Todos los personajes son de Stephenie Meyer y la historia es de Edieswan. Nada más tenemos el permiso para traducirla.

Nota mega importante abajo.


Capítulo 8
Edwardquackes
(Terremedwards) (1)


BPOV

Bang. Bang. Bang.

Abrí mis ojos inmediatamente por el fuerte golpeteo en mi puerta. Entonces, parpadeé con fuerza para despertarme apropiadamente.

"¿Mike?" Dije, con voz ronca. "¿Eres tú?"

"No," alguien contestó. Entonces, escuché a Mike moverse en el piso junto a nuestra cama. "Estoy aquí abajo, Bell," explicó.

"Oh, ni siquiera te escuché llegar. Escucha, alguien está golpeando nuestra puerta."

"No seas tonta, Bella ―son la 4:30 de la mañana. ¿Quién podría ser?"

De manera racional, solo pude pensar en dos opciones rápidas mientras los golpes continuaban. Una, podía ser la policía llamando, ya que Mike ―otra vez― había hecho algo estúpido mientras estaba borracho. Eso no habría sido nada poco habitual por aquí. De cualquier forma, siempre estaba otra opción que me tenía un poquito perpleja, pero seguía considerándola. La segunda opción me daba algo así como escalofríos. Tal vez era…

"¿Bella?" la voz llamó desde el otro lado de la puerta principal. Era musical; prácticamente celestial. No, pensé para mí misma. Por favor no hagas esto, Edward.

"Es para ti, querida," dijo Mike con dificultad ―obviamente seguía borracho.

"Sí, escuché eso, Mike. Déjame ir a ver," lo calmé. "Puedes volver a dormir. Les diré que se vayan."

Suspiré, deslizando mis piernas hacia un lado de la cama y me puse de pie de mala gana. Mike murmuró algo, y dentro de cuatro segundos, sus ronquidos se volvieron prominentes. Suspiré de vuelta y caminé fuera de mi habitación.

Estaba hecha una furia. ¿Cómo podría Edward hacer algo como esto? Para presentarse en mi apartamento después de lo que acababa de ocurrir era un poco imposible. Para despertarme a mí y a mi prometido a las cuatro de la mañana justo después de cómo había actuado conmigo ayer era algo un tanto trillado. De acuerdo, era realmente trillado. Quería soltar un jodido grito; estaba lista para dejarlo salir.

"QUÉ COÑO CREES QUE ESTÁS…"

Abrí la puerta principal de mi apartamento pero no encontré a nadie ahí. Miré alrededor para ver hacia dónde se había ido el maldito bastardo, pero él no estaba por ningún lado.

"¿Edward?" llamé, preguntándome si había estado fantaseando tanto sobre él que mi imaginación de repente se volvió más vívidamente inepta.

De pronto, escuché algo golpeando ruidosamente en el piso, sonando casi catastrófico. Miré detrás de mí para encontrar a Edward cayendo del armario del pasillo con los trapeadores y aspiradoras cayendo con él.

Suspiré pesadamente y dramáticamente, mientras un borracho Edward se incorporaba a sí mismo, sacudiéndose ligeramente el agua sucia que había caído sobre él con el limpiador asqueroso. Si no hubiera estado tan encabronada con él, probablemente me habría soltado a reír ―era tan jodidamente gracioso. De hecho, era algo difícil no soltar una pequeña sonrisa.

"Joder," murmuré.

"¿Bella?" me miró Edward, con sus ojos inyectados en sangre y cansados.

Suprimí una risita, pero después mi expresión se volvió severa. "¿Qué estás haciendo aquí, Edward? Son las cuatro de la MAÑANA, y nos has despertado a mí y a mi prometido. ¿Quieres una repetición de lo que pasó la última vez que estuviste aquí?" amenacé.

"No me gusta eso de que tengas prometido," dijo con dificultad. "No me hace muy feliz." Miró hacia abajo hacia su camiseta blanca que ahora se había perdido a través del agua turbia, como yo me había visto en numerosas ocasiones con café derramado sobre mí. Sin embargo, con Edward tenía que tallar mis ojos nuevamente para detenerme a mí misma de pensar en imágenes inaceptables.

"Bueno, él no está muy contento ahora, gracias a ti. Lo despertaste," dije, tratando de sonar más enojada.

"Lo siento, Florecita," murmuró. Recargó su cabeza en su mano y me miró con sus increíbles y penetrantes ojos verdes y a través de sus pestañas imposiblemente largas. Y ahí estaba yo, pensando en pestañas largas que sólo podían verse bien en una chica.

Sacudí mi cabeza para dejar ir la imagen. Simplemente se veía demasiado deslumbrante; era como si solo con verlo enviara esta retorcida sensación por todo mi cuerpo. Se sentía como si él sacara a flote toda la lujuria, enojo y encaprichamiento que tenía por él de una vez por todas ―lo cual era una emoción bastante extrema. Incluso mi respiración había empezado a aumentar, solo por notar cómo estaban sus ojos verdes y el largo de sus pestañas. Necesitaba apartarme.

"Buenas noches, Edward," susurré a regañadientes, y me giré de espaldas para ir a la cama.

"Espera," me detuvo.

"¿Qué es ahora?" le pregunté, tratando de ser más vengativa. "¿Tienes más chicas para contarme? ¿Eres dueño de otro club nudista o un burdel? ¿O simplemente vas a pedirme que sea una de tus putas del Violet?"

Sabía que había sonado dura, pero era la única manera de que podía apartarlo de mí. A pesar de que vergonzosamente no quería hacerlo, y el hecho de que parecía que no estaba funcionando.

"¿No?" arrastró las palabras, cuestionando lo que decía. Estaba empezando a tambalearse un poco. ¿Qué tan borracho estaba? Se veía como su fuera a caerse en cualquier segundo.

"¿Entonces, qué es?" dije, impacientemente.

"Vine aquí solo para verte, Florecita," anunció, dándome su sonrisa torcida, la cual odiaba admitir que aún me deslumbraba un poco, aunque estaba por soltar algo de vómito por ese mismo orificio tarde o temprano.

"Bueno, ya me has visto, estás borracho, y estoy jodidamente cansada, así que creo que mejor te vas, Edward," crucé mis brazos, inclinándome hacia la puerta y después bostecé con énfasis.

Edward se paró delante de mí por lo que debió haber sido al menos un minuto, mirándome arriba y abajo y esperando que le pidiera que hablara, así parecía. No lo hice. Solo lo miré de vuelta, esperando que dijera algo, o al menos cayera o vomitara. Eso habría sido otra carga de suciedad que habría tenido que limpiar en la mañana. Brillante.

De pronto, Edward rompió el silencio. Y no vomitó.

"Hey," susurró con una sonrisa infantil en su rostro. ¿Era tan malditamente lindo cuando era sexy?

"¿Qué?" también susurré. La manera en que estábamos susurrando era tan… juvenil. Era adorable.

"Tus pijamas tienen flores," anunció orgullosamente.

Miré hacia abajo y me di cuenta de que estaba usando mi viejo camisón de noche: una que tenía un par de margaritas bordadas al frente. Había cosido las flores por mi cuenta y probablemente era una de mis favoritas. Casi me sentí hinchada de orgullo que Edward se haya dado cuenta.

"Va contigo, Florecita," canturreó Edward, viendo a la flor con adoración. Dio un paso hacia mí y por alguna extraña razón desconocida para mí, no lo detuve.

"Es tan hermosa," susurró de nuevo, pero no sonó tan juvenil esta vez. Había traído lo 'sexy' de regreso. Además, no estaba viendo a la flor ahora, me estaba viendo a mí. Y no podía moverme a ningún maldito lugar.

"Edward," jadeé mientras sus ojos esmeraldas resplandecían. Miré a otro lado, asustada de cuánto me afectaba su presencia, pero seguía sin moverme. Edward estaba, sin embargo, ahora a escasos diez centímetros de distancia de mi rostro. Mi respiración se volvió pesada, casi a la par con la suya. Nunca el olor a whisky y humo de cigarro me había parecido tan dulce.

Podía ver su cuerpo a través de la humedad de su camiseta, además. Eso no ayudaba exactamente al estado en el que mi mente retenía su sanidad. Me quedé parada ahí, frente a él, mientras seguía viéndome. Sus ojos verdes me imploraban mientras yo inhalaba su esencia y me deslumbraba su arrebatadora belleza. Ninguno de los dos dijo una palabra, pero no era necesario; no nos conocíamos lo suficiente como para eso.

Tuve que detenerme antes de seguir avanzando hacia él; de tomarlo en mis brazos y consolarlo. Quería ponerlo en mi cama y acurrucarme junto a él y decirle cuánto lamentaba haber sobreactuado antes de tiempo ese día temprano. Quería decirle que no tenía obligaciones conmigo, pero que si quería, podía tenerlas.

También quería apuñalarlo con el tubo de cortina como estuve a punto de hacer antes. Quería golpearle el rostro por la manera en que trataba a las chicas en su club. Quería aporrearlo en la cabeza con su botella de whisky y decirle que dejara de ser un borracho bastardo con tan mala fama.

Y quería acariciar todas las contusiones y cortes que le había hecho, y después besarle el rostro, sostenerlo mientras dormía, y cuando despertara en la mañana junto a él, decirle que todo iría bien a partir de ahora.

A la mierda mi sanidad —que parecía bastante lejos, para este momento. Pero seguía comprometida, y Edward estaba demasiado cerca.

"¡Edward Cullen! ¿Qué estás haciendo aquí?" Mike apareció de pronto en la puerta, arrastrando las palabras tanto como Edward lo había hecho.

"Mike," suspiró Edward. Estaba casi agradecida con Mike por arruinar el momento antes de que fuera demasiado lejos. Me asustó mi falta de control.

"¿Se conocen?" Jadeé, algo preocupada de que mi prometido conociera a alguien como Edward Cullen. También estaba preocupada de que mi prometido supiera de Edward Cullen: el hombre por el que sentía una lujuria insana.

"Sí, sí, nena. Hemos ido por los clubs y esas mierdas juntos," explicó Mike, sonriendo y adorando a Edward como si fuera un jodido Dios. Tal vez así era como lo veía —como todo mundo lo hacía.

"Sí, eso es cierto, recuerdo haberte visto la otra noche," sonrió Edward. ¡Oh, Dios, su sonrisa!

Sentí como si me estuviera entrometiendo en una amistad de borrachos. O que mi imaginaria amistad se había entrometido. De cualquier forma, me sentí un poco indeseada. "Bueno, me alegra ver que son tan amigos, y odio tener que terminar con la fiesta, de todas formas, son las cuatro DE LA MAÑANA y tengo que trabajar mañana, lo siento," les expliqué a los dos.

"Sí, lo que sea, Bella. ¡Entra, Edward! Creo que tengo algo de Jagermeister (2) por aquí. ¡A beber!"

Oh, por favor. "No, Mike, por favor. Necesito dormir…"

"Excelente. ¡Gracias, Mike!" Edward abrió sus ojos y me sonrió como un tonto mientras caminaba hacia dentro de mi apartamento para después decirme, "¡Nada de golpearme con un tubo de cortina esta vez, Florecita!"

Mi estómago se retorció cuando me di cuenta de cómo mi prometido y el hombre por el cual sentía lujuria, y por el cual tenía una obsesión en crecimiento, estaban tomando en mi apartamento a las cuatro de la mañana y cuando yo tenía mi primer día de trabajo en cinco horas. Me paré en la puerta y miré a los dos tipos en asombro mientras ellos se sentaban, tomando tragos de la botella de aquel fatal líquido, mientras que Edward no quitaba sus ojos de mí.

Mientras los miraba, casi tan borrachos como estaban pero con cansancio, y mientras Edward me miraba, me pregunté por qué estaba viéndolos. Tal vez porque quería ver si Mike y Edward combinaban. Quería ver mi lujuria y obsesión por Edward, caer hacia Mike. O tal vez, solo quería seguir viendo porque ambos eran tan hermosos cuando reían. O tal vez estaba demasiado cansada o todo era un sueño.

"Hey, Bella, ¿por qué no te nos unes?" preguntó Edward, todavía con sus ojos penetrantes trabados en mí.

"Estoy bien, gracias, Edward," le sonreí. Bostecé intencionalmente mientras me perdía en sus ojos.

Mike miró nuestro intercambio de sonrisas, así que dejé de sonreír inmediatamente, corriendo mi mano a través de mi cabello y mirando hacia abajo. Edward soltó una risita ligera mientras notaba mi inconformidad, y finalmente apartó sus ojos de mí.

"Así que, dime otra vez, ¿cómo se conocieron ustedes dos?" preguntó Mike, señalándome a mí y a Edward.

Edward soltó una risa un tanto… maniaca. Era algo atemorizando considerando que estaba a punto de soltarle a Mike cómo nos conocimos.

"Bueno, es de hecho una historia graciosa. Verás, estaba buscando una nueva chica para mi club y…"

Inmediatamente lo miré, rogándole que no le dijera a Mike, poniendo mi dedo en mi boca con urgencia. No podía soportar que Mike lo supiera —aún y en estado de ebriedad—, sabía que podía recordarlo en algún momento y usarlo como argumento de cómo había sido una zorra infiel. Probablemente, lo añadiría a la historia del plomero.

De cualquier forma, esto era malo. Aún y aunque no lo hubiera engañado, la manera en que había actuado con Edward era lo más cercano al engaño de lo que había estado, y me sentía tan culpable. Sabía que si Mike hubiera sentido lo mismo que yo había sentido por Edward, por otra chica, habría sido un enorme golpe a las rodillas. No quería darle a Mike un argumento para justificarme.

"Edward me conoció en el Starbucks mientras aplicaba por el empleo ayer en la mañana. Ahora, si no te importa, tengo que volver a la cama, o no habrá trabajo para después," expliqué, y me giré sobre mis talones para regresar a la habitación.

"Bella, espera," ordenó Edward, hablando suavemente. Por una milésima de segundo, casi se escuchó sobrio —si es que alguna vez lo había estado.

"¿Si?" dije, tratando de no parecer ansiosa.

"Buenas noches." Sonrió. Mis piernas se volvieron pegajosas y casi me derrito en el piso y desaparecía. Jódeme.

Mire a Mike, y él me sacudió la mano para que regresara al cuarto, obviamente con muchas ganas de continuar con su nuevo amigo de borracheras. Si no estuviera tan cansada, probablemente habría estado molesta porque Edward se presentara para beber con Mike. Pero no lo estaba. Probablemente por el hecho de que, a veces, y ciertamente no la mayor parte del tiempo, Edward era una agradable compañía. No estaba segura de si sus ojos eran los que hacían todo, o su cuerpo perfecto, o su alocado y sexy cabello…

Sacudí mis irracionales pensamientos y me dirigí a la cama. Mientras yacía despierta, escuché de cerca la extraña atmósfera de silencio. Entonces, unos murmullos hermosos invadieron el inquietante silencio.

"¿Mike?"

"¿Sí, Edward?"

"Bella es realmente agradable."

"¿Sí…?"

"Ella se merece todo, todo, todo el mundo, sabes."

"Sí, de acuerdo, hombre. ¿Cuánto has bebido?"

"No creo que sepas cuán, solo cuán… cuán afortunado eres de tenerla," susurró Edward. Mi estómago dio un vuelco.

"¿Por qué, hombre? ¿Alguien más está interesado?" rió Mike, un poco demasiado alto para ser sincera.

"Algo así." Edward se unió a la risa nerviosa. Quería reír también.

"¿Eres tú, Cullen?"

Hubo silencio por un minuto.

"¿Quién te crees que soy?"

"¿Qué? Tu eres… no entiendo… oh, espera… ya entendí, hombre…"

"¡Edward, maldito, Cullen!" dijeron los dos a coro.

Mi primer día de trabajo estuvo bien, pero mi mente estaba ocupada en otra cosa. Tuve que dejar en la mañana en el olvido todo lo que había escuchado y soñado al respecto, pero en todo lo que podía pensar era en Edward y Mike y en las cosas que Edward le había dicho a Mike antes de irse.

Antes de irme a trabajar, me di cuenta que los dos tipos se habían ido y una nota de Edward descansaba en la mesa. Estaba un poco confundida de que esa noche en realidad pasó, pero me dejó más confundida por lo que Edward me había dejado. Había varios boletos encerrados en la nota. Mi corazón dio un vuelco mientras la tomaba para leerla, pero por razones equivocadas. Estaba emocionada. La nota decía:

'Florecita,

Lamento mi comportamiento la noche pasada. Es más, a la mierda, lamento mi comportamiento por toda la semana pasada. Mike no va a regresar por un rato, pero me gustaría que tuvieras estos. No tienes que aceptarlos, o siquiera venir, y no voy a pedirte que trabajes aquí nunca más, pero creo que hay algo que tienes que ver.

Edward.'

Desplegué la nota y los dos boletos, y los puse en mi cartera. Obviamente, Edward había intentado que Mike viniera, y era por eso que me había dado dos boletos, pero estaba insegura sobre si usarlos o no. Los clubs de nudistas no eran lo mío, pero Edward Cullen lo era. Estaba intrigada, y después de las cosas que Edward había dicho sobre mí, y la manera en que había dicho que había algo que necesitaba decir, solo hizo que mi intriga creciera. Supongo que podrías decir que era un mero capricho. Era absurdo.

Estaba además curiosa por saber por qué Edward sabía que Mike no iba a regresar por un rato. Sabía que estaba trabajando con Tanya e iban a tener algunas reuniones para su nuevo negocio en los próximos días. Supongo que Mike y Edward eran mejores amigos de lo que pensaba. Pero seguía sin saber por qué Edward pensó que tenía que decirme que Mike iba a estar ausente. Como si no lo supiera.

Al terminar mi turno, Kate dijo que había trabajado bien, y los clientes parecían estar satisfechos conmigo y aprendía rápido. Desde que ahora era miembro del equipo, se me permitía dos bebidas gratis al día, así que invité a Esme a que se me uniera para un café más tarde. Desde que Mike no andaba por aquí, de acuerdo a Edward, y no había visto a Esme en un tiempo, lo vi como una oportunidad perfecta para un poco de charla femenina sobre mis obsesiones recientes. Después de todo, necesitaba desesperadamente alguien en quien confiar. Tyler era un buen oyente, pero no daba buenos consejos.

"Bueno, Bella, cuéntame. ¿De qué va todo eso de ti y este chico Edward?" preguntó Esme, poniendo tres terrones de azúcar en su café. "Escuché que está bastante bueno."

"Bueno, sí," reí. "Podrías decir eso." Definitivamente puedes hacerlo.

"Así que, ¿qué hay sobre Mike?"

"No lo sé. Obviamente, sigo enamorada de él y todo eso. Quiero decir, ¡nos vamos a casar!" Miré hacia mi dedo vacío. Mike seguía sin tener suficiente ahorrado como para comprarme el anillo que quería. Pensé que sería humilde y romántico que no hubiera un anillo involucrado en nuestro compromiso —no era materialista— pero ciertamente no me importaría tener algo que representara a nuestro futuro matrimonio.

"¿Y…? La gente se enamora, Bella."

"Pero yo no me he enamorado, Esme."

"Cierto, ¿pero estás pensando en follarte a Edward Cullen?"

Grité con fuerza por su declaración, riendo con horror. "¡Tú, chica sucia! ¡No voy a enredarme con otro tipo!"

"No quiere decir que no hayas pensado al respecto."

Penosamente, no tenía como contradecir esa declaración. Era Esme —ella sabía lo bueno y lo malo de mí. No iba a tener secretos con ella.

Esme bajó su voz un poco, notando que teníamos unos cuantos espectadores. "Bueno, ¿has resuelto algo sobre tu… ya sabes… ese problema?"

Esperaba que no tuviera que preguntar eso. Ella siempre lo hacía. "Bueno, no."

"¿Así que por qué no quieres que Edward te ayude a traer al pequeño Óscar de regreso?"

"¡Óscar! Esme, mi orgasmo no debería tener un nombre." Reí de manera inmadura por la imagen mental de 'Óscar, el orgasmo'.

"Tienes razón, porque no existe."

Suspiré, agitando mi café con caramelo y mirando a la bebida. "Cierto."

"¿Bella, cuándo fue la última vez que Mike y tú tuvieron sexo?"

Traté de hacer memoria. Todos nuestros encuentros sexuales parecían mezclarse ante mí, y no podía distinguir uno del otro. Lo peor de todo, era que ni siquiera podía recordar si había pasado este mes. Todo había estado tan estresante en la casa y además, buscar un empleo y ese tipo de cosas, no dejaba mucho tiempo.

"No lo sé, tal vez este mes, pero no estoy segura…"

"Por la jodida mierda, Bella. ¿Ha pasado un mes?"

Suspiré de nuevo. "Probablemente."

"Tal vez es por eso que estés fantaseando con Edward. Por la manera en que lo describes, suena como alguien al que me gustaría follar. El ya tiene toda mi aprobación, nena," rió Esme, sonriéndome ampliamente.

"Puta," sonreí, y Esme se encogió de hombros como si mi palabra hubiera sido un cumplido. Deseé tener su confianza, pero mi conciencia me traía de regreso a Mike.

Esme se detuvo y me miró. "¿Y cómo quedó entonces? ¿Después de que Edward llegara la noche pasada?"

"Me dejó una nota," contesté.

"¿Diciendo?" preguntó.

"Bueno, me dejó dos boletos para su club. No sé qué voy a hacer con ellos, para ser honesta, no sé si debo llevar a Mike a donde sea como…"

Una bella, pero aún así atemorizante, voz me interrumpió en mi discurso. "¿Así que tomaste los boletos?"

Oh, mierda… no de nuevo.

Edward vino hacia mí y la mesa de Esme y nos dio su más fantástica sonrisa torcida. Vi que la cara de Esme, así como su boca, colgaba en admiración mientras tomaba la hermosa vista de Edward. Se las arregló para no babear, cerrando su boca, mirándome y gesticulando '¿Es él?'. Suspiré y asentí, desafortunadamente.

"Soy Esme Platt," rió tontamente mientras movía su mano hacia la de Edward para tomarla. Edward sacudió su mano amigablemente, pero nunca apartó sus ojos de mí. ¿Por qué tenía que seguir haciendo eso? No ayudaba de todas formas.

"Un placer conocerte, Esme," susurró Edward, soltando su encanto en mí. No pude evitar dejar mis ojos en él, a pesar de todo. Era absolutamente loco. "Así que, Bella, ¿vas a llevar a esta hermosa mujer contigo, mañana en la noche?"

Esme soltó una risita torpe. Claramente, Edward tenía este efecto con todos.

Yo incluida.

Por dentro me derretía. "Edward, Mike y yo no vamos a ir."

Esme me miró en horror e intervino de inmediato. "Oh, Bella va a ir. Vamos a ir. Te veremos, juntas."

Miré a Esme, confundida. "Esme, el otro boleto es para Mike, no para ti. Y él no va a ir, ni yo tampoco."

"Creo que estás equivocada, Bella." Sonrió Edward, derritiéndome una y otra vez. "Le he dado a Mike su boleto y definitivamente va a ir. Los otros dos boletos son para ti y tu amiga, si es que quiere ir."

Esme brincó en su asiento, aplaudiendo como una niña pequeña. "Oh, sí, Edward, Bella y yo definitivamente vamos a ir."

Suspiré. Mike iba a ir. No me gustaba la idea de mi prometido yendo al Violet, pero tal vez yo debía ir también, solo para mantener un ojo en él. De cualquier forma, sabía que a él probablemente solo le gustaba ver, pero que siempre tendría ojos para mí. Y Esme realmente quería ir, y tal vez ella debía ir con Edward —no me sentía tan mal si fuera ella. Al menos iba a saber si él la trataba correctamente. Tal vez debería ir… por ellos.

"¿Bella?" preguntó Edward, todavía sonriendo.

"Sí, bueno… iré. Como sea," traté de decir sin sonreír. No me gustaba que me ganaran, pero ahí estaba. No tenía nada qué perder. Solo sería una noche, supongo —por Esme y por Mike. Y tal vez por Edward, también.

"Excelente," dijo Edward, y después susurró, tan silenciosamente que Esme trató de acercarse para escuchar. "No puedo esperar para verte ahí. Va a ser una noche para recordar, Florecita."

Acarició mi mano tiernamente mientras yo sujetaba con fuerza mi taza de café, tratando de formar un escudo para no caer en picada por el terremoto que Edward estaba provocando, solo por estar cerca y hablándome. Iba a ir a su club mañana y no tenía idea de lo que tenía preparado para mí, solo que iba a ser bueno.

Repentinamente, no podía esperar por la réplica.


Traducido por: carliitha-cullen

(1) La mezcla entre 'terremoto' y Edward'
(2) Es una bebida popular de Alemania, y está hecha a base de hierbas.

¡Ugh! ¡No me miren! Casi puedo ver sus caras de decepción a través del monitor de mi computadora(?). No tengo excusa para la tardanza tan descarada en la actualización. Podría darles mil razones: búsqueda de empleo, entrevistas, la llegada de mi sobrinito... YO no tengo perdón de Dios por mi tardanza; Sil sí, y de hecho puso una nota de autor en EDPA. Es nuestra traducción, pero ella LITERALMENTE tiene un mar de cosas qué hacer en el día: entre ir a la preparatoria, entrenamientos, tareas... ¡la pobre a penas tiene tiempo para ella misma! No se enojen con ella, sino con la irresponsable de Carla (o sea, yo).

Realmente, se los prometo de todo corazón, no vamos a dejar la traducción. Es más, si no mandé los avances por review fue porque me interesó más tener el capítulo terminado y subirlo. La historia es genial y es un compromiso traducirla para ustedes. Nuevamente, les pido una disculpa por hacerlas esperar tanto tiempo.

Como bonus, es puedo decir que los capítulos que vienen están buenísimos, y no alargo mucho esta nota porque ya estoy comenzando a traducir el capítulo 9 (el cual espero tener para el domingo a más tardar). Todo esto para compensarles la espera. También, para los que no la han visto, ya está publicada en el perfil la historia que les prometí si ganaba el Beatle Contest. Se llama Te Odio, y es una cosita bieeeen hot, jeje. Espero les guste.

Ya, sin alargar más esto, espero les haya gustado el capítulo. Nos vemos pronto ;D

Dolce&Acide