Título: Circo.
Fandom: -Man.
Pareja: Kanda Yuu/Allen Walker.
Advertencias: AU, malas palabras, Shonen-ai.

N/a: Es tan corto, prometo tratar de actualizar más rápido, hacerme un tiempo después del trabajo para sentarme a escribir. Además de que sinceramente, no creo que esto dure más allá de 12 capítulos (ya contando el extra que puse), llevo ocho escritos; sí ya está el próximo, del cual puedo de decir que Lavi es el protagonista (angustia).

Disclaimer: -Man pertenece a Katsura Hoshino, yo no recibo nada haciendo esto, sólo distracción y ocio.

VII. ¿Por qué no?

«La suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o, más exactamente, a pesar de ti mismo1.»

Las primeras notas sonaron agónicas a tono con tu marchito corazón, a tus manos les ha salido sangre, manchando de rojo el blanco impoluto de las teclas del piano. No sabes cuantas horas han pasado exactamente, sólo sientes la fatiga reptar por tu cuerpo, mitigada sólo con tu tenacidad.

Tampoco sabes sí él sigue ahí, observándote entre las sombras, que se te antojan como resquicios de tu pasado, uno que te gustaría olvidar.

Mientes, porque sí lo olvidaras morirías, ¿pero no sería mejor así?

El mundo sólo perdería a un prodigio en la música, Kanda Yuu la razón de su existencia. Este es el punto donde tus lágrimas se liberan por primera vez en toda la velada. Sabes perfectamente cuanto tiempo ha pasado, no te has engañado.

Pero prefieres ignorar el hecho de que tu Samurái sigue ahí, esperándote. Dando tiempo al tiempo, para que ambos curen sus heridas. Y salgan de ese maldito hoyo de una vez por todas.

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Te preguntas el momento exacto de la aparición de aquella fisura, el trasfondo apático de una relación superflua. No soportas ver la indiferencia en el rostro de Kanda, por eso te alejas; sin embargo es aún más dolorosa esa separación, para ambos, para ti. Ese corazón maltrecho que tienes sigue desangrándose, al mismo paso que tu estabilidad mental.

Eres masoquista Allen, sigues ahí consolando a alguien que no desea serlo, el japonés te ha ordenado –por fin– a que te largues. Te duele.

Te sientes en el infierno.

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–¿Entonces?

–¿Cómo parar? –tu voz sale quebrada–, ¿por qué no?, ¿por qué he de seguir cumpliendo está condena?

–Sería fácil contestar eso Allen –responde tu mejor amigo–. Sería explicarte lo mismo que siento yo.

Callas, porque sabes perfectamente su sufrimiento. Aún así no puedes evitar esconder tu rostro en su regazo, seguir siendo egoísta; continuar aprovechándote del cariño incondicional de Lavi.

–Porque te amo.

–No sigas Lavi –suplicas.

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En cuanto Kanda llega de la universidad, te lanzas a sus brazos, como debiste hacerlo desde el primer momento en que lo volviste a ver. Con tanta desesperación, que tus labios no hacen más que clamar su nombre, con necesidad, como fiel devoto llamando a su dios.

Porque bien, el amor que le profesas a ese hombre podría ser una religión. Tú dogma.

–Te amo –No hay duda en tus palabras…

…Pero no hay respuesta del objeto de tus sentimientos.

Ahora lo comprendes todo.

Eres demasiado ingenuo, garbanzo.

1 Victor Hugo, Novelista Francés (1802-1885)