Por todos aquellos que dejaron un comentario. =)
"La maldita detención."
Bien. No todas las escuelas tienen esta modalidad, pero ¿a quién no lo han dejado castigado alguna vez? O mandado a la dirección o dejado sin alguna clase libre?
Sobre todo en la preparatoria, en donde la mayoría de las escuelas cuenta con un terrible prefecto. Y sumado al hecho, también están ese tipo de situaciones en las que irremediablemente te ves inmiscuido o involucrada, que en realidad, a la hora del castigo tiende a ser lo mismo.
Asi es que por muy bien portado que seas, en algún momento terminas ahí.
Y a veces por las razones más ridículas.
...
Él
...
Finalmente había entrado a la preparatoria. Y eso era un logro por sí solo, pero fue justo entonces cuando las cosas comenzaron a empeorar.
-Ya tuviste suficiente Kurosaki? -Cuestionó un chico de melena negra. Tenía el rostro sucio y las mangas de la chamarra arremangadas.
Su cabello siempre había llamado la atención. No parecía natural. Y aunque de niño no había representado mayor problema, en la secundaria le había ganado distintos apodos; más de uno lo consideraba un rebelde. Un punk.
Ichigo se irguió en cuatro patas, jadeante. Los otros tres chicos, con marcas de golpes y el rostro sucio también le miraron divertidos.
Pero ahora entrados en la adolescencia, donde la odisea por descubrirse a uno mismo orilla a algunos chicos a las malas andadas; montones de bandas le buscaban pelea. Y siendo quien era, jamás se echaría para atrás.
-ha
Ichigo río de medio lado, había sangre escurriéndole de la orilla del labio.
-Apenas estoy calentando.
Fue así que tras un par de maniobras (enseñadas por el mismo Isshin), cuatro chicos de la clase arriba de la de él, terminaron inconscientes en el auditorio de la escuela.
-Che! Resultaron ser unos debiluchos -concluyó, limpiándose el resto de sangre de su boca. Les dedico otra mirada y entonces su semblante cambió. Al parecer se había excedido esta vez.
Dos de los chicos tenían ya moretones en el rostro, y estaba seguro q sólo uno se había librado de que le rompiera la nariz. Pero por otro lado se lo tenían bastante bien merecido. Llevaban toda la semana instigándolo a pelear, haciéndolo pasar todo tipo de bromas de mal gusto, rumores infundados y una q otra amenaza de mala muerte.
Y aquél día había sido el colmo. Los muy infelices habían intentado usar a sus amigos como carnada. Desde luego los había detenido tan pronto lo intentaron.
-¡Kurosaki!
Sin embargo, era una pena que el prefecto llegara justo después de haber nockeado a todos... Ichigo suspiró internamente, sin duda aquello le daba mala pinta. De nada servía intentar defenderse.
-¡A la dirección!
- Sí claro -gruñó.
Y comenzó a avanzar otra vez bajo las miradas acusadoras del resto de los presentes.
...
Caminó por los pasillos soportando las miradas acusadoras. Sabía bien que no llamarían a sus padres, la escuela entera sabia q el grupo con el que peleó eran los molestones de la preparatoria. Una pandilla de poca monta que se creía más de lo que eran. Pero si bien sabía que aquello había sido en defensa propia, igual ameritaba un sermón seguido de un castigo.
Lo cual era una pena... Ésta vez se quedaría sin el delicioso pastel que cocinaba Yuzu los jueves. Seguro es q le darían la hora entera de detención...
-Otra vez aquí Kurosaki!
Ichigo dio un respingo, deteniéndose apenas a escasos pasos de la oficina del director. El consejero escolar, Urahara, le miró sonriente. Pocos sabían que era el padrino del muchacho.
-Tienes suerte de que ni el director ni el subdirector se encuentren -le dijo abanicándose -el día de hoy estoy a cargo de la sala de detenciones.
El aludido gruñó.
-Pero igual no vas a dejarme ir, así que viene a ser lo mismo.
-Sí pero cuando menos te ahorraré el sermón. -Le miró directamente analizándolo. Y el chico le rehuyó la mirada. -Sé Porque lo hiciste y sé que entiendes que igual hay reglas. Así que te espero a la salida Kurosaki.
Urahara se alejó con una sonrisa oculta bajo su abanico, no sin antes darle la nota de detención al chico.
Ichigo sintió ganas de arrugar el papel pero se contuvo. Se había perdido la hora del almuerzo y todavía tenía clases, y no quería causarle problemas a su madre. Su padre era otra historia.
-Maldición -masculló.
La preparatoria había resultado ser una gran decepción en algunos aspectos, que a veces tenía ganas de salarse las clases, de unirse a esas pandillas, pero sabía que no podía hacerlo. Y no era que estuviese hundido en hoyo de miseria sin salida. Es sólo que, esperaba que la preparatoria fuese diferente a la secundaria, no sabía exactamente cómo pero, que fuese diferente.
Ojalá que el día terminará pronto. Suspiró. Si tan sólo hubiese vuelto a ver a Rukia...
...
Ella
...
-Rangiku, ¿qué estás haciendo con esa serpiente?
Era un día típico en la preparatoria privada de Karakura. Rukia estaba ocupándose de sus propios asuntos, cuando de la nada, Rangiku había aparecido echa una fiera y se la había llevado consigo (prácticamente a rastras) hasta la parte trasera de los vestidores del equipo de basketball masculino.
-Es parte de la venganza -contestó como si con eso se entendiese todo.
Y en cierta forma lo sabía, Rukia fue capaz de conectar los puntos. No era, después de todo, un secreto el hecho de que Gin molestaba a Rangiku casi todo el tiempo y que la rubia le contestaba sus malas bromas a su manera. La morena miró al pobre animal en manos de su amiga. Pero no le hallaba sentido a aquella escena.
-¿Qué fue lo que hizo esta vez?
-El muy infeliz, soltó una cucaracha en el vestidor de las chicas -le dijo, todavía apretando los dientes -estábamos cansadas tras la práctica del equipo de softball cuando tuvimos que toparnos, con ese horrible bicho.
Rukia rodó los ojos.
-Las cucarachas son bastante comunes Rangiku, me parece que estás exagerando, ¿cómo sabes que fue él quien las puso ahí? Bien pudieron haber llegado solas.
-Oh no te atrevas a dudar de mí Kuchiki -rumió la rubia.
Y entonces Rangiku le contó sobre como el marcador en su enfrentamiento con el peliplateado estaba a la par. Sobre cómo se habían insultado antes de la práctica. Pero más que nada le narró todavía con pasión, cómo el culpable había estado esperando a las chicas, junto con su grupo de amigos, afuera del vestidor, con cámaras de sus celulares encendidas mientras reían.
-Y no fue una, conté tres cucarachas, ¿entiendes? -bufó molesta.
Rukia negó con la cabeza, aquello era un juego infantil, se dijo.
-¿Y por qué la serpiente?
-Bueno mejoraré su mala broma -explicó Rangiku, sonriendo satisfecha por la genialidad de su idea -en vez de los vestidores, soltaremos a sneaky directamente en las duchas y para evitar sospechas sólo grabaremos con un celular.
-¿Y cómo piensas entrar sin ser vista? Además, ¿qué te hace pensar que te ayudaré cuidando que no haya moros en la costa?
-¿Quién dijo que yo voy a entrar?
La mirada que le dedicó Rangiku hizo que entendiera todo más rápido. Los ojos se le abrieron como platos.
-¡Estás demente si crees que voy a entrar yo!
-Oh vamos Rukia
-¡No!
-Nadie sospecharía de ti con lo "buena niña" que eres -la aludida le miró feo pero ella la ignoró -además si te atrapan, a lo mucho te mandarán a la sala de detención.
-¡Te parece poco? -inquirió molesta.
Fue entonces que Rangiku decidió cambiar de táctica.
-Estás en deuda conmigo Kuchiki
Rukia se quedó muda y la miró con pavor y algo parecido a una desesperada molestia.
-No te atreverías.
Rangiku levantó a sneaky.
-Oh no lo sé... Puede que aprenda a soltar la lengua como sneaky lo hace -dijo imitando a la serpiente que en ese momento sacó por igual la lengua.
Rukia apretó las manos en puños, sabiéndose vencida.
Un día antes de las vacaciones se había escapado de casa para asistir a una fiesta para tener un "encuentro" con un chico que había conocido en Okinawa. Y Rangiku la había atrapado en el acto, pero para su sorpresa, la había cubierto delante de sus padres, haciéndose pasar por ella; fingiendo que dormía en su cama.
...
Así fue como minutos más tarde, se escabullía entre los pasillos de los vestidores, directo a la sección de las duchas. Sólo tenía que soltar la serpiente, fijar el celular en un lugar alto en modo de grabación y salir antes de ser vista.
Acomodó primero el cel, sus movimientos enmudecidos por el correr del agua y las voces de los chicos. Después bajó a sneaky dejándola caer en el suelo. El animal avanzó inseguro y Rukia lo tomó como su señal para darse la vuelta e irse.
-¡Iiih!
Pero no contaba con que el mugroso animal se le enroscara en la pierna.
-¡Qué haces? -exclamó en un alto susurro, sacudiendo la pierna en un intento de que se la soltara -se supone que tienes que ir hacia allá.
Los chicos comenzaron a salir y ella trató se esconderse lo más que pudo. Forcejeó hasta que finalmente (por la fuerza con que sacudió la pierna, ayudada con la mano con la que jaló al animal) la serpiente salió literalmente volando y fue a dar en la cabeza de uno de los chicos, que estaba saliendo de la regadera.
Rukia se tapó la boca por inercia, con los ojos bien abiertos.
Y entonces el caos empezó.
-¡Una serpiente!
-¡Ah!
-¡Quítamela! ¡Quítamela!
-¡Ah!
No podía ser vista, así que se escondió detrás de los casilleros, arrellanándose en el suelo. Pretendía salir una vez el caos cesara. Lo cual fue cuando todos los chicos abandonaron el recinto. Fue hasta donde estaba el cel y pulso "stop". Luego tomó a la serpiente y la dejó salir por una de las ventanillas.
Ahora sólo tenía que irse.
Al llegar a la entrada, sin embargo, y jalar de la perilla, la puerta no se abrió.
Lo intentó una vez más y el resultado fue el mismo. Una y otra vez ¡Maldición! Quiso gritar y desesperada, sólo pudo decidir salir por la ventanilla. Al menos así aprovecharía uno de los escasos beneficios de su estatura. Intentó reírse.
Mas cuando sus pies tocaron el suelo, tras saltar fuera del pequeño espacio.
-Hola Rukia chan
Gin estaba ahí, todavía con la toalla en la cintura y nada más y nada menos que sneaky rodeándole el cuello.
El prefecto llegó después.
La dejarían ir si decía quién la había obligado a hacer eso, pero tanto ella como Gin sabían que no lo haría. Una hora de detención no se comparaba al revuelo que armaría su madre si se enterara de su escapada nocturna.
-¡A detención! -Gritó el prefecto.
Rukia suspiró.
Adiós a su perfil impecable.
...
"Ella y él."
...
-Esto es toda una sorpresa Kuchiki chan.
Rukia contuvo el impulso de querer rodar los ojos y trató con todas sus fuerzas de mantenerse impasible y firme. Pero era algo inútil, tratándose de Urahara. Así que al final terminó haciendo un molesto puchero.
-Ni siquiera debería de estar aquí -gruñó.
Urahara rió con fuerza detrás de su abanico.
-Si me dieran una moneda por cada vez que escucho a los alumnos decir eso... -soltó sonriendo -seguramente tendría mi propia tienda.
Ella puso los ojos en blanco.
-Tienes, tu propia tienda.
-Cierto -recordó sonriendo -y tú tienes una hora de detención, así que escoge tu lugar Kuchiki san.
La chica inspiró con fuerza, todavía molesta. Recorrió el salón con la mirada, al menos eran pocos estudiantes; la mayoría de los lugares estaban vacíos. Se acomodó casi al fondo, en una banca casi pegada a la ventana. Se acomodó en el asiento y sacó su libreta de dibujo y su estuche de lápices.
Si iba a pasar una hora ahí, mejor que estuviese bien entretenida. Sabía que Urahara no le diría nada por ello.
...
Cuando la campana había sonado, Ichigo se había levantado y comenzado a andar a la sala de detención. Uryuu le había acompañado, dado que eran compañeros en el proyecto de ciencias, para su mala suerte. Acabaron de ponerse de acuerdo a escasos pasos de llegar a la sala de detención.
-Sólo a ti se te ocurre pelearte dentro de las instalaciones de la escuela. -Le dijo mirándolo con la acusación en los ojos.
Fuera del corte en el labio inferior y un moretón cerca del ojo, no había evidencia de que su amigo hubiese estado involucrado en una pelea. Y sin embargo el aire que daba el aspecto de su persona casi evidenciaba lo contrario.
-¿Y qué querías que hiciera, llevármelos a un callejón? -refutó Ichigo, las cejas bien juntas.
-Habría sido mejor para tu perfil académico.
Ichigo puso los ojos en blanco.
-Claro, hasta que entonces hubiesen llamado a mis padres por salarme las clases.
-Eso habría sido más fácil de explicar al menos.
-Da igual, ya no puedo hacer nada para cambiarlo. -Gruñó.
-Buena suerte entonces. -Bufó Uryuu, antes de abandonarlo a la entrada del salón.
Ichigo inspiró con molestia y entró en el lugar. Urahara levantó la vista del libro que leía tan pronto lo notó.
-Kurosaki kun, un poco más y juraría que estabas escapando del castigo -rió.
El aludido rodó los ojos.
-Déjate de las bromas, quiero acabar con esto sin tener que discutir por tonterías.
El rubio rió por lo bajo.
-Elige tu lugar y mejor suerte para la próxima.
Hizo lo que le dijo, por suerte había pocos alumnos notó. Se sentaría en el asiento que tuviese en frente se dijo, pero al bajar la mochila por el rabillo del ojo, volvió a encontrarla.
-Rukia -susurró.
La joven estaba tan metida en su bosquejo, que ni siquiera se había percatado del recién llegado. Atrás del mismo, Urahara se aclaró la garganta.
-¿Pasarás toda la hora de detención de pie Kurosaki kun?
Ichigo gruñó, pero se abstuvo de contestar.
Había un lugar vacío justo al lado de Rukia. Como quien no quiere la cosa, avanzó por el lugar y se sentó junto en el asiento vacío a la derecha de la morena. Sólo entonces la misma se dio cuenta de la nueva presencia, pero no se molestó en quitar su atención de su dibujo. Ichigo tamborileó los dedos sobre la butaca. Urahara volvió la atención a su libro, o al menos eso esperó el muchacho.
Ichigo entonces sacó lápiz y una libreta. Escribió algo en una equina y luego arrancó la hoja hasta hacerla una bola.
Instantes después, la misma bola de papel cayó sobre el escritorio de Rukia.
-¿Qué demonios? -cuestionó de golpe, mirando el objeto antes de levantar la mirada para ver al culpable.
-Yo.
Pero tan pronto lo hizo, se quedó sin palabras y el enojo se evaporó mucho más rápido que el agua.
-Ichigo.
-Silencio chicos -les advirtió Urahara, pasando página.
Ichigo le hizo señas a Rukia en dirección al papel. La chica desenvolvió la hoja y leyó el mensaje. La sonrisa se desenvolvió en sus labios, mientras giraba por lo ridículo de aquello.
Se leía "Yo!" en buena caligrafía.
Rukia escribió su respuesta, y cuando el rubio no miraba se la dio a su compañero. Ichigo hizo lo mismo que ella había hecho tras leer el mensaje.
"¿Cómo sigue tu oreja?", decía.
Contuvo el impulso de decirle algo parecido a "bitch".
Durante los siguientes veintitrés minutos, estuvieron enfrascados en escribir y mandar mensajes dentro de aquella bola arrugada.
"Lo bueno de las orejas es que se recuperan más pronto que el orgullo; ¿qué tal está el tuyo por cierto, después de que tu padre te sacara a rastras?"
"Ok, ésa estuvo buena. Pero sigo saliendo mejor parada que tú."
"Te concedo ésa. ...Entonces, ¿te caigo bien?"
"Puede decirse... ¿Y yo a ti?"
Ichigo quiso escribir 'me gustas', pero se contuvo.
"Me agradas... Entonces ¿dibujas?"
"Garabateo"
"¿Qué cosas?"
"No te voy a decir"
"¿Por qué no?"
"¿Por qué sí?"
¿Por qué le gustaba alegar?, se quejó mentalmente.
Suspiró.
"Muéstramelo"
"Quizá después"
Después... Eso significaría que se seguirían viendo, ¿cierto? La miró un instante.
Y entonces Urahara volvió a regañarlos. Ichigo se guardó la hoja en el bolsillo del pantalón.
El resto del tiempo estuvo dividido en dos partes, en la primera, Rukia se concentró en hacer un dibujo, en la segunda, ambos se hablaron a base de señas. Fuera de su personalidad, Ichigo empezó a arremedar a Urahara a base de gestos y Rukia hacía lo posible por no reír tan alto.
Entonces un hombre entró. Y Rukia al verlo se compuso de golpe, su rostro total seriedad. Ichigo volteó al ver al recién llegado.
Era el padre de Rukia.
Dijo algo a Urahara y éste le informó a la morena que podía irse.
La aludida hizo lo que se le dijo, pero antes de pasar de Ichigo le dejó de regalo el dibujo. Tan pronto abandonó el salón, el muchacho se dejó caer en el respaldo de la silla, faltaban menos de quince minutos para que se cumpliera la hora.
Ella se fue antes de que él pudiera pedirle el teléfono.
Miró la hoja y la abrió tan sólo para reír al instante después. Aquél dibujo era horrible. Pero el color de cabello del conejo, dejaba en claro que la joven lo había dibujado a él. Llevaba el ceño fruncido.
...
Él
...
Cuando llegó a su casa fue toda una rutina. Estaba seguro de que había bloqueado "sin querer" el ataque de recibimiento por parte de su padre. Y para el shock de los miembros de su familia, se había ido directamente a su habitación tan pronto había tomado su plato con su porción de cena, sin buscar pelear de vuelta con su padre. Como lo predijo ya no había postre. Pero realmente no importaba.
-¿Y ahora qué bicho le picó -había cuestionado Karin.
Pero nadie había sido capaz de dar con una explicación. Sin embargo, era más que evidente la sonrisa que adornaba el rostro del muchacho y que se reflejaba en sus ojos. Estaba más que lívido, estaba feliz, como no se le había visto desde que había iniciado la preparatoria. Y todos pensaron que quizá las cosas cambiarían para bien aunque fuera un poco.
Esa noche, mientras escuchaba música con los audífonos puestos, Ichigo escribió un verso dedicado a Rukia, por muy cursi que aquello resultase.
Lo había escrito por encima del ridículo dibujo de conejo de cabello naranja, que ella le había obsequiado. Y había decidido guardarlo en su casillero, tan pronto fuera lunes, no quería que ni su padre, ni Yuzu, ni siquiera Karin, tuvieran material con qué chantajearlo.
Esa noche se quedó dormido con una sonrisa en sus labios. Y todo lo que su mente conjuró, fueron visiones de ella.
...
Ella
...
Como lo predijo su castigo no había sido tan grande. Rukia les contó lo que había sucedido, obviando la parte en la que Rangiku la chantajeaba, por supuesto. Sus padres simplemente le dijeron que debía evitar inmiscuirse en las jugarretas de Rangiku. Y le prohibieron salir con ella durante una semana. Lo cual era poco, considerando que ni ella misma soportaba a veces el ritmo de la rubia.
Esa noche se había ido a su habitación con una taza de chocolate caliente. Se había sentado en su cama con el cuaderno de dibujo abierto en su regazo. La mirada perdida en el cielo a través de la ventana.
Esa noche, se había dormido hasta tarde, aprovechando que era viernes. Su celular en el marco de la ventana, sonaba con las canciones de moda; pero todas tenían un tema en común: el amor.
Esa noche su cuaderno de dibujo no consiguió un boceto nuevo, si uno un montón de letras y corazones de colores naranjas.
Esa noche se durmió sobre la página en donde había escrito su nombre unido con una "y" al lado del nombre de Kurosaki Ichigo.
A/N:
