CAPITULO VIII.-
1-
El yate de Tsukino esperaba tranquilo en el aparcadero, meciéndose suavemente con las olas. Afuera, en la rampa de abordaje, Tsukino en persona, esperaba rodeado de unos seis u ocho hombres, obviamente armados. No era necesario fijarse mucho para adivinarlo, ni se suponía demasiado al pensar que en el yate aguardaba un buen número de refuerzos.
Todos se pusieron alertas en cuanto el auto rojo se detuvo frente al muelle.
.- ¿Este es el fabuloso plan?.- preguntó Daniel, revolviéndose nervioso en el asiento del copiloto.- ¿Así es como funciona la maquinadora mente de un estratega?
.- ¿Tienes una idea mejor?.- Preguntó Fé, con algo de fastidio, apagando el motor. Daniel no respondió.- Entonces te sugiero que hagas exactamente lo que planeamos.- terminó ella.
Daniel asintió, respirando profundo, Fe lo miró con preocupación. Dios, estaba tan nervioso...
.- No voy a dejar que te pase nada.- le aseguró.
.- Puedo hacerlo...- se apresuró a responder él.- ¿Que hay de ti?
.- No te preocupes por mi.- le respondió seria.- Este no es mi primer rodeo.
Daniel la miró con más detención.
.- ¿Por qué no me dijiste nada de esto antes? ¿Por qué no me dijiste quién eras en verdad?.- preguntó.
Fé dudó.
.-No creí que fuera necesario.- dijo al fin.- No por ahora.
Pensaba en decirle que no era necesario que supiera todo de ella porque en verdad no esperaba que fueran a estar juntos por mucho tiempo. Menos ahora. Pero no lo hizo. No iba a decirle que lo de la noche anterior en verdad no había sido nada, no en ese momento y no cuando para él claramente había sido algo.
.- ¿Tienes todo tu equipo?.- preguntó, cambiando el tema bruscamente. Él la miró confundido por un par de segundos, luego sacudió la cabeza y asintió.
.- Si, sólo denme unos minutos, necesito que hable para grabarlo.
Ella sonrió.
.- Tendrás todo el tiempo que necesites, cariño, todos estamos a tú señal, tú dices cuando.
Daniel se volvió a verla con los ojos de par en par. De pronto sintió un vacío de pánico en el estómago. Fé abrió la puerta del conductor y se bajó lentamente, mirando hacia los hombres que esperaban por ellos.
Sólo fue un vistazo, pero fue suficiente para contarlos, para ver sus armas dentro de las chaquetas, para ver el bote tras ellos, para ver por una de las ventanas el leve resplandor del disparo de un arma sofocado por algo...
Dio la vuelta al auto y fue a abrir la puerta del copiloto.
2 .-
Raph esperó a que el auto se detuviera antes de saltar al agua, lo más silenciosamente posible. Arriba, en el yate, no sintieron siquiera un chapoteo.
Por el rabillo del ojo vio a Leo flotando justo bajo el muelle, antes de continuar su camino. Nadó sin novedad hasta la parte trasera del yate, donde las hélices permanecían inmóviles. Sacó la cabeza del agua, sólo hasta la altura de los ojos.
Esperó, escuchó.
De un salto alcanzó uno de los lados del bote, usándolo menos de un segundo para impulsarse hacia la barra que rodeaba la cubierta. De inmediato se apegó contra una de las paredes.
Directamente sobre él había dos pisos más y en todos había contado al menos tres o cuatro tipos.
Esperó al que hacía la ronda en ese piso. El sujeto pasó por su lado y habría seguido su camino sin notarlo siquiera si Raph no lo hubiera sorprendido por la espalda y tomado su cabeza. Fue un sólo movimiento girar su cuello y sostener su arma antes de que cayera al suelo. Dejó el cuerpo inerte suavemente sobre el piso.
No era que alguien lo fuera a extrañar de todas formas y prefería no dejar la posibilidad a que recobrara el conocimiento y causara problemas. De esa forma era más eficiente.
Sonrió. Todo fuera por la eficiencia.
Siguió por el pasillo y se metió en la primera cabina. Como pensó, había cuatro hombres más ahí. Sólo el último de ellos se dio cuenta de lo que estaba pasando, pero no alcanzó a hacer nada. En el piso superior, uno de ellos incluso pudo disparar el arma, pero Raph sofocó el sonido de la detonación con el cuerpo de uno de sus compañeros...
3.-
Fé abrió la puerta del copiloto y sacó a Daniel de ahí jalándolo por el brazo. Venía con las manos atadas tras la espalda. Ella no dijo nada y él sólo tenía ojos para los tipos que estaban de pie frente a ellos. Fé tuvo que empujarlo un poco para que se pusiera en marcha.
Caminó con él hasta el inicio del muelle de madera, a unos veinte metros de los hombres.
Tsukino sonrió.
.- ¿Dónde está lo mío?.- preguntó ella en voz alta para hacerse oír a pesar de la distancia.
El yakuza sólo inclinó un poco la cabeza a un costado y de entre los hombres que lo rodeaban apareció un tipo flaco, viejo y más bajo que el resto. Venía vestido apenas con unos pantalones sucios y debían sostenerle entre dos para mantenerlo en pie. Tsukino hizo otra inclinación de cabeza y dos hombres comenzaron a caminar hacia ella. Daniel se puso tenso y retrocedió un poco. Fé tuvo que volver a impulsarlo hacia delante.
.- Mantén la calma...- le susurró.
Los hombres se acercaron a ella y comenzaron a buscar en sus costados.
.- Cuidado con las manos...- gruñó ella.
Después de asegurarse que no llevaba armas, los hombres dieron media vuelta y volvieron donde su jefe.
.- Haremos esto lo más sencillo posible.- comenzó el yakuta.- yo le mandó al suyo, usted me manda al mío.
Fé asintió.
.- Él suyo comienza a caminar cuando el mío esté a la mitad... y solo...- gritó ella a su vez.
Tsukino pareció pensarlo un momento, pero luego asintió, haciendo unos gestos con las manos en dirección a ella.
.- Traigan a Costas.- dijo.
Los hombres pusieron al viejo vestido sólo con pantalones, unos pasos más adelante del resto. Sólo entonces levantó la cabeza. Vio a una chica vestida de negro, con un tipo más alto que ella, vestido de traje gris claro. La miró bien.
Desde el fondo de su memoria asomaba un recuerdo difuso, muy difuso, pero aún con el tiempo que había pasado, los rasgos más característicos de una cara no se borran, sin mencionar lo mucho que se parecía a su madre...
.- ¿Ada?.- preguntó vacilante, entrecerrando los ojos.- Ada... ¿eres tú?...
Los segundos siguientes fueron de absoluto silencio. Fé no respondió, como si no hubiera escuchado nada, sólo siguió con la vista al frente.
.- ¿Ada?.- repitió el hombre maltrecho.
Tsukino se echó a reír.
.- Así es, Fénix no-sé-cuantos, resultó ser Ada Costa, ¿verdad que el mundo es un pañuelo?, aunque lo descubrimos por pura casualidad: uno de mis técnicos se le ocurrió avejentar una foto de la pequeña Ada que encontramos entre las cosas de Costas ¿y qué crees? Tú ya eras bastante conocida en nuestro círculo, así que nos sorprendimos un montón. Gracias a eso se nos ocurrió una idea mejor que sólo matar a este maldito tramposo.- dijo, apuntando al viejo con desprecio.
Daniel se volvió a verla, abriendo los ojos de asombro. Ella no dijo nada, ni para confirmar ni para negar, sólo estaba con la vista fija en el frente, ceñuda. ¿Quién era ella en verdad? ¿En qué diablos se había metido?
.- Sigue con lo planeado.- le susurró Fé, casi sin mover los labios, como si hubiera adivinado lo confundido que estaba.
Fénix respiró y exhaló profundo, de forma casi imperceptible. Realmente no le importaba lo que hubieran descubierto en tanto no mencionaran a la familia Castagno. Se había cuidado tanto de no mencionar nunca ese nombre, si Mario y los chicos se veían en problemas por su culpa, jamás se lo perdonaría.
Finalmente se volvió hacia los hombres al frente.
.- Haz que el viejo camine hacia acá de una vez.- Gritó.
Los hombres le dieron un fuerte empujón al viejo, quien aún la miraba con estupefacción. Casi perdió el equilibrio con el empellón, pero comenzó a caminar de una vez, a paso lento.
Tenía los pies vueltos hacia adentro, los brazos torcidos, y caminaba rígido, como si lo hubieran obligado a permanecer en un lugar muy, muy pequeño por demasiado tiempo. Fé pensó que probablemente se lo tuviera merecido y se prohibió sentir nada parecido a la compasión por él. El viejo probablemente creía que ya estaba a salvo, pero nada más lejos que eso.
Nada más lejos que eso.
No se lo había dicho ni a Raph ni a Leo, pero los problemas de conciencia no tenían nada que ver con su motivación para salvarlo. El viejo Costas aún tenía preguntas que responder, sucesos que aclarar y, probablemente, muertes por las que responder. Le sacaría la verdad sobre lo que había pasado con su familia aunque tuviera que matarlo en el proceso.
Eso podía jurarlo.
El viejo caminó como hipnotizado hasta llegar a la mitad del camino, luego las voces atrás le ordenaron detenerse. Tras su cabeza escuchó con claridad el sonido de un arma al prepararse. No entendía japonés, pero le quedó claro que si se movía más iban a volarle la cabeza.
Fé le dio un empujón a Daniel para que se pusiera en marcha.
Él dudó por un segundo, quedándose inmóvil. Fé vio en su cara que estaba paralizado, muerto de miedo tal vez. Fé comenzaba a maldecir internamente, pensando que ya todo el plan se iba a la mierda, cuando el hombre comenzó al fin a moverse.
Daniel respiró profundo, frunció el ceño y empezó a caminar. Al par de pasos ya caminaba con más seguridad, todavía las manos atadas a la espalda. Se detuvo cuando llegó a la mitad del camino y sólo comenzó a caminar nuevamente cuando el viejo lo hizo en dirección contraria.
Costas siguió el camino hacia la chica, igual de tambaleante que antes y Daniel hacia Tsukino. Fé no se hacía ilusiones, en cualquier momento abrían fuego y se los cargaban a todos, pero de ahora en más, todo dependía de Dani, todo giraba a su alrededor. Era su acto, más le valía brillar...
Costas se volvió hacia Fé al llegar a su lado. Ella ni siquiera le dirigió la mirada.
.- Vete al auto.- le dijo en voz baja.- Espera ahí.
El viejo se le quedó mirando.
.- Ada... ¿cómo...? yo pensé que estabas muerta...
.- Ada Costas está muerta.- dijo ella simplemente, con la vista fija en el frente, sin molestarse en mirarlo.- Ahora vete al auto y espera ahí. Si tratas de hacer algo más te mataré ¿entiendes?
El hombre asintió y comenzó a dirigirse al auto.
Daniel avanzó hacia ellos sintiendo como le temblaban las manos. Claro, hasta ese momento sólo había visto películas de acción, nunca había estado en una.
.- Seguro que ahora piensa que debió haber aceptado el dinero y quedarse tranquilo ¿verdad?.- le dijo el yakuza.
.- El que tengas unas cuantas autoridades compradas no significa que todos nos vendamos.- dijo él, tratando de que su voz sonara más segura de lo que se sentía. Tsukino lanzó una risotada.
.- ¿Algunas autoridades? El comisionado de la policía, el fiscal jefe, varios detectives... todos esos están en mi nómina. Diría que no es cualquier cosa.
.- Y te deshaces de los que no cooperan...
.- Es una forma de decirlo.
.- El auto bomba frente a la fiscalía...
.- Oh ese es todo mío, lo sabes, le dije a tu compañero que teníamos que trabajar juntos o tendría que acostumbrarse a dejar de respirar. No me creyó.
.- ¿Tu mataste a...?
.- Así como voy a matarte a ti.- siguió Tsukino.- Los que me molestan se van al infierno.
.- Homicidio, atentado con bomba, soborno y secuestro...- comenzó Daniel con una sonrisa.- Con eso me conformo.
.- Como si fuera a servirte para algo. En cinco minutos más vas a estar muerto.
.- Es todo lo que necesito...- dijo él, comenzando a separar las manos, sintiendo la adrenalina a punto de hacerle explotar el corazón.
Se dio cuenta que las manos ya no le temblaban. Bien, porque justo ahora era cuando las necesitaba, le habían dicho que debía ser rápido. En un segundo separó las manos que había tenido atadas tras la espalda y levantó un brazo al cielo, arrojando con todas sus fuerzas un objeto redondo justo a los pies de Tsukino.
Todavía lo miraba, atontado, cuando la cosa hizo una pequeña explosión y todo el muelle comenzó a inundarse de una nube negra.
Daniel hizo exacto lo que le dijeron y se arrojó de espaldas al piso, con la intención de rodar por el muelle y dejarse caer al agua. Estaba de espaldas cuando vio una sombra salir del agua de un salto y aterrizar justo en medio de los gángsters de Tsukino.
Fue lo último que vio porque la nube negra se volvió tan espesa, que pronto no fue posible distinguir nada. En cuanto dejaron de ver, los matones comenzaron a disparar en todas direcciones, sin que ninguno se diera cuenta que la sombra que acababa de salir del agua estaba justo detrás de ellos. Daniel ya estaba casi en el agua cuando sintió los golpes y los quejidos apagados y algunas quebrazones de huesos.
Se hundió en el agua varios metros y ya comenzaba a ponerse en posición para volver a la superficie cuando una mano lo atrapó por el brazo. Se volvió a ver y se pegó flor de susto: el ser verde malcarado lo había agarrado por la manga y lo llevaba consigo de vuelta a la orilla a la velocidad de la luz.
Estaban llegando a la superficie cuando Raph se detuvo, estiró hacia atrás el brazo con el que lo llevaba y giró el cuerpo para darse impulso... Justo un instante antes de que lo hiciera Daniel se dio cuenta de lo que iba a hacer, pero ya era tarde, salió despedido del agua, varios metros hacia arriba antes de comenzar a caer nuevamente en dirección a la tierra.
No pudo evitar gritar, pero el golpe con el suelo lo tranquilizó. Como pudo logró sujetarse a la orilla para no volver a resbalar hacia el agua.
.- Quédate tras el auto.- le gritó Raphael antes de volver a desaparecer en el agua.
Daniel estuvo a punto de escupir el corazón por la boca, pero obedeció, escaló hasta volver al concreto de la calle, dándose cuenta que estaba a varios metros del muelle donde estaba el auto de Fé... Se volvió hacia el yate, con el sonido de las detonaciones reventándole en los oídos. Eso no le gustó.
Desde donde estaba, sólo podía ver unos tipos de negro apuntando a cualquier parte, varios de ellos saltando en distintas direcciones y una sombra verde, casi un borrón, moviéndose entre ellos. Nunca se estaba quieto mucho tiempo en un lugar como para fijar la vista en él.
Buscó el auto, todavía estaba lejos de él, pero podía verlo bien. Al acercarse, encontró a Fé parapetada tras él, con la espalda apoyada contra una de las puertas, sentada en el suelo...
Estaba sola, no había rastro del viejo.
Se acercó corriendo, inclinándose lo más posible hacia el suelo, las balas seguían lloviendo a lo lejos y no estaba seguro de que no fueran capaces de alcanzarlo, de hecho, una pasó rozando la parte de atrás del vehículo, de haber estado más cerca lo habría alcanzado a él.
Se tiró al suelo y se arrastró el resto del camino, hasta que estuvo completamente cubierto por el auto.
.- Fé...- le gritó al llegar junto a ella, pero no hubo respuesta. La miró con cuidado, sintiendo su respiración agitada saliendo como un silbido largo y agudo, sin mucho aire.
.- Dios mío...- susurró, cuando se dio cuenta. Fé no se volvió a verlo, tenía la vista fija en la nada, los ojos vacíos, con la mano derecha apretaba su pecho, cerca del hombro izquierdo, tratando de detener el chorro de sangre que salía a borbotones.
Tenía la mitad de la cara y las manos llenas de sangre, su pecho subía y bajaba sin control, tratando de meter aire ahí para seguir respirando, pero sentía que iba a perder la conciencia en cualquier minuto.
Daniel la tomó por los hombros y la acercó a él, trató de atraer su atención, que lo mirase, pero fue inútil, Fé se estaba desmayando. Finalmente se alzó un poco por encima del auto, mirando hacia el yate. Ya casi no quedaban tipos de negro, uno de los tipos verdes, el de las espadas, se volvió a mirar en su dirección.
.- ¡Ayuda!.- gritó lo más fuerte que pudo.
4 .-
Tsukino desistió de tratar de entender qué demonios estaba pasando frente a sus ojos y optó por comenzar a retroceder hacia la rampa en busca de un sitio más seguro. Comenzaba a subir por ella cuando algo lo atrapó por las solapas y lo envió volando hacia delante, aterrizando en mitad del muelle.
Allí se arrastró hasta volverse en la dirección del bote. Comenzó a gritar palabras en japonés, frenético.
Raph lo miró aún desde el yate.
.- ¿Estás esperando a tus amigos?.- preguntó, aun cuando con el ruido alrededor ni él pudo escucharse bien.- Ooh, no van a poder venir…
Junto a Tsukino aterrizó el cuerpo de un hombre, luego otro y otro y otro más...
Leo estaba golpeando a los últimos tres al tiempo que la nube negra se disipaba por completo.
Gruñó molesto.
Se suponía que iban a evitar que el tipo pudiera verlos, era la idea, no dejarlo saber qué lo había golpeado, lo que menos querían después eran más represalias de un mafioso loco, pero Raph se había pasado el plan original por cierta parte.
Se quedó mirando la pila de cuerpos que había arrojado junto al yakuza.
.- Mierda, Raph, te dije, nada de fuerza letal...
Raph se volvió a verlo, alzando una ceja.
.- ¿Lo hiciste?
.- ¡Si!
.- Bueno, ya fue, supéralo. Por lo menos a éste no voy a tocarlo.- dijo apuntando a Tsukino.- Puedo dejar que el amiguito de Fé sea el héroe con este tipo.
Leo iba a responder, pero finalmente renunció. Era inútil. Se volvió hacia el vehículo, si todo había salido bien, Fé estaría ahí con el viejo y Daniel. Vio la cabeza de éste último aparecer de detrás, agitó una mano en el aire...
Gritó por ayuda.
A Leo se le encogió el estomago. Se volvió a Raph, que inspeccionaba los cuerpos con la punta del pie.
.- Raph, quédate y mantente despierto.- le dijo, comenzando a correr en dirección al auto sin esperar respuesta.
5.-
Fé ni siquiera ayudó al viejo a moverse, por lo que a ella respectaba, ya había hecho su parte. Más que suficiente, si quería vivir que moviera las piernas.
No habían llegado aún al vehículo cuando los alcanzó la nube negra y casi de inmediato después de eso, comenzó la lluvia de balas.
Demasiado pronto, pensó. Corrió y saltó sobre el capó del auto, ocultándose tras él. Iba a dejar a los chicos hacerse cargo del resto, después de todo, estaba desarmada. Si todo salía bien, la cosa terminaría dentro de poco.
Miró a su lado. El viejo aún no llegaba...
Cayó contra la puerta del vehículo con un gruñido. Viejo imbécil, debía haberse desorientado con la nube de humo...Volvió a ponerse de pie e intentó mirar entre la oscuridad. Como había temido, estaba caminando en la dirección contraria, alejándose en vez de acercarse.
Volvió a gruñir.
Dio la vuelta al vehículo, una bala rebotó muy cerca, no sabía donde, pero la sintió golpear algo a un lado...
El viejo era un blanco seguro así.
Gruñó una última vez, golpeando el techo del auto, ahora tendría que ir por él. De un salto pasó por encima del vehiculo y corrió hacia el viejo y lo tomó por el brazo. Sin decir palabra comenzó a arrastrarlo en dirección al auto. Aún así no se daba prisa, apenas si podía avanzar sin tropezar.
Fé miró a su izquierda y a su derecha, Daniel tendría que estar ahí ya ¿dónde estaba? ¿Estaría bien? El viejo volvió a caerse cuando sólo estaban a unos metros. Se agachó, lo tomó por el brazo nuevamente pensando si no sería mejor cargarlo de una vez sobre los hombros, se estaba levantando nuevamente con el viejo a cuestas cuando sintió un golpe cerca del pecho.
Sintió el chasquido de la carne al abrirse, sintió la bala hacer camino por su cuerpo y luego abandonarlo. En un principio fue todo lo que sintió, un golpe, pero no pasó mucho antes de que llegara el ardor, el dolor y luego el frío del entumecimiento extendiéndose rápidamente por brazo izquierdo, todo eso más rápido de lo que le habría gustado.
Las piernas le fallaron y cayó al suelo de rodillas, soltando al viejo. Se daba cuenta de que debía de estar entrando en shock y que si no se movía de ahí podría no pararse más. Pasaron un par de segundos más en los que parpadeó confundida, tratando de orientarse, su mano había ido instintivamente hacia la herida sintiendo ahí una piscina de líquido caliente.
No se atrevió a mirársela todavía. Intentó moverse y fue como si un camión le hubiera aplastado todo ese lado del cuerpo. Fue entonces cuando el dolor llegó en serio, se apretó con fuerza la herida.
Miró hacia el lado, vio las piernas del viejo todavía cerca. Miraba tras de sí, hacia las balas, tratando de agacharse, tratando de ver si alguien seguía apuntando en su dirección...
Comenzó a retroceder.
.- Tu lo dijiste, Ada Costas está muerta...- le dijo, alejándose hacia el auto.- Dejémoslo así.
El sonido de las últimas silabas se perdió en el ruido al alejarse de ella. Ni siquiera se volvió una vez a mirarla. Fé se quedó mirando en su dirección hasta que sus piernas se perdieron de vista. Comenzó a temblar, en cualquier momento iba a desmayarse, pero tenía que salir de ahí, salirse del medio. Consiguió pararse y se arrastró hasta el vehículo, cada paso era una eternidad… Logró ponerse de pie, apoyada en el capó, logró dar la vuelta, buscando cubrirse detrás de la carrocería...
Finalmente se dejó caer del otro lado.
Trató de permanecer conciente, pero estaba entrando en shock, se iba...
Volvía a ese lugar.
Abrió los ojos sobresaltada, pasaba cuando estaba herida, lastimada y sola, las imágenes de ese lugar venían a su cabeza y era como estar ahí otra vez.
Estaba durmiendo boca abajo de la cama, mamá estaba gritando desesperada... Papá sabía que iban a venir, pero no dijo nada. No dijo nada, esperó el momento oportuno y escapó por la ventana, sólo se fue. Mamá se dio cuenta que estaban ahí cuando los cuatro lados de la casa, todas las puertas y todas las ventanas comenzaron a arder. El humo se metía por todas partes, por los ojos, por la garganta, no se podía respirar. La pequeña Ada tenía siete años y no entendía nada. Se puso a llorar, pero no había alcanzado a dar dos gritos cuando unas manos la levantaron con fuerza y la metieron bajo la cama.
"Pégate al suelo" dijo Lucas.
Lucas tenía catorce años, era mucho más grande que ella, sabía mucho más que ella, sabía de todo, era mejor que papá... Vio sus pies salir de la habitación en dirección a la habitación del bebé, que era tan chico que aún no tenía nombre, al menos ella nunca lo escuchó.
Se quedó ahí, tratando de pegarse al suelo, pero el humo entraba por todas partes y las paredes brillaban, incandescentes. Mamá gritaba. Pero mamá siempre gritaba, mamá siempre gritaba o lloraba, todo el tiempo. Lucas no. Lucas siempre estaba tranquilo. Siempre sabía qué hacer...
Pero Lucas nunca volvió del cuarto del bebé.
Papá sabía que venían, pero no le dijo a nadie, esperó el momento oportuno y huyó por la ventana. Sabía que era por él por lo que venían, papá había hecho algo malo a otros hombres y ahora venían a castigarlo, eso era todo lo que sabía, pero no lo olvidaba, no lo olvidaría jamás.
Ada tenía siete años, pero ya sabía entender algunas cosas.
Fé se inclinó hacia delante boqueando, no podía respirar, sintió unas manos en sus hombros, una voz que la llamaba, pero venía de muy lejos, no podía escuchar, no podía respirar...
Había mucho humo...
Lucas dijo que se pegara al suelo, así lo hizo, se pegó lo más posible, pero de pronto el suelo comenzó a hundirse, lento al principio, todo de un viaje después. Las tablas bajo ella se hundieron y ella se vino abajo. Y de pronto estaba de cuatro patas sobre tierra mojada.
Miró hacia arriba, podía ver el piso de su habitación, todavía escuchaba gritar a mamá. Retrocedió, alejándose del agujero, el humo se metía por ahí, pero se disipaba rápidamente. Hasta su cara llegaba aire, una corriente de aire húmedo, la tierra bajo sus manos estaba húmeda. Se acostó de espaldas, pegándose al suelo. Lucas había dicho "pégate al suelo". Él sabía mucho, era el hermano favorito de Ada. Se quedó ahí, muy quieta, los ojos muy, muy abiertos... de pronto ya no escuchó a mamá, pero escuchó cosas romperse, cosas caer... un gran rugido, ruidos demasiado fuertes.
Esperó.
Hacía calor, pero había aire. Pasó mucho tiempo, no sabía cuanto, pero el piso encima se había enfriado, había pasado mucho tiempo, seguro, pero no sabía cuánto. Sintió unas botas, ruido de pasos.
No se movió.
Si se quedaba ahí, creerían que se había quemado también. Los pasos se fueron, pero al tiempo volvieron, esta vez venían con una sirena, el ruido de una sirena. Los pasos volvieron a buscar, volvieron a pasar por encima de su cabeza, pero ella tampoco se movió. Terminarían creyendo que se había quemado en el incendio y ya no volverían a buscarla nunca más. Se quedó en el agujero dos días completos, salió al tercero, cuando ya estaba todo oscuro, salió quitando escombros quemados, haciendo a un lado cosas que se deshacían en cenizas en cuanto las tocaba.
Salió de entre una pila de cenizas...
Ya no había paredes, ya no había habitación... Ya no había mamá, o bebé, o Lucas... sólo escombros.
Esperó.
Esperó mucho rato, de pie, entre las ruinas, mucho rato. Por un segundo pensó que seguía en el agujero, pero tenía que estar afuera por que un rayo de sol le pegó en la cara, pero sentía que todavía estaba en el agujero.
Era verdad, una parte de ella nunca salió de ahí.
Comenzó a caminar, a alejarse. No quiso volver. No volvió nunca más.
Daniel le hablaba, reconocía la voz, pero no sabía qué decía. Dolía, dolía mucho, tuvo que gritar, él la tomó por los hombros, la obligó a mirarlo, ella lo vio un segundo, reconoció su cara, estaba ahí, pero sólo fue por unos segundos, después ya no, después estaba mirando la calle.
Su tiempo en la calle. ¿Cuánto? suficiente, pero nadie la vio nunca, había aprendido eso, a esconderse, a tomar y esconder, a tomar y esconderse y nadie nunca lo supo.
Papá nunca trató de encontrarla. Nunca fue a mirar bajo la cama.
Pasó un tiempo y encontró a Mario. O él la encontró a ella, esa vez tomó, pero no alcanzó a esconderse, tuvo que devolver la billetera. Mario se la llevó a casa con su familia, el ex policía ahora entrenador de box, dueño de un gimnasio, grande como un oso, bueno como el pan.
"¿Cómo te llamas preguntó?"
Ella no supo qué hacer al principio, hacía mucho tiempo que no pensaba en eso, hacía mucho tiempo que no le decía a nadie su nombre. "Fénix" dijo y no volvió a pensar en el otro nombre que había tenido antes.
Mario arrugó la frente. Pensó que era un nombre muy extraño para una niña, pero no importó, Fénix se fue con él y Ada Costas quedó sepultada para siempre debajo de la casa.
A Marie le encantó tenerla, con seis hijos varones, siempre había querido tener una niñita a quien vestir y peinar, casi murió de la pena cuando la vio con las manos vendadas la primera vez, le gritaba a Mario que era una niña, que no podía enseñarle a dar puñetazos, pero para cuando tenía quince años, la niña ya había derrotado a todos sus hermanos, había ganado campeonatos locales y era miembro de la liga estatal.
Entonces fue el turno de Mario de llorar, se tiraba del pelo y rompía su camiseta. No podía creer que Fé hubiera decidido marcharse, sólo tenía diecisiete ¿a dónde iba a ir?... además, ya había soñado con ella sosteniendo el cinturón de oro de la Liga Mundial de Boxeo femenil, el orgullo de su gimnasio.
Pero no. Fé tenía la idea de que podía hacer algo más con su talento que sólo ganar medallas, sólo que aún no sabía bien qué. Se fue de la ciudad y vagó en círculos muy extraños. Fue guardaespaldas por un tiempo para una dura mujer china de negocios, se sorprendió de la cantidad de personas que amenazaban la vida de los ejecutivos asiáticos, pero valió la experiencia, nunca antes había dado o recibido tantos golpes en partes del cuerpo que ni recordaba que tenía.
Descubrió que no era capaz de matar a nadie, pero de seguir en eso no le iba a quedar mucha opción, así que decidió independizarse. Entró al negocio de los caza personas y descubrió que era verdaderamente buena. Se quedó con eso, le gustaba la idea de cazar y si eran malos, mejor.
Un día estaba persiguiendo a un asesino, sus jefes lo querían de vuelta por una pequeña estafa que había hecho antes de irse. Lo tenía acorralado, pero el tipo le había dicho que si se acercaba más la mataría. A ella le dieron ganas de ver cuánto más podía acercarse antes de que su vida estuviera en verdad en peligro... Fue entonces cuando una cosa verde saltó frente a ella y golpeó a su presa. El hombre logró huir, pero ella había quedado extasiada, jamás había visto nada como eso, nada tan rápido, nada tan extraño... El tipo verde se volvió a verla.
Mitad humano, mitad tortuga, con cara de malo y pésima actitud. Dijo que se llamaba Raphael.
De verdad creía que acababa de salvarla y ella no lo sacó de su error. Le pidió ayuda, le dijo que era una débil y pobre mujer que no podía atrapar a ese tipo tan malo y él se lo tragó con todo y anzuelo. Sólo que después el hombre tortuga se descuidó, había golpeado al asesino hasta casi matarlo, pero no se dio cuenta del regalito que le había dejado pegado en la coraza. Ella lo vio apenas a tiempo.
Lo quitó de una patada y explotó cuando todavía estaba en el aire.
Sólo entonces el ser verde se dio cuenta que había estado a punto de volar en pedazos y de que ella era todo menos una pobre mujercita desvalida. Le causó gracia.
Se quedó con él, era el inicio de una bella amistad en blanco y negro y con acordes de piano a lo lejos. Con el tiempo, le presentó al resto de su familia. Sólo cuatro de ellos en todo el mundo.
Y él fue al último que conoció, aquella vez sintió su voz antes de verlo, la sintió a su espalda en el dojo. Raphael podía decir lo que quisiera de él, pero no podía esconder cuánto lo admiraba. Ella sintió algo también, no lo entendió al principio, por supuesto que no, esa cosquilla en el estomago, no lo entendió entonces y no lo entendería hasta mucho después. Hasta ese momento, ni siquiera lo habría imaginado.
Algo en sus ojos. Lo que sintió cuando lo vio pelear. No sabía qué, pero la atraía. Pero él no la había querido al principio y ella nunca le dijo lo que le había partido el corazón saberlo. Nunca se lo dijo a nadie.
Leonardo...
Leo...
Parpadeó, comenzando a aclarársele la vista.
.- Leo...- llamó, pero en realidad su voz sólo había sonado en su cabeza, no tenía fuerzas suficientes para hablar, estaba ahí, tirada en el suelo, alguien le había metido una bala en el pecho y no podía respirar, dolía mucho... no podía respirar...
Sentía que estaba bajo la casa todavía, que nunca había logrado salir, que todo eso no era más que un sueño…
Volvió a gritar.
.- ¡Fé!.- gritó Daniel, tratando de hacerla reaccionar. Había comenzado a convulsionarse. La rodeó con los brazos, estaba fría...
Miró la herida, no se veía tan mal, como podía haberle causado tanto daño en tan poco tiempo. Pensaba en qué diablos hacer cuando el que se llamaba Leonardo se dejó caer al otro lado de la chica. Leo ni siquiera miró a Daniel, simplemente se acercó a ella. Poniéndose a un lado de Fé, quitó su mano de encima de la herida para verla mejor. La palpó en los contornos, concentrado.
.-No tocó el corazón.- dijo con seguridad.
Era práctica y estudio: con el tiempo sabía decir exactamente qué músculos u órganos había golpeado una bala o un dardo con sólo ver la herida de entrada y, por otro lado, la única forma de asegurar que un golpe causaría el grado de daño deseado, era sabiendo exactamente donde se estaba golpeando. Conocer el cuerpo era esencial.
Daniel vio como sus tres dedos fueron hasta el cuello de Fé, presionó rápidamente tras una oreja y luego bajó hasta el centro del pecho. La mujer dejó de temblar. Leo la rodeó con los brazos, recostando la espalda de Fé sobre su pecho, pegando la boca a su sien.
.- Fé... – la llamó en voz baja. Ella no respondió, seguía con la mirada perdida, respirando a trompicones.- Respira Fé, respira...- continuó, sereno, sin nerviosismos.- Como te enseñé ¿recuerdas? Toma el control de la respiración, vamos...- Leo cerró los ojos y comenzó a respirar lento y acompasado, atrayendo el cuerpo de la mujer aún más al suyo.- Respira conmigo, yo te guiaré.- insistió.
La mujer abrió la boca, parpadeó un par de veces.
.- ¿Leo?
.- Respira conmigo, Fé. Sígueme.- repitió él, con voz suave.
Leo tomó su mano y la envolvió en la suya. Fé se apretó contra él al instante. Intentó respirar como él, pero seguía confundida.
.- ¿No estoy... en el agujero...?.- balbuceó.
.- Tranquila.- le dijo él, haciendo que su cabeza reposara en su hombro, comenzó a acariciarle el pelo.- Vas a estar bien.
.- No te vayas...
.- Estoy aquí, estoy aquí, no me voy a ninguna parte.
Ella continuó con la mirada asustada, pero respirando cada vez más calmadamente, él la mantuvo abrazada hasta que después de un rato seguía el mismo ritmo que él.
Daniel se le quedó mirando. Él estuvo todo el rato tratando de hacerla reaccionar sin lograrlo y la criatura sólo le había hablado un segundo. Vio la mano de la mujer todavía sujetando la de él...
Impulsivamente se acercó a tomar su pulso, obligándola a soltar la mano de Leo.
.- Está muy bajo.- dijo, preocupado.
.- Así es como debe ser.- dijo Leonardo, sin dejar de mirarla.- Ha reducido su ritmo cardiaco, eso le hará soportar mejor la perdida de sangre... estará bien...- Se volvió a ver al hombre. Parecía asustado. De verdad estaba preocupado por la chica.- Estará bien.- volvió a repetir.
Daniel no tuvo tiempo de decir nada, a lo lejos comenzaron a sonar unas sirenas.
.- Ya están aquí...- dijo el hombre.- pedí una ambulancia.
Leo asintió.
.- Le dejo el resto.- terminó, tomando delicadamente a Fé por los hombros y deslizándose hasta liberarse de ella. Se puso de pie.
Alzaba la vista cuando vio acercarse a Raph. De hecho, corría hacia ellos. A lo lejos podía ver al yakuza amarrado de pies y brazos como una res después del rodeo.
.- ¿Qué pasó?.- preguntó brusco, dando la vuelta al auto. Leo no tuvo tiempo de responder antes de que viera a Fé.
.- ¡Fé!.- gritó, comenzando a acercarse. Leo lo atajó por brazo.- ¿Qué le pasó? ¿Está bien? ¡Fé! ¿Quién mierda le hizo eso?
.- Cálmate, ya está bien.- gritó Leo, tratando de llevarlo en la dirección contraria, mientras las sirenas se aproximaban.- Tenemos que irnos...
.- ¡Fé, responde! ¡Fé!.- seguía, como si no hubiera escuchado nada. Leo rodeó su cuello con un brazo y atrajo hacia él su cabeza.
.- Ella va a estar bien, ahí viene una ambulancia, no hay nada más que hacer aquí.
.- Pero...
.- Vámonos.- insistió, cargando la voz en cada silaba.
Raph no dijo nada, pero terminó aflojando la presión. Todavía miraba en dirección a Fé cuando Leo comenzó a arrastrarlo de vuelta a la ciudad, los vio subirla a la ambulancia antes de volverse completamente.
TBC
Banda sonora:
37 mm- AFI
Lion- Rebecca St James
