Brutilda abrió rápidamente la puerta y miró por doquier, buscando rastro de su amigo. Volvió a llamar su nombre en la oscuridad de la noche. De pronto sintió que la agarraban de su muñeca, entonces giró estrepitosamente poniéndose en contacto con esta persona. Sin decir una palabra, tomó a esa persona del rostro y si esperar mas actuó.
Rosó levemente sus labios contra los de esa persona, sin importar qué. Era lo que estaba esperando hacer con Patán, por mucho tiempo. Abrió los ojos pero aún así no pudo ver nada.
Luego de unos segundos, se distanciaron un poco para poder decir algo.
- No se quien eres pero besas bien.
Ella retrocedió con espanto. Esa voz tan conocida y no era Patán. ¿Que rayos acababa de hacer? Entonces, alguien encendió una luz, y pudo ver con horror a quien acababa de besar.
- ¿¡Acio que estás haciendo! - Gritó con espanto la gemela.
- ¡Tu me acabas de besar! - Volvió a gritar él.
Entonces, ambos hermanos comenzaron a gritar y escupir por todos lados. Estaban avergonzados y con mucho asco al recordar eso. ¿Que habían hecho? Patán miró con indiferencia a ambos y dijo..
- No lo puedo creer, besas hasta a tu hermano pero ¿a mi no?
- ¡No, que asco! - Exclamó Brutilda teniéndose contra la pared.
- Eres una idiota! - Gritó Brutacio! - Diag! Es lo mas asqueroso que he hecho en toda mi vida.
- No lo digas. - Respondió ella.
Los tres fueron hacia sus habitaciones, disgustados por aquella situación. Mala suerte tenían, si.
Pasó una semana. Las cosas en la casa de Hipo seguían igual de locas como siempre. No había mucha charla entre los dos gemelos, se sentían mal al mirarse. Decidieron olvidar esa horrenda situación.
Esa noche tendrían que tocar otra vez en el bar de Estoico, el que pronto estaría por llegar a su hogar. Entonces, ahora si tendrían que aprovechar esto al máximo. Pero a sus maneras, ya que estaban algo distanciados últimamente, luego de que Brutilda tenía ese grupo de amigas, pasaran esas cosas del destino, tan mal calculadas y de las cuales se avergonzaban cada vez que lo recordaban.
La tarde era gris. El sol no se mostraba, solo ese resplandor pálido que entristece a muchos. No había llovido aún, pero seguro que alguna leve llovizna caería pronto.
Brutacio estaba en El Calabozo jugando vídeo juegos con Patapez y Patán. Esperaban a que Hipo viniera con la comida chatarra, como siempre, el joven Haddock tenía que ir por la comida.
Algo descontrolado, entró a la sala. Las bolsas de papas y galletas tapaban su rostro, y caminaba lentamente hasta que dejó caer todo al piso y se sentó rápidamente en el suelo.
- Patán me olvidé las sodas, ve a buscarlas. - Dijo Hipo algo cansado.
- ¿Y porqué no vas tú? - Preguntó su primo sin quitar la vista del televisor.
- Iré yo. Si sigo un rato mas aquí me quedarán los ojos como cubos. - Dijo Brutacio mientras acariciaba su rostro lentamente.
- Que buen amigo tengo. - Dijo Patán sonriendo.
El rubio Vikingo rodó los ojos y salió del cuarto. Caminó por el estrecho pasillo hasta subir la pequeña escalera. Cruzó lentamente las espaciadas salas de la mansión, contemplándola como si fuera el primer día.
Caminó sin ganas apoyándose contra la fina pared, hasta darse cuenta que escuchaba una voz femenina, que no abundaba normalmente en esa casa. Tan conocida era esa voz, tan hermosa. No era su hermana, ni la chica que trabajaba allí. Era la voz que le alegraba el alma al oírla.
Siguió caminando por un pasillo y se asomó lentamente hacia la puerta, que estaba abierta. Entonces, allí pudo verla, a ella, tan hermosa como siempre. Estúpidamente, sonrió.
- ¿Y tú que haces aquí? - Preguntó Brutacio. - Amber. - Dijo con una sonrisa.
La chica giró rápidamente, y para su sorpresa, encontró a un hermoso Vikingo rubio, recargado en el marco de la puerta.
- Brutacio. - Amber sonrió. - Estoy con tu hermana, me dijo que Hipo le había permitido que yo estuviera aquí. - Contestó amablemente.
Brutacio miró de arriba hacia abajo a su bella amiga.
- ¿Y tu que hacías? - Preguntó ella.
Él comenzó a caminar hacia Amber.
- Estaba en El Calabozo con los chicos, jugando un poco.
- ¿El Calabozo? - Preguntó Amber - ¿De que se trata?
-Se trata de una habitación llena de juegos y diversión. ¿Quieres venir?
- Me encantaría. - Contestó ella con una hermosa sonrisa.
El joven Vikingo volvió hacia atrás. Olvidando lo que tenía que llevar y entró nuevamente a la sala. Al verlo sin las sodas, sus amigos reclamaron desagradablemente, y luego, saludaron a Amber.
Patán estaba algo fastidioso, pero aún así tubo que ir él mismo por las sodas.
Caminó por el angosto pasillo e hizo el mismo recorrido que su amigo, pero este si llegó hasta la cocina. Abrió la puerta del refrigerador y buscó las botellas, las sacó y salió de la sala. Entonces al salir, se chocó con esa persona que no quería chocar.
Brutilda.
Esta estaba justo entrando a la cocina pero Patán la detuvo.
- ¿Cómo estás? - Preguntó Patán.
- Bien.
- ¿Por qué no bajaste a desayunar y a almorzar? - Preguntó nuevamente con una sonrisa.
- No.. No tenía hambre. - Contestó casi sin mirarlo.
Brutilda entró a la cocina y éste lo siguió.
- Claro, y ahora vuelves. Deberías haber comido hoy a la mañana. - Insistió el mientras la seguía.
Ella río.
- Pero te digo que no tenía hambre. - Dijo con una sonrisa. Se apoyó contra el refrigerador mirándolo a los ojos. - ¿Y ustedes que hacen?
- Estamos en El Calabozo jugando. ¿Tú estabas con Amber, cierto?
- Si, pero la perdí de vista. ¿Como sabes?
- Ella está allí con tu hermano. - Patán miró como ella bajaba la mirada avergonzada. - ¿Está todo bien entré tu y él no?
- Supongo que si...
Patán dio unos pasos hacia adelante y miró fijamente a su amiga. Con su brazo izquierdo la mantuvo junto al refrigerador y le habló.
- ¿Y entre nosotros? - Preguntó Patán con una sonrisa. - Hacía mucho que no hablábamos y quiero estar bien contigo.
- Pues entonces así estamos bien. - Dijo ella sonriendo. - Esto es estúpido ¿si? - Dijo mientras se corría de ese lugar. - Es tan incomodo, vamos a terminar con esto de una buena vez.
- ¡Bueno! Es lo que trato de hacer, pero te agarran los nervios. - Dijo algo enojado.
- ¿Que nervios? - Contestó ella enojada.
- Eso! Lo que te está pasando. Te estoy hablando tranquilamente y te vuelves una bestia contra mi!
- No, no digas cosas que no son! Yo estoy plenamente calmada. - Dijo Brutilda mientras ponía ambos brazos en su cadera.
- Esta bien! Entonces esto queda aquí y está todo bien.
- ¿Esto que? Nunca pasó nada. - Dijo ella fríamente.
- Si eso es lo que quieres... Me voy. - Dijo Patán mientras salía de la cocina.
...
Mientras tanto, en El Calabozo...
Hipo estaba sentando mientras miraba jugar muy felizmente a sus tres amigos. Estaba demasiado aburrido, así que salió de la habitación diciendo que volvería pronto.
Subió las escaleras y caminó hasta la sala principal. Acarició a su negro dragón que dormitaba tranquilamente en uno de los sofás. Tomó un abrigo del perchero y salió de su casa. No sabía a donde iría, solo quería caminar tranquilamente y despejar su mente. Tal vez así encontraría alguna otra forma de divertirse.
Caminó por la limpia vereda de cemento y miró a unos niños jugar mientras pisaban las crujientes y anaranjadas hojas otoñales que caían de los arboles desnudos. Esta tierna escena le traía recuerdos, de cuando el vivía en la pequeña aldea. Siguió su camino y llegó hasta un parque, se sentó en un banco y sonrió al ver a dos felices parejas pasar por delante de él. Hipo pensó en Astrid, la única chica que lo hacía soñar cada noche.
Entonces, alguien tocó su hombro y lo sacó de sus pensamientos..
- Hipo !
El castaño giró y sonrió algo sorprendido al ver a Astrid junto a él.
- Astrid! ¿Como estás? - Preguntó muy contento. - Siéntate, ven.
- Bien. - Contestó ella y luego se sentó en el banco. - ¿Que haces por aquí solo? - Preguntó algo apenada. No era de naturaleza interesarse en asuntos ajenos.
- Bueno, en casa me volvieron locos así que decidí dar un paseo. - Contestó con una sonrisa. - ¿Tú?
- Lo mismo.. Y este parque trae lindos recuerdos, lo que hace que me valla a otra realidad, mejor que ésta en la que vivo. - Dijo Astrid con aire de tristeza.
- Disculpa mi curiosidad pero.. ¿De que hablas? ¿Que es lo que te pone triste? - Preguntó con mucho cuidado.
- Bueno, la persona que soy o que creo ser. - Dijo mientras apoyaba su mano contra su cara. - ¿Sabes de lo que hablo, no? - Preguntó haciéndolo obvio, ella hablaba del bar.
Hipo bajó la mirada algo apenado y trató de pensar su respuesta. Casi todo apuntaba a ese trabajo que tanto ocultaba. Quería decirle, pero temía que Astrid se sintiera ofendida y lo dejara. Por otro lado, no sabía que otras "personas" podría llegar a ser.
- Si te soy sincero, no quiero hacerme falsas ideas sobre ti. Pero puedo darte un consejo: Si no eres feliz con quien eres ahora mismo, es porque no estás siendo sincera contigo misma... O con alguien mas.. Si te gusta algo, solo hazlo y no tengas miedo a lo que puedan llegar a pensar.
Astrid pensó muy bien lo que éste le acababa de decir...
- ¿Que es lo que te inquieta? - Volvió a preguntar.
- Estoy haciendo algo que, si mis padres supieran, seguro les daría un infarto. - Dijo seriamente.
- ¡Es tu secreto! - Dijo Hipo soltando una leve carcajada. - Y es tu vida, tu puedes hacer lo que quieras con ella.
- Si... Lo se, pero siento que si ellos se enteraran de lo que hago, sentiría una gran decepción al decepcionarlos a ellos.
Hipo la miró con atención, escuchando cada palabra que ella decía.
- Eso me hace pensar que nunca llegaré a algo serio en la vida.
- Sea lo que sea, es tu vida y es tu camino. Si estás segura de lo que quieres, podrás conseguir lo que quieras.
- ¡Ese es el problema, Hipo! No se que es lo que realmente quiero.
Ambos callaron.
Miraron una hoja caer lentamente hasta chocar contra el suelo. Hipo se puso algo serio y miró a los ojos a la rubia. Entonces algo nerviosa, habló.
- ¿Lo sientes inalcanzable? - Preguntó.
- Si - Contestó Astrid.
- ¿Te sientes como que eres un inútil y que nunca lo lograrás? Ese sueño está tan lejos. - Volvió a decir eso.
- Si Hipo... ¿Pero tú de que estás hablando?
- Creo que es tiempo de decirte.
- ¿Decirme que? - Preguntó con intriga.
- Bueno... En mi caso, mi problemas es que... Hay una chica que me encanta. He estado enamorado de ella desde el primer día que la vi, pero no se como decirle. - Hipo estaba algo nervioso.
Astrid miró algo extrañada a Hipo, pero luego comprendió de quien hablaba.
- ¿No se lo dirías? - Preguntó ella con una pícara sonrisa.
- Es que... No se si ella siente lo mismo por mi.. Y si me arriesgo, tal vez no me quiera. - Dijo Hipo algo decepcionado.
- ¿Como sabes? No lo haz intentado aún.
- ¿Que me aconsejas? - Dijo Hipo acercándose a ella y con una mirada muy tierna.
Los pómulos blanquecinos de la rubia Vikinga tomaron un color rosado, y luego volvió a sonreír.
- Yo te aconsejaría, que lo hagas cuanto antes. - Contestó Astrid dulcemente, algo que ella nunca hacía. No era de su naturaleza.
- Y luego tu me dices que es lo que te molesta. Así estaremos a mano. - Dijo él. Astrid asintió y estrechó su mano con él. - Bueno.. Astrid... Sabes, alguien te quiere... Alguien te espera... Alguien te sueña.. Y tú no sabes que soy yo.
Astrid miró sorprendida a Hipo al escuchar esas hermosas palabras. Sabía que algo así diría, pero no que lo haría sonar tan hermoso.
Pensó que si, que algo de éste chico le atraía muchisimo. Gracias a su curiosidad, Astrid quería conocerlo aún mas, y eso hacía que de alguna manera, ella cayera enamorada del joven Haddock.
- ¿Soy yo? - Preguntó ridícula.
- Siempre. - Hipo sonrió con algo de pena, pero estaba feliz por haberlo dicho. - Si no te lo decía yo, seguramente Patán o Brutacio lo hubieran hecho por mi. - Entonces, río.
- Bueno, ya que tú me contaste ese secreto, puedo decirte el mío. Aunque yo creo que ya te diste cuenta. - Dijo ella. - ¿Sabes donde paso las noches trabajando?
- ¿En ese Club Nocturno? - Preguntó él, empujándola suavemente con su hombro.
- Si, en ese. - Dijo Astrid sonriendo y devolviendo ese empujón. - Me encanta poner bobos a tipos babosos. Siento que puedo controlarlos.
- ¿Como a mi? - Preguntó Hipo.
- Exactamente así. - Dijo ella riendo. - Esa noche estabas interesante.
- ¿Interesante? ¿Como es eso?
- Me gustaste. - Confesó ella mientras volvía a mirar la calle.
Hipo no resistió mas esas ganas que tenía a su vecina. Quería besarla ahora mismo. Ya sabía que le gustó en algún momento, le confesó lo que sentía... ¿Algo podía perder?
Entonces, abrasó fuertemente a Astrid, mirándola a los ojos y acercándose lentamente.
- Luego cuéntame si te sigo gustando.
El joven Haddock se dejó llevar y besó a su hermosa vecina. Estas radiantes ganas de besarla que guardaba por años, por fin las estaba saciando esa hermosa tarde de otoño.
Astrid estaba algo sorprendida, pero aún así se dejó llevar. Después de todo, él es un chico del que se puede estar segura, de lo poco que conocía, rescataba de él esa buena persona que era.
Correspondió al beso apasionado y abrasó fuertemente a Hipo. Estaban profundamente enamorados ambos y por fin había llegado el día en que podían expresar ese cariño que se tenían.
Hipo no sabía porqué, pero algo le decía que debía salir a caminar. Tal vez fue la estúpida y egoísta manera de ser de sus amigos, esa de no escucharlo nunca. Tal vez, de alguna manera, algo tenían que ver.
Mientras tanto, en la mansión...
- ¡BRUTACIO ESTAS HACIENDO TRAMPAS! - Gritó Amber con la boca llena de nachos.
- ¡No es cierto! - Gritó él.
- Si, me estás tirando hacia atrás! Me golpeas el control y no puedo jugar correctamente! - Volvió a gritar.
- Es porque te voy ganando!
- No mientas. - Dijo ella sonriendole.
Brutacio miró seriamente a Amber.
- Tienes queso en la cara.
- ¿No te gusta así? - Preguntó ella riendo.
- No. - Contestó cortante y siguió jugando a los videos.
- Limpia mi cara entonces.
- ¿Quien te crees que soy? ¿tu sirviente? Ademas no tengo nada para limpiarte.
- Lengua.
- ¿Que? - Preguntó él algo asombrado.
- Con la lengua. - Repitió ella, sonriendo.
Brutacio miró a Amber muy extrañado. No sabía que hacer, hasta que Patapez gritó..
- Hazlo, tonto!
Él sin pensarlo, cerró sus ojos y acercó su boca hacia la nariz de la chica, donde tenía un gran manchón de queso derretido. Lentamente y casi disfrutando, pasó su lengua limpiando cada rastro que ese queso amarillento. Amber reía por las cosquillas al sentir esa húmeda y templada lengua en la punta de su nariz.
Cuando se apartó, notó que ambos estaban realmente cerca. Ambos sonriendo como bobos. Amber, sin dejar de ver a los hermosos ojos de Brutacio, agarró un pequeño nacho con mucho queso y lo puso cerca de su boca para que éste lo comiera. Claro, el gemelo era un bruto para todo y por eso manchó sus labios con el tibio queso, ese delicioso queso.
Amber solo se acercó rápidamente y pasó su lengua lentamente por los labios del Vikingo, haciendo que este jugara con ella y luego terminaran en un apasionado beso.
Mientras tanto en la sala...
- Patán ven aquí. - Gritó Brutilda.
- ¿Que? ¿Me quieres seguir confundiendo? - Preguntó algo enojado.
- No, no quiero eso. Quiero que entre nosotros esté todo bien. - Dijo ella.
- Ya nada está bien. Las cosas terminan en un punto, no en algo sin terminar.
Patán siguió caminando por el pasillo, y Brutilda lo siguió.
- Patán.
- ¿Que es lo que quieres? - Preguntó por última vez y muy enojado.
- ¡A mi no me gritas!
- ¿Por qué no? Yo haré lo que QUIERA! Y si quiero te grito.
Brutilda estaba muy frustrada con esta situación.
- No me gritas!
- Si, te grito!
- Basta! - Gritaron ambos.
Patán y Brutilda dieron media vuelta y se dieron la espalda. Luego volvieron a mirarse pero sin saber que decir, solo actuaron.
Ella rápidamente lo tomó y lo besó, como tanto quería. Él se dejó llevar, era lo que estaba deseando desde hace mucho tiempo.
Fue de esos besos tan apasionados que terminan en una silla o en el suelo. No les importaría si los veían, ellos solo querían disfrutar ese esperado momento.
POR FIIIIIIIIIIIIIIIIIIN LO TERMINÉ! AY POR DIOS! qe falta de inspiración que tengo! u.u DISCULPEN. Tuve de esas semanas en que ya no te importa nada mas, y les juro que hace mucho que quería terminar el capitulo y no podía, por diossssssss! Pero por lo menos ahí está!
Le dedico este capitulo a TheOnlyNightFury que quería algo de HIPO/ASTRID. :D Y gracias por los comentarios!
Disculpen por haber tardado tanto, pero enserio la inspiración NO LLEGABA! Y leyendo unos fics, me volvió a llegar :D Eso es lo bueno.
Bueno, espero continuaaaaaaar pronto ! :D Por lo menos en este capitulo casi todos encontraron a su media NARANJA. No como yo, soy una Forever Alone xD JAJAJJA (en caso amoroso) - Bueno, nos leemos, PEOPLE! ;)
