Capítulo 8

Notas de Umiko: Creo que a los lectores asiduos de esta historia cuando empezó a publicarse les debo una explicación. Lo cierto es que no tengo ninguna excusa que dar; este fic estuvo parado durante mucho tiempo y prácticamente lo había abandonado completamente; no sentía motivación y acabé dejando esta historia en el olvido a un solo capítulo del final. No ha sido hasta hace un par de semanas que la nostalgia ha llamado a mi puerta y me he visto con fuerzas de terminarlo. Tal vez haya sido que el final que escribí por primera vez no me convencía lo que ha hecho que tardase tanto. He aprovechado para darle una revisión en profundidad, por lo que he corregido y resubido todos y cada uno de los episodios de esta obra y he cambiado algunos diálogos del final para que se adapten mejor a los personajes. A modo de compensación, la semana que viene subiré un capítulo extra muy especial, contando el punto de vista de Viktor. Espero que podáis aceptarlo a modo de disculpa. Si comenzaste esta historia a medida que yo la iba escribiendo, te recomiendo que vuelvas a leer los últimos capítulos para poder seguir el hilo de esta última parte; si eres nuevo, espero que igualmente disfrutes del gran finale. Besos: Umiko.

xXx

No sé cuánto tiempo ha pasado desde que he hablado con Viktor, pero me siento incapaz de volver a la pista. He dejado de llorar, pero noto toda la cara hinchada y los ojos me escuecen como si estuvieran a punto de explotar. Siento el impulso de salir corriendo, irme a mi casa y definitivamente no volver a ver la luz del sol en mi vida. Esconderme debajo de una roca sería lo que más feliz me haría ahora mismo. Pero no. Una parte de mí me empuja a seguir aquí, a quedarme a ver la función.

Es mi adiós. Nuestro adiós. Viktor tiene razón. Él se graduará y, si ninguno de los dos quiere, no volveremos a vernos. Por mucho que me duela ahora, sé que lo lamentaré si me voy dejando las cosas así. No espero volver, no quiero nada. Sencillamente no puedo dejar que acabe así. Si por lo menos pudiera tener una palabra de consuelo, una simple palabra que me hiciese sentir mejor, merecería la pena el esfuerzo. Empiezan a pasar recuerdos por mi cabeza con Viktor y no puedo evitar sentirme idiota por no haber cuidado más de él, de nosotros. Por haberle fallado.

Reúno las pocas fuerzas que me quedan y me levanto. Todavía dudo si quiero entrar en la pista o no, pero empiezo a caminar sin pensar demasiado en ello. Creo que cuanto menos consciente sea de lo que pasa a mi alrededor, mejor. Al menos hasta que no haya transcurrido el tiempo suficiente para que se me curen las heridas.

Al entrar en la pista, veo a todo el mundo arremolinado en una esquina de las gradas. No sé de qué están hablando, pero todos parecen muy alterados. Echo un vistazo rápido y no veo a Viktor por ninguna parte. ¿Se habrá ido? ¿Los habrá dejado tirados en el último momento? Cuando ya estoy pensando en lo peor, me fijo en que está, pero en el lado opuesto de las gradas. Se le nota alterado, pero no llora. Puede que solo le estén dejando su espacio.

Me acerco a Phichit, que está sentado hacia el borde del círculo, esperando que pueda darme algún tipo de explicación.

— Yuri, ¿estás bien? — Me pregunta al verme la cara. Debo de tener unas pintas horribles.

— No, pero prefiero que hablemos de ello en otro momento. — Phichit me mira con lástima y me da un toque en el hombro para mostrarme su apoyo.

— Pues aquí las cosas no van mucho mejor. Tenemos un problema gordo.

— ¿Qué pasa? — Pregunto, intentando distraerme.

— El chico que hacía de bruja… no está.

— ¿Cómo que no está?

— No sabemos muy bien qué ha pasado, pero por lo visto está fuera de la ciudad y no puede llegar a tiempo. Yakov y Lilia están decidiendo qué hacer. Ninguno de los dos quiere cancelar la función, pero sin ese personaje, el resto de la historia no tiene sentido. Están pensando en sacar un sustituto, pero nadie parece tener el nivel necesario para hacerlo.

Al fondo de la sala, se escuchan los gritos de ambos entrenadores. Efectivamente, nadie diría que están intentando ponerse de acuerdo, sino más bien todo lo contrario. Yakov sigue moviéndose en círculos, igual que cuando me estaba dando una charla en su despacho, mientras que Lilia se mantiene en su sitio, pero dando voces mucho más alto de lo habitual. El resto del personal estaba situado alrededor, lo suficientemente cerca para escuchar, pero lo suficientemente alejados para no ponerse en su camino. Parecían al borde de un ataque de nervios y la tensión se palpaba en el ambiente.

Una idea absurda se me pasa por la cabeza, pero dudo si decirla o no. Podría quedar como un aprovechado o como un idiota. Soy consciente de que todo el mundo se va a fijar en que he estado llorando, en que soy un desastre y tal vez lo único que consiga sea empeorar mi lesión. Pero qué narices.

Me acerco a Yakov y a Lilia bajo la atónita mirada del resto de participantes. Nadie se esperaba verme ahí y menos que traspasase el perímetro de seguridad imaginario que ambos habían creado. Me planto allí en medio, esperando a que se den cuenta de mi presencia. Lilia clava sus ojos en mí y Yakov no tarda en hacer lo mismo, sumidos en el desconcierto.

— Tengo una idea. — Murmuro, más por el dolor de garganta de haber estado llorando que por verdadera timidez.

— Cállate, Yuri. No te metas en esto. — Me advierte Yakov. Mi yo de siempre habría reculado y habría vuelto a la muchedumbre. A mi yo actual, por el contrario, ya no le queda nada que perder.

— Yo seré vuestro suplente.

— JA. No digas tonterías — afirma Lilia con vehemencia. — No estás preparado.

— Soy el único que estaba preparado realmente para realizar el papel. Ha pasado el tiempo suficiente como para que pueda empezar a patinar de nuevo y tampoco creo que tengáis muchas otras opciones.

— ¡YURI! — Otra voz se alza por encima de la muchedumbre y veo a Yurio abalanzándose sobre mí— ¡No te metas en esto, cerdo!

Por primera vez en mi vida soy yo el que le mira directamente a los ojos, haciendo que se desconcierte ligeramente. Nadie le ha invitado a este baile y no voy a dejar que tenga voz en esta decisión. Parece estar dispuesto a rebatir mi propuesta, pero por algún motivo, se frena. Mi ojo se desliza rápidamente por la habitación y me fijo en que Viktor me está mirando.

— No podrás aprenderte la coreografía tan rápido, no controlas todos los saltos y puedes empeorar gravemente tu lesión. La respuesta es no. — Responde Yakov, aunque no estoy dispuesto a dar mi brazo a torcer.

— Tengo asegurados todos los saltos menos el cuádruple y el triple lutz. Si cambiáis esos saltos de la coreografía, podría aprendérmela en las horas que quedan. Mi lesión es lo que menos me importa ahora mismo.

— No va a salir bien. — Dice Lilia- Deberíamos posponer la representación. Esto está condenado al fracaso y no toleraré ningún error.

— ¡Puedo hacerlo! — Afirmo con toda la seguridad que me queda. — Quedan dos horas para el espectáculo. No es ninguno de los dos protagonistas principales. Puedo patinar. Puedo hacerlo. Por favor.

Ambos me contemplan durante unos instantes. Puede que sea la primera vez que me vean tan seguro de algo y una agradable sensación me recorre el estómago, mientras que una terrible inseguridad empieza a aferrarse a mi garganta. Lilia suspira sonoramente.

— Vamos a cambiar la coreografía.

xXx

Los murmullos se extienden a gran velocidad por la sala y todo el mundo corre a aplicar los nuevos cambios que han sugerido los entrenadores. Para empezar, han retirado varias escenas de la obra final, han simplificado algunos pasos y han descartado los saltos que no era capaz de realizar con soltura. Me siento totalmente alterado, pero me esfuerzo al máximo por reprimir esa sensación.

— Yuri. — Me dice Phichit nada más terminar la charla anterior. — ¿Eres consciente de que todas tus escenas son con Yurio, verdad?

El nudo que empezaba a formárseme en el estómago se hizo una pelota, dándome ganas de vomitar. No me había parado a pensar en ello, pero escuchando lo que decían Yakov y Lilia, era totalmente cierto. Miro a Yurio de refilón y veo que tiene cara de disconformidad y de resignación, pero empieza a ponerse los patines en silencio. Trago saliva y me acerco.

— Escucha. — Empiezo a hablar sin darle la oportunidad a que me rebata nada de lo que tengo que decir. — Sé que te caigo como el culo, que no me soportas y que preferirías que me tragase la tierra antes que patinar conmigo, pero… voy a hacerlo lo mejor que pueda.

Alza la vista para mirarme en silencio.

— Muy bien. — Responde, increíblemente tranquilo para lo que me tiene acostumbrado.

— ¿Y ya está?

— Tienes razón. Preferiría que te tragase la tierra, — ata sus cordones con brusquedad — pero ya han tomado la decisión y tienes varios portés conmigo. Más te vale no dejarme caer o lo lamentarás.

Yurio coge una de sus toallas y me la tira a la cara. Le miro sin entender el gesto y se pone en pie.

— En cinco minutos en la pista. Y ni una palabra a nadie.

xXx

Ponerme los patines después de dos semanas sin pisar el hielo es una sensación tan nostálgica como extraña. Tras calentar, los primeros pasos sobre la pista los doy con tanta torpeza e inseguridad que empiezo a arrepentirme de mis palabras y mi repentina valentía. Pasan por mi cabeza mil cosas, pero cuando me doy cuenta, Yurio ya está esperándome en el centro de la pista.

Nada más acercarme a ver, noto que su actitud ha cambiado completamente. Se dedica a explicarme uno a uno los pasos de la coreografía, en qué escenas tengo que entrar y salir y cuándo debo desaparecer por detrás de los decorados. Le veo tan serio y concentrado que me cuesta creer que sea la misma persona que casi me pega una paliza en los lavabos no mucho tiempo atrás. Me hace un par de demostraciones sobre los pasajes en los que tenía dudas y, finalmente, me pide que empiece a practicar con él.

El primer salto fue sencillamente lamentable. Había perdido totalmente la coordinación y poco le faltó a Yurio para gritarme de nuevo como un condenado. Sin embargo, mantuvo la calma.

— ¡Otra vez! — Me gritó con fuerza, tratando de despertarme.

Poco a poco, conseguí recobrar el equilibrio perdido con el tiempo y recordé lo agradable que era deslizarse por el aire. El hecho de no tener que hacer algunos de los saltos que más me cuestan me tranquilizaba. Sin embargo, lo que más me quitaba el aliento era la parte de los portés. A penas había practicado con un par de chicas en ocasiones puntuales y la idea de dejar caer a Yurio delante de todo el mundo me aterrorizaba. Por no mencionar su posible venganza.

El primer intento fue tan horrible como me esperaba. Y el segundo. Y el tercero. Estuvimos al menos media hora intentando practicar el porté entre diversas caídas. Yo estaba a punto de tirar la toalla, al igual los demás. Lilia y Yakov, que se habían quedado viendo el ensayo, hablaban en voz baja, probablemente temiendo por el resultado o planteándose quitar la escena. Ya no quedaba tiempo para ensayar y cada caída hacía que estuviese más preocupado y ansioso.

Me quedo parado, sin saber muy bien cómo continuar, cuando de pronto veo por el rabillo del ojo un flash gris que pasa a mi lado. Viktor se coloca a la altura de Yurio sin previo aviso.

— El problema es el centro de gravedad. Cuando lo agarras para subirlo, no lo apoyas con la suficiente fuerza y por eso se cae.

Viktor le hace una señal a Yurio y empiezan a patinar para mostrarme cómo se tiene que hacer. Viktor le levanta con mucha gracilidad, haciendo que parezca sencillo. Me fijo en la colocación de sus manos, hombros, de sus brazos y me quedo cautivado con la silueta que dibujan entre ambos. Vuelven al cabo de unos instantes y se colocan justo delante de mí.

— Yurio casi no pesa. — Dice Viktor, sin apenas mirarme. — Si consigues apoyar con esta parte, no se caerá.

Consciente o inconscientemente, agarra mi mano y acaricia con un dedo la zona de la palma que tiene que ejercer la sujeción en la espalda de Yurio. Noto un escalofrío recorrerme la espalda, aunque sé perfectamente que no hay ningún tipo de afecto tras ese contacto. Parece más frío y distante que nunca, como si estuviese hablando con un completo desconocido. Se me clava una punzada en el pecho, pero asiento sin añadir nada más. Me pongo en pie y seguimos practicando.

xXx

Nunca había visto la pista tan llena. Por primera vez desde que había llegado al instituto, las gradas estaban a rebosar y la gente parecía pelearse por los mejores asientos. Me coloco la capa del traje con algo de nerviosismo. Por suerte mis medidas no son muy distintas de las del otro patinador, pero me preocupa el hecho de tener que patinar con la capa puesta. No es que sea demasiado larga, pero el peligro de tropezarme y caerme por la tela es un riesgo a mayores que no me gusta tener. Las luces de la sala se apagan y empieza a sonar la música. Yurio sale al escenario, ya vestido como Blancanieves y realiza una de sus coreografías en solitario. Me cuesta mucho asimilar la persona que es en el hielo frente a la persona que es fuera de él. Entiendo que Viktor le aprecie, porque al trabajar juntos, parece una persona seria y aplicada. Me temía que su carácter acabase por gritarme en nuestros ensayos improvisados, pero al parecer, entendía incluso mejor que yo lo importante que era que todo saliese bien.

Habían acotado mis apariciones en escena para minimizar los riesgos; tendría un pequeño solo al principio de la obra, cuando se presenta al personaje de la bruja. Después, pasaría otra escena con Yurio, en el que le entregaría una manzana simbólica. Finalmente tendría que patinar en el número final, con Yurio y Viktor. Me coloco en un pequeño hueco al lado de la salida a escena. No quiero que se me vea desde fuera, pero tampoco quiero salir a las gradas a mirar mientras no sea mi turno. Queda ya muy poco para que salga a mi primera coreografía y estoy nervioso. Llevo puestos ya los patines con los protectores, pero hace que me sienta más inseguro todavía.

La primera parte termina y el público estalla en un gran aplauso. Yurio lo ha hecho muy bien. Aunque me cueste admitirlo, se merece el papel de protagonista. Me coloco para salir al hielo y me cruzo con él. No sé hasta qué punto debo de parecer nervioso, porque nada más posar sus pies en tierra, me coloca la mano en el hombro. No sé qué pretendía decirme con ello; no sé si solo quería darme ánimos o si internamente me estaba diciendo "no la cagues", pero comprendí que, de una forma u otra, me estaba deseando buena suerte.

Al poner los pies en el hielo intento concentrarme al máximo. Más de uno se queda sorprendido de verme allí en lugar del patinador al que le tocaba, no solo por los numeritos que he protagonizado últimamente, sino porque técnicamente sigo "lesionado". El miedo de hacerme daño patinando hoy es muy grande, pero prefiero pensar que no tiene por qué ocurrir nada. La música empieza a sonar; la conozco de haber visto algunos ensayos, pero no sé exactamente dónde tengo que encajar cada uno de los pasos. Empiezo a moverme, familiarizándome con el entorno, más que haciendo la coreografía. Voy a hacer todas las figuras y saltos que me han pedido, pero escuchando mi ritmo interno. En el primer golpe de música, hago un triple toe, y sigo deslizándome para hacer una combinación de un triple y un doble. Todo marcha según lo previsto. Hago un par de gestos improvisados, doy un par de saltos más y termino con el redoble de la música, girando en el centro de la pista como una peonza. El público aplaude con fuerza, aunque tengo la sensación de que es más por la sorpresa que por lo que acabo de hacer. Regreso a la parte de atrás de la pista y más de uno muestra cara de alivio.

— Vas muy bien, Yuri. — Dice Phichit, dándome una palmada en el hombro. — Al menos ya has roto el hielo. Ja.

Me río de forma estúpida por el comentario. No me tocará volver a salir al menos hasta dentro de dos canciones. Me pongo los protectores de los patines y me siento en uno de los bancos, al lado de la salida. Viktor está a mi lado, pero no me mira. Está observando la pista, siguiendo a Yurio con la mirada. El resto de patinadores salen a escena, interpretando a los siete enanitos. Creo que está intentando acompasarse con ellos, para que todo vaya bien. Tal vez to debería hacer lo mismo.

Pese a todo lo que sospechaba que me pasaría por la cabeza, lo cierto es que me siento calmado y relajado. No me preocupa lo que ocurrir en esta actuación entre Viktor y yo. Me fijo un instante en él. No está temblando, pero poco le falta. Creo que es la primera vez que le veo tan agitado e inseguro y me produce una sensación de desconcierto. Tengo la tentación de acercarme a decirle algo, pero a la vez me contengo. Te ha dicho adiós, Yuri. No es el momento de ir de amiguito del alma.

Comienza la siguiente canción, que la interpretan únicamente los enanos. Es muy gracioso ver cómo todos los patinadores tienen que fingir que van a trabajar al ritmo de la música. Más de uno en el público empieza a aplaudir al ritmo del estribillo y el ambiente se vuelve mucho más relajado y divertido. Viktor no deja de mirar la pista, totalmente ensimismado. Veo que empieza a mover las manos como tic nervioso y estoy empezando a impacientarme yo también. La siguiente canción termina y Yurio sale a escena para empezar su parte de la siguiente. Viktor se prepara mentalmente para salir, pero parece de todo menos seguro.

Me levanto de mi asiento, sin tener muy claro lo que voy a hacer y me coloco a su lado. No parece darse cuenta de mi presencia hasta pasados unos segundos.

— Todo va a ir bien. — Digo simplemente. Tal vez sea muy cliché, pero no se me ocurre ninguna otra cosa que pueda decirle sin sacar las cosas de contexto.

— Gracias. — Responde, aunque parece más bien decepcionado.

— Sé que puedes hacerlo. — Contesto casi en un suspiro. — Olvídate de todo y te saldrá tan bien como de costumbre.

Viktor ya no miraba la pista, miraba el suelo. Se dirige a la salida sin decir una palabra más y le observo. Ciertamente, para cualquier espectador, Viktor podría parecer que está en su mejor día, pero yo sé que no es así. Noto que se desliza más lento que otras veces y parece con un miedo atroz a lo que pueda pasar. La coreografía transcurre con normalidad, aunque más de una vez está a punto de desacompasarse. Desde la entrada se nota que es Yurio el que está haciendo un esfuerzo por coordinarse con Viktor y no al revés. El público, sin embargo, parece disfrutar de la actuación al margen de todo esto y estallan en un gran aplauso en cuanto acaban.

Viktor parece aliviado nada más volver, pero Yurio está en tensión. Lleva varias actuaciones seguidas y parece cansado. Se sienta a mi lado sin decir una palabra. Creo que nos conocemos lo suficiente como para saber lo que quiere el uno del otro. Yo prefiero que no me presione y él que no le tire cuando le levante en la pista. Esperamos a que termine el siguiente número intermedio y nos preparamos para salir. Noto un poco más de curiosidad por parte del resto del reparto, ya que es la primera vez que patinamos juntos.

Salimos al hielo y la gente aplaude de nuevo. Llevo en la mano la manzana falsa para el número Empezamos a patinar ambos por separado, haciendo nuestro respectivo papel. Hago un salto, acercándome a él y girando a su alrededor. Le tiendo la manzana y Yurio la coge, fingiendo que la muerde y la tira a un lado de la pista. A partir de ese momento empieza a moverse de forma más melancólica, como si el veneno estuviese fluyendo a través de su cuerpo. Intento ser yo el que se adapte a su ritmo, pero no sé si lo estoy consiguiendo. Bien, Yuri, llega el momento. Visualiza el agarre. Recuerda lo que te ha dicho Viktor… y lo más importante: ¡no se te ocurra dejar que caiga!

Mi primer agarre es algo débil, pero logro apoyarle de tal forma que no se me resbale. Por un momento tengo la sensación de que se va a deslizar entre mis brazos, pero consigo asegurarlo bien. La elevación es bastante corta, por lo que lo hago aterrizar sin grandes problemas. Siento que me he quitado un gran peso de encima, aunque deberíamos hacer otro antes de que acabe la canción. Seguimos patinando muy cerca el uno del otro, cogiendo velocidad. Miro la cara de Yurio y sé que se le está pasando algo por la cabeza. No se acerca a mí lo más mínimo. No, no me digas eso. No va a hacer la segunda elevación. Asumo que va a saltar para rellenar el espacio del porté, así que me adelanto y hago otro salto combinado. Cuando aterrizo, veo que él todavía está en el aire. Un cuádruple. ¡Se ha marcado un cuádruple delante de mí!

Por suerte, al hacer el doble salto me he adelantado unos pasos por delante de él. Empiezo a patinar de espaldas y extiendo los brazos. Sin pensárselo mucho, se tira sobre mí y le hago girar, deslizándonos por la pista. Me doy cuenta de que ya ha empezado la última parte de la canción, por lo que le suelto un brazo y quedamos los dos de frente al público, todavía agarrados, dando vueltas. El aplauso se vuelve mucho más sonoro que el de la última vez y salimos lentamente de la pista. Me sorprende a mí mismo que haya podido entenderme con Yurio prácticamente sin decir una palabra.

Viktor se cruza con nosotros cuando está a punto de salir a su número individual. No dice nada, pero sé que está sorprendido. Yo también, no le culpo.

— ¿Crees que Yakov nos dirá algo? — comento a Yurio mientras esperamos al número final.

— Me da igual lo que diga. Casi me tiras en el primer porté y no tengo la intención de dejar que me rompas la espalda en medio de la actuación.

Sonrío levemente al ver que el Yurio de siempre está debajo de esa capa de profesionalidad. En parte tiene razón, habría sido mucho más arriesgado intentar una elevación cuando no estamos perfectamente coordinados. Me siento bastante orgulloso de la última actuación, ya que pese a haber sido completamente improvisado, ha encajado bastante bien dentro de la pieza. Solo espero que Lilia y Yakov opinen lo mismo cuando nos los crucemos.

Yurio parece cansado, así que cojo una botella de agua que tenía a mi lado y se la tiendo. Lleva bastantes más saltos que yo seguidos y debe de estar pasándole factura.

— Gracias. — Responde con simpleza y ambos dirigimos nuestra vista a la pista para contemplar uno de los últimos saltos de Viktor.

Parecía que su nerviosismo había desaparecido, o al menos ya no le afectaba como antes. Salta con cierta agresividad, pero al mismo tiempo mostraba un gran control. Creo que nunca le había visto patinar de una forma tan instintiva. Viktor normalmente destaca mucho por su técnica, pero en esta ocasión, más que mostrar su habilidad, parecía estar moviéndose por mero instinto; como si los saltos fueran tan naturales como si saliese a cazar. Los aplausos no tardan en invadir la sala y puedo apreciar que muchos de los gritos del público se han vuelto voces femeninas. Pongo los ojos en blanco. Debería haber adivinado que casi todas las fans de Viktor estarían en las gradas.

— Ojalá se callasen. No puedo concentrarme así. — Comenta Yurio, bastante molesto.

— Ya, no deberían dejar que la gente hiciera ruido durante la actuación.

— Y que lo digas. Son más molestas que tú.

Empiezo a pensar que los comentarios de Yurio no son tan molestos como me había figurado en un principio. Lo dice de forma sarcástica, incluso anecdótica, pero no siento que me esté atacando directamente. Si al menos consigo llevarme mejor con Yurio, tendré alguien con quien hablar en la pista además de Phichit los dos años que me quedan aquí. Puede que no seamos los mejores amigos, pero la idea de charlar con él en los entrenamientos no me desagrada en absoluto.

— En marcha. — Dice Yurio sin esperar a que Viktor vuelva.

Espera, ¿teníamos que entrar de nuevo mientras Viktor seguía en la pista? Viktor está girándose para volver, pero Yurio entra como un vendaval en la pista y yo le sigo lo más rápido que puedo. Es cierto que no recuerdo exactamente los saltos que él tenía que hacer conmigo, pero estoy seguro de que esto no estaba en la coreografía original. Viktor tarda unos segundos en entender lo que está pasando, pero en seguida empieza a seguirnos.

— ¿Yurio?

Intento hablarle para que me explique qué quiere hacer, pero sigue avanzando sin decir nada. A medida que Viktor se acerca a nosotros, empieza a patinar más cerca de él, cogiendo velocidad. Viktor parece entender el mensaje y hace una elevación más larga que la que había hecho yo en la canción anterior. Yo les sigo sin saber muy bien qué papel esperan que haga y su repentina rebeldía me está poniendo de los nervios. ¿Quiere dar a entender de que ellos están escapando de la madrastra? Mi primer salto era un triple toe loop, por lo que lo realizo en la siguiente vuelta que hacemos, mientras que ellos empiezan a encadenar pasos y figuras. Parece que han vuelto parcialmente a la coreografía, aunque veo que Yurio está improvisando mucho. Decido ceñirme a lo que me habían pedido y hacer los saltos que me estaban en la coreografía original.

Algo debió írsele de las manos a Yurio, porque de pronto veo que ha cambiado de rumbo y viene de frente HACIA MÍ a gran velocidad. Le falta poco para chocarse conmigo y no parece que vaya a recobrar el equilibrio. Estoy más que seguro de que NO debería estar viniendo en esta dirección. Disminuyo ligeramente la velocidad para pararle, mientras Viktor tira de su brazo hacia atrás y yo le agarro por el otro, dando lugar a una pose muy graciosa. El público se sorprende de la originalidad de la pose y vuelve a aplaudir con emoción.

— Yurio, al menos no te choques conmigo. — Le reprocho, ayudándole a retomar el equilibrio.

— Calla.

No entiendo a qué viene esta sublevación espontánea, pero todo el mundo parece estar disfrutándola. Todos menos Viktor y yo. "¿Qué hacemos?" Le pregunto mentalmente y le miro buscando una respuesta, un plan B. Viktor se encoge de hombros, con toda la pinta de que planea seguirle la corriente a Yurio.

Yurio se inclina hacia mí, obligándome a que le agarre por la cintura y desliza su cuerpo para inclinarse unos segundos apoyado sobre mí. Viktor tira de Yurio, haciendo que vuelva a patinar a su lado y se coordinan para encadenar varios pasos. Empieza a acercarse el final de la canción y me pregunto qué se supone que vamos a hacer. La coreografía marcaba que teníamos que hacer una secuencia de pasos y terminar Viktor y yo desapareciendo tras las uno de los decorados y Yurio girando solo en medio de la pista. Lo mire por donde lo mire, no queda tiempo para que salgamos los dos, por lo que tendré que adivinar qué se les está pasando por la cabeza.

Suenan las últimas notas de la canción y los tres empezamos a girar; Yurio en el centro, Viktor y yo a los lados. Durante una fracción de segundo, se me pasa la imagen de ambos besándose en la pista de hielo, la noche que me colé en el ensayo para verles. Con esas imágenes todavía revoloteando por mi cabeza, decido inclinarme, aceptando "mi derrota" como madrastra de Blancanieves. Me da miedo mirar y ver cómo se besan, por lo que bajo la mirada. El público estalla en un aplauso y solo entonces me atrevo a mirar. Viktor está abrazando a Yurio, por la cintura, sin moverse.

Me pongo en pie mientras el resto de compañeros de reparto salen a la pista y nos ponemos en fila para recibir el último aplauso. El público se vuelve loco y empiezan a tirar flores y regalos al hielo. En la primera fila de las gradas distingo a Lilia y a Yakov, ya de pie y sin aplaudir. Uno a uno, los patinadores salen de la sala, hasta que solo quedamos los tres protagonistas. Viktor y Yurio empiezan a recoger algunos regalos y yo me dirijo a la salida. Me habría gustado saber qué se siente cuando tus fans se acercan a darte un regalo, pero si nadie sabía que iba a actuar, no podía esperar otra cosa.

Nada más quitarme los patines, Phichit se acerca corriendo a mí.

— ¡Yuri, lo has hecho genial! — Exclama muy emocionado — ¡No me esperaba que Lilia hubiese cambiado tanto la coreografía en el último momento!

Abro los ojos de estupefacción.

— Espera… ¿me estás diciendo que no se ha notado?

— ¿El qué?

— ¿Cómo que el qué? La coreografía. Ha sido cosa de Yurio. Yo no sabía nada.

— ¿Eh? ¿Cosa de Yurio? — Su expresión de sorpresa es tan exagerada que casi hace que me ría.

— Empezó a saltarse los pasos y los saltos y a moverse como un loco por la pista. Más que actuar, Viktor y yo estábamos intentando que no…

— ¡YURIIIII! — Se escucha gritar desde el fondo de los camerinos e inconscientemente me pongo tenso. La voz de Yakov se oye más alta y clara que nunca. No sé si grita por mí, por Yurio, o por los dos, pero no pienso quedarme a comprobarlo.

— Phichit, ¡te veo luego! — Le dejo a Phichit mi bolsa de deportes y salgo corriendo, buscando un sitio donde esconderme.

El primer impulso que tengo es salir fuera, pero seguro que estará lleno de gente y no dejarán que salga del recinto. Por unos segundos empiezo a vagar por los pasillos del auditorio hasta que, finalmente, me doy cuenta de que el público ya ha salido y me meto en el hueco de las gradas para esperar a que se calmen los ánimos. Me siento en las escalerillas en las que siempre me encontraba con Viktor. El estar aquí me trae muchos recuerdos. Me cuesta creer que la función haya terminado y que el verano esté a la vuelta de la esquina. Suspiro apoyando la cabeza contra la pared. Puede que me haya visto algún ojeador, pero no sé si lo que he hecho hoy es lo que buscan. O peor, ni si quiera sé si saben que soy yo quien ha interpretado el papel de la bruja. Sería gracioso que el chico que no se ha presentado se llevase el mérito. Espero que al menos les suene mi cara si presento alguna solicitud de beca. ¿Quién sabe?

— ¿Hay sitio para uno más?

Esa voz me saca de mi ensimismamiento y al abrir los ojos, tengo a Viktor ante mí.

— ¿Viktor? — Estoy algo sorprendido de tenerle tan cerca, pero a la vez, me alegro de que esté aquí.

— Yo tampoco quiero cruzarme con Yakov ahora. Ya tiene bastante que hacer con Yurio. — Se sienta a mi lado, cruzando los brazos sobre sus piernas. No parece muy animado, pero al menos vuelve a hablarme.

— Has estado muy bien. — le digo con sinceridad. — Para no saber lo que iba a hacer Yurio, has sabido resolverlo muy bien.

— Eso debería decirlo yo. — Se gira ligeramente para verme la cara. — No sabía que Yurio y tú os llevaseis tan bien.

— ¿Bien? Para nada. Sé que a Yurio me detesta. — Suspiro — Creo que me odiará toda la vida, pero al menos parece que podemos trabajar juntos.

— Qué bien.

Su comentario no suena para nada enfático, pero me transmite una sensación menos agresiva que la última vez. Quiero decirle muchas cosas, pero me cuesta decidirme por dónde empezar. Tampoco sé cuánto tiempo tardará Yakov en encontrarnos.

— ¿Sabes? Creo que he entendido un poco mejor lo que querías decirme la última vez. Lo de que no debía subestimar ningún papel.

— ¿Ah, sí?

— Sí. — Confieso, aunque con algo de timidez. — Ha sido muy duro, pero me lo he pasado muy bien. Me alegro de haberme impuesto a Yakov, aunque todo el mundo pensase que era una locura.

— Yo también. Sin ti no habría habido obra. Gracias, Yuri.

Siento un escalofrío recorrerme la espalda cuando escucho mi nombre pronunciado por él. De alguna forma, siento que este encuentro es como la primera vez que nos vimos. Como si estuviese redescubriendo a un extraño. Sé que no me mira directamente a mí, pero estoy contengo de al menos poder compartir un rato más con él.

— Me han invitado a hacer un programa libre en el Grand Prix Junior el año que viene. — Comenta sin mirarme demasiado. — A modo de deportista invitado. Me han dicho que puedo ser muy inspirador para los niños.

— ¡Eso es genial! — Salto impulsivamente. Me alegro de veras por él, por mucho que me duela el darme cuenta de que yo no estaré allí para verlo. Mi sonrisa se vuelve algo amarga cuando lo recuerdo, pero procuro que no se me note.

— Sí, lo es. Tendré que estar bastante tiempo fuera, pero es posible que consiga más patrocinadores si participo en esta clase de eventos. Estoy muy emocionado.

Se acaricia el pelo con la mano mientras mira al frente. Parece más inmerso en sus pensamientos que en nuestra conversación.

— Mis padres me han dicho que intentarán pagarme la universidad aunque no consiga ninguna beca. Sé que es muy difícil, pero espero poder encontrar la forma. No quiero rendirme todavía. — Confieso algo avergonzado. Parece que ha llegado el momento de hablar de nuestros planes para el futuro.

— Tratándose de ti, sé que lo conseguirás. — Sigue sin mirarme directamente, pero su voz suena más sincera que antes. — Yo es posible que tenga que finalizar mis estudios en Rusia. No creo que me renueven el visado ahora que me he graduado.

Se me hace un nudo en el estómago. Intento ser consciente de todo lo que me dice, pero incluso sabiendo que iba a pasar, se me hace muy duro escucharlo. Me duele pensar en que se irá y que no volveré a verle, pero lo que más me molesta en este momento, es que ni si quiera me mira. Nuestro último rato juntos y ni si quiera es frente a frente.

— Echarás de menos Hasetsu. Y el katsudon — Añado con un toque malicioso para reclamar su atención. Quiero que me mire. Que me mire como hacía antes de que nos peleásemos. Viktor no puede evitar dibujar una pequeña sonrisa.

— Sí, lo voy a extrañar mucho. Pero no es lo que más voy a echar de menos. — Se aclara la garganta y esta vez sí que me mira. Me sobresalto ligeramente al notar que ha posado sus ojos directamente en los míos, pero mantengo la compostura. — Siempre habéis sido muy buenos conmigo. Para mí, Hasetsu es como mi segunda familia.

Empiezo a emocionarme. Puede que no esté hablando únicamente de mí, pero me hace muy feliz que me incluya en esa afirmación. Parte de su familia. De Viktor Nikiforov. Sigue siendo algo increíble para mí.

Viktor se pone en pie sin previo aviso.

— En fin. Creo que será mejor que vuelva a casa. Tengo empezar a pensar el programa para la siguiente competición. — Afirma de forma pausada. Pese a todo, parece seguir ensimismado.

— Está bien. — Me duele tener que decir esas palabras, pero no debo retenerle. El nudo que tengo en el estómago sigue estando presente y no creo que desaparezca en los próximos días — Viktor… ¿seguiremos hablando alguna vez?

— Claro. Espero verte en alguna competición. — Me da un toque cariñoso en el hombro, tratando de darme ánimos.

Empiezo a pensar que esto significa que solo me hablará si volvemos a vernos en persona. ¿Tan duro sería que mantuviésemos el contacto? Sé que no sería lo mismo, pero no quiero pensar que esta será nuestra última conversación. Ha sido demasiado breve.

— Cuídate. — Su despedida me saca de mis pensamientos y empieza a caminar hacia la salida. Sus pasos resuenan con estruendo en el corredor vacío.

"Acéptalo, Yuri", me digo una y otra vez, mientras veo a Viktor salir del hueco de las gradas. Intento mantener la calma, pero una sensación desagradable empieza a subirme por el estómago. Cada paso que da es como un trocito de mí que dejo de oír; como si los recuerdos que compartíamos se estuviesen borrando poco a poco de mi cabeza. Tengo que dejarle marchar, porque no tengo nada nuevo que ofrecerle. Hace unas horas ha cortado conmigo porque no tenía la capacidad para estar a su lado. Y sin embargo, lo que vivo ahora parece ser una escena totalmente distinta. Una voz dentro de mí me dice "adelante". Estoy sintiendo mi ángel suspirándome al oído: "No lo dejes marchar".

Debería quedarme aquí sentado y contemplar su silueta desaparecer al final del corredor, pero sé que me arrepentiría. Sé que cargaría con esto el resto de mi vida. ¿Cómo se puede dejar marchar algo tan preciado para ti? No sé si tengo lo necesario para hablar con él o si todo acabará llevándome de nuevo a suplicar como la última vez. Pero, pensándolo de nuevo, a estas alturas derrumbarme o arrastrarme me parece insignificante. ¿Qué me queda por perder? De todas formas, lo único que de veras me importa está alejándose poco a poco.

Siento el valor aflorando de nuevo dentro de mí. Es el momento, tengo que hacerlo. ¡Ahora o nunca, Yuri! Me levanto de un salto y comienzo a seguirle por el pasillo. Si dejo que se vaya, todo habrá terminado definitivamente.

— ¡Viktor! ¡Viktor! — Le llamo a unos metros de distancia.

La primera vez que abro la boca se me quiebra la voz, no sé si por la emoción o por la inseguridad. Viktor se para en seco y se gira ligeramente. Parece dubitativo y me mira interrogante, sin saber qué esperar de mí.

— ¿Pasa algo? — Le sorprende que haya vuelto a aparecer detrás de él cuando acaba de despedirse de mí.

— Viktor, ¡no quiero que te vayas! — Me quedo callado un instante dándome cuenta de que estoy volviendo a decir lo mismo que la última vez. No, no es eso. ¡Yuri, explícate! — O sea, sí, quiero que vayas por el mundo, pero… Lo que quiero decir es que, bueno, yo… ¡no quiero que acabemos así!

Lo suelto de un tirón. Viktor abre la boca para responderme, pero no pienso dejarle hablar hasta que no termine lo que le tengo que decir. Cojo una bocanada de aire.

— He sido un idiota. Te he rechazado mil veces y no te he apoyado. Te he hecho sentir que eras el único que tirabas de nuestra relación. Has tenido que aguantar que fuese inseguro, que no tuviese fe ni en mí, ni en ti, ni en nosotros y te he mostrado lo peor de mí. Sinceramente, no sé cómo has aguantado tanto tiempo conmigo. — Respiro otra vez, tratando de calmar mis nervios — Siempre te he tenido en un pedestal, porque para mí no había nadie como tú. Cuando te descubrí, tú eras una estrella y yo uno más del público. Siempre eras perfecto y me daba la impresión de que todo era una mentira. De que era imposible que estuviese contigo y que todo eran ilusiones mías. Te he malinterpretado muchas veces y he dado por supuesto que era un estorbo. Pero al fin lo he entendido. He entendido que tú también me necesitas.

Viktor me mira estupefacto, pero ha cerrado la boca y espera a que yo termine de hablar. Su cara se curva por la emoción, pero todavía no sé si es de alegría o de enfado. Avanza un par de pasos hacia mí, pero se queda a una distancia prudencial. Me mira suplicante, como si esperase a que le libre de su sufrimiento.

— Lo que quiero decir es que lo siento. Si me das otra oportunidad, no volveré a decepcionarte.

Viktor estrecha entre sus brazos con tanta fuerza que parece que me va a dejar sin respirar. Parece como si acabase de decir algo que lleva esperando mucho tiempo. Es la primera vez que le digo abiertamente lo que pienso. También puede que sea la primera vez que le doy la razón y he admitido que me he equivocado. No tardo en corresponderle al abrazo y atraerlo hacia mí.

— Viktor, te quiero. — Digo con simpleza. Su agarre se vuelve más firme y siento que empieza a hipar. ¿Está llorando…?

Si lo pienso detenidamente, creo que nunca le había dicho que le quería. Y eso deja muy claro lo poco que he cumplido con mi parte de la relación. Las mismas dudas que yo he tenido, la misma preocupación de si yo le correspondía o si iba en serio con él… creo que nunca he tenido en cuenta sus sentimientos. Nunca he pensado que Viktor también podía tener miedo. Siento que estoy flotando en una nube, pero me obligo a poner los pies en el suelo. Viktor está delante de ti. Te está abrazando. Y necesita más que nunca que seas consciente de situación, de él, como la persona que es, no tu ídolo infantil.

Se separa de mí unos centímetros, lo justo para poder verme la cara. Está muy emocionado, pero sigue sin decir una palabra. Me esfuerzo por esbozar una sonrisa. No quiero cagarla en esta situación. Siempre que abro la boca lo estropeo todo, así que opto por la forma más clara de transmitirle lo que siento. Aprovecho la cercanía entre ambos para juntar nuestros labios con cariño. Creo que él está tan sorprendido como yo por mi atrevimiento. Esto no tiene nada que ver con el pico inocente que le di la última vez. Por un segundo me da la sensación de que se va a apartar de mí, pero poco a poco empieza a corresponderme y pasa sus brazos tras mi nuca. El contacto profundiza y empieza a introducir su lengua en mi boca. Me invade una sensación nueva, extraña y reconfortante. Por primera vez desde que empezamos a salir, no tengo miedos, ni dudas, ni resentimientos. Disfruto del contacto, intentando imitar los movimientos de Viktor. Nunca nos habíamos besado con tanta intensidad y siento que mi cuerpo empieza a arder. Nos separamos tras un par de minutos, jadeando ligeramente.

— ¿Me esperarás? A que vuelva de las competiciones. Aunque tenga que pasar mucho tiempo fuera. — Pregunta con una chispa de preocupación.

— No. No pienso esperarte — Contesto con una amplia sonrisa. Se tensa entre mis brazos, pero solo estoy disfrutando de unos segundos de incertidumbre — Pienso competir contigo. —

Apoyo mi frente sobre su pecho y noto que se relaja de nuevo. Antes nunca me habría dado cuenta de estas cosas, porque nunca me habría atrevido a acercarme tanto a él. Forma un mohín con su cara y me mira molesto.

— Yuri, eres lo peor. Me has asustado.

— Jaja, lo siento. — Soy consciente de que estoy poniendo cara de bobo, pero me da igual. — Pero si no consiguiera seguirte, sí. Te esperaría.

Esta vez es Viktor el que se inclina hacia mí para besarme, completamente aliviados. Siento un subidón de alegría y adrenalina recorriéndome el cuerpo cuando, de pronto, se empieza a escuchar un aplauso. Ambos nos giramos instintivamente y nos damos cuenta de que estábamos justo delante de una de las puertas que daban en los camerinos. Al otro lado de la misma estaba la mitad del reparto, Yakov y Lilia con una cara entre enfado y desconcierto, Phichit dando saltos de alegría y Yurio aplaudiendo de medio lado, sin mirarnos directamente. Al otro lado de la alineación distingo una silueta que no esperaba encontrarme.

— ¿Mamá? — Mi madre, la última persona que esperaba ver aquí, se acerca a nosotros algo enfadada

— ¡Estoy muy enfadada contigo! ¡He tenido que enterarme de que ibas a patinar por otros!

— ¿Por otros? — No logro entender cómo se ha enterado hasta que me fijo en Phichit, quien me guiña un ojo.

Tras un par de instantes mirándome fijamente, la expresión de mi madre cambia de forma radical.

— ¡Has estado genial, Yuri! — Mi madre me abraza un instante y después de separarse, se fija en Viktor. — Así que este es Viktor. Más te vale tratar bien a mi hijo.

Me sonrojo notablemente por el comentario, pero siento cómo algo me acaricia la mano. Es la de Viktor, quien la acerca con timidez para acabar entrelazando conmigo sus dedos. Por primera vez, la vergüenza que siento me parece reconfortante y el apoyo de Viktor hace que me sienta seguro. Viktor suelta una carcajada tras la amenaza y asiente.

— Espero que le traigas algún día a cenar.

Viktor y yo nos miramos un instante y sé perfectamente cómo responder.

— Me encantaría.

xXx

Han pasado muchas cosas este último año. He crecido mucho como persona y he tenido la oportunidad de aprender qué es el amor en realidad. Amor no es estar todo el día pegado a otra persona, ni esperar que todo lo que hagas sea correspondido. Amor es que pese a todo, uno siempre encuentre un sitio al que volver. Amor es encontrar aceptación y cariño. Amor es ser feliz con cosas insignificantes.

Sé que a partir de ahora se avecinan épocas difíciles y que debo tener presente esta lección que me ha dado la vida. Con toda la gente que está a mi lado, ya sean amigos, familiares o fans, pienso llegar lo más lejos que pueda. Hay sueños que no se pueden cumplir si estás solo y por eso he de seguir luchando hasta poder estar a tu lado.

Gracias por todo, Viktor.

Te quiero.

— Katsuki Yuri.