Sam Carrigan
El día que la señora Benson la había traído ella había tomado una decisión. Sí, quería volver y compartir con sus amigos, quería ser una persona normal y enfrentar sus miedos. Pero para lograrlo debía dejar de ser una Puckett y aceptar que alguien la adopte; Jennifer Carrigan estaba dispuesta a eso.
Jen era joven, su edad era de al menos 36 años y estaba en el tope de su carrera como psiquiatra. Ella era una mujer muy solitaria pero entusiasta, todos los días trataba de hacer cualquier ocurrencia para alegrar a Sam y la rubia estaba agradecida por ello. Por las noches, le pedía a Sam que fuera a su habitación para ver películas o simplemente compraba comida y cenaban en el mirador. Sin embargo, Sam podía notar soledad en sus ojos, algo le faltaba y ella lo sabía.
Los trámites de adopción fueron relativamente rápidos ya que por la edad podía declarar si quería o no a Jennifer como su nueva tutora. Cuando vio a Jen firmar el documento la rubia sabía que no había vuelta atrás, ahora todo sería diferente.
Ahora se encontraba con la frente apoyada al gran ventanal, solo faltaban pocas horas para ir al colegio y volver a su vida "normal". Hace horas había regresado del centro comercial con Jen, necesitaba algo de ropa y zapatos, pero por falta de tiempo solo se limitó a escoger lo necesario y eso se redujo a un par de jeans, dos camisas y unas converse.
-Tienes que dormir, de nada sirve estar observando Seattle a estas horas de la noche… -Sam escuchó la voz de Jen y sonrió, tal vez tenía razón pero no podía evitar sentirse nerviosa.
-Lo sé… -susurró la rubia girándose.
-Sé que aun no te acostumbras y que posiblemente te sientas incomoda, pero puedo asegurarte que trataré de hacer tu estancia aquí agradable hasta que tú así lo quieras –dijo la pelinegra con una sonrisa en su rostro, se notaba algo ilusionada. –Te quería dar esto mañana, pero como estás aquí no veo el porqué no hacerlo…
Jen se acercó a Sam con un sobre en la mano. La rubia lo aceptó extrañada, pero se encogió de hombros mientras lo abría. Ella abrió los ojos como platos al ver su contenido, era su licencia de conducir y dos tarjetas de crédito.
-No tienen limite, así que puedes comprar lo que desees… -informó con una sonrisa en los labios.
-Pero… yo no puedo…
-¿No? Pues lo harás… -dijo con una sonrisa en los labios.
-Yo no puedo gastar tu dinero… -dijo Sam atropelladamente.
-Míralo de esta forma, el dinero se hizo para ser gastado y pues… te aseguro que aún falta mucho para se acabe –susurró divertida la morena.
-Pero… ¿Qué quieres que haga con él? –Jen sonrió ante la pregunta.
-Pues eso no lo sé. Cómprate ropa, zapatos, cosméticos, libros y lo que desees –decía mientras caminaba hacia las escaleras. –Eso sí, necesito que te compres un celular… ya sabes para saber de ti. –Sam solo se limitó a asentir.
Se sentó en el sofá, sus pensamientos iban desde su primer día de clases hasta lo que acababa de suceder. No podía creer lo buena que era Jen con ella, no solo le había dado un techo donde dormir, también le daba su apellido y ahora su dinero.
-Mi vida no puede ser más extraña… -susurró cerrando los ojos y dibujando una pequeña sonrisa en su rostro.
Despidió a la Sra. Benson desde el ascensor y entró rápidamente al apartamento, seguramente faltaban pocas horas para que Jen volviera y ya se sentía ansiosa por comunicarle su decisión. No sabía si su encuentro con la mama de Freddie era pura casualidad o cosas del destino, lo único que sabía es que le había servido de mucho.
Recorrió su mirada por todo el apartamento y se detuvo en la cocina, estaba de ánimos para preparar la cena. La cocina era uno de los tantos talentos escondidos que ella poseía y solo a pocas personas se lo había mostrado entre ellas estaba su madre. Limpió un par de lágrimas y sonrió, era hora de dejarles ir y hacer su nueva vida.
-Siempre las tendré presente… -susurró con una sonrisa en los labios.
Sam buscó todos los ingredientes necesarios para cocinar, hoy cenarían a lo italiano. Preparó la salsa y la pasta rápidamente, la comida italiana era lo más fácil de hacer, su antiguo jefe le había enseñado a cocinar. Luego colocó dos platos en la mesa, cubiertos y vasos.
Escuchó a Jen entrar y llamarle, sin embargo, Sam solo espero que se acercara hasta el comedor.
-Vaya… ¿Hiciste algo malo? –comentó en broma mientras se sentaba.
-Puede ser… -dijo Sam con una sonrisa en los labios.
Jen se sorprendió, no conocía esa faceta de la rubia.
-Fui al cementerio a visitarlas –la morena la observó con atención, aunque Sam no estaba allí encerrada no podía permitirle salir sin avisarle ya que podía recaer en cualquier momento. –No te preocupes, nada me pasó. La Sra. Benson me trajo hasta acá.
-¿En serio? –la pelinegra no podía dejar de estar sorprendida. Las veces que había hablado con Marissa le echaba la culpa a Sam por el estado de su hijo, tal vez solo se dio cuenta que no era así y estaba equivocada.
-Sí, hablamos de muchas cosas y gracias a ella tomé una decisión…
-¿Cuál? –preguntó Jen con un leve temblor en su voz.
-Quiero estudiar, quiero superar este miedo, Jen… -dijo acercándose a ella. –Quiero que me adoptes.
¿En… levántate…
-¿Qué? –la rubia no entendía lo que quiso decirle.
-Que te levantes dormilona, llegaras tarde a tu primer día de escuela…
Sam abrió los ojos, estaba en el mueble de la sala, se había quedado dormida. El olor del café y el tocino golpeó sus sentidos haciendo que su estomago pidiera alimentos a gritos. Sin embargo, recordó que ese día volvería a verlo y volvería a enfrentar a la gente.
Caminó rápidamente hacía su cuarto y buscó sus Jeans color blanco, una camisa roja con rayas blancas y sus converse. Luego corrió hasta el baño para darse una ducha rápida y asearse. Minutos más tarde estaba lista, podía sentir los nervios fluir por cada poro de su piel, estaba muy nerviosa pero también emocionada.
-¿Desayunaras? –preguntó Jen apoyada en el marco de la puerta.
-No tengo hambre… si como creo que vomitaré –dijo frunciendo el ceño.
-Bueno, estas nerviosa… -dijo mientras desaparecía escaleras arriba. Segundos más tarde bajaba con un monedero negro. –Esto es para ti, guarda tus tarjetas y tu licencia.
-Está bien… creo que será mejor irme –informó acercándose a la puerta.
-Puedes tomar un taxi mientras resolvemos lo del transporte –gritó Jen desde la cocina.
Cuando las puertas del ascensor se cerraron, Sam se permitió apoyar la cabeza en el espejo. Necesitaba calmarse sino no lograría nada, ¿A qué le tenía miedo? Posiblemente al rechazo, pero ¿de quién? Hace un mes le había quedado claro que Carly ya no era su amiga, Gibby la aceptaría tal cual es ahora… ¿Freddie? Sería él capaz de rechazarla, ¿Quería ser su amigo después de tantas cosas?
-Señorita Sam, tiene ya cinco minutos allí… su taxi la espera –la voz del portero la trajo a la realidad.
-Disculpa no me di cuenta… gracias –gritó antes de montarse en el taxi. –Hacia Ridgeway por favor.
Sonrió emocionada por volver aunque no le asustaba un poco reprobar la dichosa prueba de recuperación. Pasó justo al frente de "Batidos locos" y amplió más su sonrisa, tenía que volver allí y saludar a T-Bo. De pronto los nervios volvieron a ella, solo faltaba una cuadra para llegar.
-Son veinte dólares –informó el taxista, sacó el billete de su monedero para luego guardarlo en su bolso y bajar.
Caminó con fingida calma hacia la entrada y no pudo evitar reír cuando muchos de los chicos se quedaban embobados observándola. Tal vez ninguno había notado quien era ella gracias a su corte. Sí, se había cortado el cabello lo suficiente como para que no se formaran sus bucles, así era más fácil observarse al espejo.
Tomó el camino hasta la oficina del director, se lo sabía de memoria y no podía evitar recordar las veces que ella estuvo allí por su mala conducta. Saludo a la secretaria que la miró con sorpresa y entró sin avisar a la oficina de Franklin.
-Hey, Ted… -saludo Sam con una sonrisa en el rostro.
-Samantha, ¿Cómo estás? –dijo con una gran sonrisa en el rostro.
-No me quejo, puedes darme mi horario…
-No lo creo, primero alguien debe hacerte una visita guiada por la escuela –informó y Sam solo enarcó una ceja antes de responder.
-¿Estás seguro? Me conozco cada rincón de esta escuela…
Se detuvo súbitamente al escuchar como la puerta se abría con brusquedad.
-Ted, te exijo que le des un alto a este chico, pegarle a Verenice, eso sobrepaso los limites… -ese era el profesor Alvin de la clase de italiano. Aun lo recordaba.
-Yo no he hecho nada, ella solo se tiro… -Freddie intento defenderse. Sam sintió como cada parte de su cuerpo se tensaba, su voz era más gruesa de lo que recordaba y su tono era más altanero.
-Mentiroso… -lo acusó de nuevo Alvin y Sam se enojó por eso.
-Yo no miento –gruñó encolerizado. –Si algo queda en mí es eso… honestidad.
-No se haga el gracioso…
-Alvin, puedes retirarte. Yo me encargare ahora… -el director suspiro y negó con la cabeza lentamente. -¿Cuál fue el trato?
-Pero… maldición Ted, créeme… yo –dejó de hablar y gruñó a causa de la impotencia. Un fuerte escalofrió recorrió el cuerpo de la rubia, nunca lo había escuchado así.
-Es difícil saber si miente o no… -susurró el director molesto. –Tienes un expediente fuerte y pensar que no te llega a los talones –dijo mirándola y ella solo se limito a sonreír.
Sintió la mirada de Freddie sobre ella, podía estar segura que él no tenía ni idea quien era ella.
-No miente, él tiene un extraño tic en sus labios y su voz tiembla cuando lo hace –dijo Sam encogiéndose de hombros.
-Bien, te creeré por esta vez –dijo el director con una sonrisa en los labios.
-¿Gracias? –respondió Freddie de pronto confundido.
-La señorita Carrigan necesita conocer su nuevo casillero y horario, trabajaran juntos para recuperar el semestre –informó Franklin mientras se levantaba y los dejaba solos.
Sam se giró lentamente hasta posar su mirada en la de Freddie, una tímida sonrisa apareció en sus labios y saludo.
-Hola, Freddie… -su corazón se había disparado al verlo, se veía atractivo con su nuevo look. –Yuju, Freddie… -se levantó y se acercó a él lentamente, el chico ni respiraba.
-Sa… eres… ¿Sam? –preguntó con voz temblorosa.
-Sip, soy yo…
De pronto, la rubia se vio en la obligación de explicarle el porqué no quería verlo, el porqué de su distancia. Decirle que necesitaba de él más que nunca, que había sido una tonta por alejarlo.
-Freddie… yo sé que debes estar moleste y si me odias lo entenderé –su voz se estaba rompiendo y ella maldecía internamente por ello-, pero quiero que sepas que…
Freddie la interrumpió cubriéndola en un abrazo posesivo y necesitado. La rubia suspiro aliviada y correspondió al abrazo, sus ojos se llenaron de lágrimas pero no se permitió derramar ni una. Ella sintió a Freddie temblar y su corazón dio un vuelco al saber que estaba llorando, ¿Por qué? No tenía porque llorar, ella estaba bien ¿no? ¿Tan mal lo había pasado?
-Hey… Freddie… -susurró mientras se separaba de él, sus ojos estaban rojos al igual que su rostro. Su ceño estaba fruncido más de lo normal y su respiración era agitada. – ¿Por qué lloras? ¿Estás triste?
El castaño negó con la cabeza y sonrió mientras se secaba las lágrimas con las manos.
-No… me alegro que estés bien –dijo con voz ronca pero con la sonrisa más hermosa que Sam podía recordar.
-Esto es… -Sam inició mientras fijaba su mirada en el piso-. Esto es totalmente nuevo para mí, hasta hace unas semanas tenía miedo de ver a la gente y ahora… aquí estoy –dijo señalándose, aun se disculpaba, sentía que lo necesitaba sino moriría.
-No hablemos de eso aun si no estás preparada… -dijo mientras se quitaba la camisa y sacaba una sudadera de su bolso.
-¿Qué te sucedió? –preguntó la rubia tratando de no ruborizarse. "El ñoño ha cambiado… y mucho"
-La imbécil de Johnson me disparo con su experimento, ya estoy acostumbrado… -gruñó con molestia. –Te juro que si no fuera mujer hago que se arrepienta de cada una de sus palabras y actos…
-Wow, Freddie Benson maldiciendo –Sam río divertida. –Eso no me lo esperaba…
-Hay muchas cosas de mí que no sabes de todas formas… -el castaño sonrió de medio lado mientras se quitaba la camisa por completo mostrando su torso desnudo.
La rubia se giró rápidamente cuando sintió sus mejillas arder, estaba sonrojada nada más por ver a Freddie sin camisa. "No seas idiota, no puedes babearte el primer día por él…" Se giró nuevamente, ya tenía puesta la sudadera "Ya puedes respirar, no ha pasado nada"
-Bueno, sígueme te mostraré tu casillero… -dijo Freddie con una sonrisa en los labios.
"Oh, Dios… se ve tan hermoso"
-¿Sam? –llamó con preocupación.
-Vamos, ¿tenemos que ir hoy a clases? –el castaño se giró y ensanchó más su sonrisa.
-Te diría que no, pero sí. He perdido un semestre ya, Franklin me tiene entre la espada y la pared…
-¿Un semestre? Increíble… -comentó la rubia entre risas. Sintió la mirada de todos en ellos y su corazón comenzó a palpitar más rápido si eso era posible. -¿Por qué todos nos observan?
-Tal vez porque nadie me ha hablado aparte de Gibby o Brad, del resto todos prefieren ignorarme –comentó indiferente, luego fijó sus ojos en ella y sonrió. –O simplemente es por tu regreso inesperado.
Sam le dio un codazo, no era fuerte, era juguetón y dulce al mismo tiempo. Un minuto después, ambos estaban en los casilleros que le correspondía a cada quien, uno al lado del otro.
-Entonces, ¿vecinos, eh? –comentó la rubia mientras guardaba todas sus cosas dejando solo lo necesario en su bolso.
-Sí, ni yo me lo esperaba… -respondió Freddie mientras buscaba su cuaderno y libros.
Guardaron silencio un momento, todo eso era tan raro. Freddie estaba feliz de verla bien y de tenerla allí junto a él, pero no podía evitar sentir ese vacío en su pecho, aun faltaba algo y estaba seguro saber que era.
-Vaya, vaya… así que no te expulsaron de todas formas –Freddie gruñó en respuesta.
Verenice Johnson estaba atrás de él burlándose como era de costumbre.
-Freddito ha sido un niño malo y se merece su castigo –Sam se hundió cada vez más en su casillero, no lo podía creer, esa era Carly Shay y se estaba metiendo con él.
-Todavía puedo manejar a mi antojo a los profesores, ¿te diste cuenta? –Preguntó Verenice victoriosa. –Prepárate Benson, te haré la guerra…
-Desearas estar tan loco como lo está la zorra de Sam o al menos eso quiere hacerles creer a todos –ya está, esa fue la gota que derramó el vaso. Sam cerró su casillero con todas sus fuerzas y se giró formando una sonrisa escalofriante en su rostro.
-Hola, Carlota Shay y tú debes ser Verenice –los ojos de Carly se abrieron de la impresión mientras caían todas sus cosas al piso. –Sigues siendo igual de ñoña, lastima… -susurró con desprecio.
-Como te atreves idiota, te escuchó insultar a mi amiga y te juro que…
-¿Qué? Me vas a golpear –amenazó la rubia entre dientes.
-La pasaras mal querida… te lo aseguro –juró la castaña entrecerrando sus ojos.
Sam sintió la mano de Freddie en su hombro, le estaba indicando que era suficiente así que asintió tratando de relajarse.
-Vamos a clases Freddie… -dijo con voz neutra.
-Sí, huye cobarde…
Sucedió tan rápido, Sam la tomó de la camisa y la aventó hasta un casillero mientras le susurraba.
-Te aseguró que no tienes idea con quien te estás metiendo, así que me dejas en paz o la que pasara el resto de sus días en un maldito hospital serás tu… -la soltó para luego desaparecer por el pasillo junto a Freddie.
-¿Quién…? ¿Cómo…? –tartamudeo Verenice mientras la ayudaba a levantarse uno de los chicos de cuarto.
-Esa era Sam Puckett… -dijo el chico tragando grueso. –Ha sido la brabucona más temida de la escuela, ni los brabucones se metían con ella.
Carly y Verenice estaban pálidas al momento de entrar al aula de clases, ese día coincidían en la mayoría de las clases con Freddie y Sam. Ambos guardaban silencio, habían pasado por un momento extraño minutos atrás, toda el aura de perfección se había roto.
La clase fue sorprendentemente interesante o al menos eso pensaba la rubia, tal vez solo se trataba del tiempo o simplemente la compañía. El resto de la mañana asistió a las diferentes clases asignadas sin mucha novedad y al final de la jornada se vieron caminando hacia el patio trasero donde estaban unos viejos columpios.
Al principio solo se sentaron y se limitaron a disfrutar el vaivén del columpio.
-¿Por qué cambiaste? –Sam fue la primera en romper el silencio. –No es que no te veas bien, pero hasta tu forma de ser ha cambiado…
-¿De verdad quieres saber? –susurró bajando la cabeza.
-Sí –respondió Sam mirándolo a los ojos.
-Creo que… -suspiró cerrando los ojos con fuerza. –Perdí las esperanzas…
La rubia se mordió el labio con fuerza para evitar llorar. Freddie era una persona muy diferente al que había conocido en el pasado.
-Cuando te fui a buscar esa noche empezó un tormento personal, te quería ver recuperada y cuando estábamos a punto de lograrlo tú… simplemente desapareciste. –Sam abrió los ojos sorprendida, ¿Era culpa de ella? –De pronto todo dejo de funcionar para mí, me di cuenta que Carly es una mierda de persona que no debería ni siquiera convivir con el resto del mundo, es más, le haría un favor al desaparecer…
Freddie guardo silencio por unos segundos…
-Tuve muchas peleas con mi madre y cuando Carly hizo su última visita a la clínica y te dijo toda la verdad… te juro que quería matarla… -gruñó con impotencia.
-Pero… ¿estás así por mi culpa? –Freddie sonrió y negó con la cabeza.
-Jamás, a veces pienso que este es mi verdadero yo… -dijo encogiéndose de hombros. –Me gusta saltarme las clases y en ocasiones hacerle bromas a la gente, lo único malo son las visitas al director… fastidian.
La rubia sonrió divertida y enarco una ceja.
-Esto es digno de contar... pero ¿Qué hay con tu negatividad? –el aludido suspiro y la observo con tristeza.
-Pensé que te perdía –susurró mirándola fijamente a sus ojos. –No sabes lo desesperante que es ver a alguien muy querido caer en ese estado.
Sus palabras le impactaron, Sam estaba sin habla.
-Gracias por ser tan buen amigo… gracias por todo –susurró Sam abrazándolo con fuerza. Ella deseaba no soltarlo, era agradable estar entre sus brazos.
Freddie pensaba que todo era un sueño y que en cualquier momento podía despertar. Su olor a fresas y su tibieza lo hacían volar en una nube, pero como todo inicio tiene su fin, rompieron el abrazo.
-¿Y bien? –preguntó levantándose y extendiendo su mano para que ella la tomara. -¿Qué quieres hacer?
-Debó ir a comprarme un teléfono, ordenes de Jen –dijo con fastidio. -¿Me acompañas?
Freddie solo se limitó a sonreír a modo de respuesta y emprendieron camino al centro comercial.
Bueno, lo prometido es deuda... aquí tienen el capitulo 8 donde Sam se encuentra con Freddie. Podrán notar cierta incomodidad en el momento que ellos estan juntos, pero entiendan es dificil. Sin embargo a Sam se le hace dificil ocultar su atracción hacia Freddie, su nueva actitud le atrae mucho pero lo que más le gustaba obviamente era su amor a la tecnologia, veamos que sale de eso.
El próximo capitulo se titulara "Conociéndote"
Besos, los quiero y gracias por sus comentarios...
