ACTUALIZACIÓN: En el momento en que la primera escena termina (está delimitada por una raya) empieza el POV de Finnick. Si, soy tan maravillosa que no me acordaba de que mis lectores no se pueden meter en mi cabeza.


Los siguientes días de entrenamiento transcurren con una rutina a la que es fácil acostumbrarse. Un poco de entretenimiento, comer, más entretenimiento.

Porque lo que es entrenar, desde luego no lo hago.

Me dedico a hacer una ruta por todos los talleres que no consisten en matar indefensos maniquíes.

Es curioso como la última vez que estuve aquí ni me fijé en nada que no consistiera en aniquilar todo ser viviente. Mi especialidad eran… todas las armas. No sabía hacer nada más que eso, y aún ahora no tengo otro talento especial.

Sin embargo no pienso empuñar un arma nunca más.

Además, no estoy en forma. En mis primeros juegos tenía un físico envidiable, brazos musculados, piernas largas y atléticas y un vientre plano. Ahora soy básicamente una bola de sebo con patas.

Si mi yo del pasado me viera ahora probablemente me zurraría hasta que escupiera sangre. Así de maravillosa era, bueno, soy.


Annie va por el mal camino, y me está sacando de mis casillas.

¿Porqué pasa del entrenamiento? ¡Está desaprovechándolo!

Un buen entrenamiento, aunque solo sea un simple recordatorio, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. No me pienso separar de ella, pero si algo ocurriera sé que estaría indefensa.

Y allí está, pescando pacíficamente de nuevo. Me dan ganas de arrearle una bofetada y ponerla de patitas en la zona de armas. Sé que es buena, que tiene potencial. Al menos lo tenía en sus anteriores juegos.

Sé que su problema con el entrenamiento y todo lo que rodea las armas radica en el trauma que le supuso sus juegos. Al fin y al cabo está desequilibrada, aunque menos de lo que todos piensan, incluso de lo que ella piensa.

En sus juegos ocurrió básicamente. Annie Cresta, alias "la máquina de matar" en aquellos tiempos, se presentó voluntaria para los 70 juegos del hambre. Ningún chico estaba listo para aquella promoción, por lo que las academias que secretamente entrenan a los niños dejaron que ese año fuera escogido alguien verdaderamente al azar.

Y éste fue Elrik, el adorable hijo del alcalde.

Elrik no era del todo normal, se sabía que el niño sufría un ligero retraso. Eso si, como el alcalde te pillara diciendo algo así te mataría sin dudarlo. Cuando fue elegido, su padre estuvo a punto de enfrentarse a los pacificadores y la guía.

Se ve que en aquel momento Annie le debió echar una mirada de superioridad, porque desde ese instante el alcalde quiso a Annie muerta.

Durante el transcurso de los pre-juegos, es decir todo el período de tiempo que se dedica a la desfilada, las entrevistas y el entrenamiento, Elrik se ganó el corazón de los capitolinos y fue el orgullo del distrito cuatro de maneras que Annie nunca podría serlo.

El niño se comportó de forma adorable, completamente ajena y desconocedora de lo que iba a ocurrir. Al parecer su padre nunca le había mostrado los juegos por miedo a que se asustara. Su naturaleza soñadora y amable, además de que solo tenía 12 años y en su momento había sido un niño prematuro, hicieron que Elrik desbancara a Annie como a quien todo el mundo quería ver ganar.

Esto le sentó fatal a Annie, ya que además de ganar, lo que quería era llegar a casa con toda la gloria. Eso es lo que enseñan las academias prepara tributos.

Cuando empezaron los juegos de verdad, Annie se comportó como una asesina modélica. Sus estrategias y movimientos fueron sabios y premeditados, y sobretodo a sangre fría. Se alió con quien debía, mató a quien debía pero a la misma vez no dejó escapar a nadie que se interpusiese en su camino.

Los tributos casi estaban en la recta final, y para alegría de todos Elrik seguía vivo. El motivo de esto era que ninguno de los tributos se había atrevido a matarle. Los sanguinarios del distrito uno y dos no lo habrían dejado escapar, pero Annie ya se había encargado de eliminarlos.

No obstante todavía quedaba el chico del distrito 2, que habilidosamente se había escapado de Annie.

Elrik se encontró finalmente con Annie tres días antes de que los juegos terminasen. Ella evidentemente estaba deseando ese encuentro, ya que él le había arrebatado toda la fama que se merecía. Pero cuando lo vio, aterrorizado, con el rostro apagado y el cuerpo mugriento, no se atrevió a tocarlo.

De hecho, lo ayudó. Una caída tonta lo había dejado medio inmóvil, y se arrastraba de un lado a otro. Annie lo puso a cubierto y lo medio curó, ya que evidentemente no se había parado a aprender en los talleres de primeros auxilios.

La esperanza que el niño emanaba debió enternecer a Annie, porque en las pocas horas que estuvieron juntos ella no se separó de él.

No obstante, los juegos son los juegos.

El chico del dos apareció de la nada y agarró al niño. Una chica del nueve que había sobrevivido milagrosamente sacó un hacha y rajó el brazo del niño. Annie se abalanzó sobre ella, ganándose varios cortes. No obstante la chica estaba en mejores condiciones que Annie y se libró de ella, cortando limpiamente la cabeza de Elrik.

Ésta cayó en la falda de Annie, cubriéndola toda de sangre.

Hecho esto el chico del dos mató a la chica del nueve a sangre fría, cubriendo a Annie de más sangre todavía. A continuación se acercó a Annie amenazadoramente y le gritó que todo había sido su culpa, que estaban muertos por su culpa. Alzó el cuchillo que había usado para matar a la chica y casi apuñaló a Annie.

Annie se defendió utilizando la cabeza de Elrik como escudo, cosa que evidentemente no fue buen recibida en el distrito. En un afán de supervivencia la chica consiguió herir gravemente al chico y tras eso se escondió en una cueva.

Su mente ya estaba quebrantada para entonces.

Después de eso hubo un terremoto (todavía no se sabe si fue por causas naturales o por una acción del capitolio) y la arena se inundó por completo. Annie fue la única que sobrevivió.

Pero cuando volvió al distrito se encontró con que todo el mundo la odiaba. Elrik era el preferido, y el alcalde se había encargado especialmente de infundir rumores y calumnias sobre ella para que cuando volviera no fuera bien recibida.

La ayudé durante un año entero, en el que no mejoró demasiado. Annie sufre de cierta claustrofobia, además de que ha perdido toda la autoestima que tenia y ha adquirido diversos problemas alimenticios.

Después de ese año recibí una nota donde me recordaban mi acuerdo. Además, si no lo cumplía esta vez Annie pagaría todas las consecuencias.

"Annie, tenemos que hablar" Le digo, no tiene escapatoria. Ya ha desperdiciado los entrenamientos, pero ahora no puede destrozar su última esperanza. Su entrevista.

Los patrocinadores no apostarán por ella, tiene un tres de puntuación.

"Te lo vuelvo a repetir, porque me estas desquiciando… bueno, si fuera posible desquiciarme más, que no creo. Deja de controlarme y de actuar como mi mentor. Hiciste un excelente trabajo, pero no quiero tus servicios. Preocúpate de ti mismo."

"Quiero cuidar de ti."

"Ya, como has estado haciendo todos estos años ¿Te doy pena ahora, Odair?"

"No sabes nada."

"No te pongas dramático, señorito Odair. Si me hace falta un buen polvo picaré a tu puerta."

La mato.

"¡¿Quieres parar, niñata?! ¡No sabes nada! ¡Deja de hacerte la lista cuando todos sabemos que estás loca!"

"¡Pues párame! ¡Adelante!" Grita, desafiante. Pequeñas lágrimas se asoman por sus ojos.

"¡A la mierda! ¡Apáñate tu sola y que te mueras pronto!" No, Finnick, para. Que haces. Porque has dicho eso. Retíralo ahora mismo.

Annie es la única persona que me puede hacer perder la compostura.

Me tira un cojín, seguido por los veinte más que decoran la cama.

"¡Moriré por ti, so capullo!" Me tira el último cojín. "¿Lo entiendes?" Me tira el cubrecama. "¡Me mataré!" A falta de cosas que lanzar, me escupe en la cara. "¡Desagradecido!"

Y con esto, lo que parece un ataque de pánico empieza.

N/A: Vale, os he dejado con la intriga un pelín. Ahora ya sabemos que pasó con la Annie que he imaginado. Pobre Elrik. Espero que ahora haya quedado claro todo el odio hacia ella.

¡Nos vemos en el próximo capítulo!