El gran comedor estaba repleto de alumnos que daban cuenta de su desayuno la mañana del domingo del primer partido de quidditch de la temporada, Gryffindor contra Slytherin. Lily y Elizabeth se apretujaron entre varios alumnos en la mesa de los leones, lo más lejos posible de James Potter, que fanfarroneaba en un punto en mitad de la mesa con su equipamiento de quidditch puesto.
- Me vas a odiar por decir esto, pero ojalá perdamos.- murmuró Lily con cara de angustia acercando su cabeza a la de Elizabeth.
- Siempre podemos ganar y que el otro equipo atrape la snitch…- aventuró Elizabeth mirando a Potter, que se había subido en su parte del banco y hacía pantomimas simulando que atrapaba la pequeñísima pelota alada.
- ¿No podemos quedarnos en la biblioteca hasta que pase el partido? - preguntó Lily a la desesperada.
- ¡De ninguna manera! Recuerda que Fiona juega de cazadora, tenemos que animarla, es su primer partido también. Por cierto, ¿dónde está? No la vi al entrar…- Elizabeth miró alrededor.
- Sigue en la habitación.- explicó Scarlett que se acababa de unir a ellas - Dice que no tiene hambre y que bajará directamente a los vestuarios cuando sea la hora del partido.
Elizabeth miró su reloj, aún quedaba media hora para que comenzase el partido así que cogió varias tostadas, las envolvió en una servilleta, agarró un tazón de leche con miel y salió a paso ligero del comedor para llevárselo a Fiona a la habitación. Cuando llegó al retrato de la Señora Gorda este se abrió dando paso a la persona a la que menos le apetecía ver en aquel momento, y en ninguno en realidad.
- Bennet. - murmuró Sirius pasando de largo.
- Black. - susurró ella entre dientes desapareciendo por el hueco del retrato.
Subió rápidamente las escaleras hacia su habitación y al traspasar la puerta encontró a Fiona sentada con las rodillas encogidas en su cama y balanceándose hacia delante y hacia atrás. Su rubia cabellera tapaba su rostro que mantenía pegado a las rodillas.
- ¿Qué haces lerda? - le preguntó Elizabeth de sopetón sobresaltándola- Te he traído esto para que comas algo antes de salir al campo, necesitas energía para el partido.
- Creo…- balbuceó Fiona mirándola con ojos llorosos- creo que no voy a ir.
- No seas idiota, te vi en los entrenamientos y vuelas muy bien.- la animó Elizabeth acercándole la taza de leche y las tostadas.- Come algo y vamos.
Finalmente consiguió que Fiona ingiriera algo y bajaron juntas al campo de quidditch, allí se separaron, la rubia se fue a los vestuarios con las piernas temblando y Elizabeth subió a la tribuna de Gryffindor para ver el partido y animar a su amiga.
- ¡Ay madre! - chilló Lily cuando los dos equipos salieron al campo en sus escobas.- ¡Es tan pequeña! Si le da una de esas bolas asesinas…
- ¡Calla cuervo! - exclamó Elizabeth- No le va a dar nada, como no vienes a los entrenamientos no viste lo bien que vuela. Ahora verás, se van a enterar esas serpientes de lo que es meter goles.
- Hablas como Black.- le dijo Lily soltando una carcajada.
- Ya quisiera.- saltó una voz grave detrás de ellas.- Yo tengo mucho más estilo.
Sirius, Peter y Remus se habían colocado detrás de ellas para ver el partido, con el consecuente pavoneo de Scarlett para llamar la atención del heredero de los Black. Elizabeth por su parte se quedó mirando fijamente a Lupin, sin prestarle atención a las tonterías de Sirius. El chico tenía muy mal aspecto, estaba pálido y parecía que los arañazos de su rostro se habían multiplicado desde la última vez que le vio.
- Remus ¿qué…?- comenzó, pero el silbato de la señora Hooch y la voz amplificada de Frank Longbottom, que ejercía de comentarista, la silenciaron.
Pero a Sirius no le pasó desapercibida la mirada escrutadora de Elizabeth hacia su amigo. Hacía varias semanas habían descubierto que Lupin tenía un secreto, su pequeño problema peludo, y no estaba dispuesto a que nadie más lo supiera. Iba a impedir con todos sus medios que Elizabeth supiese que Remus Lupin era un hombre lobo, y si para ello tenía que amenazarla con pegarle fuego, no dudaría en hacerlo. Estaba ya harto de esa Bennet, que tanto estaba bien con una serpiente como se comportaba como una auténtica Gryffindor.
Estaba tan sumido en esos pensamientos, mirando fijamente a Elizabeth, que no se dio cuenta de que Scarlett se le venía encima y cayeron los dos aparatosamente hacia atrás, casi al borde de la grada.
- ¡¿Qué narices haces loca del demonio?! - chilló Sirius tratando de quitársela de encima.
- Pe...perdona.- murmuró Scarlett con fingida inocencia- Resbalé al saltar para celebrar el gol de Fiona.
- Pues resbala hacia otro lado, casi me tiras plataforma abajo.- gruñó el chico indignado pudiendo levantarse al fin.
Elizabeth observaba a la pareja con una ceja levantada, sabía perfectamente que Scarlett no había resbalado y se había tirado deliberadamente contra Sirius. Le molestó que su amiga estuviese tan desesperada por ganarse la atención de ese idiota e intuía que ese movimiento iba a traerle consecuencias a ella. Scarlett encontraría alguna forma de culparla por alguna idiotez y tendría que aguantarla otra vez. Sus sospechas se vieron confirmadas cuando ella se colocó de nuevo en su posición y le echó una mirada de odio.
- ¿Qué mierda te pasa ahora?- preguntó enfadada - ¿Es mi culpa también que seas más torpe que un porlock ciego?
Scarlett le giró la cara y miró indignada hacia el campo de quidditch. Elizabeth decidió pasar de ella y continuar disfrutando del partido, justo cuando miró de nuevo al campo Fiona anotó otro gol y pasó volando con su melena dorada al viento cerca de la grada saludando.
- ¡Y Fiona Lovelace marca otro tanto! ¡60 a 30 a favor de los leones que este año han hecho un gran fichaje! ¡Lovelace ha marcado cuatro de los seis goles hasta el momen…!- Frank interrumpió su comentario abruptamente - ¡Pero qué es esto! ¡Parece que el otro nuevo fichaje de Gryffindor, el buscador James Potter ha visto la snitch!
Y efectivamente, James volaba peligrosamente hacia el suelo, en una carrera vertiginosa hacia una pequeña mancha dorada que planeaba cerca de la hierba. El buscador de Slytherin intentaba ponerse a la par del Gryffindor, pero su velocidad no era suficiente. Un aullido de triunfo sonó en las gradas de Gryffindor y se extendió hacia las de Hufflepuff y Ravenclaw. Potter había atrapado la snitch.
Los tres amigos de James chillaban, saltaban y cantaban y Elizabeth observó a Lily, que estaba en shock.
- Alégrate amiga, aunque tengamos que aguantar el pavoneo de Potter es una victoria para Fiona y para nuestra casa.- la animó.
- No… si estoy contenta. Lo que me extraña es no sentir ni una pizca de preocupación por lo que haga Potter. ¡Estoy eufórica de hecho!- exclamó la pelirroja sonriendo de oreja a oreja.
La sala común de Gryffindor se llenó de gente celebrando la victoria de los leones, la cerveza de mantequilla corría como el agua de un río y todas las mesas estaban llenas de abundantes platos de comida.
- ¿De dónde habrá salido toda esta comida? - preguntó Lily observando las mesas repletas y girándose hacia Elizabeth con un plato de pasteles de melaza en la mano.
- Quien sabe.- Elizabeth sabía perfectamente de dónde había salido, los cuatro amigos seguramente habían asaltado las cocinas cubiertos con la capa de invisibilidad de Potter, pero no iba a acusarlos ante su amiga.
James saltaba de un sofá a otro con la equipación de quidditch aún puesta, gritando y con los carrillos llenos de cacahuetes, los gemelos Prewett cantaban el himno de Hogwarts al ritmo de una canción heavy, Peter saltaba alrededor de James dando pequeños chillidos de rata, Remus observaba a su amigo mientras daba cuenta de una jarra de cerveza de mantequilla y Sirius Black estaba sentado en uno de los sofás observando a todo el mundo con aire aburrido y con Scarlett a su lado tratando de llamar su atención.
Lily y Elizabeth pasaron de largo hacia las escaleras con la intención de huir del barullo de la sala común, pero James saltó de uno de los sofás hasta bloquear el camino hacia las habitaciones.
- ¡Evans! ¿No te quedas a celebrar mi victoria?
- No, además no es tu victoria, es la del equipo de Gryffindor. - Lily intentó apartar a James de su camino sin éxito.
- Quedaos un poco más, anda.- rogó el chico con cara de bueno, esta vez mirando a Elizabeth que puso los ojos en blanco y asintió levemente.
- ¿Qué? ¡No! - exclamó Lily indignada cuando su amiga la arrastró hasta el centro de la fiesta.
- Mejor quedarnos un rato y hablar con otra gente a tener a Potter pegado en la chepa insistiendo en que nos quedemos.- diciendo esto se separó de Lily y se sentó en un sofá cercano a una de las ventanas, en un rincón menos concurrido.
Sirius observaba todos los movimientos de Elizabeth arrellanado en su sofá, con la cháchara interminable de Scarlett zumbando en su oído, al verla sentarse en un lugar más apartado murmuró algo de ir a por más cerveza de mantequilla y se acercó a la ventana en la que la castaña observaba los terrenos del castillo.
- Bennet.- se arrodilló frente a la chica y la observó fijamente, ella se giró y le miró con hastío.
- ¿Sabes que cada vez que te acercas a mí me causas un problema con Scarlett? - Sirius la miró sin entender.
- Da igual.- murmuró Elizabeth resignada- ¿Qué quieres?
- Me gustaría volver a pedirte, esta vez con algo más de tacto, que no intentes investigar nada sobre Remus.- le dijo.
- Remus me cae bien.- comenzó Elizabeth armándose de paciencia- Todo lo que hay en mí es preocupación por su estado de salud, no lo hago ni de cotilla ni para fastidiarle.
- Me cuesta fiarme de ti cuando tienes buenas relaciones con serpientes.
- Pese a todo lo que hice por vosotros y por ti en concreto, ¿me vas a juzgar porque no soy una cabezota cerrada de mente? - Elizabeth le miró angustiada - Tú y yo nunca tuvimos la mejor relación, pero sabes bien que es por tu culpa y lo que me hiciste en la fiesta de los McKinnon.
- Eso fue… ¡Yo no te conocía!
- Pues ahora me conoces, pero me juzgas porque tuve una conversación con Snape. Y no te paras a pensar en las veces que te ayudé contra los Slytherin. Tú, que le prendiste fuego a mi vestido sin conocerme, te permites el lujo de desconfiar de mí porque hablo con una persona que no te cae bien, es ridículo.- Elizabeth se pasó la mano por el cabello empezando a sentirse nerviosa.
Sirius se quedó pasmado mirándola, no era así como esperaba que transcurriese la conversación. No podía negar nada de lo que ella le había dicho, pero al mismo tiempo se negaba a aceptar que se llevase bien con Snape.
- No me gusta que te lleves bien con ninguna serpiente.- dijo al fin.
- No te corresponde a ti decidir con quien me llevo bien Black.
- Mientras te lleves bien con él, no confiaré en ti.- se empecinó Sirius.
- ¿Esto es alguna especie de ultimátum? ¿o Snape o tú? - Elizabeth miró los ojos grises de Sirius con una ceja levantada.
- No voy a dejar de hablarte porque te lleves con Quejicus.- contestó encogiéndose de hombros tras pensarlo un momento.- Pero no puedo confiar en que no les cuentes nuestros planes a las serpientes si tienes relaciones de ese tipo, y tampoco puedo confiar en ti en lo que respecta a Lupin.
- Nadie te lo ha pedido.- espetó ella mudando la mirada a una de desprecio- No me interesa mantener ningún tipo de relación con una persona que a la vez que me quema el vestido sin conocerme de nada, se queja de que mantenga relación con un Slytherin alegando que son ratas traicioneras- Elizabeth detuvo un momento su mirada en los ojos de Sirius.- Por mí te puedes ir por donde has venido y no dirigirme la palabra nunca más, me importa poco.
- Bennet…
- ¿Qué? - le cortó la joven con frialdad.
- He venido de buen rollo.
- De nada me sirve tu buen rollo si el contenido de tus palabras es mierda pura. ¿Quieres ser mi amigo? Bien. Pero no me digas con quien puedo o no puedo hablar, no tienes ningún derecho.
- Bennet, llevo conviviendo con Slytherins toda mi vida… sé de lo que te hablo.- la voz de Sirius dejó entrever un deje de súplica que sorprendió a Elizabeth.
- Me da igual Sirius. Si estoy cometiendo un error déjame darme cuenta sola. Si no puedes soportar que hable con Severus eres libre de retirarme la palabra, ya te he dicho que me da igual.
- ¿Lo prefieres a él antes que a mí? - el orgullo herido de león tiñó sus palabras de reproche.
- Él no me hizo elegir.- Elizabeth zanjó la conversación, se levantó del sofá y desapareció entre el gentío de camino a su habitación.
Sirius, frustrado, se sentó en el sillón que anteriormente había ocupado Elizabeth y observó los terrenos de Hogwarts, bañados con la luz de las estrellas.
Elizabeth se tiró boca abajo en la cama y cerró el dosel, no tenía ninguna gana de escuchar los reproches ni de recibir las miradas asesinas que con seguridad Scarlett le prodigaría en cuanto entrase por la puerta de la habitación. Lily entró poco después, observó el dosel cerrado de su amiga con sorpresa, era la primera vez desde que habían llegado a Hogwarts que lo había visto así.
Mientras la pelirroja se desvestía, Scarlett entró como una exhalación, se detuvo un instante delante de las cortinas de la cama de Elizabeth y tras ese momento de vacilación, las abrió con determinación ante la mirada de indignación de Lily.
- ¡Scarlett! ¿Qué…? - comenzó Evans indignada.
- ¡Cállate Lily! - le espetó girando a continuación la cabeza hacia Elizabeth, que continuaba tumbada boca abajo y que parecía no haberse percatado de la intrusión.- ¡Tú! ¿Qué le has hecho a Sirius?
Elizabeth continuó tumbada, decidida a ignorar a Scarlett. Pero O'Hara no estaba dispuesta a rendirse, se inclinó sobre su compañera de cuarto y la giró con brusquedad, quedando cara a cara. Lily se acercó para intervenir, pero Elizabeth negó con la cabeza casi imperceptiblemente, aunque el gesto no pasó desapercibido para su mejor amiga.
- ¿Qué te hace pensar que yo le hice algo?
- Después de que lo acaparases durante la fiesta se quedó en un rincón solo.
Elizabeth respiró con hastío antes de contestar.
- Me encanta tu habilidad de tergiversar los acontecimientos según te conviene, pero el que me acaparó fue él a mí.
- Eres una creída.- rezongó Scarlett.
- No. No vino a pedirme una cita precisamente, vino a molestarme como hace siempre y tú te empeñas en ver cosas donde no las hay. - Elizabeth blandió el dedo índice delante de la cara de Scarlett silenciándola al ver que esta iba a replicar- Ni él tiene interés romántico en mí, ni mucho menos lo tengo yo en él. Ya te conté lo que me hizo, deberías tener este punto claro.
- Siempre acabáis juntos, de una u otra manera y tú sabes que me gusta Sirius desde hace bastante.
- ¿Y qué quieres que haga Scarlett? Si él me viene a molestar constantemente, no es mi culpa.
- ¿No sientes nada por él? ¿Absolutamente nada?
- Nada que deba preocuparte. Lo único que siento cuando viene a hablarme es molestia en la mayoría de los casos, y ese es el sentimiento más fuerte que me provoca.- aclaró ante la mirada inquisitiva de Scarlett.
Pareció satisfecha con la explicación de su amiga y el peso de los celos que se habían instalado en su estómago fue desapareciendo. Lily, que había observado la escena con la boca abierta por la indignación, decidió intervenir.
- No entiendo por qué le das explicaciones a esta idiota.- dijo con rabia- Después de cómo te ha abordado…
- Mira Lily, si esto sirve para que me deje tranquila de una vez con el tema de Black, me doy por satisfecha.
- Oye, que estoy aquí. - protestó Scarlett mirando a Lily con ceño.
- ¿Prefieres que hablemos de ti a tus espaldas?- rugió la pelirroja.
- Prefiero que no habléis de mí como si no estuviese presente.
- No os pongáis ahora a discutir vosotras, vamos a dormir ya, mañana será otro día.- atajó Elizabeth metiéndose en la cama.
Lily le echó una última mirada de desdén a Scarlett y desapareció entre las sábanas también. Fiona no llegó hasta mucho después, se había ganado su derecho a disfrutar de la fiesta hasta el final, sólo lamentó no poder hacerlo con sus mejores amigas.
