CONOCIENDOSE PLENAMENTE
Korra había perdido la conciencia. Sus ojos azules se abrían lentamente, todo estaba borroso. Sus ligeros gemidos somnolientos eran causados por no poder mover ni un solo músculo, pareciese que le pesaba el cuerpo. Sentía la pequeña brisa que colaba por las persianas, al poder mover sus manos, sintió una suave tela. Un recuerdo de ver un lobo negro llegó a su mente; tan hermoso pelaje y ojos que en el fondo pedía que fuese real.
— ¿Dónde estoy? —se sentó para observar mejor la habitación, pero en realidad era una recamara grande y lujosa. Chasqueó la lengua un par de veces—. ¡Ah!
— ¿¡Qué sucede!? —la misma chica que había visto en aquel lugar, la de la nota, estaba a su lado, acostada bajo las sábanas, pero eso no fue lo que la hizo gritar.
— ¿¡Dónde está mi ropa!? ¡Eres una depravada! —se llevó una mano a su entrepierna y la otra cubriendo sus pechos, la vergüenza la invadió.
Al observar mejor a la joven a su lado, notó que estaba en igual de condiciones, por lo que llevó ambas manos a su rostro tapando la vista, olvidando su desnudo cuerpo. Hizo lo que jamás pensó hacer; se paró de la cama y tomó su forma bestial, para así cubrir su desnudez. Se quedó arrinconada en el piso, tapándose el rostro con sus patas delanteras, haciendo pequeños gemidos de vergüenza ante la situación en la que se encontraba.
Asami alzó una de sus cejas acercándose al borde la cama, cerca de la morena ya en su forma bestial. Era tan linda la forma de bolita en la que se encontraba, por lo que se sonrojo ligeramente con una gran sonrisa. No dijo nada la contraria solo se quedó observando lo adorable de su pareja. Anteriormente se veía tan ruda. Llevó una de sus manos intentando acariciarle por detrás de las orejas, la loba castaña se tapó el rostro, pero supo que le gustaba la caricia por la forma en que movía la cola.
—Eres tan linda —Asami le había dado algún somnífero que logró hacer que se desmayara por dos horas.
Aprovechó que no estaban sus padres y la trajo a su casa con facilidad, con ayuda de su prima, cuando ésta se fue a dejar a su amigo quien también se había desmayado, aprovechó para desnudarla.
Esta loca, ésta chica está loca. Asami se mordió el labio riendo un poco. Podía escuchar sus pensamientos claramente, cuando se refería a ella, eso se debía a causa de que eran pareja y era una forma en que mutuamente podían comunicarse los lobos para ayudarse; en una familia o amigos muy cercanos. Sus pensamientos eran claros, suaves y su voz tranquilizante.
Asami le acariciaba de forma un tanto erótica, que podía sentir el temblor de la loba. No escuchaba queja alguna por lo que proseguía mientras se levantaba lentamente de la cama para estar a su lado, lo cual hizo, se arrodilló a la par de la loba sin importarle su desnudez, al cabo de que era su pareja y no debían tener vergüenza entre ellas.
— Korra, no tengas miedo de intimar conmigo —le abrazó rodeando con sus brazos el cuello de la loba y, entendiendo lo que decía la contraria, la loba castaña comenzó a incomodarse y removerse en los brazos de la fémina.
Lo había dicho tan natural que asustó a la castaña, pero la pelinegra era muy fuerte aun en su forma humana. Quería pararse e huir, pero no podía, sus patas traseras se empujaban hacía adelante para poder levantarse, pero era imposible, la chica era muy fuerte. En un intento desesperado, tomó fuerza lanzando a la fémina al aire, casi pegando al techo, pero aquella se transformó en el aire en el lobo que había soñado. Debía ser buena en todo o al menos tener el don de la licantropía por mucho tiempo, como para llegar a transformarse de esa forma; rápida, genial y a la vez de miedo. Korra se asustó aún más, por cómo le miraba la loba de pelaje negro, no era amenazante, pero algo le decía que tenía que estarse quieta, si no, estaría en problemas. Sus orejas caídas decían que estaba indefensa, sin intención de atacarle.
La loba negra fue acercándose lentamente, haciendo sonar sus garras en el piso. Al llegar junto a Korra, se agachó a la altura dándole pequeñas caricias, queriéndola hacer sentir más confiada y segura con ella. Al principio se sintió mal por no ser correspondida, incluso paro de hacerlo, pero no fue hasta que la loba castaña comenzó a acercarse más y comenzar con lindos e íntimos mimos que Asami recibía gustosa.
Al paso del tiempo comenzaron a jugar como unos cachorros dentro de la habitación, haciendo destrozos y mordiendo las sábanas, mientras hacían eso una mucama que había escuchado los ruidos entró, pero después cerró la puerta como si no hubiese visto nada, sabía que los señores de la casa eran de esa "forma", pero no quería limpiar aquel desorden. Se comenzaron a echar encima de la otra, tomando demasiado impulso como para llevársela consigo unos metros rodando por el suelo.
—Asami… ¿qué crees? Te llevaré a… ¿¡Pero qué…!? —la madre de Asami abrió la puerta con una sonrisa, pero al ver a aquellas lobas en "posición" en donde Korra le mordía el cuello sin llegar a lastimar a Asami, estando encima de la misma, hizo que la mujer lamentara haber entrado a la habitación.
Además de los destrozos, lo que le preocupaba era que Hiroshi las viese así. Quiso pasar de desapercibida, pero era demasiado tarde. Ambas lobas le miraron parando de hacer lo que hacían, pero sin moverse de la posición en la que estaban, solo levantando sus orejas en señal de que la habían escuchado.
—Le diré a tu padre que se nos olvidó el pan en la tienda —cerró la puerta lentamente, incomoda por lo que había visto, pensando que su hija se estaba apareando en esos momentos.
Cuando vieron que se retiraba, Korra se quitó de encima alejándose unos pasos de la contraria volviendo a apenarse, pero la loba negra se levantó acercándose nuevamente y echándose encima de ella, comenzando a jugar de nuevo, tratando de levantarle los ánimos, pues se la estaban pasando bien. Esta vez, aprovechó la cercanía que tenían ambas para darle toque más… provocativos que llamaron rápidamente la atención de la castaña, viéndola con sus ojos mar, queriendo descifrar lo que se proponía. Calmaron los movimientos, cada músculo de sus cuerpos no se movió ante las miradas que se lanzaban la una a la otra estando tan cerca. Esta vez Asami estaba encima con la morena boca arriba.
Korra comenzaba a aceptarla como su pareja, comprendiendo porque se comportaba así con ella. Sus ojos se movían de un extremo a otro, tratando de saber que sucedía, de pronto y sin ninguna razón que fuera capaz de razonar sus corazones se aceleraron al mismo tiempo y ninguno, esmeralda y mar, querían dejar de mirarse. Tenían la sensación de que si lo hacían, jamás se volverían a juntar.
Korra…
Asami…
En el momento que los ojos mar se iluminaron, tomaron más forma humana, las pupilas cambiaron drásticamente y, sin darse cuenta, Asami ya estaba encima de la forma humana de su pareja, nuevamente desnuda. Con la sensación de que podría aplastarla usó la fuerza de sus patas para levantarse del cuerpo de abajo, antes de que su forma bestial la asfixiara. La morena solo se le quedó viendo como si estuviera recordando todo y a la vez con una ligera sonrisa plasmada en su rostro. Sus manos tocaron el rostro de la loba, con tal delicadeza solo para volver a sentir la suavidad de su pelaje, como aquella noche.
Tampoco Korra se dio cuenta cuando Asami había regresado a su forma humana, estaban perdidas en los ojos de la otra queriéndose hundir en los mismos. La pelinegra se dejó caer con suavidad en el cuerpo de abajo, subiendo uno de sus muslos hasta el vientre de la morena; aquel que estaba marcado, tal vez por intensos entrenamientos o ejercicios que se dedicaba a hacer.
No sabían en que momento habían comenzado a tocarse y darse aquellos besos pasionales. El cuerpo desnudo de la CEO sentía las manos atrevidas de su compañera, éstas se paseaban por su espalda, esas manos que, con tal delicadeza le hacían sentir una pieza de la más fina porcelana, que con el menor error se rompería. Su piel se erizó al momento de sentir una en su muslo y otra en su trasero; fue apretado, rompiendo el silencio que invadía la habitación con el pequeño gemido que salió de sus labios, cerrando sus ojos y dejándose llevar por el momento.
Ese pequeño gemido resonó en la cabeza de la morena miles de veces. Su respiración se agitó de tal forma que sentía su vientre subir y bajar con rapidez, no se pudo controlar y volvió a reclamar esos labios carmín de su pareja, mordiendo con suavidad su labio inferior. Aun estando en su forma humana sus oídos captaron el sonido de un disparo…y eran a su dirección. Dejó los labios de Asami echando su cabeza más hacía atrás reaccionando rápidamente en quitar a la CEO de encima, arrojándola a la cama con sus piernas mientras se levantaba rápidamente del suelo, esquivando la bala que iba directo a su cabeza. El gritillo que pegó por ver la bala no se escuchó, pero una pequeña lluvia de las mismas rompiendo el cristal del ventanal llegaron a la dirección de sus pies, causando que diera pasos hacia atrás, casi resbalando por la cera del piso, rápidamente hasta que su espalda pegó contra la pared. Eran dardos tranquilizantes y disparados con silenciadores, que bueno que la morena tenía la audición perfectamente desarrollada. Sus piernas habían quedado un poco abiertas y sus brazos estirados a cada lado. Prácticamente una lluvia de tranquilizantes hicieron su figura en la puerta, pero sin que ninguno de ellos llegase a tocarla.
Entre las sábanas y enrollada, salió una Asami enfadada. Su padre no le había quitado la seguridad de encima. Le tenía que poner un alto a su padre ya, antes de que la siga viendo como si fuera una niña pequeña, ahora tenía pareja y su padre trataba de secuestrarla, pero no lo permitiría, ya no dejaría que su padre se interpusiera.
Intentaré ponerlos más largos, siento la espera :3
