Hola a todas, hoy los comentarios van justo debajo del capitulo, porque quiero hacer unas cuantas aclaraciones que si las pongo antes... adiós misterio.
Lo que si voy hacer es recordaros que esté fic está relacionado con Tarde de chicas y ¿Segundas oportunidades? por ultimo iría éste. Sino habéis leído alguno de estos dos y os apetece tener todo un poco más claro, ya sabéis.
Una vez más los personajes de Arrow, Dc o cualquier otro personaje creado en el universo de los cómics no me pertenece...
La alarma del despertador estaba sonando, señalando que ya eran las siete y media de la mañana. Felicity nunca había sido una persona especialmente madrugadora, le costaba levantarse a la primera, por eso siempre ponía la alarma veinte minutos antes para ir desperezándose y disfrutar de esos minutos de tranquilidad y reposo antes de enfrentarse al mundo y a la rutina. Sin embargo, hoy estaba desvelada, se había despertado a eso de las seis de la mañana y no había podido dormirse de nuevo. Culpaba de ello a los nervios: hoy comenzaba una nueva vida.
Se levantó de la cama y abrió su armario en busca del atuendo más adecuado para la ocasión. Se decantó por el vestido morado berenjena con falda de vuelo al que tan poco partido le había sacado. Se vistió rápidamente y se calzó sus zapatos de la suerte que, además de ser preciosos, resultaban súper cómodos. Frente al espejo, decidió dejarse el pelo suelto y se maquilló como normalmente solía hacerlo.
Apenas tenía apetito pero se obligó a desayunar, un día tan importante tenía que empezarlo con energía. Su móvil sonó, revelando un mensaje de Digg deseándole un buen día que le hizo sonreír y apartar un poco de su nerviosismo.
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Emprendió su camino tan pronto ordenó su casa y cogió sus cosas, lista para empezar su nueva andadura. Con la treta que la bruja de Rusia… Perdón, Isabel Rochev, le había hecho a Oliver para quedarse con la empresa de su antiguo amante, Felicity había sido la primera; bueno, la segunda, en ir a la calle dado a su clara implicación con las actividades nocturnas del ex-CEO, además del odio acérrimo que la mujer le profesaba. Aun se preguntaba qué le habría hecho para que la odiase tanto. No le había quedado más opción que buscar un nuevo trabajo, tenía facturas que pagar y un ex-jefe al que ayudar; necesitaban nueva equipación y Oliver… Estaba claro que no iba a poder hacerse cargo. Currículo en mano, se había presentado en varias de las compañías de la ciudad, incluso en aquellas que poco tenían que ver con su campo laboral; por suerte, Industrias Kord se interesó en ella y la contrataron como encargada del departamento de programación. ¡Al fin volvía a estar entre ordenadores! No obstante había llegado a disfrutar de su posición como asistente ejecutiva de Oliver Queen, aunque nunca lo reconocería en frente suya.
Al llegar, saludó a la recepcionista, la cual le indicó que el Señor Kord la esperaba en su despacho. Aquello la inquietó, no había esperado tener que enfrentarse al gran jefazo tan pronto. Se consideraba afortunada de haber tenido a dos jefes que apreciaran su trabajo por encima de su boca desprovista de filtro. Felicity cruzó los dedos para no decir nada incómodamente inapropiado frente al señor Kord, al igual que había hecho con Oliver nada más conocerlo; porque, si no se equivocaba, Ted Kord era otro de los solteros de oro de Starling, eso sí, algo más asentado que su exjefe, porque también era algo más mayor. No es que ella siguiera las revistas del corazón ni nada de eso, pero le gustaba estar informada y era inevitable ver fotos suyas en las páginas de internet.
—Hola, buenos días, soy Felicity Smoak —saludó a la mujer que estaba tras el escritorio franqueando la puerta del gran jefe— El señor Kord me está esperando.
—Buenos días, señorita Smoak, espere un momento —la secretaria cogió el teléfono y marcó lo que la joven supuso que era la extensión de su superior—. Está bien, puede pasar.
Felicity tomó una respiración profunda tratando de calmarse y recodó el mensaje que John le había mandado un rato antes. Todo iría bien, era una chica grande, ¿cómo la había llamado Oliver aquella vez? Increíble. Eso, ella era increíble en su trabajo, la mejor, de ahí que su amigo hubiera puesto tantas trabas a que buscara otro empleo, porque tenía miedo que luego no volviera a trabajar para él...
Entró al despacho y vio a su nuevo jefe sentado tras una gran mesa de cristal muy similar a la que Oliver tenía en QC. Se regañó por pensar nuevamente en su exjefe y se centró en el nuevo. Felicity se burló de sí misma por el pensamiento tan poco original que tuvo cuando le vio, pero ese hombre era mucho más atractivo y guapo en persona que en fotografía. Y, por dios, tenía, al igual que Oliver, una sonrisa matadora. ¿No podía tener jefes calvos, feos y barrigudos como todo el mundo?
— ¿Felicity Smoak? Soy Ted Kord —se acercó a ella y estrechó su mano.
—Por supuesto, señor Kord, sé quién es usted. ¡Cómo para no saberlo! Es uno de los hombres más ricos de la ciudad ahora mismo —ella se llevó la mano a la boca al darse cuenta de lo poco acertado de su comentario—. Lo siento, es de muy mal gusto hablar del estado de su cuenta corriente.
—No te disculpes, es la verdad —agregó su nuevo jefe con una sonrisa, señalando un sofá que había justo en la esquina. No pudo evitar reparar en que el despacho era muy similar al del Queen Consolidated. Felicity se sentó, y él también— La desgracia de Merlyn y los Queen me ha beneficiado enormemente.
La sonrisa de ella se congeló ante la clara regencia a Oliver y su familia. Llevaba días tratando de localizar a Thea, después de que Roy confesara que la joven no se había marchado antes que Slade y su ejército de matones atacara la ciudad. Aun recordaba la expresión de su amigo al leer la carta de su hermana; hasta el momento no había tenido éxito. Para ella, los Queen merecían respeto, incluida Moira, aunque no fuese un secreto que no le caía bien.
—Sí, bueno, puede que nombrar sus millones no sea de mal gusto, pero burlarse de las desgracias ajenas sí lo es — comentó sin poder contenerse.
—Lleva razón, señorita Smoak. Además, supongo que Oliver Queen y usted habrán tenido buena relación, después de todo era su asistente. Disculpa la curiosidad pero… ¿qué hacía una graduada en informática como asistente ejecutiva?
—El señor Queen y yo somos amigos, él quería gente en la que poder confiar.
—Está claro que no lo hizo del todo bien, ¿verdad?
—Digamos que la señorita Rochev tenía sus formas encandilar a las personas —explicó, tratando de ser políticamente correcta, pues si por ella fuera, la llamaría bruja.
—Esa es una forma velada para decir que se acostó con él, ¿no? —vio como reaccionó a su declaración aunque rápidamente trató de darle una respuesta, pero ya la tenía—. Lo creas o no, conocía a la señorita Rochev y también conozco la reputación de tu ex-jefe. Uno no llega a millonario sin saber sumar dos más dos.
Felicity se sentía bastante incómoda hablando de la vida sexual de Oliver, sobre ellos aun planeaban las palabras que él le había dicho en la mansión. Ella le había dado la oportunidad de negar que la amara; sin embargo, no lo había hecho, pero también sabía que no podía ser real. Él aun amaba a… ¿Sarah? ¿Laurel? ¿Ambas? No lo sabía pero, aunque tenía claro que lo que había dicho en la mansión no era real, no podía evitar preguntarse qué pasaría si así fuera...
—Veo que te incomoda hablar del tema — señaló él, perdiendo su bonita sonrisa en el camino.
—Como ya he dicho, Oliver Queen es mi amigo, y no me gusta que hablen mal de mis amigos —se sentía tentada de levantarse del sillón donde estaba sentada y mandar a tomar viento su nuevo trabajo y a su nuevo jefe, que había resultado ser un cretino, nada que ver con Walter u Oliver.
—Eres leal...—recalcó, frotándose su barbilla perfectamente afeitada con una de sus manos— ¡Perfecto! ¡Has pasado la prueba! —Él se levantó del sofá donde estaba sentada ella y se fue nuevamente a su escritorio, de donde cogió su contrato—. Como claramente has podido comprobar, en Queen Consolidated la lealtad es un bien necesario en una empresa. Hace años uno de nuestros trabajadores filtró información a una de nuestras mayores competidoras.
— ¿Industrias Wyne? —preguntó, aun sorprendida de que hubiera estado jugando con ella.
—No, Bruce Wyne tiene demasiado orgullo como para realizar prácticas tan poco éticas —dejó el contrato sobre una mesa de café y también un bolígrafo—. Me refería a la LexCorp.
No necesitó que se lo explicara más, de sobra era conocido que Lex Luthor no siempre recurría a prácticas del todo legales, aunque aun nadie había sido capaz de demostrarlo; ni siquiera Clark Kent, un periodista del Daily Planet que parecía tener especial fijación con él, al igual que su compañera, Lois Lane, por el tal Superman.
—Entendería que no quisieras quedarte en Industrias Kord —él se sentó nuevamente en el sofá—. Pero déjeme decirle, Señorita Smoak, que estamos entusiasmados con su incorporación en nuestras filas.
—No pienso revelar nada de Queen Consolidated —advirtió ella.
—Ni yo lo pediría, como he dicho, espero lealtad, me gusta hacer las cosas a mi modo...
Felicity le miró a los ojos, unos preciosos ojos azules, buscando algún signo por el que no tuviera que fiarse de él; pero en ellos vio sinceridad. Entonces tomó la hoja, leyó el contrato y luego firmó.
—Bienvenida a su nueva casa, señorita Smoak —ambos estrecharon sus manos.
Ya estaba hecho, ahora quedaba decírselo a Oliver. Estaba segura que no le iba a hacer ninguna gracia.
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Felicity no se equivocó. Todos estaban entrenando cuando ella llegó a la nueva guarida, la cual dejaba mucho que desear. Sin dinero, había tenido que montarla con lo poco que habían podido salvar de la fundición así que la nueva guarida contaba con lo básico: un par de ordenadores, un centro médico bastante escasito y una zona de entrenamiento; se parecía mucho a los comienzos.
Una vez más, Laurel estaba allí. La abogada se había apoyado en Oliver para afrontar la difícil situación en la que se encontraba su padre y, poco a poco, se había ido colando en la guarida hasta que lo convenció para que la entrenara. A Felicity no le parecía del todo justo, en los dos años que llevaba junto a él, Oliver no se había dignado una sola vez a entrenarla, Diggle e incluso Sara lo habían hecho en un par de ocasiones, pero no él. Estaba claro quién era a la que de verdad amaba...
—Y bien, ¿qué ha ocurrido? —Diggle dejó de entrenar en cuanto la vio aparecer y le regaló una gran sonrisa de afecto, esa que regalaba solo a unas pocas personas, y ella se sentía afortunada de ser una de ellas.
— ¿Qué ha ocurrido con qué? —les preguntó Oliver, que no estaba informado de nada, corrigiendo a la vez las malas posturas de Laurel mientras esta entrenaba con Roy.
—Felicity tenía una entrevista de trabajo en Industrias Kord —le informó el ex-marine. Se sentó sobre la mesa frente a ella, esperando una respuesta a su pregunta.
—Es una broma, ¿no? —Oliver se olvidó del entrenamiento y fue hasta su Chica IT, que estaba tecleando en los ordenadores para ponerlos en marcha.
—Te recuerdo que no tengo trabajo y tengo una casa que pagar, más contigo viviendo allí. —ella ignoraba la mirada que la otra mujer de la guarida le estaba lanzando y siguió hablando con su compañero— Lo siento, pero he aceptado el trabajo.
—Pero trabajas para mí —protestó él, alzando la voz.
—Primero de todo, creo recordar que una vez me dijiste que trabajaba contigo, no para ti —ella no dudó en enfrentarse a él, se levantó y sacó pecho, orgullosa de defender sus acciones. No era una rubia tonta y desvalida, ella había inyectado a Slade con la cura. Eso quería decir algo, ¿no?— Y, en segundo lugar, lo siento mucho, Oliver, pero no tienes tu empresa y yo necesito el dinero. Tendrás que aceptarlo.
Diggle les miró con los brazos cruzados a la altura del pecho, tratando de ocultar su sonrisa de diversión. Disfrutaba de ver a esos dos discutir, estaban hechos el uno para el otro, pero eran tan ciegos que no se daban cuenta. Roy también estaba disfrutando, ver al todopoderoso Oliver Queen vencido por una rubia de poco más de metro y medio era para sentarse en un buen sillón comiendo palomitas. La única a la que no le hacía gracia la situación era a Laurel, Oliver y ella no habían aclarado si Slade llevaba razón y la mujer a la que amaba el hombre bajo la capucha era esa informática pero, al juzgar por la conversación, así lo parecía; y la abogada quería ser ella, quería recuperar lo que habían tenido...
— ¿Te crees que no lo sé? —se sentía confuso en un mar de sentimientos. Estaba dolido ante la puya sobre su falta de propiedades, irritado de la independencia que solía mostrar siempre su chica IT, también estaba celoso, aunque no debería estarlo porque no podía reclamarle nada— ¿Sabes? Mejor será que me quede a dormir aquí.
No quería seguir siendo una carga, como al parecer estaba siendo para ella. Cuando se presentó hace unas semanas, después de volver de Lian Yu, en su casa; no había pensado en las implicaciones que eso podía acarrear.
—No digas tonterías y deja de ser un orgulloso —le recriminó Felicity—, es solo un trabajo. Te prometí que cuando consiguiéramos recuperar Queen Consolidated estaría a tu lado, y sigo manteniendo mi promesa.
—Sabes que ella lleva razón —la apoyó Diggle, metiéndose en la conversación—Necesitamos dinero si queremos seguir haciendo lo que hacemos aquí cada noche.
Oliver se mordió el labio, conteniendo su frustración. Era consciente de lo irracional que sonaba todo lo que estaba diciendo, pero temía que ese trabajo no fuera solo trabajo y ella solo compartiera su tiempo durante las misiones de Arrow. La necesitaba, ella era el cerebro, él solo una cara bonita, aunque la de ella tampoco estaba mal...
—Está bien, pero ten cuidado con Ted Kord —le advirtió.
—Déjame adivinar… Estaba en la lista —se aventuró a bromear Diggle de vuelta a su entrenamiento.
— ¿Qué lista? —preguntaron Roy y Laurel, ajenos a la broma que solo el equipo Arrow original entendía, pero que no contestaron.
—No, Kord tiene fama de don Juan —todos obviamente lo miraron como si se hubiera vuelto loco. ¿Precisamente él iba hablar sobre ser un mujeriego, cuando había habido una época que cambiaba de chica tanto como de camisa?
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Los miedos de Oliver, que en un principio parecían infundados por los celos, se fueron haciendo realidad paulatinamente. Al principio, Felicity llegaba tarde porque su jefe había tenido una emergencia informática, otro día había tenido que quedarse a terminar el programa para un prototipo que debían de presentar ante industria. Eran más veces las que había aparecido tarde en la guarida que a su hora, si es que aparecía. Él quería hablarlo con ella, pero, aunque vivían juntos, tampoco se veían tanto como antes, ya que ella se marchaba cuando él aun estaba en la cama durmiendo y cuando llegaban de una misión inmediatamente se metía en la cama porque tenía que volver a madrugar. Nada fuera de lo normal, si no fuera porque, de pronto, el trabajo también ocupaba sus fines de semana.
Lo que ni él ni el resto del equipo Arrow sabía era que aunque era verdad que tenía trabajo, su jefe siempre se las apañaba para retenerla. Había comenzado la tarde en que habían tratado de hackearle el ordenador y ella había acudido para ver si habían conseguido robar información y reforzar los sistemas. Ted Kord había resultado ser mucho más que unos ojos bonitos y una sonrisa de impresión; era un tipo agradable, con sentido del humor pero sin resultar un payaso; un soplo de aire si lo comparaba con Oliver, que siempre estaba alerta y preocupado. Cuando había terminado, le había invitado a tomar algo, ella no quería porque tenía que ir a la guarida, la estarían esperando; pero él había insistido tanto que no le había quedado más remedio que acabar claudicando.
Otra noche se presentó con la cena para todo el equipo de programación que trataba de arreglar el sistema informático de un prototipo que habían prometido presentar al día siguiente.
Felicity, en ese momento, no había sido consciente de que tras esos gestos tan amables y de buen jefe se escondía un motivo encubierto. Por eso, cuando el señor Kord la invitó a cenar se quedó pasmada; ella estaba segura de que había puesto alguna cara tonta pero es que no se lo podía creer, ¿por qué su brillante jefe iba a querer cenar con ella, una recién llegada con más talento con los ordenadores que con las personas?
Lo más difícil de aceptar su invitación no había sido elegir qué ponerse o cómo maquillarse, si no mantenerla en secreto, no quería que nadie, especialmente Oliver, se enterara, lo cual era bastante difícil, teniendo en cuenta que vivían en la misma casa. No obstante, logró salir de casa sin que sospechara, no quería una de sus charlas de "haz lo que yo te digo pero no lo que yo haga". Había veces que pensaba que Oliver deseaba para ella una vida monacal mientras que él saltaba de cama en cama, a cada cual peor, si se le permitía opinar. Con Laurel mantenía una relación enfermiza, Helena era la ex-novia psicópata y de Isabel mejor no hablar, Sarah le parecía una mujer fantástica pero estaba claro que ambos tenían heridas que sanar, a la tal McKenna no la conocía, así que era de la única que no iba a opinar, pero estaba claro que no era el más adecuado para dar consejos.
—Espero que te guste este sitio. Es la primera vez que vengo pero me han hablado muy bien de él —comentó Ted mientras se acomodaban en la mesa.
El nuevo restaurante era la comidilla de la ciudad, y todo lo que se decía de él eran maravillas. Felicity sospechaba que tales buenas críticas tenían que ir acompañadas por más ceros de los que ella estaba acostumbrada a pagar; de hecho, seguramente la cena para dos saldría más cara que el vestido que llevaba, un vestido de una marca importante que había conseguido rebajado solo porque la cremallera no estaba bien, aunque con un poco de maña y tiempo había cambiando la cremallera por otra nueva sin que se notara.
No era el momento de pensar en eso, ella había ido a disfrutar de la compañía; además, pagaba él, y tenía una cuenta saneada, no como ella. Felicity se maldijo por tener esos pensamientos tan de una caza tesoros.
—Seguro que me gusta —habló ella apartando sus pensamientos—, este sitio no tiene pinta de permitir cosas que no sean consideradas las mejores.
Él hizo una mueca de disgusto al escucharla.
—Me he pasado ¿verdad? —Dejó la servilleta que se había colocado sobre las piernas encima de la mesa y sugirió— Podemos marcharnos si lo prefieres.
— ¡No! Bueno, en realidad sí, pero no pasa nada —trató de restarle importancia, él solo había pretendido contentarla, no era culpa suya que no fuera mujer de mucho lujos, salvo quizás el del vino—. Ya estamos aquí y yo me muero de hambre, Oliver ha saqueado mi nevera y apenas he comido este mediodía.
— ¿Oliver? —preguntó él con curiosidad, quería estar seguro que no había competencia a la vista. Felicity le gustaba, le gustaba mucho.
—Es mi compañero de piso —le infirmó sin entrar mucho en detalles, no quería acabar con la oportunidad de salir con alguien antes siquiera de empezar—. Dice que se marchará en cuanto pueda, pero teniendo en cuenta que no tiene trabajo...
—Lo tienes acogido en tú casa —terminó por ella.
—Más o menos, para eso están los amigos.
—Es afortunado de tenerte como amiga entonces.
Felicity se sonrojó ante el comentario, estaba claro que Ted Kord estaba coqueteando con ella, y lo mejor es que le gustaba.
El camarero se les acercó para tomarles nota, para alegría de la informática, su acompañante pidió un vino tinto español que según había leído era una autentica delicia para las papilas gustativas. No había tenido reparo ninguno en agradecerle la elección, confesando su predilección por el buen vino. Ese fue el detonante de una larga y fluida charla sobre sus gustos, aficiones; libros, series, películas favoritas y un sin fin de cosas más que duró hasta que se habían terminado el café de después del postre.
Él pagó la cuenta y se ofreció a acompañarla a su casa, pero ella no tuvo más remedio que rechazarlo, no quería estropear una fabulosa noche. Le dio las gracias y se despidió de él, asegurando que había disfrutado de la noche y confesó que no le importaba volver a repetirla cuando él le preguntó si podrían salir otro día.
Y así lo hicieron, provocando el desconcierto de sus compañeros del Team Arrow, que no entendía por qué la informática apenas tenía tiempo para pasarlo con ellos.
—A lo mejor ha conocido a algún hombre —sugirió Laurel, esperanzada de que así fuera para poder tener vía libre con Oliver.
—No, si estuviera viendo a alguien, Felicity nos lo diría —rechazó él, ella era su amiga y confiaría en él.
—No tiene por qué —comentó Roy —En muchos aspectos es casi igual de reservada que tú, y no eres precisamente un libro abierto...
El joven pupilo se ganó una nada amigable mirada de su mentor, ahora no salía con Thea así que no tenía miedo de decir las cosas claras y ganarse su odio; más perdía Arrow que él...
Oliver consciente que Roy llevaba razón, cogió el casco de su moto y fue a visitar a su amiga al trabajo. La solícita recepcionista no tuvo problema en decirle dónde podía encontrarla, le había reconocido y ser Oliver Queen casi siempre abría muchas puertas, o al menos aquellas donde no se requería dinero.
Decidió subir las quince plantas a pie en cuanto vio que el ascensor estaba en la planta superior; ya había perdido demasiado tiempo. Ahora que se paraba a pensarlo, durante el desayuno; porque, sí, se había obligado a levantarse más pronto, había intentado hablar con ella de su repentino poco interés en salvar la ciudad, de un modo u otro, la conversación había acabado derivando en el tiempo o en el bebé que Diggle y Lyla tendrían en escasos dos meses. Su chica IT era toda luz y color, salvo cuando se refería a su vida más personal, que, como decía Roy, era casi igual de cerrada que él.
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La encontró sentada en una mesa, delante de un ordenador, un hombre al que había reconocido con Ted Kord, su jefe, estaba justo a su espalda, mirando la pantalla. Oliver cerró los puños tratando de contener los celos, ese cabrón estaba demasiado cerca de su chica, era suya. Los nudillos los tenía blancos y las uñas se le clavaban peligrosamente en las palmas de las manos hasta el punto de casi hacerse sangre.
Entró sigilosamente en el despacho, queriendo sorprender a su amiga, pero el sorprendido acabó siendo él. El jefe de Felicity se inclinó sobre ella y la besó, no solo eso, sino que ella giró la silla y pasó los brazos por sus hombros, atrayéndole más hacia ella. Oliver se quedó bajo el quicio de la puerta con los ojos abiertos como platos, petrificado. No llegaba comprender en qué momento había ocurrido todo aquello, a no ser que Felicity les hubiera mentido, que le hubiera mentido a él. Ella era la única persona con la que podía ser totalmente sincero sin ser juzgado y había pensado que se trataba de algo recíproco y no en una sola dirección.
Debió de hacer algún ruido, quizás el sonido estrangulado de un gruñido, porque ella rompió rápidamente la unión entre sus labios y se volvió a la puerta. Al verle, todo el color de su rostro desapareció por completo, quedándose pálida y acongojada.
—Oliver —su voz sonaba casi como a una disculpa.
—Me has mentido —señaló resentido, sus manos aun estaban cerradas en un puño y su mandíbula tensa—. Creía que podía confiar en ti.
—Oye, Queen, no creo que estés en tu derecho en reclamarle nada —protestó Ted para defender a Felicity, la cual seguía congelada en su silla.
—Oh, claro ¿y tú sí? —inquirió enfrentándose a él.
Ted no se amedrentó y sacó pecho ante el desafío.
—Está conmigo, no contigo —expuso con simpleza.
Felicity vio como Oliver completaba su transformación a Arrow, la expresión de su rostro era más dura, sus ojos poseían ese brillo especial y su voz... su voz sonaba intimidante y amenazadora. Un leve movimiento en su brazo la hizo anticipar la guerra que estaba a punto de estallar.
—Oliver, no —suplicó, alzando la voz lo suficiente para que la gente que pasaba por la puerta se volviera a mirar—. Yo… Lo siento, Oliver, no pretendía que te enteraras así...
—Él es el motivo de que no puedas...—no podía revelar su secreto, así que buscó un motivo que resultara creíble, por una vez en su vida iba a mentir bien. Ahora mismo estaba seguro que ella no sabía que acaba de romperle el corazón— ayudarme a recuperar la empresa.
—Lo siento... —comenzó a disculparse ella, pero él no la dejó terminar.
—No lo hagas, te lo voy a poner fácil. Estás fuera, después de todo, apenas te dignas a aparecer —se disponía a irse, sin embargo, se acordó de que ahora vivía en su casa— Gracias por permitirme vivir en tu casa, pero me marcho.
—Oliver, por favor, no lo hagas —suplicó ella, desesperada, acercándose a él.
— ¿Prefieres que te haga elegir? —miró de reojo a su a su adversario — ¿Él o yo?
—No es justo, yo no te hice elegir cuando apareció Sarah y tampoco lo he hecho con Laurel. ¿Por qué yo sí que tengo que escoger?
—Porque él te impide estar conmigo —de inmediato a Felicity le vino a la mente las dos palabras que nunca había esperado oír salir de su boca. TE AMO
Apenas podía respirar, sentía una fuerte presión en el pecho, la angustia de que, tomara la decisión que tomara, haría daño a alguien. Ella conocía el sentimiento de abandono, no podía hacerlo, no podía elegir. Oliver lo sabía y por eso había tomado la decisión por ella.
Lo miró a los ojos y vio en ellos una tristeza que solo había visto cuando murieron Tommy y su madre.
—Adiós, Felicity, por favor, sé feliz por los dos— y, por primera vez desde que se conocían, la abrazó.
Se marchó, dejándola en compañía de su pareja; no obstante, reconocía un sentimiento bastante familiar: la soledad y el desamparo. Su corazón, al igual que el de Oliver, se había roto en pedazos…
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Felicity se despertó de golpe, su respiración estaba acelerada. El sueño, o mejor dicho, la pesadilla, le había afectado muy profundamente. Pensar en una vida sin el Team Arrow u Oliver le resultaba completamente impensable. Todos ellos formaban parte de ella, de su corazón, y una persona no podía vivir sin ese pequeño gran órgano.
Algo más centrada, comprobó que estaba en el dormitorio de Oliver en la mansión Queen, habían celebrado su cumpleaños y después de una sesión intensa de sexo se había quedado dormida. Podía respirar tranquila, todo había sido un sueño, y el tal Ted Kord ni tan siquiera existía. Miró al otro lado de la cama donde Oliver descansaba plácidamente, sin poder contenerse, le dio un beso en los labios y se abrazó a él fuertemente.
— ¿Qué ocurre? —preguntó entre sueños.
—Nada—le respondió, besando su barbilla—. Te quiero.
—Yo también te quiero, pero volvamos a dormir.
No había terminado de decir esa frase y Oliver volvía a estar dormido; pero a ella no le importaba, sabía lo mal que dormía desde que había vuelto de la isla. El hecho de que junto a ella encontrara la paz y la seguridad para dormir del tirón, la llenaba de alegría.
No había ninguna decisión que tomar, la única opción es, y sería siempre, Oliver Queen. Y con esa reflexión se durmió entres sus brazos.
Bueno antes de todo voy a agradecer a mis chicas del Olicity foroactivo y del Team Olicity por ser tan mandonas y hacerme ponerme las pilas todas las semanas. Ellas son la razón principal por la que volví a escribir ^_-
Antes de que se me olvide también quiero agradecer a cuatro personas; Angi, OlicityDelena, MrCarhol y a rbensach, por sus comentarios (Lies y makuanna vosotras vais en el team Olicity lo siento, jajajaja) gracias por vuestro tiempo y vuestras palabras de animo y como ya te he dicho MrCarhol espero leerte pronto con un fic de Arrow.
También quiero agradecer a mi recién estrenada correctora Beta por su ayuda corrigiendo los errores que he cometido escribiendo este capitulo. Gracias raquellu47.
Alguna habrá pensado al principio ésta se ha equivocado de capitulo, pero no he podido evitar introducir al tal "Daniel" en mi fic, así que he cogido la supuesta identidad que más asiduos tiene en la red (seguramente Rumy me dirá que prefería a otro pero ya estaba escrito) y he creado la historia que mejor me convenía para mi trama general. En cuanto a la cara que le había puesto, es la de Colin Egglesfield, tantos vídeos por youtube inspiran a cualquiera...
Por suerte era un sueño y en el próximo aclararé ciertas cosas que he ido arrastrando a lo largo de los últimos capítulos.
Espero que os haya gustado y nos vemos en el próximo.
Besos.
