Llegué un poco antes de las nueve el día jueves previo al partido de los muchachos, así que le pedí a Thomas que dejáramos para ambos la noche libre. Así yo podría descansar y dormir todas las horas que pudiera. No era por ser malo o egoísta, es que si pasaba la noche con él de seguro no lograba dormir nada porque le dedicaría todas mis horas de sueño y el resto de mi energía. Él accedió sin mayor problema y me dijo que se quedaría en casa ante cualquier cosa. Estuve escuchando un sonido en el teléfono desde que mi televisor se averió, pero hoy se hizo mucho más persistente.

Me quité la ropa, me puse ropa interior limpia y una camiseta blanca que a veces ocupaba para dormir. Me quedé sentado en la cama y de pronto el ruido del teléfono comenzó a inquietarme. Comenzó a sonar más fuerte desde que me estaba cambiando de ropa, pero no era un sonido muy seguido, sino que se escuchaba cada unos minutos. En un momento el ruido sonó cuatro veces aceleradamente y se detuvo. Tomé el teléfono y descolgué el auricular. Me lo puse en el oído.

-¿Thomas?- Sonó desde el otro lado.

Antes de poder responder que no, Thomas contestó a través de mi línea. Quizás tenía relación con lo de la televisión. Tal vez la antena.

-Sí, disculpa que te llame tan tarde… Es que hoy la pasaré solo y me han entrado ganas de charlar contigo- Dijo Tom.

-No es tarde, tonto- Respondió la voz. Era Chris. Chris German.

Me imaginé que Thomas sonreía al escuchar que no molestaba a su amigo en lo absoluto. Podía imaginar la escena fácilmente como si estuviera yo ahí. Thomas hablaba desde el teléfono que tenía al lado de su cama. Debería estar recostado de espalda, con algún traje ligero que no le arruine la ropa de cama. Quizás pijamas, o ropa de fin de semana. De seguro no lleva zapatos o pantuflas, y tiene esa sonrisa leve de domingo por la mañana.

-Ya, no importa, ¿estás ocupado?- Preguntó Thomas.

-No, para variar estaba viendo televisión, estoy solo en casa otra vez. Te lo esperabas. Es por eso que has llamado, ¿no?

-No, no lo creo. No me percaté de lo que podrías haber estado haciendo. A esta hora podrías estar haciendo cualquier cosa.

-Ya déjalo. ¿Y por qué pasas la noche solo? ¿Te has peleado con Chris?-Preguntó preocupado.

Me encantaba este tipo. No de una mala manera, sino de que me encantaba enserio su manera de ser, me gustaba como persona. Es amable y parece tener buenos sentimientos con la gente, o por lo menos es lo que puedo notar desde el poco tiempo que lo conozco. Sonríe por cosas simples, es educado, sencillo, y lo mejor; Se preocupa como nadie de Thomas. Si Tom alguna vez me dejara, estaría tranquilo si Chris cuidase de él.

-No, no hemos peleado-Dijo Thomas-Es que tiene un partido importante mañana y me ha pedido que le de la noche para dormir algo extra, así que está al otro lado de mi pared. De seguro ya está dormido-Dijo suavemente.

Thomas golpeó la pared tres veces como lo hacía cuando llevábamos un rato largo sin hablarnos. Si yo estaba despierto, le respondía lo mismo. Si tocaba dos veces seguidas, el que respondía iba a lo del otro.

-Al parecer está dormido- Confirmó al yo no responder.

Me reí. Me pareció adorable.

-Me alegra mucho que te esté yendo bien con él, ¿sabes? No pensé que encontrarías a alguien tan pronto. A alguien quien te enamorara así…

-Tampoco yo- Confesó Tom- Oye, quiero hablarte de algo en particular, ¿puedo?

-Claro, suéltalo- Rió Chris al otro lado de la línea.

No podía imaginar cómo estaba Chris, quizás era normal, pero sólo podía imaginar y adivinar los movimientos y reacciones de Thomas. Me parecía estar ahí viéndolo en vez de estar escuchando su llamada a escondidas.

-Es sobre Robert-Dijo Thomas.

-Oh, ese hijo de la gran puta. ¿Qué ha hecho ahora?-Refunfuñó Chris.

-Bueno, es un poco… No sé. Últimamente no me deja en paz, y Chris me ha dicho algo extraño al respecto.

-¿Algo extraño?- Pensé para mí. ¿Qué podría haberle dicho?

-¿Algo extraño?-Preguntó Chris.

Me cambié el teléfono a la otra oreja y me recosté procurando no hacer ruido.

-Sí, bueno… Me ha dicho que está enamorado de mí, o que quiere estar conmigo. En resumen algo así.

-¿Y qué hay con eso?

-Quisiera que me digas algo al respecto, ¿por qué Chris pensaría algo así?

-Thomas, ¿me estás jodiendo? - (*nota de autor: Tom, ¿me estai webiando?*)

-¿Qué?

-Que si acaso me estás hablando enserio, idiota- Rió Chris algo extrañado.

-Eso creo… Es decir, puede que yo le ponga y ya, ¿pero por qué lo dices?

-No creí que fuera necesario tener esta conversación.

Chris cambió el tono de voz. Sonaba molesto y un tanto incómodo. Yo sé que estaba tan desconcertado como yo al respecto, no entendíamos cómo era que Thomas no se daba cuenta de algo que tenía en frente hace tanto tiempo.

-Te lo explicaré brevemente, ¿sí?- Thomas asintió. - Si Robert está conmigo, pues es para estar cerca de ti. Y si yo no lo he mandado a la mierda, es porque no tengo las agallas para marcharme así como así.

-¿Pero cómo piensas algo así?- Exclamó Thomas. –Si él se acercó a ti fue porque…

-Thomas, escúchame. Si piensas cómo fue que ocurrió todo, te darás cuenta de lo simple que es.

-¿Desde el principio?

-Sí, desde la universidad. Incluso desde antes. Dime, Tom. Dime dónde estábamos tú y yo hace seis años. ¿Lo recuerdas?

-Claro que sí, no podría olvidarlo.

-El año que nos tomamos también, supongo…

-Bristol cuatro dos seis. Puerta catorce.

-A la derecha, de la escalera al fondo- Completó Chris.

-¿A qué quieres llegar con esto?-Preguntó Thomas sonando molesto. Se notaba en su tono de voz que no era algo agradable de recordar para él.

Lo imaginé sentándose bien en la cama, apoyándose con una mano y una de sus piernas doblada hacia dentro.

-La gente nos recuerda, Tom. Quizás ahora no nos reconozcan, pero nos recuerdan. Teníamos que salir de ahí.

-Ya, pero eso no tiene nada que ver…

-Continúo, ¿sí?-Interrumpió Chris- Una vez que tú entraste a la universidad yo no tenía como alcanzarte hasta ahí. Me iba a quedar solo y comencé a salir con personas más seguido. Ahí fue cuando lo conocí. En cuanto él te vio, no me dejó más. ¿Te acuerdas? Nos visitaba seguido y buscaba excusas para vernos los tres. Intentaba usarte de intermediario pero realmente no quería decirme nada- Chris hizo una pausa- ¿Hasta ahí vamos bien?

Thomas asintió. Yo también quería asentir pero debía permanecer en silencio.

Golpeé la pared tres veces. Thomas me respondió sin decirle nada a Chris.

-¿Tú crees, Tom, que si no hubieses estado tú él nos habría sacado de esa pocilga, me paga la universidad, te mete en la compañía y sigue con nosotros sólo porque tú y yo no nos hemos separado hasta ahora?

Thomas se quedó mudo. Pronto recobró el aliento-Pudo haberlo hecho por ti, Chris.

-Pero no lo hizo, Tom. Tú lo sabes.

-No es culpa tuya, ¿sabes? No puedes amarrarte a estar con él.

-Ese no es el problema. Sentirme en deuda no se compara con todo lo que él me ha hecho. Él me está amarrando y no me deja ir. ¿Crees que no lo he intentado? No puedes irte del lugar que reina el tirano al que le debes la vida así como así, ¿sabes?

-No pueden estar tan mal, ¿o sí?

-De seguro recuerdas la noche en que nos fuiste a buscar a Chris y a mí a aquel bar, ¿no? Robert se trajo a la amiguita de tu novio a casa. Se acostaron en nuestra cama y tuve que dormir en el sillón. ¿Crees que yo querría estar aquí si pudiese irme?

-¡No puedes seguir ahí! ¿Estás loco?

-Le va diciendo a todo el mundo que va tras de ti, hablando mal de Chris y engañándome con quien se le da la gana.

-Bueno, ¿qué quieres que te diga al respecto?

-Tú dime.

-Yo sabía que iba tras de mí, pero… No lo había pensado tanto como para concluir algo así de grave. Lo veía como algo de menor importancia. No quiero que te haga daño ese tipo, Chris. Tampoco quiero que tengas que aguantar todo eso por mi culpa. Pero no creo que pueda ayudar… Sabes, no voy a darle lo que quiere. Me siento un estúpido por no notar esto antes.

-Quizás se parece más al nuevo tú de lo que pensabas, pero con la pequeña diferencia que tu no buscas jugar con nadie.

-Pues porque estoy enamorado.

-Eso a él no le importa. Te está buscando, Tom.

-Por eso se ha acercado… -Reflexionó. - ¿Y es por eso que estoy al mando de Lawson?

-Si es que el Sr. Lawson también ha caído.

-Ya, no sé. ¡No quiero pensarlo más! Joder, yo no he conseguido esto por él. Yo no… Yo lo merecía, ¿no? A pesar de que lo odiaba, yo podía conseguirlo por mi cuenta. ¡No porque un marica se la chupara al jefe por mí!-Gritó Thomas.

-Thomas…

-¿Te parece vernos mañana? Mientras Chris se prepara para el partido me quedan unas horas libres- Thomas comenzó a forzar su voz para sonar más calmado.

-Cálmate un poco, ¿sí? Mañana nos veremos.

-Ya, ya- Dijo suspirando lentamente.

Lo imaginé recostándose de espalda otra vez y llevándose la mano a la frente. Tocó mi pared tres veces.

-Cambiemos el tema, ¿vale?-Propuso Chris.

-Vale. Tengo un montón de papeleo y formas por llenar, yo no sé de dónde han salido tantas…

-¿Trabajo? Venga, pues yo tengo un paciente molesto con ambas piernas enyesadas que ha intentado ligarme toda la semana, y tiene un ligero complejo con su tono de voz.

-¿Ah sí? De esos que hablan como una niña, ¿no? Te ponen los chicos así…

-Qué va- Rió Chris- Ya, hablar de trabajo apesta, Tom. Vamos a hablar de algo bueno. De películas, algún chisme que tengas que contarme…- Chris pensó un minuto- ¡O de cómo vas con Chris! Sí, se me ha ocurrido eso. Es perfecto. ¿Quieres hablarlo?

-No sabría por dónde empezar-Rió Thomas.

Supuse que se estaría pasando la mano por la cara y cambiando el teléfono de lado.

¿Ahora hablarían de mí? Ya había escuchado bastantes cosas que hubiese preferido no escuchar, pero era yo el entrometido. Estaba todo en mí. Pero el teléfono nunca se me había conectado a la línea de Thomas antes, y si pasó, pasó por algo y lo iba a aprovechar.

Me senté apoyando la espalda en la pared y puse bien el teléfono en mi oreja. Me metí en medio de la conversación otra vez.

-No tanto así – Respondió Thomas- Se levanta en medio de la noche por un tazón de cereal, una fruta o un sándwich del estofado que quedó de la cena y se lo come sobre la cama. Luego deja el plato en la mesita de noche, me pone un beso donde esté más cerca y se vuelve a dormir.

-Joder, eso es adorable- Carcajeó Chris.

-Lo es- Confesó Thomas.

-Debe ser grandioso el dormir con alguien así. Es decir, yo nunca he sentido que me quieren de esa manera, mucho menos si hablamos de Robert… Pero apuesto que es genial. Te ha de subir el ego a mil y debe sentirse una felicidad enorme. Sobre todo si es un chico guapo como Chris, ¿no crees? A que Chris parece entrenador por donde lo mires, ¿me equivoco?

-No te equivocas- Dijo Thomo- Absolutamente por todas partes… Y no te imaginas el trasero que tiene…

-Ya, ¿acaso ya lo hicieron?

-Pero claro.

-¿Y qué tal el grandote?

-El mejor de mi vida- Suspiró Thomas riendo e intentando sonar serio.

De verdad no quería seguir escuchando aquello. Ya no me contenía la risa, tenía aguantando una carcajada nerviosa dentro de mi tórax que parecía querer estallar de pronto. Nunca pensé que Thomas hablara así de mí, pero por lo menos era solo a Chris, eso me alivió. Sólo él conocía su verdadero ser, y bueno, yo apenas estaba comenzando a hacerlo.

No me explicaba las ganas que tenía de ver qué cara tenía Thomas al decirle todas esas barbaridades a Chris. Pero no pensaba que mis suposiciones fueran tan lejanas a la realidad. Parecía conocerlo bastante hasta ahora.

Volví a poner el auricular en mi oreja y los escuché otra vez. Golpeé la pared. Tres veces.

-¿Recuerdas a ese tipo Cameron con el que salías? El de tu facultad… Ya, pues así.

-¿Tan así?- Preguntó Chris sorprendido.

-Pues sí-Alardeó Thomas.

-¿Y de la misma forma?-Volvió a preguntar Chris. ¿De qué estarían hablando ahora?

-Pues… no sé cómo decirlo bien. Así tal cual, pero al revés.

-¿Que no le has dado la vuelta todavía? ¡Thomas!- Chilló Chris riéndose felizmente. –Nunca pensé que llegara quien te dejara abajo.

-Calma, lo puedo esperar- Rió suavemente Thomas.

-Tiene pinta de que me voy a reír mucho cuando le vea la cara a Chris.

-¡No! No lo hagas, que se va a dar cuenta.

-Él no se va a enterar de lo que me has contado. Lo juro- Dijo con esa voz que ponía cuando sonreía entrecerrando los ojos.

-Já- Pensé para mí.

-Ya, nos vemos mañana, ¿sí?

-Vale.

Ambas líneas cortaron la conexión. Quedó el pitido para marcar otra vez. Puse el teléfono sobre mi mesa de noche, junto a los platos que dejé la noche anterior.

Si iba a concluir algo precipitado, era preferible que analizara bien la situación. Primero, Robert estaba más involucrado de lo que Thomas y yo pensábamos. Si debo juzgarlo yo mismo, la situación en la que estaban esos dos metidos era bastante engorrosa, y no quería involucrarme yo también, pero no podía hacer nada para no hacerlo, ¿o sí? Si estoy saliendo con Thomas, debo aceptar todos los riesgos y problemas que esto conlleva. Aunque deba encarar día a día a Robert para poder seguir con nuestra relación.

Segundo, ha de haber un millón de cosas que Thomas no quiere contarme sobre su pasado y para eso tendré que acudir a Chris. No podía imaginar qué clase de enredos podrían ser. Quizás drogas, alcohol, problemas de dinero… Quizás eran de esos que se acostaban con todo el mundo o tenían problemas de apuestas. ¡No podía imaginar a esos dos metidos en nada de eso! Si bien pude imaginar al Thomas de antes con el cabello corto y torso bronceado que se reía y era el consentido de las chicas, no podía imaginarlo metido en cosas extrañas, pues esa imagen de él que tengo es muy limitada. Es sólo lo que me contó, el Thomas con mirada de serpiente, y mi novio. Tampoco podía imaginar a Chris metido en ese tipo de cosas. En lo que a mi respecte, la imagen que tengo de Chris es muy cerrada. Para mí, Chris es el tipo genial y amable que te encuentras detrás de un tirano que derrocha a su he de imaginarlo en un lugar extraño, pues sería como vedetto o algo. Nada fuera de lo común, nada ilegal. Quizás algunas noches pasadas de copas, irse a la cama con extraños. Simplemente no podía.

Por último, quedaba lo de mi sexualidad con Thomas. Él realmente está esperando a que me deje joder. Ya, lo último no sé cómo tomármelo enserio, pero sé que no lo dice por nada. Sé que tendré que ceder, y que en algún momento lo terminaré haciendo. Y debo admitir, que a veces me han entrado muchas ganas de dejarlo cogerme. Lo sé, suena bastante marica, pero qué le voy a hacer, a pesar de que yo no me considere homosexual, el estar con Tom me hace serlo automáticamente y no me preocupa demasiado. A veces cuando lo veo molesto o con esas ganas extremas de joder, siento que no me voy a controlar y termino estando encima.

La verdad es que no me atrevería a decírselo así como así porque me parece bastante extraño, pero sé de qué manera lo podría insinuar. A veces cuando él no está, me pillo a mi mismo pensando en ese tipo de cosas y en los cientos de fetiches que me quedan por cumplir con él. Pero no tengo de qué quejarme, él no tiene límites. Mi vida sexual es asombrosa.

Aunque si lo pienso bien, más que el sexo mismo que él me da, creo que lo mejor que me pudo pasar estando junto a él es haber descubierto lo que es estar enamorado de alguien. Ya lo he intentado explicar, no creo haber estado enamorado antes por lo que lo que siento por él es algo inexplicable, es algo de lo que a pesar de que la vida me enseñó que todo es pasajero, no me arrepentiré jamás. Me hace sentir un hombre completo y creo estar en el tope de mi felicidad.

Me recosté sobre la cama y cerré los ojos suavemente. La verdad no quería estar ahí. Quería estar con Thomas, pero tenía que dormirme lo antes posible. Eran casi las diez, y debía llegar mañana a las nueve. Si me levantaba a las siete habría dormido nueve horas, entonces eso significaba que tenía una hora de sobra aún y debía decidir si usarla para dormir o algo más.

Dormir. Definitivamente dormir. Pero con él.

Me levanté despacio y tomé las llaves del plato de mimbre que dejo en la mesa del teléfono frente a la puerta. Ese teléfono está descompuesto, así que es tan solo una referencia. Me recuerda al mueble que había en casa de mi abuelo, había un teléfono antiguo con un espejo en frente, dejaba una libreta pequeña con un bolígrafo. Yo nunca he podido escribir con uno de esos, ni tampoco me acostumbro a usar libretas, así que tengo un montón de hojas amarillas de recordatorio con un lápiz azul de tinta. Dejo las cuentas, las cosas que puedan perderse luego de encontrarlas. Fue una buena idea poner uno así si lo pienso bien. Cerré la puerta y abrí la del departamento de Thomas.

Eran pasado las diez, caminé despacio por el pasillo y me detuve en la puerta de su habitación. Estaba abierta, Thomas estaba recostado de lado en la cama cubierto con las sábanas y se dejaba ver parte de su espalda desnuda. Toqué la puerta despacio dos veces y él se percato de que yo estaba ahí.

Se refregó los ojos y dirigió su mirada hacia mí.

-¿Qué estás haciendo aquí?-Preguntó.

-No quería dormir solo- Confesé.

Ya- Dijo él sentándose en la cama mientras acomodaba las sábanas a su lado y me dejaba un espacio- Creí que estarías dormido.

-Lo estaba, es que desperté y te he echado de menos- Respondí. No sabía qué decirle en realidad. Aunque era cierto después de todo, lo extrañaba, aunque lo estuviese escuchando por teléfono hace unos minutos atrás. Sonreí al pensar en todo lo que hablaron al final.

Entré a su casa en la misma ropa interior que me había puesto y la camiseta blanca. Él me miraba extrañado desde su cama, parecía como si realmente no le agradara la idea de que yo pudiese llegar a su casa de repente.

Me senté en la cama junto a él y tomé su mano. Me acurruqué en su torso desnudo y acaricié su abdomen despacio.

-¿Y qué hacías?- Pregunté.

-Estaba al teléfono con Chris- Respondió poniendo una de sus manos en mi cabeza para acariciarme.

-Te he estado extrañando- Insistí- Es raro pasar la noche solo…

-Yo ya estaba entusiasmado por dormir sin tus ronquidos- Rió él.

-Joder, pero si yo nunca he roncado- Carcajeé volteando mi rostro hacia él. Él tocó la punta de mi nariz con su dedo como si me diera un pequeño golpecito, siempre mirándome con ternura.

-Sí roncas, cuando estás cansado después de entrenar.

-Ya, lo siento- Dije acercándome más aún, hundiendo mi rostro en su cuello mientras descansaba en su hombro.

-Que meloso estás- Rió despacio- ¿Te ha ocurrido algo?

-Nada en particular, sólo he pensado en que quería venir aquí contigo.

-¿Y has venido a dormir?-Preguntó.

-Así es- Respondí abrazándolo por completo y rodeándole el cuello. Nuestros torsos quedaron pegados, y únicamente separados por mi delgada camiseta blanca de algodón.

-Pues a mí me parece que andas detrás de algo, sino no te pondrías así en primer lugar- Sospechó él mirándome con ambas cejas levantadas.

-¡Es que no puedo evitarlo si estoy en la cama contigo!- Confesé riendo.

-Pero en unas horas tienes un partido importante, no podemos- Se lamentó. Lo envolví con mis piernas quedando apegado a su parte baja, sintiendo claramente que tenía una erección.

-Ya, un ratito, por favor- Insistí acercándome despacio a su cuello y encaramándome más aún sobre él. Besé su cuello despacio y dejé a mi respiración agitada rebotar en su oído.

-¿Por qué me haces esto?-Se largó a reír llevando su mano hasta mi nuca para agarrar mi cabello.

-¿Y por qué no? Se nota que no te estoy obligando, además.

Thomas pasó sus manos por mi espalda, me acarició despacio como quien acaricia a su amante la primera vez que hacen el amor. Me acarició suavemente, casi rosando con las yemas de sus dedos. Sus caricias me hacían estremecerme. Él tenía el poder de hacerme sentir de mil maneras distintas en cosas de segundos.

Permanecí besando su cuello despacio por un rato, cerré mis ojos suavemente y los abrí a la vez que ponía mi cara frente a la suya. Él me miró con los ojos brillantes y humedecidos, con los ojos llenos de fuego y pasión. Su mirada era penetrante como la de mi némesis Thomas, pero a su vez era una mirada sumamente frágil y débil como la de aquel Thomas que aparecía por debajo de su frialdad.

Él sonrió, y en respuesta a nuestra mirada me besó con ternura los labios. Sin mentir, puedo estar seguro de decir que ese fue el beso más significativo de toda mi vida. El beso que más disfruté, el menos esperado, el con más cosas que decir.

He besado de distintas maneras a lo largo de mi vida y creo que entiendo más o menos cómo funciona ese sistema de los besos. He besado torpemente, como lo hice con la primera persona con la que salí. He besado por cortesía, como he besado a las chicas que he llevado al baile o en la puerta de su casa luego de pasar una tarde juntos. He besado por estar tremendamente excitado, como lo hice alguna vez con la gente con la que me acosté. He besado a personas que me querían y yo no a ellas, he besado a gente que fingía estar conmigo. He besado a mi primer amor sin tener ni puta idea de lo que hacía, he besado sin razón, he besado porque sí. Y ahora que estoy pronto a cumplir treinta años, me he dado cuenta lo que realmente quiere decir un beso en sí, qué es lo que se debe sentir en realidad. Ahora cada vez que beso a Thomas, me doy cuenta de que por más que ames a una persona, te sentirás diferente respecto a cada día, sentirás algunas veces que besas a una roca, que besas a una doncella o que besas a un tipo cachondo que has conocido en un bar. No importa cómo me sienta cada día respecto a Thomas, porque cada vez que me detengo a pensar en cuánto lo amo, siento sus besos de una forma en la que nunca había sentido un beso antes. Un beso cálido, ardiente y tierno a la vez. Un beso que lo dice todo en el más exagerado silencio. Un beso desesperado, doloroso y sufrido. Un beso que te hace aferrarte, te hace tener miedo de perderlo todo, y te hace pensar que todo lo tienes. Todo se reduce a él.

Todo se reduce a Thomas, todos los sentimientos que alguna vez tuve y pensé que se aproximaban un poco al amor, todo lo que no pensé alguna vez, se reduce a una reflexión esta noche.