Avatar: El último maestro del aire no me pertenece. Sólo me divierto escribiendo y jugando un poco con los personajes.
Capítulo 7: Las peticiones de Zuko.
Iroh y Zuko se habían reunido con sus compañeros, acompañados por Ty Lee. Todos comían un pequeño refrigerio antes de que la comida les fuera servida y escuchaban atentamente a Zuko e Iroh hablar de los sucesos ocurridos durante la junta con el consejo.
-Ahora que Chispitas será el nuevo rey y que las demás naciones regresarán a la normalidad, creo que es tiempo de empezar a buscar al nuevo Avatar. ¿No les parece?- sugirió Toph, mientras comía animadamente.
-¿Nuevo Avatar?- preguntó Ty Lee con el ceño levemente fruncido, la chica volteó a ver a cada uno de los presentes con curiosidad.
-Con la muerte de Aang, el nuevo Avatar debió de reencarnar hace cuatro años. Así es como funciona- explicó Sokka, haciendo Ty Lee explotara en risas.
-¿Qué es tan gracioso?- preguntó Zuko frustrado.
-Lo siento… es que Mai olvidó explicarles tantas cosas creyendo que ustedes sabían- dijo Ty Lee riendo todavía.
-¿Podrías explicar de una buena vez?- Katara exigió de mala gana. La maestra agua comenzaba a temer lo peor. Ella pensaba en que tal vez, Ozai hubiera encontrado al nuevo Avatar antes que ellos y lo hubiera asesinado.
-El Avatar no está muerto, sólo fue capturado- explicó Ty Lee, dejando a todos los presentes atónitos.
-Si Aang está vivo, ¿dónde está?- preguntó Katara ansiosa.
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Mai caminaba de un lado al otro en su habitación. La chica se agarraba la cabeza con desesperación para luego soltar múltiples suspiros. No se había podido tranquilizar después del pequeño encuentro que tuvo con Ukano.
-Vas a hacerle un hoyo a la alfombra si sigues paseándote de esa manera- dijo Renzo, mientras entraba a la habitación con un pequeño niño en brazos.
-¿Cuántas veces tengo que decirte que toques la puerta?- dijo Mai molesta.
-Ya no tienes el privilegio de la privacidad conmigo, Mai.
-Ja ja ja – contestó Mai con sarcasmo. -¿Está dormido?
-Sí, tuvo una mañana complicada- explicó el jefe de seguridad, pasando al bebé a los brazos de la chica.
-¿Cómo que tuvo una mañana complicada?- preguntó Mai con el ceño fruncido y un claro tono de preocupación en su voz.
-La nodriza dijo que apenas comió- contestó Renzo con el mismo tono de preocupación de Mai.
-Ha estado así en los últimos dos días… creo que llamaré al doctor más tarde, en caso de que esté enfermo.
-Tal vez sólo extraña a su mamá, al igual que yo- admitió el joven. Mai sintió una punzada en el pecho y lo miró, para después ver al bebé en sus brazos.
-No empecemos, Renzo. Tuve una mañana terrible y no estoy de humor- dijo la chica, depositando al bebé en una cuna junto a su cama.
El jefe de seguridad se acostó en la amplia cama de Mai. Ella lo imitó recostándose a su lado, con cuidado de no tocarlo. Ambos veían al techo.
-¿Qué pasó?- pregunto Renzo, cambiando de tema como Mai lo había pedido.
-Mi padre me amenazó…
-¡¿Qué?!- soltó el chico, claramente alarmado.
Mai relató lo sucedido en la oficina aquella mañana. La chica no se saltó ningún detalle y con cada palabra sólo lograba alterar más al joven a su lado.
-No se va a quedar de brazos cruzados y menos a sabiendas de que puede perder su posición- terminó de explicar Mai.
-Por supuesto que no se va a quedar cruzado de brazos, Mai. Tenemos que hallar una forma de mantenerlo callado.
-Lo sé. Le he estado dando vueltas al asunto y cada idea que se me ocurre es más descabellada que la anterior- admitió la Reina a punto de perder la paciencia.
-Podríamos usar a Tom-Tom, ¿se te había ocurrido?- sugirió Renzo, provocando que Mai se levantara de golpe y le dirigiera una mirada asesina.
-No voy a usar a mi hermano. No lo voy a meter en medio como mis padres lo han hecho hasta el momento- dijo Mai fríamente.
-Está bien, Tom-Tom descartado- aceptó el joven, soltando un bufido. –Hay que comprarlo, Mai. Pídele a Zuko que lo ponga en una buena posición y así se callará la boca.
-No le quiero pedir nada a Zuko, Renzo.
-Tendrás que tragarte tu orgullo si quieres que esto funcione. Escucha, hemos planeado esto por mucho tiempo, no puedes dejar que algo como esto nos frene…
-Lo sé- admitió la chica con un hilo de voz.
Mai se echó para atrás de nuevo, en la cama, pero esta vez dejó que el joven jefe de seguridad la envolviera con sus brazos.
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Zuko caminaba por el palacio con Katara y Ursa a los lados.
-¿Creen que Kiyi esté bien?- preguntó Ursa con notada preocupación en su voz.
-Apuesto a que sí, Pakku es una gran niñera- dijo Katara con ternura y sarcasmo mezclados en su voz.
-No te preocupes, madre- Zuko trató de animar a Ursa.
-Quiero ir por ella, Zuko. Si pasaremos más tiempo de lo planeado en este lugar, no pienso pasar ni un día más sin mi hija- dijo la mujer con seguridad.
Zuko vio a su madre de reojo. Era lógico que Ursa extrañara a su hija, pero el joven príncipe apostaba a que el repentino cambio de su madre era provocado por el acercamiento que estaba teniendo con el lugar donde Azula pasó sus últimos días. Ursa no pasó mucho tiempo con su hija mayor y no quería que le pasara lo mismo con Kiyi.
-Hablaré con Mai. Apuesto a que no tendrá ningún inconveniente en prestarte una aeronave y una escolta para llevarte con Kiyi y no creo que le moleste tener a otra persona alrededor. Además, puedes llevar a Sokka y Suki contigo para que informen a los demás todo lo que está pasando aquí- Zuko le sonrió levemente a su madre y suspiró a sus adentros. No sabía si traer a su hermana pequeña era una buena idea.
-Gracias hijo…- Ursa le devolvió la sonrisa a su hijo.
-Hablando de Mai…- esta vez habló Katara con cierta desconfianza. -¿Crees que tenga problema en llevarnos con Aang?
-Ella está muy accesible últimamente, no se negará. Estoy seguro. De cualquier forma, Ty Lee dijo que hablaría con ella para que diera la orden, pero si te hace sentir más tranquila también le tocaré el tema- esta vez, Zuko animó a Katara.
-Gracias, Zuko. Espero que Aang esté bien- la maestra agua sonrió y volteó a ver con nostalgia el atardecer que se desarrollaba frente a ella.
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Zuko caminaba por el Palacio. Después de la cena, todos sus amigos, al igual que su tío, madre y padrastro habían decidido irse a dormir. El chico no podía conciliar el sueño, los eventos que habían pasado en los dos días anteriores se lo quitaban.
El príncipe notó que una puerta que daba a una oficina estaba medio abierta y de ella salía una leve luz. Zuko decidió asomarse por la puerta, para descubrir que era Mai la que ocupaba la habitación. La joven miraba a la pared, pero Zuko no podía ver exactamente a qué veía. La chica aún usaba el atuendo con el que Zuko la había visto esa mañana, pero su cabello ya no estaba arreglado. El joven notó que el vestido de la reina traía bordado dos aves fénix en la parte de abajo, cosa que no observó esa mañana.
"Ozai debió cambiar el diseño" pensó. Zuko negó con la cabeza y tocó la puerta.
-¿Zuko?- Mai preguntó con sobresalto.
-¿Te asusté?- preguntó, mientras entraba a la oficina y se colocaba al lado de ella.
-No esperaba a nadie…- admitió la chica.
-Lo siento- se disculpó. –No te vi en la cena.
-No me sentía bien- se excusó Mai. –Espero los hayan atendido bien.
-Sí, lo hicieron- admitió Zuko. Mai sólo asintió y regresó la mirada a la pared.
Zuko también volteó a ver a la pared que ella observaba y fue ahí cuando notó que Mai estaba viendo un mapa del mundo con varias marcas en él.
-¿Qué es eso?- preguntó el príncipe, extrañado.
-¿No reconoces un mapa cuando lo ves, Zuko?- contestó Mai con sarcasmo.
-Sé que es un mapa, pero lo que pregunto es qué está marcado en él.
-¿No reconoces tus propios campamentos?- preguntó la chica con el ceño fruncido.
Zuko no contestó y se acercó al mapa tocando levemente las marcas en él. Mai decía la verdad, todas las marcas coincidían con los campamentos de la resistencia.
-¿Todo el tiempo supieron dónde estábamos?- preguntó el chico con asombro y cierto miedo.
-Sí, nos tomó un tiempo saber quién operaba en dónde, pero siempre supimos dónde se escondían- admitió Mai.
-¿Por qué no nos atacaron?- preguntó Zuko incrédulo.
-No tenía caso. Para Ozai, no tenían la suficiente fuerza para atacarlo. Ni la fuerza ni las armas ni al Avatar…
-¿De quién es esta oficina?- preguntó el príncipe tratando de adivinar a quién pertenecía ese mapa tan detallado.
-Bienvenido a mi oficina y… de Azula, príncipe Zuko.
-¿Tú hiciste ese mapa?- preguntó el chico sintiéndose nervioso.
-Algunas partes, la mayoría lo hizo Azula- admitió Mai.
-¿Compartías este lugar con Azula?
-Sí, ella y yo planeamos grandes cosas aquí. ¿Qué creías, Zuko? ¿Pensabas que me la pasaba tomando el té con las damas de la corte?
Zuko no contestó y sintió como un estremecimiento recorrió su espalda. El pensar en todos los ataques que Mai y Azula habían planeado contra ellos y cuantos habían sido exitosos sólo le hacía creer que estaba viviendo con el enemigo. Mai ni siquiera miraba a Zuko, sólo seguía admirando el mapa.
-Es bueno que hayas tocado el tema del Avatar…- dijo Zuko, tratando de cambiar de tema para tranquilizar su mente.
-¿Ah sí?- preguntó Mai, casi inconscientemente.
-Quería pedirte un favor. Bueno, más de un favor- admitió el chico.
-Te escucho- dijo Mai, levantando la mirada del mapa para ver a Zuko.
-Es posible que Ty Lee ya haya hablado contigo al respecto, pero queremos ver a Aang. No sabemos cuál sea su estado ni qué clase de ayuda necesite, pero queremos verlo- explicó el joven, provocando que el cuerpo de Mai se tensara.
-Creo que a Ty Lee se le olvidó mencionar ese pequeño detalle…- dijo Mai entre dientes. -El Avatar está en el Templo de la Ciudad. Los sabios dicen que está atrapado en el Mundo de los Espíritus o algo así, no sé ni entiendo mucho al respecto. De igual manera, no creo que sea un problema que ustedes vayan a verlo. Sabes el camino, ¿no?
-Sé el camino, pero necesito tu autorización. Hasta donde sé…- Mai soltó un suspiro ante la declaración del hombre a su lado.
-La daré… mañana mismo podrán verlo.
-Gracias, también quería preguntar si tú podrías prestarle a mi madre una aeronave- preguntó el príncipe, provocando que Mai frunciera el ceño levemente.
-Eso lo puedes hacer tú, Zuko. Eres el príncipe heredero, no hay quien te pueda negar nada ya. Además, para qué quiere tu madre una aeronave- dijo la joven, casi incrédula.
-Ella irá a traer a mi hermana y… el favor más bien, es que pongas a algunos de tus guardias de confianza para que la cuiden, ya sabes, dada la situación- explicó el príncipe.
-¿Hermana?- Mai preguntó sintiendo un pequeño vuelco en el corazón y frunciendo el ceño más. Ella creía que Azula era la única hermana de Zuko.
-Es una larga historia, digamos que mi madre tuvo otra hija después de que se fue de aquí y, bueno ya no soporta estar sin ella.
-Ya veo…- contestó Mai pensativa. –Haré los arreglos necesarios y Ursa podrá estar saliendo mañana al medio día a dónde sea que tenga que ir.
-Gracias, Mai- contestó Zuko, dirigiéndole una sonrisa a la chica, la cual ella no devolvió.
-¿Algo más que pueda hacer por ti?
-Yo quería… quería pedirte, si no hay inconveniente… quería… quería…- Zuko no podía completar la frase, por más que lo intentaba no le salían las palabras porque todas se sentían ajenas a su lengua.
-¿Querías qué, Zuko?- preguntó Mai, claramente fastidiada.
-Quería conocer…- Zuko no tuvo que emitir más palabras, Mai entendió perfectamente lo que el chico quería.
-Querías conocer a mis hijos, ¿no?- Mai soltó la pregunta en un tono casi inaudible y bajó la mirada hacia el piso.
¿Les gustó el capítulo? Espero que sí. Perdón si me tardé en actualizar un poco pero con todas las fiestas decembrinas y demás, no tuve mucho tiempo. Feliz 2016, por cierto. Muchas gracias a todos los nuevos followers y a los que dejaron review. Ojalá me dejen sus opiniones, todo es bienvenido.
GirlFanatic30.
