Bueno, ahí va. Capítulo corto, pero este mes fue de parciales. Con suerte voy a poder darles algo más largo en Junio. Por ahora...
Capítulo 8: Rival y promesa
La niebla del amanecer que rodeaba la carabela con mascarón de oveja aun no se había disipado cuando Brago salió de la habitación designada para los varones. El Going Merry disponía de dos sectores de habitaciones debajo de cubierta; Nami y Tia se habían adueñado de la única habitación con una cama real en la nave, los demás habían colgado hamacas para dormir en el sector más amplio.
El mamodo oscuro se dirigió hacia la proa y se recargó contra el barandal. El sueño lo había estado evadiendo últimamente así que decidió aprovechar la quietud de la mañana para pensar, antes de que sus otros 'nakama' despertaran
"Un rey bondadoso…" Pensó el joven mirando su mano derecha (la mano con que siempre disparaba sus hechizos). Desde que dejaran las Islas Gecko, las palabras de Kolulu habían estado resonando en su cabeza.
Toda la vida había entrenado con un solo propósito: ser el rey más poderoso de todos. El rey más poderoso, eso significaría que tendría que vencer a todos los otros, que nadie se interpondría en su camino, que cualquier otro mamodo que se encontrara tendría que desaparecer, derrotado y su libro quemado.
Si esto era así, entonces, ¿por qué estaba en un barco acompañado por otros tres mamodo quienes se hacían llamar sus 'nakama'?
Zatch había sido el primero. Con él tenía esa promesa, que iban a ser los últimos mamodo de la competencia, que iban a pelear en el final del Grand Line por la corona. Un reto así podía justificarlo.
Después vino Tia. Su guardiana había insistido desde el principio que no eran exactamente parte de la tripulación, sino que los acompañaban como aliadas o algo así.
Por último, hace un par de días, Kanchome llegó con su guardián.
Y no solo eso, sino que también habían dejado a Kolulu atrás, con su libro intacto.
Brago podía justificar que tenía una promesa con Zatch y que Kanchome y Tia eran tan débiles que no valían el esfuerzo de quemar sus libros, pero Kolulu realmente tenía el potencial de ser una amenaza a futuro y él la había dejado tranquila. ¡Hasta le había dado consejos para controlar su poder! En su momento, el mamodo de la gravedad no le había dado mayor importancia, pero entonces ella salió con esa petición y empezaron sus problemas.
El rey más poderoso se concentra en vencer a sus oponentes y en la Competencia del Rey, todos eran sus oponentes. Tener mamodos como sus 'nakama', dejar mamodos con libros intactos, eso no era actitud que el tuviera que tener, ¿en qué momento había dejado de lado sus objetivos? ¿En qué momento empezó a…?
"¡BRAGO!" Los pensamientos del mamodo pálido fueron interrumpidos por el sonido de su nombre gritado por los otros tres mamodo de la tripulación.
Fue entonces que notó que, no solo ya era de mañana, la niebla despejada hace mucho, sino que el resto de la tripulación y estaba levantada y moviéndose por la cubierta.
Bueno, 'levantado' siempre era un término relativo con su guardián, Zoro estaba tirado en la cubierta tomando lo que parecía ser su siesta pre-almuerzo (aunque también podía ser su siesta post-despertar, era difícil de determinar), Nami estaba sobre una tumbona revisando unos mapas, Usopp sostenía el mango de una escoba como espada mientras gritaba algo sobre que 'se tomaran las cosas en serio' y Luffy estaba de piernas cruzadas enfrente de un pedazo de tela negra con algunas pinturas a su alrededor.
Habiendo escaneado la situación, Brago volteó hacia sus interlocutores mientras adoptaba su expresión de hosquedad habitual.
"¿Por qué la necesidad de gritar?" Preguntó.
"Estabas como ido." Explicó Zatch. "Te habíamos estado llamando hace un rato, pero vos nomás te quedabas mirando tu mano, ¿te duele?"
"No seas ridículo." Respondió el mamodo oscuro. "Solamente estaba pensando. ¿Qué es lo que quieren?"
"Tampoco hace falta que seas tan rudo." Comentó Tia algo enojada.
"Bueno ya…" Interrumpió Kanchome. "Vamos a calmarnos un poco. Brago-san, la razón de que te hablaramos es que teníamos una pregunta."
"¿Una pregunta?"
"Sí. Verás, a Zatch y a mí se nos ocurrió un juego para tratar de conocernos mejor, los tres nos hacemos preguntas sobre los otros y nuestros guardianes." Explicó el mamodo transformista.
"¿Y dónde entro yo en todo esto?" Preguntó Brago.
"Bueno…"
"¡Es que a Tia se le ocurrió una pregunta genial!" Interrumpió Zatch, causando un sonrojo de parte de la mamodo protectora. "Decile." Pidió el rubio volteando hacia la niña.
"¿Qué?" Preguntó la pequeña sorprendida, antes de recordar la pregunta. "Ah sí… quería saber, ¿por qué es que Zoro usa tres espadas?"
Eso consiguió sorprender al mamodo pálido. De todas las cosas que se imaginó que le preguntarían, esa no estaba ni siquiera en la lista.
El mamodo decidió que ya no iba a tener tranquilidad en esa parte del barco así que se incorporó mientras contestaba la pregunta. "Eso…" Dijo mientras los otros tres se inclinaban con anticipación. "Tendrían que preguntárselo a él." Completó causando que los tres se fueran de cara al piso. Brago solo los ignoró y enfiló hacia la popa. "Pero les advierto…" Agregó llamando la atención de los tres curiosos. "Zoro les va a decir que no les incumbe."
"¿¡Eh!?" Preguntó Zatch decepcionado. "¿Por qué?"
"Si supieran la historia, sabrían por qué." Repuso Brago mientras seguía caminando.
"Pero, ¿cómo podemos saber si no nos lo cuenta?" Interrogó Tia.
Brago no se molestó en responder.
"¡CABRÓN!" Gritó la mamodo mientras trataba de estrangularlo, Zatch y Kanchome sosteniéndola de los brazos.
El tironeo afortunadamente fue interumpido por el capitán de la tripulación.
"¡Ya está!" Gritó Luffy, atrayendo la atención de todos en cubierta, mientras levantaba la tela negra donde había estado pintando para mostrar un garabato bastante torcido de una calavera con sombrero sobre lo que solo se podía asumir eran un par de huesos cruzados. "Ahora que tenemos un barco, necesitamos un Jolly Roger. Esta va a ser nuestra insignia pirata."
Zatch se entusiasmó de inmediato y empezó a festejar con su guardián. Los otros miembros de la tripulación, en cambio, tenían 'sentimientos encontrados'.
"¿Eso es nuestra marca?" Preguntó Zoro mientras se debatía entre la sorpresa y la exasperación. "¿No se supone que la insignia pirata debería infligir temor en nuestros enemigos?"
"Pues ciertamente la imagen es de terror." Comentó Nami.
"Ay, esto es una vergüenza." Comentó Usopp adelantándose. "Si querés una insignia, déjaselo a un profesional." Dijo el mentiroso mientras agarraba el pincel y adoptaba una pose presumida. "Yo tengo cincuenta años de experiencia en pintura. Déjenmelo a mí."
"¡Increíble!" Gritaron Luffy y Zatch.
"¿Cincuent años?" Preguntó Zoro. "Entonces deberías ser un viejo."
"Con unos cinco o seis nietos." Agregó Nami.
Kanchome suspiró y decidió salvar a su guardián. "Usopp tiene 17 años, pero mentiras aparte el sí es un gran pintor."
"¿En serio?" Interrogó Zoro.
"Sí, es un maestro de varias disciplinas." Contestó el transformista sonriendo.
"Lástima que pelear no sea una de ellas." Comentó Nami.
Usopp decidió pasar de todo eso y simplemente tomó la bandera para empezar a pintar. Un rato más tarde la bander estaba lista, por desgracia, esta mostraba una calavera similar a la cabeza de Usopp (nariz larga incluida) con una bandana, sobre una resortera y un hueso cruzados, encima de una estrella.
"¡¿Quién te dijo que hicieras tu bandera?!" Gritó Luffy mientras el y Zoro golpeaban al mentiroso en la cabeza.
Un rato después, Usopp terminó otra bandera. Esta vez, la bandera mostraba una calavera sencilla con un sombrero de paja con una cinta roja sobre huesos cruzados.
"Bueno," Comentó Usopp satisfecho. "supongo que esta bandera sirve."
"La verdad no quedó nada mal." Comentó Nami gratamente sorprendida.
"¡Se ve genial!" Gritó Zatch entusiasmado.
"Así que esta va a ser nuestra marca." Comentó Zoro.
"¡Muy bien!" Dijo Luffy satisfecho. "Ahora, ¡pintala también en la vela principal!"
Un rato después, gran vela blanca tenía el Jolly Roger y la bandera negra estaba colgada en la punta del mástil.
"¡Genial!" Festejó Luffy. "¡Con esto el Going Merry ya es un barco pirata!"
Mientras todo esto pasaba, Brago se había escabullido a la popa. En sí, se encontraba en un nivel superior del barco, al nivel de cubierta estaba la bodega y sobre esta el comedor/cocina del barco más una sección para poder caminar, sentarse e una silla o recargarse contra el barandal y ver de dónde venía la embarcación. El mamodo oscuro subió al techo del comedor y ahí recostado volvió a relajarse. Para eso, decidió que el tema del rey bondadoso podía esperar de momento, la pregunta de Tia podía ser una buena distracción momentánea.
En sí, la pregunta era bastante buena, de hecho, había sido una de las primeras que el demonio le había hecho al espadachín. Todavía recordaba la conversación.
"¿Por qué usar tres espadas? Parece demasiado trabajo el haber tenido que entrenar tu mandíbula hasta poder aguantar el peso de una katana, además de que tenés que mantener el agarre cuando das un corte."
"No voy a negar que el entrenamiento fue difícil, pero valió la pena. Es una historia larga, no tengo ganas de contártela."
"¿Y si no tuvieras que?"
"Explicate."
Si Zoro estuvo de acuerdo con su idea, era porque no creía que de hecho iba a funcionar. Ese fue el primer y único recuerdo compartido por la pareja del libro negro.
Flashback
En el East Blue, en una cierta isla, había una pequeña población, la Villa Shimotsuki. Dentro de esa villa había una escuela de esgrima, el Dojo Isshin.
Esa mañana, los estudiantes estaban practicando como siempre cuando se escucharon gritos desde la puerta.
"¿¡Hay alguien acá!? ¿¡Hay alguien!?" El responsable de eso era un pequeño de diez años con el pelo verde, vestido con zapatillas marrones, pantalones verdes azulados atados con una soga, una camiseta blanca algo sucia y una ramita en su boca. El nombre de este pequeño era Roronoa Zoro. "¡Vengo a retar a este Dojo, así que traigan a su mejor peleador!"
El sensei del dojo se acercó al niño. Era un hombre de mediana edad, usaba una yukata gris con el símbolo del dojo (dos espadas rojas entrecruzadas) en el pecho izquierdo, tenía anteojos de montura redonda, pelo negro largo en una cola de caballo y una sonrisa calmada. Su nombre era Koshiro.
"Hoy en día es raro que un Dojo reciba retadores." Cometó calmado mientras sus alumnos observaban desde la sala de entrenamiento.
"¡Eso no me importa!" Gritó Zoro. "Ya los reté así que tienen que aceptar. Si gano, me quedo con su cartel."
"De acuerdo." Aceptó Koshiro. "¿Y si perdés?"
"¿Perder yo?" Preguntó Zoro molesto. "Entonces me uno a su Dojo."
"Me parece bien." Dijo el sensei antes de volverse hacia la sala de entrenamiento. "Kuina."
Del interior de la sala emergió una chica de cabello azul corto, una cabeza más alta que Zoro, con pantalones verde oscuro y una musculosa blanca, cargando un shinai en su mano.
"Sí, padre." Dijo la chica, identificándose como Kuina, la contrincante de Zoro.
"¡¿Eh?!" Preguntó el niño. "¿Qué no tendrías que ser vos el que pelea?" Le preguntó a Koshiro.
"No creas que es una chica cualquiera." Repuso el sensei impasible. "Mi hija Kuina es la mejor de todo el Dojo, superando incluso a los adultos. Y yo no soy un padre que fanfarronee sobre su hija."
"¡Está bien!" aceptó Zoro resignado.
"Entonces pasá."
Ya dentro de la sala de entrenamiento, Zoro se acercó a un barril lleno de shinais.
"¿Puedo agarrar cuantos quiera?" Preguntó el niño.
"Por supuesto."
Zoro sonrió y escupió la ramita que tenía en la boca. Segundos después, el chico se adelantó con tres shinai en cada mano más otros tres en la boca.
Los otros alumnos del Dojo se lo quedaron viendo, más aún cuando al inclinarse ante el altar perdió uno de los shinai de su boca y otro más al inclinarse ante Kuina. Todos parecían pregutarse que tan idiota podía ser.
La expresión de desdén de Kuina mientras se ponían en posición era la misma que alguien le dedicaría a una pelusa en el suelo.
Tan pronto el referi dijo que emezaran, la chica se adelantó. Zoro tuvo el tiempo justo de bloquear el golpe con los shinai de sus brazos, el segundo golpe lo dejó en el suelo, sus siete espadas restantes desperdigadas a su alrededor.
"Maldición." Susurró el chico mientras recuperaba sus armas y se incorporaba de nuevo.
Esta vez, tanto Kuina como su padre quedaron momentáneamente estupefactos ante la postura del chico: dos espadas, una en cada mano.
"Vos… ¿usas el Ni Tou Ryuu?" Preguntó Kuina mientras mantenía su guardia.
"¡¿Qué se yo?!" Gritó Zoro. "Esta es la primera vez que empuño un shinai."
"¿La primera vez, en serio?" Comentó Koshiro en voz baja.
"Maldición." Pensaba Zoro. "Soy fuerte. ¡Pero necesito volverme aún más fuerte! Entonces, ¡¿cómo puedo perder contra una chica?!" Gritó mentalmente mientras corría hacia su contendiente.
Kuina no dudó, en un segundo Zoro estaba en el suelo con una línea vertical roja recorriendo el largo de su cara entre sus ojos.
"¡Fuera de combate!" Anunció el referi. "¡Se acabó!"
"Demasiado fácil." Comentó Kuina apoyando la punta de su shinai en el suelo junto a la cabeza del chico.
"Kuina…" Trató de intervenir Koshiro. La chica ni siquiera volteó a verlo.
"Alguien tan presumido… Te faltan al menos diez años para poder usar el Ni Tou Ryuu."
"¿Qué?" Preguntó Zoro mientras se aferraba a la punta del shinai de la chica.
"Lo que escuchaste." Dijo la chica. "¿O es que querés la revancha?"
Zoro soltó la espada y se puso de rodillas. "No, una derrota es una derrota."
"Bien dicho." Comentó Koshiro.
"Lo prometí…" Agregó el chico. "Así que voy a unirme a su Dojo. ¿No hay problema?"
"Ninguno." Repuso Koshiro. Kuina se volteó para salir de la sala.
"Hey." Llamó Zoro. "Voy a seguir y seguir y seguir entrenando. Hasta que consiga superarte. Tenenlo presente."
"Como si eso fuera a pasar." Contestó la chica.
Y así comenzó la estancia de Roronoa Zoro en el Dojo Isshin. El joven solo se permitió el tiempo necesario para cambiarse al gi color verde oscuro del Dojo con la insignia roja en el pecho derecho antes de comenzar su entrenamiento. Hiciera calor, frío, lloviera o nevara el joven no paraba de entrenar: kendo, golpear un poste envuelto en tatami con sus dos shinai, pararse entre dos piedras que separaban un arroyo mientras sostenía una piedra atada a una soga con su boca. En un año, el chico había mejorado el Ni Tou Ryuu al punto de que podía derrotar inclusive a los adultos, no había nadie en todo el Dojo que pudiera vencerlo…
Nadie excepto Kuina, eso es.
"¡Fuera de combate!" Anunció el referi mientras Zoro caía de la misma forma que hacía un año. "Ganadora Kuina. Victoria consecutiva número 2000."
"Aún tenés que mejorar Zoro." Le dijo Kuina mientras le apuntaba con el shinai. "¿Cómo podés ser tan patético siendo un chico?"
"Zoro no es débil, ¿no?" Susurró uno de los chicos de la clase.
"Entre los chicos es el más fuerte." Contestó otro.
"Incluso derrota adultos." Terció uno más.
"Pero…" Les dijo Kuina con una sonrisa petulnte mientras los chicos saltaban en su lugar. "Todavía no puede vencerme. Aún con dos espadas contra una, débil sigue siendo débil." Dijo mientras enfilaba hacia la puerta. "Y un perdedor que no sabe callarse, es todavía más penoso." Completó mientras cerraba la puerta.
Koshiro se acercó al espadachín aspirante mientras este se levantaba y desempolvaba. "Perdiste otra vez, pero has mejorado mucho, Zoro."
Entonces se acercaron los otros alumnos.
"Sensei, usted no está entrenando a Kuina por separado, ¿no?"
"¡Eso sería una injusticia!"
"No, no. ¿Cómo se les ocurre?" Respondió Koshiro sin perder la sonrisa impasible de su cara. "Zoro ha mejorado muchísimo, pero Kuina tampoco ha estado de brazos cruzados."
Zoro simplemente terminó de arreglarse y enfiló hacia afuera para lavarse la cara. Unos minutos después, la marca rojiza de su cara había desaparecido, pero el chico portaba una nueva cicatriz en su orgullo.
"Maldición." Dijo el chico. "¿Por qué es que Kuina aún puede vencerme? ¿Por qué? ¿Por qué? ¡Aún esforzándome al máximo, ella sigue humillándome!" El chico se mojó la cara con agua una vez más minetras tomaba una decisión. "Esta noche, voy a volver a enfrentarla."
Y tal como prometió, esa noche el chico salió corriendo hacia el Dojo cargando dos katanas de vaina y empuñadura negra. Llegando al Dojo, se encontró con Kuina observándolo con sorpresa; a Zoro le pareció que la chica tenía los cachetes algo enrojecidos y los ojos cristalinos, como si hubiera estado llorando, pero eso era imposible, Kuina nunca lloraba.
"¿Qué haces acá?" Preguntó Zoro.
"Eso tendría que preguntártelo yo." Repuso la chica mientras se frotaba los ojos. "Es un poco pasada tu hora de dormir."
"Quiero que peleemos otra vez." Dijo Zoro empuñando sus espadas. "Esta vez vamos a pelear con espadas de verdad. ¿Aceptas el reto?"
"¿Que si acepto?" Preguntó Kuina. "Por supuesto."
Un rato más tarde, los dos se encontraban en un claro, Zoro de un lado empuñado sus dos katanas y Kuina al otro, empuñando una katana con vaina y empuñadura blanca, era la espada de su familia, la Wado Ichimonji (Camino a la armonía).
Los dos chicos estaban en guardia, tensos, esperando el momento correcto para empezar el ataque. Ninguno se había movido, pero la batalla ya era salvaje.
En un segundo, Zoro salió disparado hacia Kuina y el enfrentamiento físico dio inicio. Zoro atacaba y Kuina bloqueaba; Kuina atacaba y Zoro bloqueaba; fintaban, esquivaban, la batalla tenía todo el nivel de un encuentro profesional. Sus únicos testigos, los árboles del bosque.
Tan pronto como la batalla inició, terminó. Kuina encontró un hueco en la defensa de Zoro y lanzó un golpe que lo dejó desarmado y en el suelo. La chica clavó la espada en el suelo junto a su cabeza.
"Es mi victoria número 2001." Susurró la chica para luego levantarse y retroceder un poco.
"¡Maldición!" Dijo Zoro aun acostado en el suelo, las manos sobre sus ojos mientras las lágrimas amenazaban con escapar de sus ojos. "Mierda. No es justo…"
"La que debería llorar por la injusticia soy yo…" Comentó Kuina atrayendo la atención del espadachín aspirante. "Por nacer mujer, cuando crezca me voy a volver más débil que los hombres. Lo más probable es que me ganes pronto. Vos siempre decís que querés ser el mejor espdachín del mundo, Zoro. Según mi padre, para una mujer eso es imposible. Yo ya lo sabía, lo temía, ¡pero aún así no es justo!" Dijo la chica sin dignarse a mirar al chico. "Tenés suerte de ser hombre. Mi pecho ya está empezando a crecer." Agregó la chica llevándose la mano al pecho, provocando un sonrojo del pequeño espadachín. "Si tan solo… Si tan solo hubiera nacido hombre…"
Y entonces Zoro no aguantó más. "¡¿Cómo podés decir algo tan débil después de vencerme de nuevo?!" Gritó el chico sin creerse esa escena. "¡Es humillante! ¡Vos sos mi objetivo! ¡El de todos en el Dojo! ¿Qué importa que seas hombre o mujer? ¿De verdad me dirías algo como eso el día que realmente logre vencerte? Que no fue por destreza, ¿sino por diferencia de sexo? ¿Echar así todo mi entrenamiento por tierra ¡y hacerme quedar como un idiota!? ¡Eso es inaceptable!" Dijo mientras Kuina lo observaba con ojos llorosos. "¡Hagamos una promesa!" Dijo el chico mientras se le acercaba. "Un día alguno de los dos va a ser el mejor espadachín del mundo. ¡Cuando llegue el momento, nos vamos a disputar el titulo!"
La chica seguía mirándolo con lágrimas en los ojos, antes de cerrarlos y sonreír. "Que tonto. Mira que decir esas cosas con lo débil que sos." Entonces estiró el brazo y le dio la mano. "Prometido."
Al otro día, todos menos Zoro, inclusive Koshiro, estaban sorprendidos por la actitud de Kuina.
La chica ya no se mostraba petulante ni confiada, ahora mostraba una expresión determinada mientras se lanzaba al ataque contra su oponente. Algunos decían que parecía haberse vuelto más fuerte.
Zoro, por su parte, también continuó con el entrenamiento y también aumentó el nivel. Esa tarde, el bosque lo encontraba tirando alternativamente de dos piedras colgadas sobre la rama de un árbol con cada mano mientras sostenía una pesa en la boca.
"Tengo que seguir entrenando, hasta manejar mis espadas a la perfección. Si dos espadas no sirven… ¡Entonces voy a usar tres!" El chico interrumpió su línea de pensamiento al notar a tres de sus compañeros observándolo desde el límite del claro donde estaba. "¿A ustedes qué les pasa?" Preguntó al ver las expresiones vcías en la cara de los niños.
"Kuina ha…" Empezó uno de ellos. "Kuina ha muerto."
Y, por primera vez, Zoro se quedó paralizado.
Al otro día, todos los miembros del Dojo acompañaron el ataúd de la niña hasta es cementerio. Zoro podía escuchar los comentarios susurrados por los miembros de la procesión.
"Cayó por las escaleras…"
"Había ido a buscar una piedra de amolar…"
"¿Para qué la necesitaba?"
"Era tan joven…"
"Es la mala suerte de ser humanos."
"No sabemos dónde vamos a estar mañana."
Cada palabra calaba hondo en su corazón, pero él no mostraba tristeza.
Desde ese día, Zoro llegaba al Dojo cuando la niebla del alba aún era espesa. Todos ahí mostraban, en mayor o menor medida, su tristeza por la muerte de Kuina; Zoro sólo se mostraba enojado. Sus entrenamientos aumentaron, su estilo se volvió más violento, las piedras que cargaba con su boca sobre el arroyo se hicieron más grandes, los postes que golpeaba se rompían ante su fuerza, era imposible verlo fuera de la sala de entrenamiento sin una pesa en la boca. Y al final, Koshiro decidió que era hora de que hablaran.
Los dos estaban arrodillados en el suelo de la sala de entrenamiento uno frente al otro, Koshiro daba la espalda a Zoro y observaba el altar de la habitación, la Wado Ichimonji en el suelo a su lado.
"La vida de un ser humano es algo frágil, Zoro." La voz del maestro no denotaba emoción alguna. "Kuina era… una chica que odiaba perder. Por eso, desde pequeña, ella entrenó para ser la mejor del Dojo, llegando a vencer oponentes adultos. En consecuencia, se volvió arrogante de su poder, y entonces vos llegaste y te quedaste con nosotros. Por eso, te agradezco. Porque para vencerte, que entrenabas día y noche para ser el mejor, ella volvió a tomar su entrenamiento con seriedad. No quería perder antes vos, que sos un chico, sin importar las limitaciones que pudiera tener.
Antes que maestro soy padre, y como tal, siento, al igual que vos, una gran tristeza ahora que ella ya no está." Para ese momento, Zoro por fin había soltado las lágrimas que no derramó en el funeral.
"Sensei…" Llamó el chico, aferrando la tela de sus pantalones. "Esa katana… Por favor démela."
"¿La katana de Kuina?" Preguntó el maestro extrañado, volviendo la vista a la Wado.
"Teniendola… ¡Voy a seguir entrenando hasta ser el mejor!" Gritó el chico alzando la cabeza. "¡Hasta que mi nombre lo conozcan todos! ¡Voy a ser el mejor espadachín del mundo! Se lo prometí… Y yo… Yo…" La voz del chico falló.
El sensei se volteó hacia su discípulo, una leve sonrisa en su cara. "De acuerdo." Aceptó llamando la atención del pequeño espadachín, mientras le entregaba la katana blanca. "Te confío el alma y los sueños de Kuina… Con esta katana."
Y Zoro se permitió llorar. Llorar y soltar toda la tristeza que sentía por la tragedia, la injusticia; la pérdida de quien fuera su mayor rival, su inspiración… su amiga.
Años después, en el bosque, un hombre de pelo verde estaba parado frente a un par de grandes rocas colgadas de un árbol. En un movimiento, el joven desenvainó tres katanas, una en cada mano y una en la boca, y se lanzó, cortando las piedras en pedazos. Luego de eso, se encaminó al cementerio de la villa, donde encendió incienso en una de las tumbas.
"Ya pasaron ocho años desde que nos dejó." Comentó Koshiro acercándose al espadachín. "Decidiste empezar tu viaje."
"Así es sensei." Respondió Zoro mientras se levantaba del suelo. "Tengo que cumplir mi promesa."
El joven se inclinó ante su maestro y acto seguido enfiló hacia el puerto.
"¡Zoro!" Llamó Koshiro, dedicándole una última sonrisa. "Cuidate."
BANG.
Fin del Flashback
Brago abrió los ojos sorprendido después de escuchar el disparo de un cañón. Al mirar hacia abajo, pudo ver a Luffy, Zatch, Zoro, Tia, Usopp y Kanchome parados junto a uno de los cañones. A lo lejos se veía un islote rocoso.
"¡Ay, falle!" Gritaba Luffy.
"¡Luffy, no te rindas!" Lo apoyaba Zatch.
"¿Qué está pasando?" Preguntó el mamodo oscuro desde el techo a su compañero.
"Ah, ahí estabas." Comentó Zoro. "Luffy encontró las balas de cañón y quiso hacer práctica de tiro."
"No, no lo estás haciendo bien." Comentó Usopp. "Ahora déjame a mí."
El mentiroso ajustó la posición del cañón y disparó una segunda bala. Esta vez, el tiro dio de lleno contra el islote destruyéndolo.
"¡Genial!" Gritaron Luffy, Zatch y Kanchome.
"En serio le dio…" Comentó Usopp asombrado antes de empezar a presumir. "E-es decir, claro que le dí, no por nada soy el mejor tirador del mundo."
"¡Muy bien, entonces vas a ser el tirador de la tripulación!" Decidió Luffy.
"¿Eh? Pero pensé que yo era el capitán."
"¡Ni hablar! ¡El capitán soy yo!" Repuso el sombrero de paja.
La discusión continuó por unos minutos mientras los piratas se trasladaban al comedor. Brago ahora estaba apoyado contra una pared, Zoro sentado en el suelo apoyándose en otra, los demás estaban sentados en la mesa.
"Bueno, te voy a dejar ser capitán por ahora." Concedió Usopp. "Pero si la cagás entonces el puesto es mío."
"Ok, bien por mí." Aceptó Luffy divertido. Después de eso, el capitán se volteó para encarar a los otros que estaban en la mesa. "Ahor, antes de ir al Grand Line necesitamos cubrir una posición más. Alguien muy importante."
"Cierto." Coincidió Nami. "Se necesita tener un cocinero calificado en cualquier barco. Yo podría hacerlo si me pagaran."
"¿Eh? Ah, bueno, entonces dos posiciones importantes." Dijo el joven de goma. "Todavía nos falta algo muy importante: ¡un músico!"
"¡Unu! Luffy dijo que a los piratas les gusta cantar uando festejan." Coincidió Zatch.
"¿Son tarados?" Preguntó Zoro.
"¡¿Se piensan que estamos de vacaciones o qué?!" Gritó Nami.
"En serio creí que iba a decir algo inteligente." Murmuró Usopp decepcionado.
Tia y Kanchome solo podían suspirar, esto no era lo que esperaban de la Competencia.
En ese momento, se escuchó un escandalo en la cubierta del barco.
"¡Salgan ya, escoria pirata!" Gritaba un hombre mientras pateaba algunos barriles. El tipo parecía ser más o menos de la edad de Zoro, con botas negras, pantalones beige claro, una camiseta violeta oscuro bajo una campera azul claro abierta, un brazalete de cuentas doradas en el brazo izquierdo, lentes oscuros unidos por un elástico detrás de su cabeza, el kanji de 'mar' tatuado en la izquierda de su cara y una espada tipo dadao en su mano.
Zatch se colgó de la ventanilla en la puerta del comedor y observó la escena. "Luffy, hay un tipo raro rompiendo barriles ahí afuera."
"¿Nomás uno?" Preguntó Zoro aburrido.
"A ver…" Comentó Luffy saliendo. "¿Qué pasa?" Preguntó al destructor.
El tipo se volteó hacia Luffy. "¿Cómo se atreven a actuar tan despreocupados… ¡después de haber atacado a mi compañero!?" Gritó mientras atacaba a Luffy. El joven esquivó y el corte acabó seccionando una parte del barandal.
"¿Eh? Pero si nosotros no atacamos a nadie." Comentó el capitán confundido.
Adentro del comedor, Nami, Usopp, Tia y Kanchome veían el intercambio. Zoro y Brago prestaban atención a la conversación, en eso, el espadachín notó algo sobre la voz del intruso.
De nuevo en cubierta, Luffy llegó a una conclusión.
"No sé de qué estas hablando," Comentó al invasor. "pero, ¡deja de destruir el barco!" Y con eso lo tomó de los hombros y lo azotó contra la pared del nivel del almacen.
Minetras el hombre se deslizaba hasta el suelo, solo podía pensar en lo fuerte que había sido el golpe. Entonces, se escuchó una voz interrumpiendo el encuentro.
"Johnny, ¿sos vos?" Preguntó el espadachín de la tripulación.
El invasor, identificado como Johnny, se volteó hacia la figura que acababa de emerger del comedor y que, para su sorpresa, era alguien que conocía bien.
"Zoro-aniki, ¿qué estás haciendo en un barco pirata?"
Zoro contestó la pregunta del intruso con una propia. "Y vos, ¿qué haces solo? ¿Qué pasó con Yosaku?"
Los que quedaban en la cocina veían la conversación por la ventanilla, pero, ahora que el jovn de los lentes de sol hablaba a un nivel normal, no podían escuchar nada. En eso, el tipo fue hasta el costado del barco y saltó a un bote atado al barandal de donde subió a otro individuo. El segundo hombre tenía botines marrones, pantalones cortos amarillos a cuadros que dejaban ver unas piernas algo peludas, una camiseta negra bajo un sobretodo verde abierto con una espada tipo dadao también colgando del mismo y un brazalete de tela roja, un protector rojo adornaba su cabeza rapada; el tipo mostraba una palidez azulada, tenía un vendaje alrededor del vientre y parecía totalmente exhausto.
Brago, Usopp y Kanchome salieron de la cocina para ver al recién llegado, dejando a la pareja del libro bermellón en la habitación.
"Tia…" Llamó Nami mientras las dos salían a un paso más relajado y bajaban las escaleras. "Necesito que vayas a buscar algo."
Habían puesto al enfermo, identificado como Yosaku, en cubierta sobre una manta.
Johnny estaba arrodillado junto a él, lágrimas escurrían desde atrás de sus lentes. "Yosaku enfermó de pronto, sus dientes se empezaron a caer, sus heridas se reabrieron y ya no pudo moverse." Explicó. "No sabía qué hacer así que lo llevé a un islote a descansar y entonces su barco nos bombardeó."
Las parejas de los libros rojo y amarillo empezaron a disculparse profusamente al darse cuenta que fue su 'práctica de tiro' lo que había causado esta situación; Zoro estaba tenso ante la idea de que Yosaku, quien parecía ser su amigo, pudiera morir por esta enfermedad y Brago observaba la situación con mediano interés, aunque su atención parecía estar más en Johnny que en Yosaku.
Nami decidió que era momento de intervenir y se adelantó hacia el enfermo. La ladrona comenzó a tirar de su lengua y revisar sus encías.
"¡Pero ¿qué estás haciendo?!" Chilló Johnny mientras tomaba las manos de la joven y la cubrá de saliva por sus gritos.
"¿Qué son estúpidos?" Repuso la chica. Entonces Tia se le acercó cargando una canasta llena de frutas verdes.
"Nami acá están las limas que querías."
"Bien," Comentó la ladrona. "Luffy, Zatch, Usopp, Kanchome, necesito que expriman estas limas y dejen que el jugo caiga en la boca del tipo."
Los cuatro se apresuraron a obedecer mientras las chicas se levantaban y Nami explicaba lo sucedido.
"Le dio escorbuto. Tuvieron suerte de que los encontraramos ahora, en unos días más podría no haber sobrevivido. En el pasado era una enfermedad peligrosa en el mar, pero hoy en día se sabe que es solo una insuficiencia de vitamina C, tan pronto como haya tomado el jugo de lima y descanse un poco va a estar bien."
En ese momento, Yosaku se levantó y comenzó a bailar con su compañero, festejando que ya estuviera bien. Antes de que Nami pudiera detenerlos, los dos se pusieron uno al lado del otro en una pose reflejada.
"Gracias por todo, permitan que nos presentemos." Anunciaron al unísono.
"Mi nombre es Johnny."
"Mi nombre es Yosaku."
"¡Somos cazarrecompensas!" Completaron a la vez de nuevo.
"Antes eramos compañeros de Zoro-aniki."
"Es un placer conocerlos."
"Chicos," Comentó Zoro acercándose. "no puedo creer que los encontrara acá."
"Creeme que nosotros estamos más sorprendidos."
"Mira que ver a Zoro 'el Cazador de Piratas' vuelto pirata."
En ese momento, Yosaku volvió a caer al suelo.
"¡Ahhh! ¡Compañero!" Gritó Johnny.
"¡Eso trataba de decirles!" Aprovechó Nami para interceder. "Es imposible que se recupere tan rápido. Va a tener que descansar al menos unas horas."
"Entiendo, gracias por eso… ehhh... perdón no escuché tu nombre."
La chica suspiró frustrada. "Nami…"
"Ok, gracias Nami-aneki."
Fue entonces que el cazarrecompensas notó algo interesante sobre la mitad de la tripulación.
"Ehh… ¿por qué es que hay tantos niños en el barco?"
"Ah eso es porque son mmffff…" Las palabras de Luffy fueron detenidas por las manos de Nami y Usopp.
"Ah, sobre eso…" Comentó la ladrona nerviosa.
"Sí… bueno… es que…" El ladrón se debatía sobre qué historia sería creíble.
"Somos sus mamodos acompañantes." Grande fue la sorpresa de todos cuando vieron que quien habló fue Brago.
"Hey, Brago, ¿no se supone que no deberíamos contarle de esto a otras personas?" Preguntó Zoro.
El mamodo oscuro no se molestó en voltear hacia su guardián mientras seguía recargado contra el barandal, la vista clavada en Johnny. "El sabe de qué hablo. Puedo percibir la presencia de un mamodo en su persona. ¿Cómo lo estás escondiendo?"
En un segundo, el cazarrecompensas estaba en guardia, de un bolsillo interno de su campera sacó un libro color gris claro y en su mano izquierda sostenía algo que había sacado de un bolsillo lateral.
"¿Cómo supiste eso?" Preguntó mientras barajaba sus oportunidades contra cuatro adversarios.
"Johnny, tranquilo." Intervino Zoro. "Todos acá somos amigos."
"Cierto." Comentó Luffy. "Cualquier amigo de Zoro es amigo nuestro."
Brago agradeció que todos estuvieran observando a Johnny y este a su vez mirara al espadachín de modo que nadie tuviera que ver el esfuerzo físico que tuvo que hacer para contenerse ante esa frase.
"Ah, ok." Dijo el joven de los lentes bajando la guardia. "¿Así que no hay problema con que se los presente? ¿No vamos a pelear?"
"No, tranquilo."
"Muy bien." Dijo el tipo sonriendo mientras mostraba lo que había en su mano izquierda. "Acá está."
Los piratas se acercaron a ver la mano del hombre.
"Johnny," Comentó Zoro. "eso son unas tijeras y un tubo de plasticola."
"Un segundo." Comentó el cazarrecompensas sin dejar de sonreír mientras lanzaba los objetos al aire, el libro comenzó a brillar mientras lo abría. "El primer hechizo: ¡Voruku!"
Las tijeras y el tubo empezaron a crecer mientras un pañuelo rojo aparecía y se ataba cerca de la tapa del tubo, entre este y la tapa aparecieron una nariz achatada y un par de ojos, justo debajo del pañuelo salieron dos brazos tipo 'hombre palito' terminados en guantes anaranjados, de la rueda en el fondo del tubo salieron dos piernas también tipo 'hombre palito' terminados en zapatillas naranjas, las tijeras también crecieron y se acloplaron en la espalda del mamodo.
Completada la transformación, el mamodo aterrizó en la cubierta y se levantó. Lo primero que hizo fue decir su nombre. "Yo soy Norito Hassami."
Ante la presentación y la forma del mamodo, los piratas solo pudieron pensar "Sí, sí lo es."
Al notar al compañero de su compañero tirado en el suelo, el mamodo extravagante tomó las tijeras de su espalda por las empuñaduras que aparecieron en sus orejas y las desenvainó, demostrando que en realidad eran un par de espadas.
"Johnny-san, ¿estamos bajo ataque?"
"No, no, tranquilo compañerito." Dijo Johnny mientras guardaba el libro gris claro de vuelta en su campera. "Estos son nuestros amigos."
"Entonces, ¿por qué Yosaku-san está en el suelo?"
Fue entonces que el grupo recordó al cazarrecompensas enfermo caído. Unos minutos después, el hombre estaba recostado en el camarote de varones y los demás volvieron al comedor a explicarle a Norito Hassami la situación.
"Entonces, Yosaku-san estaba enfermo y ellos lo curaron." Resumió el mamodo.
"Bueno, en realidad fue Nami-aneki." Explicó Johnny señalando a la navegante, quien ahora escribía en la bitácora del barco (también conocida como su diario íntimo).
"Entiendo." Dijo el mamodo espadachín mientras se levantaba y procedía a inclinarse ante la joven. "Gracias por cuidar de Yosaku-san, Nami-aneki-sama." Luego de eso, volteó hacia Zoro y también se inclinó ante él. "Es un placer conocerlo al fin, Zoro-aniki-sama, Johnny-san y Yosaku-san solo hablan maravillas de usted."
Luffy había aprovechado la explicación para recordar el diagnóstico de Nami. "Sos increíble." Le comentó alegremente a la navegante. "Parecías una doctora con todo esto del escarabajo."
Nami suspiró, no importaba el cumplido si el tarado ni siquiera se daba cuenta del peligro. "Se llama 'escorbuto' y es algo que podría pasarle a cualquiera. Es por eso que, para viajes largos como el nuestro, los barcos generalmente tienen a alguien que se encargue de la comida."
"¿Que se encargue de la comida?" Pregunto Luffy mientras veía a Zatch agarrar una manzana y empezar a comer. "¡Bien, decidido! ¡El próximo intergrante que hay que conseguir para la tripuación va a ser un cocinero!"
"¡Bien dicho!" Saltó Usopp. "Con un cocinero a bordo tendríamos cosas mejores y más seguras para comer."
Los demás integrantes de la banda expresaron su acuerdo en mayor o menor medida.
"Si buscan un cocinero," Comentó Johnny atrayendo la atención de los piratas. "entonces conozco el lugar perfecto."
"¿En serio?" Preguntó Luffy entusiasmado. "¿Dónde es?"
"Es un lugar algo más cerca del Grand Line." Explicó el cazarrecompensas mientras se movía para estar frente a Zoro. "Y se de buena fuente que el hombre con 'Ojos de Halcón' que estas buscando frecuenta el lugar, aniki." Las manos de Zoro aferraron la katana blanca, una expresión de entusiasmo apareciendo en el espadachín también. "¡Fijen curso al noroeste!" Exclamó el joven mientras apuntaba en esa dirección. "Nuestro destino: el restaurante flotante, ¡Baratie!"
To be continued
ONE BOOK (Proximamente): Los piratas llegan al restaurante flotante donde conocen a un cocinero bastante singular y un mozo bastante especial.
Usopp: Proximamente en One Book "Cocinero y acróbata". Es tiempo de que inicie la primer aventura en el mar del gran ¡Capitán Usopp!
Y hasta ahí. Bastante introductorio el capítulo, presentamos personajes, una pareja mamodo que espero los sorprendiera y algunos pensamientos que espero que no suenen muy OOC. Todo se explicará a su tiempo.
Aclaraciones que no traduje en el capítulo:
Aniki/Aneki: Significan "Hermano/a mayor".
Norito Hassami: Su nombre quiere decir literalmente "Pegamento y Tijeras" de ahí le reacción de todos.
Hasta entonces contesto a mi único reviewer constante L. Master, gracias por el apoyo, perdón que el capi que esperabas no sea tan largo como el anterior, si no se te ocurren parejas con mamodos existentes por qué no creas un mamodo OC y me lo mandás (como siempre pido a los lectores).
Nos leeremos en Junio de nuevo. Comenten, critiquen, inventen mamodos y mándenmelos, saben cómo funciona.
Gracias por su tiempo.
