Les pido mil perdones por no haber actualizado el miércoles pasado. Pero una niña + noche buena = no tuve tiempo para actualizar.

Tenía pensado subir dos capítulos hoy, pero se me ocurrió algo mejor. Si me dejan 10 reviews, hacemos un maratón de La Primera Navidad de Nessie y la terminamos hoy. ¿Qué creen?

Aviso: No leer sin una caja de toallitas a la mano… U_U

Nos vemos abajo…

Disclaimer:

Los personajes pertenecen a la gran S. Meyer, solo juego con ellos. La historia tampoco es mía solo la adapto por diversión

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Capítulo 8

—¿Puedo hablar con Bella Swan, por favor? Soy Rosalie Hale, de los Servicios Sociales de Seattle.

Bella se sintió desilusionada. Era ridículo, pero en el fondo del corazón había esperado que fuera Edward.

«No puede ser», se reprendió. Quizá estuviera ausente días o semanas antes de dar caza al criminal.

Se sentó en una de las sillas de la cocina y agradeció que Nessie hubiera terminado de cenar y se encontrara en el salón con el juego de elfos eléctricos que Jasper y Alice le habían regalado para Navidad.

—Soy yo. El Sr. Masen dijo que usted llamaría, aunque no había esperado saber de usted la noche de Navidad.

—Por desgracia, la Navidad es un tiempo en que muchos niños son víctima de la violencia doméstica. Me han asignado este caso. Mi trabajo es acompañar a la pequeña que usted llama Nessie de vuelta a Misisipí.

—¿Se ha realizado una identificación positiva? —jadeó—. ¿Han encontrado a sus parientes?.

—Al parecer así es.

El conocimiento de que Nessie tenía una familia que la esperaba le encogió el corazón.

—Lo que debo hacer es entregarla a los Servicios Sociales de Jackson, donde será alojada en un hogar temporal hasta que se solucionen los trámites legales. Tengo entendido que ha sido usted quien la encontró y ha cuidado de ella.

—Sí —tragó saliva.

—¿Se encuentra en buenas condiciones para poder viajar?

—Físicamente, sí.

—De acuerdo. Como al parecer el buen tiempo va a durar otras cuarenta y ocho horas, volaré a Forks por la mañana en un helicóptero del gobierno y la trasladaremos a Seattle para tomar el avión a Misisipí.

«Santo cielo, ¿tan pronto?»

—¿Puede tenerla en el aeropuerto a las nueve de la mañana?

—Bueno, sí... pe... pero su situación la tiene tan angustiada que no creo que confíe bastante en usted como para acompañarla.

—Lo entiendo. Estas situaciones siempre son difíciles y desgarradoras. No obstante, debido a los cargos de secuestro, la ley estipula que debe ser devuelta de inmediato. Las autoridades estarán ansiosas por hablar con ella. Desde luego, cuanto antes se reúna con sus seres queridos y reciba terapia, más pronto se adaptará y podrá sanar emocionalmente.

—Tiene razón —respondió con voz quebrada. En lo más hondo de su ser llegó a la conclusión de que las autoridades no iban a tratar a Nessie con la sensibilidad de Edward. En cuanto a sus parientes, ¿la querrían como necesitaba ser querida?

—Como representante de los Servicios Sociales, quiero darle las gracias por su ayuda y generosidad. Por lo que tengo entendido, la pequeña tal vez no hubiera sobrevivido durante la noche si usted no la hubiera encontrado.

—Fue un milagro —las lágrimas cayeron por su mejilla.

—Es la naturaleza de la Navidad —comentó la otra mujer con voz amable—. La veré a las nueve. Si surge algún problema, puede llamarme a mi casa.

Bella apuntó su número y luego colgó sumida en una profunda tristeza.

Al día siguiente Nessie se iría.

Incapaz de soportarlo, tomó la decisión de no comunicarle nada hasta la mañana. Esa noche era Navidad, una noche especial. Necesitaba ese tiempo con Nessie. Quizá fuera el último del que dispondría con la pequeña.

Decidida, se cercioró de que la puerta de atrás tenía el cerrojo puesto, apagó la luz y se dirigió al salón.

El resplandor de las luces del árbol navideño iluminaba la sonrisa feliz de Nessie tumbada boca abajo con su pijama de Rudolph mirando cómo cada elfo realizaba su truco programado.

—Si puedes olvidarte de ese juego durante un rato, tengo una historia para leerte que creo que te gustará.

Nessie se levantó del suelo.

—¿Qué historia es?

—Es una sorpresa —desenchufó el juego, inspeccionó que la puerta delantera también estuviera cerrada y volvió a transformar el sofá en cama.

Nessie se metió bajo las sábanas mientras Bella sacaba el libro de cuentos de la estantería. En cuanto se acomodó, la pequeña se acurrucó contra ella y estudió el dibujo de la tapa largo rato sin decir nada.

Al final la curiosidad pudo con ella.

—¿Qué libro es?

—El Mago de Oz.

Lo abrió por la primera página y comenzó a leer; Nessie se mostró extasiada y formuló cientos de preguntas. Quiso saber por qué el gato en la historia era de cristal, su cerebro rosa y jamás tenía que comer.

Bella no recordó si ella le había hecho a su madre tantas preguntas cuando de pequeña oyó esa historia por primera vez. Pero apostó que su madre no sintió tanto placer y satisfacción como ella en ese momento al imaginar que Nessie era su hija. Suya y de Edward.

Después de un buen rato, Nessie se quedó en silencio y terminó por dormirse. Bella le dio un beso pero continuó leyendo en silencio. Necesitaba la maravilla y la magia de ese libro para no pensar en el trauma de la separación a la mañana siguiente.

«Sueña con Oz, Bella. Si sueñas, entonces no pensarás en que Edward se encuentra en alguna parte bajo la inclemencia de los elementos, rastreando a un asesino que podría volverse contra él y...»

—¿Bella? ¿Podemos tomar tortitas otra vez para el desayuno?

Alzó la cabeza de la almohada. Su reloj indicaba las siete y diez. Era evidente que Nessie llevaba despierta algún tiempo a la espera de que ella abriera los ojos.

—Claro, cariño. ¿Por qué no subes a vestirte mientras yo preparo la masa? Sé que hay una niña muy hambrienta en esta casa.

Nessie soltó una exclamación feliz y corrió escaleras arriba.

Bella aprovechó el momento a solas y fue a la cocina a llamar a Alice. Necesitaba discutir la estrategia para despedirse de Nessie con su querida amiga. Además, quizá supiera algo de Edward.

Mientras preparaba el desayuno, lo planearon todo. Alice reconoció que no le envidiaba lo que tenía que hacer, ya que no había ningún modo de despedirse de la pequeña sin que todas las partes sufrieran en el proceso. En cuanto a Edward, no sabía nada del FBI.

Al colgar, Nessie entró en la cocina vestida y lista para comer. Devoró las tortitas.

—¿Podemos hacer ángeles de la nieve esta mañana en el patio delantero?

—Tengo una idea mejor —sonrió—. ¿Te gustaría dar una vuelta en helicóptero?

—¿Qué es eso?

—Es una especie de avión.

—¿Te refieres a que puedo subir al cielo?

—Sí. Todo el trayecto hasta Misisipí

—¿Misi qué?

Bella no supo si reír o llorar.

—Es otra ciudad en la que viviste antes de que esos hombres malvados te llevaran con ellos. También vas a viajar en avión. Y cuando llegues a Misisipí, tu familia te estará esperando.

«Por favor, Dios, haz que sean buenas personas que quieran a Nessie y la deseen tanto como yo».

—Pero James dijo que yo no tenía mamá.

—Sin embargo, tienes otros familiares, como Ojo, el niño pequeño del libro que leímos anoche, que tenía un tío al que quería.

—¿Yo también tengo un tío?

—Tal vez. Quizá tengas abuelos y primos. Una señora muy agradable llamada Rosalie te va a llevar con ellos. Nos reuniremos con ella en el aeropuerto dentro de un rato. Aunque primero debemos guardar tu ropa y tus regalos en la maleta que te vas a llevar contigo.

—¿Jimmy entrará en la maleta?

La pregunta la sorprendió, ya que no podía imaginar que Nessie capitulara con tanta celeridad sin plantear problemas.

—Probablemente no. Puedes llevarlo contigo. Después de terminar la leche, ¿por qué no recoges todo mientras yo busco una maleta? Tendremos que darnos prisa para no llegar tarde.

—De acuerdo. ¿Puedo llevarme a mis elfos?

—Por supuesto.

—¿Y el libro de Oz?

—Sí, cariño. Y tu sombrero vaquero y las espuelas, las zapatillas y el calcetín con el resto de los caramelos que aún no te has comido.

Antes de que Nessie saliera volando de la cocina, corrió hacia Bella y la abrazó con fuerza.

Qué ironía que descubriera en ese momento el verdadero significado del amor maternal, cuando le iban a arrebatar a Nessie. El dolor empeoró media hora más tarde al marcharse al aeropuerto en el coche.

Ese día resultó ser tan hermoso como el de la Navidad. Rosalie Hale tenía razón al querer aprovechar el buen tiempo. Pero Bella no pudo evitar desear que la tormenta que le había entregado a Nessie hubiera durado al menos una semana más para que nadie pudiera ir a ninguna parte. Sin Nessie y sin Edward.

Al entrar en el camino que conducía al aeropuerto, el sonido de unos rotores despertó la alarma en su cuerpo. Necesitó de toda su fuerza de voluntad para no poner rumbo al norte, donde nadie pudiera encontrarlas.

Con una inquietud creciente, se dirigió hacia el hangar principal.

—¡Ahí está el helicóptero! —gritó Nessie entusiasmada.

—El viaje será divertido, cariño. Quédate dentro del coche hasta que yo te lo diga. ¿De acuerdo?

—De acuerdo.

Harry, padre de cinco hijos, y uno de los mecánicos que hablaban con una mujer de pelo rubio, la saludaron con la mano. El piloto del helicóptero se hallaba sentado ante los controles, listo para despegar.

Rosalie Hale se dirigió hacia ella cuando Bella bajaba del coche.

—Buenos días, señorita Swan. Gracias por traer a Nessie a tiempo —hablaba en voz alta para contrarrestar el ruido de las aspas.

—De nada —le estrechó la mano a la trabajadora social.

—¿Sabe Nessie qué va a pasar?

—Sí.

—¿Se ha quejado?

—En absoluto.

—Gracias de nuevo por ser una buena samaritana —dijo con sinceridad—. Nessie es una pequeña afortunada.

Bella sintió un nudo en la garganta. Después de batallar con las lágrimas, dijo:

—La afortunada soy yo.

Los ojos compasivos de la otra parecieron entenderlo.

—Prometo llevarla a casa a salvo.

—Estoy segura de que lo hará —se secó la humedad de los ojos.

—¿Quiere sentarla usted en el helicóptero?

—Por favor. Para que lo sepa, la envío con una maleta y regalos.

—Lo sospechaba —Rosalie sonrió mientras se dirigían al asiento del pasajero del Blazer, donde Nessie ya había empezado a abrir la puerta.

Bella las presentó, sorprendida aún por la aceptación dócil de Nessie ante sus circunstancias. La pequeña le tomó obediente la mano y comenzó a caminar hacia el helicóptero, con los ojos brillantes por la aventura que la esperaba.

Harry subió todo a bordo mientras le indicaba a Nessie dónde sentarse. Le puso el cinturón de seguridad y le dio un beso en la mejilla. Rosalie ocupó su sitio al lado de la pequeña al tiempo que en silencio le indicaba a Bella que hiciera que la despedida fuera lo más breve posible.

Pero antes de que ella pudiera formular las palabras, Nessie preguntó:

—¿Dónde se van a sentar Edward y tú?

Con esa única pregunta se hizo realidad la peor pesadilla de Bella. Solo en ese momento entendió por qué Nessie había cooperado tanto.

—No podemos ir contigo, cariño. Por eso ha venido Rosalie. Ella te llevará con tu familia, que te espera y te quiere. ¿Lo recuerdas?

El rostro adorable de la niña fue una máscara de dolor.

—¡No quiero ir! ¡No dejes que me lleve, Bella! ¡Quiero quedarme contigo y con Edward! ¡No me dejes! ¡No me dejes!

—Será mejor que se vaya —Rosalie le musitó las palabras a una horrorizada Bella mientras Nessie se afanaba por soltarse el cinturón de seguridad.

Tuvo que obligarse a darle la espalda a la pequeña. Con la ayuda de Harry, saltó al suelo. La expresión del mecánico reflejó tormento cuando Nessie comenzó a gritar con desesperación. Incluso con la puerta del helicóptero cerrada, los sollozos desgarrados de Nessie llegaron a oídos de ella. Le recordó la noche en que la encontró aporreando el escaparate de la tienda. Pensó que podría morir allí mismo. Harry la tomó por la cintura cuando las aspas rotaron a toda velocidad y el helicóptero se elevó en el aire.

—Pobre pequeña —murmuró él con tristeza.

—Santo cielo, Harry... ¿qué he hecho?

—No importa lo doloroso que haya sido, tenías que hacerlo.

—¿Estás seguro? Porque yo no.

—Por supuesto. No olvides que los niños son fuertes. Cuando vuelva a estar con su familia, olvidará esto. Le salvaste la vida. Que eso sirva para consolarte.

—En este momento nada podría consolarme, pero gracias por ser amable.

Trastabilló hasta el coche. Una vez dentro, se derrumbó sobre el volante. Había experimentado tantas pérdidas dolorosas. Su angustia había alcanzado el cénit.

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U_U Pobre Nessie…

Ya saben, si me dejan 10 reviews terminamos la historia hoy. Sino pues nos leemos el próximo martes.

Los quiero

Christianna