Capitulo 8 – Lluvia Negra

Notas: Muy buenas a todos. lamento muchísimo la tardanza y de que el nuevo capitulo haya quedado algo más corto de lo esperado, pero espero que disfrutéis la continuación y que podáis comentar lo que queráis. Espero con ansia vuestros reviews, con cada uno me dais fuerzas y ánimos para continuar el fic. Gracias y espero que os guste~

-Ummm...vamos estúpido baúl, ¡ábrete!...-maldecía Lovino poniendo toda la fuerza que podía en sus manos, maldiciendo en alto y con insultos- ¡ábrete, idiota!

Tras casi ahogarse por ni siquiera respirar haciendo presión, la caja pesada y grande terminó por ceder y abrirse de golpe, haciendo que el pequeño se cayese sentado en el suelo. Bufó y miraba orgulloso al poder abrirlo.

-hump! Te abriste, caja idiota, soy más fuerte que tú – continuaba los insultos bobos hacia el baúl de madera, en el cual se volvió a subir y cogió un par de pergaminos que tenía dentro. Tomó varios de ellos, e inmediatamente bajó corriendo hacia el escritorio del cuarto, donde arriba del todo se encontraba una pluma fina y un bote con tinta. Cuando Lovino fue a cogerla varias gotas de tinta negra cayeron sobre la mesa, pero no se dio mucha cuenta y se llevó los trozos de pergaminos a un rincón del suelo.

Una vez tenía todo listo, el menor comenzó a escribir con pésima letra, no sabía escribir en el nuevo idioma, pero trató de unir letras y formar palabras. Sin ayuda de la belga, quiso redactar su primera carta.

"Hola jefe bastardo.

¿Cómo estás? Yo estoy muy bien porque tengo todo el tiempo del mundo para no aguantarte. Han pasado 3 meses desde que rompiste tu promesa y saliste de aquí...quiero recordarte que eres un idiota.

Hace mal tiempo y está haciendo mucho frio, pero Emma es muy buena, no como tú bastardo, ella cada vez es más bonita y cariñosa conmigo...hoy me ha preparado unos dulces que estaban deliciosos, como está haciendo frio me dijo que los comiese dentro de la casa. ¡Ah! Y su hermano sigue igual, esta igual de cruel y molesto, por eso a veces pienso que es un idiota. Pero me cuenta historias de terror algunas noches, ¡p...pero no me dan miedo!.

Dice que un tiburón gigante te ha comido y que está muy bien sin ti en casa, pero luego Emma le grita y se enfada, aunque es una chica bonita da miedo si se enfada...También tengo otra cosa que contarte, mientras tú estás haciendo el idiota por el mar he hecho mi propio huerto, ¡Es mucho mejor que el tuyo! ¡Y mis pomodori están muy buenos!. Seguro que te pondrás a llorar de envidia cuando lo veas, bastardo.

Dice Emma que volverás pronto...pero es mentira. Ella me lo dice para que no sepa que estas en ese sitio tan estúpido y que no quieres regresar. ¡Pues no te necesito y no tienes que volver! Estarás en ese enorme barco tuyo sin querer venir a casa...yo ya soy mayor y no necesito ningún jefe idiota como tú.

Y..Y si vuelves...no te dejare entrar a mi huerto.

¿Sabes una cosa? a las noches en tu casa hace mucho más frio, y ya se hace de noche muy temprano...son silenciosas y muy frias, y a veces no puedo dormir...pero no significa que tenga miedo o que extrañe tus cuentos con el libro...Debes estar ocupado yéndote de viaje tu solo y viendo sitios por ahí fuera.

Últimamente Emma me lleva con ella a las afueras de la ciudad, y me dice que en cuanto regreses, entraras por esas grandes puertas que nos protegen de los enemigos...pero me miente siempre, es una mentirosa, sé que no vas a volver nunca más.

N..no pienses que me importa, solo porque eres un mentiroso bastardo no la creo.

Ya sé que no te va a importar, pero he encontrado un amigo. Su nombre es Uccelino y ahora juega conmigo todos los días. Lo encontré en el jardín hace unas noches, estaba piando y con un ala rota, y yo se la curé. Si alguna vez regresas verás lo bueno que se ha puesto y ya está curado, jugamos juntos todo el tiempo y es mi mejor amigo. Ojala no se marche nunca...igual que tú lo hiciste...

...Torna presto

Italia Romano"

Los días iban pasando y llegó el invierno. Cada noche el pequeño Lovino aprendía a escribir y hacia cartas con todas las cosas que pasaban, haciéndolas como un pequeño diario. Se las entregaba a la muchacha belga para que con cierta esperanza se las enviara a Antonio, esperando que sus cartas llegasen y que con suerte, pudiese leerlas y volviese a casa. Lamentablemente, ninguna podía llegar. A medida que el tiempo pasaba, su secuaz se sentía con más pesar y tristeza contenida, cuanto más veía pasar el tiempo, menos podía creerse las palabras de Emma, lo que parecía ser una mentira suya, era una cruda realidad. Antonio no volvería jamás a aquella casa.

En una de esas noches muy frías y oscuras, comenzó a llover con fuerza. La lluvia aumentaba sin parar, y el viento hacía rechinar los bordes de las ventanas. Las ráfagas de aire tiraban los árboles con tal intensidad que podía escucharse cómo caían desplomados. Pronto las nubes que traían la horrible tormenta, anunciaron los truenos. Potentes y sonoros truenos que conseguían oírse como si vibrase el suelo entero. Aquella tempestad era poco más que horrible.

Lovino abrazaba las sábanas con toda la fuerza que podía, temblando y escondiéndose en ellas, el miedo le entraba por todo el cuerpo, y con lloros bajitos suplicaba que regresase y le protegiese.

-A...A...Antonio...v..vuelve..

Intentaba cerrar sus ojos y tratar de suplicar para que parase la tormenta, pero con los truenos chillaba asustado.

En ese momento, el menor pudo ver ante sus ojos por unos instantes la imagen de España, hundiéndose bajo las aguas con la tenebrosa tormenta junto con las naves. Abrió los ojos de par en par, gritando en un fuerte llanto, lanzándose corriendo a la entrada de la casa. Forzando la puerta, consiguió abrirla dificultosamente, mientras esta se terminó de mover rápidamente de golpe con la ventisca. Con la lluvia cayendo a fuerza, Lovino salió corriendo empujado con el viento hacia los lados, mientras corría y gritaba.

-¡Antonio!...¡!ANTONIO!- chillaba envuelto en lágrimas sin dejar de correr de un lado a otro por fuera de la casa, llamándole y pidiéndole ayuda.

La joven y su hermano salieron de los dormitorios al escuchar a Romano gritar y bajaron a buscarle todo lo rápido posible.

-¡¿Lovi?! ¡Lovi! ¡No salgas! ¡Regresa! – gritó Emma aterrorizada al ver la puerta de la entrada abierta, sin poder ver al menor con la oscuridad y la lluvia.

Ante los gritos de terror el rubio salió cubriéndose el rostro con el brazo, metiéndose entre la lluvia y el viento arrasador, intentando buscarle en dirección al bosque.

La tempestad se había hecho totalmente peligrosa, los relámpagos iluminaban el cielo mientras continuaba cayendo el agua con tal intensidad, pero Lovino corrió al fondo del bosque entre chillidos y llantos de dolor, solo pudiendo llamarle a Antonio. Ante los truenos, cayó al suelo con el temblor, dentro del oscuro bosque. El menor se arrastraba como podía, muerto de miedo y sin poder ver nada, sumido en la total oscuridad.

-An...tonio...n..no te mueras...¡n..no te mueras..! – lloraba fuertemente quedándose sin voz para gritar. Débilmente buscaba entre la tierra, tratando de encontrar el crucifijo que lanzó en el bosque para no poder verlo de nuevo.

Perdido en la tormenta se llenaba de barro completamente, creyendo ante lo que había creído ver, tenía que buscar el crucifijo de Antonio, no podía pensar que estaría muerto en aquellos instantes. Emma gritaba a lo lejos llamándole por todas partes, su hermano lo buscaba por los rincones, sin que ninguno pudiese verle a causa de la lluvia.

Bajo el roble que tenia arriba un rayó cayó en el gigantesco tronco, haciéndole caer al suelo rápidamente. Lovino trató de levantarse al ver que algo iba a caer encima de él, pero solo llegó a ver como todo se volvía negro de repente, manteniendo apretadas sus manos sobre la tierra.


-¡AH! – tras el grito la copa de cristal se rompió en pedazos en el suelo, manchandose todo de rojo con el vino.

El español se caía hacia la pared, llegando a sujetarse sin fuerzas con una mano en el borde de la puerta de su camarote. Pálido, y con todo su cuerpo sudando, se llevó una mano a la cabeza, tapándose del todo su cara con la mano. Podía sentir su corazón latir a prisa, estaba terriblemente asustado, y ante su piel deshidratada y mojada, miraba al suelo manchado con el vino que quedaba. Apenas podía moverse ni respirar. Antonio sintió cómo le comenzaron a brotar repentinas lágrimas, había tenido la sensación de que algo acababa de pasar, y su presentimiento temía que algo le hubiese ocurrido a Romano.

Tenía miedo, no sabía por qué estaba llorando ni por qué estaba tan asustado, pero no pudo dejar de llorar, cayéndose al suelo en sollozos débiles, y cerrando los ojos con sus manos tapándose el rostro.

-...Lovi...

Continuará….