LEY 11.723 - REGIMEN LEGAL DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL

PUBLICADA EN EL B.O. Nº 11793 CON FECHA: 30-09-1933 (LEGISLACIÓN ARGENTINA)

RENUNCIA: LOS PERSONAJES SON S. MEYER LA HISTORIA QUE ESTAS LEYENDO ES MÍA.

GRACIAS A TODAS LAS QUE PUSIERON MI HISTORIA COMO FAVORITA O EN ALERTA Y GRACIAS SOBRE TODO A BERE POR RECOMPENSARME SIEMPRE CON UN REVIEW.

N/A LA HISTORIA A PARTIR DE AQUÍ COMIENZA A APEGARCE AL RATING M SOBRE AVISO NO HAY RECLAMO.

ENCUENTRO:

Tan perfecto, tan sin pantalones que me pellizqué. ¿Qué clase de persona está trabajando sin pantalones?

-¿Edward?

BPOV:

No podía creer lo que estaban viendo mis ojos estaba descolocada.

-Es ella, enséñenle la salida. La voz chillona de la remilgada, acompañada de un dedo no muy agradable señalando en mi dirección me saco de la estupefacción.

El me miraba desconcertado. Se que me veía diferente pero ¿tanto?, tal vez no le agradaba mi nueva imagen no tan aniñada. Sería un ¿pervertido?

-No, la señorita Swan se queda. La estaba esperando. Le dijo de forma seca y tajante. Ese comentario me saco de mis cavilaciones. El intento de secretaria que tenía se quedo con la boca abierta. Me dirigió una casi inaudible disculpa. ¡Toma esa perra!.

Edward desvió la mirada y endureció el semblante casi podía jurar que pensó que tenía los pantalones puestos. Se aclaro la garganta y trato de actuar natural.

-Srta. Stanley podría dejarnos a solas. Espeto de manera seca.

-Desde luego Lic. Cullen. Contesto la chica que no salía de su asombro. Acto seguido todos salieron de la oficina cerrando la puerta detrás. La remilgada fue la última en salir no sin antes mirar a Edward de soslayo y este le indico que se retirara.

-Siéntate. Me dijo indicando con su brazo la silla que tenía al lado. Yo seguía atónita el se sentó en su gran sillón, tomo los pantalones del apoyabrazos como si fuera algo natural y se los colocó.

Fruncí los labios con desagrado y le lance sin pensar.

-¿Qué haces aquí y a medio vestir?

-Esta es mi oficina y lo de los pantalones me pasa desde la facultad, cuando tengo que pensar o resolver algo, comienzo a caminar en círculos y me molesta el ruido de la tela al rozarse, me desconcentra.

Quien me dijo que era excéntrico se quedo corto, era de otro mundo. Ya decía yo que esa belleza no era humanamente posible. Sentí el ataque de ira incontrolable. Él me había mentido, sentí mi cara arder tenía que calmarme.

-¿Por qué no me dijiste? Estaba teniendo éxito conteniéndome.

-¿qué cosa? Paso saliva sonoramente ¿Qué otra cosa me había ocultado?. Tenía que ser clara.

-Cuándo pregunte por tu trabajo, me dijiste que no era nada importante que trabajabas para una compañía. Obviaste la parte en la que la dirigías. ¿Tendría vergüenza?

-¿Te avergüenza tu trabajo? Tenía que saber después de todo yo tampoco le había dicho mucho sobre el mío.

-No, solo que me estoy adaptando llevo pocos días en el puesto. Tenia sentido.

-y tú, ¿te avergüenzas del tuyo? .¡Ups! Negué con la cabeza y trate de sonreír de manera dulce el me derretía. Me decidí por una media verdad. No podía esconder la tristeza que me generaba que mi reto ya no sería tal.

-No solo que, estaba tan asustada y nerviosa por el temible y excéntrico hombre que iba a conocer que encontrarte en su lugar me da una especie de alivio y rabia. Era una gran verdad.

-¿Porque? Me dijo; a caso ¿no era obvio?

-Bueno esto iba a ser una especie de prueba de fuego para mí y tengo miedo de que mis sentimientos hacia ti nublen mi juicio. Además siempre fui de la idea que no es bueno mezclar las relaciones laborales con las personales es poco profesional.

Bufe frustrada mi trabajo ya no sería serio con los sentimientos involucrados.

Edward se veía confuso en un movimiento fluido se levanto de la silla y se acerco. Se arrodillo para quedar a la altura de mi cara y me beso como si no hubiera mañana.

El beso comenzó suave y con su propia cadencia. Sentí su sabor en mi boca y mi corazón comenzó a acelerarse. El deseo desenfrenado de tocarlo que tenía desde que lo vi se hizo presente. Me saque los anteojos de un tirón.

La sangre me pulsaba rápido bajo la piel y mi corazón 1atía pujando por salir de mi pecho, mi lado salvaje que tanto me costaba controlar había salido a la luz con la fuerza de un volcán en erupción.

Me lance sobre él tirándolo al piso, apretándolo contra mi cuerpo, lo necesitaba cerca, lo tome por la camisa y le arranque los botones.

Me senté a horcajadas, y sentí sus manos apretándome el trasero para que pudiera sentir su erección. El beso se volvía lento por momentos buscando su propio ritmo le hice notar que quería más. Jadeamos por aire.

Sentí sus brazos envolverse en mi cintura y acercarme todavía más, quedamos pegados enrosque mis piernas en su cadera y él se levanto alzándome con el, mi espalda choco contra una superficie dura y sus manos se movían por toda mi anatomía subí mis manos a su cabello y lo tire con fuerza. Dejo un camino de besos húmedos.

-Te deseo. Me dijo jadeante

-Yo más. Estaba desesperada, ansiosa y terriblemente excitada lo quería aquí y ahora no me importaba que fuera poco profesional o que estuviéramos en su oficina. Lo quería sin limitaciones pero sobre todo sin ropa. Rompió el beso

-No aquí. Me dijo jadeante y con la respiración acelerada, apoyo la cabeza en mi pecho tratando de controlarse.

-Alguien puede entrar. Asentí escuche golpes en la puerta y me puse rígida Edward aflojo el agarre y me sentí incompleta.

Me moví unos pasos y trate de acomodar mi ropa que estaba toda desarreglada lo miro con deseo de más tenía los labios hinchados al igual que él.

-Lic. Cullen ¿se encuentra bien? Oh si, ella estaba en mi lista negra.

-Si, Srta Stanley. Le dijo el aludido con voz ronca.

-El señor Whitlock, dice que lleva llamando a su celular diez minutos.

-Gracias Srta. Stanley.

-Bella, me permites un minuto debo hacer una llamada. Asentí se comportaba demasiado compuesto como si acabara de cerrar un negocio.

Las inseguridades me golpearon como nunca antes lo habían hecho. Me había rechazado. En ese momento quería salir corriendo a ocultarme y llorar mi miseria.

-¿Tienes un baño? Alcance a articular con todo el dolor del rechazo a flor de piel.

-Por aquí. Me indico con la mano señalando el fondo del impresionante despacho. Tomo el teléfono y llamo a alguien. Desaparecí en el baño, cuando cerré la puerta me eche a llorar sin control el me había rechazado y yo estaba sufriendo como nunca antes me había pasado, el me importaba más de lo que creí posible.

Entre los fuertes sollozos, lo escuchaba hablar por teléfono tranquilamente. Si él era así yo también podía comportarme de manera indiferente .Me limpie las lagrimas y acomode el poco maquillaje que tenía un poco de rímel y delineador de ojos.

Me erguí y salí del baño el estaba mirando por la ventana y seguía al teléfono.

-Tengo una cena de negocios. Hablaba con alguien.

-¿Edward? Le hable para hacerme notar, se giro sobre sus talones y su rostro cambio cuando me vio. Paso del asombro a la preocupación en un segundo; corto la llamada y me abrazo con dulzura.

-¿Qué tienes? Me pregunto desconcertado. Levanté la vista y no pude controlar las lágrimas.

-Nada. Mentí, mientras sorbía mi nariz.

-¿Es que tú no quieres? No tuve el valor para completar la pregunta. Por su rostro pasaron miles de expresiones en un segundo.

-Créeme que quiero. Susurro con la voz cargada de anhelo.

-Pero no aquí, no así. Me abrazo y suspiro en ese momento entendí, no era el lugar apropiado para nuestro primer encuentro, en ese momento lo desee más. Quería cuidarme, su teléfono comenzó a sonar pero no lo atendió.

-Vámonos de aquí. Me dijo y apretó el abrazo, lo mire medite por un momento me quede completamente roja de solo pensarlo y le susurre atropelladamente.

-¿Tu casa o la mía? Se quedo mudo.

-La mía. Me dijo sin pensarlo. Levanto el teléfono y llamó.

-Srta Stanley mándeme lo que le pedí por e-mail y avísele al señor Whitlock que hay problemas de fontanería otra vez.

-¿se te rompieron los caños? Le pregunte perpleja ¿Cómo vamos a ir a su casa si no tiene agua? O peor el apartamento inundado.

Los colores le subieron a la cara y me explico que cuando tenían "invitados" para ahorrarse malos momentos tenían una especie de código, siempre eran cosas del hogar. Le sonreí con ganas .

-sería útil en casa con Em y Rose, ellos son efusivos. Sentí la cara arder al recordar un fin de semana que había venido de visita hace un año, salí de compras y a mitad de camino me di cuenta que me había olvidado el dinero. Cuando llegue a la casa estaban Em y Rose "cariñosos" en el comedor todavía no me recupero de la impresión.

Salimos de la oficina luciendo lo más profesionales posible charlando, se despidió de su secretaria con un movimiento de cabeza y ella me miraba como para comerme la mire de arriba abajo y le sonreí con toda la falsedad que fui capaz.

Llegamos al elevador me miro divertido y me dijo

-¿que fue eso?

-¿Que fue qué? Puse mi mejor cara de inocencia.

-el duelo de miradas. Me había visto ¡mierda! me puse colorada y fruncí la boca en un puchero.

-Ella no me gusta. Era un gran verdad me exasperaba. Llegamos a la planta baja deje mi gafete en la recepción y salimos al estacionamiento.

-¿Mm como hacemos? Tengo el auto de mi cuñada.

-Sígueme, soy el del auto plateado recuerdas. Pareció repensárselo saco el teléfono y llamo.

-Jazz te dejo mi auto las llaves están puestas.

- no lo sé. Seguía al teléfono; me miro raro con una expresión que no supe descifrar y corto la comunicación.

-¿Me llevas? Me dijo muy sensual iba a decirle que hasta el fin del mundo pero era cursi. Solo asentí sonriendo.

-Indícame el camino. Le conteste con el mismo tono; dos pueden jugar este juego. Se paso la mano por su ya desordenado cabello y sonrío. El era criminal. Perfecto pensé subí la calefacción y me desprendí los botones de la camisa hasta el escote que no era mucho pero estaba ayudado por el push up del sostén azul de encaje y deje que se viera algo de él, acomode la falda para mostrar un poco más las piernas mientras me descalzaba para manejar. Lo mire de reojo y se removía incomodo en el asiento del copiloto.

- Hace calor aquí. Me dijo mientras se soltaba un botón más de la camisa y me sonreía de manera seductora uh uh este va a ser un viaje largo.

Me solté el pelo, cruce el cinturón de seguridad, le pedí la dirección y la cargue en el GPS, el viaje fue rápido hasta la casa la tensión se sentía en el aire mantuvimos una charla bastante insustancial mientras lo veía vagar con la mirada por mi cuerpo sin ningún recato, le devolví el gesto de manera completamente desvergonzada .Me lo comí con los ojos.

El GPS índico que habíamos llegado me acomode la ropa y calce mis zapatos y ambos bajamos. Entramos al edificio y tomamos el ascensor, lo vi. Mirarme con lujuria me relamí los labios a manera de invitación y se abalanzó sobre mí.

El beso se encendió rápidamente. Envolví mis piernas alrededor de su cintura y pude sentir su erección contra mí. Estaba aturdida por lo que él despertaba en mí, mis mas bajos instintos salían a la luz me sentía salvaje, presa del deseo.

Lo más probable era que las circunstancias en las que estábamos fueran las que encendían este tipo de pasión animal. Como si un tornado se encontrara con un volcán y desataran su furia y todo lo demás fueran daños colaterales.

Arranque los botones que le quedaban a su camisa y comencé a recorrer su pecho con mis manos. Lo mordí en el cuello y el gimió de placer.

Se escucho el pitido de llegada del elevador. Pero no rompimos el beso me llevo alzada y choque contra una superficie fría sus manos se metieron bajo mi blusa presionando mis pezones con sus dedos, bajo su boca a mi cuello hasta llegar al inicio de mi escote. Se sentía bien.

-¡Mierda! No puedo embocar la cerradura. Comencé a reír

-Estas distraído, puedo dejar de tocarte. Mientras tanto le mordía la oreja.

- Primero muerto. Sonrío triunfante y escuche la llave girar en le cerradura.

Entramos y cerro la puerta de una patada me sentó en la mesa y sus ojos estaban oscuros como no los había visto nunca.

Comenzó a deshacerse de mi blusa besando, chupando y lamiendo todo a su paso, mordió uno de mis pezones sobre la tela del sostén ganadose un gemido de mi parte mientras le tironeaba lo que quedaba de la camisa. En pocos segundos la parte superior de nuestra ropa había desaparecido metió una de sus manos entre mis piernas rozando mis bragas totalmente húmedas y ronroneo de placer.

Me besaba con fuerza y desesperación baje mis manos de su pecho y fui directo a su pantalón lo desprendí y baje el cierre metí mi mano acariciando su erección, el sin esperar a que estuviera completamente desnuda, deslizo dos dedos dentro de mí, y se me atoro un grito en la garganta el era bueno y yo quería mas.

Sus manos recorrían mi cuerpo y yo hacia lo mío con el suyo un muy familiar cosquilleo comenzó por mi cuerpo lo necesitaba adentro mío ahora.

-Te necesito adentro mío ¡ahora! Me miro como para comerme se relamió los labios

-¿Cuanto? Me dijo mientras sus dedos se movían con celeridad contra mi clítoris. ¿Era broma?

-¿Cuanto que? Jadee molesta

-¿Cuanto me deseas? Me separe de él y lo empuje con las manos se resistió. Me arrodille en el piso y comencé a lamerlo sin tregua ayudado con mis manos por toda la longitud de su erecto pene. Si quería guerra le iba a dar batalla.

¡Ah, Dios!, resoplo

-¿Quieres matarme?

-Sabes bien. Me aleje de el relamiendo mis labios. Sus ojos se desorbitaron acorto la distancia y me empujo contra la pared termino de sacarme la falda a los tirones mientras me acaricia frenéticamente.

-¡Te necesito! Exclamo presuroso.

-¿Cuánto? Le dije de manera juguetona. Me cargo al hombro como una bolsa de papas y me llevo a la habitación.

Me tumbo sobre la cama, termino de sacar mis bragas de alrededor de mis piernas mientras las lamia hasta llegar a mi entrepierna hundió su lengua en mi dejándome en blanco la cabeza me daba vueltas. Como yo no pude terminar de sacarles sus boxers, él se los saco rápidamente y se unió conmigo en la cama. Metió la mano en la mesita de noche, saco un preservativo y se lo puso.

No puedo esperar, más. Me dijo jadeando con la respiración entre cortada.

Yo asentí, y se arrastró entre mis piernas, pegando su cadera contra la mía. En una sola estocada ya estaba dentro de mí, los gemidos llenaban la habitación. Envolví mis manos alrededor de él, con una apreté su trasero, instándole a que fuera más profundo y con la otra le arañaba la espalda. Edward comenzó a mover sus caderas, tenía los brazos a ambos lados de mí, manteniendo su peso.

Le hinqué las uñas en los brazos fuertemente para hacerle saber que yo quería más.

Su lengua vagaba libre por mi cuerpo, pasaba de besarme, a lamer, chupar y dar suaves mordiscos por mi carne. Puso sus manos debajo de mi cuerpo, sosteniéndome, sin dejar de embestirme una y otra vez. Podía sentir su pelvis empujando y frotando contra mi clítoris, arañe su espalda y me gane un ronroneo de su parte. Quería más de él era adictivo y sumamente embriagante.

Comencé a mover mis caderas debajo de él, aumentando la fricción, hasta que pude sentir la fuerza de mi orgasmo golpearme. Mi interior comenzó a convulsionarse apretándolo y lo sentí venirse violentamente.

Sin dudarlo fue el mejor sexo en mucho tiempo.

Es mi primer lemon espero haberlo hecho bien. Espero opiniones no sean muy duras porfis.