He vuelto con otro emocionante capítulo! Disfrútenlo!
Capítulo 8. Mentiras verdaderas
Draco estaba realmente furioso, en los últimos 30 minutos se había paseado incontrolablemente por toda la sala de aquella cabaña, que compartía con los sobrevivientes del desastre de Raven y Jacob.
– ¡Esto es inconcebible! – Repetía el rubio por cuarta vez removiendo con desesperación su cabello.
– ¿Puedes dejar de caminar por favor? – Pidió Ronald desesperado al verlo dar vueltas por la cabaña una y otra vez.
– ¡Cállate Weasley! – Le gritó Draco lanzando su dispositivo de comunicación al suelo – ¿Qué se han creído todos en esta maldita casa? ¿Acaso estoy pintado en la pared?
– Creo que estás exagerando todo. Somos seres humanos, no robots y obviamente necesitamos diversión o algo que hacer diferente a espiar a la corporación "ACME" – Dijo Ron dramáticamente
– Por lo menos debieron avisar dónde iban a estar – Susurró más para él que para que Ron escuchara, sin embargo, el pelirrojo escuchó a la perfección. Lanzando un sonoro suspiro de cansancio Ronald se levantó del sillón donde estaba acostado y se detuvo frente a Draco.
– Está bien, si tanto te interesa te lo contaré. Pansy y Blaise fueron a la ciudad a tomarse unas cervezas, Ginny, Hermione y Donna están comprando algunas provisiones, Harry, Jacob y Luna fueron a entrenar cerca de las montañas y Theodore debe estar en su habitación, no lo he visto en todo el día. – Draco asintió retirándose del lugar, un profundo aire de desolación y tristeza lo acompañaba, Ron lo había notado, aunque no eran los mejores amigos y dudaba mucho que algún día lograran serlo, el pelirrojo no toleraba observar triste a las personas, así que hizo lo que su corazón le dictaba: Ayudar a alguien que necesitaba una palabra de aliento.
– ¡Malfoy! – Le llamó Ronald dándole alcance en la cocina, donde el rubio tomaba agua con su cuerpo recostado en la ventana. – ¿Estás bien? – Preguntó preocupado.
– Si – Contestó Draco con simpleza – ¿Por qué no habría de estarlo? – Allí estaba el Draco Malfoy que Ron conocía, el arrogante, el orgulloso, el que no daba su brazo a torcer.
– Solo pensé que te hacía falta estar con Hermione – La mueca de dolor casi imperceptible del rostro de Draco le dio las respuestas que estaba buscando. Así que eso era, el rubio platino estaba enamorado de la pequeña Granger y el llevar más de tres meses separados por una u otra cosa le estaban pasando factura.
– No te metas en mis asuntos Weasley – le dijo Malfoy con tono amenazador, pero Ron no se dejó intimidar así de fácil.
– Ella también te extraña – Le comentó con desinterés mientras comía una manzana que había tomado del frigorífico.
– Tú qué sabes – Le cuestionó el rubio levantando una ceja desafiante
– Sé mucho más de lo que te imaginas compañero. Te extraña tanto que la he visto un par de veces sin conciliar el sueño llorar por la cabaña. – Draco abrió los ojos sorprendido, si bien es cierto que la extrañaba demasiado y que le dolía su separación, jamás había demostrado nada ante nadie, saber que su Granger sufría en silencio al igual que él, le arrugó completamente el corazón – Ustedes se aman ¿No? – Preguntó Ron sin mirarlo – Deberían hablar, no es justo que ambos sufran si en realidad se quieren tanto. – Y así sin dejar que Draco respondiera, el pelirrojo abandonó la cocina dejando en Malfoy aquella espina de la curiosidad y de la tentación clavada en su mente.
…
La experiencia de caminar y entrenar en medio de la espesa vegetación, rodeada de árboles y flores silvestres estaba siendo muy tranquilizante para Luna. El intenso ajetreo de los últimos meses le estaba pasando factura. No había sido para nada fácil participar activamente en las peligrosas misiones que debían hacer y también ocultar a los ojos de todos sus amigos su relación con Theodore, con quien había vivido los tres meses más hermosos de su vida. Las fuerzas con la que entrenaba la obtuvo del último ataque que habían sufrido por parte de los agentes de Arklay, que por poco acaban con la vida de muchos niños en una disputa contra ellos.
Estaba tan absorta en sus pensamientos que no fue consciente cuando Jacob, quien últimamente había sido muy cercano a ella, algo que a Theodore lo sacaba de quicio, le había hablado.
– Tierra llamando a Lu – Le decía Jacob pasando una mano delante de ella. Luna reaccionó sonrojándose violentamente al haber cometido aquel fallo de perder la concentración, con una sonrisa Jacob logró traerla a la realidad.
– Lo siento Jake, estaba algo distraída – Le reconoció apenada bajando la cabeza
– Lo estás desde hace tres meses – Le dijo Jacob jocosamente, la rubia volvió a sonrojarse.
– Vamos preciosa, sigamos con el entrenamiento – Luna asintió y se disponía a seguir en su labor cuando escuchó un suave chiflido procedente de unos arbustos. Con cuidado se acercó a un gran matorral de donde creyó escuchar el sonido y vaya sorpresa se llevó al ser arrastrada hasta dentro del arbusto. Completamente asustada la rubia forcejeaba con su captor, hasta que su sentido del olfato percibió su olor, una suave fragancia masculina entre la menta y la canela, que para ella era difícil de descifrar.
– Hola – Le saludó al oído con voz ronca el hombre que la abrazaba. Luna sonrió tiernamente mientras entrelazaba sus manos en el cuello de él.
– ¿En serio tenías que raptarme Theodore? – Le preguntó en susurro con tono de reproche.
– Si – Le contestó Nott, como si aquello fuera lo más normal del mundo – No puedo dejar que el imbécil de Chang crea que eres de su propiedad
– ¡Oh vamos Theo! – Luna rodó los ojos exasperada – Te he dicho hasta el cansancio que Jake es solo un amigo.
– Eso es lo que él es para ti, pero te juro que tú no eres eso para él. Te puedo asegurar que está como un lobo hambriento esperando que caperucita baje la guardia para atacarla – La analogía que acababa de utilizar el castaño no le había agradado para nada a Luna, ella no era ninguna débil caperucita roja a la que un "Lobo hambriento" asechaba para atacarla.
– ¡No soy una pusilánime Theodore Nott! – Le gritó Luna fuera de sí. Nott la miró a los ojos y pudo ver en ellos enojo y determinación. La rubia se zafó de su agarre y se alejó de él caminando a grandes pasos.
– ¡Luna espera! – Le gritó corriendo detrás de ella tratando de darle alcance. Pero la rubia estaba tan enojada que ni siquiera parecía escucharlo.
– ¡Déjame en paz! – Le dijo hecha una furia. Harry y Jacob se percataron por los gritos de la pelea que ambos mantenían. Luna forcejeaba por soltarse del agarre de Theo que parecía estar lastimándola.
– ¡Hey! – Le gritó Jacob acercándose corriendo al lugar donde estaban – Te dijo que la dejaras en paz, obedece.
– Jacob – Dijo Harry tomándolo del brazo – No creo que debas meterte en esto
– ¿Y dejar que la lastime? – Exclamó enojado – Para nada Potter, si lo deseas puedes irte tú, yo no pienso dejar a Lu sola.
– ¿Luna estás bien? – Preguntó Harry a la rubia que negó con la cabeza con gesto de dolor – Theodore la estás lastimando, suéltala – Nott pareció comprender la situación y aflojó su agarre. Para Harry no pasó desapercibido el gesto de Theo al acariciar los brazos de Luna, donde con su agarre había dejado algunas marcas rojas.
– Luna – Le habló el castaño – No quise lastimarte, solo que a veces no puedo controlar mi fuerza, discúlpame – Le dijo sinceramente, la rubia asintió entendiendo la situación. Pero para Jacob las cosas no iban a terminar de esa manera, el asiático consideraba muy grave el que Nott se hubiese atrevido a lastimar a Luna.
– Ahora suéltala imbécil – Exigió Jacob – Arreglemos esto como hombres. Debería avergonzarte tomarla contra una mujer, que sabes perfectamente no se puede defender de ti. – Theo apretó los dientes con tanta fuerza que se escuchó como rechinaban estos.
– No te metas en esto, Chang – Le dijo el castaño con tono amenazador
– ¿Y qué vas a hacer? – Le retó el pelinegro – ¿Lastimarme como a Luna? ¿Matarme? Te reto a hacerlo idiota – Los ojos de Theo se iluminaron al escuchar las palabras de Jacob.
– ¡Suficiente Jacob! – Le habló seriamente Harry interponiéndose entre el asiático y Nott, quien ya parecía lanzar chispas por los ojos.
– Nada me causaría más placer que matarte – Le confesó Theodore con una sonrisa macabra que le dio escalofríos a los presentes.
– Luna no es de tu propiedad. Eres de ese tipo de hombres que piensa que debe tener todas a sus pies y me causa placer decirte que no puedes estar más equivocado. Ve a esconderte en las faldas de tu noviecita Astoria y deja a Luna en paz – Le reprochó Jacob realmente furioso, Harry y Luna nunca lo habían visto de esa manera, parecía otro, estaba fuera de sí y si las cosas seguían así ellos tendrían que pedir ayuda.
– Jacob por favor deja que Theodore y yo arreglemos esto – Le dijo Luna intentando interponerse entre ambos al igual que Harry – En cuanto a ti – Exclamo la rubia señalando a Theo – tenemos una conversación pendiente, ven hablemos. – Theodore lanzó una carcajada socarrona
– No seas hipócrita Chang – Exclamó negando con la cabeza – en verdad que cínico eres. Lo único que deseas es acostarte con Luna. – Soltó de repente ante la mirada incrédula de Jacob.
– ¿Pero ¿qué dices? – Dijo Luna totalmente sorprendida
– Sé perfectamente lo que estás pensando grandísimo estúpido y soy yo el que te advierte que si te llegas a acercar a Luna te voy a volver cenizas – Jacob escuchaba boquiabierto lo que Theodore le decía, cómo era posible que aquel sujeto conociera el motivo por el que deseaba acercarse a Luna, estaba seguro de no habérselo contado a nadie y tampoco era tan obvio que se le notara sus deseos de acostarse con la rubia, aquello lo había dejado completamente sorprendido, tanto que no pudo pronunciar ni media palabra.
– ¿Eso es cierto Jacob? – Lo encaró Luna decidida – ¡Contéstame, maldita sea! – Gritó enojada, pero el asiático solo los miraba con cara de sorpresa.
– Tú…tú me gustas – Tartamudeó Jacob – Eso no es un secreto para nadie, pero nunca te he faltado el respeto. Me acerqué a ti con las mejores intenciones, te doy tú espacio y si algún día se da algo entre nosotros no es porque yo te vaya a obligar sino porque ambos queremos – Nott volvió a reír a carcajadas provocando el estremecimiento del asiático.
– Miente – Susurró mirándolo con la cara ladeada. Harry se asustó cuando Theodore avanzó con tal velocidad que Luna apenas fue capaz de reaccionar, el ex policía sabía que de permitir que Theo llegara a Jacob para él sería imposible frenarlo.
– ¡Nott! – Gritó Potter colocando su brazo sobre el pecho de Theodore para frenar su avance. El aludido bajó la mirada que chocó con la de Harry.
– Eres un enfermo – le dijo Jacob a Theodore – ¿Este inestable es lo que tú quieres para tú vida Lu?
– Jacob detente – le advirtió la rubia empujándolo lejos de Theo, que cada vez más parecía descontrolarse – ¡No sabes lo que estás diciendo!
– ¿Por qué no le cuentas a Luna las porquerías que piensas de ella? – Le retó Theo levantando la barbilla, orgulloso del efecto que provocó en Chang.
– ¿Por qué no le cuentas tú las porquerías que haces con Astoria? – Contra atacó Jacob. Luna miró sorprendida a Theo que negó repetidas veces con la cabeza.
– ¿Con Astoria? – Preguntó Luna levantando despacio su ceja izquierda
– No sé el por qué me extraña que de todo lo que te he dicho solo menciones lo que me implica a mí haciendo algo "indebido" – Exclamó Theodore haciendo con sus manos la seña de comillas. – ¡Por Dios! Te estoy diciendo que este imbécil solo se porta así de amable porque se quiere acostar contigo y tú me preguntas si hice porquerías o no con Astoria… – Luna lo miró, pero no pronunció ninguna palabra o sonido. – ¡Eres increíble de verdad! – Exclamó levantando los brazos al cielo para después alejarse del lugar dando grandes zancadas.
Luna se quedó en medio del bosque con la mirada perdida por donde segundos antes Nott había partido, sintió en su hombro la mano de una persona, pero ni siquiera tenía ganas de saber si se trataba de Jacob o de Harry.
– Lu – Dijo Jacob a su espalda – déjalo ir, de verdad él no te conviene. Dice amarte, pero se acuesta con Astoria.
– Nosotros solamente somos amigos Jacob. – Contestó Luna dándose la vuelta hasta quedar frente al chico – y sinceramente creo que eres el menos indicado para decirme eso, cuando lo único que te interesa es llevarme a la cama. – Dijo antes de caminar hacía la cabaña alejándose del par de hombres que la miraban sorprendidos.
…
Exhausta, esa era la palabra que mejor definía a Hermione en aquel momento. Había pasado toda la mañana realizando la compra de provisiones y demás artículos de utilidad, aunque había contado con la ayuda de Ginny, el llevar consigo a la pequeña Donna había resultado todo un desafío, la pequeña de cinco años era todo un terremoto, estaba llena de energía y de preguntas difíciles de contestar, así que por esa razón la castaña había llegado con ganas de recostarse en su cama y no levantarse más. Recostada en su cama sus ojos empezaron a cerrarse poco a poco, alcanzó a escuchar la puerta abrirse, pero no le prestó la suficiente atención, no del todo hasta que vio a la persona que había ingresado.
– Granger – Le saludó Draco desde el umbral de la puerta. Hermione no contestó, verlo allí le parecía algo inverosímil, sobre todo después de todo lo que había ocurrido entre ellos. Llevaban meses sin dirigirse la palabra más que para discutir de cualquier tontería que se les pasara por la cabeza. – Sabías que es de muy mala educación no saludar a las visitas Granger – Exclamó el rubio paseándose por la habitación de la castaña.
– ¿Qué haces aquí? – Preguntó ella sin salir aún de su asombro
– Quiero hablar contigo – Respondió Malfoy sentándose en la parte inferior de la cama.
– ¿De qué quieres hablar? – el tono seco de Hermione al hablar le había indicado a Draco que las cosas entre los dos no iban a ser tan fáciles y que aquella pelea le costaría un poco.
– De nosotros – Contestó con naturalidad ganándose una mirada furiosa de Hermione
– ¿Nosotros? – Exclamó con sarcasmo Hermione sonriendo – En verdad me sorprende tu cinismo, Malfoy. Tú que defendiste a todos por encima de mí y que te atreviste a decirme que no seguirías involucrando los sentimientos en lo que te quedaba de vida, vienes aquí a querer hablar de un "nosotros" que hace mucho no existe. – Sus palabras fueron duras, pero en gran parte ciertas y eso era lo que más le dolía a Draco, haber sido un completo imbécil y haber perdido a la única mujer que de verdad había amado.
– Antes de que nos pongamos a discutir de nuevo y que todo se vaya al demonio. Solo quiero decirte que en verdad lamento no haberte apoyado en los momentos en los que me necesitabas, lamento perderme tanto en las misiones y olvidarme completamente de ti. – Draco hizo una pausa para suspirar y luego continuó – Nunca he sido un hombre de demostrar lo que siento, pero contigo todo ha sido diferente, a pesar de que me exasperas en ocasiones o que me das sermones a cada rato, si hay algo que puedo atesorar como grandes momentos en mi vida, han sido tú y Donna. Sé que no te lo digo muy a menudo, pero tú estás metida en cada fibra de mí ser. Yo te amo y sinceramente no me gustaría perderte. – Hermione no pudo evitar dejar escapar algunas lágrimas. Draco nunca había pronunciado aquellas hermosas palabras, si el rubio le decía todo aquello era porque realmente lo sentía, él no era hombre de decir cursilerías. – La vida va a pasos agigantados y ninguno de nosotros tiene la menor idea de cuando moriremos, por eso, antes de que todo finalice, quería decirte lo que siento por ti, aunque eso sea lo último que diga. – Y entonces ella no aguantó más, olvidó las discusiones, las peleas y los malentendidos y se lanzó a los brazos del rubio apoderándose salvajemente de sus labios. Todo eso quedaba en el pasado, ahora lo más importante era demostrarse su amor y nada más.
…
Después de la discusión que había tenido con Luna, Theodore se había encerrado furioso en su habitación. Ni siquiera había querido bajar a cenar a pesar de la palabrería de Pansy que le había insistido en la importancia de la cena para sus músculos y huesos por más de 10 minutos, al final terminó dándose por vencida no sin antes decirle que le estaba dando un mal ejemplo a la pequeña Donna, como si aquello le interesara a él. Antes de haber sido objeto de los experimentos con los virus sentía cierta afinidad por aquella pequeña, pero luego del infierno que había vivido en los laboratorios de Arklay, veía a la pequeña niña como una persona a la cual casi nunca prestaba atención, a pesar de que la chiquilla se afanaba en llamarle tío Theo.
Se encontraba recostado en su cama cuando escuchó unos golpecitos en su puerta, ni siquiera se molestó en contestar, cuando entenderían en aquella casa que él no quería ver a nadie, el golpeteo se volvió tan insistente que se apresuró a levantarse a abrir la puerta para ver de qué se trataba, espero a cualquier persona menos de ver a la pequeña Donna. La chiquilla saludó con su pequeña manita al castaño antes de entrar a su habitación sin su consentimiento y subirse a su cama.
– ¿Estás triste tío Theo? – Preguntó con inocencia la niña señalándole el lugar libre de la cama a Theodore, como indicándole que se sentara junto a ella. – Mi papito Draco dice que cuando alguien está triste no le dan ganas de comer y yo no quiero que estés triste – La niña finalizó sus palabras con un tierno abrazo que Theodore nunca se hubiese esperado y se vio devolviéndole el gesto envolviendo sus brazos alrededor del cuerpo de Donna.
– ¿De dónde sacas que estoy triste? – Le cuestionó Nott soltándose del abrazo de Donna – Solo no quería las horribles pastas que hace tu tía Pansy – Exclamó sonriendo, aquello provocó las carcajadas incontenibles de Donna.
– No son tan malas – Reconoció la pequeña jugando con el cabello largo de Theodore – ¿Sabes algo tío Theo? Tío Harry y tío Ron han hecho una apuesta con tu cabello – Nott alzó una ceja al escuchar aquella inocente confesión.
– ¿Y que apuesta hicieron? – La niña se tomó la boquita como señalando que no podía decir nada, pero Theo se ingenió la manera de hacerla hablar - Vamos pequeña cuéntame – Donna dejó de jugar con el cabello de Theo y lo miró fijamente antes de sentarse frente a él.
– Pues… tío Ron dijo que apostaba 10 dólares a que primero te quedabas sin un cabello antes que dejar que mi tío Jacob se quedara con Luna, pero tío Harry dijo que apostaba 20 dólares a que no ibas a hacer absolutamente nada y que tú cabello seguiría igual – Theodore se encontraba completamente boquiabierto al escuchar aquello, como era posible que ese par de idiotas se pusieran a apostar algo como eso y delante de la niña, definitivamente ahora que los viera la iban a pagar.
– ¿Y tú que piensas de eso? – Preguntó Theo completamente divertido al imaginarse las torturas que les haría pasar a Potter y Weasley.
– Yo pienso que tú y Luna hacen una linda pareja, es así cómo mis papas, pero ellos ya no están más juntos. ¿Por qué las personas que se aman deben estar separados tío Theo? – Aquella pregunta lo había dejado completamente sin habla, durante algunos segundos pensó en que contestarle y cuando había hallado por fin algo que responder, sorpresivamente Luna ingresó a su habitación un poco agitada.
– ¡Donna! – gritó sonriendo, la pequeña levantó sus bracitos pidiendo un abrazo que Luna no se tardó en corresponder. – No vuelvas a hacer eso – Le regañó la rubia – Todos estábamos como locos buscándote, gracias al cielo estás bien. Gracias por cuidarla – Susurró Luna mirando a Theo, el castaño se levantó de la cama y cargó a la niña en sus brazos alejándola de Luna.
– No tienes nada que agradecer. – le contestó serio – ya que sabes que ella está bien, puedes ir tranquila por donde viniste – había sido demasiado grosero, pero aún no olvidaba lo que había ocurrido aquella tarde.
– ¡No tienes por qué ser grosero! – Le dijo Luna enojada. La rabia que la consumía la llevo a girar sus talones para marcharse de aquella habitación, pero fue detenida por una pequeña manita que se apoderó de su chal de lana. La niña desde los brazos de Theo se las arregló para atraer a Luna y abrazarla al tiempo que lo hacía con Nott, logrando unirlos. Sonriendo la pequeña pidió que la dejaran en el piso para que ellos pudieran hablar solos de sus problemas, lo que dejó anonadados a ambos adultos.
– Cómo ha crecido… – Susurró Luna llevándose una mano al corazón
– Más de lo que imaginamos – Le contestó Theo caminando hacia el closet de su habitación, de donde sacó una toalla.
– ¿Qué haces? – Preguntó Luna consternada al verlo quitarse la camisa delante de ella.
– Voy a bañarme – dijo con naturalidad desabrochando su pantalón
– ¡Deberías esperar primero que salga de la habitación! – Exclamó la rubia sonrojada al verlo quitarse el pantalón hasta quedarse solo en su ropa interior.
– ¿Querías hablarme de algo? – Preguntó Theodore acercándose a ella, que le daba la espalda avergonzada.
– Solo pedirte disculpas por mis dudas de la tarde. Pero creo que mejor hablamos cuando tengas algo de ropa. – Theo sonrió por la ternura con la que Luna había dicho aquellas palabras, de inmediato se dio cuenta que no podía estar enojado con ella, si bien era cierto que le había dolido el que no confiara en él, también sabía que le había dado más de un motivo para que eso ocurriera. El castaño se volvió a colocar su pantalón y sin previo aviso abrazó a Luna por la espalda.
– Lo único que te pido es que confíes en mí – Le susurró besándole el hombro descubierto, lo que provocó que ella se erizara. Luna volteó su cuerpo y lo abrazó con fuerza aferrándose a su espalda.
– Lo hago – Le susurró al oído – es solo que enterarme que Astoria tuvo una historia contigo y vivió tantas cosas que yo aún no vivo, me da mucho coraje. – Theodore la besó suavemente durante algunos segundos sacándole más de un suspiro.
– Yo no tengo ninguna historia con Astoria, lo que ocurrió con ella solo fue algo del momento. Lo que tú me haces sentir nunca lo podrá inspirar Astoria ¿Me entiendes? – Luna asintió sonriendo
– ¿Hiciste el amor con Astoria? – Luna soltó aquella pregunta que la estaba carcomiendo desde adentro.
– No. – Exclamó Theodore arrugando su frente – Astoria y yo tuvimos relaciones, no hicimos el amor. No pienso justificarme, pero estaba algo tomado y solo sucedió esa vez.
– ¿Y conmigo? – Theodore le dio la espalda, a decir verdad, esperaba aquel reclamo desde hace mucho tiempo. ¿Cómo explicarle a Luna que la única razón por la que no había estado con ella era por temor a hacerle daño por el virus que residía en su cuerpo?
– Astoria era parte del equipo de investigación de Arklay, manipuló muchos de los virus que se crearon, durante años estuvo expuesta a todos ellos, por lo tanto, ha desarrollado algo de inmunidad que le permite defenderse de cualquier virus invasor. Yo no podría perdonarme el hacerte daño, tu cuerpo tomaría mi virus como un agente externo peligroso y podría atacarlo, lo que generaría una reacción negativa que podría incluso matarte. – Luna lo miraba fijamente mientras él le explicaba los motivos por el cual no había estado con ella.
– ¿Nunca pasará? – Susurró tan bajo la rubia, que de no ser por sus sentidos desarrollados no habría podido escucharla.
– Por tú bien, lo mejor es que no. – Luna asintió cabizbaja – Por favor no te pongas así. Para mí tampoco es fácil, no tienes idea lo que significa para mí tenerte a mi lado, el solo hecho de estar cerca de ti representa que tenga que hacer uso de todas mis fuerzas para no lastimarte.
– Nunca sabrás si en realidad somos incompatibles si te niegas a probarlo por ti mismo – Le replicó Luna acariciando su mejilla – Sé que tienes miedo, yo también lo tengo, pero prefiero arriesgarme y saber que no funcionó antes que arrepentirme por jamás haberlo intentado – La rubia depositó un beso corto en los labios del ex mercenario antes de retirarse de la habitación dejando a Theodore completamente confundido.
Próximo capítulo: Trágico error
