Un saludo a todas! Nuevamente perdón por la demora (o creo que esto es algo que ya digo en cada capítulo que subo?) sigo con mis temas de salud que bueno a veces me abaten y la inspiración no me llega pero al final tarde que temprano termino de escribir un poco cada día, espero que estén bien, sonriendo a la vida como lo hacen nuestros protagonistas favoritos =) Anthony & Candy, como ellos nos lo enseñaron a hacer.

ETERNO AZUL: REGRESO DE UN VIAJE DISTANTE

CAPITULO VII. CORAZONES REVELADOS

- YO NO PUEDO AMAR A ESTE ANTHONY! – Le dijo con los ojos llenos de lágrimas.

Quien los escuchaba en silencio, al oír la negación de la muchacha sintió que dejaba de respirar por unos instantes y consciente de lo que pasaba volteó al cielo oscuro de esa noche.

Por un momento pensé que había hallado mi lugar aquí…tonto de mí qué clase de respuesta esperabas escuchar Anthony?

Su rostro se contrajo por unos instantes en tristeza preguntándose a sí mismo por qué le dolía tanto la aseveración hecha por ella.

Una ráfaga de viento frío lo hizo reaccionar, podían darse cuenta que había escuchado la conversación y volteando a ver una última vez a la pareja que hablaba en los jardines decidió alejarse de ahí a toda prisa.

Luego de un breve silencio Albert trató de ver a través de sus lágrimas que parecían contradecir lo previamente dicho por ella.

- Y el hecho de que no puedas amarlo es lo que te hace llorar Candy? Dices que no puedes pero no me has respondido….

- Él ya tiene a quien querer! Yo formo parte del pasado Albert entiendes?

- Pero tu corazón se está rebelando contra tu propia lógica Candy, quieres gritar y convencerte de que no puedes amarlo.

Candy cerró los ojos, se volteó y le dio la espalda.

El rubio trató de serenarse, sólo con el tiempo, ella descubriría sus propios sentimientos y aceptaría lo que era una verdad más que evidente. Perturbarla aún más confesándose él mismo? No, ahora no era el momento.

En el interior del edificio la orquesta tocaba una melodía tras otra para sus alegres danzantes, pero para una persona el tiempo apremiaba y se hacía aún más tarde.

El muchacho cansado de esperar, dejó de mover su pie sobre el piso y se dirigió a los demás.

- Alguien ha visto a Candy?

- Aún no regresa…. – Respondió Annie insegura si darle más información de su amiga.

- Será mejor que vayamos a buscarla…. – Aconsejó Patty a su amiga.

- Yo iré por ella – Les dijo Terry sin detenerse a esperar por su respuesta.

El chico de mirada rebelde caminó por donde ella había corrido pero no la encontró por ninguna parte, y en cuanto a su amigo Albert? Por un momento sintió celos, ella confiaba tanto en Albert que estaba seguro ella le había contado todo sobre sus sentimientos.

- En dónde estás Candy? – Frunció su ceño y corrió por los territorios de la familia escocesa hasta desaparecer.

Por otro lado, ajena a las miradas de los caballeros, la noble escocesa de cabellos platinados envuelta en un vestido dorado con encaje del mismo tono volteaba de un lado a otro buscando desesperadamente a su novio.

Vio a Oliver quien platicaba con el hijo del gobernador y con otras personas que no conocía.

- Las fiestas americanas son mucho más divertidas que las europeas jajajajaja – Platicaba desenfadado el pelirrojo.

- No olvide invitarnos a Escocia por favor!

- Desde luego, los Rainsworth cumplimos nuestra….. – Sintió un aura asesina frente a él que interrumpió su plática - …nuestra palabra….

Grace lo veía fijamente para que se diera cuenta de su presencia misma que fue bien percibida por el alegre muchacho.

- Discúlpenme….

Caminó rápido hacia ella.

- Qué sucede?

- Has visto a Anthony? – Preguntó un tanto molesta.

- A Anthony?! – Alzó sus cejas – Qué te hace pensar que sé en dónde está?

- Tu deber es saber siempre en dónde se encuentra! – Le recriminó.

- Vamos Grace exageras, él no es un niño, la última vez que lo vi estaba con Liam, si estás aburrida te puedo invitar a bailar – Se acercó peligrosamente a ella.

- D-deja de bromear!

- Jajajajaja

Grace frunció su ceño a punto de responderle algo.

- Oliver no nos presentas? – Llegaron los recién presentados con el joven interrumpiendo la pequeña disputa.

- Encantada – Rápidamente Grace esbozó su mejor sonrisa – Mi nombre es Grace Campbell.

- Un honor señorita Campbell!

- Al contrario el placer es mío – Sonrió dulcemente – Si me disculpan debo buscar a alguien.

Hizo una pequeña reverencia y corrió hasta salir del gran salón. Oliver sólo suspiró, no se cansaba de llevar puesta esa máscara?

- Se habrá retirado a su habitación? – La chica de cabellos ámbar volteó a ver el edificio blanco – Tal vez salió a tomar aire fresco, a él no le agradan del todo este tipo de reuniones.

La joven buscó y buscó por todos lados, recorrió las fuentes, el jardín de rosas y los distintos caminos de piedra que llevaban siempre al mismo lugar pero no encontró nada.

- Mi padre se enojará si me desaparezco por tanto tiempo – Habló para sí misma mientras meditaba qué hacer.

A punto estaba de volver a la mansión cuando escuchó un par de pasos.

- Anthony! – Se alegró y corrió hacia él.

- Lamento decepcionarte – Se escuchó una voz burlona.

Voz que ella se había grabado desde el primer momento en que se había enterado del apellido de esa persona.

Palideció y quedó estática como una piedra.

Su interlocutor volteó a verla, ese brillo en sus ojos ámbar bajo la luz de la luna llamó su atención.

- Por qué me miras con tanto odio? Acaso te hice algo?

- No sé de qué habla… - Volteó su rostro molesta por tener que dirigirle la palabra.

- Entonces debo pensar que no fui de tu agrado, no sabía que juzgaras a alguien tan sólo por la primera impresión.

- Lamento si le di esa impresión – Respondió casi entre dientes mientras mantenía su rostro volteado hacia otro lado.

- Jajajaja sabía que los escoceses eran tercos, ariscos y buenos bebedores pero esto es demasiado jajajaja

- Y yo sabía que los ingleses eran excelentes caballeros y respetuosos pero usted deshonra esa fama en demasía!

El otro solo sonrió de lado y cerró los ojos.

- No sé si me odias por ser inglés o por apellidarme Grandchester. Si buscas a tu noviecito lamento decirte que no está aquí.

- Anthony Andley! – Abrió sus ojos y lo vio con desprecio – Anthony Andley, apréndetelo muy bien, futuro soberano de Escocia!

- Jajajajaja admito que no me interesa para nada la política pero lo que has dicho sobrepasa toda expectativa.

- Hablo de Anthony Andley, Andley! La familia que siglos atrás debió ocupar el trono de Escocia y que le fue robado por los Estuardo! Ahora sí me dirá qué linaje honorable señor Grandchester es el más importante aquí? Sin duda es el apellido Andley y no Grandchester cierto?

- Eso a mí no me interesa – Metió una mano en el bolsillo de su pantalón.

- Oh pero le interesará y más pronto de lo que cree…

Terry frunció el ceño y volteó a verla, Grace tenía su rostro sereno, como aquel que sabe que tiene el triunfo en sus manos, sus ojos pálidos lo observaban altivos, fríos e indiferentes hacia él.

La joven parecía haber entrado en una especie de trance, qué recuerdos habían llegado a su mente en ese instante? No lo supo y tampoco entendió de dónde provenía su odio hacia él.

Le fastidió todo aquello, ni el otro sujeto ni su novia parecía que iban a explicarle lo que habían dejado entrever respecto a su apellido.

Sonrió de lado, se dio media vuelta y se alejó de ella.

Cuando aquel inglés se marchó el cuerpo de Grace comenzó a temblar y cayó de rodillas.

Lentamente levantó sus dos blancas manos y sus ojos se dilataron.

- Debí vengarte…. – Habló con voz entrecortada y ausente – Debí vengarte….

Una lágrima rodó por su mejilla mientras recordaba a esa persona y a su propia madre.

Del otro extremo desde ese incidente dos personas regresaban al salón.

- Te encuentras bien? – Volteó a verla.

- Sí…. Gracias Albert – Le sonrió.

- Candy! Qué bueno que regresaste! – Corrieron sus amigos hacia ellos cuando los vieron.

- Lo siento mucho – Dijo avergonzada viendo a todos sus amigos dándose cuenta que faltaba alguien – En dónde está…

- Terry? Candy, él salió a buscarte no hace mucho, creo que se impacientó – Respondió Annie.

Candy recorrió con su mirada todo el salón, pero no buscando a quien su amiga asumió que ella había preguntado si no a alguien más pero no lo encontró.

- Alguien ha visto a Anthony? – Comentó preocupada.

- No lo hemos visto desde que regresó con Grace….

La rubia bajó su mirada, estaba preocupada por él, todo lo que había pasado el joven desde que fueron a Lakewood hasta hoy sabía muy bien que no había sido de mucha ayuda para él, lo entendía y por eso mismo quería verlo.

Albert la observó y sus ojos brillaron de manera extraña.

-Candy…

- Sí Albert?

- Vayamos a bailar, Anthony regresará estoy seguro, necesitas estar tranquila.

Candy aceptó, era la primera vez que bailaba con su buen amigo.

Oliver desde la distancia observaba los movimientos de todos.

- No puede ser, él también? – Sonrió mientras bebía un poco de la copa de vino y observaba a su amiga rubia bailar con Albert – Amigo mío, tu ausencia en su vida sí que causó inmensos estragos.

El reloj continuó con su marcha y poco a poco los invitados se fueron retirando dando paso a una inquietante tranquilidad. Qué fue de los anfitriones? Nadie los pudo encontrar por lo que Liam junto a Elroy, quien tuvo que hacer uso todo su autocontrol frente a su hermano, tuvieron que despedir a los invitados.

Oliver se despedía en la entrada de su amiga y le sonreía resignado pues no había podido ayudarla cuando en varias ocasiones le había preguntado por Anthony.

Desde su carruaje, Candy volteó por la ventana una vez más a ver la mansión Andley, no dejaba de preguntarse qué había sido de Anthony. Recordó que Oliver le explicó que como el jefe de la familia si algún inversionista o persona importante quería hablar sobre algún tema de negocios él tendría el deber de atenderle, cosa que es lo más probable que hubiera sucedido. Al menos esta explicación la calmó un poco.

Anthony…. – Pronunció su nombre mentalmente.

- Lista Candy? – Escuchó una voz conocida.

Candy asintió.

Terry se había ofrecido a llevarla de regreso a su casa.

Después de que por horas la casa estuvo llena de música, risas, pláticas y alegres charlas la mansión quedó en penumbras y en un silencio sepulcral luego de que todos se retiraron y se apagaron las luces de sus grandes candelabros.

El péndulo del reloj marcó las 3 de la mañana en ese momento.

Un par de pasos se escucharon sobre la alfombra roja, mismos que se detuvieron al llegar a una puerta de madera oscura.

Con cuidado abrió la misma y encontró la habitación en penumbras, excepto aquel escritorio de ébano que era iluminado por una pequeña lámpara y fue ahí donde lo encontró sentado y con sus manos sobre su cabeza.

- Así que aquí estabas.

- Qué haces aquí a esta hora? – Trató de modular su voz para no evidenciar el dolor del que era presa en ese momento.

El otro caminó despacio por la biblioteca.

- Todos preguntaron por ti, especialmente ella – Volteó a verlo de reojo para medir su reacción.

Pero este no respondió.

- Por qué te fuiste de la fiesta? Tuve que inventar una gran excusa con Liam y Lord Campbell, me debes una, ya pensaré cómo cobrártelas…

- Ahora no es el momento, lo siento.

Oliver volteó a verlo y lo encontró algo pálido.

Suspiró.

Después observó un gran cuadro de cacería del zorro que había ahí.

- Anthony, en verdad creíste las palabras de esa chica Eliza? No creo que seas una persona fácil de engañar pero a mí no me dio buena impresión.

- Dejemos ese tema por la paz quieres? También me percaté de eso, ahora debo revisar todo esto y ya he perdido mucho tiempo.

De nuevo suspiró su amigo, definitivamente algo había ocurrido esta noche como para encontrarlo en el estado en el que estaba pero sabía que su amigo en ese momento no le diría nada.

ESCOCIA

- Después de todos estos años aún piensas hacer eso? Sabes la desgracia traerás a tu apellido?

La otra persona fumó un poco del tabaco y lo aventó a la persona que tenía enfrente.

- No tiene caso que te lo diga otra vez cierto? – Bajó su rostro resignado.

- El momento está muy cerca, tanto que casi puedo saborearlo, la traición es imperdonable me entiendes? Ella está muerta, muerta por su culpa!

- Y tú te salvaste milagrosamente de ese mismo destino…..

- Desde ese día he vivido únicamente para este momento, sólo para este momento… – Sus ojos se incendiaron en odio recordando a todas aquellas figuras cómplices de su desgracia.

- Es la última vez que te diré esto, a partir de hoy cortaremos nuestros lazos, no quiero salir involucrado.

- Todo se irá a la tumba conmigo, descuida – Habló totalmente indiferente respecto a su propia muerte.

- Sigo en desacuerdo, desde siempre la has utilizado a ella.

- Ella hará todo lo que yo le pida, soy su querido hermano después de todo.

Un escalofrío recorrió la espalda de la otra persona, tan fríamente utilizaba a los suyos para el único propósito de vengar su propia ruina y la muerte de su compañera.

- Pero…

- Sólo será un golpe, sólo será un maldito golpe y después de eso acabaré con mi propia vida, no derramaré mi sangre por culpa de un maldito soldado inglés que salga a defenderlo. Todos lo verán como un acto aislado mío hecho por venganza…Acaso no es eso lo que hicieron con Fernando de Austria? - Empuñó sus manos – Pero para eso debo poder acercarme a ese maldito Jorge y para eso la necesito a ella!

- Incluso América agradecerá tu hazaña – Se sirvió otra copa de vino - Derrocando a la familia británica ellos también se verán librados de su yugo, al menos aquellos en el poder ya no serán marionetas del rey.

La otra figura sonrió irónica.

- Y los americanos piensan que son un país independiente, bendita ignorancia! – Se levantó de la mesa, colocó su capa y sombrero para despedirse de su amigo – incluso tú, algún día agradecerás mi sacrificio.

- Por Escocia – Levantó su tarro de cerveza el hombre pelirrojo en señal de su última despedida.

Afuera el cielo estaba nublado y llovía fuertemente.

Levantó su mirada al cielo y por un segundo, por una fracción de segundos su corazón recordó el cálido cariño de su hermana, de los pocos afectos que podrían considerarse genuinos y únicos, el poco calor que tuvo en su casa, pero de inmediato endureció su mirada al recordar a quienes lo habían arrancado de todo lo que más quería y se convenció a sí mismo que incluso lo hacía por el bien de su propia hermana.

CHICAGO

- Fue toda una sorpresa que regresaras a Chicago Patty.

- Ambas decidimos guardar el secreto cierto Patty? – Rió Annie.

- Es verdad, pero veo que aquí han pasado demasiadas cosas – Meditó la castaña.

El rostro de Archie se puso serio.

- Todo comenzó desde el día que Anthony desapareció y ahora ya no entiendo cuál es la verdad.

- Archie…

Los tres quedaron en silencio cuando el ama de llaves tocó a la puerta de la alegre e iluminada sala en esa mañana de sábado.

- Disculpe señorita.

- Sí? – Volteó Patty quien llevaba el cabello largo ahora.

- Tiene una visita.

- Visita yo? – Volteó a ver a sus amigos – Será Candy?

- Me ha dicho que su nombre es Oliver Rainsworth.

Patty se ruborizó de inmediato y pegó un brinco.

- QUÉ?!

Archie y Annie quedaron boquiabiertos.

- No lo esperaba señorita? Desea que le diga que no está disponible?

- No no es eso….. – Su corazón comenzó a latir rápidamente, siendo humilde de carácter como lo era jamás pensó que algo así podría pasar.

- Le digo que vuelva más tarde?

Boquiabierta como estaba Patty, pensó que el fuerte palpitar de su corazón podía ser escuchado por los demás por lo que no logró articular nada hasta luego de unos segundos.

- Di…dile que pase.

Patty comenzó a sudar frío y volteó a ver a sus amigos quienes con la sola mirada básicamente le preguntaron a qué se debía esto y se sonrojó aún más.

- No… no tenía idea… - Fue lo único que les dijo.

En eso la puerta se abrió.

- Pero qué villa más bonita! – Comentó mientras conocía el interior de la residencia – Patty! Qué hermosa te ves hoy!

- Qué…qué…qué hace usted aquí!? Cómo consiguió mi dirección?

- Eeeh? – Quedó confundido – Si me prometiste almorzar el día de hoy conmigo Patty! Acaso lo olvidaste?

Patty lo volteó a ver, el pelirrojo la vio con mirada de cachorro a punto de llorar.

- Yo…. – Tembló su voz – N-no pe-pero…pero…

Oliver le sonrió alegremente.

- Annie! Archie! No sabía que estaban aquí! Cómo están? – Les preguntó despreocupado.

- O-Oliver, qué tal…no, no sabíamos que vendrías a ver a Patty hoy – Archie lo saludó de mano.

- Jaja – Sonrió – Me han dicho que los paisajes de América en otoño son increíbles así que me pareció una buena oportunidad, veremos si son mejores que los de Escocia.

Oliver volteó a ver a Annie y le sonrió, Annie algo contrariada también le regresó la sonrisa.

- Podríamos ir los cuatro – Sugirió el chico de cabellos de fuego.

- Oh no! No no se preocupen, nosotros en realidad ya nos íbamos cierto Annie? – Se disculpó Archie quien se puso de pie.

- De verdad? – Se cruzó de brazos el otro – Está bien, preciosa Patty será mejor que nos marchemos ya si es que queremos alcanzar el paseo en barco por la costa de Chicago.

- QUE? A dónde iremos?! – Se espantó.

- Pues a conocer Chicago a dónde más! jajajaja

- Pe-pero no estoy preparada….

- Eh? – La volteó a ver – Pero si ese vestido te sienta muy bien Patty…

Oliver comenzó a caminar lentamente hacia la chica.

El color de rostro de la joven castaña desde el momento en que supo que ese muchacho había ido a buscarla no pasaba del ligeramente sonrosado hasta uno rojo como el tomate.

El joven tomó la mano de Patty y depositó un cortés beso en su dorso.

Para asombro de Annie y Archie.

- Nos vamos? – Le sonrió inocentemente.

La chica sólo atinó a asentir y se dejó guiar por él quien no soltó su mano luego de ese beso.

En el pórtico de la villa de Patty soltó su mano para despedirse de la pareja.

- Patty…de verdad irás? - Le preguntó Annie discretamente.

- Yo….

- Ten cuidado Patty – Le advirtió su amiga.

- Eh?

Fue lo último que alcanzaron a hablar.

Oliver tomó su abrigo gris que había dejado en el perchero y mientras se lo ponía le comentó despreocupadamente a Archie.

- Es un día muy bello para un paseo romántico no crees?

- Eh? Sí…. – Dijo un algo atolondrado Archie.

- Supongo que saldrás con Annie, nada como la luna de Octubre para una noche romántica, qué suerte que tienes! – Después bajó su rostro resignado – Yo en cambio no tengo novia….

- Bueno, no había pensado en nada hoy…

- Pero qué dices?! Teniendo a la hermosa señorita Annie a tu lado?! Si de no ser porque soy respetuoso de una relación establecida habría pensado inmediatamente en invitarla a salir!

- QUE HAS DICHO?! – Abrió sus ojos el chico de par en par.

- Jajajajaja sólo bromeaba, aunque no miento al decir que muchos caballeros no dejaban de ver a Annie el día del baile, eres un chico con suerte – Le guiñó el ojo y se fue.

Annie y Archie llegaron hasta el pórtico de la villa de Patty y observaron a los otros dos alejarse en el automóvil del muchacho.

Annie dio un paso hacia adelante y sintió una especie de añoranza por las palabras siempre gentiles de Oliver, llevó una mano a su corazón.

Qué me ocurre? Por qué siento incomodidad hacia mi propia amiga?

El rostro de Annie se entristeció por unos instantes.

- Annie….

- Annie!

- Eh? – Levantó su cara.

- Qué te ocurre Annie? Te he estado hablando desde hace unos momentos.

- No, no es nada Archie.

- Annie… - Sus ojos brillaron viendo el perfil de su novia quien volvía a sumergirse en silencio.

Ahora que lo pensaba bien, su amigo tenía razón, era un tonto en cuestiones del amor, cómo quisiera poder hablar abiertamente como el pelirrojo pero no podía, si tan sólo… si tan sólo encontrara su propia manera de decirle que la quería, pero cómo?

- Annie, yo…

Ella volteó a verlo.

Sintió que el calor subía a su rostro.

- Qui…quisieras salir conmigo hoy?! – Casi le gritó presa del nerviosismo.

- Archie!

Las palabras del joven de ojos color miel hicieron que la chica olvidara su nostalgia previa.

Sus grandes ojos brillaban como los de un niño mientras el viento golpeaba su rostro y sonreía abiertamente mientras sostenía su sombrero gris que amenazaba con volar por los cielos ante las ráfagas de aire.

- Mira eso Patty! Todos esos edificios que tiene Chicago! – Gritó a los cuatro vientos ocasionando que las demás personas voltearan a verlo.

- Eh…sí ya los vi…. – Respondió tímida.

- Y yo que pensaba que Londres estaba llena de ellos! Veo que América no se queda atrás!

Era escandaloso, demasiado escandaloso nuestro buen amigo escocés.

- Sí…. – Puso una mano en su mejilla preocupada por lo que dirían los demás.

- Acaso no te sorprendiste cuando viniste aquí Patty? O prefieres Europa?

- Bueno yo…

Volteó a verlo apenada, él aún esperaba su respuesta.

- Me gusta más aquí…. – Giró su rostro sonrojado, con un puchero como el de una niña pequeña.

Oliver llevó una mano a su corazón y abrió mucho sus ojos.

- Qué…qué…qué linda…. – Habló más para sí mismo que para su compañera en realidad.

Patty no levantó su rostro luego de eso, siguió observando el mar del Atlántico que unía a Chicago con Europa.

Con Europa…

Donde la guerra…

Donde había perdido a Stear.

Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.

- Tienes sed Patty? – Le preguntó sonriente y con sus manos cruzadas en su espalda como quien planea una travesura – Me han dicho que las bebidas son deliciosas.

- Eh? Sí… - Asintió sonriéndole un poco.

- No tardaré – Corrió a la pequeña fuente de sodas que había en la cubierta.

Patty observó al muchacho pedir la prometida deliciosa bebida.

- Qué estoy haciendo? – Tomó con fuerza el pasamano, sintió que estaba haciendo la peor traición de todas, sintiéndose completamente culpable se alejó corriendo hacia la salida aunque sabía perfectamente que descender del barco ahora no era posible.

Oliver llegó con dos bebidas en la mano al lugar donde había dejado a su compañera.

- Eh? Patty! – Volteó hacia todas partes pero no la encontró – Patty?

Comenzó a correr para buscarla pero tiró un poco del contenido de los vasos, sin mayor cuidado los dejó en una de las mesas y corrió a buscarla.

El dorado atardecer le recordó sus tardes con Stear antes de que se marchara sin decir nada, tardes que no volverían nunca más.

- Patty! Patty! – Corrió por toda la cubierta asustado al no encontrarla.

Cerca de donde el muchacho corría estaba sentada la joven de ojos castaños en una de las escaleras.

- Candy me regañaría si supiera que actué así – Sonrió un poco.

Una pequeña lágrima asomó en sus ojos castaños cuando una mano tocó su mejilla y secó la humedad en sus ojos.

Se asustó y volteó a ver quién era topándose con dos ojos de fuego que la observaban preocupados.

- Patty…

La chica se sonrojó al sentir que el joven aún tenía su mano en su rostro.

- Acaso hice algo que te lastimara?

Los ojos castaños de Patty temblaron, voltearon a verlo y se dio cuenta que efectivamente estaba muy preocupado por ella.

- Lo…lo siento…

- No lo sientas, yo lo siento! No debí dejarte sola.

Patty bajó su cabeza.

- Puedo saber el motivo de tus lágrimas Patty?

Los labios de la joven castaña temblaron mientras intentaba hablar pero no pudo y estalló en llanto sorprendiendo al propio Oliver cuando ella había recargado su cabeza en su pecho para dar rienda suelta a sus lágrimas.

El muchacho sólo atinó a poner su mano sobre su espalda y esperar hasta que estuviera tranquila.

Era ya de noche cuando se topó con su mejor amigo en la entrada principal de la mansión.

- Espero que hayas disfrutado tu sábado – Escuchó una alegre voz.

- Anthony!

El muchacho sostenía una taza de café en sus manos y se dirigía a su estudio, el muchacho de cabellos rojizos sonrió.

- He pasado un buen día no lo negaré.

- Jamás habías dicho algo así, debo suponer que se debe a alguien.

- Eh? Bueno sí – Dijo algo sonrojado mientras veía infantilmente el techo.

- Jajajajaja

- No le veo la gracia – Fingió sentirse ofendido.

- En realidad sí la hay y mucha – Tomó de su café.

- Anda di lo que quieras, ya te veré así algún día.

Anthony sonrió nostálgicamente.

- Quizás, algún día… - El joven de ojos azules continuó con su camino hacia su estudio.

Oliver suspiró.

Después recordó momentos de su atropellada cita de ese día y llevó una mano a sus cabellos rojos pestañeando un par de veces totalmente desconcertado.

- No no no, qué te sucede Oliver….

Decidió que lo mejor era descansar por ese día y se marchó a su habitación.

La mañana estaba despejada, pensó ella, de un azul tan profundo y limpio como los de alguien a quien siempre recordaba con el cielo de otoño, en ese momento tocaron a la puerta de la muchacha rubia.

- Enseguida voy!

Abrió la puerta y quedó sin habla cuando vio quién era.

- Terry…

- Candy, tenemos qué hablar.

- Pero…

- Ven, iremos a charlar a otra parte – La tomó de la muñeca y la empujó para que saliera.

- Espera Terry!

Su falda roja con hermoso vuelo se movía al compás de su andar, corría y recogía las hojas secas y las aventaba en el aire.

Su bella blusa rojo con beige, sus colores favoritos, daban color a su pálida piel y combinaban perfecto con su pequeña boca de cereza.

- No puedo esperar a llegar a Balmoral otra vez – Le sonrió entusiasmada – Recuerdas Anthony?

- Sí… - Le sonrió.

- Desde lo alto del castillo escuchábamos las gaitas del pueblo!

- Es verdad…

- Cómo extraño Escocia! No existe mejor país que ese, extraño sus días nublados, la lluvia sobre la tierra húmeda, sus enigmáticos paisajes llenos de niebla!

Cerró sus ojos y suspiró profundamente imaginando y evocando el aroma de su tierra natal.

- Haré lo mejor que pueda para ser una digna dama del dirigente de nuestro país – Cerró sus ojos y tomó sus manos como si orara.

Anthony agradeció su gesto de querer ayudarlo.

- Te agradezco, Grace…

Ella abrió sus ojos ámbar que hacían competencia con el dorado otoño de América.

La muchacha le sonrió, se paró de puntitas y unió sus labios con los del joven.

Cerca de ahí una pareja caminaba en silencio a orillas del pequeño lago azul.

- Qué es lo que querías decirme Terry? – Finalmente se atrevió a romper el silencio.

El otro suspiró.

- Candy, pronto llegará la temporada teatral de invierno y no podré permanecer más aquí.

Candy se detuvo cuando oyó eso.

- Sé que no tengo el derecho a presionarte por una respuesta pero, creo que nuestros lazos aún se mantienen intactos Candy.

- Terry…

El muchacho comenzó a caminar y ella lo hizo también.

- Lo que quiero decir Candy es…

Ambos, castaño y rubia se detuvieron en seco cuando se encontraron frente a frente con otras dos personas que hicieron prácticamente lo mismo que ellos.

Su mirada azul cielo lo vio primero a ese chico castaño y después a… ella.

Fue cuando sus últimas palabras resonaron en su cabeza.

YO NO PUEDO AMAR A ESTE ANTHONY!

- No sabía que la realeza gustara de pasear en un parque público.

Anthony y Grace voltearon a ver al muchacho inglés.

- Qué extraño es ver a un inglés a estas horas sin una copa de vino, por lo regular a estas horas ya se encuentran ebrios – Levantó soberbia su rostro Grace.

- Oh pero si me encuentro perfectamente sobrio respetuosa dama, mejor díganme en dónde dejaron esos globos inflados que llaman gaita, acaso van a dar un espectáculo para los pobres? Jajajaja

Grace lo fulminó con su mirada. Lo odiaba, y bien que lo sabía el otro.

- Cuando alguien me hable sobre la caballerosidad de un inglés diré que eso es absolutamente falso, tenemos ante nosotros a la persona más descarada y maleducada que he visto en mi vida.

Anthony desde hace un buen rato había dejado de escuchar los argumentos de esos dos y sólo observaba a Candy, ella de igual forma se había perdido en su mirada azul, tenía tanto que quería decirle! Pero él terminó aquel encuentro.

- Grace, es hora de irnos. Hasta luego…

Candy abrió su boca pero finalmente no dijo nada.

Grace no desvió su mirada llena de odio hacia el inglés hasta que Anthony tomó su mano y se dio la vuelta.

La ojiverde reaccionó tarde, cuando la pareja se había alejado, sacudió un poco su cabeza.

- Espera, Anthony!

Pero el otro ya estaba muy lejos de ahí y no la escuchó.

- Para qué llamas su nombre?

- Qué dices Terry?

- Hay algo que tengas que hablar con él? – Se acercó a ella molesto.

- Qué tonto que eres, a pesar de todo lo que ha pasado somos familia y hay muchas cosas que quiero aclarar con él.

- Qué cosas? – Sintió que la llama de los celos lo enfermaba, nunca había podido evitarlos cuando hablaban de ese sujeto, tenía celos de su historia con ella – Acaso hay algo que puedas contarle a él y no a mí?

La joven se indignó ante esto.

- Aún si así fuera Terry – Lo señaló con la mano – No tienes ningún motivo para recriminarlo como lo haces!

Terry mordió sus labios, lo sabía, lo sabía perfectamente maldita sea!

Por qué siempre terminaban peleando ellos dos? Siempre, aunque fuera a juego, eso era divertido sí, pero por qué no podía evitarlo?

La otra pareja se encontraba ya cerca de la salida del parque cuando la muchacha se detuvo.

- Anthony olvidé uno de mis guantes!

- Estás segura? Entonces espera aquí, iré a buscarlo…

- No!

Anthony se detuvo y volteó a verla.

- I-iré yo, creo que sé en dónde está.

- Pero…

- Descuida – Le sonrió con dulzura y se alejó rápidamente.

Cerca de donde la pareja había discutido una persona se movía entre los arbustos tratando de espiar a ese tipo tan irritante, nunca había sido buena atleta.

- El mejor golpe que puedo darle a Grandchester es a través de su hijo….. – Dijo para sí misma desde donde los buscaba.

Corrió de un árbol a otro escondiéndose. Había un claro así que tuvo que agacharse y andar a gatas un buen tramo para no ser descubierta.

- Vaya vista!

- Eh! – Molesta por haber sido descubierta levantó su rostro encontrando nada más ni nada menos que a quien iba a investigar.

El castaño le dirigió una mirada significativa y ella siguió la dirección de a donde sus ojos veían.

Estando agachada de esa manera el escote de su blusa había descendido considerablemente.

De inmediato cubrió su pecho y quiso matarlo con la mirada.

Se levantó y alisó su falda roja, todo esto sin dejar su expresión endurecida hacia él.

- Al final… Escocia vencerá… - Le dijo con fiereza.

- Vaya que escondes muy bien bajo ese delicado traje femenino la fiereza escocesa que llevas dentro eh?

- Ahora que ya lo sabes no tengo que fingir contigo y te lo diré claramente: nada me complacerá más que ver el apellido Grandchester hundido en el lodo, y aunque digas que no te importa juro que te arrastraré en todo esto!

Terry observó a esa muchacha, sabía que todas sus palabras no eran un juego que al inicio había atribuido a simple rivalidad regional, supo que debía tomar en serio su advertencia, por otro lado no podía perder más el tiempo, Candy prácticamente se había marchado corriendo luego de su pelea y él se había quedado a meditar en su propio error.

- Maldición, no tengo tiempo para que me expliques de dónde nace tu odio hacia mi apellido pero estás en un error si piensas culpar a los hijos de los errores de sus padres.

Grace sonrió malévolamente.

- Cuídate hijo del duque de Grandchester, eres el blanco más fácil que he visto en toda mi vida.

Diciendo eso le dio la espalda y se alejó del muchacho inglés dejándolo más confundido que nunca.

Cuando llegó a la entrada del parque caminó tranquila, sin prisa, como si nada hubiera sucedido. Colocó calmadamente su guante blanco y le sonrió dulcemente a Anthony.

- Lo lamento mucho amor, estos son mis guantes favoritos, no podía dejarlos aquí.

Anthony sonrió ligeramente, había confirmado su sospecha.

El frío invernal se había adelantado ese año y las primeras nevadas comenzaban a caer, Liam estaba más que satisfecho con el trabajo de Anthony quien en unos pocos meses había dejado todo listo en su mayoría para trasladar el capital e inversiones al continente europeo, era sólo cuestión quizás de uno o dos meses más.

- Joven Rainsworth, su padre lleva medio año en la India pero regresará pronto a Europa para reunirse con nosotros cuando los Andley tomen posesión de su lugar en la Cámara de los Lores y como fiel mano derecha de Anthony he dispuesto de una biblioteca para usted, deberá memorizar todo esto.

La expresión boquiabierto fue poco para describir a Oliver cuando vio un pequeño carro lleno de libros que el mayordomo iba a trasladar a su habitación.

Anthony rió mentalmente ante la expresión de su amigo.

- Sin duda es un gran honor llevar a cabo la tradición familiar…. – Habló en tono resignado sin dejar de observar todos esos antiguos libros.

- Qué ha dicho? – Levantó una ceja Liam.

- Sólo nos queda la parte correspondiente a los Cornwell tío, están renuentes a trasladar su capital – Intervino Anthony salvando a su amigo – Te parece si nos reunimos mañana con ellos?

- Bien, lo haremos solo porque tú lo has dicho, pero si quieren separarse de nosotros no me importaría.

Durante la cena Grace se había mantenido al margen de la charla, se le había enseñado a no interferir en ese tipo de asuntos, Anthony siempre la animaba a dar su opinión preguntándole pero ella se reservaba eso, ya habría tiempo, pensaba, cuando se convirtiera en su esposa.

- LIAM! LIAM! – Entró intempestivamente el siempre elegante Lord Campbell – NOTICIAS! NOTICIAS DE ESCOCIA!

- Vamos vamos, qué sucede Campbell? – Se levantó Liam de su silla y caminó hasta donde él – Noticias de Escocia? Por tu expresión…

- ENHORABUENA! LO LOGRAMOS! – Gritaba lleno de euforia el hombre.

Grace, Oliver y Anthony voltearon a verse.

- Léelo tú mismo! Lord Murray nos envió esto urgente!

Liam prácticamente le arrebató el documento y lo leyó con avidez.

- JAJAJAJAJA – Rió a carcajadas – HIJO! Prepárate! Regresaremos a Escocia esta misma semana!

Anthony y Oliver quedaron estáticos ante el impacto de la noticia, no obstante Grace se levantó con una enorme sonrisa en su rostro.

- Es verdad eso padre?!

- Así es hija, muy pronto estaremos en nuestra tierra.

- Eso es maravilloso! Anthony has escuchado? – Corrió hasta con él.

El rubio de ojos azules sólo atinó a asentirle a su novia. Lo sabía, desde el inicio en que habían decidido tomar esa responsabilidad y presentarse ante su familia sabía que llegaría el día en que regresara pero contrario a lo que pensaba, la repentina noticia de su partida no le alegró en lo absoluto.

Oliver volteó a verlo y luego bajó su vista a la mesa.

- Liam, no crees que sería la ocasión perfecta?

El otro hombre de ojos café sonrió.

- Para anunciar el compromiso de Anthony y Grace, futuros regidores de Escocia!

Anthony abrió mucho sus ojos azules y Grace asomó una enorme sonrisa ante esta segunda sorpresa.

- Anthony! – Volteó a verlo y éste se levantó de su lugar.

- Dispondré de todo lo necesario para cumplir con mi deber, respecto al compromiso yo…

- Será después de que tomes posesión hijo! Vamos Campbell, Elliot! Tenemos mucho que preparar!

Los hombres se marcharon, el siempre silencioso Elliot volteó a ver a Anthony, pese a hablar poco se daba perfecta cuenta de lo que sucedía con cada uno de los inquilinos de la casa.

Anthony quedó de pie en su lugar frente a la mesa.

- Anthony… - Se acercó Grace preocupada.

Esto hizo reaccionar al rubio.

- Grace…

Con un lindo rubor se acercó a él.

- Pronto contraeremos matrimonio – Le dijo algo tímida.

Anthony le sonrió y Oliver que aún estaba ahí sintió que en el mismo instante que ella decía aquello sus ilusiones por ella se esfumaban para siempre.

Hizo un pequeño ruido tratando torpemente de levantarse y Grace volteó a verlo.

Los ojos rojizos de Oliver temblaron a verla y ella, como amiga que siempre fue de él y lo conocía bien, sólo atinó a bajar su rostro y no verlo, no podía confrontar su mirada en ese momento.

Anthony volteó a ver a su amigo quien veía obsesivamente su plato aún lleno.

- Jajajaja ahora sí que lo has hecho bien amigo – Se levantó con una sonrisa de oreja a oreja – Pronto nos marcharemos y América nos parecerá sólo un sueño. Grace! Te felicito, has logrado tu gran sueño!

- A dónde vas? – Preguntó el rubio.

- No quiero ser mal tercio – Se despidió con la mano – Deben tener muchas cosas de qué hablar! Cierto, será mejor que me despida de mis nuevos amigos y de la preciosa Patty antes de marcharme, nos vemos!

Grace lo escuchaba, y entre más lo escuchaba más sentía que le dolía, pese a todo, Oliver era para ella un entrañable amigo.

Los días pasaron lentamente para todos especialmente para el actual jerarca. En su habitación se sentaba cerca de la ventana y el desasosiego se apoderaba de él, una y otra vez meditó qué hacer.

Se llevó una mano a su cabeza mientras flexionaba una pierna sentado en el marco de la ventana.

- Si pudiera recordar, entendería mejor las cosas.

Pero luego sacudía su cabeza, para él, su vida había nacido el primer día en que había pisado Escocia, no pensaba negar ni huir de su pasado sino que simplemente la base sobre la cual fincaba su vida era lo que había conocido desde hace 7 años atrás.

- Debo dejar de torturarme…. – Se alejó de la ventana.

Desde aquel día su mente había traído aún más vivos los recuerdos que tenía con el muchacho de gafas y se sonrojaba terriblemente ante el espectáculo que había dado frente a alguien que acababa de conocer.

- Qué tonta soy… - Con una mano tapaba su rostro ruborizado recordando la escena.

Alguien llamó a la puerta de su habitación.

- Señorita…

- Sí?

- La busca el joven Rainsworth.

- QUÉ?! – Tiró el cepillo con el que en ese momento acomodaba su cabello castaño.

- Señorita?

- Lo siento, enseguida iré!

Preocupada, estaba sumamente preocupada y nerviosa, aún no sabía por qué ese muchacho se interesaba por su amistad si eran como el agua y el aceite, él era extrovertido, demasiado extrovertido y no dejaba de decir cualidades sobre su persona en cambio ella era muy tímida! Su deducción había sido es que seguramente se había aburrido con su charla!

- Y ahora qué hago? – Caminó de un lado a otro.

Después de un buen rato en el que el pobre joven tuvo que esperarla en la estancia, incluso rascaba su cabeza preguntándose si había contado bien los minutos en el reloj, decidió bajar.

En cuanto la puerta blanca se abrió el muchacho se levantó de inmediato y entró la dulce muchacha tímida.

- Patty!

- Bu-buenas tardes….

- Me alegra mucho ver que estás bien! – Sonrió mostrando sus blancos dientes.

- Sí…estoy bien, gracias…. – La pobre no se animaba a decir más. Para qué habrá venido?

Oliver se quedó callado, lo cual la incomodó aún más y apretó aún más sus manos.

- Bueno yo… - Habló torpemente el muchacho – Pronto será invierno y..

- Sí?

Se llevó una mano a su cabeza y desvió su vista a la pared.

- Pasarás la temporada de invierno en Londres?

- Eh?!

- Quiero decir, te quedarás aquí en América?

- Regresaré a Londres antes de Navidad, mi padre me lo ha pedido – Comentó extrañada la jovencita.

- En serio?! – Se alegró.

Patty ladeó su cabeza, a qué venía ese interrogatorio.

- Preciosa Patty, entonces nos veremos muy pronto! – Se acercó emocionado y tomó las dos manos de la chica – No puedo decir más pero te buscaré! Hasta pronto!

Oliver se despidió con una gran sonrisa y abandonó la villa de los O'Brian dejando a Patty confundidísima.

Acomodó sus lentes tratando de entender sus palabras y luego recordó cuando se le había acercado mucho y había tomado nuevamente sus manos lo cual la hizo ruborizarse en el acto.

Una noche previa a su partida, misma que no habían anunciado a nadie y razón por la cual el pelirrojo no había dicho más a su nueva amiga, el muchacho de cabellos rubios había tomado una decisión.

Manejó el automóvil a través de toda Chicago recordando todos los momentos desde que a su llegada había vivido, llegó finalmente a los barrios que se había grabado demasiado bien en su mente, era el primer lugar que había visitado en cuanto había llegado a su ciudad natal.

Ubicó de inmediato el edificio donde ella vivía. Mientras caminaba hasta esos departamentos se preguntó a sí mismo qué era lo que estaba haciendo, pero simplemente no podía ignorar lo que su corazón le dictaba.

Hacía mucho frío y llevaba una larga gabardina blanca, su color favorito.

Se detuvo frente a la pequeña puerta y decidido de inmediato tocó la misma.

Pareció que su mente se fue a volar en cuanto la vio abrir la puerta con aquel gracioso delantal rosa y su cabello rizado recogido en esa pequeña pañoleta.

- ANTHONY! – Abrió mucho sus ojos verdes.

- Lamento venir sin una invitación tuya Candy – Dijo un tanto apenado y sonrojado.

- No…no te preocupes, pasa por favor…. – Lo mismo le sucedió a ella recordando inmediatamente que no estaba vestida apropiadamente en ese instante.

El muchacho entró al pequeño departamento en silencio y ella cerró la puerta sintiendo que sus piernas flaqueaban: La figura de Anthony era gallarda, segura de sí misma, su presencia llamaba siempre la atención por el magnetismo que su propia personalidad tenía.

Ambos quedaron en silencio y ella trató de iniciar alguna conversación pero de su boca no salieron las palabras.

Anthony suspiró, volteó a verla y suavizó su mirada llena de arrepentimiento en sus profundos ojos azules.

- Candy yo… - Decidió ser directo – He venido a disculparme, no debí haberme marchado de la manera en que lo hice cuando estuve en Lakewood.

Candy abrió sus ojos de par en par al escucharlo hablar así, recordó esos ojos arrepentidos, muchos años atrás.

- No, no te preocupes por eso, yo…. Anthony lo que Eliza dijo…!

- No es eso Candy… No fue por eso…. – Sonrió tristemente el joven de ojos azules – Por eso estoy aquí, me gustaría escuchar la verdad de tus propios labios.

- Anthony….

- No creo que alguien que haya sido importante para una persona hubiera podido ser olvidada tan rápidamente, al menos eso es lo que quiero creer… - Habló con voz ahogada.

Las lágrimas asomaron a los ojos de Candy.

- Anthony yo… no voy a mentir, lo que Eliza dijo fue cierto – Se quebró su voz .

Anthony había decidido afrontar toda la verdad aún cuando ésta le doliera, pero era una verdad que quería escuchar de su propia voz, cuando la escuchó comenzar a hablar fue cuando se dio cuenta de algo: que en realidad ya nada de eso le importaba, sólo le importaba algo en ese momento y eso era…

- Terry y yo….

La joven iba a explicarle todo cuando Anthony se acercó a ella y tomó su mano con suavidad.

- Candy, basta… no necesitas recordar eso otra vez…

- Anthony…

- Sé que esa persona está aquí y la verdad es que desconozco aún mucho de tu vida Candy.

Conforme decía cada palabra se acercaba más a ella, tanto que la dulce joven rubia había topado con la pared.

- Yo… - Nuevamente la rubia se quedó sin palabras ante la cercanía de él.

Anthony le sonrió dulcemente y eso para Candy fue una revelación, esperaba un reclamo, un reproche, sentía que él tendría razón si lo hacía pero no hubo nada de eso, él sólo le había sonreído.

- Tus ojos son sinceros, aunque no me lo digas con palabras – Le dijo en voz baja con su sedosa voz.

Candy volteó a ver sus ojos azules, cuánto hacía que no los veía tan cerca suyo, cuánto! La mirada de Anthony estaba llena de la visión de Candy y él pudo verse reflejado en sus ojos esmeraldas, eso era algo que jamás había vivido.

Estaba tan perdida en sus ojos celestes que no se dio cuenta que esos mismos ojos que ella miraba embelesada se acercaban cada vez más a ella.

Anthony tomó con dulzura su rostro con ambas manos, buscó sus labios y como su tesoro más valioso la besó larga y suavemente.

Cuando sintió aquel beso fue que la mente de la joven bajó a tierra después de perderse en aquel celeste que antes creía imposible de alcanzar y aunque al inicio abrió sus ojos presos de la emoción e invadidos de un gran temblor finalmente se rindió ante aquel beso y cerró sus ojos verdes.

Anthony…

No quería terminar ese beso, quería llevárselo con él y tenerlo como lo mejor que había sucedido en su vida.

El amable joven se separó y acarició su mejilla mientras ella lo observaba ruborizada.

- Es el Anthony de ahora el que te ha besado Candy, no es el Anthony que conociste años atrás.

El cuerpo de Candy comenzó a temblar.

No respondió y contrario a lo que esperaba comenzó a sollozar un poco, Anthony vio la convulsión en sus hombros, supo la respuesta de ella con sólo ver su reacción, ella había amado al Anthony del pasado y no le correspondía ahora.

- Sé perfectamente que mi presencia es solamente una sombra de tu pasado, sé que yo Anthony, formo parte de él – Le sonrió con nostalgia.

Candy se rindió y lo abrazó con todas sus fuerzas llorando abiertamente.

- Lo siento… lo siento mucho Anthony! – Le dijo hipando Candy.

Ese lo siento fue interpretado por el joven como una disculpa de ella por no poder corresponderle, por unos segundos sus ojos azules se volvieron acuosos también pero respiró hondamente para no incomodarla.

El joven patriarca la dejó llorar todo lo que quiso y cuando finalmente se calmó la separó suavemente de él.

- Eres muy amada aquí Candy y eso es bueno, sé que estarás protegida aunque yo no esté, pese a que me duela, creo que siempre fue así cierto?

Candy no comprendió sus palabras.

- Anthony…

El muchacho observó que en la mesa de madera había una rosa blanca marchita colocada con cuidado en un pequeño florero y sonrió, era la rosa que él le había obsequiado en el parque.

- Buenas noches Candy.

Hizo una pequeña reverencia y se marchó del departamento consciente de que sería la última vez que la vería.

Apenas despuntaba el alba que pintaba de rosa el cielo de Chicago, era un buen día para viajar, no había caído nieve por la noche.

Uno por uno fueron saliendo todos los inquilinos de la mansión Andley para subir a los automóviles que los esperaban.

El frío que hacía formaba una pequeña nube vapor cuando respiraban. Una figura llevaba una pequeña maleta en su mano izquierda sintiendo que su andar le pesaba más en ese día que nunca, sus labios no esbozaron sonrisa y trataba de concentrarse en lo que debía hacer de ahora en adelante.

Bajaron las escaleras y llegaron al carro negro.

Abrió la puerta para que ella subiera al mismo y le dio la mano para que se apoyara mientras todos ingresaban en sus respectivos lugares.

Él fue la última persona en subir.

Anthony, vestido con una elegante gabardina café volteó a ver la mansión una vez más.

Algún día, América me parecerá un sueño.…

Alguien tiró suavemente de su mano y le invitó a subir.

Él sonrió y aún sintiendo que una parte de él se quedaba aquí, dio la señal al chofer para que iniciara su viaje a Nueva York de desde donde partirían.

Al día siguiente Albert se encontraba sentado en el bar de ese restaurante esperando a George por noticias. Sonrió, la vida de los Andley no habían sido ni eran comunes ni fáciles, él mismo, Anthony, todos, será que era la suerte de su familia?

George entró corriendo y Albert de inmediato se puso de pie, su mano derecha jamás actuaba así por lo que algo urgente debía ser.

- George…

- Recibí este mensaje de John, uno de los guardias leales, Albert… todos se han marchado, viajan en este mismo instante a Escocia…

- Qué has dicho?!

- Sólo supo decirme que anoche Campbell y Liam estuvieron festejando en grande.

- Qué hemos sabido de Escocia?

- Hay mucha actividad política ahora mismo pero nada certero, ninguna de las casas ha hablado.

Albert frunció su ceño tratando desesperadamente de descifrar el plan de Liam, Escocia y el regreso de los Andley.

- Debo avisar a Candy! – Salió corriendo sin importarle haber derribado el vaso que tenía en su mesa.

- William espera! – Gritó George pero el otro ya se había marchado.

El sonido de las aves le anunció que habían llegado a puerto, caminaba un poco distraído lo que provocó que se tropezara con una de los cientos de personas que iban y venían en el puerto.

- Sus boletos por favor – Solicitó el empleado de ese lujoso trasatlántico.

Buscó en el bolsillo interior de su saco para entregarlos y sus pensamientos fueron interrumpidos por una voz femenina.

- Qué le ocurre a Oliver? – Le dijo Grace al oído ajena a la tribulación del joven.

Anthony volteó a ver a su amigo, estaba totalmente pálido, recordando en ese momento su pequeña debilidad.

- Si piensas que vas a marearte ten por seguro que así sucederá.

- No te burles de mí – Suspiró pesadamente.

Los tres subieron las escaleras blancas hasta llegar al pasillo desde donde muchos viajeros se despedían de sus seres queridos, todos salvo ellos que simplemente observaban.

- Aún no sé cómo viajas tanto a la India si ni siquiera toleras pasear en bote – Le sonrió mientras se paraba a su lado.

- Aún no sé cómo es que piensas continuar con esto cuando me es obvio que tu corazón se queda aquí – Le respondió Oliver sin voltear a verlo.

Anthony lo vio de reojo pero después regresó su vista al inmenso océano que los esperaba.

- Y tú crees que voy a arriesgar a más personas a esto? Crees que voy a interferir en sus vidas para que vivan en un mundo lleno de traiciones y engaños? Quieres que borre la sonrisa de sus rostros?! – Comentó frustrado. Sí, él había hecho una promesa, no a Liam, no a los aristócratas de Escocia, él había hecho una promesa de llevar la justicia a aquellos que habían sufrido por las ambiciones del imperio británico.

Oliver sabía que Anthony no hablaba de personas en plural, él hablaba sobre una sola persona, una chica que irradiaba alegría y pureza, sabía que Anthony protegería eso aún a costa de su propia felicidad, que él había elegido llevar el peso de su apellido solo, irónicamente sin haber conocido a su familia durante sus años en Escocia él había decidido protegerla. Pasó una mano por sus cabellos rojizos, aún no estaba seguro de qué era lo que iba a hacer su amigo cuando lo llamaran a entrevista con la máxima autoridad inglesa.

Su conversación fue interrumpida por el sonido del barco que anunciaba el zarpe del puerto.

Oliver suspiró.

- Iré a mi camarote – Comenzaba a marearse nuevamente.

Anthony se quedó en silencio recargado en el pasamanos mientras veía el puerto más diminuto con el pasar de los minutos.

Mientras tanto a cientos de kilómetros de Nueva York el cielo se encontraba sumamente nublado, las hojas secas húmedas caían sobre el asfalto mojado, llovía en esa fría mañana de Noviembre.

- Candy! Por favor entiende que con este temporal es imposible viajar a Nueva York! – Albert la sujetó de los hombros mientras ella luchaba por deshacerse del agarre.

- Pero Albert! Yo debo ir a buscarlo! Él necesita saber toda la verdad! – Gritó con lágrimas en los ojos.

La actitud de la joven rubia estaba siendo una dura prueba de superar para el aristócrata inglés quien no sabía cómo conducirse a ella ante aquella reacción suya cuando su amigo le había dicho que ese sujeto había abandonado la mansión Andley.

- Candy… En cuanto se abran las carreteras George viajará de inmediato a Escocia, él nos informará, entiende por favor no puedes ir ahora, aún no!

- Es que no podemos dejarlo ir así Albert! No podemos! – Se echó a llorar en brazos de su amigo sabiendo que tenía toda la razón.

Terry sabía que debía actuar a la altura de la situación pese a que no le agradara en absoluto su reacción.

- Candy! – Le habló firme – Sé muy poco sobre todo esto pero esa persona, si en verdad cree en ustedes regresará.

- Terry… - Levantó su rostro que mantenía escondido.

- Tan importante es para ti Candy? – La vio directo a sus ojos azules.

- Él… fue mi mejor amigo!

- Para hablar en pasado le das demasiada importancia – Se volteó el castaño hacia otro lado.

Esto hizo reaccionar a la chica de cabellos rizados y volteó a ver a Albert quien le sonrió.

- Verás que lo solucionaremos Candy.

Cuando la vio tranquilizarse, tomó su mano y la obligó a caminar con él.

- Ven conmigo Candy.

- Eh? A dónde me llevas Terry?

Albert quedó de pie observándolos marcharse y su amigo volteó a verlo de reojo.

Pese al inclemente clima mucha gente paseaba ese día, la pareja caminaba rápidamente y cuando estaban por ingresar a un café el actor se dio cuenta de algo.

- Candy, entra en el lugar! De prisa!

- Qué ocurre Terry? – Ella no entendió pero hizo lo que le habían pedido.

Cuando ella se volteó el joven se giró hacia la persona que se dio cuenta lo había estado siguiendo en secreto.

- Deja de seguirme quieres! – Le recriminó molesto Terry al fotógrafo que se escondía detrás de un pilar.

El otro dio un suspiro resignado por haber sido descubierto.

- Acaso está engañando a la señorita Marlow? – Sonrió lascivo – Esto será noticia si lo publico.

- QUÉ? – Gritó furioso.

- Usted es… - Tres jóvenes llegaron a donde él – Usted es Terry Grandchester cierto!

Terry volteó ahora hacia un grupo de muchachas que lo miraban con ojos arrebolados.

- Aaah! – Gritaron emocionadas – Por favor denos su autógrafo! Somos sus más grandes admiradoras! Es usted muy apuesto! Por favor tome el té con nosotras! Aún sigue con Susana? Podríamos invitarlos a una pequeña fiesta en su honor!

Candy lo observó desde el vitral donde se había escondido y sintió cierta incomodidad ante la escena.

Una vez que pudo deshacerse de sus seguidoras entró también al lugar y se sentó frente a ella.

- Qué ocurre? – Le preguntó cuando la vio un tanto seria.

- Nada Terry, para qué me has traído aquí? – Preguntó algo fría.

- Acaso debería preocuparme por ese sujeto Candy? – Le fue imposible no preguntarlo..

- De qué hablas?

- Me iré tranquilo porque ya no está aquí… – Habló entre dientes y molesto más para sí mismo que para ella, después la vio a los ojos – Candy, me iré esta tarde a Nueva York, no pueden esperarme más.

Ella abrió mucho sus ojos cuando oyó decir lo último y no supo qué decir.

Por su parte el joven actor pensó que lo que iba a decirle le costaba hacerlo más por orgullo propio que por otra cosa pero tras intentar decirlo varias veces finalmente las palabras salieron de su boca.

- Hay algo que no había podido decirte desde que regresé… Perdóname Candy, sé que cometí el error de mi vida aquella noche de invierno.

- Terry…

- Tarzán pecoso, yo aún soy la misma persona que conociste, sigo siendo un rebelde, temperamental y que actúa por instinto, sé que tú aún eres la misma, lamento haberte inquietado con mi presencia ahora que volví, si las cosas fueran distintas quizás… - Apretó sus dientes – Quizás para ahora ya estaríamos partiendo juntos a Nueva York...

Candy cerró sus ojos y bajó su rostro.

- Terry, yo… lo siento.

- Vendré a verte en mi primer descanso te parece? – Le sonrió – Debo irme, vamos te llevaré a tu casa.

La joven se levantó y caminó como una autómata, Anthony se había marchado a Europa y ahora Terry partía a Nueva York, qué debía hacer? Sin duda no podía molestar a sus amigos y por otra parte no tenía los recursos suficientes para pagarse un viaje en barco para buscarlo. Pero buscarlo para qué? Este sentimiento de impotencia la entristeció, para qué? Para qué si él había dejado muy claro que no pretendía vivir a partir de su pasado y ella en definitiva formaba parte de él, si Anthony era feliz ahora y tenía a quien querer, entonces para qué perturbarlo?… Qué era lo que quería decirle cuando lo tuviera enfrente?

Es inútil Candy! Aunque, al menos… hubiera querido poder contarle todo.

Trató de convencerse a sí misma, Anthony era alguien a quien quería mucho, como amigo, seguro que sí; a Terry lo quería también desde luego que sí, pero, lo seguía queriendo como antes? Aún esos sueños con él seguían en su corazón?

ESCOCIA – 3 semanas después

El ocaso dorado que brillaba sobre sus ojos miel los hacían lucir aún más profundos de lo que eran, parecía que cientos de luces doradas brillaran en esos grandes ojos, mirada que estaba puesta en dos jóvenes que competían a caballo ganando por una considerable distancia el joven de cabellos rubios al otro chico de cabellos rojizos y gorro gris.

Sonreía, nunca antes se había sentido tan feliz en su vida, y si acaso había tenido momentos felices estos se resumían en realidad a muy pocos.

Los pensamientos del chico de ojos azules se encontraban lejos de Escocia, cruzando el vasto océano Atlántico, mismos que fueron interrumpidos cuando vio a la chica de grácil figura esperarlo en el mismo lugar de donde habían comenzado su competencia.

Sonrió ligeramente y aminoró el paso de su caballo blanco hasta detenerse justo frente a ella.

- Eres un excelente jinete Anthony, te felicito – Llevaba un vestido corte imperio, tan largo que no se veían sus pies y su cabello lacio y largo se movía con el viento del invierno.

- Te agradezco Grace, pero aún me falta mucho por mejorar – Le sonrió sin presunción.

- Estás demente? Yo que era considerado de los mejores jinetes hasta hace poco y no he podido superarte – Llegó Oliver detrás de ellos mientras se apeaba del caballo.

Los otros dos sonrieron ante la presencia de su amigo.

- Anthony, el anuncio se hará en Nochebuena.

- Grace…. – El joven rubio meditó en aquello, debía ser sincero con ella, tantas cosas habían ocurrido en América y el poco tiempo a solas que tuvieron en su viaje le había impedido decirle la verdad, él estaba dispuesto a pagar el precio por deshacer la alianza con los Campbell si ella decidía no perdonar su ofensa, estaba más que dispuesto a hacerlo, en honor a la verdad y a su respeto por ella debía decirle todo – Grace, tenemos que…

Una pequeña cabeza femenina que repentinamente se había asomado por unos arbustos llenos de nieve llamó la atención de Anthony quien reconoció de inmediato esa pequeño rostro lleno de pecas y cabellos rojizos.

- Los veré después…. – Caminó mientras decía esto y se alejó corriendo.

- Espera Anthony a dónde vas?! – Gritó Grace y después se cruzó de brazos al ver que él no atendía a su llamado.

- Lo mejor será que regreses a tu casa Grace – Cerró los ojos y se cruzó de brazos el otro – Cuando Anthony va al pueblo puede tardar el día entero.

- Y qué tiene que ir a hacer ahí? – Preguntó molesta.

- Te ha invitado en varias ocasiones pero jamás has querido ir, pues a qué más? A visitar a sus amigos.

Grace observó el sendero lleno de nieve por donde había corrido su novio.

- A la gente del pueblo….

Oliver se rascó la cabeza.

- Probablemente nunca lo entiendas Grace, crees que hacer ese tipo de visitas al pueblo pondrían en riesgo tus planes? – Sonrió sabiendo la furia que desataría.

- Algunas veces te odio realmente Oliver Rainsworth! – Le gritó y después se alejó a paso rápido de ahí.

El pelirrojo continuó riendo pero cuando se quedó solo de sus labios se esfumó toda sonrisa. Sí, lo sabía, él siempre se burlaba de su amiga, no de su dolor y lo que había vivido, pero esa era la coraza que se había puesto para ocultar su decepción amorosa.

- Eres patético Oliver, haberla amado por años y aún vivir con una esperanza que sólo existe en mi mente….

Anthony corrió y buscó por los arbustos alfombrados de blanca nieve a esa persona.

- En dónde estás? Si no sales no te daré el regalo que te traje de América – Sonrió divertido.

- Jijijiji – Escuchó pequeñas risas.

El joven se detuvo para concentrarse, después de un largo silencio el pequeño ruido de una rama de árbol que se partió en dos le señalaron en donde se encontraba la persona que quería atrapar.

Sonrió triunfal y se acercó lentamente.

- AQUÍ ESTABAS BETH! – Levantó como si fuera una ligera pluma a una pequeña niña de siete años.

- Jajajajaja – La niña no dejaba de reír.

- Beth, me alegra ver que sigues igual de activa que siempre.

Luego la niña detuvo su risa y lo vio a los ojos, ella siempre había dicho que él era su príncipe de los cuentos.

- Anthony! Volviste! Volviste! – Lo abrazó fuertemente por el cuello y sollozó en su pecho.

- Y por lo que veo pequeña Marian sigues igual de llorona.

- No lo soy!

- Lo eres – Le dijo con ternura.

La niña le sonrió brillantemente, su rostro lleno de pecas rojizas se iluminaba siempre que sonreía y sus dos trenzas, largas y gruesas llegaban hasta su espalda, sus pequeños ojos color verde olivo le daban una profundidad y madurez a su pequeña presencia.

- Irás hoy con el abuelo? – Preguntó entusiasmada.

- Claro que sí, ven, iremos a caballo.

La niña ahogó un exclamo y llevó sus manitas a su boca emocionada porque su príncipe de los cuentos la invitara a pasear.

- Beth, por qué te escondiste? Pudiste ir a saludarnos, acaso no conoces a Oliver y a Grace?

La pequeña hizo un puchero.

- Oliver es muy gracioso pero la señorita Grace….

Anthony sonrió.

- Sé que Grace es reservada con las personas que no conoce, aunque también un poco distante.

- No me gusta que sea tu novia.

- Jajajajajaja – Rió abiertamente el joven de ojos celestes.

Luego de 15 minutos llegaron a uno de los pueblos cercanos al castillo de Balmoral en Aberdeen.

Cerca de ahí pasaron por una mina de carbón clausurada, Anthony volteó a verla y frunció su ceño ante el recuerdo de aquella injusticia que había presenciado, la niña lo abrazó aún más y también giró su rostro un tanto entristecido.

Cruzaron el pueblo y a mitad de éste llegaron a unos apartamentos, si bien eran modestos, era mucho mejor que vivir en los antiguos edificios en condiciones insalubres, los nuevos edificios que si bien aún estaban llenos de residentes de clase trabajadora eran mucho mejores que los viejos, éstos estaban hechos de ladrillos formados por cal y grava.

Sabía bien que no podía resolver los problemas de todos, y esto resultaba muchas veces en una gran frustración para él, pero sabía bien que desde la posición que adquiriera podía lograr cosas beneficiosas para todos ellos, sueño que desde luego nunca había expresado a Liam pero eso era un asunto aparte.

Cerca del edificio jugaban algunos niños, muchos de ellos descalzos y esto le dolió aún más pero serenó su corazón, mientras hiciera su mayor esfuerzo sabía que con el tiempo quizás cambiarían las cosas para todos ellos.

Bajó a la niña del caballo e ingresaron al edificio gris, subieron las escaleras hasta llegar al tercer piso.

- Abuelo abuelo! Anthony está aquí!

La chiquilla corrió y abrazó a su abuelo que estaba sentado en una mecedora de madera frente al fuego.

El amable anciano volteó hacia la puerta y quedó boquiabierto.

- Si no lo conociera habría creído por unos segundos que Andrew Andley había venido a visitarme desde el cielo.

- Señor Carter – Sonrió y entró en la humilde vivienda.

Arriba de la chimenea había una vieja fotografía de la familia del anciano y dos tartanes que cubrían la pared de ladrillo.

- Ya pasaron dos años de aquello…

Anthony vio la fotografía con respeto.

- Le juro que es algo que no se repetirá señor Carter!

- Aún eres joven y los lobos son demasiados para ti – Le sonrió con cariño – Te he dicho que lo mejor para ti es que te liberes de todo esto.

- Pero…

- Mi hermanito así lo hubiera querido! – Lo abrazó la niña.

Anthony colocó su mano sobre la cabeza de la niña y volteó a ver con mirada grave al buen señor.

- Señor Carter, no puedo permitir que las personas trabajen en esas condiciones y mucho menos si son niños.

El derrumbe aquel, nos liberó a todos, solo así el gobierno comenzó a poner sus ojos en los que trabajan en las minas.

- Aún así yo…

- Hablando de cosas más felices, veo que has regresado en muy buena forma, eso me alegra.

- A mí más – Sonrió – Ya no tengo que pedirle apoyo a usted para escapar de Balmoral.

- Jajajajaja ese Liam, ya me hubiera dado unos buenos bastonazos para castigarme si se enterara.

- Eso jamás!

- Vamos vamos tranquilo muchacho, te he dicho en varias ocasiones que eres un tanto impetuoso y te enojas con facilidad ante una injusticia, si has regresado entonces eso debe ser porque pronto te presentarás ante ellos.

- Dentro de poco se llevará a cabo la ceremonia – Asintió Anthony mientras veía el fuego de la chimenea.

- Prométeme que te mantendrás tranquilo cuando los conozcas, no quiero vengar la muerte de mi hijo y mi nieto, no es bueno tener ese rencor aquí – Señaló su corazón.

- Si eso lo sé muy bien señor Carter, pero si puedo hacer justicia tenga por seguro que haré todo lo que esté a mi alcance.

- Serías un digno monarca – Lo vio con orgullo – Pero no quiero que eso suceda.

- Por qué lo dice? – Se asombró el muchacho rubio.

- Porque quiero que seas libre y disfrutes la vida como alguien como tú lo merece.

- Señor Carter….

CHICAGO

Cada noche contaba el dinero que había reunido sentaba frente a su pequeña mesa de madera.

- Aún no he podido reunir lo suficiente para un boleto – Decía desanimada, luego sacudía su cabeza y se daba ánimos – No pienses así Candy!

Se levantó de la silla envuelta en su pijama amarilla y caminó hacia la ventana, pronto sería Navidad y un conocido sentimiento de soledad invadió su corazón.

- Hace muchos años atrás, en una noche nevada me dije a mí misma que no lloraría más ante tu ausencia y que viviría con todas mis fuerzas, esa fue la promesa que te hice, Anthony… esta noche frente a la ventana cae la nieve de nuevo como en aquel día, pero la diferencia es que ahora sé que estás aquí, bajo el cielo que compartimos y vivo…Anthony, qué estarás haciendo?

ESCOCIA

Por primera vez en años se anunció públicamente que Balmoral era nuevamente habitado, lugar que por herencia y derecho correspondía a los Andley, esto fue por demás un movimiento significativo y que marcaba la vuelta contundente de los Andley a Escocia, un signo de que habían vuelto para reclamar lo que por derecho les correspondía.

La ceremonia de apertura era una ceremonia lujosa en toda la extensión de la palabra, se llevaría a cabo en cuestión de horas en el Palacio de Westminster.

El lugar había sido minuciosamente examinado para prevenir cualquier atentado contra las figuras políticas que desfilarían ese día.

Anthony, implecable en su traje negro, observaba con detenimiento todo el movimiento a su alrededor desde la Cámara del Príncipe que sirve de antesala a la Cámara de los Lores donde se realizaría la ceremonia, esta cámara estaba decorada con 28 retrados de miembros de la dinastía Tudor, Liam, por rango estaba detrás de él y luego le seguían Oliver, Grace y los demás.

Sabía perfectamente lo que el Rey podría pensar sobre su persona, sabía el riesgo al que se exponía entrando abiertamente a ese mundo del cual esperaba no contaminarse jamás, sabía bien que cuando hiciera su segundo movimiento podría ser acusado, pero sabía bien que valía la pena intentarlo, no involucraría a nadie más que a él mismo después de todo, hasta ese día de su vida y de lo que recordaba no tenía un lugar al cual llamar hogar, mejor así, de esa manera no arriesgaría a nadie más.

Poco tiempo después pasó cuando la carroza guiada por caballos anunció la entrada del Rey en la llamada Entrada del Soberano ubicada en la parte inferior de la Torre Victoria.

El joven rubio y los otros entraron entonces a la Cámara de los Lores, ésta se encuentra situada en la parte sur del palacio, una habitación profusamente decorada con escaños y muebles de color rojo, Anthony encontró enormes vitrales que lo rodeaban y que representaban a la religión, la caballería y la ley. Giró su rostro y observó el trono del Rey bajo un dosel dorado.

Los almohadones rojos situados frente al trono fueron ocupados por los Lores que formaban parte de la Cámara, a la izquierda observó un almohadón rojo vacío, era el nuevo lugar designado para el apellido Andley. La Cámara se dividía en tres: a la derecha se encontraban los Lores Espirituales, conformados por miembros de alto rango de la Iglesia anglicana, a la izquierda los Lores Temporales, es decir los nobles, mientras que los Lores sin afiliación policía se sientan en los escaños centrales.

Fue por primera vez que conoció en persona al Rey Jorge VI, era alto, de complexión robusta, recto y orgulloso de su porte, con una barba y bigote perfectamente arreglados y grandes ojos azules, nunca lo vio sonreír, parecía más bien una figura esculpida, llevaba sobre su atuendo una larga capa de terciopelo carmesí decorada ricamente con encaje de oro, debajo portaba su uniforme militar color rojo con negro con el máximo de condecoraciones que había visto el joven en su vida. A su derecha llevaba ceñida la famosa Espada del Estado, cuyo significado según sabía el muchacho era hacer justicia, proteger a la Iglesia y defender a viudas y huérfanos.

Rió internamente, sabía que ese propósito había dejado de existir desde hace mucho tiempo.

En esto pensaba cuando su mirada azul se topó con la del soberano, por experiencia, el soberano aunque precavido no percibió malicia alguna en la mirada de a quien en unos minutos nombraría oficialmente como representante en la Cámara de los Lores y Anthony pese a su juventud, haciendo uso de su buen instinto, observó que era una persona conservadora, reservada pero no vio prepotencia en él, esperaba que estuviera en lo cierto.

Posteriormente el Caballero Usher de la vara negra hizo el llamado por tres ocasiones a la puerta de la Cámara de los Comunes para invitarlos a reunirse con el Rey en la Cámara de los Lores que marcaba la tradición.

Una vez todos presentes, el Lord Canciller caminó en silencio para entregar el discurso al rey.

- "Mis Señores y Miembros de las Cámaras de los Comunes, este año, mi gobierno está comprometido a fortalecer nuestra economía como potencia mundial, de tal manera que Reino Unido pueda competir en el mundo, nuestros esfuerzos continuarán enfocados a fortalecer nuestra riqueza y de esta manera crear una sociedad justa que premie al trabajador honrado, crearemos oportunidades justas para todos. Priorizaremos nuestras misiones nacionales y extranjeras para continuar ampliando nuestra presencia en el mundo. Mis señores y miembros de la Cámara de los Comunes, oro para que la bendición de Dios todopoderoso habite en sus consejos."

Nuevamente el Lord Canciller se acercó al soberano.

- Su Excelencia, la Cámara de los Lores representantes de Escocia tiene una petición para usted.

- De qué se trata?

Lord Campbell se puso en ese momento en pie.

- Su Excelencia, la Cámara de los 16 Lores de Escocia ha decidido por unanimidad hacer justicia a una muy querida familia nuestra y regresar el lugar que por derecho le corresponde.

- De quién se trata?

- Anthony Andley su Excelencia.

En ese momento el joven, quien había estudiado el protocolo inglés se puso de pie.

- Yo su Excelencia – Respondió firme y fuerte.

Jorge volteó a verlo, la voz de aquel joven había resonado potente por toda la Cámara más no demandante.

Anthony caminó seguro a lo largo del alfombrado camino que llevaba hasta el frente y se detuvo frente al monarca y su esposa.

- Se me ha invitado a ser partícipe de esta honorable misión para llevar prosperidad y justicia a la tierra de mis ancestros, de cuidar del trabajador honrado y proteger sus intereses.

- La Cámara de los 16 Lores lo ha aprobado?

- En unanimidad y en plena democracia su Excelencia – Gritó Lord Campbell.

Jorge V se levantó, sacó la espada que llevaba a su derecha y se acercó al joven, este se inclinó sobre una de sus rodillas y nuevamente sus miradas se cruzaron, Jorge se molestó un poco, ante esa clase de nombramiento por lo común agachan la cabeza en señal de humildad y rendición ante lo que un soberano declarara él lo veía directo a los ojos.

- Creeré en tu causa y esta Cámara confiará en la casa Andley, rige con justicia, dedicación y sabiduría de hoy en adelante.

- Así será – Respondió firme.

Uno de los heraldos colocó entonces una capa de armiño sobre su espalda y un sobretodo carmesí con un decorado que correspondía al del título de conde.

Fue así como el joven tomó posesión del lugar número 17 en la Cámara de los Lores y comenzaba su vida política. Detrás de él Lord Campbell y sus compañeros se observaron entre sí con beneplácito, la primer batalla había sido un éxito. De los ojos cafés de Liam brotaron varias lágrimas mientras observaba sin parpadear la escena, cuántos años de inversión! Cuántos! Todo había valido la pena por lograr esta victoria.

Después de un largo y pesado día se dirigió directamente a su habitación en el hotel Savoy, uno de los más distinguidos de Londres.

Cerró la puerta, se recostó sobre ella y suspiró largamente, después caminó y mientras lo hacía se quitó su saco, se deshizo el nudo de su corbata y desabrochó un par de botones de su camisa.

- Honorable Lord Andley!

- Qué estás haciendo aquí?! – Saltó el otro.

- Jajajaja no es mi deber ver por tu seguridad?

- Deja de bromear quieres? – Suspiró mientras se echaba en la amplia cama a descansar.

- Y pensar que hoy tienes una cena en tu honor – Le dijo en tono burlón su amigo.

Anthony cerró los ojos y suspiró.

- No me lo recuerdes.

- Y esto apenas comienza – Se cruzó de hombros el otro.

- Lo mismo digo para ti – Sonrió.

- Eh?

- El movimiento en la India, planeas continuar apoyando?

- Igualmente como tú planeas continuar con tu idea de justicia.

Ambos voltearon a verse y rieron a carcajadas.

- Creo que terminaremos fusilados en el paredón – Dijo Oliver mientras veía la ciudad por la ventana.

- Probablemente – Se sentó Anthony.

- En América todas estas conspiraciones me parecían un sueño y ahora es América la que me parece un sueño a mí.

- América… - Anthony bajó un poco la cabeza recordando sus experiencias.

Oliver lo notó.

- Si fuéramos a ser fusilados al acusarnos de traición, a quién dirigirías tus últimas palabras? – Dijo en tono de broma – Probablemente yo a la preciosa señorita Patty.

- Será mejor no mencionar nombres, te lo advierto, a no ser que quieras involucrar a otras personas.

- Está bien está bien – Alzó los brazos Oliver – Sé bien cuál es el nombre que jamás mencionarás mientras permanezcas aquí.

Si con lo poco que había conocido de las costumbres de la élite escocesa había quedado asombrado, jamás imaginó la clase de festejos que llevaba a cabo la nobleza inglesa, una fiesta llena de excesos donde con el pasar del tiempo el alcohol comenzaba a causar estragos en hombres y mujeres.

Sólo unos cuantos se mantenían al margen de ese desfile de actos ridículos y mezquinos.

- Esto es lo que hace la nobleza? – Le dijo Oliver al oído – Si en el pueblo festejan de forma mucho más elegante que estos.

Anthony asintió serio, en verdad le desagradaba sobremanera todo el espectáculo de hombres nobles cuyos sentidos habían sido nublados por alcohol y opio.

- Lord Andley! Lord Andley! Permítame presentarle a mis buenos amigos interesados en hacer negocios con usted.

Anthony volteó y saludó de mano a un par de hombres de buen porte que si bien su cabello estaba pintado de gris ya su porte y buena apariencia los hacían ver más jóvenes.

- Mi buen amigo Duque de Grandchester.

Anthony giró de inmediato su rostro para conocerlo, nunca antes lo había visto.

- Encantado – Dijo el Duque.

- El placer es mío – Habló Anthony sin desviar su mirada de ese señor mientras estrechaba su mano.

- Es usted muy joven debo admitirlo, jamás pensé que volvería a escuchar el apellido Andley entre nosotros – Le sonrió el Duque.

- Le aseguro Duque que la carencia de experiencia de mi nieto es suplida en exceso con inteligencia y madurez ya lo verá – Llegó Liam con una copa en su mano.

- Es bueno oírlo honorable Liam.

- Por cierto – Dijo fanfarrón – En dónde está el heredero al ducado? Me gustaría conocerlo.

El rostro del aludido cambió a uno serio.

- Ahora está en América.

- En América? Estudiando supongo para tomar su título?

- Algo hay sobre eso… - Respondió esquivo.

Anthony se percató de ello y cambió el tema.

- Honorable Duque de Grandchester, escuché que tenía interés en nosotros.

- Oh sí, memoria la mía, es usted muy amable joven Andley, tengo un par de propiedades en su condado que me gustaría vender.

- Acaso ya no le interesan?

El hombre se puso un poco nervioso.

- Eh… sí, así es.

- Supe por la mano derecha de Liam, que usted fue uno de los socios en las minas Dashwell ahora cerradas – Le habló del tema a propósito para medir su reacción.

El otro palideció.

- Fui… fui sí, alguna vez tuve acciones en esa compañía minera hace muchos años atrás.

- Supe de otros accionistas originarios de Escocia, conoce el apellido Campbell?

- Campbell!..., sí creo que era uno de los socios, por qué lo pregunta joven Andley?

- Por nada, disculpe, simple curiosidad – Le sonrió inocente – A decir verdad me siento responsable de conocer de la actividad económica de Aberdeen donde resido ahora como representante oficial que soy de la región, escuché que hace poco más de un año cerraron esa mina que está precisamente en los territorios de ahí.

- Ah ya veo – Suspiró aliviado – Veo que es usted un joven maduro y responsable en el que se puede confiar, me gustaría invitarlo a nuestra casa si le parece.

- Será un honor – Sonrió Anthony y estrecharon manos.

En eso un par de caballeros pasó por donde ellos riendo a carcajada suelta y se tropezaron con el joven rubio.

- Disculpe… - Volteó pero los otros dos hombres continuaron con su recorrido para servirse un poco más de licor.

- Si así es como hacen leyes… - Dijo algo molesto mientras se acomodaba su saco.

El Duque sonrió.

- No todas las reuniones terminan de esta manera pero me alegra ver que los Andley son dignos y moderados, a decir verdad tampoco me agradan este tipo de eventos, no es honorable – Se confesó mientras observaba a sus camaradas jugar cartas y gritar y reír a los cuatro vientos.

Anthony volteó a verlo y estudió su perfil, el comportamiento del Duque de Grandchester no cuadraba con lo que sabía que había sucedido muchos años atrás, qué tan partícipe fue entonces?

- Me despido entonces, espere invitación de nuestra casa – Hizo un ademán y se alejó.

Anthony decidió marcharse igualmente de la tan renombrada fiesta, ya había tenido suficiente con ese derroche de pecados capitales que había observado ese día y que esperaba nunca más volver a ver.

Anticipándose a los planes de todos, Jorge solicitó al joven a una audiencia privada un par de días después, Liam, algo nervioso, le advirtió a Anthony que aún no podía decir nada, que no era el momento aún.

- Iré contigo.

- No es necesario, descuida.

- Me parece muy extraño, no lo crees así?

- Me di cuenta que me observaba minuciosamente el día de la apertura del Parlamento, sin duda tiene motivos para extrañarse de mi presencia.

- No conoces el protocolo.

- Me las ingeniaré – Sonrió y se marchó.

Sin duda alguna conocía muy bien ese enorme edificio pero entrar en él era cosa distinta, sus tapices, vitrales, cuadros, muebles bañados en oro eran propios de una monarquía.

- Creí que Balmoral era lo suficientemente excesivo, veo que me equivoqué – Habló para sí mismo mientras era guiado hasta una sala de espera.

Su mirada se posó en el cuadro de una mujer de la época medieval, la tonalidad de sus ropas y el paisaje eran oscuros, pero esto hizo resaltar mucho más los ojos verdes de la mujer del cuadro.

Sentía que esos ojos verdes se acercaban cada vez más a él, esos ojos verdes que ya había visto en alguien más.

A su mente vino la imagen de Candy, Candy corriendo entre las flores de aquel día de campo con ella y que jamás volvió a repetirse, donde sintió que era libre y que había hallado una parte de su corazón. Candy, qué estarás haciendo ahora?

- Por aquí por favor.

Aquella imagen desapareció frente a sus ojos para encontrarse con una habitación llena de objetos preciosos y elegantes.

- Gracias.

Entró a la lujosa habitación y lo primero que distinguió fue la mirada del soberano puesta sobre él.

- Bienvenido joven Andley.

- Su Excelencia – Hizo una reverencia y se acercó.

- Le habrá sorprendido mi solicitud.

- Así es, mas me siento honrado que haya recordado nuestro nombre.

- Buena respuesta – Suavizó un poco sus facciones el monarca, quien iba vestido de traje gris oscuro.

Caminó un poco y cruzó sus manos por su espalda.

- Ha decir verdad he tenido mucha curiosidad con el regreso de su familia, conozco bien su historia saber, y aunque mis antepasados fueron los Estuardo conozco de cómo se hicieron al poder.

Anthony abrió mucho sus ojos.

- Consideraría usted, valiente Andley, que mi gobierno es legítimo entonces?

- Cree usted que mi presencia se debe a una venganza por un complot que se realizó hace más de 200 años?

- A decir verdad así es – Lo vio directo a los ojos.

- Tengo, 21 años su Excelencia, aquellas personas que sufrieron en su momento no fueron mi padre ni mi madre, podría fácilmente marcharme de aquí y vivir libre lejos de todo esto pero no ha sido así, jamás llevaría sobre mi espalda un odio que no me corresponde – Endureció primero su rostro y luego sonrió – Tengo una responsabilidad para con los míos.

- Jajajajajajaja – Rió abiertamente Jorge sorprendiendo mucho al muchacho de ojos celestes.

- Conciliador aunque algo impetuoso, me agradas muchacho jajajajaja, es verdad, no es bueno que a tu edad cargues con el peso de las historias de los amargados.

- Me parece un desperdicio vivir del odio y del rencor su Majestad.

- Puede ser que de parte tuya no, sin embargo…

- Debo de dudar incluso de los míos cierto?

- Harás bien, créeme – Se volteó de nuevo hacia Anthony – Si no es venganza, entonces qué es lo que ha venido a buscar aquí?

- Justicia su majestad – Le aseveró firme.

- Justicia? Acaso eso no es una venganza?

- No es lo mismo, no me mueve el odio ni la venganza, quiero lograr lo mejor para las personas que conozco.

- Siempre que las figuras involucradas no provengan de nuestro círculo – Jorge nuevamente lo observó atento como un felino.

- Su Alteza no querrá decirme que la ley no alcanza las grandes casas? Si algo he aprendido de su gobierno es que defiende orgulloso una ley justa para todos.

- Claro claro muchacho, así es, así es.

Anthony mostró su mejor sonrisa.

- Entonces no tengo nada de qué preocuparme, me siento honrado de formar parte de este honorable Parlamento.

Cuando salió del lugar respiró pesadamente, recordando a Albert, pensó en qué habría dicho él en su lugar. Lo habría hecho bien? Eso esperaba.

Levantó su vista al cielo nublado.

- Nieve… - Sus ojos azules observaron por un largo tiempo los copos blancos que caían suaves sobre las avenidas de Londres.

Decidió caminar hasta el hotel, acomodó su gabardina azul marino y caminó sin prisa.

Un automóvil que iba de prisa se detuvo abruptamente a un lado suyo.

- Es preciso que vayamos a la residencia Campbell – Le dijo Elliot.

- Qué ocurre? – Se molestó el rubio de que lo estuviera siguiendo.

- Ven, Liam nos espera allí.

- Liam…

CHICAGO

- Estás seguro lo que dice la noticia?

- Annie, léelo tu misma, es imposible! – Archie se llevó la mano a su cabeza.

Annie palideció.

- Cómo se lo diremos a Candy?

No lo sé, en este punto Candy no ha aclarado nada respecto a él, no podría saber qué tanto podría afectarle o no.

- Debemos decírselo Archie.

- Vayamos – Comentó preocupado Archie, no podía creer lo que su primo iba a hacer, no podía creer que esos dos que tanto se amaron terminarían de esta forma.

Mientras caminaban en el parque frente a la casa de Candy, el joven de ojos miel cerró sus puños.

Candy, cuándo serás feliz, cuándo? Siento que no puedo verte a los ojos y decirte que la persona que tan especial en tu vida ahora….. Candy, perdóname….

Archie bajó su rostro cerrando fuertemente sus ojos.

- Archie… - Dijo con suavidad Annie.

El ruido de alguien que corría hacia ellos llamó su atención, la pareja volteó sorprendiéndose al ver que quien corría con todas sus fuerzas era nada más y nada menos que su amiga.

- Candy! – Dijeron al unísono.

Pero ella pasó corriendo sin verlos, parecía que estaba huyendo.

- Espera Candy! - Le gritó Archie pero la chica ya había desaparecido de su vista.

NO! IMPOSIBLE! IMPOSIBLE! ES MENTIRA!

Corrió y corrió, hacia dónde? No le importaba perderse en la ciudad, no le importaba nada.

Cómo ocurrió? Acaso tenía que pasarle algo así para darse cuenta? Acaso esa dolorosa noticia fue la que le había quitado la venda de los ojos?

ANTHONYYYYY!

Quiso gritar al viento y que lo escuchara, que lo escuchara y que le dijera que todo estaría bien.

Llegó a un solitario paraje de esa gran parque ahora cubierto de nieve y se echó a llorar.

- No, no no!

Las lágrimas cayeron sobre la nieve, cálidas y abundantes.

Su mente recordó el momento de la noticia.

~~FLASHBACK~~

- Pronto será Navidad – Sonrió, aunque en el fondo sabía que su sonrisa no era genuina, alguien le hacía falta.

Milagrosamente esa mañana se había despertado temprano así que había aprovechado para poner en orden su pequeño departamento. Cuando tomó la escoba y se dirigió a la sala observó un papel deslizado por debajo de su puerta.

- Y esto? – Se agachó y lo levantó.

- Es un recorte de periódico!

Quedó en silencio mientras leía la nota, conforme iba leyendo cada palabra de esa noticia sus ojos se abrieron cada vez más, sin quererlo sus esmeraldas se llenaron de agua y su mano tembló mientras sostenía aquel recorte de periódico.

Su corazón no soportó la noticia y salió corriendo para huir de su propio dolor.

~~FIN DE FLASHBACK~~

- Anthony… quiero que seas feliz, que seas feliz! Ya lo eres no es verdad? Entonces… entonces por qué me duele tanto? Lo sé, lo sé, yo soy tu pasado, tu presente es a lado de ella! Por eso vas a casarte con esa persona!

Siguió llorando, esta vez, el aroma de las rosas no la rodeó mágicamente como en aquel encuentro, esta vez, no escuchó las amables palabras de un joven sentado frente al portal de rosas, esta vez… no escuchó su varonil y suave voz susurrando palabras de aliento para ella.

- ANTHONY! – Gritó al cielo.

ESCOCIA

- Sabes la cantidad de problemas que te ocasionará si haces esto?! Ya es demasiado tarde!

- Acaso no harías tú lo mismo? Puedes pasar por alto algo tan importante?!

- Anthony, ni siquiera yo podré ayudarte, la ira de Campbell caerá sobre ti, en cuanto a Liam no quiero pensar qué sería capaz de hacer!

- Le he pedido a Grace que hablemos, primero hablaré con ella y luego con su padre.

- Confías en que Grace te perdone?

- No lo sé, pero estoy dispuesto a afrontar las consecuencias.

- Quieres a Grace no es así? No te importa perderla?

- La quiero por supuesto! Y es por ello que debo decirle la verdad de lo que ocurrió en América!

- Conoces lo adelantado que están los preparativos! Entiende! Mañana es Navidad y será anunciado que…

- Que Anthony y yo nos casaremos – Entró Grace en la habitación con mirada complacida.

Los dos jóvenes voltearon a verla, lucía hermosa, su largo cabello platinado que cubría toda su espalda la hacían lucir más baja de lo que en realidad era, ahora llevaba su cabello recogido demostrando poseer un cuello delgado y exquisito.

Anthony caminó hacia ella.

- Te dije que iría a tu casa Grace, por qué has venido?

Ella sonrió encantadora.

- No pude dormir anoche así que decidí venir lo antes posible para verte.

- De acuerdo Grace – Se volteó con su amigo – Oliver, podrías…

En ese momento ingresó Liam a la sala.

- Grace! No esperaba verte hoy aquí – La saludó efusivo – Cómo está tu padre? Jajaja ya me lo imagino, nervioso al dar en mano a su única hija jajaja, Anthony, hijo, quiero discutir algo contigo, será sólo unos momentos.

Anthony suspiró resignado.

- Enseguida regreso Grace.

La joven hizo una elegante y graciosa reverencia a los caballeros y le sonrió a su novio.

Oliver vio salir a Liam y a su amigo, si éste pensaba terminar con Grace… no quería ni imaginar la tormenta que eso desataría, apenas hace unos días habían sido reconocidos oficialmente como parte de la Cámara de los Lores, sabía que ya era muy tarde para persuadirlo de eso pero en cuanto a que él mismo anunciara el fin de un noviazgo tan importante…las implicaciones serían desastrosas.

Volteó a ver a Grace quien había caminado hasta uno de los ventanales.

El muchacho pelirrojo empuñó su mano y caminó despacio y directo hacia la joven que sentada en esa esquina del ventanal volteó a verlo y le sonrió, misma que se borró de su rostro al ver el rostro del joven que llegó sin piedad hasta el suyo.

Las pisadas por el pasillo alfombrado que daban hasta esa sala de música no fueron escuchadas por quienes estaban dentro de ella.

- Grace, espero que me perdones… - Dijo abatido, la quería, claro que la quería, tenía claro con todo lo que había sucedido en América que su lugar era ahí, en Escocia, junto a Grace, pero sabía bien que no podía postergar más la charla con ella sobre lo que había ocurrido en América.

Abrió la puerta sin hacer el más mínimo ruido y su mano, que en esos momentos tenía sobre el elegante picaporte cayó por su propio peso.

Su alta figura quedó de pie estática e incrédula frente a la escena, sus ojos azules dilatados y abiertos dejaron de parpadear y su corazón sintió el dolor de una traición que jamás había esperado.

Oliver sostenía a Grace entre sus brazos inclinado sobre ella. La joven, con lágrimas cayendo por sus mejillas se había rendido al beso del joven pelirrojo.

Grace, esta será mi despedida. Fueron las palabras que ella había escuchado al escocés susurrarle en su oído antes de besarla.

En ese momento, el mundo giró como un vórtice potente alrededor suyo, los rostros de aquellos que había conocido y en quienes había confiado se habían distorsionado en ese remolino de imágenes, traición, traición y olvido.

Empuñó sus manos con fuerza.

Qué sintió? Ira? Tristeza? Decepción?

Pelirrojo y rubia terminaron de besarse y Oliver de reojo vio de pie a su amigo en el marco de la puerta, giró su rostro hacia otro lado para no mostrarle lo que le dolía haber hecho lo que acababa de hacer.

Se puso de pie y lo enfrentó con la mirada.

Un pequeño jarrón cayó sobre el piso rompiéndose en mil pedazos.

Los ojos miel de ella se dilataron de terror cuando vio la figura de Anthony en la entrada de esa sala.

- Siempre supe – Comenzó a hablar con voz ahogada – Que tus pálidos ojos ocultaban sentimientos que no alcanzaba a ver Grace…

- No! – Corrió hacia él – No es así! No es así! Anthony, yo, aprendí a amarte!

- Por qué lo ocultaste? – Fue el reclamo del rubio a quien hasta hace unos minutos había sido su mejor amigo.

- Un Campbell jamás estaría con un Rainsworth… - Volteó de lado su cabeza sin verlo a los ojos.

Anthony cerró sus puños y lo agarró fuertemente por la solapa de su saco.

- Siempre evadiendo respuestas no? Crees que esa clase de explicación es suficiente! Responde! Por qué no me lo dijiste?!

- Era mi deber como Rainsworth… - Respondió casi inteligible.

- Cobarde! – Lo empujó.

- Porque creí que eras tú quién podría salvarla! No yo! - Lo empujó ahora el chico de cabellos de fuego.

- Y veo que pensabas sacrificar tu amor entonces! Vaya generosidad!

- Tú menos que nadie puede decirlo! Acaso no estás sacrificando a tu corazón ahora mismo con todo esto que estás haciendo? Quién decidió vivir en soledad por los suyos! No me hables de sacrificios a mí!

- Basta por favor! – Intervino Grace entre ambos con lágrimas de súplica.

El joven trató de calmarse, de serenarse, pero cómo podía hacer eso! Frente a dos personas en las que confiaba en su totalidad, las únicas en las que confiaba!

Bajó su puño y giró su cuerpo dándoles la espalda, comenzó a caminar hacia la puerta nuevamente.

- Anthony….

- Es la primera vez que esto ocurre Grace? – Preguntó con absoluta seriedad.

Ella calló y él entendió esa respuesta.

- Grace, el día de hoy quería decirte que el pasado que había encontrado en América me había cautivado, que creí que había encontrado mi lugar ahí, que había cometido una falta y esperaba tu perdón… Ahora comprendo mejor las cosas, no te juzgo ni siento odio ni rencor, no tengo derecho a hacerlo y jamás lo haría.

El abatido joven dejó de hablar y salió de la sala.

- No! Espera!

Una mano la detuvo.

- Por qué hiciste eso?! – Le gritó con lágrimas en los ojos.

- Entiende que no ibas a ser feliz Grace! A ti te mueve tu odio, lo estás utilizando solamente!

- Yo lo amo! – Le gritó mientras trataba de zafarse de su agarre.

Esto dejó lívido al pelirrojo.

- Lo amas pero no confías en él como para decirle toda tu historia!

- Suéltame! Maldita sea, te digo que me sueltes! Lo arruinaste todo! TODO! TE ODIO! TE ODIO!

Oliver no la soltó, no la soltó hasta que ella cedió a la presión y dejó de tratar de correr tras Anthony.

Lo siento, Anthony… Dijo el pelirrojo para sus adentros, cerró sus ojos fuertemente sabiendo que había perdido para siempre a su también único y mejor amigo.

Afuera, veloz e implacable sobre su caballo blanco, el joven de ojos azules abandonó Balmoral, cabalgó más lejos del pueblo de Aberdeen.

Él, que siempre había creído exageradas las palabras de Liam respecto a no confiar ni en los suyos propios ahora lo estaba viviendo en carne propia, y dolía.

Solamente una vez, solamente una vez sentí que alguien me veía genuinamente, sin máscaras, sin movimientos cuidadosamente planeados, un afecto sincero por mí…

Continuó con su carrera sin importarle el camino nevado.

Esos ojos verdes que vi auténticos, llenos de amor….

Apretó sus dientes.

Pero ese amor ya no es para mí, ella ya está con alguien más…

A dónde iré ahora?

Olas implacables chocaron contra las rocas como un grito que lo hizo reaccionar y detenerse justo a tiempo. Volteó a su derecha y vio aquellas playas, el sonido del mar llamó su atención, estaba en la costa Este de Escocia.

Era de noche en Chicago, había llorado tanto que pensó que ya no podía más.

Anthony… Para qué? Para qué apareciste nuevamente? Para pensar en ti como aquella chiquilla de 12 años que te amaba? Sólo para eso?

Estás tan lejos ahora…

Contó nuevamente el dinero que había reunido hasta hoy.

Con las monedas en sus pequeñas y blancas manos observó con tristeza sus ahorros.

- Pero ahora para qué, para qué si ya eres feliz allá? – Cerró sus ojos – Debo olvidar que alguna vez te vi! Que alguna vez supe que seguías con vida!

Anthony frente a la costa y con el cielo despejado de ese día volteó al sol.

Sobre su caballo blanco un recuerdo vino a él.

Una colina, una colina verde y que daba vista al lago azul.

- Esa colina… - Abrió sus ojos azules – Yo ya había estado antes en esa colina!

La recordó, hace unos meses atrás había cabalgado ahí, en su propio cumpleaños.

Ah, Bajaré una suave pendiente con una maleta vacía
Cuando miro atrás, veo un brillante techo rojo a la distancia.
Estoy dejando esa casa de la colina el día de hoy.

Siempre lo he hecho así
y es como planeo continuar

No supo por qué, un impulso o quizás intuición, decidió que debía ir sin perder más tiempo a la costa Oeste de la isla, hacia el Atlántico…

Su corazón comenzó a palpitar fuertemente ante la idea que había tenido, entre más cabalgaba un sentimiento de impaciencia por llegar se apoderó de él y esto le indicó que su intuición era la correcta, que era lo correcto de hacer.

Llegó nuevamente al camino que llegaba al pueblo y vio desde lo lejos Balmoral, frunció su ceño, si hay algo que no podía tolerar, era la deshonestidad, y aquellos dos lo habían sido en demasía.

Sacudió su cabeza, colocó su capa para protegerse del frío y continuó con su camino hasta South Hampton.

Luzco de lo mejor en las mañanas con viento.
Tengo un don para cabalgar con el viento en contra

Aún cuando lo he ganado y perdido todo

Y mis recuerdos se deslizan entre mis dedos,

Sé que mi corazón aun se mantiene aquí,
y una vez más, comenzaré a caminar.

Cuando la tuve en mis brazos, sentí que lo tenía todo.

Aquel beso…

Rió irónico en su mente.

Ni Escocia ni América, acaso soy una especia de fantasma que no encuentra su mundo? Sí, en aquellos años sin mis memorias e inválido fui un muerto en vida, tal vez por eso mi presencia no tiene lugar con los que alguna vez amé.

Quizás pronto me convierta en uno…

Recordó las palabras de aquel médico, cerró sus ojos y sonrió. Sí, qué más tenía por perder?

Aún cuando lo he ganado y perdido todo

Y lo único que tengo son hojas en blanco,
la llama de esperanza de mi corazón continuará brillando.

¿Por qué? Hacer una pregunta dura, el día en que un sueño importante se ha roto.
Veo una escena nunca antes vista en la pared.

Nunca fui engreído.

Candy con la fotografía del joven sobre su pecho cerró sus ojos y voló a ese día, uno de los más felices de su vida.

Él me enseñó

Que siempre podemos ser felices, una y otra vez

Y ahora me despido de él

Creeré dentro de mí que nos volveremos a encontrar

Seguramente.

Fue tan cálido…aquel beso…aún hoy... me parece un sueño...

Recordó la forma en que sus ojos azules y profundos la vieron en aquel último día en su departamento y se ruborizó, su corazón comenzó a latir fuertemente, un sentimiento dulce y amargo a la vez se apoderó de ella, nuevas lágrimas corrieron por sus ojos verdes.

Debí decirte que nunca más te fueras de mi lado…

Debí decirte que…

Amo al Anthony del presente…

Aún cuando lo he ganado y perdido todo

Y lo único que tengo son hojas en blanco,
la llama de esperanza de mi corazón no morirá.

Recordando como ahora, sin importar si es o no lo correcto,

Agitaré mi mano y caminaré debajo del sol.

Aún cuando lo he ganado y perdido todo

Y mis recuerdos se deslizan entre mis dedos,

Sé que mi corazón aun se mantiene aquí,
y una vez más, comenzaré a caminar.

Aún cuando lo he ganado y perdido todo

Y lo único que tengo son hojas en blanco,
la llama de esperanza de mi corazón no morirá.

(KAZE TO OKA NO BALLAD – AUTOR: REAL PARADIS – NODAME CANTABILE)