Disclaimer: Los personajes de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer y esta trama acontent1. Yo solo traduzco con su autorización.
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Ella se sienta sola, con la mirada perdida
Tiene el rostro de una Madre
¿En qué se equivocó? La batalla terminó
Que el Señor ayude a este roto hogar
Hey, madre, padre, hermana
Hey, vuelvan, intentándolo, creyendo
Hey, madre, padre, soñador
¿Que no saben que estoy vivo por ustedes?
Soy su séptimo hijo
Y cuando el resplandor llegue a la familia
Tengan fe, crean.
(Journey – Mother, Father)
Capítulo ocho
EPOV
Félix nos dirigió por varios pasillos y por un comedor lujosamente ambientado antes de llegar a un rincón aislado. Tuvimos que pasar por dos hombres que mantenían guardia en la puerta para entrar. Ni bien Bella vio a su "mamá", echó a correr, casi embistiendo a la alta mujer rubia que se ponía de pie. Irina Rossi era una mujer hermosa, pero no tenía nada en comparación con la mujer que ella aclamaba como hija. Escuché suspirar a Félix detrás de mí mientras Bella e Irina se abrazaban, pero nunca comentó nada. Me había estado observando desde que bajé de la limosina, y se me había hecho difícil no devolverle la mirada.
Bella e Irina estaban hablando fluidamente en italiano, las lágrimas caían por sus rostros. Era difícil negar que ellas se amaran por la forma en que se aferraban. Félix, que había ido hacia ellas, adoptó una mirada sufrida y sacó un pañuelo de su bolsillo, pasándolo por el rostro de ellas. Era una escena cariñosa que hizo retorcer mi estómago.
Sorprendida por la acción de su padre, Bella me miró y se acercó para tomar mi mano.
—Mamá, él es Cole —dijo Bella, sonriendo. Sus grandes ojos marrones brillaron con lágrimas contenidas, haciéndolos más hermosos.
Girando hacia Irina, asentí respetuosamente hacia ella, tomando su mano y llevándola hacia mis labios para besar sus nudillos. Escuchando un murmullo suave de Félix, elegí ignorar su advertencia y hablé a su mujer.
—Sra. Rossi, es un placer conocerla.
—Igualmente, joven. —Ella entrecerró sus ojos solamente un poco hacia mí mientras la soltaba, pero Bella lo notó.
—Mamá, Papi ya ha sido grosero. Llevó a Alec y los otros a mi habitación actuando amenazantes. No comiences —dijo ella con tono grave incluso aunque estaba aferrada a la mano de su madre como si fuera un salvavidas. Parecía ser que los Rossi eran francos el uno con el otro.
—Solo me aseguro que él sepa lo mucho que significas para nosotros. Por cierto, buena reacción, jovencito. No te echaste para atrás, pero fuiste respetuoso al mismo tiempo. Los otros chicos que intentaron ganarse a mi Isabella actuaron como niños malcriados, saliendo corriendo con la cola entre sus piernas a la primera señal de dificultad. Félix, deja de fulminarlo con la mirada, o te recordaré cómo reaccionó mi padre contigo la primera vez.
Bella puso los ojos en blanco hacia su madre, pero finalmente lo dejó pasar, permitiéndome sostener una silla para ella. No se pasó por alto que Félix había hecho lo mismo con su esposa. Ni bien me senté, Bella tomó mi mano debajo de la mesa, enlazando nuestros dedos. Ella estaba temblando.
Los próximos minutos pasaron con el camarero mostrándole la lista de vinos a Félix antes de anunciar las especialidades del chef del día. Mientras Irina ponía al día a Bella sobre sus primos, Félix y yo nos mantuvimos en silencio. Fue solo cuando el vino tinto había sido servido que Irina puso su atención sobre mí.
—Así que, Cole, cuéntame sobre ti.
—Mamá…
Di un suave apretón a la mano de Bella.
—Está bien. —Sostuvo su mirada en mí por un momento largo. Sonriendo suavemente, respondí a su madre—. Estoy aquí para pre-médico…
Mi historia inventada salió de mis labios con facilidad. Cuando Félix me preguntó sobre mis padres en profundidad, solo pude esperar que Jake haya hecho un buen trabajo, porque no había duda que iba a ser investigado. Ya sea si él sospechaba que yo no era quién decía ser, o solo era un padre sobreprotector, quedaba por ver.
Nuestro almuerzo llegó, y apenas había tomado un bocado de mi filete antes que Irina comenzara con Bella.
—Isabella, sabes que tu padre y yo solo queremos lo mejor para ti. Me mató darme cuenta que te habías ido esa mañana sin decir adiós. —Ella posó ambas manos sobre su corazón, grandes lágrimas llenaron sus ojos. Su culpabilidad maternal era tan buena como los que había recibido de Esme.
Bella lo llevó como un campeón, incluso si varias lágrimas comenzaron a rodar por su rostro.
—No me hubieras dejado ir sin otra pelea.
—Porque deberías estar en casa ahora, yendo a la Universidad de Milán —murmuró Félix.
—Ven, es por eso de allí de lo que hablo —dijo Bella, dejando caer su tenedor con fuerza en su plato—. Díganme algo. ¿Qué hice de malo al registrarme aquí? ¿Además de no ir a un lugar que no hayan aprobado primero? Saqué excelentes notas en el colegio, nunca les di problemas, hice todo lo que me pidieron. No puedo entender por qué están tan en contra de que esté aquí.
Ella se hizo hacia atrás abruptamente, cruzándose de brazos defensivamente. Félix se mantuvo en silencio ante su descargo, mientras que los labios de su madre se movían sin hacer sonido.
—No se te ocurre razón alguna, ¿no Papi? Ninguna. Siempre he sido buena, y la única cosa que hago sin su opinión fue esto. Ya saben que planeo volver al negocio familiar después, pero no, también quieren controlar esto.
Ella llevó su mirada hacia mí.
—E intentan eliminar cualquiera que ven como una amenaza.
Oh Dios, si no tenía razón ella, pero en el contexto equivocado. No vio los ojos de Félix ensancharse ligeramente, pero yo sí.
Félix comenzó a hablar, peri Irina posó su delicada mano sobre su garra, dándole unas palmaditas. Intercambiaron una mirada entre ellos antes que Irina hable.
—Isabella, cariño, no te voy a mentir y decir que estoy feliz de que estés aquí, pero comencé mal esta conversación, y no quiero que se convierta en una pelea. Tu padre y yo tuvimos una larga discusión anoche después que volviera de tu dormitorio. —El rostro de Félix era estoico, y yo pensaba que fue menos una discusión y más un monólogo de Irina—. No queremos que nos evites, o nuestras llamadas, así que si apoyarte en esto es lo que se necesita, lo haremos.
El rostro de Bella se iluminó, mientras que el de Félix se ensombreció.
—¿En serio? —Su voz era chillante y rápida.
Los labios de Irina se arquearon a un lado mientras intentaba no llorar.
—Sí.
Bella chilló, corriendo de su silla y hacia su madre para darle un gran abrazo. Entonces, de repente, se lanzó al regazo de su padre, besando su rostro. Él cedió ante la alegría de ella, sonriendo ampliamente ante el entusiasmo de su hija.
—¿No más interferencias? —le preguntó.
Él exhaló fuertemente, cosa que hizo mover el cabello de ella.
—Lo…intentaré.
Sus palabras la hicieron reír. Girándose hacia mí, ella explicó.
—Si solo hubiera dicho que sí, no le hubiera creído. —Su sonrisa era contagiosa, incluso si Félix lucía angustiado.
—¿Y Cole? —preguntó ella, tomando el rostro de su padre en sus manos así podía enfocarse en ella.
Juro que lo escuché gruñir antes que bufe:
—Lo intentaré.
Bella entrecerró sus ojos hacia él. Era una escena que parecía el enfrentamiento de David y Goliat.
—Dije que lo iba a intentar —gruñó—. Es lo mejor que obtendrás de mí ahora mismo.
Ella dio unas palmadas a su rostro suavemente.
—Gracias, Papi.
El rostro de Félix se ablandó. Él era un hombre irrevocablemente enamorado de su hija, y se inclinó para besar su frente suavemente antes de jalarla en un abrazo.
Me pregunté cuántas personas planeaba dejar Félix observando a Bella y yo. Ciertamente la concesión no había sido la que quiso hacer. Probablemente iba a ser más complicado seguir con mi mentira.
El resto del almuerzo pasó sin problemas. Bella y sus padres hablaron sobre casa, Bella se aseguró que yo estuviera incluido en la conversación. Irina incluso me detalló sobre la infancia de Bella, contándome historias adorables de Bella como una niña y su falta de coordinación.
—¡Eso fue antes que comenzara a jugar futbol! —se defendió Bella, hasta que alcé una ceja hacia ella. Entonces, ella sonrió socarronamente—. Choqué contra Cole. Así fue como nos conocimos.
Ante la curiosidad de su madre, Bella le contó la historia. Una que estuve seguro que su padre ya había escuchado con detalles.
—Esa es mi bebé. Encuentra el hombre más apuesto cercano y hace una gran entrada —bromeó Irina.
Creo que me sonrojé, y la risa de Bella obviamente me hizo querer. Si Félix no hubiera seguido observando, hubiera sido un final decente del almuerzo. Como era, vi a Bella dejando su servilleta con cuidado sobre el plato después de que lo había usado para secar sus ojos.
—Vamos a estar aquí por dos días más antes de dirigirnos hacia Nueva York. ¿Cole y tú volverán mañana? —preguntó Cole.
—¿Por qué no vienen al campus mejor? Saldré de mi primer día de clases a las tres. Así pueden ver dónde vivo, y yo puedo darles un tour —sugirió Bella mientras Félix firmaba por la comida.
Irina miró hacia su esposo mientras se ponían de pie para acompañarnos hacia afuera.
—Creo que eso sería encantador.
Los hombres que estaban parados ante la puerta se ubicaron detrás de nosotros mientras nos encaminábamos hacia la entrada, dónde el coche negro esperaba. Hice una mueca para ver que Alec estaba conduciendo esta vez.
—¿Prometen venir? —Bella rogó mientras Alec se deslizaba en el asiento del conductor y otro de los hombres abría la puerta del coche.
—Es una cita. —Sonrió Irina mientras asentía su cabeza.
—Te amo, mamá —dijo suavemente Bella, dándole un abrazo fuerte a Irina—. Gracias. —Bella le dio un apretón extra.
Irina intentaba no sollozar.
—También te amo, cariño.
—Te amo, Papi. —Bella se puso de puntitas de pie para abrazar el cuello de su padre, y Félix la alzó en un abrazo de oso enorme.
Me recordaba a cómo Emmett solía bromear con Alice y una sombra pasó por mi corazón. De repente estaba nervioso y sentí como si me estuvieran observando. ¿Ciertamente los Rossi no harían algo tan estúpido a la luz del día? Ignorando la intenta necesidad de girar y analizar el área, observé mientras Félix sostenía a Bella, meciéndola ligeramente. Bella se ubicó a mi lado ni bien la dejó libre.
—También te amo, princesa. Te veremos mañana. —Realmente sonrió, y lo hizo lucir años más joven.
Mientras Bella subía al coche, ofrecí mi mano hacia él.
—Sr. Rossi, fue un placer. —Esta vez, al menos no dio un apretón tan fuerte.
—Sra. Rossi. —Asentí hacia ella respetuosamente y me gané una sonrisa tímida.
—¡Los amo! —gritó Isabella otra vez mientras la puerta comenzaba a cerrarse.
Entonces, se desató el infierno mientras balas rompían el silencio, los eventos se desarrollaron en cámara lenta.
Félix giró hacia atrás mientras sus guardaespaldas comenzaban a gritar órdenes. Los gritos de Bella se unieron a los de Irina, pero la voz de su madre fue silenciada mientras su pecho estallaba en chorros rojos. Mientras caía al suelo, los hombres alrededor sacaron armas, apuntando al otro lado de la calle, y el hombre que nos había apresurado al coche, golpeó su mano contra el techo. Alec puso en marcha el Maybach, incluso mientras balas atravesaban el parabrisas, haciéndolo pedazos.
Mientras Alec intentaba evadir ser chocado por el tráfico en el que nos había metido, Bella intentaba moverse por encima de mí, intentando llegar a la puerta y a sus padres. Gritaba por su madre y padre, rogando que Alec se detuviera, que volviera. Aterrado que ella fuera a ser baleada que seguían llegando, la empujé hacia el suelo, protegiéndola con mi cuerpo.
—¡Alec, te ordeno que vuelvas! —Sus palabras eran ahogadas por el chirrido de gomas y retumbe de bocinas.
—Lo siento, Isabella.
Él lo dijo en italiano, pero lo entendí.
—¡Alec! —sollozó ella.
Ella era tan pequeña y estaba tan asustada, y esto solo iba a ponerse peor. Probablemente no lo haya procesado todavía, pero no había forma de que su madre haya sobrevivido esas balas al pecho.
—Nena, aguanta. Él intenta ponernos a salvo.
—Mi papá y mamá. —Sus palabras eran tan pequeñas.
—Los hombres de tu padre estaban a su alrededor, Bella. Solo vamos a molestar.
Un golpe fuerte envió al coche hacia un lado, y Alec maldijo mientras el sonido de más balas golpeaba el coche por detrás. El chirrido de gomas precipitó otro golpe directo y el vehículo se hizo hacia un lado otra vez. Levantándome lo suficiente como para ver por encima del asiento trasero, vi una furgoneta siguiéndonos. Alguien estaba determinado a llegar a Bella.
A la mierda con esto. Tomé mi reloj, iniciando una alerta de emergencia.
—Alec, ¿tienes un arma?
—¡¿Qué?! —jadeó, entonces maldijo fuertemente mientras más balas golpeaban. Le habían dado.
Me senté, inclinando sobre el asiento delantero. No debería haberlo hecho, porque el siguiente impacto me hizo tambalearme de costado, golpeándome la cabeza contra el metal. Bella gritó, y vi estrellas. Sintiendo el flujo caliente de sangre correr por mi rostro, lo limpié. Alec estaba peor. Había visto algo de sangre por la parte frontal.
—Un arma. Dame un arma así puedo sacarnos de aquí.
—Niño, serías más peligroso que ellos con una. —Levantó su vista hacia el espejo retrovisor y gritó—. ¡Agáchate!
La ventana trasera estalló sobre mí, y sentí pedazos de vidrio por todos lados. Bella, gracias a Dios, seguía totalmente protegida por mi posición. Me quité la chaqueta, incluso aunque Alec tomó una curva a una velocidad peligrosamente alta, y la lancé sobre el rostro de Bella para evitar que se lastimara con el vidrio.
—Alec. ¡Dame un arma! —Ya se había ido mi voz de chico universitario. Había comenzado el juego. Alguien intentaba matar a Bella, y ya que sabía que el FBI no era tan estúpido, significaba que otro enemigo había aparecido. Íbamos a morir si no hacíamos algo.
Algo en mi voz debió haber mostrado el cambio, porque Alec miró hacia atrás a través del vidrio, sus ojos sorprendidos. Él extendió una Glock por encima del separador mientras tomaba otra curva. Desafortunadamente, la furgoneta que nos perseguía nos golpeó en ese momento, y el impulso hizo dar vuelta el coche.
El chirrido de metal golpeando el pavimento, vidrios quebrándose, y más balas llenaron el aire mientras Bella y yo salíamos volando.
