Bienvenidos al octavo capitulo de este fic, la verdad les quiero agraceder a todos los que leen y comentan, pues ustedes me hacen querer seguir escribiendo.
Como pueden ver, cada capitulo va aumentando la cantidad de palabras.
No soy dueño de ningun personaje, eso es trabajo de Rowling, Riordan y Clamp.
Disfruten el capitulo!
Capítulo 8: Sombras de verano
Muy pronto…llegarás a este lugar.
Te he estado esperando.
Oigo tus pasos acercándose.
Estás llegando a la puerta, querida.
Al fin…nos encontraremos, amor…mío…
Amor…mío.
El sol golpea directamente en mis ojos, cegándome por unos instantes. Luego de unos segundos para recuperarme, los reabro. Puedo sentir que todavía me duele el cuerpo, incluso después de una semana del nacimiento del hijo de Draco y Astoria.
Debo decir que, por las fotos que me enviaron Cissa y Daphne, el niño, Scorpius, es una versión miniatura de Draco.
Solo espero que herede el carácter de su madre, y no sea un dolor en el culo como lo fue su padre.
Realmente me sorprendió las actitudes que tuvieron tanto Narcissa y Daphne, como Fleur. Cuando me besaron, sentí como si mi esencia se complementaba con el de ellas. Y encima no se dijeron nada cuando cada una de ellas me besaron.
No creo que pueda elegir a solo una de ellas. Porque, aunque me cueste reconocerlo, siento lo mismo por cada una de ellas. Un deseo de verlas a cada una de ellas cuando me despierto por las mañanas, y que sus sonrisas me iluminen y me hagan feliz.
Pero quien, hace un año aproximadamente, hubiese imaginado que no solo caería por las tres brujas rubias, sino también por esas dos cazadoras.
Rayos, cada vez que las veo cuando hablamos a través de las Mokonas, solo quiero que sonrían, que se enojen por idioteces, que discutamos, o que inclusive se burlen de mí. Quiero demostrarles que también pueden disfrutar plenamente de la vida. Que no merecen hundirse en un rencor que llegará a ser irreversible algún día.
Que ninguna de las cinco vuelva a llorar. Quiero abrazarlas y besarlas a cada una de ellas hasta la inconsciencia.
Y también quiero lastimar profundamente, torturarlos, hacerles ver sus peores pesadillas, a esos bastardos que no pudieron apreciarlas, y que solo las utilizaron, que quisieron abusar de ellas. Quiero hacerlos sufrir. Y quien sabe, quizás algún día, me cruce con alguno de ellos.
Últimamente el clima ha estado de un modo cambiante. Tormentas eléctricas, logrado que los aviones no puedan llegar a destino ni salir de la pista del aeropuerto. Huracanes fuera de temporada, perjudicando a las pescas y transporte marítimo.
Algo debe de haber sucedido con Zeus y Poseidón para que estén tan enojados. Y algo me dice que alguien fue tan idiota como para tomar sus símbolos de poder, con el fin de generar una guerra interna. Tch! No pueden estar en paz dos siglos seguidos! Para haber vivido milenios, siguen actuando como unos críos.
Será mejor que me prepare, y aliste las cosas para salir.
-Mokona! Tienes todo para hoy?!-
-SIIII! Playa! Playa! Arena! Mar! -
-Vaya…sí que tienes ganas de ir- digo sorprendido ante la demostración que acaba de hacer el bollo negro.
-Castillitos! Sol! ...- seguía gritando para mi diversión.
Caminando lentamente, los rayos del sol chocando contra mi piel, calentándola. La capucha de mi campera ligera, cubriéndome los ojos. Evitando la insolación.
-Aquí estamos- digo mientras levanto la vista, admirando el hospedaje que tengo delante mío.
Una cabaña que alquilé por tres días, para escapar de la monotonía de la tienda, alojada en la costa sur. En la punta de Long Island. O mejor dicho en Montauk.
Era pequeña, con las paredes pintadas de un color celeste pastel, con cortinas descoloridas por la extrema exposición al sol y la humedad del mar, media hundida entre las dunas de arena.
No me sorprendería que hubiese arañas haciéndome compañía esta noche entre las sábanas e incluso en el armario.
Y el mar parece demasiado frío a simple vista como para nadar sin un traje de neopreno.
Básicamente, me encanta el lugar.
-A qué es un buen sitio? - digo a Mokona, la cual está descansando en mis brazos mientras entro a la cabaña.
-Yey! Nos lo pasaremos bien! - felizmente proclamaba a los cuatro vientos, moviendo sus orejitas entusiasmadamente.
Me causó mucha gracia su nivel de felicidad. Echando un vistazo a mis espaldas, vigilo que nuestras maletas continúen siguiéndonos sin tirar nada en el camino. Supuestamente Mokona debía de llevarlas, pero no quería y me dijo que las llevara yo. Pero yo tampoco quería, así que llegamos a la conclusión de transportarlas con golem transmutado de piedra que curiosamente tiene la cara de querer quejarse por el trabajo que le estoy ordenando hacer.
-Menuda piltrafilla de golem, cansado con un par de bultos de nada. A qué sí? - le pregunto burlonamente mientras miraba a Mokona buscando complicidad.
-A qué sí? - repetía después de mi el bollo negro.
La única respuesta que recibí, fue del gigante de piedra levantando las maletas en mi dirección, como si quisiera decirme "Cualquiera se cansaría llevando todo esto!".
-Pues a tu compañero no le parece demasiada molestia- le respondo mirando al golem de madera que lo seguía desde atrás con solo dos bolsos.
-Perdóname por hacerte llevar todos mis bolsos- le decía Mokona al monstruo de madera, para burlarse aún más de la roca andante.
Un ligero movimiento de hombros fue toda la respuesta que recibió. Se podría traducir como un "Sin problemas".
Pudimos ver una mueca de fastidio en el golem de piedra, como si refunfuñase de su destino.
-Oye Madera! Roca dice que quiere llevar todas las bolsas! - grito haciendo que inmediatamente el golem quejica se arrepienta de sus acciones.
Madera tan solo extendió su brazo, entregándole los dos bolsos de Mokona, haciendo que Roca se enfurezca con su compañero de transporte y mueva su boca cómicamente sin emitir sonido alguno.
-Wow…Roca. Eres impresionante! De verdad puedes cargar más? - chilló Mokona, logrando que el golem de piedra detenga su rabieta y caiga completamente en la treta que le hizo el bollo.
En síntesis, fue corriendo a recoger los bolsos que cargaba Madera. Con una cara de felicidad que creí imposible que lograse, como si dijese "Por supuestísimo!".
Lástima que esos dos pequeños bolsos de Mokona, eran los más pesados entre todos. Casi pierde su brazo al tomarlos rápidamente.
-Parece muy agradable, verdad? Ya que estamos en verano, se me ocurrió relajarnos con unas vacaciones divertidas- dije pacíficamente al ser entre mis brazos, disfrutando de la fresca brisa del mar y el suave viento moviendo mis ropas.
-Es genial! - respondió honestamente mientras miraba detenidamente la cabina delante nuestro y sus alrededores.
Luego de habernos establecido, procedí a deshacerme de los golems. Para gran alivio de Roca.
-Entonces Mokona, qué opinas si vamos a disfrutar de un buen momento al lado del mar? - le pregunto mientras yo cargaba una canasta con comida y bebidas para nosotros.
-Si! Mientras, podremos beber bajo los rayos del sol! - contestó alegremente mientras ella cargaba una manta para sentarnos y no llenarnos de arena.
Bebiendo tranquilamente, mientras tenemos nuestros pies hundidos en la arena, disfrutando del calor que una fogata recientemente hecha nos brinda. Estos son buenos momentos para recordar luego en la tranquilidad de la tienda.
Quisiera que aquí estuviesen las chicas, relajándose, olvidando por un momento sus obligaciones, recordando que pueden jugar sin preocuparse a que los demás piensen de ellas. Comiendo y riendo, contándose historias de su juventud, compartiendo tanto conquistas como desdichas. Viéndolas reír a carcajadas mientras se echan agua en la cara, o enterrándome en la arena.
Algún día las sacaré de sus monótonas vidas y las traeré aquí. No me importa que pataleen o me muerdan. Ellas vendrán y disfrutarán de un buen momento de paz.
-Sigh...a pesar de que estamos disfrutando un día bello, siento que faltan personas aquí- digo en un susurro.
Degustando lentamente mi vaso de alcohol, contemplo atentamente el mar. Su color verde azulado, reflejando los rayos del sol, moviéndose constantemente generando olas y espuma. El olor de la sal, la paz inestable que brinda con solo verlo. El mugido del animal que nada en mi dirección lentamente.
-Mugido? - pregunto a nadie en particular, haciendo que Mokona levante rápidamente su cabeza de su vaso.
-Creo que hemos estado bebiendo demasiado Harry...- me dijo cuidadosamente, tratando de corroborar lo que escuché.
Para nuestra sorpresa, delante nuestro había llegado un peculiar animalejo. Si creía en un principio que Mokona era raro, esto se lleva los laureles. Encallado en la arena, se encontraba un Ophiotaurus.
El Ophiotaurus fue un antiguo monstruo que podría provocar la caída de los dioses si fuese asesinado y posteriormente, sus entrañas fuesen quemadas. Su aspecto es, la mitad serpiente, mientras que la otra, la de un toro.
-Hola amiguito, como has llegado hasta aquí? - le pregunto suavemente desde mi lugar, para no asustarlo con movimientos bruscos.
-Muuuuu ... -
Okey, debí saber que no podía esperar otra respuesta de un monstruo que tiene justamente una cabeza de toro. Pero algo en su mugido me llamó la atención, fue como si a la vez estuviese siseando.
A lo cual, decidí probar mi suerte, y ver si funcionaba.
-§ Hola amigo, puedes entenderme §- le pregunté esta vez en Parsel, mientras Mokona me miraba, intentando entender lo que decía.
-§ Puedes hablar! Hace mucho tiempo que nadie podía hablar mi idioma! §- exclamó jubilosamente la criatura.
Lo cual me sorprendió que nadie, en todos los milenios que pudo existir este ser, haya intentado hablarle en Parsel.
-§ Si, puedo entenderte. Puedes decirme cómo te llamas? §- le pregunto curiosamente, no todos los días se ve un ser así.
-§ No tengo ninguno, nunca nadie, en todo el tiempo que he existido me ha llamado de una forma determinada §-
-§ Umh…te gustaría si te pusiese un nombre, por el cual identificarte? §-
-§ Harías eso para mí humano? §- preguntó esperanzadoramente.
-§ Si, tan solo dame unos segundos para pensar un nombre que te convenga §- le digo, solo para voltearme hacia donde Mokona se halla y debatir con ella.
-Oye Mokona, que nombre crees que le sentaría bien a nuestro amigo? - le pregunto al bollo mientras señalaba con el pulgar al Ophiotaurus.
-Mmh…Lassie…Cassie…no! Ya tengo uno mejor! Qué tal si lo llamamos Bessie? - proclamó Mokona felizmente.
-Bessie el Ophiotaurus…creo que le queda bastante bien-
Girándome hacia donde se hallaba encallada la criatura mitológica, procedí a relatarle en Parsel.
-§ Mi amiguita, el bollo negro de allá, ha decidido que Bessie es un buen nombre para ti. Te gusta? §- le pregunto para corroborar.
-§ Mmh…Bessie, es corto y sin un gran significado especial…me gusta humano. Gracias §- dijo alegremente Bessie.
-§ Ahora, puedo preguntarte que haces por estos lados? Pensé que vivías ocultándote de la vista de todo ser mitológico que quiere atraparte §-
-§ Sentí tu aura humana. Pero ahora creo que ese término no encaja bien en ti. Eres más que un mortal o un legado, pero tampoco llegas a ser un divino… qué eres? §- me preguntó con auténtica curiosidad.
-§ Siendo honesto, ni siquiera yo sé con seguridad que terminología me vendría bien. Pero prefiero llamarme a mí mismo un brujo §-
-§ Tu eres ese sujeto que concede deseos a cambio de algo no? §- me preguntó, sorprendiéndome con esa data.
-§ Así que mi fama ha trascendido? §- le cuestiono socarronamente.
-§ Si, dicen que tomaste una espada de un centauro, y que inclusive le diste un arco a la diosa de la luna §- me digo en un tono burlón.
-§ Si…ese fui yo. Pero volviendo al tema principal, si me encontraste, significa que deseas algo, no es así? §- le digo mientras lo miraba a los ojos detenidamente.
-§ Tienes razón brujo. Me acerqué a ti porque tu aura irradiaba pureza. Estoy cansado de estar huyendo y escondiéndome durante milenios. Mi deseo es poder estar en un lugar tranquilo y puro. Puedes ayudarme con eso? §- me preguntó el Ophiotaurus mientras yo podía ver en su mirada el cansancio acumulado de tanto huir.
-§ Si puedo ayudarte, pero sabes que tienes que darme algo a cambio no? §-
-§ Lo sé…cuando llegue el momento indicado quiero que me entregues a los olímpicos, y que ellos me maten finalmente. Por un poco de paz, te pagaré con mi destino para no tener en jaque a nadie más §- respondió finalmente, sabiendo que dentro de unos años su presencia será de primera necesidad.
-§ Esta bien… § A ver que piense, dónde podría encontrar un lugar con un aura pura…? - pregunte al aire mientras trataba de pensar en algo que me ayude.
Cuando de repente Mokona empezó a mover sus bracitos, tratando de llamar mi atención.
-Harry! - gritó, saltando delante mío, acaparando completamente mi atención.
De repente abrió su boca de manera que saco de su interior un jarrón. Una hermosa obra de arte, hecha de la más fina porcelana, de color blanca, con dibujos de flores en tonos azules. Misteriosamente irradiaba una gran cantidad de pureza, limpiando todo el aire a su alrededor de la contaminación y malas vibras.
-Tienes razón! Podríamos usar esto! Esa es mi Mokona! Qué lista eres! - digo mientras me acerco al jarrón y choco los cinco con el bollo negro y procedo a tomarla entre mis manos y la refriego contra mi cara con cariño.
-Mimitos ! - exclamó felizmente.
-Preparémoslo todo deprisita…-
Moviendo cuidadosamente el jarrón hasta la orilla del mar, hasta que quede justo en frente de Bessie. Para así poder continuar con el proceso.
-§ Bien… §- digo para llamar a la atención de la criatura.
-§ Este jarrón me ayudará con mi deseo? §- me preguntó curiosamente.
-§ Exactamente. Se lo encargué a mi proveedor de toda la vida, y él me lo consiguió §-
-§ De dónde? §-
-§ De un templo sintoísta. De extranjis §- digo en un bajo susurro tratando de que no me escuche.
-§ Te lo robaste!? §- exclamó exaltado el Ophiotaurus.
-§ Pero pagué por él §- digo satisfecho.
-§ Pero eso no cambia nada! §-
-§ Bueno, bueno, ese tema…Dejémoslo a un lado. Ahora…mira fijamente al interior del jarrón §- le digo para terminar toda esta charla innecesaria.
-§ Vale…§-
Bessie inclinó su cuello y posicionó su cabeza sobre el jarrón, mirándolo detenidamente. Cuando de repente un haz de luz empezó a proyectarse desde el interior del mismo. Haciendo que su brillo se refleje en los ojos del Ophiotaurus.
En cuestión de unos cinco segundos, el ser mitológico fue absorbido al interior del jarrón. Que viene a ser justo un pequeño universo de bolsillo, donde su ambiente es de máxima pureza, y no hay ningún ser que perturbe esa tranquilidad.
-Ha funcionado! - decimos al unísono Mokona y yo.
-Muy bien, ahora que Bessie se encuentra en un ambiente mucho más estable hasta que su hora llegue, nosotros podemos…volver a la cabina para nuestro ganado descanso! - digo al bollo en mi hombro.
-Cabina! Cabina! - gritaba alegremente.
Caminando de regreso a nuestra cabaña, escucho a unos metros de distancia, una voz conocida. Me dedico a prestarle un poco más de atención y puedo divisar dos personas charlando en frente de una fogata, mientras comían.
Una mujer hermosa con los ojos azules que brillan y cambian de color en la luz, el pelo largo y castaño con algunas vetas grises en ella, aunque puedo mencionar que es imposible imaginarla tan adulta, y una sonrisa en su cara que puede ser tan caliente como una colcha. Ella también tiene un aroma de chocolate, regaliz, y todo lo demás que uno podría encontrar en una tienda de dulces. Ella es Sally Jackson, la vendedora del local de mis dulces favoritos.
A su lado se encontraba una joven muy guapa, con el pelo largo y negro azabache, y unos ojos verdes brillantes como el mar. Alta para su edad y en muy buena forma, muscular y magra. Ella no parece saber, pero atraería una gran cantidad de miradas si caminase por la ciudad en este momento. Por las similitudes en las facciones de su cara con Sally, debería decir que me encuentro observando a la pequeña princesa.
-Me gustaría que pudiera verte, Perse. Él estaría muy orgulloso de ti- escucho decir a Sally mientras me acerco a ellas generando un poco de ruido para no asustarlas de repente.
-Antares? Vaya que casualidad encontrarte aquí! - exclamó Sally al verme llevar a su rango de visión.
-Las casualidades no existen Sally, tan solo inevitable. Cómo andas? -
-Muy bien, disfrutando de un día de playa con mi hija que acaba de volver de la secundaria- dijo felizmente mientras señalaba a la muchacha que yacía a su lado.
-Gusto en conocerte Ariel- le digo juguetonamente, solo para ver que Sally abre sus ojos en proporciones cómicas.
-Ariel? No mi nombre es Perséfone, pero me dicen Perse- me dice la muchacha mientras un rubor cubre sutilmente su cara al verme detenidamente.
-Oh! Lo siento Perse, pasa que te confundí con una sirenita. No es así Sally? - le pregunto a la mujer tratando de saber si le confiesa su secreto ahora antes de que sea tarde.
-Co-com-como sabes "eso" Antares? Nunca se lo he dicho a nadie- dijo temerosamente la mujer.
-Qué? De qué estás hablando mamá? Quién es este sujeto? - preguntó la jovencita.
-Realmente me disculpo por no haberme presentado anteriormente Perse. Mi nombre es Antares Black, un recurrente cliente del local en el que atiende tu madre. Y con respecto a "eso" Sally, ya te lo he dicho antes, mi tienda vende lo que la gente desee, excepto que yo sé perfectamente cuál es el deseo que quieren- me explico ante la mirada sospechosa que me da Sally.
-Eres uno de ellos? Vienes a hacer daño a mi hija? O vienes a llevártela? - me preguntó rápidamente sin respirar, mientras abrazaba repentinamente a su hija.
-No Sally, no haré daño a tu hija, ni tampoco la apartaré de tu lado. En cuanto a la primera pregunta, es un tanto difícil de responder. Digamos que solo soy un brujo-
-Un brujo? Cómo los que hacen trucos de magia? - me preguntó inocentemente Perse.
-Así es. La magia existe, así como también existe lo que hiciste frente en el museo- le digo socarronamente mientras su boca se abre por la bomba que largué, haciendo que Sally mueva su cabeza en dirección a su hija instantáneamente.
-Muchachita, qué me estás ocultando?! Dime ahora mismo por favor! - chilló Sally a su hija.
-Yo…yo…vi a mi profesora de algebra convertirse en un monstruo con alas de murciélago, y luego vi a tres ancianas tejiendo lo que parecía una media gigante, una de ellas cogió unas tijeras y corto un hilo. Qué está pasando mamá? - preguntó desesperadamente Perse, tratando de entender lo que sucedía.
-Creo Sally, que es momento que tu hija sepa la verdad. Tiempos difíciles se están acercando. Si no te has dado cuenta, el clima varía mucho. Uno de ellos ha perdido algo, y está bastante cabreado. Tu hija estará en medio de ese problema. Explícale, y yo te ayudaré con algunos detalles- le digo comprensivamente a la mujer, que parece haber envejecido diez años de repente tras la confesión de su hija.
-Hija, tu padre…tu padre era un hombre importante. Recuerdas cuando te contaba sobre la mitología griega? Bueno, en realidad eso existe. Y tu padre es un dios, Perse- finalmente confesó Sally a su hija, liberándose de una pesada carga que llevó durante años.
-Pe-pe-pero por qué nunca me lo dijiste? - le preguntó asustada Perse.
-Porque hubieses estado en extremo peligro. El hecho de que tú seas la hija de una mortal y un dios, te convierte una semidiosa. Básicamente, la botana perfecta para monstruos como la furia que te enfrentaste en el museo- le explico lo más simple posible para que entienda.
-Entonces, quién es mi padre? Y por qué nunca me visitó? Acaso mi mamá fue una aventura para él? - preguntó furiosamente la ojiverde.
-Quien es tu padre, no puedo decírtelo, tienes que esperar a que te reclame, pero te doy una pista: mira el mar. Por qué nunca te visitó, fue por una prohibición que hicieron hace mucho tiempo, lo cual, en mi opinión, fue una decisión bastante estúpida. Y no, tu madre no fue una aventura para él, por extraño que parezca, el ama profundamente a las mortales que conoce- le relato, tratando de calmar la furia que está generando en las aguas que se hallan detrás mío.
-Es Posei- comenzó a decir solo para que yo la interrumpa.
-No digas los nombres en voz alta. Los nombres tienen poder. Si sabes el nombre de una persona podrás controlar su alma. El nombre es algo muy peligroso y deberás cuidarlo mucho Perse- mientras me acercaba a su oído para susurrar esas palabras, generando un sonrojo de su parte.
-Y ahora qué sucederá Antares? Por qué mi hija tendrá que ver con lo que está sucediendo con el clima? - preguntó preocupada la madre.
-Debido a que tu hija es lo que llamaríamos, un niño prohibido. O sea, que ella se suponía que no debía nacer- le digo.
-Cómo es eso? - Perse me preguntó.
-Verás, hace unas décadas, algunos hijos semidioses de los tres dioses principales, generaron algunas disputas un tanto problemáticas. Logrando así lo que conocemos como la segunda guerra mundial. Tras finalizar la guerra, los tres dioses juraron nunca tener un hijo, pues una profecía decía que un niño de ellos nacería y guiaría al Olimpo. Ya sea a la grandeza, o a su caída- le digo mientras las dos mujeres escuchan atentamente a mi explicación.
Viendo como absorbían la gravedad de la situación, vi como un tornado se originaba en el mar, violenta y furiosamente se acercaba despacio hacia tierra firme. Realmente Zeus debe haberla jodido de alguna manera, para que Poseidón reaccione así.
-Creo que deben ir a descansar, toda la información que han recibido debe de haberlas dejado cansadas tanto física como mentalmente. Vayan a descansar, pues mañana será una jornada un tanto agitada- les digo mientras las guio al interior de mi cabina, pues quiero vigilarlas ante lo que pueda suceder.
Me despierto temprano, ante los primeros rayos del carro de Apolo. Creo que el día que me encuentre con él, le patearé las pelotas por hacer que el sol brille demasiado tan temprano.
Acomodándome de mi lugar en el sofá, puedo ver como madre e hija duermen plácidamente en una cama tamaño King. Con Mokona siendo firmemente abrazada por Perse. Algo en esa bella chica me llama la atención, al igual que sucede con Artemisa o Zoe. Posee una belleza natural, con su pelo despeinado, sus labios finos, sus pestañas largas, su nariz respingona. Realmente bonita, sin la necesidad de ponerse maquillaje encima.
Oh diablos! Ella también me atrae, quiero guiarla en su destino, cuidarla para que no se lastime, o que otras personas le hagan daño. Verdaderamente me estoy conteniendo para no ir en este instante y acostarme a su lado y abrazarla.
Miro por la ventana. Puedo ver como el tornado que se originó ayer, se encuentra demasiado cerca de la costa.
Decido en ir a despertar a las dos mujeres. Y decirles que se preparen para irnos. Cuando de repente unos golpes en la puerta alertaron que alguien llegó, y bastante apresurado me parece.
Abriendo la puerta, puedo observar a nuestro inquieto visitante.
Un sátiro alto, de pelo castaño rizado, ojos marrones, pequeños cuernos, piel caucásica, una fina barba y patas de cabra marrón peludas, se encontraba delante mío.
Ninguno de los dos dijo palabra alguna, mientras él me miraba miedosamente, yo trataba de sondear su mente para saber lo que sucedía. Debo admitir que el sátiro apesta a la hora de hacer su trabajo.
-Qué buscas niño burro? - le pregunto burlonamente, sabiendo que toque una fibra sensible.
-Blaa- ha- ha! Cabra! Soy una cabra de la cintura para abajo! - protestó el sátiro.
-Sí, si…lo que digas niño cabra. Que buscas? Se te perdió acaso una semidiosa? -
-Cómo lo sabes? Quién eres? Qué has hecho con ella? Dónde está? - preguntaba rápidamente el muchacho.
-Como lo sé, es un secreto. Soy Antares Black. Ella esta con su madre en este momento haciendo rápidamente sus maletas. Se encuentra detrás mío justo en este momento- respondo a cada una de sus preguntas cuando de repente Perse aparece de atrás mío.
-Grover? Qué haces aquí? Y por qué eres mitad burro? - preguntó tan inocentemente que me daban ganas de darle un beso.
-Styx! Que soy una cabra! Tan difícil de entender es?!- gritaba a los cuatro vientos.
-Ya, ya…no es para tanto. En cuanto al porque se encuentra aquí Perse, se debe a que viene a buscarte ya que estas en peligro y debes llegar rápidamente a un campamento para los semidioses como tú- le digo a la pelinegra.
-Peligro?! Qué le sucederá a mi hija?!- angustiada Sally preguntó.
-Sally, a tu hija la está buscando el hijo de Pasifae. Por lo que es de urgente necesidad que ella vaya a la protección del campamento que su padre te encomendó- le explico, aplacando su preocupación.
-El hijo de Pasifae? Pero ese no sería el Min…- comenzaba a decir Perse, solo para ser silenciada por la mirada fulminante de su madre.
-Que te explicó Antares sobre los nombres? -
-Que tienen poder… quieres decir, que, si lo hubiese nombrado, habría aparecido aquí? -
-Si- fue la única respuesta que recibió de nosotros tres.
-Entonces que haremos? Cómo llegaremos al campamento? - preocupada dijo mientras me miraba en busca de ayuda.
-Yendo en el auto tan solo servirá para que el niño grande nos haga puntería con un rayo. Así que, por favor, todos tomen sus maletas y agárrense de mi- les digo sin tantas explicaciones.
-Qué harás? Es acaso uno de tus trucos como brujo? - me preguntó Perse, mientras su madre iba a buscar los bolsos.
-Cómo que brujo? - cuestionó el sátiro.
-No es charla para ahora. Tómense de mí, cierren los ojos y contengan la respiración hasta que yo les avise- dije rápidamente.
Una vez que todos se callaron, se aferraron de mis brazos y siguieron mis solicitudes. Enfocándome en la entrada al campamento, decidí aparecerme rápidamente.
-Listo, pueden abrir los ojos y volver a respirar- les digo una vez que llegamos a la entrada al campamento, a lo lejos puedo apreciar un gran pino que emana un poder relajante y protector.
-Qué demonios fue eso?! –
-Sentí como si estuviese dentro de una licuadora! -
-Creo que no debí comer esa última lata…-
Para ser la primera vez que se aparecen, debo decir que lo manejaron bastante bien. Mejor que yo la primera vez. Suertudos.
-Eso fue algo llamado Aparición. Lo lamento si fue un tanto incómodo para ustedes, pero era el método más rápido para transportar a tantas personas en situaciones como estas…- estaba explicando solo para ser interrumpido por el ruido estruendoso de algo que venía en nuestra dirección.
-Todos, rápido, atrás mío! - exclamé, para que ellos me obedeciesen inmediatamente.
Sintiendo como ellos se ponían detrás mío, con Perse aferrándose con fuerza a mi ropa, con temor ante lo desconocido. Veo como el Minotauro viene corriendo justo para embestirme con sus cuernos.
Levanto lentamente mi mano izquierda en un movimiento agraciado, y espero a que el monstruo se acerque lo suficiente para contraatacar.
Veinte metros, oigo los sollozos del sátiro a mis espaldas.
Quince metros, Sally ora a Poseidón en un susurro por ayuda.
Diez metros, Perséfone me abraza completamente, sintiendo como la parte posterior de mi ropa se humedece con sus lágrimas.
Cinco metros, puedo sentir su olor pútrido.
Tres metros, el Minotauro entró en mi rango de ataque.
-DEPULSO!- exclamé, con un efecto inmediato al monstruo, que salió rechazado hacia atrás, chocando contra un árbol, dejándolo tirado e inconsciente por unos breves momentos.
Rápidamente me giré sobre mi eje, quedando frente a la joven muchacha, sacando un pequeño clip con forma de ala para el pelo, y entregándoselo.
-Toma, esta será el arma que usaras de ahora en adelante. Estará en sintonía contigo, será una extensión de ti. Y siempre volverá, aunque la pierdas. Nunca te abandonará. Ahora toca el ala y verás lo que es- le explico mientras corro su pelo por mis dedos, que tras lo ocurrido se había vuelto una mata indomable, logrando nuevamente se sonroje ante mis actos, sacándome una sonrisa.
Tocando el ala del clip, ella pudo apreciar cómo se transformaba en un tridente. El mismo tridente del general Merpeople que tomé hace muchos años atrás. Viéndola así, puedo apreciar la belleza que irradia. Como una amazona preparada para luchar. La misma belleza que las demás chicas con las que me he estado relacionando últimamente.
-Es para mí? - pregunto Perse.
-Así es mi pequeña sirenita…Ahora debes aprovechar que la bolsa de carne está en el piso y acabar con el- le digo mientras veo como un brillo en sus ojos aparece y hace lo que le digo.
Acercándose con pasos cuidadosos, se coloca encima del Minotauro. Alzando el tridente lo más alto posible, logrando que la gravedad se encargue de ayudarla en el descenso de su arma y acabe con la criatura que llegó para hacerle daño.
Hundiendo profundamente las tres puntas filosas en el pecho del monstruo, Perse fue sorprendida cuando explotó en una nube de oro. Dejando solo un cuerno como botín de guerra.
-Bien hecho princesa…muy bien hecho- le digo mientras aplaudo, ocasionándole un rubor que llega hasta su cuello por la atención que estaba recibiendo.
-Gra-gracias Antares…- dijo con una pequeña sonrisa en su rostro.
-Bien, ahora que todo el peligro terminó, creo que será mejor si entramos al campamento- les digo, solo para que Grover intente detenernos.
-Lo siento, pero la Sra. Jackson y tú no podrán pasar- me dijo el niño cabra.
-Pe-pero por qué no pueden Grover!?- gritó furiosa Perse a su amigo.
-Porque los mortales no pueden pasar la barrera del campamento mestizo-
-Y quién dijo que yo soy un simple mortal? Además, Sally puede pasar tranquilamente la barrera también- les explico tranquilamente.
-Puedo pasar? - me preguntó con curiosidad la mujer.
-Sí, porque, si no lo sabias, eres un legado del dios del sol, así como lo es tu hija. No lo sabias? –
-No, realmente no- me contestó con una honestidad brutal.
-Bueno, entonces todo resuelto, podemos entrar sin tanta preocupación- digo mientras guio el camino hacia la entrada.
A lo lejos puedo ver que alguien se acerca a recibirnos desde el otro lado de la barrera.
-Ah! Y antes de que me olvidé…Perse, no creas que te di el tridente gratis. Tendrás que pagarme con algo del mismo valor, algo que hallaras en tu búsqueda- dije misteriosamente ante la mirada atónita que me daba.
-Eres un gitano! – me gritó, haciéndome reír ante la frase que he oído bastantes veces este último tiempo.
Una vez que cruzamos la barrera fuimos recibidos por dos personas, una niña rubia, y un antiguo cliente mío. El cual su cara palideció al verme.
-Vaya, te sorprende verme aquí Mr. Brunner? - le pregunto con una sonrisa burlona.
Terminó el capitulo ocho, espero que les haya gustado.
Por favor comenten y dejenme sus consejos.
Nos vemos en el proximo capítulo!
