Hola! Me llevó mucho tiempo actualizar, pero finalmente lo hice. Espero que les guste este capitulo. Voy a estar esperando sus comentarios. Muchas gracias por leerme. Chao )


-¡Umi! –fue lo primero que la joven escuchó al regresar de Chizeta. Al mismo tiempo sentía como los brazos de Hikaru la rodeaban y se forzaba a mantener el equilibrio ante la efusividad de su amiga.

-¡Hikaru! –respondió alegremente –Tú siempre tan enérgica.

-Que gusto tenerte ya de vuelta –fue el saludo educado de Fuu –Espero que el viaje haya sido placentero.

-Lo fue, pero no tanto como ya estar acá. ¡Las eché mucho de menos!¡Tengo tanto que contarles!

-¿Y por qué no empiezas de una vez? –dijo la entusiasta Guerrera del Fuego.

-Aún no. Todavía no he terminado con mis deberes diplomáticos. ¿Además, supongo que piensas saludar a Caldina?

-Por no mencionar que hay que recibir a los embajadores y refugiados chizetanos –le recordó Fuu.

-¡Con tanta alegría de verte casi se me olvida!

-Hikaru... –su dos amigas rieron divertidas y la muchacha se apenó un poco.

-¿Y Gurú Clef y los demás?

-Ya no tardan –explicó la rubia –Estaban arreglando unos últimos detalles, pero vienen en camino.

-Veo que nos extrañabas¿no Umi? –la saludo Ferio, en un tono ligeramente retador, aunque feliz de verla.

-Tal vez mi joven rey, pero no se emocione su majestad, no se emocione –respondió ella en el mismo tono.

Los dos terminaron sonriendo, Hikaru riendo de buena gana y Fuu comentando como los dos no tenían remedio. Eso dio tiempo suficiente para que el mago y el resto de sus amigos cefirianos llegaran para recibir a los viajeros. Umi no pudo evitar sonreír al ver como Larfaga se colocaba casi en primera fila y buscaba a Caldina con la mirada, si bien se mantenía serio como siempre.

Por fin Caldina bajó de la nave seguida por sus compatriotas. Entre ella y la joven Guerrera del Agua se encargaron de las presentaciones y luego de los saludos y los agradecimientos por ambas partes, Ferio los condujo hasta el salón donde habría de desarrollarse la asamblea.

En tanto, Lantis y Ascot habían quedado a cargo de acomodar a la gente de Chizeta y las tres jóvenes amigas habían optado por ayudarlos con eso. Umi sabía que Varda y el príncipe no tendría problemas en la reunión, y en el remoto caso de que necesitaran ayuda para darse a entender, Caldina estaría allí con ellos.

Los días que transcurrieron fueron cansadores, pero alegres y llenos de satisfacción. Era claro que a los chizetanos les llevaría un buen tiempo adaptarse a su nuevo hogar, pero estaban realmente agradecidos por las mejoras en su vida y todas las atenciones que recibían por parte de los cefirianos y las tres niñas terrestres. Eso sólo provocó un deseo aún más grande de ayudar por parte de los anfitriones y que un joven rey se esforzara al máximo para que todo resultara conveniente tanto para sus súbditos como para los de Marcus.

Para enseñarles a usar sabiamente el poder de la voluntad había más de siete grupos de instructores, en uno de los cuales estaban las tres amigas, Presea y otros diez cefirianos, que con sus experiencias, tanto las buenas como las malas, contribuyeron a que aprendieran a usarla correctamente y sin peligro para nadie. Esas sesiones por lo general terminaban en un mar de risa entre los experimentos fallidos y accidentes inofensivos que ocurrían en ellas.

Umi se sentía más comprometida que nunca con esa gente y no conforme con todo lo que ya hacía para ayudarlos en su integración (ella sabía lo difícil que era adaptarse a un mundo extraño), estaba al tanto de todo lo que ocurría en las reuniones y más de alguna vez había ayudado a Ferio y Gurú Clef con los textos que ella misma había insistido en traer de Chizeta. No cabía duda de que apreciaban mucho el entusiasmo y valiosa asistencia que ella les daba, pero al ver como ella iba de un lado a otro y comenzaba a desgastarse con tanta actividad, el mago optó por hacerla parar. Como era de esperarse, ella no estuvo muy de acuerdo y en un principio se empecinó en seguir adelante con todo, eso hasta que Ferio y Alcar, preocupados por su salud, la amenazaron con ya no informarla de lo ocurrido durante las asambleas.

Resignada, "aceptó" los cuatro días de descanso (originalmente más, pero que se encargo de regatear con Gurú Clef) y Hikaru y Fuu se dedicaron a pasearla por los alrededores de castillo. El día era hermoso y soplaba una agradable brisa. Al llegar a un lago de aguas cristalinas donde podía oírse cantar a muchos tipos de aves, se sentaron a descansar y a hablar de muchas cosas, la conversación girando en torno a las vidas sentimentales de las jóvenes.

-¿Quién hubiera dicho que Lantis podía ser tan romántico? –sonrió Umi.

-Es un novio sumamente atento -continuó Fuu –Con todo esto el pobre ha estado lleno de trabajo, yendo de un poblado al otro, quedándose fuera varios días a veces, y así y todo se las arregló para darle a entender que pensaba en ella –Fuu se oía contenta para con su amiga.

-¿Quién como tú Hikaru? ¡Ya quisiera yo un hombre que llevara un cuaderno de anotaciones diarias acerca de mí!

-No te olvides de los versos –le recordó la rubia.

-¡Amigas ya paren! –la pobre estaba casi del color de su pelo.

-Pero Hikaru un hombre como Lantis no es para sentirse avergonzada.

-Cierto, yo diría que es motivo suficiente para celebrar.

-¡Y no me quejo! Todo lo contrario. Me encanta estar con él. Aunque yo no soy la única afortunada, ¿cierto Fuu? –se apresuró a cambiar el tema y había algo de picardía en su voz.

-Cierto, cierto... –comenzó Umi –Tengo que admitir que su majestad finalmente está aprendiendo a ser un caballero...

-¡Umi! El nunca me ha tratado mal.

-Ya lo sé pero a veces es un poco... eh... bruto –lo último fue dicho de forma casi inaudible.

-¡Umi! –corearon sus amigas.

-No quise decirlo así... es que... bueno tienes que admitir que la sutileza no es su fuerte... ¡aunque su tacto ha mejorado mucho! –se apresuró a agregar para que no creyeran que estaba en contra del joven rey.

Fuu sólo suspiró y soltó una risita. Sabía que su amiga no había intentado insultarlo.

-¿Interrumpo? –una voz masculina salió de entre los árboles y pronto pudieron ver a un joven rubio.

-¡Eagle! –fue la bienvenida a coro.

-También me alegro de verlas –dijo burlón.

-No. Por favor no mal entiendas –le rogó Umi –Siéntate.

-Gracias –le sonrió y tomo su lugar junto a ellas, en la orilla del lago –No te había visto desde que llegaste.

-Lo siento, no fue mi int...

-Descuida –la interrumpió –Sé que todas han estado ocupadas y tú más que ninguna.

-Tú también has hecho cosas, Eagle –reconoció Fuu –Todos estos días has estado ayudando a Ferio a distribuir a la gente según la población de las distintas aldeas y los recursos de la zona.

-¿Es cierto eso? –se interesó la peliazul.

-Sí –contestó Hikaru –Puede decirse que desde el mismo día en que tú y Caldina se fueron.

-Y Ferio está realmente agradecido por eso, por no decir impactado. Dijo que estaba impresionado por lo bien que supiste adaptar tus habilidades estratégicas a la situación y a las condiciones de Cefiro.

-¿En serio? –se sintió halagado.

-¿De qué hablan?

-De que a pesar de no ser nativo de este mundo con sólo ver los mapas que Gurú Clef, Ferio, Lantis y Larfaga revisaban supo lo que debía hacerse para trasladar y acomodar a todo esa gente y cómo –informó la guerrera de fuego.

-No quiere decir que ellos no hayan tenido idea de que hacer –se apresuró a defenderlos Fuu –Pero gracias a él los preparativos estuvieron listos más rápido.

-No es para tanto. Ellos ya tenían claro los sitios con las características necesarias para funcionar de albergue –admitió él.

-Sí –dijo Fuu –Pero Gurú Clef dijo que se hubieran demorado mucho más en trazar los planes y que las probabilidades de que surgieran problemas durante la marcha hubieran sido mayores.

-¡Vaya! No cabe duda de que llevas al comandante muy dentro de ti –comentó Umi –Auque la situación haya sido distinta, no creo que haya sido la primera vez que haces algo como eso, ¿o sí?

-La verdad no.

-Y hay que agregarle que los niños te adoran –ella sonrió como pocas veces la habían visto. Eagle parpadeó un par de veces y sus amigas tenían cara de no haber entendido de dónde había salido el comentario –Ya te he visto tres veces jugando con ellos en el jardín interior principal del palacio. Claro que muy a la rápida porque todas esas veces estuve corriendo.

-Así que sí eras tú –Hikaru y Fuu dirigieron sus miradas hacia él –Me parecía haberte visto, pero siempre desaparecías tan rápido que no estaba seguro.

-¿Y a qué jugaban? –preguntó Hikaru.

-De todo un poco, pero lo que más les gusta es jintentar atraparme, nada fácil por cierto –dijo con un dejo de orgullo.

-¡Me consta! –se rió Umi –El muy malvado se trepó a los árboles y se dedicó a hacer maniobras de evasión, piruetas y toda clase de cosas. Me extraña que los pobres no hayan terminado mareados –nada imaginárselo las tres se rieron y él simplemente sonrió.

-Bueno, pues como tú dijiste, llevo al militar muy adentro. No iba a dejar que unos niños me atraparan tan fácil.

En eso llegó Mokona y se encargó de poner de pie a las guerreras de fuego y el viento a punta de tirones y saltos (aunque hay que decir que casi no tenía fuerza y ellas se levantaron por buena voluntad). Era la hora de su clase a la gente de Chizeta que habitaba en el palacio y ella había ido para asegurarse que nos se les fuera a ir la hora con la tercera guerrera..

Umi por supuesto quiso ir con ellas, pero no la dejaron.

-Tú tienes que descansar –se empecinó Fuu.

-Pero...

-No insistas –siguió Hikaru –Además no puedes dejar solo a Eagle.

-Es cierto –él tenía los ojos cerrados en una actitud solemne –Sería una enorme falta de educación –y le guiñó el ojo a las otras dos.

Luego de que las otras se fueron, Umi empezó a murmurar cosas sobre conspiraciones en su contra y como nadie la respetaba, lo que provocó la risa, al principio muy suave y luego fuerte por parte Ealge. Como respuesta ella casi lo golpeó jugando, pero su mano fue inmediatamente detenida por la del comandante, quien comenzó a disculparse a toda velocidad, aunque con una cara increíblemente risueña. Eso bastó para que ella abandonara la actitud ofensiva y terminara perdonándolo.

Esos cuatro días se fueron principalmente así, en compañía del joven, en parte porque el resto de sus amigos mutuos estaban ocupados y ellos dos no, y por otra debido a la confianza que se tenían y lo bien que lo pasaban estando juntos. Se hizo muy común verlos a ambos rodeados de niños en los jardines del palacio, tanto chizetanos como cefirianos. La mayoría no había perdido las esperanzas de vencer al autozamita y muchos querían que la Guerrera Mágica del Agua les enseñara esgrima, a lo que ella terminó accediendo con gusto.

-¡No puedo más! –exclamó el joven cuando sus compañeros de juego se marcharon a sus clases u hogares. Se había dejado caer en el pasto y ahora estaba boca arriba mirando las copas de los árboles.

-¿Qué pasó, comandante? ¿Demasiado numerosos para un militar autozamita? –lo provocó ella.

-No tantos –su respiración era agitada –pero sí muy energéticos. ¿Qué les dan de comer? Apuesto que kilos y kilos de azúcar...

-Y lo dice un amante de los dulces –a sus oídos llegó su risa –Pero sí, simplemente no se cansan. Hoy sí que te hicieron correr. Por un momento creí que te atrapaban.

-No tan fácil.

-¿Estás bien? –se notaba algo preocupada.

-¿A qué viene esa pregunta? –sus ojos fueron del follaje hasta ella, ahora sentada a su lado, mirándolo.

-Eagle, te recuperas a una velocidad asombrosa y Gurú Clef dice que muy pronto estarás bien y en condiciones de regresar a tu hogar... pero aún falta para eso y no creo que sea muy conveniente que te canses así.

-Estoy bien, créeme.

-¿Seguro?

-Estoy cansado, pero dentro los límites normales. Si me sintiera mal, te aseguro que estaría en mi habitación y no aquí –y al ver que ella seguía preocupada –No soy tan irresponsable como crees –le guiñó el ojo y ella sonrió –Y hablando de no sobre exigirse –ágilmente se sentó y quedó frente a frente con ella –tú también tomate las cosas con calma.

-¿Eh?

-Entiendo que quieras ayudar a los chizetanos, todos lo hacemos, pero tienes que bajar el ritmo. No puede ser que siempre estés corriendo y de las tres guerreras mágicas que tanto me agradan seas la única a la que no veo.

-Sé que he andado como loca, pero es que en serio me preocupan.

-Créeme que lo saben y aprecian, pero tampoco quieren verte enferma o atrapada en la rutina. ¡Se supone que estás de vacaciones!

-Lo sé, intentaré clamarme –agachó la cabeza -¡Pero sigue sin gustarme que me hayan hecho parar de esta forma¡Miren que amenazarme!

-Agradece que no te amarraron.

-Gracioso –sus ojos fueron a dar con una especie de place metálica a un lado de Eagle -¿Qué es eso? –señalo el objeto.

-Ah, esto es... bueno...

Se acercó a ella de forma que ambos pudieran ver la tarjeta. Al principio ella no vio nada, pero pronto observó como unas imágenes comenzaban a tomar forma en ella.

-¡Ah!

Vio como una familia de tres personas aparecía y no tuvo muchos problemas para averiguar quienes eran.

-Eres tú con tus padres.

-Sí.

En la imagen salía un Eagle de no más de ocho años sonriente y con unos ojos que delataban su exceso de energía. Detrás de él estaban su padres sonrientes y encargándose de mantenerlo quieto. Si ella ya se había asombrado antes con el parecido con su padre, ahora le que quedaba claro que aparte de Zagato y Lantis nunca había visto hombres tan iguales. La única diferencia además del color de los ojos, era la forma del mentón, que en el caso del hijo era ligeramente más fino y claramente heredado de su madre. Umi se detuvo un largo rato en ver a la mujer al lado de Silver. Era hermosa. Tenía el pelo liso, castaño claro y un poco más arriba del hombro, piel muy clara y tersa, y unos ojos como ella sólo había visto en Eagle.

-Tienes los ojos y el mentón de tu madre.

-Eso dicen.

En eso la imagen cambió a una sólo de la madre de Eagle. Sonreía, no de la misma forma que su hijo, pero sus facciones mostraban una personalidad igual de cálida y amable.

-Es preciosa –dijo ella sin darse cuenta de haberlo hecho en voz alta.

-Sí... lo fue –Umi se volteó y se topó con sus ojos tristes. Al darse cuenta de que era observado, el joven cambió su expresión por una sonrisa, la que a pesar de ser tan agradable como las otras no se veía igual de sincera para los que lo conocían.

Con un suspiro inaudible, el comandante guardó su tesoro debajo de su ropa y se levantó para comenzara a estirarse. Umi también se puso de pie y se quedó observándolo.

-¿Quieres pastel? –atinó a decir después de un rato sin quitarle los ojos de encima.

-Me encantaría –y sin pensarlo se dirigieron a la cocina.

Allí estuvieron un buen rato haciendo bromas y ella preparó varios postres con su ayuda, auque en cierto momento tuvo que quitarle la mezcla de las manos para que él no se la comiera y casi terminó corriéndolo del lugar. Cuando finalmente todo estuvo listo, Eagle no cabía en sí de felicidad y Umi tuvo que aguantar la risa por lo infantil que podía llegar a ser cuando había comida de por medio "Hombre. Lo traiciona su estomago"

Ya iban de vuelta a los jardines, cuando Umi nombró a alguien sin motivo.

-Gurú Clef.

-¿Eh? ¿Dónde?

Ella respiró hondo antes de volver a hablar –Me dijiste que cuando estuviera lista y necesitara alguien con quién hablar podía decírtelo. Gurú Clef –y siguió caminando sin esperarlo.

Al autozamita le tomó unos segundos procesar la información que acababa de recibir, pero cuando lo hizo la primera reacción fue de sorpresa, notoriamente reflejada en sus ojos y luego de comprensión y agrado. Se sentía realmente halagado por la confianza que ella acababa de demostrarle y sin perder más tiempo fue a alcanzarla.