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El sábado por la mañana Maura se levantó temprano. No tenía que ir a la oficina así que no necesitaba madrugar pero los nervios por la cita de esa noche le impedían dormir. Tenía que reconocer que la idea de salir a cenar con Jane Rizzoli la alteraba. Todavía le parecía increíble la cantidad de dinero que había pagado Jane por cenar con ella. Conocía a muy poca gente en la ciudad pero no habían faltado voluntarios para informarle que era el precio más alto pagado nunca desde que se venía organizando la gala. Otros, con peor intención, había dejado caer algún que otro comentario malintencionado sobre lo que podía esperar Jane Rizzoli después de tomarse tantas molestias. A ella no le gustaba nada en absoluto que la gente murmurara a sus espaldas. Y en parte la culpa la tenía Jane por haber hecho aquella locura. Se estremeció al recordar la cifra. Un millón de dólares! Aquello era mucho más de lo que ganaba ella en varios años y Jane lo había gastado como si fuera calderilla. Estaba claro porque la gente estaba fascinada con ella. De una manera u otra siempre conseguía dejarlos con la boca abierta.

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Jane llamó al timbre cinco minutos antes de la hora prevista. Mirándose por última vez en el espejo que había en la entrada Maura respiró profundamente para serenarse y abrió la puerta. Se quedó sin palabras. Jane iba vestida de negro, con una camiseta lencera y unos pantalones pitillo que junto con los tacones del mismo color hacían que sus piernas parecieran interminables. Rompía la monotonía del conjunto el blanco de la americana entallada que hacía destacar el pelo rizado que caía sobre sus hombros. Estaba espectacular. Maura sintió un delicioso calor formándose en su interior.

Mientras tanto, Jane no podía dejar de contemplar a su acompañante. Maura Isles era una belleza. Y lo mejor de todo era que hacía tiempo que nadie conseguía captar su interés como ella. Cuando la había visto por primera vez se había dado cuenta de que era una mujer hermosa. Pero cada día que pasaba se daba cuenta que la había subestimado. Maura era sensual, divertida, estimulante. Conseguía que se olvidara de todo cuando estaba cerca de ella. Esa sensación la aterrorizaba a la vez que la hacía sentir viva.

Sonrió al preguntarle "¿Nos vamos?" Maura asintió y siguió a Jane hasta su vehículo. Por segunda vez en menos de cinco minutos se quedó embelesada. El Audi R8 plateado era una preciosidad. Era el complemento perfecto para su dueña. Elegante, deportivo, provocador. Maura fue consciente en ese momento de las diferencias que separaban su mundo del de su acompañante.

Notando los nervios de Maura, Jane intentó romper el hielo con una broma "Si con Garrett ibas a ser muy agradecida, un millón de dólares deben haberme conseguido un billete al paraíso"

Maura salió de su ensoñación y la miró irritada "No pienses ni por un momento que yo …"

La risa de Jane la interrumpió "Es broma Maura. No suelo acosar a mis citas. Normalmente son ellas las que se me insinúan a mí y todas están más que dispuestas a compartir la noche conmigo" Jane le abrió la puerta del coche galantemente. Mientras Maura se sentaba añadió "Esta noche me conformo con que intentes pasártelo bien"

Maura se asombró cuando aquello le dejó un sabor agridulce. No quería que Jane pensara que aquel dinero le aseguraba un revolcón al final de la noche pero por otra parte quería sentir por una vez lo que era llamar la atención de alguien como ella. La conocía hacía más de un mes y, a parte de las indirectas malintencionadas con que intentaba provocarla, Jane no había hecho el más mínimo gesto que le indicara que estaba interesada en algo más.

Cuando estuvieron las dos acomodadas en sus asientos Jane le preguntó "¿Qué te apetece cenar?"

Aquello la sorprendió agradablemente. Había salido anteriormente con gente adinerada y todas aquellas citas habían coincidido en una cosa. A los ricos les gustaba mandar. Sin ir más lejos, la última vez que Garrett la había invitado a cenar no había tenido oportunidad de decidir nada. Él había elegido el restaurante, el vino y hasta había ordenado su cena por ella. Había esperado que Jane se comportara de modo parecido. Jane tenía una actitud dominante en la oficina así que había supuesto que ya tendría toda la noche planeada y que esperaría de ella que se comportara con pasividad "Me encanta la cocina italiana"

Jane lo pensó unos segundos y arrancó el coche "Entonces conozco el sitio perfecto"

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El restaurante era espectacular. La fachada era de ladrillo y pequeñas hogueras de piedra iluminaban el camino hasta la puerta favoreciendo un ambiente íntimo y elegante. Un cartel con el nombre del local presidía la entrada: Toscana. Jane le dio las llaves al aparcacoches y la escoltó al interior. La entrada estaba atestada de gente que esperaba tener un poco de suerte y conseguir una de las pocas mesas que no se reservaban con antelación. Era el local de moda de la ciudad y la lista de espera era de varios meses. Con toda la gente que tenían delante era casi imposible que pudieran cenar allí.

No llevaban ni un minuto esperando cuando el gerente salió a darles la bienvenida y acompañarlas personalmente hasta su mesa. Maura estaba fascinada. Garrett había intentado llevarla a cenar allí pero le había sido imposible encontrar mesa. Y luego se había pasado una semana gruñendo por aquel contratiempo. Y ahora, en menos de un minuto Jane había conseguido la mejor mesa del local. Notó las miradas de envidia del resto de clientes. Muchos envidiaban la facilidad con la que habían conseguido sentarse. Otras muchas habían reconocido a su acompañante y la miraban ansiando estar en su lugar. Maura miró a Jane incómoda al ser objeto de tanto interés pero ella continuaba seguía hablando con el hombre, indiferente a toda aquella atención.

El maître les dejó las cartas y les sirvió una copa del mejor vino de la bodega. Mientras revisaba la lista de platos Maura la miró curiosa "Algún día me contarás el secreto"

Jane le guiñó un ojo "Conozco a la dueña"

Maura se puso tensa. Por supuesto que sí. Otra mujer más que había pasado por sus manos. Debía de estar loca por querer que Jane Rizzoli se fijara en ella. Estaba claro que Jane y ella pertenecían a mundos diferentes. Todo el mundo sabía que Jane no buscaba nada serio. Se divertía y cuando perdía el interés pasaba a la siguiente. No tenía ninguna necesidad de ser un nombre más en la lista de amantes de Jane Rizzoli.

Jane la observó divertida. Era indudable que Maura se había puesto celosa "No es lo que te imaginas"

Maura no levantó la vista de la carta. El tono de voz era frío como el hielo "Créeme, no tengo ninguna necesidad de imaginarme nada"

Realmente Maura tenía una imagen penosa de ella. Con un movimiento de cabeza llamó la atención del gerente. Le susurró un par de indicaciones y el hombre se marchó servicialmente a cumplir sus órdenes. No tuvo que esperar mucho. Pocos minutos después. Paolo Macchi se presentó en su mesa.

"Jane! Quanto tempo! Cara come stai?" el chef la abrazó con cariño. El tono de su voz indicaba que estaba contento de verla allí.

"Ciao Paolo. Ho avuto un sacco di lavoro. Ma la mia amica ama il cibo italiano così la ho portato al miglior ristorante" Maura los miró con la boca abierta. El hombre era considerado uno de los mejores chefs del mundo pero tenía fama de irascible y prepotente. Y Jane sólo había tenido que pedirlo y el hombre había abandonado la cocina para atenderla.

Paolo saludó a Maura con una sonrisa "É molto bella Jane. Lei è la prima donna che hai portato qui. Deve essere molto speciale"

"Lei è. Paolo, Maura cree que me acuesto con la dueña del restaurante"

Paolo se rio, llamando la atención de los otros comensales. Era muy infrecuente ver de tan buen humor al chef. Con marcado acento se lo explicó "Jane es la dueña del restaurante"

"Gracias Paolo. Siento haberte entretenido" Cuando el chef se hubo marchado Jane la miró divertida "Te dije que no era lo que pensabas. Tienes que dejar de imaginarte lo peor de mí Maura"

Maura no sabía que decir. Jane se había tomado muchas molestias por hacerle pasar una noche agradable y ella a la mínima oportunidad la desacreditaba. Comprendía perfectamente porque no quería saber nada de ella. Seguro que Susan, Diane y cualquier otra de sus amantes no le hubieran puesto las cosas tan difíciles.

"Siento mucho haberte puesto en evidencia. Estoy segura que ninguna de tus otras citas ha reaccionado así"

"Eres la primera a la que traigo aquí"

Maura se sintió todavía peor. Ahí estaba otra vez la Jane que conseguía romperle los esquemas y dejarla sin respiración "¿Por qué yo?"

Jane se encogió de hombros "Todo el mundo conoce a la Jane de las revistas. Y mucha gente se conforma con ella. Esta noche me apetecía mostrarte la Jane que conocen mis amigos" y Maura supo con certeza que podría llegar a enamorarse de esa Jane desconocida.