La gripe de Miho.

Seiya había regresado a la ciudad. Además de hacer unos encargos que Saori le había encomendado el caballero disfrutaba curioseando por aquí y por allá antes de ir al departamento, al salir de una tienda en la cual había comprado el último disco del cantante favorito de Sirah distinguió a Miho saliendo del supermercado con las bolsas de las compras que había realizado y se acercó hacia ella.

-Hey Miho ¿Qué tal tu día?- El caballero tomó el hombro de la mujer para que notara su presencia

-Hola Seiya, no sabía que ya habías vuelto ¿mi día? un poco pesado la verdad ¿y el tuyo?

-Un día normal en la ciudad nada digno de contar, déjame ayudarte con esto-Seiya tomó las bolsas- La verdad es que estoy disfrutando mucho estar de vuelta, Oye tengo una idea: vamos al cine el fin de semana ¡compraremos palomitas! ¡y esas galletas que son tan sabrosas! ¡Y pizza!

-Es una buena idea…- El caballero esperaba el usual regaño por comer tantas golosinas y un comentario acerca de que iba a engordar pero en vez de eso Miho sono desanimada, normalmente ella gozaba de una salud de hierro pero en ese momento Seiya de verdad se preocupó, caminaron hacia la estación del autobús sin decir palabra, en cierto momento él también la ayudo con el portafolio que llevaba al trabajo. Ya en el autobús Miho apoyó la cabeza en el hombro de su amigo y el caballero pudo percibir el calor que emanaba de su piel, para asegurarse le tocó la frente.

-Tienes fiebre.

-No exageres, sólo estoy un poco cansada, es todo.

-En cuanto lleguemos a casa deberás darte un baño y descansar, yo prepararé la cena.

-Creo que esta vez tienes razón, pero la verdad no confio mucho en ti para cocinar.

-Marin me enseñó, no lo hago tan mal, ademas, nadie ha muerto por comer mis guisos- El caballero hizo un mohín que hizo sonreír un poco a Miho que se veía cada vez más pálida.

-¿Y si mejor ordenamos pizza?

-Una persona enferma debe alimentarse bien, te prepararé algo sabroso y nutritivo, permite que ésta vez te cuide yo.

-De verdad, no tengo nada..

-Que eso lo decida un médico.

-¿Desde cuando eres tan responsable?

-No cambies de tema.

-Discutir contigo es inútil, está bien haré lo que digas.

Al llegar a casa la mujer entró a darse una ducha, mientras tanto Seiya hizo una llamada, después revisó el refrigerador y las cosas que su amiga había comprado. Ya con los ingredientes preparados comenzó a cocinar, aunque sin descuidar a Miho ya que cada tanto iba a revisar que estuviera bien y a refrescarla con paños húmedos. Treinta minutos después la carne empezó a emanar un olorcillo delicioso, mientras Seiya cortaba las verduras sonó el timbre, abrió la puerta y saludó:

-Hola, llegaste pronto.

-Hola, sí, por suerte estaba viendo a otro paciente por aquí cuando llamaste ¿Podrías sostener esto un momento?- Shun le dio el maletín médico a Seiya para poder quitarse los zapatos cómodamente

-Ella está en su habitación.

-Vamos

El pegaso tocó suavemente la puerta y la abrió un poco. La mujer estaba acostada en el futón con un paño mojado en la frente.

-Miho, Shun vino a verte

-Hola, gracias por venir, espero que Seiya no haya exagerado las cosas.

-Exageró un poco, pero lo ignoré y preferí revisarte yo mismo- Shun sonrió amablemente mientras se colgaba el estetoscopio y ponía el termómetro bajo la axila de Miho.

-¿Como estoy?

-Voy a hacerte una revisión pero creo que tendré que aplicarte una inyección para bajar la fiebre.

- Sí, está bien...

El joven médico revisó los signos vitales, oídos, garganta, respiración y latidos del corazón de Miho y emitió su diagnóstico. Una gripe medianamente fuerte y una infección en la garganta. Cuando llegó el momento de la inyección Seiya se escabulló de la habitación, cosa que hizo reír al caballero de Andrómeda y su amiga.

El caballero de pegaso ultimaba los detalles de la cena cuando Sirah entró saludándolo alegremente

- ¡Ya volví! ¡Hola tío Seiya!

-Hola, ¡bienvenida!

-¿Y mi mamá?- La chica estaba extrañada de no ver a su madre metida en la cocina.

-Está en su habitación, tiene gripe y debe descansar.

-¡Oh no!

El caballero tomó de un hombro a la jovencita.- No te preocupes, no es grave, además Shun está con ella.

-Voy a verla

Poco despues Shun y Sirah salieron de la habitación de Miho y se sentaron en el tatami, Seiya les sirvió una taza de té a cada uno y se sentó con ellos, Shun dio unos sorbos a su té y dedicó una sonrisa de amabilidad y comprensión al pegaso y su sobrina.

-Va a estar bien, sólo hoy deberá guardar cama, ya mañana podrá estar haciendo su vida, eso si, unos días de reposo no vendrían mal. Pero no te preocupes, tu mamá estará bien para verte en el torneo. Toma Seiya está es la receta.

-Compraré la medicina después de cenar. Gracias Shun.

-Hablando de comida, por favor quédate a cenar ¿o aun tienes pacientes?

-No Sirah, ya termine por hoy. Y con gusto acepto tu amable invitación.

-El tío Seiya cocinó.

-Te estas convirtiendo en un amo de casa muy bueno, te felicito...

Seiya hizo un gesto de fingida indignación y cruzó los brazos. Shun y la niña rieron de manera traviesa.

-Sirah, creo que mejor nos lavamos y ayudamos a tu tío a servir.

Entre la chica y el medico pusieron la mesa mientras el pegaso servía. Tras cerciorarse que Miho dormía Seiya se dispuso a comer el guiso de carne y verduras que había preparado.

-¡mmm! Está sabroso tío...

-Sí, en verdad es bueno.

-Le dije a tu madre que puedo cocinar. Pero no me creyó.

-Tienes talentos ocultos. ¿Verdad Seiya?

-Claro, ¡mi tío es el mejor!

-Este guiso…me recuerda los días de entrenamiento.

-Sí, Marin me decía que cocinar era parte del entrenamiento. Algo de agua, sal...

-Y lo que pudieras conseguir...- Shun terminó la frase y ambos caballeros se echaron a reír recordando aquellos días en que no eran mas que aspirantes a sus armaduras. Sirah los miraba con expresión confundida.

-No nos hagas caso, son cosas de caballeros.- Dijo Shun haciendo un gesto con la mano para restarle importancia.

-Ah, hablando de entrenamientos, tu mamá me dijo que vayas revisando si tienes todo para el torneo, porque no quiere después comprar cosas de urgencia- Dijo Seiya terminando su comida

-Ya tengo todo, mamá se preocupa demasiado.

-Por que te ama y quiere que te vaya bien.- El pegaso acarició la cabeza de la chica en un ademán cariñoso.

Acabaron de cenar y Seiya salió a comprar los medicamentos, mientras Sirah y Shun lavaban los platos. La niña dudaba si preguntar lo que tenía en mente, pero al final se animó.

-¿Sabes? hay algo que no me atrevo a preguntarle a mi tío.

-Si crees que tengo la respuesta pregúntame lo que quieras.- Dijo Andromeda con voz serena.

-¿Por que nunca los he visto con sus armaduras puestas?

-¿Eh?-Shun parpadeó y dejó de secar el plato que tenia en las manos.

-¿Es algo que no debo preguntar?- Sirah se ruborizó un poco.

-Está bien, es que me sorprendió tu pregunta.

- Mejor olvida lo que dije…

-No, tranquila, es que estoy buscando la mejor manera de responderte.-Shun continuaba secando platos con expresión pensativa.

-He visto sus armaduras en los programas de televisión donde hablan del torneo galáctico, tío Seiya le regaló a mamá una fotografía suya vistiendo la armadura de Pegaso, pero nunca lo he visto en persona, mucho menos con la armadura dorada y no sé por que.

-Creo que la respuesta correcta es que no nos has visto con nuestras armaduras por que tu vida ha sido pacífica y feliz, veras, usamos las armaduras cuando tenemos que pelear con un enemigo poderoso o para defender al débil, pero afortunadamente en estos tiempos y en este lugar no ha habido necesidad, y si no es necesario no las portamos.

-¿Y por que cargan con esas cajas a dónde van?

-Por que no se sabe en que momento puede aparecer un enemigo o por que vamos a ocuparlas para entrenar.

-Tío Seiya casi no habla del santuario ni de lo que hace como caballero.

-A final de cuentas somos soldados y no es una vida fácil, en particular Seiya ha pasado por momentos muy difíciles, tanto que no te lo puedes imaginar, pero ¿sabes? tu tío tiene mucha suerte de tenerlas a ti y tu mamá en su vida, por que tiene un hogar donde descansar y despejarse, por eso te pido que comprendas que cuando está aquí el santuario sea lo último de lo que quiere hablar.

-Creo que entiendo... Por favor no le digas que te pregunte esto.

-No te preocupes, no le diré-Shun sonrió de una manera particularmente dulce.

La cocina quedó limpia, Shun y Sirah se sentaron en el tatami a hablar de la vida escolar, del kendo y de otras cosas hasta que Seiya volvió con los medicamentos y un paquete de galletas.

-Perdón por la espera, había mucha gente en la pastelería.

-Prepararé té.-Sirah se levantó del tatami, se sentía feliz de poder atender a su tío y su amigo, tras la charla con Shun, la niña veía con renovada admiración a los caballeros de Atena

Poco después, Ikki llego con un ramo de flores. Sirah levantó una ceja y volteó a buscar respuestas en sus tíos, quienes se hicieron los desentendidos.

-Hola Ikki

-Hola Sirah.

La niña señaló el ramo de rosas que llevaba el fénix.-¿Y esas flores?

-Son un regalo para tu mamá.

-Lo siento hermano, pero Miho está dormida, por efecto del medicamento.-Dijo Shun

Ikki le tendió las flores a la niña.-Entiendo ¿podrías ponerlas en un florero junto a su cama? creo que sería un detalle agradable para cuando despierte.- Seiya estaba sorprendido de ver ese lado tierno del rudo fénix, pero Shun que conocía a su hermano a la perfección sonrió y siguió bebiendo de su té.

-Sí, lo haré, gracias.

-Entonces me voy.

-Esto...espera, mi tío Seiya trajo unas galletas y... Bueno ¿quieres un poco de té?

Ikki se sorprendió, pero acepto de buen grado la invitación, se sentó en el tatami junto a su hermano y esperó a que la niña llevara las flores a la habitación, mientras Seiya lo miraba de reojo.

-Tú viste que fue ella quien me invito, pegaso.

-No he dicho nada, fénix.

Shun contuvo una risita, divertido de verlos pelear por el afecto de la niña, definitivamente el futuro lucía prometedor.