En cuanto nos fuimos a dormir, cada uno de nosotros cayó en las manos del amado Morfeo. Estábamos tan cansados que despertamos quince minutos antes del medio día, justo cuando sentí que alguien respiraba cerca de mi rostro. Abrí mis ojos lentamente encontrándome con el dueño de aquella respiración pacífica, quien no podía ser nada más y nada menos que él.
—Buenos días, Sirenita—dijo sonriendo de lado.
—¿Luc?—pregunté mientras frotaba mis ojos con mis manos—¿Qué haces aquí?
—Te observo—respondió encogiéndose de hombros.
—Vale, esto es muy jodido—le confesé mientras me sentaba en la cama al igual que él—Pareces un maldito acosador ahora mismo, ni siquiera te conozco, deberías de irte ahora mismo—fruncí el ceño.
—No me iré ¿Tengo que recordarte que anoche dije que vendría para acordar algunas cosas?
Oh mierda, eso era cierto.
—De todos modos, los chicos se van a despertar en cualquier momento y no querrás hacer ningún acuerdo con cuatro chicos completamente furiosos.
Luc sonrió. —Está bien ¿A dónde quieres ir?
—Ve a la cocina en lo que yo los despierto.
—No, quiero hablar contigo primero.
¿Qué?
—¿Sobre qué?
—Ya lo verás, solo vamos.
Me negué varias veces más, pero Luc tenía poca paciencia así que me terminó subiendo a su hombro y llevándome a la cocina.
—¡Ya bájame! ¡Eres un maldito loco! ¡O me bajas o grito!—le repetí en susurros por milésima vez. Ésta vez me hizo caso y me bajó—Gracias por el paseo, imbécil—le dije irónica.
Él me guiñó un ojo —No hay de que, Sirenita.
Ambos nos sentamos en la barra americana situada en la cocina, había preparado café ya que Luc lo había pedido y yo también quería uno, el aliento mañanero no es muy agradable.
Estábamos uno frente al otro con las tazas en nuestras manos, ninguno de los dos hablaba pero no había ni de cerca un profundo silencio incómodo, todo lo contrario, el canto de los pájaros daba un ambiente veraniego que me encantaba y el clima estaba a una temperatura perfecta a poco más de veinte grados centígrados.
—¿De qué querías hablar?—le pregunté para luego llevar la taza de café a mis labios.
—Solo quería pasar un rato con una persona que me entiende—dijo y yo no entendí.
—¿Por qué crees que yo te entiendo?
—Eres una Origen, los Orígenes nos entendemos entre nosotros. No he conocido a muchos, pero sé que todos hemos pasado por lo mismo y por ello nos ayudamos...—Vale, ya lo pillaba, él quería algo.
Quizás él sentía que de una vez por todas debía desahogarse, pero aún tenía esa cautela y misterio que no lo dejaban hablar o que daban a entender que él quería hacer otra cosa además de hablar con alguien que "lo entiende"—Estoy seguro de que me entiendes...
—Detesto admitirlo, pero si—mentí intentando que él solo confesara qué era lo que quería.
—Por eso quería hablar contigo, entiendo que no me tienes pena ni miedo y eso es agradable. Antes de que preguntes, sé cuando alguien me tiene miedo y ninguno de ustedes me teme a mí, solo le temen a que los separen, a que el Gobierno los capture como lo ha hecho Daedalus. Esos son los tipos de personas que realmente quiero tener de mi lado, por eso quiero que seamos aliados—Así que por ahí venía la cosa...
—¿Solo porque no te tenemos miedo?
—Porque entienden la supervivencia. Todos tenemos algo que perder, tú los tienes a ellos y ellos te tienen a ti, si algo llegara a pasar tú harías cualquier cosa por protegerlos ¿no es así?—afirmó con apariencia serena pero actitud determinante.
—Por supuesto que lo haría—respondí claramente.
—Si fuéramos aliados yo los protegería porque serían de los míos y yo jamás rompo una promesa.
—¿Ésta es una promesa?
—Lo es, si ustedes aceptan estar de mi lado les aporto protección e información—Nosotros no confiábamos en nadie, porque hacerlo nos dejaba en desventaja, si confiábamos en Luc y luego nos jodia estaríamos perdiendo la poca confianza que le tenemos a la Tierra, sin embargo necesitábamos ayuda y Luc también.
—¿Y qué ganas tú?—era obvio que él controlaba todo a su alrededor, incluso a nosotros. Con sólo vernos una vez, pudo leernos como nadie lo había podido hacer, él sabe lo que hace y por ello es quién es. Sabía que si se dirigía simplemente a mí iba a ser más fácil y se ahorraría las discusiones de mis hermanos, porque al fin y al cabo, yo tengo la última palabra cuando se trata de éstos temas.
—Más personas de mi lado—respondió y me di cuenta de algo ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Él nos estaba reclutando, como un ejército. Luc no vino aquí para hacer amigos, vino para reclutarnos a su propio ejército alienígena.
—¿Acaso nos estás reclutando?—pregunté al fin.
—Eres inteligente, ya debes saber la respuesta—sonrió de lado.
—Un ejército para pelear contra ¿qué?—cambié mi pregunta.
—Contra el Gobierno.
