¿Qué tal? Aquí me teneis otra vez. ¿Rápido, eh? Pues si, vuestro reviews me han animado un montón y me han entrado ganas de escribir y escribir. Este cap. es algo más corto pero bueno recompensa el poco tiempo en actualizar, ¿no? :)
Pues aquí teneis, otro cap. más de mi humilde historia.
Gracias por hacer esto posible, oskm ;)
Disfrutad, un bezazo JE-Lulu-DH
Capitulo VIII: Lazos de sangre
Hermione disfrutaba de un tranquilo baño en la enorme bañera de su solitaria habitación. Tenía la ventana abierta ya que era una noche bastante calurosa. Reposaba su nuca sobre el frío mármol de la bañera mientras se dejaba relajar por la espuma. Esto si que es paz pensó mientras cerraba los ojos y se dejaba resbalar un poco. Por fin dedicaba un momento a dejar la mente en blanco y a cuidarse. Pero una pícara sonrisa irrumpió en su mente. Abrió los ojos rapidamente. ¿Había pasado? No, no era posible. Hermione miró hacia un lado y vió su reflejo en un espejo. Vió una cara de preocupación. Aquello no tenía que haber pasado. ¿Qué significaba? Hermione negó quitándole importancia, quizás sólo había sido porque ultimamente pasaba más tiempo con él y porque la sacaba de quicio, si sería por eso, se convenció a sí misma.
Draco llegó volando precipitadamente hacia su destino. Echó una rápida mirada hacia atrás. Se había escaqueado de uno de los entrenamientos de Quidditch y no estaba seguro de las consecuencias que eso tendría. Aunque ya tendría tiempo de preocuparse de eso. Se subió al alféizar de la ventana con un pergamino en la mano. Agachó la cabeza y entró en la estancia de la forma más cómda que su estatura le permitió. Alzó esos fríos ojos y se quedó paralizado al ver lo que estos le mostraban: Hermione, desnuda, bañandose y con los ojos cerrados. Se quedó así, observándola, unos instantes que se hicieron bastante largos. Luego adoptó una postura más propia de él subiendo un pie al alféizar mientras rodeaba sus rodillas con sus brazos. Miró hacia sus uñas aparentemente indiferente.
- Por más que te laves no conseguirás quitar tu suciedad de encima, Granger -soltó con su habitual desdén- Asúmelo -le aconsejó dejando ver media sonrisa-.
Hermione soltó un gritito sobresaltándose. Se incorporó en la bañera y le vió. Ahí estaba, sentado en la ventana como si nada. Por unos instantes creyó que era una alucinación aunque cuando esos gélidos ojos se encontraron con los suyos supo que no era así. Rápidamente se dispuso a taparse todo lo que podía sumergiéndose bajo la espuma.
- ¿¡Qué haces aquí?! -gritó con los ojos bastante sacados de sus órbitas-.
- Te echaba de menos -dijo el rubio con una sonrisa muy típica de él-.
Hermione frunció el ceño totalmente contrariada.
- Y te lo crees -el Slytherin soltó una carcajada- Más quisieras, sangresucia.
Hermione le fulminó con la mirada.
- ¡Sal de aquí! ¡No estoy para tus bromitas, Malfoy! -Hermione comenzaba a ruborizarse e intentó tapar todo lo que estaba a su alcance-.
El rubio se levantó de la ventana caminando hacia la bañera.
- Mira, Granger -se acercaba lentamente- Si he venido es para darte esto -tendió el pergamino que tenía en su mano-.
Hermione bajó la vista hacia este. Indentificó al segundo esa estilizada caligrafía.
- ¿Dumbledore? -preguntó volviendo a mirarle- ¿Ya vamos a mezclar la sangre?
- Eso parece -contestó el Slytherin guardándose el pergamino en el bolsillo de la túnica. Se agachó, sin dejar de mirarla, hasta quedar cara a cara con ella- Sólo te voy a decir una cosa, Granger -le lanzó una mirada que haría retroceder a más de uno- No voy a permitir que la gente se entere de esto, así que ya puedes mantener el pico bien cerrado -le advirtió-.
Hermione asintió nerviosa. Respiraba con agitación. El rubio estaba demasiado cerca más aún cuando ella estaba desnuda.
- Está bien, pero lárgate -accedió-.
- Vaya, qué gran hospitalidad -dijo con ironía mientras bajaba descaradamente la mirada hacia el agua. Alargó una mano y se atrevió a tocar el agua con un dedo. Alzó la mirada hacia la castaña que parecía tener el pelo de Ron en la cara- No te preocupes, tampoco hay mucho que ver -soltó con malicia mientras se levantaba y se acercaba a la ventana de nuevo-.
- Mañana a las doce, te espero en la esquina de la otra noche -la dijo antes de desaparecer volando tras la ventana-.
oOoOoOoOoOoOo
Hermione no había dormido en toda la noche y sus amigos se percataron de ello en cuanto bajó por las escaleras en busca de su encuentro.
- Qué mal aspecto tienes -soltó como "buenos días" el simpático Ron mirándola con una gesto de preocupación-.
- Muchas gracias, Ronald -dijo irónicamente la castaña acercándose al retrato, dispuesta a salir de la Sala Común- Tú también te ves espléndido.
Harry sonrió siguiendo a sus amigos hasta la clase de Transformaciones que les esperaba esa mañana. Dos interminables horas con McGonagall, que hasta a la mismísima Hermione se le hacían pesadas. Como era de esperar la jefa de Gryffindor no se recató a la hora de mandar deberes. Lo bueno era que en esa mañana sólo tenían esa clase.
Llegaron las doce y Hermione se dirigió hacia la, ya famosa, esquina donde había quedado con Malfoy. Al llegar encontró al rubio apoyado en esta y mirando hacia un lado algo nervioso.
- No me gusta que me hagan esperar, Granger -dijo de mala gana cuando la castaña llegó a su lado- Menos aún cuando estoy en territorio Gryffindor.
- No te preocupes, los Gryffindorianos no atropellamos a golpes al primero que pasa -dijo con cierto rintintín mientras seguía al rubio por los pasillos- No somos como vosotros -aseguró-.
Draco no contestó y se limitó a seguir con su camino lo más alejado posible de la castaña. Hermione frunció el ceño al ver el camino que tomaba este.
- ¿No vamos al despacho de Dumbledore? -preguntó extrañada-.
- No, ese viejo chiflado dijo que fuéramos directamente a la enfermería -explicó-.
Hermione asintió y a los pocos minutos estaban a las puertas de la enfermería. Entraron. Draco primero y Hermione después.
- Supongo que vosotros sereis los de la sangre, ¿no? -dijo una rechoncha mujer con unos pequeños ojos escondidos tras unas enormes gafas, mientras los examinaba de arriba a abajo- Vamos, no hay tiempo que perder.
Otra enfermera sonreía a ambos. Esta era delgada y bastante atractiva. Ambas enfermera con batas blancas y fichas en sus manos.
La delgada se acercó hasta Hermione y le indicó que se sentara en una camilla sin quitar su sonrisa.
- Ven, linda, siéntate -la dijo mientras la Gryffindor lo hacía-.
La otra enfermera cogió bruscamente del brazo al Slytherin e hizo que se sentara en la camilla.
- Nombre completo -exigió rápidamente sacando su hoja-.
- Draco Lucius Malfoy -contestó el rubio mientras miraba a la otra enfermera, que hacía lo mismo con Hermione, sólo que con una sonrisa-.
- Hermione Jean Granger -contestó la castaña a la simpática enfermera-.
- ¿Cuándo nacistes, querida? -preguntó la joven con dulzura a Hermione mientras la otra enfermera lo hacía con Draco-.
- El 19 de Septiembre de 1980 -contestó Hermione mientras miraba la caligrafía de la mujer que tenía enfrente-.
- 5 de Junio de 1980 -respondió en la otra camilla el rubio-.
- Tipo de sangre -exigió la enfermera a Draco con poco tacto-.
- Sange pura -dijo con suficiencia el Malfoy dirigiendo una mirada de superioridad a la castaña-.
- Hija de muggles -contestó la castaña percatándose de la mirada del rubio-.
- Perfecto -dijo con un tono amable la enfermera de Hermione mientras guardaba la ficha, al igual que su compañera-.
Ambas se acercaron a un carrito donde había unas jeringillas. La de Hermione la cogió con delicadeza y la ajustó bien. La de Draco la cogió bruscamente y se aseguró de que la aguja pinchara bien. Draco tragó en seco y Hermione se contuvo una carcajada. Las enfermeras se acercaron a sus respectivos pacientes.
- Tranquila, no duele mucho -le alentó la enfermera a Hermione-.
- Venga, chico, que no tengo todo el día -dijo la de Draco cogiéndole del brazo y remangándole la manga de la camisa hasta el hombro-.
Draco miró desconfiado a la enfermera dudando seriamente que viera algo por esas gafas. La aguja de la jeringa se clavó profundamente en el hombro de Draco con un rápido movimiento.
- ¡Auch! ¡Tenga más cuidado, señora! -se quejó el Slytherin mientras notaba cómo la sangre salía de sus venas y subía por el tubito-.
- ¡Pamplinas! ¡Estos jovenes se quejan por nada! ¡Si tuvierais que sufrir lo que en nuestros tiempos se sufría! ¡Ja! ¡Ahí querría veros yo! -decía la rechoncha enfermera-.
Entonces llegó el turno de Hermione. Su aguja se clavó igualmente de profundidad sólo que con más delicadeza. Hermione vió su sangre subir por el tubo.
- ¿Verdad que no ha sido tanto, querida? -la enfermera la sonreía de oreja a oreja- Eres una chica muy valiente -sentenció con otra sonrisa-.
Tras sacar las debidas muestras de sangre las enfermeras las guardaron en unos largos y estrechos tubos de muestra.
Draco se tocaba el hombro dolorido mientras se imaginaba un sin fin de maldades hacia la enfermera. Hermione le miraba de reojo disimuladamente reprimiéndose alguna que otra risita.
Las enfermeras mezclaron la sangre de Hermione con la de Draco en una muestra algo más grande. Al caer ambos líquidos hubo una pequeña explosión que hizo que de la muestra saliera un humo color rojo. Los dos alumnos miraban intrigados la extraña mezcla que había tomado un color violeta muy parecido al pelo de Tonks. Ambos giraron la mirada hacia un lado y sus miradas se cruzaron.
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