Disclaimer: El mundo de Harry pertenece a JK Rowling y la historia original a Luckei1.

Capítulo 8: El mundo no se terminará.

A la mañana siguiente, Hermione despertó enojada. La noche anterior había sido como si su cerebro se hubiera apagado. No podía pensar en nada, no en Malfoy, no en sus padres y ciertamente no en lo que él había dicho. Pero dormir le había hecho bien, y su mente ya estaba girando cuando sus ojos se abrieron. ¡Cómo se atrevía! ¡Había hablado de sus padres, sin su permiso, y después intentó decir que lo sentía! ¡DISCULPARSE! ¡Cómo si tan siquiera supiera lo que eso significaba!

Se quitó las cobijas y se sentó en la cama. Se negaba a pasar otro minuto en la casa con él. Se duchó y se vistió rápido, ansiosa de dejar la casa lo antes posible. Ni siquiera quería comer el desayuno aquí. Hermione empacó una bolsa pequeña, no regresaría ese día, y posiblemente nunca. Incluso aunque decidió vivir aquí, en la casa de Malfoy, podía cambiar de opinión cuando quisiera. Después de todo, la opción lógica era vivir en Londres, y Harry estaría bien sin ella.

Hermione olió el desayuno, y su estómago gruñó. Bajó ruidosamente las escaleras. Harry y Draco estaban sentados en la mesa, discutiendo la sesión de entrenamiento de la mañana. Ninguno de los dos levantó la mirada cuando entró a la habitación. Cuando ella lo vio, gruñó y algo dentro de ella se desató.

–¡Cómo te atreves! –prácticamente le gritó a Malfoy. –No tienes derecho. ¡Nunca vuelvas a hablar de ellos! ¿Me escuchaste? Estoy aquí por Harry; no podría importarme menos si te caes de ese acantilado. Si esperas que acepte tu disculpa, o siquiera la reconozca, entonces es obvio que no sabes nada de mí. No es como si quisieras saber sobre mí, cerdo arrogante; Siempre he estado muy por debajo de ti para que lo notes. Con lo que estoy perfectamente bien. Puedes continuar con tu prejuiciosa vida todo lo que quieras, sólo no vuelvas a mencionarlos. O me aseguraré de que no sables de nuevo. No me retes, no me detendré.

Draco se quedó perfectamente sentado absorbiendo su arranque. Quería interrumpirla y decirle que la sangre ya no importaba para él, que no lo había hecho en mucho tiempo, pero decidió que lo mejor era mantener la boca cerrada.

Hermione se giró hacia Harry.

–Me voy. Volveré mañana después del trabajo. –Entonces, con una fría mirada hacia Malfoy, añadió, –Tal vez. –Se giró y caminó hacia la puerta.

–Granger. –Hermione se giró, anticipando su refutación y lista para pelear. Pero sólo movió su varita y un pedazo de pergamino voló hacia ella. Hermione lo tomó; lo leyó.

–Hake's Edge. –Por supuesto; no sabía dónde estaba, y no podría regresar sin saberlo. No dijo nada y salió por la puerta principal.

–Hermione, –llamó Harry, siguiéndola. –¿Podrías traer esto por nosotros? –preguntó, sosteniendo una lista.

–Claro. –dijo, su corazón latiendo a velocidad normal.

Harry forzó una sonrisa y terminó pareciendo como si le doliera algo.

–Que te vaya bien.

Hermione le regresó la sonrisa.

–Gracias. Voy a la madriguera hoy. ¿Algo que quieras que le diga a tu esposa?

–Oh, Hermione, no. Ella no sabe que estás conmigo. Recuerda, se supone que nada ha cambiado para ti.

–¿En serio? ¿Incuso para Ginny? –Estaba triste de que no tendría nadie con quien hablar sobre lo que estaba pasando a excepción de dos personas, bueno, en realidad era una persona y una serpiente.

Harry sabía que la estaba molestando, y sabía que sería muy difícil mantener un secreto tan grande de ella. No es que Hermione fuera mala con los secretos, simplemente sabía que ella tenía que hablar sobre algunas cosas de su vida y su lista de escuchantes estaba limitada a dos.

–Lo siento, pero no, ella no puede saber.

Hermione suspiró.

–Okay. Bueno, nos vemos mañana. –Lo abrazó fuertemente. –Adiós, Harry. Cuídate. Si accidentalmente empujas a Malfoy por el acantilado, no me molestaré en lo absoluto.

Harry rió.

–Vamos, Hermione, bien sabes que no puedo hacer eso.

Ella se encogió de hombros.

–¿Puedo tener esperanza, no crees?

–Qué tengas un lindo día. Oh, y cuando no vaya mañana, actúa sorprendida. –Hermione asintió y después desapareció.

Harry regresó a la cocina y sentó.

–¿Quieres explicarme de qué se trató todo eso?

Draco frunció el ceño.

–Sus padres.

–Oh.

Estuvieron en silencio unos cuantos minutos, terminando su desayuno.

–¿Así que es de temperamento fuerte, huh? –dijo Draco, levantando su plato.

–No tienes idea.

Harry y Draco pasaron el día entrenando. Era el primero de cientos, posiblemente, y Harry estaba exhausto. Draco lo hizo pasar por todo tipo de, como él los llamaba, 'pruebas', para determinar las habilidades y debilidades de Harry, tanto mágicas como físicas. Al tiempo que el sol descendía, Draco terminó la sesión, y le dijo a Harry que continuarían con las pruebas al día siguiente.

Después Draco hizo la cena. Después de que comenzaron a comer, le dijo a Harry que se reservaría su comentario sobre sus habilidades hasta que pudiera apreciarlas bien. El resto de la cena pasó en silencio.

Harry pasó su tiempo pensando en el desastre potencial en que se había metido. La cosa era, que confiaba en Malfoy. Las cosas que le había dicho ese día en su oficina habían sorprendido a Harry hasta dejarlo en shock… pero hubo una cosa en particular… Y Harry pensó que nada lo sorprendería de nuevo después de eso.

No sabía cómo terminaría todo esto, pero Malfoy parecía confiado en que tendrían éxito, que él tendría éxito. Parecía tener una respuesta para cada pregunta que Harry tuviera. Excepto Hermione. Draco estaba extrañamente silencioso en cuanto a ella se refería, y así había sido desde ese día en su oficina. O no quería hablar de ella, o no tenía ninguna respuesta.

Harry sospechaba que era la última, Hermione podía ser un movimiento arriesgado, como el día anterior, cuando demandó entrenar también. Deseaba que fuera posible. Sabía que ella aprendería las cosas más rápido que él, sin impedir directamente su entrenamiento, pero sí lo atrasaría. Y Malfoy insistía en que tenían que apegarse al riguroso horario; Hermione no podría mantener el ritmo de ambos.

Harry suspiró. Ya extrañaba a Ginny. No vivían juntos, y nadie sabía que estaban juntos, y ni hablar de estar casados. Casi lo hacía divertido. Tenían que escabullirse, encontrarse en lugares oscuros, aunque fueran sólo diez minutos. Pero valía la pena; nunca daban por sentado su tiempo juntos. Tenía planeado verla, aunque fuera sólo en navidad, y esperaba que Malfoy lo dejara verla más seguido, pero aunque lo hiciera, sería arriesgado. Tenían que estar cerca de su familia, y añadirle la complicación de que Hermione sabía de ellos y estaba con él aquí, y ella vería más seguido a Ginny… todo hacía que sintiera a su cabeza dar vueltas.

Estaba contento de que Hermione estuviera ahí este fin de semana, cuando le dijo a Ginny que se iría en su misión secreta. Primera, estaría ahí para su amiga, y segunda, y descartaría la duda de que Hermione supiera algo de él.

–Gracias por la cena, Malfoy.

Draco lo miró y meramente asintió.

–Creo que mejor subiré.

–Okay.

Harry dejó a Draco en la mesa y fue a su habitación. Intentó leer, pero apareció el rostro de Ginny, del día en que le dijo que se iría a una misión secreta pronto, no autorizada por el Ministerio, y no podría verla o escribirle mucho, molestándolo. Su rostro había estado lleno de tristeza, pero también determinación. Ella le dijo que si estaba seguro de que era lo correcto, que ella lo apoyaría, pero que de todas maneras se preocuparía. Después de todo era hija de Molly Weasley.

Dejó de leer y se acostó en su pequeña pero cómoda cama mirando el techo, pensando sobre su hermosa esposa hasta que se sumergió en la inconsciencia.


Hermione llegó a la Madriguera cuando se estaban preparando para el desayuno. Los Weasley la recibieron felizmente, hablando animadamente con ella y poniendo comida en su plato. Los miró a todos y cada uno de ellos mientras comía en silencio. Molly y Arthur estaban igual que siempre, cariñosos, amables y cálidos. Billy y Fleur estaban ausentes; vivían en la sección mágica de Londres. Charlie se había mudado de nuevo hacía unos años, después de la muerte de Dumbledore, para ayudar a pelear al frente en el conflicto contra Voldemort; se estaba riendo de algo que Ron había dicho, tomando un bocado de sus huevos.

Percy había regresado a la familia una tarde hace un año y su madre lo aceptó sin ninguna explicación, causando tumultos entre los chicos. Eventualmente, Percy se disculpó con la familia, y dio un intento de explicación, a la que Fred y George bufaron, y después rompió en llanto, diciéndoles que Quien–no–debía–ser–nombrado había regresado, y que tenía pesadillas todos los días en los que algunos de ellos moría. Molly había empezado a llorar, así como Fleur, y abrazó fuertemente a su hijo. Arthur y Bill fueron los primeros en aceptar su regreso. Hermione supuso que era porque eran mayores, y entendían perfectamente lo que la guerra significaba (que en algún punto alguno de ellos podía morir) y no querían arriesgarse. Charlie fue el siguiente en aceptarlo, y Fred, George, Ron y Ginny pronto le siguieron, pero no fueron tan misericordiosos como sus hermanos mayores. Fred y George especialmente, incluso ahora.

Ambos estaban comiendo panqueques, hablando felizmente con Ginny sobre sus nuevos productos. Su negocio había crecido tan rápidamente que habían abierto una sucursal en Hogsmeade, donde Ginny trabajaba con George; Fred se quedó con la tienda en Londres. Vivían bastante bien, y daban mucho dinero a la orden y a sus familias.

Ron había sido herido terriblemente en batalla hace 14 meses. Se había vuelto un auror, como ella y Harry, y fueron llamados a investigar a un almacén que sospechaban era casa de los mortífagos y otras cosas oscuras. Aunque 12 aurores hicieron el viaje, fueron superados en número. Parecía como si hubiera una reunión ese día, porque había casi 50 mortífagos presentes. Superados en número y en territorio enemigo. No les tomó mucho decidir que tenían que retirarse, pero muchos fueron heridos y uno fue asesinado antes de que pudieran salir de ahí. Hermione casi se ahoga con su jugo de naranja al darse cuenta de que Malfoy probablemente estuvo ahí, considerando que era un mortífago tan importante. Hermione suprimió la urgencia de gritar en frustración; ¿qué estaba haciendo? ¿En verdad estaba haciendo lo correcto? Sacudió la cabeza para limpiarla de esos pensamientos.

Ron había aprendido a caminar de nuevo, y la recuperación le tomó casi un año. Ahora estaba normal de nuevo, pero aun no entraba de nuevo a la pelea, queriendo sólo descansar y estar con su familia. Planeaba regresar a trabajar en octubre, pero con la pronto notoria ausencia de Harry, se preguntaba si es que algún día regresaría. Sabía que él querría hacer algo útil, y pensó que en lugar de regresar al Ministerio, se volvería devoto completamente a la Orden.

Ginny estaba riendo de Fred y George, pero Hermione podía decir que no todo estaba bien con su amiga. Había tristeza en la orilla de sus ojos, una que usualmente no estaba ahí. Hermione deseó poder abrazarla y hacer que esa tristeza se fuera.

Después del desayuno, pasó la mañana con Ginny y Ron, caminando en el jardín y hablando.

–¿Has visto a Harry, Hermione? –preguntó Ron. Hermione sintió a Ginny tensarse junto a ella.

–¿No, por qué?

Él se encogió de hombros.

–Usualmente viene a desayunar los domingos. Siempre está aquí. Sólo me preguntaba si sabías algo.

–No. –odiaba mentirles.

–Oh, bueno. Tal vez se le atravesó algo. –dijo Ron, arrastrando los pies entre las hojas.

Ginny asintió y cambió de tema.

–¿Cómo te va en el trabajo, Hermione? No te hemos visto en algunas semanas.

–¿Recuerdan esa difícil tarea que Harry me dio? –Ellos asintieron. –Bueno, finalmente terminó el viernes. Estoy muy contenta de tener eso fuera de mi vida. –Gimió, pensando en la tarea, Malfoy, que ahora estaba más que nunca en su vida.

–Eso es bueno, Hermione. –ofreció Ron. –¿Fue Harry a trabajar el viernes?

–Sí. –dijo, nerviosa de que la conversación regresara tan rápido a Harry.

–No vino en todo el fin de semana. Estoy preocupado.

–Oh Ron, no seas tonto. –dijo, intentando sonar lo más relajada posible. –Estoy segura de que está bien. Cómo dijiste, algo del trabajo posiblemente le impidió venir.

–Aun así, siempre viene a cenar o a pasar un rato aquí. –continuó.

–¿Ron, dejemos el tema en paz, si? No sabemos qué está pasando con Harry, pero estoy segura de que está bien, y no necesita que nos estemos preocupando por él. –dijo Ginny, claramente no queriendo continuar con la conversación.

–Bien. –dijo gruñonamente. Hablaron sobre otros temas el resto de la mañana. El almuerzo lo pasaron con toda la familia de nuevo, y después de eso, Ron fue con Fred y George a la tienda, y Hermione se quedó con Molly y Ginny, horneando galletas y pasteles para una función del Ministerio que Molly y Arthur tenían que ir durante la semana.

A veces sorprendía a Hermione que la vida continuaba de maneras extrañas, a pesar de la guerra. Una parte de ella pensaba que las cosas como bailes y cenas elegantes no deberían de hacerse, que la gente no debería reír, hasta que estuvieran seguros. Pero entonces, no estarían verdaderamente seguros una vez que Voldemort fuera derrotado. Eso era parte de la vida. La otra parte de ella pensaba que por supuesto que la gente debía reír, porque así es como peleas; la risa podría continuar.

La cena estaba deliciosa, como siempre, y después todos se fueron a sentar juntos a la sala, hablando, leyendo, o lo que quisiera hacer. Los Weasley apreciaban el tiempo que tenían juntos y pasaban cada momento posible entre ellos, incluso Percy. Ginny recibió la carta de Harry después de la cena y quiso dormirse temprano. Hermione se disculpó y fue con ella. Tocó en la puerta de Ginny, que era donde Hermione también dormiría.

–Adelante. –vino la voz de Ginny.

Hermione abrió la puerta y la cerró detrás de ella una vez que entró a la recámara. Se sentó junto a Ginny en la cama.

–¿Es de Harry? –preguntó.

Ginny asintió.

–Él… se fue.

–¿Qué quieres decir?

–Él… se fue a una misión. No sé nada de ello. –Hermione sabía que Ginny quería contarle todo, sobre su matrimonio, sobre la misión de Harry; todo. Pero no podía, y sólo se limpió los ojos y se acostó en la cama.

Era difícil para Hermione; ella quería consolar a su amiga, pero no podía hacerlo bien sin decirle lo que sabía, y le dijo a Harry que no lo haría. Suspiró y se acostó en la cama también, pensando sobre todo lo que había cambiado en su vida ese fin de semana. Se quedó dormida, con su último pensamiento siendo Harry.


A la mañana siguiente, Hermione fue a trabajar normalmente. La ausencia de Harry causó un poco de agitación, pero la mayoría supuso que iría al día siguiente. Supuso que empezarían a entrar en pánico para el final de la semana. Después de otro aburrido día en el trabajo, se fue de compras por las cosas de la lista de Harry. Visitó casi todas las tiendas del Callejón Diagon antes de regresar a su departamento.

Hermione tomó algunas cosas; ropa, sus libros favoritos, y algunas cosas que podría necesitar, aunque Malfoy había previsto más que suficiente. Malfoy. Hermione se dejó caer en la cama, frunciendo el ceño ante el pensamiento de él. Decidió que regresaría, por Harry; no podía dejarlo solo, y no confiaba en Malfoy. Con ella ahí, al menos podría tener un ojo en Harry.

Pero odiaba la idea de regresar y tener que verlo. ¿Por qué se había disculpado? Nada tenía sentido; no encajaba con la imagen que ella había formado en su cabeza. Él era despiadado, malvado y cruel. Y había matado a sus padres, algo que ella nunca perdonaría. Nunca. Ni siquiera se debió de haber molestado en decirle que nunca lo perdonaría; claro que no lo haría, no necesitaba pensarlo. Pero lo pensó. Eso la molestaba sin fin.

Hermione sacudió la cabeza para limpiar sus pensamientos sobre el rubio, asegurándose de tener todo lo que necesitaba, se apareció en Hake's Edge. No había nadie cuando llegó a la casa, y por un momento se sintió aliviada, aunque eso sólo significaba posponer lo inevitable. Puso la bolsa de las cosas en la mesa y fue hacia el acantilado. Cuando bajó la vista, vio la saliente de la que habían hablado, y Harry y Malfoy estaban ahí, hechizos volando en todas las direcciones.

Hermione regresó a la casa y comenzó a preparar la cena. Una hora después, los chicos no habían regresado, así que puso la mesa y mantuvo la comida caliente, y se sentó en la estancia con un libro. Pasó otra hora antes de que ambos regresaran.

–Mmm… Hermione debió regresar. –Escuchó decir a Harry. –Compórtate, Malfoy.

Hermione lo escuchó gruñir.

–Lo sé, Harry. –Ella sonrió, agradecida con su amigo.

–¿Y dónde está? –dijo Harry.

Hermione se puso de pie y fue hacia ellos.

–¡Hola, Harry! –dijo felizmente, abrazándolo. Ignoró a Malfoy, incluso se negó a mirarlo. Se sentó en la mesa mientras ellos comían, hablando agradablemente con Harry.

–¿Cómo estaba la madriguera? –preguntó.

–Maravillosa. Todos estaban ahí, incluso Percy, el idiota. En verdad lo intenta, pero Fred y George se niegan a aceptarlo, incluso después de todo este tiempo. Nunca fueron tan cercanos a él como Arthur y Molly, o incluso Bill y Charlie. Así que ellos no tienen deseos de perdonarlo. Le duele mucho a Molly. Ginny intenta ser agradable, pero sus hermanos siempre la regañan por hablar con él. Es muy triste realmente.

–Sí, es una pena. Es decir, Percy siempre ha sido un idiota, pero ya ha pasado un año. Deberían dejar eso ir y ser una familia de nuevo.

–¿Qué pasó? –preguntó Draco.

Hermione se negó a reconocer que siquiera estaba ahí. Miró a Harry, quien suspiró y le contó a Malfoy la historia de Percy y de cómo dejó a su familia con el regreso de Voldemort, y regresar un año después.

–Oh.

–Ron y Ginny me preguntaron por ti. Aparentemente eres una figura popular en la Madriguera y tu ausencia no fue apreciada.

–¿Ginny recibió mi carta?

–Sí, anoche. No habló con nadie de ello, y no pude preguntarle muy bien al respecto.

–¿Y cómo están Molly y Arthur? ¿Noticias de Remus y Tonks? ¿Moody? ¿Alguien?

Hermione vio a Draco rodar los ojos. Sin mirarlo, dijo,

–Eso es lo que significa tener amigos y gente que se preocupa por ti, Malfoy.

–¡Hermione! –exclamó Harry. Draco no dijo nada; se puso de pie, tomó su plato y salió a comer al porche. Harry miró a Hermione con simpatía en los ojos. –Sé que parece imposible. Pero tenemos que hacer un esfuerzo por ser civiles.

–¿Por qué? Él no lo es.

–Sí, sí lo es. No te ha dicho nada grosero y tú acabas de ser horrible con él.

–Bueno, tal vez no hoy.

–Hermione, él no mencionó a tus padres con la intención de lastimarte.

–¿Oh en serio? ¿Sabes lo que dijo?

–Bueno, no, pero…

–Entonces tú no sabes, no puedes saber porque los mencionó. ¡Ni siquiera yo sé! No puedo creer que tenga el descaro de hacerlo.

–Hermione, tengo que apartar mis sentimientos sobre él. Ha sido difícil, pero él lo ha hecho sorprendentemente fácil. No me ha dicho nada para molestarme o fastidiarme. ¿Por qué haría eso contigo?

–¡Porque me odia! –Hermione estaba gritando. –Porque soy una sangre sucia, el nivel de mugre más bajo para él. ¡Él mató a mis padres!

Draco podía escucharlos desde afuera, y perdió el apetito bastante rápido después de su último estallido. Tiró el plato lleno de comida al acantilado con todas sus fuerzas, y después lo observó caer por el abismo. El plato fue tragado por las olas; una parte suya quería que también lo tragaran a él. ¿En verdad esto valía la pena? ¿Estaba haciendo lo correcto? Claro que lo estaba, había estado planeando esto durante mucho tiempo, y tuvo suficiente tiempo para pensarlo. Ella lo estaba haciendo difícil, pero él debió de haberlo esperado. Él tenía expectativas, sólo que ella estaba siendo más difícil de lo que imaginaba. La muerte de sus padres la molestaba más de lo que anticipaba, pero no estaba sorprendido de haber subestimado su pasión. Él no tenía en que preocuparse realmente si se lo quitaban, ciertamente no sus padres. No habían hecho más que envenenarlo desde que nació; nunca le mostraron amor o afecto. Sólo la imposible expectativa llevaría a la decepción cuando él fallara; y él siempre falló en vivir a las expectativas de su padre.

Nunca nadie se había preocupado por él hasta los conoció. Intentó pensar en cómo se sentirían si alguien los alejara de él. Y sólo pudo imaginar el dolor de Hermione al perder a sus padres. La entendió un poco mejor, aunque aun así sería duro con ella. Tenía que serlo. No podía arriesgarse y ablandarse, y ciertamente no podía arriesgarse acercándose a ella.

Después de lo que se sintieron como horas, se dio cuenta de que alguien estaba cerca de él.

–¿Hey, podemos hablar?

Se giró para ver a Hermione parada unos cuantos pies de él, mordiéndose el labio.

–Qué. –dijo fríamente.

Ella se sentó en el césped y lo miró, esperando. Draco se encogió de hombros y se sentó dónde estaba parado.

–Lo siento. –dijo Hermione.

Draco casi rió de la sorpresa.

–¿Por qué? No has hecho nada.

–Si vamos a trabajar juntos, tenemos que… tengo que al menos ser civil contigo. No intentaré lastimarte de nuevo.

–No lo hiciste. Es decir, lastimarme. –Era una mentira, y ella lo sabía.

–Bueno, aun así no quiero hacerlo; y no lo intentaré de nuevo. Probablemente seguiremos peleando, pero no intentaré lastimarte deliberadamente.

Él no dijo nada, aun sorprendido de que ella se estuviera disculpando con él. Draco no era del tipo de disculparse; eso quería decir que estaba equivocado, y no le gustaba estar equivocado. Y eso era raro, la verdad.

–¿Así que, qué piensas?

–Tienes razón; necesitas ser más civil conmigo.

Hermione lo miró incrédula. Entonces él se giró para verla, y Hermione vio una pequeña e incómoda sonrisa en sus labios. La tensión se evaporó, y ella le regresó la sonrisa lentamente. Entonces arrancó un pedazo de césped y se lo lanzó.

–Idiota. –dijo, casi sin malicia.

Draco meramente regresó la mirada al agua.

–Buenas noches, Malfoy. –dijo Hermione, poniéndose de pie. Draco se quedó en el borde del acantilado, pensando que tal vez todo estaría bien. Que tal vez se podrían llevar lo suficientemente bien y lograr todo este trabajo sin matarse el uno al otro. Cuando finalmente regresó a la casa, encontró a Hermione dormida en el porche. La cubrió de nuevo con su túnica y entró a la casa.


Actualización rápida. Espero y el capitulo les haya gustado. ¡Muchas gracias por sus reviews, ustedes hacen mi día!

Nos seguimos leyendo,

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