Capítulo 8

Bakura y Atem llegaron a la fortaleza donde vivían los ladrones del pueblo, Atem procuraba lo más posible no hablar para provocar que lo descubrieran pero Bakura por su parte no dejaba de hablar.

-Hace tanto tiempo que no te veo y hoy te veo dos veces

Atem abrió los ojos pero trató de no parecer sorprendido

-Espero que tú y Mana no sigan molestos conmigo por lo que ha pasado entre nosotros-miró directamente a Atem

Atem sólo lo miraba, se dio cuenta que ese chico tenía una relación con Yugi

-Ya veo, siguen molestos-dijo Bakura al notar el silencio de Atem y se giró para no verlo

-No, para nada. No me siento molesto

Atem supo que probablemente la había regado puesto que realmente no sabía si Yugi lo había perdonado o si Mana, que aún no la conocía, ya lo hubiera hecho

-¿En serio?

Bakura comenzó a saltar de alegría y abrazó a Atem, era un abrazo como de hermanos pero para Atem era extraño recibir un trato así ya que nadie lo había abrazado antes más que su amiga Teana

-Me alegra que me hayan perdonado

-Bueno, de Mana no sé pero yo si

-Ah, ya veo. Mana es algo especial, probablemente no quiera saber nada de mí

Atem no quiso responder

-Pero me alegra que al menos tú me hayas perdonado. Nunca quise que dejáramos de hablarnos pero ya sabes cómo son las cosas

Atem comenzó a sentir nervios

-En fin ¿cómo has estado en todo este tiempo?

-Muy bien ¿y tú?

-Bastante excelente. Les dije claramente que se unieran a mí. El pueblo esta tan mal que tenemos que robar para comer

Atem recordó que Yugi le había dicho que el pueblo estaba muy mal y padecía de hambre

-Están padeciendo de hambre-afirmó Atem

-Desde que el faraón Atem entró en el gobierno han pasado cosas terribles. Lo peor de todo es que el gobierno nos quita los alimentos y el dinero

Atem analizó todo, él nunca gobernaba el pueblo, eran sus sacerdotes, los que su padre puso para que gobernaran en lugar de él cuando muriera y que no le permitían gobernar.

-Qué cosa tan horrible

-Lo sé, pero ya ni quejarse, después de todo la culpa la tiene el faraón Atem por hacerse responsable de su pueblo

Atem bajó la cabeza sintiéndose mal por el comentario, pero era obvio que pensaran mal de él si todos estaban sufriendo por su causa.

En ese momento, un hombre entró en la fortaleza, Atem se dio cuenta que se trataba de uno de los ladrones compañeros de Bakura

-Señor, la chica llamada Mana está afuera, busca a Yugi

-Ya veo. Llegó tu salvadora-dijo Bakura mirando a Atem que sentía curiosidad sobre esa niña de la Yugi y Bakura hablaban tanto.

En la entrada del lugar estaba Mana esperando

-Más les vale que Yugi esté bien.

-Señorita Mana, el amo Bakura le tiene cariño a usted y a Yugi, nunca le haría daño

-Ese Bakura no es de confianza solo porque llame "amigo" a alguien-Mana estaba notoriamente enojada por lo sucedido.

Bakura y Atem salieron y Mana sonrió muy feliz.

-¡YUGI!

Mana abrazó aventándose literalmente sobre él y Atem sintió que todo su cuerpo de ponía rígido ante tal expresión de cariño y su cara se volvió roja como un jitomate mientras el calor recorría todo su cuerpo. Jamás una mujer se había expresado así con él, ni siquiera Teana.

-Él está bien, no seas escandalosa-dijo Bakura y Mana lo miró molesta mientras se separaba de Atem

-¡Tú eres el causante de todo lo malo que nos pasa!

-No exageres, yo salvé a Yugi de unos tipos que lo iban a golpear

-No debiste salvarlo. Él no te necesita

-Entonces ¿preferías que lo golpearan?

Mana no respondió dándose cuenta que Bakura había ganado, contuvo el aire enojada

-¡YA PARA DE DIRIGIRNOS LA PALABRA!

El grito de Mana fue tanto que Bakura y los demás se cubrieron sus oídos

-¡Vámonos, Yugi!

Tomó de la mano a Atem y lo jaló lejos, Bakura los siguió con la mirada y una tristeza invadió su corazón

-Me preguntó si algún día todo volverá a ser como antes.

Mientras tanto, en el palacio real…

-¡WOWWWWWWWW! ¡CUANTA COMIDA!

Yugi miró la mesa donde habían colocado la cena para el monarca de Egipto, no era mucha comida pero para Yugi era casi un banquete

-Mi señor, es la misma cantidad de siempre.-dijo Seto que abrió los ojos sorprendido y miraba al faraón extrañado de esa actitud

-¿En serio? Pues hoy me parece demasiada

Yugi no esperó más y empezó a comer como loco sin modales, Seto lo siguió mirando con extrañeza sin entender que le pasaba al rey.

Una vez terminó Yugi sus alimentos fue a su habitación, ya había estado en ella cuando cambiaron de identidades pero esta vez estaba solo y todo el cuarto era para él.

-wowwwww

Se tumbó en la cama abrazando las sábanas con una gran alegría que jamás había experimentado.

-Esto sí que es vida. Que caliente cama y el palacio esta hermoso

Miró el techo del lugar y se quedó pensativo.

-Espero que Mana esté bien con Atem. Ojala ella pudiera estar aquí.

Seto recorría el pasillo pensativo, no podía quitarse de su mente esa felicidad exagerada en el faraón. En el camino se encontró con otro de los sacerdotes egipcios.

-¿¡Akanadin!?

-¿Sucede algo, Seto? Te ves preocupado

-Es que el faraón se comportó muy extraño hoy

-¿Por qué lo dices?

-Estaba muy feliz con la comida y comía como si nunca en la vida hubiera visto antes los platillos reales.

-Seguramente esta estresado por todo lo que ha vivido en estos días. No creo que sea nada grave.

-Eso espero

Tanto Seto como Aknadin miraron a la habitación del faraón esperando que esa actitud del monarca sólo fuera agotamiento y no algo peor o grave. Nadie, ni los sacerdotes, ni Mana, ni Bakura notaron que había algo diferente en el rey y en el mendigo, que sus rostros no eran iguales, sino parecidos, los mechones rubios de Atem eran más abundantes que los de Yugi, nadie notó el cambio de identidades entre el faraón Atem y el mendigo Yugi. Absolutamente nadie se fijó detenidamente en ellos.

Continuara...

En este capítulo les quiero brindar mi más profundo agradecimiento a Ayelen Rock y a Cote Dark Dangerous Love por seguir esta historia, ya que gracias a su apoyo es que este fic continua en publicación. Hubo un tiempo en que pensé en abandonarlo pero por ustedes lo seguí y llevó más episodios escritos. Gracias de nuevo y que los Dios los bendiga