Oooooooooooh! Qué descanso! Llevaba capítulos escribiendo tonterías, creo que este capítulo está bastante mejor que los últimos que he subido. He pasado por una crisis de inspiración jaja.

Ahora parece que todo vuelve estar en su sitio y la inspiración ha vuelto, los capítulos me salen bastante más fluidos y me quedan mucho mejor y bastante más emotivos, o eso creo yo.

Ah, por cierto...tendré la esperanza de que no me habeis dejado reviews porqué son fechas de fiestas y felicidad y todo eso. bueno, FELICES FIESTAS A TODOS, QUE PASEIS UN BUEN AÑO NUEVO!


Capítulo 7: Resignación

Lo siento. Veo como cada día que pasa la soledad y la desesperación se apoderan cada vez más de ti. Te oigo llorar encerrada en el baño, veo tus ojos enrojecidos e hinchados de tanto llorar. Tu no mereces esto. Pero estás aquí, y lo haces porque así lo deseas. Gracias.

Deberías tener esa vida que tanto soñaste, ese príncipe azul que te protegiera de todo y estuviera a tu lado. Yo fui ese hombre durante unos meses, quién te transportaba de la realidad a un cuento de hadas. Ahora solo soy la manta que cubre tu sol y no deja que sus rayos te den calor. Pero tu sigues aquí.

¿Cuánto más durará este infierno¿Cuánto más tendré que ver como poco a poco la gente se aleja de ti, y de mí? La soledad también me está devorando, pero sé que te tengo a ti, aquí a mi lado para siempre. En cambio, yo solo soy una carga para ti, para todos.

He visto como poco a poco todos perdíais la fe y os ibais separando. Tu la estás perdiendo aunque te empeñes en negarlo cuando te preguntan. Lo veo en tus ojos, lo noto en cómo actúas, en tu ánimo. Temo por ti, temo por si no eres capaz de soportar este dolor. Te estás hundiendo en un mundo donde no hay lugar para la alegría. ¿Dónde está tu sonrisa, Rinoa? Esa que me robó el corazón. También se ha desvanecido, como la amistad, la alegría y como yo.

¿Va a ser así para siempre¿Nuestro cuento de hadas terminó? Entonces…no todos los cuentos tienen un final feliz. La magia se ha ido y solo han quedado escombros de esos sueños y planes que trazábamos juntos.

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El fin de año se acercaba y los preparativos ya hacían acto de presencia en las calles de Balamb. En el puerto se había instalado una torre con un reloj dorado, que aun no estaba en funcionamiento, sus agujas estaban completamente paradas. Rinoa lo observaba desde la ventana de un bar cercano. Su vida estaba en el mismo estado que esas agujas, para ella el tiempo no pasaba. Su vida estaba tan vacía…no veía un futuro para ella, sentía que no saldría nunca de la situación en la que se encontraba.

Se sacudió esos pensamientos de la cabeza y puso toda su atención a su acompañante, quién guardaba un extraño silencio. Se veía tan frágil… no parecía Seifer Almasy.

-¿qué es eso que querías decirme? –Parecía que para descubrirlo la muchacha tendría que arrancarle las palabras.

El joven rubio levantó la vista del punto indefinido de la mesa dónde se había perdido. Observó todo a su alrededor, como si quisiera hacer una fotografía mental de eses momento. El último momento de felicidad en Balamb.

-Echaré de menos todo esto. –Un tono de melancolía podía leerse en la voz de Seifer.

-¿Cómo?-preguntó Rinoa con el ceño fruncido.

-Me voy, Rinoa.

La muchacha abrió la boca, parecía que iba a replicar algo pero en seguida volvió a cerrarla. Recordó lo que Selphie le había contado: el incidente de la cafetería de días atrás.

-¿te han echado?

Sabía cual sería la respuesta. A lo mejor lo preguntó esperando una respuesta contraria a la verdad, para así esquivar la realidad. Era triste que Seifer tuviera que irse de lo que había sido siempre su hogar. La vida es cruel.

-Cid y Edea solo me echaron una buena bronca. Soy yo quien ha decidido irse.

Un año atrás jamás hubiera imaginado s Seifer Almasy rindiéndose ante nada. Nunca sabemos lo que no depara el futuro. Una vez se lo había dicho a Squall y seguía pensando lo mismo. Tampoco hubiera imaginado que Squall sufriría esa maldita enfermedad, ni que sus amigos ya no mantendrían ese lazo que parecía ser imposible de desatar.

-El Jardín ya no es mi casa.

Al chico le costaba soltar las palabras pero necesitaba hablar con alguien. Rinoa era la persona que más apreciaba, la única en el Jardín con quien podía confiar.

-Una casa es un lugar dónde si te equivocas te entienden, un lugar al que regresar, dónde te sientes cómodo…

-Dónde te sientes seguro y que cuando te quedas atrás la gente de ahí te esperan con una sonrisa…sé a lo que te refieres. –Rinoa terminó la frase de Seifer, realmente podía entender su decisión.

Casa…Ahora ella tampoco tenía un hogar. El Jardín lo había sido hasta que Squall enfermó. Su casa era ahí dónde Squall estuviera con ella, dónde pudieran estar juntos y felices. Ahora ese edificio solo representaba todos los sueños perdidos de un día para otro y todas las ilusiones olvidadas.

Edea le había dado ánimos a Seifer una y otra vez. Según ella los alumnos no tardarían en olvidar lo ocurrido durante la guerra. Pero ese día nunca llegaba y Seifer no se sentía bien en ese lugar. Desencajaba. Pero Balamb era su infancia. Tantos recuerdos dejaba ahí…aunque comprendió que no se puede vivir en el pasado, no cuando ese pasado convierte tu presente en un infierno.

-¿Dónde irás?

-En FH. Trueno tiene un tío empresario que ha abierto una nueva sucursal allí y necesita personal. Además, ahí a penas llegó la guerra así que no me conocerá nadie.

El silencio invadió el ambiente. A veces lo que puede expresar más no son las palabras sino la ausencia de éstas.

-Podéis venir a verme alguna vez. –Comentó Seifer casi en un susurro.

-¿podéis?

-Sí. Tu y Squall, cuando se recupere.

Esas palabras retumbaron en el interior de Rinoa. Seifer…ella sabía que hablaba en serio, sí, él aún creía en Squall. Y entonces se dio cuenta de que ella había perdido ya la esperanza ¿cuándo, cuándo había dejado de creer en su caballero?

El joven se levantó, buscó en su bolsillo y sacó un billete que dejó sobre la mesa.

-Invito yo.- dijo antes de girarse y caminar hacía la puerta del bar.

-¡Seifer! –la morena le gritó antes de que saliera- Vendremos.

Seifer sonrió y sin más, se fue de allí en dirección a la estación de tren.

Rinoa sonrió, el echaría de menos pero ese chico merecía rehacer su vida. Entonces condujo su mirada hacía el billete y frunció el ceño, había otro papel. Lo cogió y lo abrió. Una nota.

Despídeme de Squall, Cid y Edea. MUCHAS GRACIAS POR TODO

Seifer

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Irvine volvió a coger la cajita que descansaba sobre su mesa. La abrió. Dentro había un precioso collar de oro. Era para la mujer que amaba.

El plan era dárselo en la fiesta de fin de año. Había ensayado tanto ese momento, imaginándose una y otra vez, hablando a solas, llorando a solas…pero seguía sin verse capaz. Él, el Don Juan más famoso de todos los Seeds, no era capaz de afrentar a un amor verdadero.

Acarició la cadena de la joya. Estaba fría, quizás su corazón quedaría igual de congelado que ese metal después de recibir la respuesta de Selphie. O quizás su corazón brillaría con la misma intensidad con que resplandecía ese collar a la luz del sol.

Volvió a cerrar la caja y la dejó en la mesa de nuevo. La trataba con tal delicadeza que parecía que en su interior albergara lo más importante del mundo. Para él, era así. Allí dentro había su corazón, de ese objeto dependería su felicidad. Si era aceptado o rechazado, eso era lo que en realidad guardaba esa caja.

Una sonrisa se asomó en su rostro.

-Parezco Squall.-Se dijo a si mismo.

Recordaba como Squall se había enamorado locamente de Rinoa, como había puesto su vida en peligro, queriendo darlo todo por ella. Se preguntaba si él haría lo mismo para Selphie. Lo dudó. El vínculo que unía a Squall y Rinoa no era un amor de adolescentes, era algo mucho más profundo. Era el amor verdadero, un amor entre caballero y bruja. Él debía protegerla, ser capaz de dar su vida por ella. Amarla hasta el fin de sus días. Eso era lo que significaba ser el caballero de la bruja.

Por un momento una extraña sensación de celos y envidia recorrió su cuerpo. Le hubiera gustado saber que él y Selphie también estaban unidos por un vínculo incondicional incapaz de romperse. Ser su caballero también. Tener la certeza de que ella lo amaría siempre.

Solo podría saber lo que Selphie sentía cuando le diera ese collar.

-Parezco atontado.

Se sentía estúpido. Solo pensar en ella, hacerlo todo pensando en ella…el amor parecía ser algo estúpido. Los acontecimientos de los últimos meses le habían hecho pensar mucho últimamente. Él estaba enamorado de esa muchacha alegre y divertida. Había visto morir a Rinoa el día en que Squall sufrió ese accidente. Aún se sentí culpable. Sabía que esa bruja jamás volvería a ser feliz, a sentirse viva, si su caballero no regresaba con ella. Había visto como poco a poco su vitalidad y sus ojos vivaces se fueron apagando. ¿Tenía sentido el amor? Para un caballero y una bruja sí. Eso había dicho Edea una vez, el amor era el vínculo que única para siempre a caballero y bruja, y era eso lo que hacía que los poderes de la mujer no se escaparan de sus manos: su caballero, su amor. ¿Y para el resto de la humanidad¿Qué sentido tenía el amor? Se feliz, pensó. Pero con los años la pasión se iba disipando hasta morir. No, el amor no tenía sentido si no eras el caballero de una bruja y al estar seguro de esa afirmación odió a Squall y a Rinoa por unos segundos. ¿Porqué solo ellos tenían derecho a ese amor verdadero? Celos y odios. Pero a la vez recordó algo más…Ellos dos, sus amigos, esos que gozaban de un amor puro e infinito…nunca habían podido gozar de su amor sin peligros. Primero la guerra y meses después la enfermedad de Squall, ésta quizás duraría para siempre. Eso tenía que ser aún peor. Tener ese vínculo tan fuerte con otra persona y no poder disfrutar de su compañía sin preocupación…así no serían nunca felices pero no podían salir de ese infierno porqué su amor era indestructible.

El amor era el sentimiento que podía traer la felicidad o bien, la desesperación. Los humanos podíamos salir de ello si la relación no funcionaba bien. El caballero y la bruja no.

Entonces sintió compasión pro sus amigos. Imaginar que era Selphie quién estaba en esa silla de ruedas y que jamás podía dejar de amarla…horrible. Al menos ellos, los humanos normales, podían olvidarse de la otra persona.

Se levantó y fue andando hasta la cama, dónde se tumbó. Le daría el collar a Selphie, si lo admitía sería feliz sino…tendría que resignarse y olvidarse de ella. Después de pensar en el infierno que estaban pasando sus dos compañeros de batallas las cosas para él parecían mucho más fáciles. Se habían visto rebajadas a un nivel inferior, pues su amor era igual de intenso pero no era para siempre.