Título: Avatar of a Thundercat. (Avatar de un Gato Trueno.)
Síntesis: Un extraño fenómeno climatológico trae consigo el nacimiento de una nueva entidad, un ser que para subsistir necesita un cuerpo con el que vivir en simbiosis, Harry, quien bajo las órdenes de sus tíos, aun sigue en las afueras, desprotegido y a la intemperie, sufre un desafortunado infortunio, que cambiará su mundo radicalmente sin que él lo sepa.
Tema a tratar: A pesar de que el nombre puede evocar un sentimiento de "nostalgia" hacia la serie THUNDERCATS, esto, NO ES UN CROSSOVER, ni contiene referencias a la misma. La criatura esta basada en la fábula del THUNDERBIRD, una criatura de leyenda que curiosamente, J.K.R no incluyó en su mundo, (Junto con muchas otras.) Es solo una idea que yacía en mi cabeza sin dejarme descansar.
Parejas… ni idea, puede ser de todo a decir verdad.
Prólogo
Los cielos estaban oscuros, cubiertos a pesar de ser las cuatro de la tarde, en una amalgama de grises que parecían oscurecerse hasta el punto de formar un fúnebre negro, un ocasional destello detrás de las formaciones, revelaba lo que toda la ciudad sabía estaba por ocurrir.
Los niños corrían rumbo a sus hogares, en un intento desesperado por huir de lo inevitable, de escapar de los terribles estallidos y el poder que representaban, con cada nueva explosión, se podía escuchar muy de cerca los gritos de alguna mujer, temerosa de lo que ocurre, a pesar de estar debidamente protegida de cualquier daño posible.
Las familias se conglomeraban, los padres intentando calmar a sus pequeños, algunos sonriendo ante la inocencia de los mismos, otros, intentando convencerse a sí mismos de que no había peligro alguno, de que sus hogares los protegerían.
La primera señal de lo inevitable vino con un terrible vendaval, proseguido de cerca por el sonido del agua precipitándose por y sobre la tierra, el inicio de la tormenta más grande que jamás halla visto el pueblo de Little Whinging, las familias observaban en mórbida fascinación los embistes de la naturaleza, sintiéndose seguros dentro de las cuatro paredes que conformaban sus distintos hogares; algunos miraban en burla el acontecimiento, convencidos completamente de que no había nada de que preocuparse, de que el hombre había ascendido hace mucho el peligro de la naturaleza, otros, simplemente guardaban silencio, contemplando el espectáculo.
Los cielos se dividían en distintos espectros de colores, espléndidos ante su continuo centellear, los rayos, seguidos muy de cerca por los truenos, adornaban el firmamento, otorgando por breves momentos un toque de violeta y azul.
En Privet Drive, una comunidad de hogares que residía en la parte más alejada de Little Whinging, la situación no era muy distinta, salvo, la presencia de un joven de catorce años, miserable y mojado, temblando de frío y enojo ante las tareas que tenía que culminar en el patio trasero de la casa enumerada con el 4.
Su cabello, alguna vez rebelde e incontrolable, estaba pegado a su cabeza, completamente húmedo por la lluvia, su piel pálida como la leche gracias al frío de la atmósfera, hacia que este resaltara más de lo usual, dándole una apariencia espectral al chico.
Sus ropas, demasiado grandes para su envergadura, se aferraban a su cuerpo empeorando su situación, al conservar más el frío que alejarlo, sus pantalones apenas sujetos por una correa desgarbada, amenazaban con caerse y separarse del chico, al estar más pesados de lo usual, el joven estaba lleno de lodo y desperdicios de la tierra, que poco a poco eran lavados por la lluvia que le golpeaba inclemente.
Los vecinos ignoraban la escena, no era de su incumbencia el involucrarse en lo que no les competía, después de todo, nadie quería sentir lástima por el delincuente que sufría un bien de seguro merecido castigo. Ignorantes de la falacia en la que eran parte, el chico, nombrado como Harry James Potter, limpiaba las canaletas de la casa en la que residía, su tío le había ordenado el limpiarlas con tal de que estas no se desbordaran. Él, resignado a que una negación o simple mención del temporal en desarrollo solo empeoraría las cosas, por lo que aceptó su destino, aparentemente acostumbrado, resignado a que merecía lo que estaba sufriendo.
Sus manos temblaban profusamente, debía estar loco para no temer a los estallidos y luces que destellaban a su alrededor, pero parte de él se sentía culpable de estar con vida, de seguir teniendo la capacidad para temer, cuando Cedric nunca lo volvería a hacer. Se recriminaba el quejarse de tan patética situación, merecía esto y mucho más, el haberles fallado a todos, al haber permitido que semejante monstruo venciera y regresara a la vida.
El solo recordarlo provocó que el chico ejerciera más fuerza sobre la canaleta, imponiendo su peso y ocasionando que esta cediera con violencia hacia el suelo, él siguiéndola muy de cerca, e impactando contra ella al alcanzar el suelo.
Sus lentes no sobrevivieron el impacto, su rostro estaba sangrando copiosamente debido a su brusco contacto con la superficie metálica de la canaleta, polvo y desechos animales inundaban su rostro, incrementando aun más su humillación, su respiración era agitada, una mezcla de llanto y dolor imperaban en él. En el fondo podía escuchar la voz encolerizada de su tío, recriminándole y desprestigiándole por el daño que ha ocasionado, jamás preguntando nada concerniente a su bienestar.
Pronto su tía se unió al lado de su marido, gritando ofendida y sulfurada porque había osado caer sobre sus flores. Dudley, su primo, se reía a todo dar, burlándose de su precaria situación, tildándole de imbécil al no poder hacer una labor tan simple sin ocasionar problemas.
Él no les escuchó, su pecho estaba apretado, su cabeza no paraba de doler, y sus ojos ardían ante el sucio y la sangre que entraban en ellos. Aplacó a su conciencia, que gritaba indignada que aceptase tales palabras sin refutar, ya que él se consideraba indigno de misericordia, no cuando la muerte de Cedric aun pesaba sobre su cabeza, cuando la prueba de su derrota en contra de Voldemort estaba aun cicatrizando.
Fue entonces cuando una enorme luz destelló en sus alrededores, encegueciéndolo por completo, una enorme explosión le ensordeció, opacando los gritos de sus familiares, por un instante creyó estar muerto, al no sentir más dolor o las gotas de lluvia impactar sobre su piel, mucho menos frío o la canaleta toda rota debajo de su cuerpo, ni siquiera la dureza del suelo.
"Grandioso," pensó para sí mismo, el rencor en su entonación no pasó en lo absoluto desapercibido, "¿Quién lo imaginaría? sobrevivir a Voldemort, solo para morir a causa de una caída limpiando la canaleta." Había un dejo de locura, incluso desesperación en sus palabras, deseaba que todo terminara, no tener la presión de regresar a un mundo donde todos estaban decepcionados en él, de sus fallas e incapacidad.
Un mundo donde todos le observaran como un recordatorio de la muerte de Cedric, la razón por la que muchos discuten, ¿Por qué tuvo que regresar él, quien era un simple inmiscuido?
Estaba agotado de las expectativas, de ver en el rostro de los mayores que esperaban ser salvados, que ellos no harían nada, que ÉL tenía que hacerlo por ellos, ese era su trabajo. El salvarlos a todos.
Fue allí que escuchó el ronroneo, un sonido que conocía muy bien gracias a los innumerables gatos de la vecina. Intentó ignorarlo, lo menos que necesitaba era que alguna de las molestas bestias interviniera. Pero el animal insistía, de hecho con cada segundo transcurrido su ronroneo aumentaba en potencia, hasta el punto en que ignorarlo ya no era una posibilidad.
Por un instante estaba confundido, ¿que gato podría emitir semejante estruendo? De hecho, el ronroneo había dejado de serlo y ahora que se percataba le recordaba al sonido de la electricidad navegar por los transformadores en cada esquina.
Abrió los ojos, encontrándose en un mundo repleto de blanco; infinito, y sin dimensiones que justificar, sin arriba ni abajo, sin cielo o tierra, solo un blanco perenne.
El sonido provenía de todos y de ningún lugar, lo cual le llevó a pensar que realmente estaba muerto.
Sus heridas habían desaparecido, podía ver a la perfección a pesar de que no portaba sus lentes, su pecho ya no apretaba, su cabeza no dolía, y su cuerpo no se retorcía por el frío de la lluvia en sus ropas. De hecho, se encontró desnudo, tal cual llegó al mundo, libre de toda posesión física, solo con su piel sin barreras que la oculten y camuflen su fragilidad.
Se asustó, como no hacerlo, a pesar de sus pensamientos sobre muerte y castigos merecidos, ningún ser vivo deseaba dejar de vivir, su corazón se aceleró al punto de que sospechaba rompería su pecho en cualquier momento, intentó regresar a su cuerpo, temiendo que ahora no era más que un espíritu en el limbo, pero eso solo provocaba que el sonido incrementara su intensidad, hasta el punto en que ya no asemejaba un ronroneo, sino un rugido lento y amenazante.
Y así fue, como pareció correr por horas sin dirección aparente, desesperado por encontrar un camino de vuelta, algo que lo llevare al mundo de los vivos, pero era en vano.
El sonido de un trueno sacudió su ser, al punto de que cayó de bruces en el suelo, o lo que creía era el suelo, completamente desorientado, confundido, incluso adolorido.
Fue allí que supo que no estaba muerto, se supone que no hay dolor en la otra vida… ¿O Si? Sonrió, seguido muy de cerca por una carcajada, que pronto murió en su garganta, cuando una nueva pregunta surcó por su cabeza. ¿Dónde estaba?
La respuesta vino rápidamente a él ante el impacto de un rayo justo al frente de donde había caído, a tan solo un par de metros de su persona, por un segundo el destello lo encegueció, pero con el pasar del tiempo su vista se aclaró y justo donde había ocurrido el impacto, se encontraba un enorme león, o al menos lo que asemejaba mucho a uno de ellos.
Gritó en sorpresa y temor, intentando alejarse solo para descubrir que no podía moverse, que sus pies estaban pegados a la tierra, y que por más que lo intentara no podía desprenderse.
La bestia rugió, fuerte y ensordecedoramente, le sorprendió descubrir que su sonido asemejaba más aun trueno que a cualquier otra cosa. Su piel era azulada, con un aura violeta que le rodeaba por completo, sus ojos eran de un gris claro y sin retina, su cola era larga y parecía ser felpuda al final, la mecía de un lado al otro, como un gato domestico solía hacer cuando estaba interesado en algo.
Sus patas eran impresionantes, largas, robustas y al igual que la cola su pelaje era más mullido al final, no necesitaba verlas para saber que por debajo de cada dedo había almohadillas para amortiguar y silenciar su andar, además de que unas posiblemente letales garras se escondían esperando ser plegadas.
Harry estaba ensimismado, consumido por completo por la apariencia de este animal, este ser que destilaba poder y presencia, exigiendo respeto y una buena dosis de temor en el adolescente.
No podía evitar enfocar sus ojos en los del enorme felino, observando con asombro que de los mismos destilaba una especie de humo; no, electricidad que asemejaba humear al dispersarse en el aire, otorgándole aun mas imponencia a la ya de por si magistral criatura.
El inmenso felino alzó su vista, enviándole para sorpresa de Harry, una petición, un trato en el cual ambos saldrían ganando, la magia del mundo había creado una nueva especie, una que necesitaba un cuerpo huésped en el que albergarse, una existencia simbiótica que ofrecía más ventajas que detrimentos.
Incluso en ciertos puntos ambos podían vivir separados, no por mucho tiempo, pero entregaba un aire de libertad, fuerza y eterna compañía que el chico se encontraba presionado por no rechazar, ya que como muchas criaturas creadas por un flujo salvaje de magia, solo existía una ínfima oportunidad de conseguir su objetivo antes de que el tiempo se agotase y desaparecieran, para jamás pisar nuevamente la tierra.
Harry sería el primero, el único por un tiempo, habitado por un ser andrógeno, un hermafrodita que necesitaba estabilizarse antes de dividirse y alojarse en otro huésped en el momento en que los sexos tengan que crearse.
El adolescente no pudo negarse, comprendía en cierta forma el sentimiento de supervivencia que la criatura despedía, al igual que el no deseaba morir, por lo que resignado a ser más inusual aun, Harry aceptó ser el único huésped en el mundo de un Thundercat.
El primero de muchos que vendrán.
La bestia soltó un rugido que Harry solo pudo interpretar como euforia, antes de arrojarse hacía él y fusionarse en un simple destello. Despertó justo en la posición en la que había caído al estar limpiando la canaleta. Con el rostro lleno en sangre que lentamente era lavada por la lluvia, sus heridas cerradas, su dolor curado y su vista, milagrosamente perfecta.
Estuvo desubicado por algunos instantes, antes de que la mano de Vernon le tomara del cuello de su empapada camiseta y lo alzara con violencia del suelo, asfixiándole por algunos segundos, antes de que el felino dentro suyo decidiera que era suficiente y liberando una fuerte carga eléctrica, arrojó un par de metros a la ballena humana, que gritaba tanto de sorpresa como de dolor.
Los gritos de Dudley y Petunia se alzaron por encima de los truenos de la tormenta, Vernon ahora yacía en el suelo, inmóvil, sin respirar y completamente pálido al haber ocasionado que sufriera un paro cardiaco.
Harry se aterró, odiaba a los Dursley, pero no deseaba verlos muertos, mucho menos ser la causa de su deceso. Por lo que corrió en dirección de su tío, registrando que su cuerpo aun estaba caliente, la bestia se negaba a revivir al sujeto que hace poco le agredió, pero Harry, encontrando un valor y agresividad que no sabía poseía, le ordenó que obedeciera a su comando y para su sorpresa el animal lo hizo al pie de la letra, enviando una corriente desde las manos del chico, hasta el pecho del hombre, reiniciando su corazón y salvándole en el acto.
Vernon aspiró aire con furia, rellenando sus pulmones lo más velos que podía con tal de asegurarse a si mismo que seguía con vida, lentamente se alzó con sus brazos, sentándose sobre su enorme trasero mientras miraba de un lugar a otro intentando ubicarse. Petunia salió disparada de la casa, con una sombrilla en mano, ansiando cubrir su escuálido cuerpo del torrencial aguacero.
Dudley se escondía detrás de la puerta principal, observando a Harry con algo que solo podía identificar como simple y puro terror, su tía se detuvo a pocos metros de él, jamás acercándose a su persona, solo lo suficiente como para hablarle a su marido sin la necesidad de gritar.
Vernon se alzó inseguro y confundido, miró a Harry por un par de segundos y le pidió que se marchara a su cuarto, ni grito, no escupió, y mas extraño aun, no le ordeno, simplemente le pidió que se marchara a su cuarto, sacando un chillido de incredulidad de Petunia, que le miraba aterrada al ver que sin titubear el chico había obedecido, presuroso de salir del torrencial aguacero.
Dudley se apartó de la puerta gritando y temblando, casi como si la misma lo hubiese quemado, pero Harry no le prestó atención, simplemente subió las escaleras rumbo a su alcoba e intentó ignorar la ruidosa respiración de su primo, en conjunción con sus alarmantemente sonoros latidos de corazón.
No le importó, no mientras pudiera descansar luego de tal experiencia, tanto él como la criatura imploraban por descanso, y nada ni nadie se interpondrían en su camino.
