Lamento la tardanza: como sabrán, la situación en Chile, en cuanto a las comunicaciones, no está muy bien después del terremoto.
Bueno, les entrego el capítulo VII con algunas novedades: no comenzaré con la historia inmediatamente... Existe un flash back, que corresponde al momento en el que muere Ken-chan; después, unos pensamientos que tratan de aunar el tema de la muerte, que está implicada directamente con la historia... Luego, sigue la historia como corresponde...
Muchos besos a todas uds. y espero que mis compatriotas lectoras estén bien y que no haya pasado algo más allá del susto: mucha fuerza en este momento, porque la vamos a necesitar bastante y tengo fe en nuestro empuje. Hemos sido una nación bastante golpeada por la naturaleza, pero tenemos el espíritu de superación que nos caracteriza.
Saludos y disfruten la lectura.
Gabriela Inés.
Flash back
Los pasos de la oficial se arrastran, en la misma dirección de la procesión de gente que se llevaba una de sus más grandes ilusiones…Apenas sostenida por Natsumi, trataba de hacer un gran esfuerzo por seguir en pie y acompañar el féretro, por el cual guardó velo las dos semanas que estuvo a su lado: aunque sea, para compensar lo mínimo del arrebato de la persona a la que sigue queriendo profundamente…
No volvería a caminar a su lado, así que encaminó sus pasos a la morada final del cuerpo que amó tanto: por última vez…
Eso era el peor castigo que sentía en esos instantes: el saber que todo había acabado, sin poder replicar en absoluto la falta de su calor.
Cae al piso, y Natsumi se agacha inmediatamente.
-Miyuki, ¿necesitas que te lleve?
Su mirada estaba en blanco: tanto así que sabía que el tan solo verla le provocaba un gran dolor en el alma. Miyuki, con la fuerza que le quedaba, le respondió en un suspiro.
-No…
Le costaba mucho, pero Natsumi sabía que tenía que seguir con su velo impenetrable: tomó su brazo tiernamente y la levantó del piso, limpiando el polvo de su falda negra.
-Vamos, Miyuki, que ya falta poco…
Asintió levemente, pero lo suficiente como para que Natsumi pudiese retomar su labor y apoyarla en ese enorme dolor que estaba sintiendo en esos instantes…
-Falta poco, Ken…
En ese espiral de sentimientos, Miyuki levanta la vista lentamente hasta posarla en su amiga: nada podía sacarla de la concentración de su labor, pero ella misma sentía el escozor de sus lágrimas por salir. Tenían claro que estaban a punto de llegar al momento más triste de su vida, pero ninguna de las dos podía dejarse caer… sin dejar caer a la otra.
Los pasos de ambas se sincronizaron, en sus mentes no había nada claro…
Sólo sabían que se tenían la una a la otra.
En ese instante, las dos estaban unidas en el mismo nudo del dolor.
Olvídame: déjalo así
Ya…no hay más
Olvídame.
Yo cambiaré de lugar.
No recuerdes mi nombre
O si un día fui qué
No pienses en nada
Que quizás nunca fue
Y si un día quieres
Acordarte de mí puedes
Sabes bien que nuestra historia
Tatuada se ha quedado ahí en tu piel
No mienten
La locura de tus ojos
Que sabrán si yo te amé
Lo que te amé
Y si tú lo vez
Después olvídame
Olvídame
Y no busques dónde
Nada encontrarás
Y si escuchas voces
Sólo son los ecos
De tu soledad
No recuerdes mi nombre
O si un día fui qué
No pienses en nada
Que quizás nunca fue
Y si un día quieres
Acordarte de mí puedes
Sabes bien que nuestra historia
Tatuada se ha quedado ahí en tu piel
No mienten
La locura de tus ojos
Que sabrán si yo te amé
Lo que te amé
Me borras tú
Me esfumo yo
Mejor así
Nada pasó
Que todo se consuma en un adiós
En un adiós
Y si un día quieres
Acordarte de mí puedes
Sabes bien que nuestra historia
Tatuada se ha quedado ahí en tu piel
No mienten
La locura de tus ojos
Que sabrán si yo te amé
Lo que te amé
Y si tú lo vez
Después olvídame
Olvídame
Olvídame
Olvídame.
"Olvídame", Thalía
El remedio para el dolor de una pérdida es el olvido…
Al fin y al cabo, cada uno de los dolores se atenúan con el paso del tiempo: no hay dolores imperecederos, como tampoco existen las alegrías desbordadas, en los que no actúa el paso de los años…
El sonido de los pasos, el voltear a revisar esa sombra que jamás existió en ese lugar, el mirar fijamente la silla enfrente de la tuya, la que no volverá a llenarse con la presencia del que ya no está. Todo eso pasará lentamente, hasta llegar a ser una cicatriz que, de seguro, alguna vez se resentirá un poco, pero que no volverá a abrirse…
El dolor permanente de la memoria es el olvido…
Pero existe una forma de hacerlo permanecer: cuando el sentimiento no se eleva, por sobre lo que se tiene a simple vista. Allí, en el alma misma, el dolor hace raíces, como la mala hierba, y no hay forma de que se salga del ensimismamiento y de la oscuridad en la que se ha entrado.
No habrá tranquilidad ni consuelo: la ausencia tendrá grandes fauces y engullirá la vida misma.
"No tienes que llorar por mí: la vida tiene un curso y cada uno va, como destino final, al mismo lugar... Haré mi morada en cada uno de tus pensamiento felices: tus logros y concreciones; tu amar intenso y la tranquilidad de tu recompensa.
No tienes que olvidarme: mi espíritu se eleva por sobre toda materia… No es necesario resguardarme en tu cuerpo ni en el mío, si tengo asilo permanente en tu alma…
El amor sigue estando en ti, y eso es lo único que puede dar o quitar vida a las cosas: no muere ni cambia, sólo se eleva, por sobre cualquier pensamiento de melancolía.
Recuérdame con amor, y estaré a tu lado.
Vive con amor, y seguiré viviendo en tu maravilloso universo.
Revive y ama intensamente: en cada paso que des, un par de huellas acompañarán las tuyas…
Ámame, víveme, recuérdame así: amándote cada día, amándote a tu lado…
Ama, que yo no me apartaré de ti… Ama de verdad y que dé raíces en tu corazón y en tu entorno: para que no sea en vano,…
… Para que nunca me olvides…".
Suena el despertador: del enredo de sábanas, se extiende una mano hacia el mueble. Toma el aparato y se levanta Miyuki.
Era hora de levantarse ya.
Desenreda sus cabellos con la mano y se coloca las pantuflas.
Sale de la habitación en dirección a la cocina: coloca el hervidor y va en el intertanto al baño. Se echa agua en el rostro: se mira en el espejo y se sorprende que estaba un poco hinchado…
… Estuvo llorando toda la noche.
Mira el vaso de cepillos de dientes: sólo se encontraba uno.
Hace ya dos meses que Natsumi partió… Desde ese momento, la verdadera prueba de entereza estaba haciendo de las suyas en su cuerpo y mente. Con toda la fuerza que tenía todavía, se levantaba e iba a trabajar cada día: en las tardes, Tokairin la iba a visitar y le llevaba la cena, para que comieran juntos y se hicieran compañía.
Seguramente, era uno de los que resentía más su ausencia.
Dejó el cepillo y se miró detenidamente.
La última vez que había estado con el teniente había sido muy atento con ella: no quería sentir cosas por el estilo, porque era demasiado pronto, pero no podía dejar de pensar que algo en su mente estaba trastocado con la caballerosidad que le demostraba Shouji…
Era una sensación peligrosa… y Natsumi estaba ya a un mes de volver.
Tenía que detener esos pensamientos: por el bien de ella, del teniente y de su amiga… No podía pagarle con esa moneda…
… Pero el pensamiento era inevitable: su vida estaba como un vaso a medio llenar… Quizás, sólo quizás él sea—
Para que nunca me olvides
VII
Dos meses del viaje de Japón: Nueva York, Estados Unidos.
Natsumi se revuelve en la cama, aún dormida: su rostro se contrae, como si estuviese sufriendo… El único espectador de ello es su compañero de alquiler y de trabajo, Sho Tsukishiro, quien no tiene en consideración lo que estaba ocurriendo: mal que mal, la muchacha ha estado casi toda su estadía sufriendo accidentes en sueños, que no son tales…
Tranquilamente y sin prisa alguna, toma un vaso de vidrio y lo llena de agua: acto seguido, vuelve a la habitación y lo derrama indolente en la cara de Natsumi, quien se levanta inmediatamente, con la respiración agitada.
Después de intentar recuperar el ritmo de su respiración normal, fija su mirada increpadora en el joven a su lado.
-No te molestes en agradecérmelo, Natsumi: es todo un placer—
Sin aviso, Natsumi le da un puñetazo en la cara, con lo que el muchacho cae al suelo.
-¡Vuelve a levantarme así y te tragarás tu primera torta de golpes!- se levanta de la cama y toma dirección al baño- ¡Así que mejor ni lo intentes, si no quieres llegar a la estación con el look de un campeón!- detiene el actuar de Sho, quien iba en pos de ella, para vengarse.
-Eres un caso psiquiátrico, Natsumi…- el chico, de apariencia idéntica casi a Tokairin, quien tenía puesto un short y nada más, camina en dirección contraria, echando humos por su accionar.
Camina hacia la cocina y comienza a hacer el desayuno para dos.
Era agradable, eso sí: no estaba más en soledad.
Sonríe, pero en confidencialidad: no quería que tal noticia llegara a oídos de la bruna, quien no tendría compasión en molestarlo por el resto de la jornada, si es que tenía suerte.
Aunque no pudiese admitirlo de forma abierta, estaba muy contento de tener a su lado a alguien de su patria, a la cual añoraba entrañablemente, y especialmente, si era tan guapa como Natsumi: lástima que no estaba en sus planes tener una aventura.
Sus puños levantados fueron la clara señal de lo que decía.
Finalmente se sienta en la barra de la cocina, con el desayuno servido, y toma su café amargo: unos minutos después, llega Natsumi, con una playera que le cubría poco menos que la mitad de sus muslos y con una toalla pequeña, con la que se estaba secando el cabello. La humedad de su cuerpo ceñía la ropa y le daba una vista espectacular de su figura a Sho.
-Linda polera, ¿eh?- le dijo en fingido enojo: de ser por él, le dejaría llevar sus bóxers puestos... Sólo con ellos.
-La tomé prestada: espero no te moleste…- contestó con su sonrisa fresca y liviana, sin tener tampoco pudor en ello.
Se sienta a su lado y juguetea con los pies de su compañero, quien siente un agradable hormigueo en el estómago: Natsumi observa la reacción de Sho y se acuerda de los consejos de Miyuki, quien vio siempre a Natsumi el tomar confianza con los hombres y que terminan con intenciones no muy infantiles como esa. Detiene el juego y comienza a servirse su parte.
- La inspectora Kinoshita estuvo mucho rato contigo ayer…- mencionó Sho, mirándola de soslayo.
- Hablamos de la misión de uno de esos días… Y no, imbécil: no hizo ninguna insinuación- contestó Natsumi, a sabiendas de la supuesta inclinación amorosa que tenía sobre ella: todo esto, según los oficiales de la estación de Nueva York.
-Je, je, je: no te veo muy segura… Además, hoy tienes una cena formal con ella: yo que tú- se paró de suasiento y le dio un agarrón en el trasero- Voy con interiores de acero, ¡ja, ja, ja, ja!
Salió de la cocina, ante la mirada furibunda de Natsumi: no le costaría nada tener un poco de apoyo de Sho, pero él se empecinaba en hacer burla de algo que no estaba tan lejos de la realidad. Ciertamente, la inspectora la buscaba y estaba junto a ella permanentemente: a ratos, la descubría mirándola y el sólo pensarlo le daba escalofríos.
Pero la mirada de ayer era distinta a la de otros días: le pidió expresamente confidencialidad de lo que tenían que hablar…
Flash back
-Y, con ello, terminamos la clase de hoy: Tsukishiro, la luces, por favor.
Sho enciende las luces, y todos estaban atentos… A excepción de Natsumi, quien dormía sin ningún miramiento de lo que ocurría a su alrededor. Todos murmuraban y se reían de la oficial japonesa, quien les causaba muy buena impresión a sus colegas y la tenían en alta estima.
Los ronquidos llegaron a la aguda audición de la inspectora: aunque, a decir verdad, no se necesitaba un gran talento para prestar atención a la maraña de cabellos castaños que estaba sentada al final de la sala y a la orquesta que estaba realizando.
El sonido de los tacos de la superior, dirigiéndose al centro de tal ruido, llamó la atención de cada uno de los oficiales, quienes voltearon a la vez. Ya en el lugar de los hechos, la inspectora golpeó con fuerza la mesa de la oficial, quien se levantó rápidamente del asiento, con cara de espanto.
Las risas no se hicieron esperar: Natsumi, al ser el centro de atención y risas y no saber el porqué de ello, cambió su expresión a una de total desconcierto. Miró a Sho, quien le murmuró algo al oído: a medida que escuchaba más, su cara se tornó más roja.
-Lo lamento mucho, inspectora- saludó marcialmente y se sentó.
La inspectora vuelve a su sitio: finalmente, deja el plumón en la mesa de golpe.
Natsumi abre los ojos de golpe: respira profundo, empecinada en mantener la cara lo más fresca posible y, así, poder ahorrarse las ya incipientes miradas de regaño que le prodigaría la inspectora.
-Bueno, esta clase ha concluido: pueden retirarse...
Todos van desalojando la clase...
La mirada de la inspectora recae, escrutadora, en la figura somnolienta de la oficial Tsujimoto...
-¡A excepción de Ud., oficial Tsujimoto!
Sho la queda mirando, con una risa contenida en la boca.
-Que te vaya bien, Tsujimoto...- musita Sho, con una sonrisa socarrona de treinta y dos dientes.
-Ya me las cobraré, ¡maldito brib!-
-¡Cuide su lengua, oficial Tsujimoto!
Natsumi baja la cabeza: Sho termina apretándose el estómago de la risa.
La mirada de la inspectora rápidamente recae en el muchacho.
-Oficial Tsukishiro, ¿desea hacerle compañía a la señorita Tsujimoto?
Rápidamente se traga la risa: toma sus cuadernos y corre, presuroso, hasta las escaleras.
-"Cobarde traidor"- musita Natsumi, a sus internos.
La inspectora toma asiento.
-Cierre la puerta.
Natsumi tragó saliva: el espeto de sus palabras era cada vez mayor.
Cierra la puerta y presta a pararse enfrente de su superiora.
-Veo que...- su mirada descendió y subió rápidamente, observando con detención a la aludida- No se encuentra en óptimas condiciones, como debería ser...
-Inspectora Kinoshita, puedo explicarlo-
-¡Le estoy hablando!
-¡Sí: lamento la interrupción, mi inspectora!- respondió, tiesa y recta como una regla.
La inspectora se echó hacia atrás, dejando ver una hilera de dientes blancos.
-Me parece...- Volviendo a su posición regular, se colocó las manos entrelazadas en su boca- Necesito juntarme con Ud.: algo así como una junta informal.
-¡Sí, mi inspectora: yo asumo!- de pronto, cayó en la cuenta de sus palabras- ¿Qué me está diciendo?
-... Bueno, bueno: ¡para qué los rodeos! Nos conocemos muy bien...- la inspectora posó las manos en sus hombros, volteándola hacia ella- Sabe a lo que me refiero- terminó, con un guiño de ojo.
Una gota fría corrió por su frente: "¿alguien anotó la matricula?"
Sin moverse ni un centímetro, dejó a Natsumi y abrió la puerta, en ademán de retirarse. Antes de ello, Natsumi cayó en la cuenta y espetó, en saludo marcial nuevamente:
-¡¿S-Sólo eso, mi inspectora?!
-¿Deseas más, oficial Tsujimoto?- se acercó a ella, rozándole la barbilla- Vaya, vaya... Eres más audaz de lo que creía saber...
Eso era el colmo: Natsumi retrocede, carraspeando un tanto la garganta.
-No, oficial Tsujimoto: mañana en la noche, en el restaurante "Chenonceaux", a las diez... Allí sabrás más de lo que hago referencia...
Iba a retirarse, pero se percató de un anillo en su dedo.
Frunció el ceño: esa posición...
-¿Comprometida?
Al escuchar esa pregunta, oculta rápidamente su mano.
-Por favor, inspectora: es un secreto... Nadie puede saberlo...
-Mmm... Ya veo- musitó, con clara actitud de molestia- Bueno, dudo que, después de esta noche, prosigas en tu relación, ¿eh?
Natsumi enrojece: ¿qué tenía planeado?
-De acuerdo, Tsujimoto: mañana a las diez, en el restaurante Chenonceaux... Y, te lo recomiendo: vaya muy formal...
Se iba, dejando una idea en el aire.
-A mí me gustan las faldas y los tacones, ¿eh?
Natsumi queda estancada allí, sin poder hablar siquiera.
Fin del flash back
Termina su taza de café y entrelaza sus dedos, en donde apoya el mentón…
Quizás se estaba precipitado, pero era algo inevitable…
Sintió un ligero estremecimiento al salir el tema sentimental con el teniente en la conversación. Miraba su mano, de la cual relucía una argolla de plata,… pero que, en realidad, no le decía nada.
Sólo quería llegar a Tokio y observar que todo estuviese en correcto orden… Ni mencionar en la mínima idea de encontrar el puesto del teniente vacío: aunque fuese probable.
Demasiado probable, a su parecer.
En Tokio…
Tokairin toma sus herramientas de alpinismo y las guarda en un bolso.
Ya corre el año de estadía en Japón y no ha puesto un pie en los Himalayas: ni qué decir de las llamadas de sus superiores, que son cortadas de cuajo al siquiera mencionar el tema de su regreso.
Aunque, a decir verdad, un hecho lo habría hecho desistir de ello.
Tomó la mala costumbre de visitar a Miyuki, por el capricho de su novia de protegerla contra la soledad que tendría que afrontar en su ausencia: al principio, no eran más que algunas visitas casuales, que causaron gran impacto en la joven Kobayakawa, pero después dejó de ser algo esporádico a ser una cita obligada cada tarde en su departamento.
Tal vez era algo que el mismo se estaba imaginando: era burdo el pensar que su compañera de trabajo sería capaz de sentir esas cosas por alguien que no le manifestaba interés alguno… ¿Verdad?
Pero eso no era lo que le dolía más: las llamadas de ambos que se hacían eran pocas, casi nulas, a decir verdad: era comprensible en el primer mes, Natsumi se concentrara en poner toda su atención en realizar bien su labor y especializarse… Era cruel el pensarlo, pero era lógico que descansaba del asedio de Miyuki con su estado depresivo, del tema con Tokki,… de las reprimendas que él mismo le hizo a cada momento.
De pronto, pensó en la posibilidad de que Natsumi pudiese quedarse en la estación neoyorkina…
El sólo imaginarlo se le helaba la sangre.
No, definitivamente: no era algo que estuviese en sus planes…
Esperaba, sinceramente, que Natsumi no lo considerase tampoco.
En Nueva York
Natsumi fue a la cita acordada: llevaba puesto una polera verde de tiritas, un pantalón beige que caía recto y unos tacones negros.
Fue al restorán acordado: era un local bastante ostentoso y elegante.
Va a un asiento reservado y espera por la inspectora.
Unos segundos después, llega la aludida, en un traje negro de tiritas y que le llega a ¾ del muslo.
-Discúlpeme la tardanza, oficial:- le dice la inspectora, quien mira atentamente su reloj, consciente del retraso- el tráfico de Nueva York, aún a estas horas, es algo a lo que me ha costado acostumbrarme.
-Pierda cuidado, inspectora: hace un rato que he llegado.
Se sentó y llegó el mozo, a quien le pidió un par de margaritas: Natsumi arqueó las cejas de la impresión… No era costumbre de la inspectora ser tan informal en algunas cosas…
Después de irse el garzón con la orden, la señora Kinoshita entrelaza sus dedos y se le queda mirando a Natsumi: esa situación la tensa un poco, debido a los antecedentes en su cabeza.
-Se ve algo nerviosa, oficial Tsujimoto- se echa un poco para atrás: que le daba más un aire de impotencia que el ser un simple gesto de relajación- La tengo en muy alta estima: espero no me decepcione, ahora que somos algo más que superior y oficial…
Oh, oh: ya comenzaron las indirectas…
-No creo comprender a cabalidad de lo que me está hablando- dijo Natsumi, por no expresarse habitualmente como "¡Qué mierda le pasa, vieja degenerada!", o algo así.
No era su caso, pero sabía perfectamente de algunos que sucumbían ante los deseos de sus superiores para poder subir escalafones en sus carreras…Ni siquiera deseaba pensar en esa probabilidad: a lo más, tendría manchado el expediente por noquear a una superior.
-Oh, Natsumi, Natsumi: qué traviesa te has vuelto, ¿eh?- se levanta del asiento y apoya las manos en la mesa, en pos de acercarse a Natsumi, quien se hacía hacia atrás, a más no poder- ¡Para qué estos rodeos! Ud. sabe a lo que me estoy refiriendo…
Una gota fría corre por su frente y va a dar en su mano.
-… Sé que es la comidilla de la estación y que muchos deben tenerla al tanto- sonrió la inspectora, ganándose de Natsumi una expresión de espanto sin precedentes…
… Estaba pensando seriamente en tenerlo como uno de los momentos más embarazosos de toda su vida.
-Aquí les traigo sus aperitivos- dijo el mozo. Natsumi, sin ningún tapujo, tomó el trago y lo tomó al seco- Traiga un par más: va por mi cuenta- respondió Natsumi, a la cara de impresión del muchacho, quien fue inmediatamente por la orden.
-¡Vaya, vaya! Ud. sí que sabe dar sorpresas, oficial…
-Natsumi, ahora que estamos en confianza, y quiero decirle que no me gustan las indirectas: si quiere decirme algo, ¡dígamelo aquí y ahora!- le contestó, con un golpe en la mesa, para reafirmar su decisión.
Respiraba con dificultad, pero no podía hacer otra cosa: esto era una tortura que tenía que acabar… De pronto, y contrario a lo que pensaba, la inspectora Kinoshita esboza una sonrisa deleitada, mientras mete una mano dentro de su polera.
-¿Qu-qué planea hacer?- musitó Natsumi, quien ya estaba azulada de la impresión: lejos de intimidarla, le hizo sacar más bríos, rayando en lo vulgar…
-¿Me lo pregunta todavía?- rió la inspectora, con socarronería- Ud. lo ha pedido: no pienso ocultar esto nunca más,… y Ud. va a disfrutar de esos privilegios— estaba a punto de desabrochar una prenda, pero la oficial se le adelantó.
-¡A mí me gustan los hombres!- gritó Natsumi.
Todos se le quedaron mirando.
Natsumi tenía los ojos cerrados, las mejillas rojas y las manos entrelazadas, encima de sus piernas: dentro de sí pensaba… "Me llega a tocar un pelo y le doy mi mejor derechazo"…
La inspectora quedó atónita.
-¿A qué se refiere?- dijo sinceramente la inspectora, a lo que Natsumi se le queda mirando.
-¿Ah?
La inspectora da un bufido: acto seguido, saca un papel y lo deja en la mesa…
Natsumi, recelosa, toma lentamente el papel y lo comienza a leer.
-Es una orden de extradición, oficial…- Natsumi salta de su asiento, tras la interrupción de la inspectora- Lo digo, para que no lo malinterprete…
-¿Extradición a Estados Unidos?- los ojos de Natsumi no dan validez al papel que está entre sus manos, los que miran a la inspectora y al documento de forma intercalada -¿Es eso posible?
La inspectora deja su posición acomodada, para dar credibilidad a cada una de sus palabras- Es una orden que he pedido al comando central: Natsumi, Ud. ha demostrado que tiene las competencias correspondientes para formar parte del escuadrón de Nueva York… Sé que nuestro plan era el alejamiento para evitar rumores infundados: por el bien de la institución y el propio… Mas, en vista de las circunstancias, y dado su excelente manejo en cada una de las misiones que le han sido encomendadas, me he dado la licencia de preguntar al capitán Kachou por su expediente y de consultarle la posible extradición de Ud.: lo dejó en sus manos…
El ambiente irrisorio se trastocó inmediatamente: la mirada de Natsumi no era alentadora, a los ojos de la inspectora, quien suspiró después de un rato de largo silencio.
-Suponía que estaba enterada…- dijo la inspectora, a lo que Natsumi responde, muy azorada- No, era otra cosa…
-Bueno, Natsumi: supongo que esto es un balde de agua fría… No pienso presionarla más de lo debido, pero el plazo de respuesta está reducido a tres días- la impresión la abandonó, para embargarle una sensación de total incertidumbre.
-Dios, inspectora: a decir verdad- Natsumi se rascó un poco la cabeza: tenía que decir algo, para salir del paso, siquiera- Estoy sumamente agradecida por las muestras de confianza y las condecoraciones: jamás esperé llegar a tanto en un lugar extranjero…
-¿Sin embargo?- dijo la inspectora, a lo que Natsumi reaccionó.
-Sí, bueno… A decir verdad, no está en mis planes el hacer carrera en otro continente: no me malinterprete… Sé perfectamente que esto es una oportunidad de perfeccionarse en mi profesión, pero no lo veo como una proyección de vida…
-Lo sé, oficial Tsujimoto: pero no lo deje de lado…- el documento lo dejó en sus manos- Es una oportunidad irrepetible: no volverá a tener jamás esta chance de ir a un país tan desarrollado en armamentos y contingente policial… Es cierto que uno arma lazos en la patria, pero también es verdadero el hecho que sólo los valientes pueden armarse y lograr éxito. Sé que es uno de esos valientes…
Natsumi toma el papel y lo guarda en el bolsillo, ante la insistencia de la inspectora…
… O, tal vez, por su propio deseo: quizás no era descartable…
Sólo quizás…
Abrió la puerta: el departamento estaba en correcto orden, sólo por la irrupción de Sho, quien dormía en el sofá. Al parecer, estuvo esperándola un buen rato.
Se acercó a él: tenía unas latas de cerveza a su alrededor y la televisión prendida, ya sin señal… Apagó el televisor y comenzó a recoger las latas de su alrededor. Cuando al fin limpió y ordenó todo, se acercó al muchacho y se sentó a un lado, para quitarse los tacones.
Entre el ruido y los movimientos de la oficial, Sho comenzó a desperezarse.
-¿Natsumi?
-Shhhh, tranquilo: vuelve a dormir...- tomó sus tacones, en pos de irse, cuando la mano del joven la retuvo un instante
-¿Cómo te fue?
-Bien, Sho: sólo procura informarte bien, antes de hacer correr rumores infundados, ¿eh?- le dijo, en tono de broma.
Se levantó del sofá, para irse.
-¿Y: te quedarás?
Paró al instante: se dio vuelta a verlo. Sho logró ver en sus ojos la sorpresa, pero también la angustia de su mirada.
-Ahhhhh, lo sabía- se contestó, pesaroso: rascándose la cabeza y sentándose más correctamente- Tendrían que haberte ofrecido mucho más sueldo: se los advertí… No eres muy fácil de convencer.
-Sabes que no es el motivo: mi casa me espera…
-"Él" también te espera, ¿no?
Natsumi obvió sus palabras: era claro que su objetivo no era el enfrentarle… Tenía intenciones que iban más allá de lo laboral, y no podía permitirle pensar en una posibilidad inexistente.
-… Ya hablamos de eso, Sho…- contestó Natsumi.
-Lo sé… ¡Ah, pero qué mierda! Natsumi…- se levantó del sofá y la arrinconó suavemente en la pared- ¿Crees que el tipo te está guardando celo?
-De ser así, no es de tu incumbencia: por favor, sal de encima… No quiero tener problemas contigo.
-Yo sí quiero, Natsumi: quiero tener problemas, quiero tener todo contigo…- le tomó el rostro, en pos de darle un beso, pero se corrió y lo dejó en el living: entró en su habitación y cerró fuerte la puerta.
Estaba aún con la manilla entre los dedos, cuando comenzó a golpearse levemente en la cabeza, tratando de borrar la incertidumbre de su vida.
No era posible que estuviese en tal encrucijada: no era posible que conciliara la posibilidad de alejarse de Japón…
Tenía que volver: aunque eso significaría rememorar la situación ocurrida con Tokki, el bochorno, la pena de Miyuki, la muerte de Ken…
Sólo esperaba tener los brazos del teniente: el sentir su calor y protección… De pensar que no lo encontraría en Bokutou, un agujero se le hacía en el pecho…
Y ahora, para agregar, estaba Sho y su declaración.
No podía con más: tomó el teléfono y marcó para Japón.
-¿Miyuki? Hey, ¿cómo estás?
-Muy bien, Natsumi: te habías tardado en hablar…
-Sí, lo sé: lo lamento mucho… Las cosas no están muy fáciles por aquí…- le dijo, con una lágrima traicionera que recorría su mejilla- Me da mucho gusto contactarte…
-¡A mí también! Oye, supe lo de tu extradición permanente de Japón y estoy muy contenta por ti…
Quedó en blanco, al escuchar esas palabras…
De pronto, Miyuki comienza a pedir contestaciones…
-¿Natsumi: estás ahí?
-Sí, sí… ¿Quién te ha dicho?
-¡Ya voy, Tokairin!- le habló Miyuki al teniente: a Natsumi le sorprendió que estuviera a esas horas de la noche en su compañía-Lo lamento, es que con Shouji estamos haciendo la cena… ¿Me decías?
-N-no, nada: mejor olvídalo…- le respondió Natsumi, tratando de encajar las ideas dispersas en su cabeza- Te escucho muy bien…
-Me he sentido muy apoyada, Natsumi: por eso, te digo que no te lamentes, si es que te quieres quedar allí… Podemos arreglárnosla con el tiempo…
-"Y parece no haberles costado nada…" Es una decisión que no he tomado como definitiva, Miyuki: no hagas conjeturas antes de tiempo- respondió Natsumi, marcando su voz, para hacer valer su notoria molestia.
-Lo lamento, Natsumi: no era mi intención—
-Se me agotan los minutos: te llamaré luego- escuchó la voz de Tokairin, como si quisiera llegar al lugar para hablar con ella, pero cortó antes.
Bastaba con uno, como para darse la idea de lo que estaba ocurriendo.
En Japón
-Dios, se ha cortado- le dijo Miyuki, mostrándole el teléfono descolgado.
-Ah…- musitó Tokairin: no podía ocultar la frustración.
-Bueno, ya llamará luego: mejor, pasemos a colocar los platos…
Miyuki va hacia la cocina, mientras el teniente se queda parado en el lugar: la oficial llama su atención.
-Shouji, la cena…
-Sí, ¡sí!: lo lamento- contesta y le sigue, pero pensando en la situación.
Se estaba yendo de sus manos…
Después de una hora y media de cena y otras conversaciones, Tokairin logra salir del departamento de Miyuki.
Llega a su departamento y se recuesta contra la pared.
Ya estaban cumplidos las dos semanas sin saber nada de ella: el temor de que estuviese realizando su vida era cada vez más concreción que fantasía…
Había escuchado una conversación del capitán Kachou, acerca de una extradición permanente a América: no podía tratarse de nadie más que de su Natsumi…
Tal vez, debería reconsiderar el atarla a él, con las oportunidades que se le estaban presentando… Mira hacia un lado: una postal de los Himalayas…
Va hacia su sillón y toma el teléfono: marca unos números, esperando la conexión de la línea. Se echa en el mueble, dando un bufido.
-Señorita, buenas noches: comuníqueme con la central de rescatistas de los Himalayas, por favor…
Continuará…
Bueno, chicas: espero verlas en el nuevo capítulo...
Muchos saludos a Natsumi THH: espero que te conectes pronto, porque quiero saber si estás bien.
Cuídense y nos vemos. Adieu.
