La venganza del Corsario

VIII. Agradables Coincidencias

Días después El "Trueno" atraco en las orillas de Puerto Príncipe

-Señor…

-Que pasa

-¿Realmente quiere desembarcar…?

-¿Por qué?

-Solamente que us…que tú querías llegar lo más pronto a Tortuga, y ahora pretendes hacer una escala aquí

-Andrew…hay más tiempo que vida. Y tengo una visita que hacer

-¿A esa Gitana…?

-Si a esa gitana, como tú la llamas.

-Solo…Solo trata de no tomar mucho en cuenta sus comentarios

-Tratare. Ahora baja, descansa y diviértete un poco; porque al llegar a Tortuga, comenzaremos con lo planeado

-Tratare

-Es una orden…Andrew

-Entendido mi capitán.- Dicho esto, aquel sombrío hombre bajo del barco, caminando se perdió por las orillas de la playa. Llego hasta unos riscos donde se sentó a observar la puesta del sol. (Y como en toda historia no pueden faltar las casualidades, y esta no es la excepción) No había transcurrido más de diez minutos, cuando escucho una voz que no le era desconocida.

-¿No le parece un paisaje maravilloso?- Al escuchar esa voz, se encontró con un rostro que le sonreía dulcemente

-¿Usted…Usted aquí?

-Si comandante.

-Duquesa…yo… ¡es una verdadera delicia volver a ver a tan encantadora dama!- Dijo el besando galantemente la blanca mano de la mujer

-Lo mismo digo. No siempre se tiene la suerte de tropezar dos veces con un gentil caballero.- después de los mutuos halagos siguieron caminando por la playa.

-Dígame Duquesa ¿Qué hace en Puerto Príncipe?

-El galeón en el que viajo esta algo dañado. Así que el capitán decidió que se le repare antes de que algo suceda

-¿Suceda?

-Si ya sabe usted bien que un galeón español sin una flotilla de paraos es presa fácil para los… amantes de lo ajeno

-¿Amantes de lo ajeno…? Ah ya, los filibusteros.

-Así es

-Yo creo que no es así. Porque de lo contrario no me explico como es que están aquí

-Mi señor, sabe usted bien que Puerto Príncipe es un lugar abierto para todos, en especial para aquellos que deseamos comprar algunas de las mercancías que se venden aquí.

-Compras ¿Qué clase de compras puede hacer una duquesa en un lugar como este?

-Se sorprendería. El que sea duquesa no significa que abandone a mis pasiones

-y… ¿Cuáles serian esas pasiones?

-Me temo que no puedo decirlo señor. No acostumbro a discutir mis asuntos personales con un…

-¿Un…?

-Un caballero al que apenas conozco.-Y dicho esto, ella hizo una pequeña reverencia y con una sonrisa en el rostro se alejo del lugar

-Duquesa.-Grito el

-¿Si?

-Nos veremos pronto

-¿Es una pregunta?

-No. Es una promesa

Horas después, la noche caía en la bahía de Puerto Príncipe, en la habitación de una hostería, dos mujeres se preparaban para descansar en los brazos de Morfeo

-¿Qué pasa Luna?

-¿Por qué Señora?

-Desde que regresamos de esa caminata en la playa te noto demasiado seria

-Nada

-Luna…Sabes que no eres buena mintiendo. Además ya sabes que eres mi confidente y amiga, así que no puedes engañarme. Anda. Dime ¿Qué sucede?

-Es que…bueno…No me parece correcto que usted tome tantos atrevimientos con ese señor. ¡Hasta se atrevió a hablar de pasiones!

-Pero eso no tiene nada de malo Luna. De sobra sabemos que el es un caballero y que…

-Que usted es una Duquesa y sobre toda una Dama

-Oh Luna! A veces dudo que en verdad sea una dama

-Señora. Usted no debe ponerlo en duda. Usted es toda una dama y recuerde que dentro de poco…

-Si lo se Luna. Lo se.

-Entonces sobra decirle que no esta bien que usted conversa tan animadamente con ese caballero y sobre todo que el se tome tantas dispensas como esa de que la volverá a ver… Señora… ¿Me escucha?-Dijo Luna pasando el cepillo sobre la larga y rubia cabellera de la otra.

-Si Luna. Creo que tienes razón….Pero no puedes negar que ha sido una agradable coincidencia el encontrar al Corsario Fantasma.

-¡Señora! Eso es impropio de usted. ¡Alegrarse de ver a un hombre, y sobre todo a un filibustero como el!

-Lo es. Claro. Pero no tan impropio como el estar observando el mar en busca de la presencia de cierto marino peliplateado oh...¿me equivoco?

En la cubierta del "Trueno", el rubio contramaestre llegaba al encuentro del comandante del navío, seguido por Artemis

-¿Acertó?-Pregunto Andrew

-¿Qué?-Dijo volteando hacia su interlocutor

-Eso ¿Si la gitana acertó de nuevo?

-No lo se. No la vi.

-¿Cómo? Ah ya se, salio con Nicólas

-No lo se. No llegue a su casa

-¿Y porque?

-Surgieron otras…"casualidades"

-¿Casualidades?

-Si. Me encontré con una dama maravillosa

-¿Una…dama?-Pregunto un tanto incrédulo Andrew

-Si. Con la Duquesa

-¡La Duquesa¿La misma Duquesa que estuvo en este navío?

-Si Andrew. La misma. Y se encontraba más hermosa que nunca

-Que bien y…algo más

-¿Algo más? No

-Bueno, te dejo. Pensando en tú…Dama Maravillosa.- Dijo un tanto en burla el rubio y se dirigió al mástil del navío.

-Señor…

-¿Qué pasa Artemis?

-Disculpe, pero creí escuchar que la Duquesa Serena esta en Puerto Príncipe

-Así es ¿Por qué?

-Me preguntaba…si de casualidad la Dama estará acompañada

-¿Acompañada? Oh ya veo. Tú pregunta es si la pelinegra acompañante de la Duquesa esta aquí

-Pues…si.-Dijo un tanto ruborizado el peliplateado

-Quien lo dijera Artemis. Dos hombres de mar pensando en dos Damas. Pero si. Luna esta con ella

-¡Oh que bien!... Señor: puedo haceros una pregunta

-Hazla

-La duquesa… ¿Usted tiene un interés especial en la Duquesa?

-¿Qué has dicho?

-Lo siento señor. Disculpe mi imprudencia pero yo…

-Sabes…

-Señor…

-Una singara me anuncio que la primera mujer a la que amara me seria fatal

-?

- …Las singaras jamás se equivocan Artemis. Y creéme que en este momento no quisiera algo más que esa consigna fuera todo lo contrario.

Continuara…