Disclaimer: Panem es propiedad de Suzanne Collins con su trilogía Los Juegos del Hambre, Rowan y Arah son personajes originales de Elenear28 y Coraline T, respectivamente.
Capítulo 8: Cómo prepararse para el parto
Arah Ranghild, 17 años
― ¿Qué haces aquí? ― Pregunta con el ceño fruncido mientras observa el tocino freírse en la sartén.
Coloco ambas manos al costado de mis caderas, fingiendo enojo.
― Vamos a morir de hambre los tres si no te apresuras ― digo haciendo un mohín.
Él me mira. Enarca una ceja observando mi barriga y luego suelta una carcajada.
― ¿Es en serio? ¿Qué excusa vas a usar cuando ellos no estén?
Termino suspirando y riéndome yo también. Por un momento medito sobre si decirle que no es justo que siempre sea él quien dé las atenciones en lugar de recibirlas, que a mí me gustaría poder hacer lo mismo por él, pero termino callando. En su lugar me pongo a su lado.
― ¿Puedo ayudar? Realmente tenemos hambre.
― Vas a quemarte, ¿por qué no vuelves a la cama?
― Si te ayudo, lo haremos más rápido. Por favoooor ― digo enfatizando la última palabra. Él suspira y me deja vigilando el tocino mientras se encarga de los panqueques.
Lo observo moverse por la cocina con naturalidad, buscando los ingredientes y luego mezclándolos hasta formar la masa de los panqueques. Meneo la cabeza disgustada, preguntándome como es que pude creerle cuando fingió no saber cocinar.
Me sobresalto cuando se para a mi lado, y frunce el ceño.
― Arah…
― ¿Qué?
― El tocino se está quemando.
Ahogo un gemido y me giro para sacarlo del fuego, pero él ya lo ha hecho. No está tan quemado, apenas las puntas.
― Me gusta quemado ― digo con convicción.
Él niega con la cabeza, concentrado en verter la mezcla de los panqueques sobre otra sartén. Parece divertido.
― Él otro día te quejaste porque estaba ligeramente quemado, menos que éste. Dijiste que no te gustaban las cosas quemadas.
Me muerdo la lengua, pero la respuesta sale de todas formas.
― El otro día dije que te odiaba.
Él se gira y me mira, sorprendido, mientras siento como mis mejillas empiezan a calentarse. Al final sonríe, y vuelve a girar, devolviendo su atención al desayuno.
― Prepara la bandeja si quieres, chica de gustos cambiantes.
Le saco la lengua, aunque esté de espaldas, y hago lo que me pide, intentando disminuir mi ritmo cardiaco a pesar de sus palabras. Aunque intento no pensar demasiado en la noche de ayer, para no alterarme, irremediablemente termino haciéndolo. Sobre todo, a la conclusión que llegué cuando me acosté, sintiendo todavía sus labios sobre los míos, provocando un ligero cosquilleo y una sensación extraña en mi corazón.
Él… me gusta. De una forma extraña lo hace. La mitad del tiempo me saca de quicio, pero incluso eso me gusta. Me gusta que sea lo suficientemente ingenioso para rebatir cualquier cosa que diga, que le guste llevarme la contraria ,pero aun así tenga pequeños gestos, como ofrecerse para preparar el desayuno cuando él también durmió dos horas nada más.
Y me gusta tanto que da miedo, porque no sé si es el parche que influye o si es él, que…
― ¿Vas a estar así de distraída todo el día? ― Murmura en mi oído haciendo que de un salto. Me llevo una mano al corazón, que late frenéticamente.
― Vas a matarme del susto ― reprocho ―. Cosa que no creo que les agrade a Aden y Leanne.
―Primero de hambre y luego del susto ―enumera ―. Anda, vamos a desayunar ― dice colocando una torre de panqueques en la bandeja que había dejado sobre la mesa, vacía.
Desayunamos en relativa tranquilidad, lo cual resulta tranquilizante. Como si las cosas entre nosotros hubieran cambiado, pero no demasiado.
Cuando lo riño por quitarme el último panqueque y él termina devolviéndomelo, pienso que no sería nada difícil acostumbrarme a esto.
Para nada difícil.
.
El resto del día pasa en un soplo. Decir que hacemos algo productivo sería, en su mayor parte, mentir. Por la tarde, después de almorzar, registramos los nombres de los mellizos en la plataforma virtual de la materia. Ambos sonreímos como idiotas al ver sus nombres escritos en la pantalla: Aden y Leanne, y yo acaricio mi barriga olvidando por un momento, o queriendo olvidar, que ellos no son reales, y que en poco más de dos semanas apenas serán un recuerdo. Me pregunto si ese cariño vendrá únicamente del parche.
Intento que el pensamiento no me desanime, pero inevitablemente lo hace. Rowan lo nota, y coloca su mano sobre la mía, encima de mi barriga.
— Intento pensar en qué pasará cuando todo esto termine, pero no lo consigo — confieso —. Es decir, ellos desaparecerán, así sin más y, ¿qué hay de nosotros?
No lo pongo en palabras, pero la duda está allí, implícita. Y no sé cómo sería nuestra relación sin los mellizos de por medio, sin que ellos nos obliguen a pasar tanto tiempo juntos. No sé cómo sería volver a la vida normal, donde lo único importante era conseguir la mejor nota en todas las clases.
— ¿Tú que quieres que pase?
Pienso que podría responderle muchas cosas. Podría decirle que no quiero que las cosas vuelvan a ser como antes. Podría decirle que quiero que seamos amigos, pero no sería cierto. Podría decirle que tengo miedo de que, cuando esto termine, él vuelva a ser el mismo idiota insoportable distante que conocía en clases. Podría decirle que tengo miedo de que, en cuanto él no tenga ninguna obligación conmigo y los bebés, se marche para encontrar a otra persona. Podría decirle que me aterran las promesas, porque estoy acostumbrada a que no las cumplan.
Podría decirle muchas cosas, pero no estoy acostumbrada a hablar sobre mis sentimientos. Así que giro la mano que estaba posada en mi barriga y extiendo mis dedos para rodear su mano, observando el extraño contraste entre su piel y la mía, repleta de pecas.
Él abre los ojos, sorprendido, y yo me deleito en su expresión, pensando en que no me molestaría si nada de esto cambiase.
Esta vez soy yo la que se inclina para juntar nuestros labios, intentando decirle, sin palabras, que no quiero que esto termine.
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Suelo un bostezo involuntario. Apenas son las siete de la tarde, pero me siento tan cansada como si no hubiera dormido en días. Rowan se inclina, hasta que su rostro queda sobre el mío.
— No has dormido nada — se queja.
— Ya te dije, una vez que me despierto no puedo volver a dormirme. Además…
Me interrumpo a media frase, sintiendo el calor en mi rostro. Él aparta algunos mechones de mi frente. Terminamos en el sillón, él sentado y yo recostada con la cabeza sobre sus piernas, mirando una película, aunque, si soy sincera, no tengo idea de qué trata. En cuanto él colocó una mano sobre mi cabello, revolviéndolo ligeramente, cerré los ojos y me enfoqué en la sensación, olvidando por completo la televisión.
— ¿Además qué?
— Nada — respondo esquivamente.
— Arah…
— No puedo dormir si haces eso — respondo, esquiva —. Me pones nerviosa.
— Cuando Jess era pequeña, yo hacía eso y ella se quedaba dormida instantáneamente.
— Bueno, no es mi caso — murmuro enfurruñada.
Él enarca una ceja y sonríe, petulante. Suelto un bufido.
— No seas presumido.
— Tengo motivos. He puesto nerviosa a la inalterable Ranghild.
Olvidando el sueño y la sensación de pesadez en todo mi cuerpo, me incorporo hasta quedar sentada. Acerco mi rostro al suyo, hasta quedar a apenas unos centímetros de distancia y lo miro fijamente, sin parpadear.
Cuento hasta diez y él parpadea dos veces.
— Bueno, parece que no soy la única nerviosa aquí Greyfox — digo pagada de mi misma.
Él está por responder, seguramente con algún comentario ácido, cuando la pantalla de la computadora portátil se ilumina. Me acerco y veo el rostro de Blair en la pantalla; una videollamada. La llamada se corta y bajo la tapa del portátil antes de que ella tenga tiempo de volver a llamar.
Rowan, todavía sentado en el sillón, mira la pantalla de su teléfono con el ceño fruncido.
— ¿Dónde has dejado tu teléfono?
Intento hacer memoria, pero no recuerdo qué hice con él.
— No lo sé. ¿Por?
— Blair me ha mandado quince mensajes en el lapso de dos minutos. Dice que si no les respondes contándole los detalles de la cita en cinco minutos estará aquí y tirará abajo la puerta si es necesario.
— Blair está loca — murmuro, mientras rebusco en la sala hasta dar con el teléfono.
Lo encuentro en el bolso pequeño que utilicé anoche. Lo prendo y empiezan a llegar un montón de mensajes y llamadas perdidas. Regreso a la sala y se lo muestro a Rowan.
— ¿Cuántas probabilidades hay de fingir que estoy dormida cuando ella llegue?
— No muchas. Va a querer despertarte.
— ¿Decir que he escapado?
— Va a ir a buscarte.
— ¿Fingir mi muerte?
Rowan se ríe.
— Va a querer ver el cadáver con sus propios ojos.
Suelto un gemido.
— No debí decirle nada.
Rowan se pone de pie y empieza a moverse por la habitación. Me saca el teléfono de las manos y lo apaga. Luego empieza a ir, habitación tras habitación, apagando las luces. Lo sigo hasta la cocina.
— ¿Qué estás…
— Quédate en silencio. Con lo ruidosa que es BB vamos a escucharla cuando llegue.
Tiene razón. Primero oímos el sonido de sus pasos por el pasillo y luego sus insistentes golpes en la puerta. Golpea por alrededor de diez minutos, en los que ambos permanecemos de pie en la cocina, a oscuras.
Luego la escuchamos murmurar.
— ¿No están?
— Parece que no — le contesta Chase con voz cansada —. Vamos BB, te compraré un helado si quieres, pero deja de aporrear la maldita puerta.
Todo se queda en silencio por un largo minuto. Luego un sonido estridente, proveniente del departamento comienza a sonar. El celular de Rowan.
— ¡Oh por Dios! ¡Te dije que estaban! — Grita Blair del otro lado de la puerta —. Arah abre la maldita puerta o te juro que…
Observo, pasmada, a Rowan atravesar la cocina y abrir la puerta con el malhumor pintado en sus facciones. No alcanzo a escuchar qué les dice a Blair y Chase, pero, en menos de un minuto, ya ha cerrado la puerta de un portazo y se mueve por el departamento prendiendo las luces.
— ¿Qué les has dicho? — Pregunto mientras lo sigo por el departamento.
Él me ignora. Lo freno poniendo una mano en su hombro. Se encoje de hombros.
— Rowan…
— Que no molestaran, que estábamos en algo importante.
Sus mejillas se colorean un poco, pero no parece arrepentido. Resisto la tentación de ahorcarlo y, en su lugar me voy a la sala. Prendo el teléfono y escribo una rápida respuesta a los mensajes de Blair, que borro en el último segundo.
Termino dejando el teléfono en el escritorio, enojada. Rowan me observa desde una distancia prudencial.
— Voy a matarte — murmuro —. Ahora voy a tener que aguantarla mañana y probablemente toda la semana insinuando que… — me ruborizo.
Él se carcajea ante mi desgracia.
— Tampoco es para tanto. La aguantaste en sus peores momentos del embarazo, ¿qué es lo peor que puede pasar?
— Conociendo a Blair, cualquier cosa.
— Estás siendo tan dramática como ella Arah.
— Tú no vas a soportarla — contesto enfurruñada.
Él levanta su teléfono, el cual no ha dejado de vibrar. Sospecho que no es sólo Blair, sino también Chase.
— Te lo compensaré — dice dando por zanjado el tema.
— Con creces.
— Trato hecho.
Y al final la compensación resulta tan buena que olvido por completo a Blair y sus quinientos mensajes.
.
Al día siguiente, cuando salimos para ir a clases, me sorprende no encontrar a Blair acampando en nuestra puerta.
― Dale algo de crédito ― dice Rowan mientras esperamos el ascensor ―. BB está más loca que una cabra la mayor parte del tiempo, pero no es capaz de dormir en el suelo ni aunque le paguen.
Me encojo de hombros.
― Tampoco ha vuelto a escribirme. Hay dos opciones: o se ha ofendido, o está planeando algo.
― Seguro Chase encontró algo con qué distraerla.
Termino asintiendo, no muy convencida.
― Seguramente algo relacionado con comida.
― Teniendo en cuenta el historial de BB durante el embarazo, seguro que sí ― concede él cuando el ascensor llega.
Apenas son dos pisos, pero hoy cuando me levanté lo primero que sentí fue los pies hinchados. Cuando me puse de pie y me estiré hasta lograr verlos los encontré, efectivamente, de un tamaño que me resulta antinatural, lo que me llevó a preguntarme de qué clase de sustancia estarán hechos los malditos parches, que hasta ahora nunca habían provocado efectos físicos, dejando de lado las náuseas.
Rowan se carcajeó de mi desgracia primero y luego se ofreció a ayudarme con los zapatos, pero me negué rotundamente. De todas formas, estuvo rondando a mi alrededor mientras bufaba, buscando un par de zapatos que se amoldaran a mis enormes pies.
El ascensor se detiene frente a nosotros y, cuando abre sus puertas, Rowan coloca una mano en mi espalda guiándome para que suba. Su tacto es ligero, pero firme al mismo tiempo. Asegurándose de que no vaya a tropezar con nada cuando bajamos del ascensor y salimos al campus. Resulta reconfortante, aunque…
Me muevo hacia un costado, hasta que dejo de sentir su mano en mi espalda. Él me mira extrañado.
― ¿Qué pasa?
― Yo… eh… ― me enredo con las palabras, mientras él me mira con preocupación ―. Creo que no estoy lista para… No quisiera que…
― Arah no te entiendo.
Le lanzo una mirada suplicante. Él parece desconcertado.
― Creo que preferiría si podemos mantener esto en secreto ― murmuro, haciendo un gesto abarcándonos a ambos.
Instantáneamente me arrepiento, pero él no me da lugar a nada más. Simplemente asiente con la cabeza y, aunque su expresión vuelve a ser la de siempre en cuestión de segundos, algo me dice que lo he molestado. No sólo que lo he molestado, sino que lo he herido.
No hablamos en el resto del camino. Caminamos lado a lado, pero siento como si nos separaran cientos de kilómetros. Coloco una mano en mi barriga, en un intento de sentirme menos sola, pero el único pensamiento que viene a mi mente es que a ellos no les agradaría tampoco lo que hice con su "padre".
Cuando llegamos a la puerta del edificio encontramos a Laertes y Chase apostados contra una pared. Rowan los saluda e insiste en acompañarme al aula.
― Puedes quedarte con ellos si quieres.
Él frunce el ceño. No me cuesta nada seguir la línea de sus pensamientos. Cree que no quiero que me acompañe para que no nos vean juntos.
― No me refería a eso ― le digo, pero él no me hace caso.
Me acompaña hasta la puerta del aula y se marcha sin decir nada. Me debato entre seguirlo o dejarlo tranquilo, y al final termino entrando y tirando el bolso en el asiento de al lado, en su asiento, con desgana.
Con la sensación de que he arruinado todo.
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Blair me ve y automáticamente se dirige hacia mí, mirándome con ojos acusadores. Se deja caer sobre su asiento y me lanza una mirada de reproche.
― No puedo creer que no me hayas contestado ― dice dramáticamente ―. ¿Qué clase de amiga eres Arah? Me rompes el corazón.
La ignoro. Ella interpreta mi silencio como un aliciente para seguir hablando y continúa con su sermón dramático sobre cómo traicioné su confianza. La dejo hablar hasta que termina.
― ¿Y? ¿No vas a decir nada?
Niego con la cabeza y ella se cruza de brazos, ofendida. Lo cual termina por hacerme explotar.
― ¿Quieres enojarte tú también? ¡Adelante!
Ella me mira sorprendida y se inclina hacia mí.
― ¿Qué pasó?
― Nada ― contesto enojada.
― ¿Es por lo de ayer? Si es por eso lamento haberlos acosado, sólo quería…
― No es por eso ― la interrumpo ―. Olvídalo Blair, tú no tienes nada que ver.
Ella asiente, no muy convencida y me deja tranquila, poniéndose a escribir algo a toda velocidad en su teléfono. La dejo, demasiado malhumorada como para soportar su enojo también.
Dos minutos antes de que empiece la clase el resto de los alumnos entra en tropel. Busco con la mirada a Rowan, esperando encontrarlo con Chase y Laertes, que entran juntos riéndose de algo, pero él no está.
Él entra un minuto después, con Bliss Allen caminando al lado, diciéndole algo mientras con una mano se toca el cabello, esponjándolo.
Arqueo una ceja, pero él ni siquiera me mira. Se sienta al lado y se gira para escucharla a ella, que se sienta del otro lado, hablando en murmullos y soltando risitas tontas.
Blair se inclina para decirme algo, pero justo llega la profesora.
Cuento hasta cien mentalmente y me pierdo la mitad de la explicación de la profesora mientras lo único que escucho son los murmullos de aquella idiota de cabello verde. Me cruzo de brazos y me empeño en permanecer con la vista al frente, sin demasiados resultados.
Suelto un bufido cuando ella coloca una mano con perfecta manicure sobre nuestra mesa, dejándola al lado de la mano de Rowan.
― ¿Pasa algo?
Lo miro y él enarca una ceja. Sus ojos brillan, divertidos. Idiota. Lo está haciendo a propósito. Lo está disfrutando.
― Nada.
Entonces él se gira y murmura algo a Bliss, que ríe encantada.
― No puedo creerlo ― mascullo enojada e intento prestar atención a la clase.
La profesora, con su ánimo habitual, prende su tableta y la lista completa de nombres se despliega en nuestras pantallas. Busco el número trece: Aden y Leanne Greyfox – Ranghild.
En medio de los murmullos por los nombres, Bliss suelta un chillido y se pone de pie, furiosa. Miro la lista hasta llegar al quince. "Crow Melancton". Me inclino hacia Blair, que ríe estruendosamente junto a Chase.
― No es el nombre que ella eligió ¿no?
Tengo que esperar a que ella deje de reír para obtener una respuesta.
― Era impronunciable, te lo juro ― dice cuando consigue calmarse ―. Laertes lo cambió cuando ella se fue a su sesión de spa.
Ruedo los ojos.
― Se lo merece ― mascullo. Rowan desde el otro lado no dice nada, pero casi puedo verlo sonreír socarronamente.
Diez minutos después la profesora la obliga a regresar a su asiento. Se acomoda su peluca mientras respira agitadamente. Luego sonríe, recuperando su entusiasmo habitual.
― Habiendo solucionado ciertos malentendidos ― dice y mira a Bliss, que está cruzada de brazos, enojada ―. Es momento de la última asignación antes del parto. Serán tres clases en total, obligatorias para todos salvo que presenten justificación médica, y se los juntará con el curso B que también está realizando este proyecto.
Alguien desde el fondo, tímidamente, se atreve a levantar la mano.
― Disculpe profesora, ¿pero de qué serán las clases exactamente? Creí que ya habíamos hecho todo lo relacionado a los bebés que se podía hacer.
Ella sonríe. En mi mente su sonrisa es diabólica y siniestra.
― ¡Clases de preparto querida! ¿Qué más podrían ser?
Termina de explicar todo el procedimiento y da por terminada la clase. La primera será hoy en la tarde, cada una de una duración de tres horas. Obligatorias. Tanto para las mujeres como para los hombres. Cuando salimos, escucho todo tipo de murmullos, desde entusiasmados hasta a algunos que están considerando seriamente fingir su muerte.
Me pego a Blair y Chase, pero la primera todavía parece algo ofendida. En cuanto se gira y ve a Rowan salir con la idiota de Bliss al lado suelta una carcajada, y Chase la sigue.
― No sé qué encuentras tan gracioso.
― ¿Yo? Nada. Absolutamente nada.
― Genial.
Ella arquea una ceja.
― ¿Por qué estás tan enojada? No debería importarte.
― No estoy enojada ― farfullo y me giro para continuar caminando.
Ella le da una mirada significativa a Chase, quien simplemente ríe. Hombre, tenía que ser.
― ¿Ah no? ¿Ni si quiera ahora que Bliss está...?
No llego a escuchar la última parte de su frase. Me giro bruscamente y encuentro a la idiota de Allen colgándose de su brazo, mientras con la otra mano acaricia su barriga. Él no hace nada para sacársela de encima.
Antes de pensarlo si quiera estoy frente a ellos. Rowan enarca una ceja, curioso.
― Lo estás haciendo a propósito ― le digo acusadoramente.
Él se encoge de hombros, quitándose el brazo de Allen de encima.
― ¿No era lo que querías?
― Nunca te dije que te pegaras a esta babosa.
Él sonríe burlonamente.
― ¿Te molesta?
― Claro que me molesta. ¿A ti te gustaría que…
Bliss me interrumpe, parándose entre medio de ambos.
― Disculpa Ranghild, pero con Row-Row tenemos cosas importantes que hacer. Cosas que, evidentemente y gracias a todos los cielos, no te incluyen. Así que apártate querida que estás sobrando.
No soy muy consciente de lo que hago a continuación, al menos hasta que Rowan rodea a Bliss y me abraza de atrás apartándome de ella, levantándome unos centímetros del suelo. Ella, en el lapso de medio segundo, se tira al suelo y empieza a chillar.
Alrededor nuestro todo se queda en silencio.
Cuando la profesora sale, alarmada por los gritos, me doy cuenta plenamente de lo que he hecho. He golpeado a Bliss Allen en su perfecta y operada nariz.
Creo que estoy en problemas.
.
― No encuentro la gracia en todo esto ― murmuro enojada y me cruzo de brazos.
Él apenas es capaz de contener la sonrisa burlona.
La profesora sale de la enfermería con el ceño fruncido. Apenas nos ve, compone una mueca afectada.
― Señorita Ranghild, realmente lo lamento ― dice, y realmente parece afectada cuando debería estar más que enojada ―, pero no podemos obviar este comportamiento. La señorita Allen tiene la nariz rota, y no podemos ignorar este hecho de mala conducta a pesar de su comportamiento intachable durante todo el curso.
Me aclaro la garganta, sin saber bien qué decir. Golpear a la idiota de Bliss no parece tan buena idea ahora.
― Yo… aceptaré las consecuencias, sean cuales sean.
Ella menea la cabeza y sonríe.
― Sin embargo, también entendemos que se trata de un hecho aislado en medio de una situación especial ― dice señalando la barriga ―, y que es muy probable que el parche haya influido en cierto modo en el asunto. Me temo que no podemos dejar de lado el asunto, así que hemos decidido que tendrá que quedará usted en detención por dos días durante la tarde, hasta la hora de la clase de preparto. Realmente lo siento señorita Ranghild, pero fue la solución más leve que pudimos encontrar.
A duras penas compongo una sonrisa.
― No se preocupe. Lo entiendo perfectamente.
Ella sonríe con algo de culpa, mira hacia ambos lados del pasillo y se acerca.
― No debería decir esto, pero dadas las circunstancias… ― dice mientras se acomoda la peluca ―. Ha sido un golpe merecido señorita Ranghild.
Y se marcha rápido, dejándome en el pasillo con Rowan que parece querer descostillarse de risa, pensando en que si esto sigue así, él se llevará el siguiente golpe.
Rowan Greyfox, 17 años
Todos los estudiantes participantes en el proyecto de paternidad deberán presentarse en el Gimnasio C a las 17:00. La participación en las clases no es de carácter negociable, es decir, tanto los miembros del grupo A como del B deben hacerse presentes en las tres sesiones que se desarrollarán para prepararlos para el parto, cualquier ausencia no justificada, significa un suspenso automático para la pareja.
Deslizo el dedo por el correo, obviando otras partes del mensaje, mientras espero, con la espalda apoyada contra la pared, a que Arah se aparezca.
Me pregunto cómo se sentirá la perfecta Arah en detención. Más aún, me gustaría saber cómo se siente por haber acabado ahí simplemente porque no pudo refrenar los celos que sentía de Bliss.
¡De Bliss! Ciertamente ha sido muy divertido el probar sus límites. Lo que no esperaba, era rebasarlos tan pronto. O que Arah, con esa fragilidad aparente, llevara el conflicto al plano físico. Estoy seguro de que ella culpará al parche, pero, en mi interior, siempre sabré la verdad.
Las puertas dobles del gimnasio se abren, revelando en el interior treinta colchonetas deportivas colocadas más o menos a un metro de distancia con respecto a las demás. Cada una tiene una almohada blanca y se encuentran dispuestas en seis hileras de cinco cada una.
La profesora aparece frente a nosotros, con ese brillo emocionado en los ojos que me hace tacharla como psicópata.
—Bien, bien. Cada uno elija un lugar y empecemos. Una pareja por estación. Vamos, vamos.
Chase y Blair se alejan y consiguen un espacio cerca del centro. Laertes y yo nos quedamos atrás.
—Señor Greyfox, señor Melacton ¿por qué no se han acomodado aún?
—Allen está en la enfermería— dice Laertes rodando los ojos. Al parecer, tiene una fractura en la nariz.
La profesora frunce el ceño, pero veo sus labios temblar en una sonrisa mal disimulada.
—¿Y la señorita Ranghild?
—En detención— digo con un encogimiento de hombros. Debería salir en cinco o diez minutos.
En el caso de Arah, ella parece contrariada.
—Bueno, en ese caso, señor Melacton, tomando en cuenta que no podrá realizar la sesión de hoy, venga conmigo y hablemos sobre el reporte que tendrá que presentar en su lugar. Señor Greyfox, por favor ayude a la señorita Rainbow con los ejercicios, a ver si su compañero se mejora mágicamente y decide hacer acto de presencia— dice, claramente molesta.
Estoy a punto de preguntar de quién demonios está hablando cuando una chica con el cabello de color lavanda y los labios pintado de un profundo color púrpura alza una mano.
No me gusta el que me obliguen a ayudar a alguien más, pero supongo que es mi sacrificio por obtener el sobresaliente que nos merecemos Arah y yo.
La chica se ha recostado y parece perdida en sus pensamientos. Me acuclillo a su lado, inseguro sobre qué debo hacer. En lo que tardo en llegar a su lado, la chica parece haber perdido cualquier interés en mí.
—Oye, Kriss ¿no te parece que la luz forma una columna preciosa ahí? —dice apuntando con un dedo. Una chica frente a ella sigue la dirección de su dedo—. Me encantaría dibujarla. Imagino a pequeñas hadas sosteniendo una semilla de diente de león, danzando en el aire mientras descienden y ríen…— me aclaro la garganta y ella parece despertar de un sueño.
—¿Hola?
—Me pidieron que te ayudara.
La chica aparta la mirada de inmediato, parece algo incómoda por mi presencia. La chica Rainbow o como se llame, no parece darse por enterada.
—Anoche se me antojó comer sushi— explica de repente, sin venir a cuento.
—Humm…— no estoy muy seguro de qué decirle.
—Por si te preguntabas que había pasado con mi compañero. El suyo al parecer estaba en mal estado— dice mientras aparta, con suavidad, un mechón de cabello de sus ojos.
—Detrás de ella, señor Greyfox— dice la profesora mientras pasa a mi lado—. Le ayudará con los ejercicios de estiramiento mientras la señorita Ranghild sale de su detención.
Me hace sentir incómodo el hecho de que tengo que arrodillarme detrás de esta desconocida, acomodar la almohada sobre mis piernas y dejar que ella se recueste a medias sobre mí.
—Seguro que te pones más contento cuando tu compañera aparezca— dice con una sonrisa.
Me encojo de hombros en respuesta. Hay flores secas en el cabello de la chica y huele a pintura y un poco a disolvente.
Ella canta un poco por lo bajo mientras apoya su peso en una de sus manos para pasar la otra sobre su prominente barriga, del mismo modo en que Arah lo ha estado haciendo últimamente.
—Por cierto, soy Cherise— dice como si de pronto lo recordara.
—Rowan.
—¿Cómo el árbol? —pregunta con curiosidad.
—Sí.
—Es bonito.
—Gracias— replico incómodo.
—Ella es Kriss, diminutivo de Krissalida— dice apuntando a la chica frente a nosotros, que ahora tiene las puntas, ligeramente puntiagudas, de sus orejas, de color rojo grana. Cherise le da suaves palmaditas a su vientre hichado—. Y esta es Calliope, Callie— completa con una sonrisa.
Parece realizada con el proyecto. No le respondo, no estoy seguro de querer saber más sobre ella.
Una instructora se para al frente del gimnasio, sobre una pequeña plataforma y empieza a dar instrucciones sobre la forma en que debemos posicionarnos y cómo ayudar a nuestras compañeras.
Toda la actividad parece demasiado íntima y me pregunto cómo lo estarán llevando los demás. A mi alrededor hay murmullos y risas incómodas.
La cintura de Cherise, en donde debo colocar las manos para ayudarla a estirar, es estrecha y siento sus costillas bajo los dedos. Trae puesto un vaporoso vestido de todos los colores del arcoíris y unas mallas, del mismo color de su cabello, por debajo.
Los ejercicios de calentamiento duran casi quince minutos y trato de concentrarme en la actividad en sí y no en el hecho de que tengo las manos encima de una chica que no es Arah.
—Muy bien, la fase de calentamiento ha terminado— dice la profesora con otro de sus ridículos aplausos.
Alguien se aclara la garganta y, cuando me giro, noto que Arah está parada detrás de mí, con los brazos doblados sobre el pecho y una expresión molesta en el rostro.
…
Tomamos el lugar junto a la estación de Cherise, la única disponible. Arah parece más y más furiosa a cada segundo y, cuando la toco para posicionarla como pretende la instructora, ella parece casi dispuesta a morderme.
—¿Y ahora qué? —le digo en un susurro.
Ella no me responde.
—La ley del hielo. ¿En serio?
—Cállate, Greyfox.
—Oh… así que soy "Greyfox" de nuevo ¿no?
Ella me ignora.
—Primero Bliss Allen y ahora esto— devuelve con un siseo.
Me echo a reír.
—¿En serio eres una de esas, Arah?
—¿Disculpa?
—Cómo has dicho, primero Allen y ahora esto. ¿Vas a hacer otra escena?
—Eres tú el que cada vez que volteo estás con una chica diferente.
—Fuiste tú la que dijiste que esto— digo señalándonos a ambos con un dedo—, no tenía que ser público.
—Y ahora es culpa mía— replica irónica.
—Yo solo digo que las condiciones las impusiste tú. Yo solo estoy jugando mi papel.
—En caso de que no lo hayas notado "no lo hagamos público" y "líate con la primera que se te ponga al frente" son cosas totalmente diferentes.
Me río.
—¿Qué es tan gracioso?
—Si esa es tu definición de liarte, tendré que comprarte un diccionario para Navidad.
—Muy simpático.
—No es mi culpa el ser increíblemente atractivo y popular.
Ella suelta un resoplido.
—Vete a la…
—Ah, ah, ah… nada de malas palabras frente a Aden y Leanne.
—Que nombres tan bonitos— ambos volteamos, sorprendidos por la interrupción. Cherise ha aprovechado que aún no inician los ejercicios de respiración y se ha recostado sobre la colchoneta. Con el rostro girado hacia nosotros y las comisuras de los labios hacia arriba, su cabello color lavanda se desparrama como una cascada de flores detrás de su cabeza. Algo en su postura me recuerda a Jess cuando jugábamos en el jardín y se tendía sobre la hierba.
—Gracias— masculla Arah por lo bajo.
—Había oído que alguien tendría gemelos. Debe ser el doble de divertido —"divertido" ciertamente no es la palabra que usaría para describir este proyecto—. Por cierto, me encanta tu cabello.
Arah se pasa una mano sobre el cabello revuelto y se sonroja.
—No he tenido tiempo de arreglarme mucho después de…
—Parece un halo, como el de los ángeles. El plateado te queda bien— dice con otra sonrisa perezosa.
Arah parece momentáneamente desarmada. Supongo que, para ella, no tiene mucho sentido pelear unilateralmente y Cherise, definitivamente, no parece del tipo que se cuadraría a darle pelea.
—¿Es niño o niña?
—Niña— dice con una sonrisa soñadora—. Calliope. Callie— agrega casi de inmediato, como quien se acuerda de algo.
—Seguro que será preciosa.
—La he dibujado muchas veces— dice Cherise—. Tiene esta extraña costumbre de aparecerse en mis sueños vestida como un unicornio— sonríe—. Mi hermano dice que es el exceso de helado antes de dormir.
Arah ríe.
—Muy bien. Ahora papás, pónganse detrás de su compañera y apoyen sus manos en su espalda. Chicas, vamos a comenzar con un ejercicio de respiración sencillo que las ayudará a aliviar los dolores de parto.
—¿Dijo dolores de parto? —chilla alguien.
—Estoy segura de que solo es una forma de expresarse— dice Arah, tratando de lucir segura de su afirmación.
—Ahora, papás, inclínense sobre sus compañeras, ¡háblenles! Háganlas sentir bonitas y seguras.
Esto tiene que ser el punto más ridículo de todo este proyecto. Pero lo aprovecho igual.
—Te veías bonita mientras le atizabas a Bliss.
—Cállate Rowan.
—En serio, el verde de los celos combina bien con el de tus ojos.
—Yo no estaba celosa.
—Claro que lo estás, igual que estabas celosa hace cinco minutos de Cherise.
—Es el par…
—El parche, claro— digo rodando los ojos.
—Piensa lo que quieras. No es mi problema.
A pesar de que ella está de espaldas a mí, le sonrío.
—Claro, claro. Puedes culpar al parche tanto como quieras, por mí, no hay problema. Pero en serio, la próxima vez que decidas ponerte así de enérgica, mejor encontramos una mejor forma de canalizar tu… lado apasionado.
Ella se sonroja profundamente.
—Ahora dime— le pregunto, muy cerca de su oído derecho. Su cabello despeinado me hace cosquillas en una de mis sienes—, si no te hubiera detenido ¿habrías golpeado a Bliss de nuevo?
Ella se mantiene silenciosa.
—Sí. Eso pensé.
—Estás siendo de lo más injusto. ¿Qué harías si decidiera meterme con Chase, por ejemplo?
—¿La verdad? Reírme a costa tuya.
Ella no parece entender.
—Digamos que hay más probabilidades que a Chase le guste yo antes que tú— me explico.
—¿Qué?
—Ajap…
Arah busca a Chase y Blair, un par de hileras por delante con la mirada. Cuando los encuentra, entorna los ojos.
—¿Cómo es que yo no lo sabía?
Me encojo de hombros.
—Es discreto.
—Pero si todo el tiempo se la pasa con Blair.
—Es su mejor amiga. Ooooh… no me digas que eres de esas que esperaban que… Eres una cursi, Arah. Pero volvamos al tema principal: tus celos.
—Yo no estaba celosa.
—¿Ah no?
—Definitivamente no.
—Entonces ¿no pensabas en que esta mañana, podía simplemente escabullirme, encontrar un aula vacía y poner en práctica algunas de las cosas que hicimos tú y yo ayer, con Bliss. Estoy seguro de que ella estaría más que dispuesta.
—¿Sabes? Creo que el parche me está poniendo particularmente agresiva. En este momento es tu nariz la que quiero romper.
—Por supuesto, porque alguien está celosa— canturreo en su oído.
—Ya quisieras. ¿Por qué estás siendo un imbécil?
—¿Por qué no quieres hacerlo público?
—Porque no quiero ser la idiota a la que Rowan Greyfox sedujo en una maldita semana.
Me retiro.
—¿Qué?
—Puede que para ti el enrollarte con alguien sea lo más normal. Y ahora, por tu culpa, Blair debe pensar que nosotros estamos…— deja la frase en el aire—. Pero yo no soy así. Nunca he sido así y nunca he sido, tampoco, la chica que se mete en una pelea estúpida por un chico. Nunca había estado en detención. Nunca había golpeado a nadie. Y ahora por tu culpa, soy…
—Profesora— la interrumpo—, Arah se encuentra algo mareada. La acompañaré al baño.
La sujeto de la cintura y de uno de sus brazos y la ayudo a levantarse, ignorando sus intentos de protestar y luego caminamos a toda velocidad, con Arah quejándose, hasta que llegamos a uno de los baños en el pasillo. Golpeo la puerta y me aseguro de que el baño de mujeres esté desierto antes de empujarla a ella en su interior y encerrarnos a ambos ahí.
—¿Qué demonios estás haciendo? —dice apartándose un paso y cruzando los brazos sobre el pecho.
—Te llevo a un lugar al que pueda gritarte por ser una idiota.
—¿Disculpa?
—¿Por quién me tomas, Arah?
Antes de que pueda responder, yo continúo hablando.
—No entiendo, si la imagen que tienes de mí es que me enrollo con quien quiero, cuando quiero, entonces ¿por qué dejarme besarte? ¿Por qué permitir que pasara todo lo que sucedió el fin de semana?
Ella enrojece.
—Yo no…
—Porque, continúo, está claro que piensas que eres solo otra muesca en la pared para mí ¿no? Que llevo un álbum de conquistas o algo parecido. ¿Crees que no fue difícil para mí, esta mañana, saber que no querías que se te… —busco la palabra— asociara conmigo en ese plano?
—Yo…
—Porque, evidentemente, te apena que te vean conmigo como algo más que tu compañero de proyecto, tu rival o lo que sea.
—¡Deja de poner palabras en mi boca! —chilla ella, empujándome y dejando las manos planas sobre mi pecho.
El contacto es como una chispa que cae sobre gasolina. En un segundo le estoy gritando, con ella empujándome, y al siguiente estoy dándonos vuelta, girándola de manera que ella quede entre la pared y yo. Su cabeza se golpea, con un ruido sordo, contra la pared del baño, pero no parece importarle.
Sus manos están encima de mí de la misma forma en que yo no parezco tener la capacidad de sacarle las mías de encima.
La beso. Pegando mi boca a la suya. Reclamándola como mía y declarando, a la vez, lo que no puedo creer que no sepa aún.
Que desde el primer día en que mis ojos se posaron en ella, yo fui, irremediablemente, suyo.
Resulta demoledor. Sus labios se pegan a los míos y agradezco la diferencia de alturas entre nosotros, porque eso me permite inclinarme sobre ella, ignorando la enorme barriga que evita que pueda pegarme a cada centímetro de su cuerpo.
Ella se aparta, para tomar aire, pero yo estoy lejos de poder detenerme, deslizo mis labios por su garganta, necesitando, más que nunca, el sentirla como algo vivo junto a mí.
Es posesión, sí. Pero también hay algo más. Algo que me genera tanto temor como emoción, pero no tengo tiempo de analizarlo antes de que ella se ponga de puntillas, tome mi cabello en su puño y pegue su boca a la mía, de nuevo.
Me pregunto si ella sentirá la misma necesidad que yo. Si la idea de tener que salir de nuevo, ahí fuera, donde esto tiene que ser un secreto, la destroza del mismo modo en que me destroza a mí.
—Rowan…— dice con un jadeo cuando nuestras bocas se separan de nuevo y yo me muevo hacia un costado, dejando besos de mariposa sobre su cara, rozando la piel de sus pómulos con mis pestañas.
—Hmmm…
—Nos pondrán un suspenso si no volvemos pronto.
—Tú sí que sabes matar el momento.
Una risa agita su cuerpo y luego suelta un largo y profundo suspiro.
—Créeme, soy la primer a favor de continuar esto en casa— hay algo en su tono que hace que me estremezca —, pero ambos sabemos que nos odiaríamos el uno al otro si somos tan débiles como para ceder al…— ella enrojece.
—¿Deseo? —la ayudo yo.
—Sí, supongo— dice enrojeciendo aún más.
Se inclina hacia adelante y apoya la cabeza sobre mi pecho. Me sigo sorprendiendo por lo pequeña que resulta sin sus tacones. Pero me sorprende aún más lo que ese gesto, tan lejano de lo que acabamos de compartir, tan inocuo, hace que se me licúen las entrañas.
Me aclaro la garganta.
—No lo hago.
—¿El qué? —dice alzando hacia mí sus enormes ojos verdes.
—No me enrollo con la gente. No me he enrollado con nadie desde… Blair, supongo.
Ella enarca una ceja.
—¿Blair en una de esas fiestas de Bliss?
Me encojo de hombros.
—Quería llamar la atención.
—Claro, como si usualmente no la llamaras— dice poniendo los ojos en blanco.
—Quería llamar la atención de alguien en concreto— digo estirando la mano y hundiendo los dedos en los mechones de su cabello plateado. Deshaciendo los enredos.
—¿La de quién? —pregunta sin enterarse de nada.
—Si realmente tienes que preguntar, entonces tendré que culpar a tu cerebro de embarazada.
Con eso ella parece entenderlo. Sus mejillas de encienden más.
—¡Pero eso fue hace casi seis meses!
Intento parecer desinteresado. Pero fracaso.
—Supongo.
Ella no me permite evitar el tema.
—Rowan… ¿seis meses?
—Casi ocho, en realidad.
No me estoy declarando. No lo estoy haciendo.
Ella no parece saber qué decir. Al menos al principio.
—Entonces todo este tiempo en que has estado fastidiándome básicamente era porque ¿te gustaba?
No le respondo. En su lugar, la veo a los ojos.
—En serio, eso es tan del jardín de niños. ¿Me gustas y por eso te tiro del cabello? —dice ella con una risita.
—Cuando lo pones así…
—Todo este tiempo has pretendido, básicamente, ser un cabrón, petulante, presumido y…
—Increíblemente atractivo, ingenioso, encantador…
Ella se inclina de nuevo, pegando su frente a mi pecho y yo, automáticamente, levanto un brazo, rodeando sus hombros y sintiendo el cosquilleo de su cabello sobre la piel de mis manos.
—Siempre he creído que eres un idiota, Greyfox.
Me río un poco, tratando de disimular el hecho de que su falta de respuesta consigue afectarme.
—Al parecer, me gustan los idiotas— dice finalmente.
Eso es todo lo que necesito por ahora. La empujo de nuevo contra la pared y la beso un poco más, antes de dejar que mi lado racional salga a relucir de nuevo. Ella se acomoda el pelo a cómo puede y se inclina sobre el espejo, pasando los dedos sobre sus labios hinchados por nuestros besos.
—¿Estás bien? —pregunto cuando finalmente se aparta y voltea a verme. Una suave sonrisa le ilumina el rostro.
—Sí, creo que sí.
Abro la puerta para nosotros y salimos juntos. Atravesando el pasillo para volver al gimnasio. Cuando estamos a punto de entrar, ella me sorprende cuando estira el brazo y toma, con determinación, mi mano.
Al llegar a nuestros lugares, noto que varias de las parejas han volteado a vernos.
Sonrío.
¡Hola! Nos habíamos perdido un poquito porque estábamos en un proceso de reestructuración del universo en que suceden las cosas. Para que lo sepan, ahora Rowan y Arah tienen su propio Universo original, siempre dentro de Panem y el Capitolio, el cual puede conocer en la página www. Rowahsworld. Blogspot. Com (solo deben quitar los espacios y listo). Estábamos en el proceso de editar cada capítulo para cambiar las zonas que habíamos tomado prestadas de Alphabetta para la construcción anterior.
Dicho todo esto ¿qué les pareció el capítulo? ¿Esperaban que el uno y el otro actuaran de esa forma? ¿Qué esperan que suceda en el próximo?
Muchas gracias a Mildred, Doremi, L, Paulys y Simun por sus reviews y por darle una oportunidad a estos personajes originales.
En el capítulo de hoy, tuvimos a una invitada especial, salida de la imaginación de HikariCaelum: Cherise Rainbow. Muchas gracias por permitirnos incluirla en la historia y esperamos te gustara lo que hicimos con ella. Esperamos poder tenerla prestada en algunos capítulos más.
Un abrazo y esperamos ansiosas sus comentarios.
Saludos, Cora y E.
