Me alegro de que haya gente que siga la historia, Realmente muchas gracias, tengo que decir que si sigo esta historia es por todas vosotras mis lectoras.
Ahora mismo estoy viendo Lost in Austen, pero realmente es un fastidio para mi verlo por youtube, y encima mi internet es bastante malo y los videos no me cargan , asi que tengo tiempo para escribir mas capítulos. Espero terminarla pronto, aunque mi deseo es que dure bastante. Sin mas espera... Aquí esta el capítulo.
Elisabeth salío de la habitación y se dirigió al cuarto de Mary, donde descansaba debido a que Darcy se encontraba en el suyo. Sus mejillas estaban prendidas, fué una suerte que no se encontrara con nadie durante el largo camino por el pasillo. Se sento frente al tocador y se deshizo el recogido del pelo, dejandolo caer sobre su espalda. Sin pedir ayuda a la doncella se desabrochó el vestido y se colocó el camisón de noche. Pero por muy cansada que estuviese no pudo pegar ojo hasta ya bastante tarde, había demasiado en que pensar. Sus sueños estaban borrosos, como si la niebla hubiese invadido su mente...podía ver un hombre al final del prado..con capa negra montado a caballo...se iba acercando, pero cada vez que se acercaba parecía más lejos, inalcanzable. Los rayos del sol dieron plenamente en sus ojos despertandola. Lentamente sin despertar a Mary que aún dormía, decidió bajar a desayunar, pues de abajo se oía a su ruidosa madre y suponia que casi todos estarían despiertos, almenos Jane. Fue saliendo de la habitación, sentía impulso de entrar a la habitación en la que Darcy reposaba, pero no era conveniente despertarlo. A su pesar, fué bajando las escaleras, cruzó el salón y se dirigió hacia el comedor. La sorpresa que se llevó Elisabeth al ver al señor Darcy desayunando junto a sus padres, Jane y Kitty fué bastante grande. Darcy parecía que estaba disfrutando de alguna conversación con su madre, cosa que era bastante extraña, realmente su carácter había cambiado ¿Tendría algo que ver ella?
- Señor Darcy ¿Se encuentra mejor?
- Si, gracias por preguntar señorita Elisabeth, por cierto ¿Me permitiría luego retomar el paseo? hoy a la hora del almuerzo el carro de Bingley vendrá a por mi y me marcharé. He abusado demasiado de su hospitalidad - Dijo dirigiendose hacia los señores Bennet.
- De buen gusto iré con usted. Si lo desea podemos retormarlo después de que tome mi desayuno.
El desayuno fué bastante silencioso. Nadie habló, incluso la señora Bennet se había quedado callada aunque tenía muchos temas de conversación. Por su parte el señor Bennet miraba de manera curiosa a Elisabeth que se encontraba bastante nerviosa y sus mejillas seguían tan encendidas como la noche anterior. Seguidamente Elisabeth se levantó, seguida por el señor Darcy, las miradas de los demas participes de la mesa se posaron sobre ambos hasta que salieron del alcance de su vista. El señor Darcy se adelantó a Elisabeth y le ofreció su brazo izquierdo, pues tenía el derecho dentro de la camisa que se encontraba semiabierta. Caminaron, no necesitaban decir nada más, pues su compañía era suficiente para ambos. Llegaron al sauce que Elisabeth solía frecuentar, ella le ayudó a acomodarse.
- ¿Vendrá a Netherfield esta noche, Señorita Elisabeth? Bingley invitó a su hermana, y creí que tal vez le gustaría acompañarla.
- Iré, no tenga ninguna duda. Disculpe mi atrevimiento señor Darcy...pero deseo hablar con usted de otros asuntos, supongo que sabrá cuales...
-Entiendo que quiera hablar de eso, pero considero ese asunto zanjado...mis sentimientos hacia usted no se han visto afectados, si no incrementados. Pero sabe que si los sentimientos no son correspondidos callaré para siem... - Darcy no pudo continuar, Elisabeth se abalanzó sobre el y le depositó un suave beso. No había nada mas que decir. Se amaban, y era obvio a ojos de ambos. Estuvieron abrazados, las caricias y besos no faltaron aquella tarde, la vista era preciosa, y en aquel lugar remoto nadie osaria molestarlos. La hora del almuerzo era cercana, y Elisabeth se reincorporó ayudando a Darcy. El ya había decidido que antes de marchar hacia Netherfield pediría la bendición para su matrimonio al señor Bennet. Los jovenes caminaban y reian, había tanto que contar y tanto tiempo de ahora en adelante para ser felices. Entraron a la casa y nada más Elisabeth se separó de el para ir a hablar con Jane se dirigió hacia la biblioteca donde estaba casi seguro que encontraría al señor Bennet.
La puerta permaneció cerrada durante más de media hora, y no se oía nada para desgracia de la cotilla señora Bennet. Elisabeth caminaba de arriba hacia abajo, siendo observada bajo la atenta mirada de sus miradas. Su madre se vió obligada a correr hacia el salón, pues los pasos en la biblioteca se dirigian a la puerta. Darcy entró en la habitación seguido por el señor Bennet. La mirada de todos entonces se posó sobre este último que lucía bastante nervioso y con la mirada melancólica. Se acercó lentamente a Elisabeth que entonces se había sentado en el sillón.
- Elisabeth..querida..ya he oido sobre tu compromiso con el señor Darcy...he de decir que...no tengo ninguna pega..acaso de que tu no le ames..
-Papá...yo le amo...
La señora Bennet no se lo podía sacar de la cabeza, 3 hijas casadas. Lidia la menor y las dos mayores, era una bendición para una madre como ella. Además Lizzy poseería muchas riquezas, mas que Jane y Lidia juntas, sería una dama de la alta sociedad, y sería invitada a todas las fiestas que se propusiese. Pero Elisabeth tenía una visión bastante distinta, estaría casada con el hombre de su vida, sería la señora Darcy. Poco después el carruaje procediente de Netherfield paró frente a la casa, el cochero fué llevando el equipaje mientras que Darcy se despedía de los Bennet. La despedida con Elisabeth fué bastante cariñosa por parte de ambos, aunque las mirabas se centraban en ellos, tras un caluroso abrazo montó en el carro y se perdió por el camino.
- Oh Elisabeth, que afortunada eres, ¡te casaras con ese hombre tan distinguido!
-Pensaba madre que la presencia del señor Darcy te incomodaba.
-Bueno, hay que pensar en tu bien, además te dará todos los lujos que te mereces y bueno... nunca está de más tener otra hija casada.
Jane y Lizzy no podían imaginar cuanto había cambiado su vida en tan pocos meses. Era como un sueño, un cuento de principes y princesas, en la que sus principes habían ido a buscarlas. Su felicidad no podía compararse con la recien casada Lidia que parecía demasiado molesta con Lizzy y el señor Darcy como para dirigirles la palabra. Su comportamiento había empeorado, y frecuentaba el calabozo del cuartel para hablar con su amado Wickham. Estaba ciega de amor, y era demasiado malo para ella, le consideraba inocente, y no evitaba insultar a Lizzy cuanto tenia oportunidad.
