque ya sabía de quién se trataba.
-¡¡¡Hola!!!- dijo ella animosa al levantarse y darse la vuelta.- Ya te estaba extrañando, tanto tiempo sin ver… ¿Kenshin?-
Kaoru se quedó mirando a la persona que tenía enfrente. Era Kenshin, pero como en versión zombi. La mirada apagada y una extraña expresión. La joven pasó saliva.
-Yo… pensé que no vendrías.-
Kenshin dio un paso hacia ella y por alguna razón, Kaoru sintió el impulso de mantener esa distancia, retrocediendo uno.
-¿Qué te pasa?- le dijo, cuando pudo sacar la voz.
Cuando sintió la baranda de la escalera a su espalda, Kaoru se vio entre los brazos de Kenshin, quien enterró la cabeza en su hombro, negándose a soltarla cuando ella hizo un débil esfuerzo por liberarse y exigir explicaciones.
-No quiero preguntas… no ahora.- dijo él a su oído.- Sólo necesito que esta noche hagas algo por mí.-
Kaoru no necesitaba ser una adivina para saber de qué se trataba.
-Espera…- dijo poniendo sus manos entre ella y el pecho de Kenshin.- No creo que… vienes en un estado especial y quizá… -
No pudo seguir hablando porque su boca fue tapada con un beso que le quitó la respiración, al tiempo que sentía las manos de Kenshin calientes, moviéndose entre su ropa, buscando el contacto con su piel. La siguiente vez que la chica tuvo conciencia de algo, iba escalera arriba, rumbo a la recámara, dejando en el pasillo el gorrito multicolor.
Kenshin cerró la puerta del cuarto y apoyó a Kaoru en ella, acorralándola con su cuerpo y empezando a quitarle la ropa, a la vez que se desnudaba él. Se apoderó de sus labios, luego de su cuello y una vez que estuvieron a la vista, de sus senos. Kaoru estaba tan sorprendida por todo lo que estaba pasando, que no atinaba a nada. Se sentía como un pajarito entre las zarpas de un tigre.
-Espera… vas muy rápido para mí… - alcanzó a decir cuando Kenshin la dejó sobre la cama y le acabó de quitar la ropa interior. La cubrió luego con las frazadas en consideración al frío que hacía, haciéndole compañía desnudo también en la cama.
De algún modo, el nerviosismo y miedo de Kaoru fueron desapareciendo con la gran cantidad de besos y caricias que recibió estando recostada bajo el pelirrojo. Empezó a responder también acariciando y besando las zonas que tenía más cerca, como el pecho de él. No podía creer lo que estaba pasando y después de un rato, se sentía tan bien que se dejó querer. Estiraba los brazos para abrazarlo y arqueaba su cuerpo hacia arriba. Separó las piernas para recibirlo y sin dudas ni más preparativos, Kenshin la penetró, encontrando en el interior de la chica cierta resistencia debido al tiempo que ella llevaba célibe. Kaoru ante el leve dolor que le causaba la intromisión del pelirrojo, se arqueó cerrando los ojos con fuerza y dejando de respirar por un momento hasta que la molestia cedió y pudo empezar a moverse junto con él, para alcanzar el clímax un rato después.
Al terminar, Kenshin se bajó del cuerpo de la chica para recostarse a su lado, atrayéndola hacia él con fuerza. Se acomodó para dormir así con ella y aunque él no lo creía posible, encontró una posición cómoda para dormir abrazándola. Desde luego, ella se quedó dormida primero, pero alcanzó a hacerlo por un par de horas porque Kenshin la despertó con nuevas y renovadas caricias que la encendieron y la hicieron responder como él esperaba. Llegó una tercera vez, con un Kenshin sorprendido debido a que sentía que nunca podría saciarse de Kaoru, pero aún con ganas de seguir eso que ya se había convertido en una fiesta muy particular.
Kaoru despertó al día siguiente cerca de las diez. Miró el reloj y al moverse, descubrió que estaba desnuda bajo las sábanas.
-No lo puedo creer… - dijo para sí, incorporándose en la cama. Se llevó una mano a la boca, aún sorprendida con sus recuerdos, paseando la mirada por su habitación, buscando algún indicio que le indicara que Kenshin seguía allí. Incluso afinó el oído para escucharlo por si estaba en el piso de abajo pero decepcionada, descubrió que estaba sola.
Ella siempre pensaba, cuando tenía fantasías con él en el último tiempo, que cuando hicieran el amor por primera vez, él se quedaría con ella un rato más. Despertarían uno al lado del otro y desayunarían algo juntos. Después, quizá, seguirían regaloneándose mutuamente. Pero despertar así…
No podía culparlo. Él había llegado durante la noche pidiéndole un "favor" y ella aceptó.
-No seas tonta, Kaoru Kamiya. Tú misma aceptaste las reglas anoche. – dijo con firmeza.
Sin embargo, a pesar de su comprensión del asunto, empezó a llorar.
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En tu Corazón
Acto Ocho
Mar y Lágrimas
Diciembre 3, 2007.
Notas de autora.
Hola!!!
Bueno, mis queridas y queridos lectores, este es oficialmente el último capítulo que subo a fanfiction estando soltera. El jueves 6 me caso!! (oh, no, es mañana) ¡¡¡wiiiiiii….!!! Y el día 8 por la iglesia. Sólo espero no ponerme a llorar de la emoción.
Está todo listo, incluyendo la chapita tipo prendedor que compré de Kenshin para llevarlo en mi vestido de novia (Bua, no encontré de Kaoru). Finalmente lo encontré en el Eurocentro y estoy contenta porque podré cumplir mi capricho de lucir algo de mi animación preferida en ese día especial.
El vestido de novia está más que listo, me falta plancharlo, y quizá a partir del lunes 10 suba las fotos de él al fotolog para que lo vean… oh, estoy muy mediática, pero no importa, porque soy feliz.
Hablemos del fic. O mejor no, para no revelar algunas de las sorpresas que se trae. Espero que este capitulo les haya gustado, lo hice con todo mi cariño y aunque quizá al final las cosas no hayan salido como las esperábamos, todo tiene un motivo.
Les deseo a ustedes la mejor de las suertes y nos leemos pronto, espero. Dependerá de lo que dure la luna de miel.
Y muchas, muchas gracias por sus comentarios.
Mei Fanel
Akasha
Kaoru Takarai
Kirara26
Onashiru Okanami
Usagi Kaoru de Son
Haro Kzoids
kanke-chan
erini
silvi-chan
mari8876
kagomekaoru
gabyhyatt
yessica
joana
Jegar Sahaduta
Kaoru23
Noeh
BattousaiKamiya
Himurita
kisa-Chan-sohma
Gracias por todo, por su apoyo y comprensión. Y queridísimo Okanami… ya no me es posible evitar casarme con ese buen hombre. Y si tuviera unos cuantos años menos y viviera en México… ejem, otro gallo nos cantaría.
