¡Otra vez aquí! Bien, espero que os guste este. Está especialmente centrado en el viaje de Teressa y Zero juntos y en su relación día a día. Personalmente, ¡me encantan estos dos! Pero... ¿podrán entre los dos encontrar a Kaname?

¡Disfrutad!

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8- Un Buen Equipo

Hay algo especial en las nubes.

Como gladiadores de los cielos, pasean sus alas etereas de punta a punta del globo, extendiéndose y encogiéndose, cambiando de color, sonriendo a los transeuntes y dificultando el trabajo de los astrólogos.

Aquellas, además, tenían el color del algodón de azúcar.

Zero mantuvo la mirada en las nubes un segundo, luego cerró los ojos y, al abrirlos, la calle comercial más elegante de Kraków, antigua capital polaca, le recibió de nuevo con el alborozo de la gente y el trinar apagado de los pájaros.

- ¡Vamos, no te quedes parado! - se quejó una mujer adelante de él. Llevaba puesto un abrigo de piel, un gorro lila, una minifalda y una camisa a cuadros, y su atuendo resultaba tan ridículo como su acento inglés mientras hablaba perfecto japonés.

Zero la ignoró completamente y continuó caminando por la avenida, en busca de algún supermercado en el que comprar las provisiones que necesitaban: unas cuantas latas de sopa, algunas botellas de agua y diez litros de tequila.

Tenía que reconocer que desde que había comenzado el viaje con Teressa, apenas 2 días atrás, todo iba mejor que antes. Comparar la organización a la que la vampiresa lo sometía y lo práctica y astuta que era ella para la vida real con la confusión que envolvía el comienzo de su viaje era deprimente. Teressa parecía saber muchas cosas, y aunque se comportaba como una niña pequeña y tenía demasiados humos, gracias a ella Zero había hecho un gran avance en la persecución de Kuran. Mientras lo pensaba, la fragancia del vampiro revoloteó por su mente como una mariposa.

De hecho, también les debía eso a las hermanas Brown.

Inspiró con fuerza y se concentró. Teressa se quedó callada, mirando como Zero se ausentaba dentro de su propia mente, dentro de sus sentidos más profundos: buscando.

- Eh... ¿ha pasado por aquí tu amigo? - preguntó cuando Zero hubo abierto los ojos.

Zero negó con la cabeza.

- No estoy seguro. Ya sabes cómo funciona.

Teressa suspiró, y mientras los dos entraban en un supermercado, continuó hablando:

- Hmm... la magia que te proporcionamos es, como te dije, como un interruptor. Sólo maximiza los poderes especiales que conlleva compartir un lazo de sangre, de manera que, en ocasiones, seas capaz de cosas realmente sorprendentes. Como oler, si te concentras, el camino exacto que ha recorrido el otro extremo del lazo.

Zero sólo asintió una vez, pues ya sabía todo aquello.

- Pero, ya ves, los lazos de sangre no van con manual incluido - Teressa sonrió - incluso Anne y yo sabemos poco sobre ellos, y te garantizo que son bastante impredecibles. A veces puedes sentir a la otra persona como si fuera tu propia sombra, y a veces no notas nada.

- Este lazo entre Kuran y yo... hm, no me gusta - fue lo único que respondió Zero.

Teressa sólo lo miró un momento, sonrió con picardía y cogió otra lata de sopa.

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- Los lobos están más agitados de lo habitual.

El pastor habló con cansancio: los años de trabajo duro y de afrontar las dificultades de la vida de montaña le habían curtido y envejecido a la vez, y ya pocas cosas le sorprendían.

- Ésto no parece obra de un lobo, papá - comentó su hija, entre alucinada y asustada.

Frente a ella, los restos de lo que parecía haber sido una oveja se extendían a lo largo de varios metros. Había pellejos arrancados bajo unos hierbajos y una pata rota por varios puntos a su lado. Las partes del cuerpo estaban fofas y esqueléticas, como si algo las hubiese exprimido al máximo. En varios puntos del cadáver habían unos agujeros enormes, por pares, donde al parecer los lobos habían mordido al animal. Era un espectáculo tan atroz y extraño que los pastores no sabían qué pensar ni qué esperar de allí en adelante...

Pero lo más extraño, más que el acto salvaje o el descuartizamiento, era la ausencia de sangre.

Ni una gota del preciado líquido carmín teñía los pastos para recordar la muerte del animal.

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Teressa, mientras esperaban en la estación, miró como Zero se tomaba un par de pequeñas pastillas blancas.

- Oh, ¿comprimidos de sangre...? - comentó, pero no dijo nada más. Zero tampoco añadió nada, a pesar de que, gracias a alguna magia secreta, Teressa podía ahora hablar su idioma y la entendía perfectamente.

Al cabo de unos quince minutos, mientras el reloj daba las 12 y media y el tren hacia la frontera entre Polonia y Lituania llegaba a la estación, frenando con un chirrido seco, Zero retomó la conversación como si tal cosa:

- Si te veo cazando... mientras viajas conmigo... te mataré - dijo, sin variar un ápice el tono de voz calmado.

La rubia rió suavemente.

- Tranquilo, ex-humano. No me verás.

- Si sé que lo haces, aunque no te vea, también te mataré - añadió él, para despejar toda duda.

Por toda respuesta Teressa sonrió ámpliamente, dejando a la vista unos hermosos colmillos que parecían de marfil.

Aun así, la alimentación de la vampiresa era todo un misterio, y no sería fácil desentrañar si de verdad cazaba o no humanos. Zero pensó que era muy astuta, y que debía de tener alguna estrategia para cazar sin que él sospechara nada. De lo que estaba completamente seguro era de que ella no tomaba pastillas, como él.

Eso se veía sólo mirando sus ojos arrogantes, su sonrisa pícara. Era evidente que se sentía como una leona en su territorio. Nunca se rebajaría a ser una inocente "vegetariana".

Fuera o no una asesina, Teressa era un pozo sin fondo del que Zero cada vez conocía más, sólo para comprobar, desesperado, que la oscuridad de su alma llegaba cada vez más abajo.

Sin ir más lejos, al empezar su viaje, Teressa había insistido como una idiota en cogerle de la mano e ir juntos como una pareja de enamorados en el avión hasta Berlín (y Zero aceptó porque ella pagaba los billetes). Después de media hora, pero, ella misma se soltó y nunca más volvió a mencionar lo de ir cogidos de la mano.

Zero, por supuesto, tampoco.

Debía tener cuidado con ella, puesto que ni era tan simple como había pensado en un principio ni contaba todo lo que sabía sobre ciertas cosas. La única baza que tenía Zero a su favor, en cuanto a Teressa Brown se refería, era que sabía que él resultaba para ella tan enigmático y oscuro como ella para él.

"Oscuro"

Sonrió.

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Durante seis horas viajaron en un tren algo cochambroso hasta un pueblecito lituano de casas de madera, cerca de la frontera. Justo mientras llegaban a su destino, un bus que parecía haber s a el norte, probablemente a la capital. Sin embargo, no lo cogieron, y en su lugar atravesaron el pequeño pueblo desde la estación hasta el bosque cercano y a continuación se perdieron en la espesura verde. Cuando estuvo seguro de que no había nadie alrededor, Zero se detuvo, se agachó y empezó a palpar el suelo; con calma, con paciencia. Había hecho lo mismo con alguno de los vagones destartalados del tren.

- No funcionará - se quejó Teressa - ¡Vamos, listillo! Sólo puedes sentirlo de esa forma si ha pasado justo por aquí...!

- Estuvo aquí - cortó Zero, olisqueando la brisa fría que rodeaba el bosque.

- ¿Qué? Ummm... ¿Estás seguro?

- Sí. No es que lo haya olido exactamente... pero no sé, mi "nuevo sentido" me jura que ha pasado por aquí.

- ¿Hacia dónde iría? - preguntó Teressa.

- No lo sé...

Ella suspiró mientras él se levantó; los dos estaban muy cansados.

- Necesitamos dormir - dijo Teressa - partiremos de nuevo a la noche, tal vez tus sentidos estén más agudos entonces. Además - bostezó - no es bueno que vean a una pareja joven cruzando los bosques sin rumbo ni objetivo fijo, tal vez haya vampiros también por aquí...

- Ojalá - ironizó Zero.

La tarde pasó más rápido de lo que hubieran querido, ya que antes de aquel descanso habían estado cinco días enteros sin dormir. Teressa se había quejado todo lo que habia querido y más, pero el ex-humano no se había dejado convencer y la había amenazado con dejarla en el asfalto si se ponía a roncar. Aún así, ella a menudo estaba de morros por culpa del sueño.

- Ohhh... ¿ya nos vamos?

- Sí, espabila - dijo Zero a su adormilada compañera.

La luz de la luna se filtraba por la ventana del hostal, que por suerte les había costado muy barato (el dinero no les aguantaría siempre) y debían ser ya las dos de la madrugada. Los dos se marcharon del pueblo y se internaron en el bosque, con las mochilas a cuestas e intentando orientarse mientras caminaban. En el caso del cazador, además, se esforzaba por sentir el olor o la presencia de Kuran por cualquier sitio, y no era tarea fácil: había muchos olores que descartar y el vampiro habría pasado por allí hacía ya tiempo.

No pasaron demasiadas horas que una niebla espesa cubrió la maleza y las raíces y lo empezaron a tener muy difícil para seguir el rumbo de Kuran ni incluso el caminillo estrecho que cruzaba el bosque.

Así pues, a pesar de que acababan de descansar, decidieron buscar un llano y acampar hasta que pasara la niebla.

- Por aquí, cazador, la niebla es algo menos densa allí.

Siguiendo a Teressa, encontraron un buen lugar para asentarse. Zero notó algo de frío y su compañera rió sin disimulo.

- ¿Qué, esperabas no pasar frío siendo vampiro? - preguntó, aún riendo.

Zero se ruborizó un poco mientras sacaba algunas cosas de la bolsa hasta encontrar un mechero.

- Necesitamos leña para hacer un fuego - explicó Zero mientras miraba alrededor intentando ver algo entre la niebla.

- ¿No confías en tus habilidades defensivas?

- Más bien no confío en ti - replicó sin dudar- Y el fuego ayudará a ahuyentar a cualquier animal salvaje. Venga, ayúdame.

Teressa le detuvo cuando se iba a internar en el bosque.

- ¿Qué haces? - siseó - ¡Ten cuidado! Si te vas así como así, luego no podremos volver.

Zero tuvo que darle la razón. Con aquella niebla se perderían y a saber si podrían encontrar el camino después.

- Hagamos una cosa. Tú quédate aquí mientras yo voy a por esa leña - sugirió la rubia - No debería costarme encontrar tu olor de vuelta.

Zero levantó una ceja porque no estaba seguro de si aquello había sido alguna ironía, pero asintió con la cabeza y la vio marchar.

Mientras Teressa buscaba leña seca (difícil con la niebla tan húmeda) le sonó el móvil.

- ¿Sí? Oh, eres tú - dijo - No, los planes siguen tal como habíamos quedado, pero tendremos que esperar un poco… ¡No hay prisa aún! Y sí, hay un factor interesante que…

Eso fue lo último que Zero le oyó decir antes de que su oído finísimo no le dejara oir más. Así que esperó pacientemente a que la otra volviera.

Hablando con su interlocutor, Teressa perdió la pista de por donde había ido. Acabó de recoger leña y colgó, pero no estaba segura de poder oler a Zero tal como había dicho.

- Mierda - murmuró, mientras se preguntaba cuánto tardaría en encontrarle o si le encontraría. Otro pensamiento le hizo sospechar: ¿Y si el cazador, por fin libre de la rubia, había decidido marcharse lo más rápido posible para perderla de vista?

Teressa gruñó. ¿Tan molesta era ella? ¿Tan odiada por sus colmillos?

Cuando ya empezaba a perderse completamente, un sonido fuerte y explosivo, acompañado por los chillidos de los pájaros, resonó por todo el bosque. Teressa alzó la cabeza igual que lo haría un animal sorprendido por un ruido inesperado y, rápidamente, se dirigió a donde había creído oír el sonido. Cada vez que le parecía perder el rumbo de nuevo, el mismo sonido se repetía y la guiaba otra vez. Cada vez sonaba más cerca, y una extraña emoción embargó a Teressa mientras corría sin parar entre los árboles, aún con la madera en los brazos.

Por fin, llegó a su objetivo, y mientras una última explosión teñía el aire, Teressa vio a Zero en el pequeño llano, sosteniendo en el aire su Bloody Rose, con una expresión indescifrable y una apariencia tan maravillosa que Teressa pensó que podría haberse enamorado de él en aquel mismo instante.

Riendo, se acercó a él.

- Es curioso que me haya salvado la misma arma que podría matarme - dijo, ya a la vista del prefecto.

Zero resopló.

- Eres una engreída. Deberías haber sabido que ningún sentido funciona bien con este tiempo. En fin - suspiró - has traído la leña.

Hicieron la hoguera como pudieron y Teressa hechizó en secreto el fuego para mantenerlo aún a pesar de la humedad. Después estuvieron un rato "hablando", si se le puede llamar así a la rubia parloteando de cualquier tontería y a Zero callado sin hacerle el mínimo caso.

Pero Teressa Brown había aprendido algo interesante aquellos días, que acababa de ser confirmado: Zero Kiriyu no era una mala persona. Y más importante aún: hacían un buen equipo. Sonrió.

Mientras la niebla se disipaba, el cazador se preguntó quién era ella, y qué estaba planeando tras esos colmillos de marfil.

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¡Bueno, hasta aquí por hoy! ¡Ya sabéis que pronto el siguiente! :) ¡Ah! ¡Y conoceremos a un par de curiosos personajes! Aquí el avance para que os preparéis jajajaja

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- ¿Te gustan los conejos, Teressa? - preguntó.

- Demasiado curiosos, diría yo.

Antes de que los otros acechadores se dieran siquiera cuenta, un vampiro estaba aprisionado en los brazos de Zero y amenazado por la pistola mortal, mientras que Teressa Brown sostenía un pequeño libro en su mano y miraba escrutadoramente alrededor.

La curiosidad mató al gato.

::::::::::::: CAP. 9 - Amigos y Enemigos ::::::::::::::::

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NOTA: Como sois muchas ya las que me habéis preguntado por este tema, me gustaría aclarar una cosa sobre Kaname y Zero: No me gusta pisar la emoción de los fics, y es por eso que nunca anuncio las parejas o las relaciones o la acción que va a haber antes de que pase, excepto claro si son fics de un sólo capítulo. Aún así, si os carcome la duda (a veces lo entiendo xD) os diré que está completamente confirmada cierta relación entre los dos vampiros. No os puedo decir nada más, pero si os aseguro que el fic no os va a defraudar, seáis o no amantes del yaoi. ¿Confiaríes en mi? :)

Y por cierto, queda muy poco para encontrar a Kuran, ¡no desesperéis! A partir de ese momento esto dará un giro increible, ¡no os lo podéis perder!

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