La eternidad no hace que se olvide la pérdida, sólo la hace soportable… (y a veces ni siquiera eso)
Capítulo séptimo
La siguiente vez que Will se encuentra con Jace Lightwood, él ya no tiene churretes de icor colgándole de cualquier parte, y ha cambiado su zarrapastroso traje de combate por unos vaqueros gastados (igual de zarrapastrosos) y una camiseta negra de manga corta. Will luce un uniforme similar, pero con la camiseta en color blanco; Jace le ha prestado algo de ropa mientras la suya se seca.
Antes de abandonar su habitación, Will había decido cargar con todas sus posesiones. Uno nunca sabe dónde puede ir a parar cuando va de visita a la casa de un brujo. Así que guardo la estela y el pasaporte de Benjamin en un bolsillo del pantalón, y el cubo de Rubick junto con el dinero mundano en el otro, y se puso la sudadera de Benjamin, después de intentar secarla un poco con un artilugio que soltaba aire caliente que encontró en el cuarto de baño.
"Estaba a punto de entrar a buscarte", le dice Jace al verlo, incorporándose de la pared en la que se encontraba apoyado. "Ni siquiera Izzy tarda tanto con el secador, y todo para eso", agrega señalando su alborotado pelo negro.
Will ignora el comentario, está bastante contento con su pelo. Ya se imagina la respuesta, pero aun así, hace las preguntas que le pican en la lengua; la mayoría de las veces le resulta imposible permanecer callado.
"¿Quién es Izzy? ¿La sirvienta? ¿El gato?".
Después piensa en lo bien que le queda la boca cerrada.
"Isabelle, idiota", contesta Jace resoplando. "Mi hermana Isabelle. Pelo negro y tacón de aguja; la que quería asesinarte con la mirada hace un rato. Siempre la hemos llamado Izzy… en la familia".
Los ojos de Lightwood se oscurecen al pronunciar la palabra familia, y de manera repentina, el gesto de su cara es igual que si le acabara de pasar un camión por encima. Otra vez ese dolor que a Will le gustaría saber de dónde sale, pero no acaba de atreverse a preguntar, aunque lo hace. Es un bocazas incorregible.
"Y la familia de Izzy está formada por ti, el gato con malas pulgas, y… ¿alguien más?".
"¿Tú que crees?", contesta Jace con mucha mala leche en la voz, y comienza a caminar por el pasillo a grandes zancadas, dejando atrás a Will. En cuanto se ha alejado lo suficiente, Jessamine le sacude un codazo en los riñones.
"Tu sensibilidad sigue brillando por su ausencia", le dice. Puede verla a su lado, flotando sobre las baldosas, en lugar de caminar, y con una mueca acusadora formada en la boca. Le parece increíble que un fantasma pueda pegar tan fuerte. "¿No te das cuenta de que les ha pasado algo terrible a estos chicos? No puedes llegar aquí e invadir su intimidad, buscando respuestas como si su dolor no importara nada".
En ese momento Will se da cuenta de que ha metido la pata. Tal vez tantos años de soledad en el limbo al que fue tras morir, le hayan hecho perder su capacidad para tratar a las personas con humanidad. Decide no hacer ni un comentario ni una pregunta más hasta que Jace o Isabelle quieran hablar del tema. Y Agradece tener a Jessie cerca, la verdad, a falta de Tessa o Jem para que le sirvan de brújula. Es curioso que tenga que ser ella quien le indique el norte.
Siguen a Jace hasta lo que, a todas luces, debe de ser la sala de armas. El Instituto de Nueva York es un arsenal, tienen de todo y Will se muere por toquetear y probar aquello que no había toqueteado y probado en vida… en su otra vida. Mil tipos diferentes de espadas adornan las paredes de metal pulido, más de las que recordaba que existieran. Luego está lo típico: estiletes, látigos, mazas, arcos, ballestas y hachas. También hay protectores: para muñecas, hechos de cuero, corazas y cinturones de armas.
"Elige algunas dagas y cuchillos, no puedes ir por ahí desarmado", le dice Jace, todavía con la voz áspera por el cabreo.
Por alguna razón, Will va directo hacía una pared con una barra metálica horizontal de la que cuelgan unos cuantos cinturones de armas. Elige uno al azar y comienza a abrochárselo, pensando que es la mejor manera de cargar con todos los cuchillos.
Cuando Jace lo ve, camina hacia él como una exhalación y le suelta la correa del cinturón que Will acababa de abrocharse.
"No vamos de caza, no vas a necesitar esto. Y no vuelvas a tocar nada sin mi permiso, te he dicho que escojas cuchillos. No puedes tocar nada más".
Will levanta las manos en un gesto de disculpa. No entiende bien lo que pasa, sólo es un maldito cinturón de armas, no una reliquia familiar.
"Entonces mejor que elijas tú las dagas por mí, no sea que escoja alguna indebida".
Jace resopla mientras coloca el cinturón en su lugar, luego masculla algo que Will no llega a entender del todo.
"No seas imbécil y elige unas cuantas", escupe Jace, ahora de manera más audible. "Éste era… es el cinturón de Alec. Por eso no puedes usarlo. Aparte de que no lo vas a necesitar, sólo vamos a ver a Magnus. Ser cazador de sombras no significa parecerse a Demolition man todo el tiempo".
"Desconozco a ese tipo", repone Will. Se ve tentado de preguntar si ese tal Alec volverá pronto al Instituto, o si su ausencia es algo indefinido. No querría que nadie le acusase de usurpar sus cosas. Sabe que algunos nefilim son muy quisquillosos con sus armas y su equipo; Gabriel Lightwood lo era.
Aunque sólo van a ver a Magnus, Will sale del Instituto con dos dagas misericordia metidas en los bajos del pantalón, y un Kindjal envainado sujeto a la cintura de los vaqueros, además de dos cuchillos serafines guardados en el bolsillo central de la sudadera de Benjamin. Todas las hojas ya están hechizadas, según le ha comentado Jace, así que sólo necesitará darles un nombre antes de poder usarlas; si es que necesita usarlas. En el fondo está deseando toparse con algún feo bicho demoniaco al que poder atravesar con uno de esos cuchillos. Se siente desentrenado, y le gustaría comprobar que sus capacidades nefilim siguen en forma.
"¿No deberíamos de habernos puesto alguna runa?", pregunta a Jace antes de entrar en el metro. "Tantos cuchillos y ninguna runa es un poco raro, ¿no?".
"No las vamos a necesitar. Espero que Magnus no intente matarnos. Si lo hace, habrá que actuar sobre la marcha", contesta Jace. "Los cuchillos son por si nos topamos con algo de camino. Últimamente te encuentras con esa mierda babosa en cualquier parte. ¿Llevas encima una estela, verdad Blackwater?".
Will hace un asentimiento de cabeza, y no se molesta en corregir a Jace su inventado apellido. Blackwater casi le gusta más.
"Claro, Lightworm, como no".
Ve como el chaval sonríe de medio lado y vuelve a sentir esa especie de conexión rara con el chico Lightwood.
"Respecto a la mierda babosa, ¿por qué hay tanta? ¿Algún problema con las salvaguardas? ¿Tiene algo que ver con ese encanto de muchacho, cómo se llamaba, Sebastián?".
"Tiene todo que ver con Sebastián", escupe Jace, otra vez con ese asco en la voz al pronunciar el nombre. "¿Cómo puedes no haberte enterado de nada, Watson de Gales? ¿Dónde has estado escondido los últimos meses? ¿En el subsuelo?".
Will tiene que tragar aire por la capacidad del chico para acercarse a los acontecimientos de su vida reciente, y es incapaz de mirarlo mientras le vuelve a mentir.
"Ya os comenté cómo andaban las cosas en casa. Muy muy revueltas" dice, analizando el suelo de asfalto, pensando en que mejor no pregunta nada más. Ya se irá enterando de qué va el asunto de la guerra, la proliferación de demonios y el chico adorable (Sebastián) poco a poco.
Hacen el trayecto en metro hasta Brookling sin pena ni gloria, y ni se molestan en usar un glamour, aunque tienen que bajar algunas paradas antes de tiempo cuando un revisor descubre que no han comprado billete. Después ese mismo revisor les confunde con una pareja gay e intenta flirtear con ellos, en incluso les recomienda un pub, en el que podrían encontrarse, si querían, con él, cualquier sábado por la noche. Ese incidente hace que el humor de Jace pase con facilidad de horrible a insufrible, y que a Will estén a punto de sangrarle los oídos al tener que escucharle enumerar las veces que lo asaltan mujeres y hombres por la calle intentando ligar con él. Haciendo un ejercicio de imparcialidad, Will puede reconocer que el joven Lightwood es atractivo. Sus ojos desde luego llaman la atención. Pero vamos, no es para tanto.
Jace parece conocer bien el domicilio de Magnus, y camina con paso decidido hacia allí. Se encuentran en un antiguo barrio industrial de Brookling, le informa, en el que la mayoría de edificios no eran viviendas hasta hace relativamente poco, sino fábricas o almacenes. A Will le gusta la idea de reinventar los edificios en lugar de dejarlos morir, aunque la zona resulte, de alguna forma, un poco inhóspita. Lo salvan las jardineras con flores de verano colocadas en puertas o ventanas, y ciertos felpudos con palabras de bienvenida.
La casa de Magnus está ubicada en uno de los mencionados almacenes, uno con la fachada recubierta de ladrillo rojo, con una entrada menos acogedora que aquellos que tenían macetas, visillos y felpudos con mensaje. De la hilera de timbres de la pared izquierda, sólo uno indica que alguien reside allí: Bane.
Ambos se quedan mirando la puerta de metal que tienen en frente.
"Es aquí", dice Jace. Will odia que la gente diga obviedades, así que pone los ojos en blanco.
"Tienes que saber que Magnus no atraviesa sus mejores momentos", prosigue Jace. Dicho lo cual, ignora el timbre y llama a la puerta a base de golpes de puño cerrado. Will no tiene nada que decir sobre el momento existencial de Magnus. En sus 800 años de vida, algún momento tenía que ser malo.
Primero chirría la puerta, y tarda un buen rato en abrirse. Una silueta delgada les contempla curiosa desde el otro lado. Will intenta captar la mirada de Magnus, y entonces la silueta pasa de parecer curiosa a parecer pasmada.
Will se disponía a saludar, pero Magnus se le adelanta y comienza a soltar una letanía interminable de malas palabras, después de haberse frotado un par de veces los afilados ojos de gato. Cuando acaba con el tenebroso poema de blasfemias, hace la pregunta que Will estaba esperando y también la que trataba de evitar a toda costa.
"¿Cómo es posible que estés aquí, Will Herondale?".
Jace abre mucho los ojos y lo mira casi espantado. "¿Perdón?", pregunta. "¿Herondale? ¿Me he perdido algo?".
Y de repente, el Brujo Magnus Bane, que nunca fue una persona agresiva, se acerca a él y, ¡zas!, le atiza un fuerte golpe en pleno estómago. Will se dobla por la mitad y emite un sonido ahogado; Magnus se frota los nudillos con la otra mano, como si se hubiese hecho daño. Tengo abdominales de acero, piensa Will, intentado verle el lado positivo a la situación.
Will da un paso hacia atrás por si al brujo le da por repetir la jugada, antes de preguntar: "¿A qué demonios ha venido eso, Magnus?", con un toque de melodrama en la voz. "¿Qué mosca te ha picado?"
"Necesitaba ver tu grado de solidificación", indica Magnus, para nada arrepentido de su inadecuado arrebato. Mientras intercambian esas palabras, Jace parece dedicarse a flipar con la conversación.
"Pues al cien por cien, capullo", grita Will, todavía agarrándose el estómago. Había olvidado lo fuerte que puede llegar a pegar un brujo cuando le pone empeño. Y le fastidia haber pillado a todo el mundo con ese humor de perros, precisamente hoy. Primero Isabelle, luego Jace ultra ofendido por el asunto del cinturón de armas, y ahora Magnus tratándolo como si él fuera el enemigo público número uno.
"Tenía que descartar que fueras un espectro, o un fantasma, o un holograma", repone Bane. "Entiéndelo, William. Los únicos no muertos con los que suelo tratar son vampiros, y es obvio que tú no estás entre ellos. No es que tengas un bronceado caribeño, pero te sobra algo de color en las mejillas para parecer un hijo de la noche".
Will coloca ambas manos en sus mejillas, sintiéndose un poco entre la espada y la pared. La trola que les contó a Jace e Isabelle hace un rato está haciendo aguas. Magnus ya ha repetido su nombre real un par de veces, así que no cree que Jace vaya a considerarlo una equivocación fortuita. Definitivamente, a pesar de la ilusión que le hizo en un principio, llevar al chico Lightwood a ver a Magnus ha sido una malísima idea. Ya no hay manera de fingir. Y no es que esperase una maratón de abrazos por parte del brujo, pero tanta animadversión tampoco le parece correcta. Ellos dos fueron buenos amigos, al menos eso es lo que pensaba Will.
Jace observa la escena con desconcierto, y empieza a parecer un disco rayado cuando repite por tercera vez: "William Herondale", esta vez sin entonación de pregunta, como si estuviera intentando atar cabos en su cabeza.
"Sólo he conocido a una persona con los ojos del color del agua del Atlántico norte", le dice Magnus, haciendo un gesto con ambas manos extendidas para referirse a él. "Y ese es William, aquí de cuerpo presente, aunque fallecido hace ya unas cuantas décadas, por cierto".
No va a negarlo, no serviría de nada. Y lo cierto es que a Magnus pensaba contárselo de todas formas, es el único que puede esclarecer un poco los hechos. Por lo que se resigna a lidiar con la verdad
"Pues ya ves, amigo mío, soy un milagro de la naturaleza, de Dios, del Ángel o de quién sabe qué", le dice a Magnus, poniendo su mejor sonrisa de monaguillo, no vaya a ser que lo atice de nuevo.
"El equilibrio entre la vida y la muerte es sumamente delicado, William Herondale", dice Magnus en susurros, como si temiera oídos inoportunos por los alrededores. "Esto tiene todas las de acabar en desastre monumental, lo veo; puedo verlo. La fuerza que te ha traído hasta aquí no es humana, no es divina, es… ¿Cuánto tiempo hace de este despropósito?"
"Dos o tres días", contesta Will. "Aparecí en Londres, de repente. Fui al Instituto porque no sabía a dónde más podía ir. Los Fairchild me ayudaron a llegar aquí".
"¿Herondale?", vuelve a preguntar Jace, sin apartar su dorada mirada atónita de Will. Diría que al chico le interesa mucho más el asunto de su apellido que el hecho de que haya regresado de entre los muertos. Pero allá cada uno con sus prioridades.
"Pero Will, ¿no has tenido el detalle de presentarte?", le reprende Magnus.
"Necesitaba un sitio para quedarme, y armas, no me pareció conveniente dar mi verdadero nombre". Traga aire y gira el cuerpo para enfrentarlo con Jace, que está ligeramente pálido, además de sorprendido. "Mis disculpas Jace Lightwood".
Jace no dice nada, sólo parpadea, mientras Magnus anima a Will para que siga hablando. Will vuelve envidiar la capacidad de evaporación de Jessamine, a quien no encuentra por ninguna parte. Se siente bastante avergonzado de haber ido contando mentiras por ahí.
"Como se ha adelantado Bane en anunciar, mi nombre real es William Herondale".
"¿Herondale?", repite Jace. Parece un autómata a cuerda, y a Will le entran ganas de darle una colleja para que reaccione y deje de repetir su apellido. Es increíble que pueda resultarle tan fascinante. "Creí que yo era el último. El Hermano Zachariah dijo…, él me aseguró…".
"¡Qué hermoso reencuentro familiar!", exclama Magnus, Will cree que con ironía. "Dos generaciones Herondale reunidas gracias a saber qué tipo de monstruosa fuerza sobrenatural. ¿No es maravilloso, chicos?".
Ambos muchachos vuelven la cabeza hacia él, escrutándolo en busca de posibles explicaciones. "Oh, por el Ángel", dice Magnus, otra vez con ironía y además resoplando. "Otra vez, sin comerlo ni beberlo, en medio de un drama familiar de los cazadores de sombras. Qué Cruz. Me merezco el Nobel de la Concordia".
En ese momento Will se da cuenta por primera vez del aspecto tan lamentable que tiene el brujo. Ojeroso, más delgado de lo que nunca llego a verlo, con el pelo negro aplastado contra la cabeza y un batín de seda rojo que seguramente tenga más de cien años, y lo más desconcertante, calcetines. Un Magnus en sus cabales jamás llevaría batín con esos calcetines, para colmo desconjuntados, uno a topos y otro a rayas, ni siquiera estando en casa. Le habría sorprendido menos encontrarlo desnudo haciendo ballet.
"Will", prosigue el brujo, y Will ahora sí que es capaz de notar un profundo agotamiento en su voz. "Te presento a tu bis… tátara… doble bis (me pierdo en estos asuntos genealógicos, la verdad), nieto: Jace Herondale".
"¿Qué?", preguntan ambos chicos a la vez.
"Entiendo que él se sorprenda", replica Magnus. "Pero tú, William, deberías de haber barajado la posibilidad de toparte con uno de los tuyos. Aunque te concedo que es increíble que alguno de ellos siga con vida, con el empeño que ponen todos ellos en perderla".
"¿Éste…, éste galés es mi antepasado remoto? ¿Pero si debe de ser sólo algún año mayor que yo?".
Lightwood se revela a sí mismo como un preguntón de cuidado, al menos a su nivel. No hay manera de callarlo. "¿Cuántos aparento?", inquiere Will, decidiendo ponerse a la par. "Llevo pensando en ello desde que… regresé"
"Ciento y pico", aporta Magnus.
"Veinti pocos", indica Jace.
"Creo que hacer una media en este caso no servirá. Me quedo con la opción Lightworm. Lo siento Bane, otra vez será", dice Will, divertido por el desacuerdo.
"¡Lightwood! ¡Light-wood!", gruñe Jace marcando las sílabas. Will no imaginaba que podía sacarlo de sus casillas tan pronto. El joven parece cabreado, desconcertado e inquieto, pasándose repetidamente la mano por su rubia y rizada cabellera. A él también se le ondula con la humedad y el sudor. Será cosa de familia.
"¿Cómo es posible?", insiste el Jace preguntón.
"Ese es el quid de la cuestión. De todas las cuestiones, en realidad", dice Magnus con condescendencia.
Luego se acerca a Will, éste se aparta ante la posibilidad de otro ataque, pero lo que Magnus hace es, con total naturalidad, levantarle la camiseta blanca que le había prestado Jace. Le rastrea el pecho con ojos entornados, hasta que encuentra lo que busca, por debajo del hombro izquierdo. La marca con forma de estrella que el ángel mecánico de Tessa dejo allí la primera vez que ellos dos… En Cadair Idris, la noche en que pensaron que Jem había muerto. Han pasado eones desde aquello, pero Will lo recuerda como si fuera ayer.
"Aquí lo tienes", le dice Magnus a Jace. "Tú tienes una igual, ¿verdad? Seguro que alguien te ha explicado que se trata de una marca de familia. Se transmite de generación a generación de Herondales, sólo por línea masculina. Will fue el primero, tú serás el último, si Clary es sensata y se niega a tener descendencia. O si por algún milagro sólo nacen muñequitas de pelo rojo y ojos verdes".
Jace se separa el cuello de su propia camiseta dejando al descubierto un hombro con la misma marca en forma de estrella blanca que tiene Will. Ambos chicos se quedan mirándose, Jace más incrédulo que si hubiera visto un fantasma. Will cree que no es el mejor momento para contarle que les acompaña Jessamine, que acaba de aparecer a su lado, de la nada, aunque Magnus ya se ha dado cuenta y le ha hecho a su amiga un gesto de saludo con la mano, después de guiñarle un ojo.
"Pero chicos", vuelve a hablar Magnus. "No va a haber abrazo ni nada. Se han tenido que romper numerosas reglas sobre la vida y la muerte para que podáis encontraros, que menos que un abrazo".
Will le tiende una mano a Jace y éste se la sacude sin mucho énfasis.
"Encantado", masculla Will, sintiéndose terriblemente incómodo con la poca efusividad del muchacho.
"Sí, sí. Yo también encantado", repite Jace con un tono vacío de voz. Está impresionado, piensa Will, y puede entenderlo.
"Ah, cazadores de sombras", clama Magnus elevando ambas manos en un gesto de frustración. "Nunca he conocido gente tan desapegada, desagradecida y molesta como vosotros. Pasad, No os quedéis clavados en el portal. Mi casa es vuestra casa, no hace falta que os lo diga, ¿verdad? Vosotros ya lo dais por hecho".
"¿Vas a volver a agredirme?", pregunta Will con desconfianza.
"No puedo prometerte nada", dice Magnus". "Últimamente tengo que reprimir las ganas de sacudir a todo lo que se me pone por delante. Catarina insiste en que haga un curso para aprender a controlar la ira; nadie está a salvo. Ni siquiera tú, Fulano de tal", agrega mirando a Jace.
"No estoy para bromas, Magnus. Puedes ahorrártelas", replica el aludido.
"Perdona. Tienes tanto apellidos que me acabo liando. ¿Prefieres Mengano? ¿Juan sin nombre? En Indonesia utilizan Si Anu para referirse a un personaje indeterminado, en Perú Juanito Alcachofa, tal vez te guste más alguno de esos".
"Veo que estás de un humor adorable esta mañana", dice Jace clavando una mirada afilada en el brujo.
"¿Por qué no iba a estarlo? La vida me va tan de puta madre que lo noto hasta en la saliva", replica éste, sosteniendo la puerta para dejarlos pasar.
Suben las infinitas escaleras hasta el piso de Magnus en medio de ese ambiente festivo y acogedor. En un momento de pausa de la divertida batalla dialéctica que se dedican a mantener los tres, Magnus suspira profundamente y suelta algo que de repente a Will le parece descorazonador.
"Herondale". Jace gira la cabeza para mirarlo. "Tú no, el otro Herondale".
"Dime", dice Will.
"Tienes que regresar al lugar del que hayas venido con carácter de urgencia. No puedes quedarte. No deberías quedarte, lo sabes, ¿no?".
Will considera la posibilidad de declararse oficialmente indeciso sobre el tema de regresar al mundo de los muertos, pero acaba callándoselo. "No pretendía quedarme más de lo necesario"
"¿Lo necesario para qué?", pregunta Jace
"Pare ver a Tessa y a James. Una vez. Una sola vez", responde él, y sabe que el chico no tiene idea de quienes son ellos, y se da cuenta de que la voz le ha sonado ansiosa, y angustiada.
"Están por aquí", interviene Magnus. "En Nueva York. Y los dos se encuentran bien, si eso calma tus dudas, William. Pero desde luego no es la mejor idea que has tenido. No cuentes conmigo para facilitarte la tarea".
Las palabras de Magnus le disgustan, porque sí que contaba con él, pero que le confirme que ellos se encuentran en la ciudad hace que sienta la esperanza fluir por sus venas.
"No vas a convencerme de lo contrario", dice Will, notando que se le agria la voz.
"Pues si ya das por hecho que es una mala idea…", murmura Jace, que ni pincha ni corta en el asunto, pero ha debido de sentir la necesidad de opinar. Will se lo hace saber.
"No te metas, Lightworm".
"Bueno, bueno, bueno", dice Magnus abriendo la puerta de su casa y dejándoles pasar, todo un festival de colores en algunas zonas, similar a un cementerio gótico en otras, y con montones de ropa por todas partes, observa Will, nada impresionado. "Salta a la vista la tendencia natural a la estupidez de los Herondale. Pero a lo que íbamos, William. No puedo permitir que te metas en la vida de Tessa y James Carstairs. Sería injusto, peligroso y contraproducente. Razónalo y te darás cuenta de que tengo razón. Y no te atreverás".
"Me atreveré a todo lo que pueda hacer un hombre, eso dalo por hecho Magnus", contesta Will. "Atreverse a más resultaría insensato"
Magnus abre la boca, pero se le adelanta Jace al hablar. "¿Crees que esto puede tener algo que ver con los tejemanejes de Sebastián, Bane?".
"Posiblemente", dice el brujo. "Aunque a saber hacia dónde se inclinan sus tejemanejes ahora mismo. Tal vez exista otra explicación".
"Independientemente de esa adorable criatura de la que habláis, y lo que pueda haber hecho por mi presencia, encontraré a Tessa y a Jem", insiste Will, porque le parece importante dejar claro ese punto.
"Will es conocido por su reflexión mesurada y prudentes decisiones", susurra Magnus a Jace, más como si estuviera aportando un dato científico a la cuestión que como si quisiera contarle un secreto de familia. "Ves. Ya tenéis más cosas en común. Ah, la genética no perdona". Luego lo mira a él. "Pero no te lo tomes a mal, estás estupendo Will, en serio. Los años no pasan por ti, más bien yo diría que retroceden".
"Me sentiría alagado si sonara como si lo dijeses en serio", comenta Will, que empieza a no entender qué le pasa a Bane. El brujo siempre estuvo por la labor de ayudarlo, a veces entre quejas y lamentos, pero siempre que pudo le echó un cable. "Yo no tengo la culpa de (se echa un vistazo a si mismo) esto".
"Al menos han tenido la decencia de devolverle a la vida en un bonito envoltorio. No estás en posición de quejarte", dice Bane. "Sin embargo no puedo dejarte que te metas en la vida de Tessa y James Carstairs. Siento resultar repetitivo Will, pero alguien podría salir mal parado. Además, ¿te has planteado la posibilidad de que ellos no quieran verte a ti? Ha pasado una eternidad".
Will no quiere que nadie salga mal parado a consecuencia de su visita al mundo de los vivos, y mucho menos Tessa o Jem. Pero Magnus, mejor que nadie, debería entenderle, y facilitarle las cosas para poder estar con ellos una vez más. Y desde luego, no se ha planteado la posibilidad de que ellos puedan no querer verlo. Will sabe lo que tenían entre ellos, sabe lo que significaban para él, la idea le resulta sencillamente descabellada y no comprende por qué Magnus siquiera la plantea. Se siente frustrado, y molesto.
"Voy a encontrarles, Magnus", asevera Will. "Lo haré contigo o sin ti".
Magnus ignora sus palabras y mira a Jace. "Wayland, llama a Clary. Necesitamos un punto de vista femenino por aquí".
"Eso es exactamente lo que iba a hacer"
