¡Hola!, esta es la parte donde me justifico por no publicar el siguiente capitulo en ocho meses y doy un vistazo de mi muy ocupada vida. Dejando eso no me gustaría dejar esta (mi primera) historia inconclusa porque mi conciencia no me permitiría escribir una siguiente de tener la intención (y la tengo).
Así que saludos y agradezco grandemente su elección.
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn pertenece a Akira Amano.
NOCHES EN ITALIA
Capitulo VIII : Incluso yo...
Era la habitación más triste que había visto en algo de tiempo, no tenia aire de vida, no tenia aire de nada; pero eso no podía importarle menos. Cuando manejaba a gran velocidad hacia la mansión Vongola no pensó si quiera que podía encontrarse con Tsuna, aun menos con Gokudera, solo un nombre estaba en su mente, un rostro, unos par de fríos ojos negros.
El haber soñado con él esa misma tarde le había dejado más deseoso de lo normal. No le dio tanta importancia a la alarmante imagen de Gokudera cuando llego casi al mismo tiempo que él, apenas se saludaron apropiadamente, de hecho el también parecía tener la impetuosa urgencia de llegar rápido a la mansión. Vio a una joven que parecía estar haciendo sus deberes en el primer piso y le pregunto en el acto por Kyoya, ella le dijo sin chistar que estaba en reunión con el Jefe. Gokudera que estaba cerca ahí si puso atención.
-¿Esta con el décimo dices? – pregunto el guardián tormenta.
-Así es- contesto la chica entre ruborizada (por Dino) y temerosa (por Gokudera).
A Dino no le importo demasiado que estuviera en reunión, conociendo a Tsuna y su terror por Hibari no duraría más de 10 minutos, así que se apresuró a darle las gracias y dirigirse rápidamente a las escaleras de caracol, tantas visitas a Tsuna (al menos como excusa para intentar ver a Kyoya) le hacían conocer la mansión de pies a cabeza, he ahí un poco de su fama de amigo íntimo del Decimo Vongola, todo el mundo sabía que el joven jefe dejaba al Cavallone recorrer su mansión de pies a cabeza sin ningún acompañante, y eso dentro de la mafia era en extremo raro. Rápidamente Gokudera camino al lado de él, el escuchar que su Décimo estaba ocupado aminoro ligeramente su prisa. Aun caminando el albino giro y le dijo a la joven:
-Una vez que entre en reunión con el Décimo que nadie nos moleste.- uso un tono autoritario y tajante.
-Esa orden ya esta para la reunión actual - le contesto con timidez la chica.
-¿Qué quieres decir con eso?- le contesto aun caminando.
-Cuando el joven Hibari entro al despacho esta mañana temprano ordeno antes que nadie se atreviera a ir al último nivel a molestar, dijo que quien se atreviera a desobedecer la pasaría muy mal, dio algo de miedo la verdad…- termino de decir la chica con un aire de estar recordando algo desagradable.
Ante ese argumento ambos recién llegados se detuvieron en el acto, esta vez Dino involuntariamente dijo en voz alta la pregunta que ambos formularon en su cabeza…
-¿Desde esta mañana?, quiere decir que…- empezó Dino.
-¿han estado en reunión todo el día?... termino Gokudera.
-Así es- contesto la chica, tal vez tan sorprendida como ellos.
-Eso no es posible, seguramente Hibari se fue y ustedes imbéciles no se dieron cuenta- le recrimino el albino.
-Si siguen en reunión joven Gokudera, estoy segura, o bueno, tal vez ya vayan a terminar puesto que ya no están en el despacho- dijo medio reflexionando.
-¿Qué ya no están en el despacho?, ¿Qué estupidez es esa mujer? Ya no sabes lo que dices…
Al parecer la joven se indignó visiblemente ante la expresión del Guardián Tormenta y le contesto, aunque respetuosamente.
-Estoy totalmente segura de lo que digo joven Gokudera, sé que han estado allá arriba todo lo que va del día porque yo vi al joven Hibari entrar por la mañana, en la tarde nos llamó desde el despacho para preguntar por usted, y hace menos de una hora nos marcó desde la alcoba del Decimo Jefe para preguntar si ya lo habíamos localizado.
Nuevamente Dino no pudo evitar abrir la boca revelando su incredulidad e interés en la conversación.
-¿el teléfono de la alcoba?, pero señorita, ¿Cómo sabe usted que fue desde ese lugar y no desde el despacho?- dijo intentando fallidamente de sonar natural.
-Porque son extensiones telefonicas diferentes- le contesto esta vez Gokudera, y se sorprendió de oír un ligero toque de amargura en sus palabras, como si esa formación de las mismas fueran acido para su boca.
Su lógica intentaba trabajar a toda velocidad, ¿Qué reuniría a Tsuna con Hibari casi todo el día?, debía ser un asunto en extremo urgente, delicado e imposible de tratar con otra persona, si el joven jefe se había sacrificado para estar con su Kyoya durante ese tiempo. Se imaginaba la chistosa imagen de Tsuna en una esquina intentando resguardarse, a su Kyoya parado a media habitación con sus tonfas en las manos y pedazos de lo que serían ahora muebles destrozados por el frio metal.
Lo único que no cuadraba era la alcoba, ¿era que Tsuna había intentado huir a sus habitaciones y Kyoya lo siguió?, podía ser, e intentaba localizar a Gokudera por teléfono para reclamarle que su Decimo era un total cobarde o que viniera a recogerlo del piso para que no le estorbara al pasar, si, su lindo Kyoya era capaz de cosas como esas. Intentaba pensar que eso o algo muy parecido era lo que había pasado para poder autoexplicarse ese tiempo y esos lugares en cuestión.
Giro a ver a Gokudera, y por su expresión estaba bastante molesto ¿y borracho?, seguramente pensaba que su pelinegro había maltratado a Tsuna, lo raro era que por alguna razón seguía ahí parado y no había salido corriendo en auxilio de su Jefe, otra cosa rara en todo eso.
Como ya no habían dicho nada al respecto le dio las gracias con una sonrisa a la joven y esta pareció recuperar el buen ánimo, hizo una ligera reverencia y se retiró.
En silencio ambos empezaron a caminar de nuevo a las escaleras de caracol, esta vez ya no había nada de prisa en sus pasos, ambos parecían meditar la conversación pasada.
Llegaron al cuarto nivel y Gokudera mostro su pupila al lector para que la puerta se abriera después del tiempo de espera, el tiempo paso (con extraordinaria lentitud), y la puerta se abrió. Ambos estaban tan concentrados en otra cosa que no se habían dado cuenta de que la puerta izquierda del recibidor estaba abierta, Gokudera pareció alarmarse, pero apenas la puerta empezó a abrirse y dio un paso dentro del recibidor se escucharon voces que parecían provenir del pasillo después de la puerta.
"-Así es, es por eso que te iras de aquí conmigo, le guste a quien le guste, yo vine a Italia con la excusa de darte un informe, tu iras a Japón con la excusa de supervisar la nueva base- "
"-¿y nadie sabrá la verdad de esto?- "
"-Sera nuestro pequeño secreto-"
…..
"-Confío en ti Hibari, ¡eres sorprendentemente amable!-"
"-Al parecer en serio te gusta el dolor-"
"-Jajaja, después de lo de anoche no por favor, mi cuerpo aun duele, ya no somos tan jóvenes como para esas cosas; espera ¡sone como un viejo!-"
"-Oye Tsunayoshi, ponte algo en el cuello, cúbrete eso-"
"-¿ah?, ¿en serio se ve tan mal? Yo creí que no-"
"-No me interesa lo que pienses, que te pongas algo te digo-"
"-Ok, ok, déjame abro mi maleta, creo guarde algo que me servirá… ¡ah, la encontré, ¿Cómo me veo?- "
"– Mejor-"
"-Ahora, te arrepentirás si haces algo más para detenernos, quiero comer algo antes de irnos-"
Una conversación bastante amigable, digna de dos personas cercanas, de dos cómplices, de una pareja. Nunca hubiera imaginado que lo que escucharía involuntariamente en ese momento lo llevaría grabado por mucho tiempo en su memoria y corazón, lo que decían ni como lo decían no le hubiera importado en lo absoluto de no haber sabido que los que hablaban eran nada más y nada menos que Tsuna y su Kyoya.
…..
-Oye Kyoya, dime, ¿alguna vez has querido a alguien?- pregunto de repente saliendo de su repaso mental de los acontecimientos de apenas hace menos de una hora y siguiendo una línea de pensamientos peligrosa en ese momento.
Esa interrogante siempre estuvo, desde el principio; pero por alguna razón con el paso del tiempo la respuesta, le pareció, se fue yendo a su propio favor. Si apenas esa misma mañana Romario le hubiese preguntado abiertamente sobre los sentimientos del Guardián Vongola de la Nube él hubiese contestado con total seguridad que eran los mismos, "Kyoya me ama, como yo a él", la descarada respuesta llena de orgullo y altivez que por la mañana le hubiera dado a su subordinado en ese momento estaba empezando a hacerse borrosa en su pensamiento, ciertas palabras salidas de los labios de su joven amor hicieron tambalear esa determinación altanera y llena de confianza, después de todo nunca hubo nada, aparte de sexo; loco, furtivo, pasional y salvaje sexo.
"-…por eso que te iras de aquí conmigo, le guste a quien le guste"—
¡¿Cuándo Kyoya le había dicho algo si quiera parecido?!
Ni el más leve atisbo de que todo eso era algo más de lo que parecía hizo acto de presencia en algún momento, ningún gesto, ninguna caricia, ni una palabra y mucho menos una frase salida de alguno de ellos, nunca lo creyó necesario. No creyó que al pelinegro le gustaran cosas de ese tipo y mucho menos que el joven sería capaz de pronunciar algo que trasmitiera interés y/o deseo por alguien. Estaba empezando a pensar que tal vez no fue un juicio muy acertado.
De repente sintió un fuerte jalón que lo saco de su ensoñación y lo puso justo frente a su querida Nube.
-Deja de decir estupideces Cavallone, hazme lo que has venido a hacer y después vete, no deseo volverte a ver… nunca. – le oyó decir mientras le miraba con desdén. Esas palabras borraron de golpe todo lo que tenía en mente, o casi todo.
-¿Qué pasa Kyoya?, ¿estas fastidiado por la larga reunión con Tsuna?, estas cosas pueden ser muy fastidiosas y aburridas, comprendo perfectamente que te hartes de todo eso.- intento sonar natural e ignorar el comentario anterior.
-Este día ha estado lejos de ser aburrido Cavallone,- sonrió ladinamente, algo extraño en sí, - a decir verdad ha sido de lo más interesante, y si estoy harto te puedo decir que no es de Tsunayoshi.-
El escuchar el nombre de Tsuna de los labios del pelinegro le hizo sentir un ligero punzón en el estómago, no solo le escuchaba decir que se iba con él, sino que ahora lo llamaba por su nombre, el atractivo rubio sintió como si algo dormido despertara lentamente y le enturbiara la sangre, siempre le escucho llamarle Vongola y nunca supo de algo que Hibari admitiera abiertamente le interesara… aparte de pelear con personas fuertes.
-Que bien que no te hayas aburrido, de todos modos déjame relajarte un poco Kyoya, le daré un estupendo final a tu día.- intento sonar coqueto y beso el cuello de la nube.
El pelinegro pareció meditar lago rápidamente y sorpresivamente le dio un ligero empujón que le hizo enderezarse de nuevo.
-No Cavallone, no esta vez, ya no más. – dijo levantándose y se dirigió a la cama, donde se encontraba su maleta y empezó a revisar por lo visto su contenido.
-¿No que Kyoya?- no le sorprendió la actitud del joven, a veces hacia eso, le daba más batalla de lo normal y eso sinceramente le encantaba, era el único que le hacía trabajar por algo, por experiencia, casi cualquier mujer u incluso hombre al que le hiciera una insinuación así, literalmente se le echaría encima, pero Kyoya no, siempre diferente le hacía desearlo con más intensidad, pero no importaba cuanta resistencia pusiera, siempre terminaba gimiendo silenciosamente en sus brazos.
-Vete de aquí Cavallone.-
-¿tan pronto deseas que me vaya?, tiene un tiempo ya que no nos vemos, ¿Cuánto ha sido esta vez?- fingió intentar recordar, cuando lo hacía a la perfección.
Hibari no contesto, revisaba unos papeles.
-Kyoya… - dijo subiéndose a la cama desde el otro lado y con ambas rodillas y su mano izquierda como soporte tomó con la derecha al joven del cuello y beso suavemente sus labios. – No me digas que no, te he extrañado, ¿tú no a mí?- pregunto en voz baja…
El joven no opuso resistencia, hasta le pareció que por un momento entreabrió su boca para que metiera su lengua, pero no lo hizo, quiso ser cariñoso en esa ocasión. Se separó y el pelinegro para que no lo volviera a hacer eso se enderezo, tuvo que arrodillarse para alcanzar sus labios otra vez, en esa posición sobre la cama de todos modos lo sobrepasaba en altura unos centímetros. Intento de nuevo besarlo pero el joven giro la cabeza rechazándole. Sujeto su cuello con ambas manos para que no se moviera e hizo un segundo intento. Una mano en su pecho se lo impidió y lo separo lenta pero firmemente.
-Deja de hacer eso potro… es la última vez que te lo pediré con palabras – le dijo sin verle a los ojos, fijo la vista en la ventana.
-¿Qué pasa Kyoya? ¿Estás cansado?, no te hare trabajar mucho, yo hare el trabajo pesado- sujeto su cintura y le acercó hasta juntar sus cuerpos. Ahí pasó algo extraño, le pareció ver que la joven alondra cerró por un momento sus ojos y frunció el ceño, como si aquel contacto le doliera de alguna forma, aunque fue por menos de un segundo, y no estuvo seguro de lo que vio.
De repente sintió un fuerte golpe en la costilla izquierda, se separó y se dobló, un segundo iba al abdomen, ese lo pudo esquivar dejándose caer en la cama de espaldas, le dolía el costado, como no esperaba el primer golpe si lo resintió.
-Kyoya, ¿Por qué me golpeas?, no te enojes, quiero que ambos la pasemos bien.- le dijo mientras ponía cara de cachorrito y se sobaba el golpe, no es que fuera masoquista, pero estaba acostumbrado a los golpes del Vongola, pero cuando miro al pelinegro sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Ahí estaba su joven amado, tan maduro ya ¿Cuándo dejo de ser ese niño del cual se enamoró perdidamente?, ahí estaba fuerte, imponente, de alma libre y salvaje, total digno del título de su anillo.
Ahí estaba su gran amor… mirándole con desprecio.
-¿Tan urgido estas?, ¿es tan difícil para ti no coger cuando tienes ganas?, debes tener todo un harem de putas en este lugar… me causas repugnancia….- dijo Hibari.
-Kyoya…. ¿porq…- apenas empezó a decir el rubio cuando la alondra se le echó encima acomodando su entrepierna en la suya en el proceso, le dio un beso fuerte, nada cariñoso y casi grosero para callarlo.
-¿Así es como te gusta? Tenerles sobre ti- dijo separándose un poco dejando un hilo de saliva uniendo ambas bocas y tallado vulgarmente su entrepierna en la ajena.
-Kyoy…- empezó el jefe, una alarma se encendió en su interior. Había algo mal, las cosas nunca se habían tornado así antes, su nube estaba rara ese día. Y lo que más le preocupaba, ¿Por qué había insinuado que estaba con otras personas también? Empezó a pensar que lo que imaginaba era correcto, empezó a sospechar que el pelinegro veía todo eso como solo banal sexo y sintió terror, verdadero y genuino terror.
-¡Deja de decir mi maldito nombre! ¿Por qué rayos siempre empiezas las frases con mi nombre? Me tienes harto- le corto el joven antes de que Cavallone siguiera hablando.
El rubio se quedó sin palabras.
-Si lo que quieres es venirte te ayudare, después lárgate- dicho esto, se quitó de encima del mayor y se posiciono frente a la hebilla de su cinturón, desabrocho y tomo el miembro del potro en sus manos, ya estaba medio erecto por los roces anteriores.
El joven observo su miembro unos momentos, de ahí cerro los ojos y recorrió con su lengua desde la base hasta la punta, todo lentamente y llenado de saliva cada milímetro que pasaba. El rubio no podía quitarle los ojos de encima, su Kyoya haciéndole un oral, de no ser por el ambiente y el humor de la nube sería perfecto, nunca antes accedió a hacerlo; una vez lo sugirió y el joven lo vio con tal furia e indignación que jamás volvió a mencionar palabra.
Llegando a la punta la envolvió con sus labios y lo trago suavemente, pudo sentir como se hacía más grande dentro de la cavidad bucal de su joven amor, tendiéndolo dentro empezó a jugar su miembro con la lengua, le fascino; cuando lo sintió aún más duro empezó a meterlo y sacarlo de su boca con movimientos rítmicos que empezaron lento y se fueron haciendo más rápidos y bruscos. El tan solo ver como la nube se lo hacia le dieron ganas de venirse en el acto, pero no, hizo el esfuerzo de su vida por soportar, quería sentirlo más, lo quería a él.
Entonces no pudo evitar hacer algo que nunca hizo estando con Kyoya, aunque ganas nunca le faltaron.
-¡ah!, nnnn… Kyoya….- gimió sonoramente cerrando los ojos y echando su cabeza hacia atrás. De repente el joven se detuvo. Miro hacia abajo para encontrar la razón de eso.
La nube le miraba fijamente con total y genuina expresión de sorpresa, y pudo notar un ligero, muy ligero rubor en las mejillas pálidas de la alondra.
-¿Qué pasa?, ¿nunca me habías oído gemir?, esta vez no lo pude evitar Kyoya, eres tan bueno…- le dijo sonriéndole coquetamente y lamiéndose los labios. – Seguramente esto también me lo aprendiste a mi, pero que buen maestro soy ¿no crees?-
La broma del maestro saco al joven de su todavía evidente sorpresa. Miro por un momento el miembro en sus manos y chupo la punta unas cuantas veces, esta vez con la mirada fija en a expresión que ponía el rubio.
-mmm ¿¡ah!, ah, me encanta tu boca Kyoya… siempre desee que tu lengua hiciera eso.- dijo esta vez sin pensar y cerrando sus ojos para sentirlo aún más.
-¿te gusta?- oyó al joven decir, esta vez el sorprendido fue él, el pelinegro nunca había mencionado palabra cuando tenían sexo, apenas la entreabría mientras le robaba los besos e intentaba no gemir.
-Sí, me encanta- contesto sinceramente mientras miraba esos bellos ojos negros.
El joven se detuvo. E hizo el ademán de empezar a levantarse.
-Espera, no te enojes… - le decía mientras sujetaba una de las manos que sostenían antes su miembro.
-Me molesta cuando la gente cree saber lo que voy a hacer- dijo mientras se zafaba y sujetaba su propia erección, una que no se veía por la posición en que le estaba. El rubio se quedó inmóvil cuando la vio, intento levantarse para hacerse cargo de lo que había provocado pero una rodilla en su pierna se lo impidió.
-quédate quieto Cavallone, no hagas nada- le ordeno secamente el pelinegro mientas empezaba a quitarse el saco y la corbata, desabrocho los primeros dos botones de su camisa y siguió con el cinturón. Lo quito y lo siguiente fue el pantalón.
El potro lo miraba maravillado, sintió que se erizo cuando empezó a quitarse el pantalón y lo lanzo lejos, tomo su ropa interior y la bajo descaradamente de un solo movimiento. La única otra vez que la nube se había desnudado voluntariamente frente a él fue ese día hace cinco años cuando llego por primera vez a la base donde residía el joven, solo que esta ocasión si vio como salía la ropa interior. En todas las demás veces que estuvieron juntos él mismo tenía que quitarle la ropa casi a la fuerza si quería estar con la alondra y por lo tanto se ganaba uno que otro golpe, se le hacía tan emocionante ese joven.
Pero esta vez, ese niño rebelde estaba enfrente como alguien maduro, o se supone. Admiró la erección que no logro ocultarse bajo la camisa blanca y deseo besarla y devorarla de un solo tajo. Pero antes de que sucumbiera a sus deseos el pelinegro subió a la cama y para su grandísima sorpresa se posiciono sobre él, tomo su miembro una vez más y masajeándolo un poco puso la punta en su entrada.
-La última vez… - le oyó susurrarse a sí mismo y se dejó caer penetrándose de un solo golpe.
Un erótico gemido resonó por la habitación, una fusión entre el mas puro dolor y placer salía de la garganta del pelinegro, su propia erección reacciono al momento, Kyoya nunca, nunca había gemido antes en voz alta, ya sea por orgullo, para no mostrar debilidad, o no quería que el rubio viera esa parte sensible de él, cual sea que haya sido la razón anterior ahora el joven pelinegro se dejó llevar abiertamente por el momento, lo disfrutaba si, disfrutaba ver por fin al Kyoya perdiéndose en el placer de estar juntos, pero había algo, algo que no dejaba de rondarle la cabeza.
Mientras Dino se debatía las neuronas en concentrarse o en una cosa o en la otra la alondra estaba perfectamente concentrada en lo que hacía o más bien lo que sentía, fruncía el ceño cuando bajaba y gemía más alto, gotas abundantes de líquido preseminal empezaron a salir de su miembro.
El rubio estaba literalmente anonadado, nunca Kyoya hizo algo voluntariamente, siempre solo se dejó hacer, pero esta vez no era así ¿Por qué?, la borrosa idea iba y venía en sus pensamientos siendo sustituida por el placer y la satisfacción a momentos cada vez más largos. Al fin dejo de preocuparse por todo y concentro su atención en admirar al guardan Vongola, empezó a mover sus caderas al ritmo del joven y empezaron a acelerar, tal vez porque ya tenía algo de tiempo que no estaba con él, pero no pudo controlarse, sujeto con una mano la cadera de la nube y empezó a atraerla hacia si con más fuerza, con la otra mano tomo el miembro del pelinegro y lo masajeo al ritmo de las estocadas, él gimió con más fuerza y sus ojos se empañaron un poco, el rubor era evidente y relamía sus labios revelando que todo aquello le gustaba.
-Kyoya… tu voz es tan hermosa y erótica- dijo con un poco de falta de aire en los pulmones, estaba sudando, y la nube también.
Decidió cambiar de posición y se sentó de repente, planeaba ponerse encima del pelinegro pero este no dejo que lo hiciera, en su lugar lo abrazo y oculto el rostro en su cuello tal vez para que no lo viera, el joven siguió moviendo sus caderas mientras se aferraba al mayor. Su piel era tan blanca, dura y caliente, tenía la forma ideal, era el cuerpo curtido de alguien acostumbrado a luchar y no hacer las cosas a lo fácil. Tomo su cabello y lo beso involuntariamente, la nube oculto más su cabeza y sintió como las manos del joven recorrían su espalda, pasaron por sus tatuajes y finalmente una mano fue a parar a su brazo izquierdo, apretó fuertemente la parte donde estaba el tatuaje con la C, ese que simbolizaba la devoción de su cuerpo y vida a su linaje Cavallone.
Esta vez no se limitó, no le importo verse demasiado entregado, abrazo fuertemente el cuerpo de la nube y en respuesta el menor hizo lo mismo además de que empezó a mordisquear el cuello del rubio, lo lamia y lo mordía para volverlo a lamer. Dino sintió como cada vello de su lado izquierdo del cuerpo se erizo al sentir la lengua y el aliento del pelinegro en su cuello.
-Kyoya…. Bésame…vamos…- dijo entre jadeos y se colmó de felicidad al recibir respuesta a su petición, el joven lo devoro con los labios, metió su lengua y empezó a jugar con la ajena, chupo un poco y recorrió los labios del rubio, mordió el inferior y volvió a profundizar el beso. Dino nunca había sido besado de esa manera, fue tan feliz al fundir su saliva, su sudor y su cuerpo con el ajeno, pero aun así no era suficiente, faltaba más, lo más importante.
De repente el pelinegro empezó a descontrolarse y a autopenetrarse más frenéticamente, Dino vio que estaba llegando el momento así que siguió el ritmo y en una explosión y espasmo que se adueñó de su cuerpo por unos momentos término dentro de la nube y este en su vientre. Su corazón latia tan fuerte y tan rápido que le tomo tiempo recuperarse, a través de su piel sintió también los latidos del corazón ajeno, aquel que añoraba también se entregara a él esa misma noche.
Ambos se tomaron unos momentos para recuperar el ritmo de su respiración y tal vez como excusa para seguir abrazados el uno al otro. La nube reacciono primero. Se separó bruscamente del rubio, se levantó y sin ningún pudor se empezó a vestir frente al Cavallone, no lo miro, no dijo nada.
-¿ya te vas tan pronto?, vamos, quédate toda la noche, quédate conmigo Kyoya. – dijo esperando que el Vongola entendiera el doble sentido de la frase, no estaba hablando de sexo.
No recibió respuesta. El otro se seguía arreglando, vio como terminaba de abrochar bien su camisa y se ponía el saco. Iba apenas a decir otra cosa cuando su celular sonó, tuvo que interrumpirse a si mismo y tomo la llamada, lo estaban esperando en la cena preliminar a la boda.
-Te están esperando- le oyó decir de repente. Sonó ya más calmado, recupero realmente rápido la compostura.
Dino rápidamente se levantó de la cama y arreglo sus ropas, él no se había desvestido casi nada. – No es realmente urgente, solo es la última práctica de la recepción de mañana, pueden empezar sin mí. –
Apenas estaba terminando de decir eso cuando el celular volvió a sonar y el rubio a regañadientes contesto, ambos claramente oyeron la voz de la chica que a todo pulmón le reclamaba a su primo el no estar presente en la práctica, varias amistades importantes habían asistido. El Cavallone colgó rápidamente diciendo que no tardaría. Un incómodo silencio se escuchó al término de la llamada.
-Ya vete de una vez, no sé qué sigues haciendo aquí- rompió el silencio el joven sonando indiferente a todo eso.
-No Kyoya, me quedare aquí contigo, hace mucho no estamos juntos, todo eso de allá puede empezar y seguir sin mí, además eso de la boda ya me tiene cansando, nunca pensé que estas cosas pudieran ser tan odiosas, lo bueno es que ya mañana termina todo el asunto – le dijo intentando sonar normal y sonriendo. Una frase empezó a aparecer en su mente, pero por alguna razón no la podía decir.
-Vete acostumbrando Cavallone-
-¿Acostumbrando?,- pregunto Dino con miedo a escuchar la respuesta.
La nube esta vez giro y lo miro directamente a los ojos, - porque tal vez pronto sea la tuya- le contesto certeramente y sin ningún miramiento.
Dino Cavallone se quedó mudo, el miedo que ya sentía desde hace un rato empezaba a crecer en cada parte de su ser, no podía ser, no, Kyoya no podía estar hablando en serio ¿acaso era el único que se sentía así?, ¿era el único que moría por el otro?, ¿era el único que entregaba su corazón y no solo su cuerpo cada vez que estaban juntos?, no, no podía ser, seguramente la alondra estaba jugando, tenía que.
-jajaja ¿casarme yo Kyoya?, que estupideces estas diciendo, no hay manera alguna de que llegue a casarme, imposible, lo sabes.-
-Que ahora no quieras no quiere decir que no lo harás, si lo harás, eventualmente…- aseguro la alondra.
-No, no lo hare Kyoya- empezó Dino a ponerse serio. – No lo hare y sabes porque- .
-¿saberlo? Ja, eso no me interesa, no me importa lo que hagas con tu vida mientras salgas por esta puerta y dejes de fastidiarme.
-No, no me iré, y menos ahora que sales con todo esto, no me casare nunca Kyoya, no puedo, nunca podría-
-¿nunca podrías?, ¿y eso porque? Que yo sepa puedes escoger entre cualquier mujer que se te antoje, ¿apoco no? Atrévete a negar que se te ofrecen como perras en celo-
No pudo hacer otra cosa que guardar silencio, ciertamente eso pasaba, a cada momento, en cualquier lugar cada maldito dia, es por eso que estaba siempre rodeado por sus hombres, no acudia solo a ninguna reunión, había imaginado las maneras mas inverosímiles de escapar de cualquier situación que implicara mujeres, porque lo que decía Kyoya era verdad…. Cualquier mujer que escogiera estaría encantada de casarse o acostarse con él.
-Es cierto Kyoya, no lo puedo negar, pero también te digo que no importa quién o cuantas se ofrezcan, no escogeré nunca a ninguna…porque…. No deseo a ninguna mujer.- Dino estaba a mil, su corazón latía, moría por correr y abrazar al joven que le desdeñaba en ese momento, pero ¿Por qué?, ¿Por qué no lo hacía?, sus pies se negaban a moverse al igual que el resto de su cuerpo, estaba clavado en el suelo, él y sus sentimientos se negaban a salir.
-A ninguna mujer…. jaja…, no me digas que eres homosexual- dijo el pelinegro con una risa burlona.
Silencio.
-Y que si lo soy-
-Jajaja esta información si es digna de un gran pago, Dino Cavallone, el gran Dino Cavallone símbolo de poder y hombría… un marica, vaya forma de acabar con tu popularidad.- la nube dijo cada palabra como escupiéndola con asco.
Ambos hombres se miraron desafiantes y reacios a ceder ante el otro. Permanecieron asi un largo rato en el que el rubio imagino todo tipo de escenarios en los que de alguna manera lograba sacarle a la nube que todo eso era una broma, que no estaba hablando en serio, que esa mirada tajante que le daba desde el otro lado de la cama no era con verdadero desprecio.
-Si no te vas lo hare yo- dijo de repente y tomo la maleta con la mano izquierda, giro y empezó a caminar sin más hacia la puerta.
Cavallone sintió pánico al verlo irse, sin pensarlo cruzo la habitación como rayo y sujetó el brazo derecho de la alondra. Sentía el corazón presionando contra su pecho, como si le gritara desde sus entrañas que no lo dejara ir.
-Kyoya….. no te vayas…. No me dejes…por favor…. – No le importo que su voz sonara suplicante, porque en verdad era una súplica.
El chico quedo de frente a la puerta, en una mano la maleta, en la otra la mano de Dino. Tardo un momento inmóvil y después suspiro profundamente pero no volteo, quedo de espaldas a la persona que lo sujetaba.
-Dame una buena razón para que me quede… que yo sepa no la hay – contesto tranquilamente, pero con una fría convicción de lo que decía.
-Yo estoy aquí….- contesto con rapidez.
-¿y que eres tú?, no eres nada… solo una sombra en mi vida, una maldita sombra que me ha rondado por cinco años, una de la cual me pregunto porque rayos no me deshice antes.-
El jefe mafioso sintió que su corazón se detuvo por un momento, sintió un terrible deseo de llorar.
-¿No soy nada más?, ¿en verdad piensas eso Kyoya?...todo este tiempo, todo lo que hemos pasado ¿Qué ha sido para ti?-
La joven nube se quedó callada. El silencio en sus labios fue la respuesta más tortuosa para Cavallone.
-Kyoya por favor... contéstame, necesito escucharlo- le dijo en un susurro.
-¿Qué diferencia habría?, no importa lo que conteste tu igual saldrás por esta puerta e iras a cumplir con tus obligaciones, y yo igual saldré, subiré a un avión y me iré a Japón, nada cambiara eso-
-Yo quiero escucharlo…-
-No siempre obtienes lo que quieres-
-Kyoya no pelees en este momento y dime lo quiero escuchar….- sonó como a casi una orden, una orden dada a causa de la desesperación.
En ese momento el joven reacciono soltando la maleta y dándole un violento golpe con el brazo izquierdo empujándolo hacia atrás.
-Mide tus malditas palabras potro, ¿con quién crees que estás hablando? No soy ninguno de tus perros falderos- le espeto con indignación en sus maneras, - si tanto deseas saberlo ¿Por qué no te respondes tu primero?, vamos Cavallone, si quieres escucharme tendrás que responder a tu pregunta primero- termino, retándole con la mirada.
El rubio se sorprendió, no esperaba tener que hablar primero. Miro la ferocidad en la mirada de su joven amor y pensó que tal vez la única manera de calmarlo y hacerlo reflexionar era precisamente diciéndole sus sentimientos, el problema era que no sabía cómo empezar, la nube era una persona muy intimidante y siempre fue muy estúpido como para pensar que la alondra ya sabía de sus emociones, aunque nunca las había dicho en voz alta, una falla fatal.
Se quedó viendo esos ojos negros durante unos momentos. Hasta que tomo valor para contestar.
-No importa cuántas mujeres tenga a escoger, no importa cuán bellas sean, o cuan conveniente sea su familia, no importa en absoluto porque yo siempre elegiré a la misma persona, siempre le preferiré…., siempre te preferiré a ti Kyoya… solo a ti… siempre- termino hablando cada vez más bajo sin apartar la mirada de la nube.
El silencio inundo de nuevo la habitación. Solo intercambiaron miradas, ya no con orgullo, miedo o enojo, sino con contemplación del ser que tenían enfrente.
-Eso no importa- le escucho decir por fin.
-Kyoya… ¿es que no entiendes lo que trato de decir?...
-No importa, nunca ha importado…. – repitió el joven con la mirada perdida en algo lejano.
-¿Por qué eres tan terco?... lo que trato de decir es que yo…. Es que yo te am….-
-¡No lo digas!- le interrumpió casi con un grito antes de que terminara, -maldición te matare si te atreves a continuar, no vale la pena que sigas…. – de alguna manera la compostura del pelinegro se quebró un poco.
-¿no fuiste tú quien me dijo que hablara?, si no me dejas seguir entonces te toca, dime Kyoya… ¿Qué soy para ti?-
El joven lo miraba con enojo, con recelo…con tristeza, ¿alguna vez había visto dolor en sus ojos? ¿Alguna vez vio algo aparte de ferocidad, orgullo, terquedad y la fría serenidad antes de atacar? ¿Alguna vez vio dolor en la mirada de la nube? No, la pregunta era, ¿alguna vez se molestó en verlo? Dino dio por hecho lo que toda la mafia pensaba y repetía como disco rayado, "Kyoya Hibari es el más fuerte", "ese hombre no teme a nada", "El guardan de la Nube del Décimo Vongola es imposible de tocar" "es invencible" "es inmune a todo". Dio por hecho que aquel joven no tenía dudas, inquietudes, que nada le afectaba, que era inmune a las bajezas y tupidos golpes de los sentimientos y la naturaleza humana, oh cuanto se arrepintió de pensar que la nube no sentía, que no se cansaría, que no tendría miedo, que no necesitaba su amor para sentirse amado. Oh dios, cuan estúpidos pueden ser los hombres.
Y ahí estaba. A escasos metros de él, tan cerca para su cuerpo, y tan lejos para su corazón. Solo rogo al cielo que no fuera demasiado tarde, que por favor, daría cualquier cosa porque no fuera demasiado tarde.
-¿y que estas esperando que diga Cavallone?, ¿acaso esperas que repita las mismas estupideces que tú?, ¿Qué responda mansamente a tus palabras y me arroje a tus brazos? Siempre te he tenido por imbécil, pero francamente te has superado. –
El hombre de cabellos rubios se quedó inmóvil, no dijo nada. Varias arrugas empezaron a aparecer en su ceño junto a una luz de frustración en su celeste mirada.
-Eres el Jefe de tu Familia, yo soy el Guardián de Tsunayoshi… lo único que tenemos y tendremos en común es que vivimos en este maldito mundo de la mafia. Así que déjate de estupideces y compórtate como lo que eres, ¿Qué me quieres? Me vale un carajo lo que sientas, porque de palabras no pasaras, solo vales un acoston cada varios meses y de ahí desaparecerás hasta que tu maldita agenda te lo permita- le espeto con un ligero hilo de reproche.
-Kyoya, nunca he tenido la intención de que fuera así…. – intento defenderse
-Eso no me importa…. Tal vez tu mayor error potro es que esperas que yo acepte tus cursilerías y me siente como imbécil a esperarte- la nube se rio ante la idea, -pues resulta, idiota, que a mí esas estupideces me fastidian y para acabarla no creo ser de los que esperan-
-Kyoya por favor no lo tomes de esta mane….- intento hablar el mayor.
-Escúchame bien- le interrumpió la alondra, - yo siempre hare lo que quiera, donde quiera y el tiempo que me venga en gana, ni si quiera Tsunayoshi ha sido capaz de quitarme la libertad y no vendrás tu a intentar hacerlo…. Soy libre e iré por el camino que desee tomar y para tu tragedia Cavallone no puedes venir detrás de mí. Estas atado a tu maldita silla de Jefe así que acéptalo de una vez y déjame en paz- termino diciendo con la voz en alto y sus ojos bañados en un frio enojo que golpeo al rubio Jefe.
-Si es así, ¿Qué fue lo de antes?, ¿Qué ha sido todo esto de los últimos cinco años?- El rubio ya no sabía que pensar, entonces, ¿Qué habían sido esos besos desesperados de hace un rato?. Esas frías palabras contrastaban con el cálido sudor que la nube había dejado en el cuerpo del Jefe Mafioso.
-…. Por tu bien y el de tu popularidad has lo que yo potro y olvida todo esto… nunca nada paso… así debió ser desde el principio y así será a partir de ahora-
Por enésima vez en ese rato, el silencio los rodeo. Dios sabe que había en la mente de la nube Vongola, pero la mejor palabra para describir al cielo Cavallone hubiese sido, irónicamente, nubes, unas oscuras y pesadas nubes que ocultaban todo rastro de esperanza en el corazón del cielo de ojos azules.
-¿Así que esperas que me vaya de aquí y finja demencia? ¿Qué no vuelva a verte? ¿Qué olvide esto que siento y me vaya por ahí con alguien más? Dime Kyoya… ¿eso es lo que deseas?-
-No te será tan difícil… después de todo ¿cada cuando llegábamos a encontrarnos?, ah sí, ya lo recuerdo… ¡una o dos malditas veces al año!-, le grito el pelinegro con enojo – así que no me vengas con esa de que no podrás con ello… compórtate como el maldito hombre que eres y déjame en paz, lárgate de mí vista de una buena vez por todas- dijo la nube sin ocultar la exasperación que estaba pensando a sentir.
-A diferencia de ti yo no olvido tan rápido Kyoya, así te arda no dejare de quererte tan fácil y estas mal si crees que podre estar con alguien más- el rubio estaba empezando a enojarse de igual manera.
-Deberías intentarlo, no es tan difícil… tal vez así te sacas toda esa mierda de la cabeza – le contesto la nube con tono sarcástico.
El jefe de inmediato reacciono al escuchar la insinuación de que su Kyoya había estado con alguien más, su traicionera mente imagino a Kyoya en la cama del joven jefe Vongola (lo cual justificaba la llamada desde la habitación) causando que la poca razón que le quedaba se desvaneciera.
En menos de un segundo tomo por la fuerza al joven azotándolo contra la puerta, le sujeto ambas manos sobre su cabeza aprisionándolas más fuerte de lo necesario, tomo la barbilla del pelinegro obligándolo a ver hacia arriba, y éste tenía los ojos cerrados, ¿Por qué?
-Kyoya, mírame- el joven no respondió a su agresión, estaba extrañamente quieto.
-Te digo que me mires, abre los ojos Kyoya- no recibió respuesta y se enojó aún más, no quería hacerlo por la fuerza, y menos después de confesarse pero usando su cuerpo de palanca para que el joven no escapara lo besó. Un beso desenfrenado, desesperado, que añoraba una respuesta… un beso que se forzó sobre los labios fríos e imperturbables que no reaccionaron a su contacto. Kyoya no lo beso, no abrió su boca, no hizo nada.
Al no ver respuesta empezó a meter sus dedos en la boca ajena para obligarla a abrirse, apenas lo iba haciendo cuando una mordida lo obligo a quitar la mano. La negra nube abrió sus ojos lentamente, sin moverse le dedico una mirada fiera, una que le estremeció hasta el alma. Eso tenía Kyoya Hibari, esa fiereza de la cual se había enamorado.
-Te digo que te quiero y ¿esta es tu respuesta?, te digo que deseo estar solo contigo ¿y me mandas con alguien más?- dijo lamiendo la oreja derecha del menor.
-Un amor como el tuyo vale mierda-….
-….. ¿No podrías despreciarme con más tacto?, si tanto asco te doy solo dime que no me quieres y te dejare, hare lo que tenga que hacer para tratar de ya no interferir con tu vida, aunque dudo que pueda dejar de quererte…-
Escucho claramente la suave y controlada respiración de la nube.
-Ese amor que dices tener no es para mí –
-¿Qué quieres decir? Yo te quiero…. Te amo Kyoya…. Mi amor solo es tuyo…. –
- Tu amor es a tu familia…. Y al final harás lo mismo que él, dejaras todo lo que amas por ella….- contesto el pelinegro en un leve susurro más como si quisiera convencerse a sí mismo.
El de ojos azules tardo un momento en captar que se refería al joven Vongola, aquel que detestaba la mafia pero dejo la vida pacifica que amaba por el bien de su familia.
-Kyoya…yo… - alcanzo a decir acercándose de nuevo para besarlo, la nube no se movió, solo lo vio con una mirada cansada y harta, aun así entre abrió ligeramente sus labios y cerró los ojos. El rubio no pudo evitar pensar que el menor lo dejaba acercarse para tener el último beso, esa idea lo atormento. Tomo dulcemente sus mejillas con ambas manos y se acercó también cerrando los ojos, podía sentir el suave aliento saliendo de su boca y añoro ese calor, estaba a punto de tocar sus labios y un horrendo sonido lo interrumpió.
El celular sonaba otra vez, cínico e ignorante al momento de ambos. Ese sonido bestial pareció sacar al menor de su trance porque empujo al mayor para que se alejara de él. Dino molesto saco el aparato y estuvo a punto de tirarlo al suelo y pisarlo pero opto por apagarlo, aun así el daño estaba hecho. El momento se perdió.
Ambos quedaron en silencio una vez más.
-Kyoya no importa lo que pienses… yo deseo verte otra vez, así que porf…-
No alcanzo a terminar su frase porque un suave y educado toque vino del otro lado de la puerta.
-Joven Hibari, el Décimo Jefe le hace saber que lo estará esperando en el auto frente a la mansión, en este momento ya baja las escaleras- dijo la voz de una joven mujer.
-Dile que ya me dirijo hacia allá- contesto con su voz fría de siempre.
En ese momento Dino recordó ese algo que lo deshacía por dentro cuando llego a la habitación del guardián Nube. Un algo espantosamente parecido a los celos.
-Kyoya… ¿A dónde iras?, ¿viajaras con Tsuna?-
-No te importa- El rubio lo interpreto correctamente como un sí.
-Tu usualmente viajas solo, ¿porque ahora viajas con él?-
-No te importa-
- ¿A dónde van? ¿Van a Japón… a la nueva base?... ¿Cuánto tiempo estará allá contigo?- No podía evitar sentir el apremio al ver que Kyoya estaba a punto de irse… de irse con él.
El de ojos negros lo miro con fastidio por tantas preguntas. Callo dignamente y desvió la mirada.
-Nunca dejaste que yo viajara contigo o me quedara en la base Vongola para acompañarte-
-No me gustan las molestias-
-¿entonces EL no es una molestia?- cuestiono ya con una sensación desagradable en las venas, su corazón empezó a latir con más fuerza.
El pelinegro no contesto. Dino sintió la más cruel mezcla de pánico y enojo en su sangre.
-Así que me desprecias a mí pero lo aceptas a él tan fácil cerca de ti- le espeto con un claro tono de reproche, todavía no alcanzaba a comprender porque de repente empezó a sentir ese coraje al hecho de que Kyoya pasara tiempo con Tsuna. Lo que escucho arriba, en el pasillo de los privados del castaño lo había dejado inquieto.
-No te vayas Kyoya, no importa lo que pienses o sientas, yo te quiero a ti así que no te vayas con él, quédate aquí, conmigo- no pudo evitar a que sonara como una suplica.
-¿Estás diciendo que deje de ir a Tsunayoshi por quedarme aquí… contigo?-dijo mientras levantaba una ceja con cierta incredulidad.
-Así es – espeto con certeza en su voz.
Kyoya, después de reflexionar un momento empezó a sonreír, una sonrisa llena de esa malicia que lo caracterizaba, tomo su maleta y puso la mano en el picaporte de la puerta. Antes de abrir lo miro con burla en los ojos.
-Cavallone, si lo dejáramos a elección popular ¿Quién te elegiría a ti sobre Tsunayoshi? – Dijo mientras abría la puerta y la cerraba detrás de sí, -¿Quién te elegiría a ti teniendo al Décimo Jefe Vongola?, en varios sentidos cualquiera obtendría más estando con él… - y justo antes de que se cerrara la puerta el rubio vio como movía sus labios diciendo en silencio unas últimas dos palabras.
La figura ajena se desvaneció de su vista dejando al rubio con una sensación de abandono muchísimo más grande, dolorosa y profunda que la que tenía la habitación del Joven que lo acababa de rechazar.
Lo dejo irse completando en su mente la última frase que la alondra termino en silencio pero el Jefe Mafioso entendió muy bien…
"cualquiera obtendría más estando con él…. Incluso yo"
Aquí termina este capitulo... ¿les agrado? ¿comentarios? ¡les agradecería mucho su review!... esta es la parte donde prometo solemnemente no tardar demasiado para el siguiente.
Saludos
