Disclaimers: Los personajes, el mundo, los objetos, monstruos y cualquier otro ser o elemento del Final Fantasy no me pertenecen.

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Comentario: Imagino que la mayoría de vosotros estaréis muy ocupados preparando exámenes y que no tenéis mucho tiempo para leer, pero subo esté capítulo por si tenéis un rato y os apetece relajaros ;D

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Por cierto, no termino de estar convencida de este capítulo, pero bueno, es lo que hay :D

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Capítulo 8: De mal en peor

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—¡A la hora del té —declamaba Rinoa, con ímpetu— los que daremos la primera retransmisión por cable seremos nosotros, no el malvado presidente Deling! ¡Vayamos a la emisora a liberar Timber!

—¡Sí! —corearon Zell y Selphie.

—¡Princesa, princesa, princesa! —vitoreaba Zone muy emocionado.

—¡Viva nueztra princeza!

—...

—Pero antes... —Rinoa miró alrededor—. Tenemos que abandonar para siempre el tren guarida. Ahora que el enemigo conoce su emplazamiento, no es un lugar seguro... ¡Esperadme aquí, que voy a por mis cosas personales!

Salió corriendo del compartimiento y regreso de inmediato.

—Demasiado peso para mí —dijo—. ¡Squall, acompáñame!

—A la orden —espetó.

Un rato después, el SeeD metía en su mochila invisible, ahora visible, el equipaje que la muchacha había dejado encima de la cama.

—¡¿Eso también?

—¡No querrás que me deje aquí mi secador de pelo!

—Si es una orden... —masculló cogiendo de mala gana aquel artilugio inútil, según Squall, porque un SeeD debe ser capaz de secar sus cabellos al viento, aunque éste sea gélido y esté lloviendo a mares.

«Sólo Seifer es la excepción, él usa secador para conseguir ese ridículo peinado... —reflexionó—. Pero él no es un SeeD», Squall ignoraba que el noventa y cinco por ciento de sus compañeros se saltaba esa máxima a la torera con tal de conseguir los artísticos peinados que lucían.

El joven introdujo en su mochila el secador junto a otras cosas de la chica: un neceser de aseo personal; un montón de papeles arrugados, a los que Rinoa había llamado "documentos secretos"; una colección a medias del Timber UFO Maniacs; otra completa de monstruitos de plomo; una cafetera y diez paquetes de café molido; un teclado electrónico; un equipo de música y varios CDS; un par de paquetes pequeños, que el SeeD no supo identificar (compresas y tampones); y varios trastos más, todo inútil e inservible, según Squall. Pero ella era la jefa, y si la jefa quería perder el tiempo en estupideces, se perdía y punto. Que para eso pagaba... Bueno, en este caso no pagaba..., reflexionaba con un humor de perros.

—Toma, coloca mi ropa con cuidado para que no se arrugue. —La muchacha le dio, colgado de una percha, el vestido que había llevado en el baile y los zapatos en una caja. Luego sacó del armario una docena de conjuntos, todos idénticos al que llevaba puesto y se los tendió.

—¿No son demasiados? —rezongó mientras los guardaba.

—No protestes tanto, que eres un SeeD. Una chica tiene que llevar ropa de repuesto, nunca se sabe cuándo va a hacer mal tiempo y no va a secarse la ropa... Mm... No me digas que tú sólo llevas una muda de repuesto...

—Yo llevo lo necesario —adujo Squall sin negarlo.

—¡Pero ¿y si se te rompen los pantalones y la muda está mojada? ¿Qué haces?... No me digas... ¡que vas con el culo al aire por el mundo!...

—¡A un auténtico SeeD no le pasan esas cosas!

—Jejejejeje... —reía la chica con la mirada perdida en las imágenes que le mostraba su imaginación, en la que Squall también había tenido que dejarse la espalda al aire, suponemos que para ir a juego con el resto del cuerpo...

—¿Por qué te ríes así? —quiso saber él.

—Por nada, por nada... Toma, trata con cuidado mi ropa interior.

Squall contempló las delicadas prendas femeninas, o lo que es lo mismo, la docena de tangas y sujetadores.

«Su... su... su... junto a mis... mis... mis...», pensó sintiendo que empezaba a marearse.

—P–p–p–pon–ponla tú–tú–tú misma... —balbuceó mientras sujetaba la mochila abierta.

«Squall, deja de balbucear y compórtate como un hombre de pelo en pecho —se dijo a sí mismo—, recuerda que es la novia de Seifer.»

—¿Ya has metido tu fea ropa interior? —preguntó, fingiendo indiferencia.

—Quizás los SeeDs estéis acostumbrados a la de seda —respondió algo mosqueada por el comentario—, ¡pero la gente de Timber no nos podemos permitir esos lujos!

—¿Y qué?

—¡Pues que compramos nuestra ropa en el mercadillo!

—Como no te des prisa, va a darnos la hora del té aquí —señaló en un intento de desviar la conversación—. Termina de recoger tus cosas.

—Ya está todo.

—Bien.

—Ahora solo faltan las cosas de Charco.

—¡¿Las cosas del perro también?

—¡Claro, no pretenderás que me lo lleve sin lo imprescindible para su supervivencia!

«Bueno, si sólo es lo imprescindible para su supervivencia...»

Lo que Rinoa entendía como imprescindible era: la caseta del perro, para que no pasase frío durante la noche si tenía que dormir al raso; el champú y la loción antipulgas, imprescindible para un pelo sedoso y sin riesgo; una gruesa lima apropiada para las uñas de Charco; el plato para la comida y el cuenco para el agua; varios sacos de pienso, aquella porquería que gustaba tanto a los chuchos; y varios números de Hocicos, la revista perruna.

Ni protestó, ¿para qué?... Menos mal que la mochila de Squall, como buena mochila de juego que se precie, era como un saco sin fondo y, en cuanto estuvo todo dentro, en apariencia estaba igual de llena que antes.

—Alé, vamos —dijo Rinoa—. Tenemos una ciudad que liberar. ¡Charco, Charco, ven que nos vamos!

—¡Guau, guau! —Entró contento y se arrojó encima de Squall.

—¡Charco, no le lamas la cara! ¡Charco, no lo chupes así!

—Por favor, ¿puedes quitarme a este bicho de encima?...

—¡Charco, no le babees el cuello peludo de la chupa!

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Ya en la calle, Zone y Watts dijeron que iban a investigar a ver cómo estaban las cosas por la ciudad y se marcharon dejando al grupo de SeeDs con la líder de la resistencia. Squall aconsejó:

—Aunque nadie nos busca, porque nos dan por muertos, sería mejor ir sin llamar la atención. ¿Está muy lejos de aquí la emisora?

—No, ¡seguidme! —Rinoa echó a andar muy rápido, sin esperar a nadie, seguida de Charco.

—¡Rinoa! —llamó Squall y salió tras ella. De pronto vio que un grupo de soldados que patrullaban la calle se aproximaba hacia ellos—. ¡Por aquí! —cogió a la muchacha del brazo y la arrastró dentro de un edificio.

Zell, Selphie y Charco los siguieron.

—¡Bienvenidos al Timber UFO Maniacs! —saludó jovialmente una muchacha—. Son el grupo de turistas número seiscientos treinta y dos desde la creación de la revista, y les ha correspondido un premio: ¡los tres últimos números de nuestra revista en edición de lujo! —Les entregó uno a Rinoa, otro a Zell y otra a Selphie—. Y la superbuscada Mil Novias, la revista para los chicos calientes. ¡Toma, guapo! —Se la dio a Squall y le guiñó un ojo.

—Merceditas... —murmuró Rinoa, mirando de forma extraña a la joven recepcionista—. ¿Esa no era la revista que quería Zone?

—¡Rinoa, no te había reconocido! ¡Como van diciendo por ahí que han matado a todos los libélulos asilvestrados pantaneros...! Jeje, pensé que para qué quería un muerto una revista y me dije que este chico sabría sacarle provecho, jeje.

—¡Ostras, Squall! —exclamó Zell, que estaba ojeando la revista—, ¡mira qué par de melones que tiene esta tía!

—¡A ver, a ver! —se animó Selphie.

—¡Guau, guau! —se contagió Charco también al ver el jolgorio de los dos SeeDs.

—Luego podrán deleitarse con ella —cortó Merceditas—, ahora deben hablar con el redactor jefe. Forma parte del premio.

El grupo fue conducido a una gran sala donde, además de montones de revistas por todas partes y una gran mesa rectangular llena de trastos, había una mesa de despacho junto a una ventana por la que entraba la luz e incidía sobre un hombre de unos setenta años. El individuo les dijo en cuanto se acercaron a él:

—¿Me hablas tú de periodismo? Para periodismo el mío en Centra. Fui allí con una cámara de pilas, un folio y un carboncillo y bla, bla, bla, bla... pero los jóvenes de hoy en día no tenéis ni idea, en mis tiempos, bla, bla...

Al rato, Rinoa y Selphie miraban por la ventana, Zell ojeaba unas revistas muy interesado en un fascinante artículo sobre el secuestro de vacas lecheras por platillos voladores y Charco daba vueltas sobre sí mismo, jugando a atraparse el rabo. Squall, como un buen líder que era, demostraba su entereza aguantando a aquel pesado.

Quince minutos después...

A Rinoa y Selphie les lloraban los ojos de tanto mirar por la ventana, Zell leía ahora un apasionante artículo sobre los avistamientos de membrillos a lunares y Charco, desesperado por la cháchara y con agujetas de tanto dar vueltas, rascaba la puerta de salida mientras aullaba lastimosamente:

—¡Auuuuuuuuuuu! ¡Auuuuuuuuuuu!

Y Squall... Bueno, Squall seguía aguantando estoicamente... al menos en apariencia.

—... Bla, bla... y le dije a aquel tipo que me había traído un articulo sobre la vida en Trakatán 275, un mundo al que lo habían llevado los extraterrestres que lo habían abducido: ¿Hablas tú de periodismo? Para periodismo el mío en Dollet. Fui allí con una cámara a pedales, una pizarra y una tiza y bla, bla, bla... pero los jóvenes de hoy en día no tenéis ni idea, en mis tiempos, bla, bla... Y le dije: ¿Hablas tú de periodismo? Para periodismo el mío en Balamb. Fui allí con una cámara de plástico, un rollo de papel higiénico y un lápiz sin punta y bla, bla, bla...

«Por dios, que alguien lo amordace o me lo cargo», pensaba Squall al borde de un ataque de nervios.

—¡Se acabó el tiempo de la visita! —anunció la recepcionista irrumpiendo en la sala.

Squall le dio las gracias mentalmente y se fueron corriendo perseguidos por la voz del redactor jefe:

—Los jóvenes de hoy en día no tenéis ni idea, en mis tiempos, bla, bla...

Por la calle andaba un grupo de soldados de Galbadia charlando muy animadamente y riendo. Parecía como si fuesen excursionistas.

—Esto está lleno de soldados —dijo Squall.

—¡Seguidme! —exclamó Rinoa y echó a correr seguida por Charco.

—¡Rinoa, espera! —Squall salió tras ella y la alcanzó a tiempo de meterla en una vivienda antes de que otro grupo de soldados, que iban patrullando, los viese.

—¡Rinoa, qué alegría que estés viva! —saludó la dueña de la casa, una mujer de unos cincuenta años—. ¿Cómo están los otros?

—Todos bien.

—Menos mal, corría el rumor de que habían acabado con Las Libélulas Asilvestradas del Pantano...

—Lo intentaron, pero no pudieron con nosotros, jeje. Chicos, os presento a doña Rogelia, la líder de Los Mosquitos Sangrientos Púrpuras, otro grupo de resistencia formado por ella, su marido, sus tres hijos y el gato.

—Mucho gusto —saludaron los SeeDs.

—¿Y qué vais a hacer ahora? —se interesó la mujer.

Rinoa le contó sus planes, en los que estuvo totalmente de acuerdo aquella otra cabecilla revolucionaria.

—Como aún falta para la hora del té, y debéis estar hambrientos y, casualmente, tengo un perol lleno del plato típico de Timber que me ha sobrado de la comida, es que Manolo —era su marido— se iba a traer a Los Pegotes Empapelados —otro grupo de resistencia— a comer pero al final no han podido venir. Me pregunto si queréis comer...

—¡Claro! —contestaron todos menos Squall—. ¡Estamos hambrientos!

—¡Guauguau!

—Yo no tengo hambre —considero mejor decir Squall. Un SeeD jamás debe mostrar sus debilidades ante extraños y conocidos. No obstante, su estomago, estimulado por la idea de calmar los jugos gástricos que lo estaban matando, consideró mejor decir, bien alto:

—¡Grugrugrugrugrugru!

—¡Jajajaja! —rió Doña Rogelia, haciendo enrojecer a Squall—. ¡Joven, no seas tímido! —agregó mientras le daba un codazo de complicidad—. ¡A la taula i al llit, al primer crit! —recitó con alegría un profundo dicho popular en un lenguaje ininteligible que habían inventado los de la resistencia para poder hablar con seguridad de las cosas importantes.

—¿Eh...?

—Quiere decir que "a la mesa y a la cama, al primer grito" —tradujo, total y absolutamente literal, Rinoa, que aún no dominaba el sofisticado lenguaje, y luego, como si los SeeDs fuesen cortos de entendederas, explicó—: Lo que significa que a comer y a la cama se acuda a la primera llamada, porque a las cosas importantes... ¿Eh...? —De pronto, se percató de que todos se habían desentendido de ella, incluso Charco, que roía feliz un hueso que doña Rogelia le había dado, y se habían sentado a la mesa.

La muchacha ocupó un sitio al lado de Squall, que casualmente era el único libre.

Como si de una fiesta de cumpleaños se tratase, los cuatro, excepto Squall, con un plato delante y, sujetando un tenedor en una mano y una cuchara en la otra, esperaban dispuestos a atacar los manjares. Squall prefería no mostrar su impaciencia y esperar a saber de qué se trataba para elegir el cubierto adecuado.

Doña Rogelia presidía la mesa delante de una gran olla tapada.

—¡Y ahora, el plato típico de Timber! —decía—. ¡TACHAAAAN! —Destapó la olla—. ¡Lentejas timbereñas!

—¡Nooooooooooooooooooo!

—Qué lástima, Zell... —se compadeció Selphie—. ¡Póngame un plato bien lleno!

La mujer le sirvió una buena ración de lentejas con arroz, patata, y zanahoria.

—En mi pueblo a este plato lo llamaban sopa de lentejas —explicaba doña Rogelia mientras llenaba los platos.

—A mí, no... —dijo Zell rebuscando el mendrugo más apetitoso de los que le había mandado Dulci—. Sigh...

—¿Por qué, bonico? ¿No te gustan las lentejas? Cuánto lo siento, pero es lo único que me queda hasta el próximo racionamiento de comida...

Mientras Squall y Selphie daban buena cuenta de la apetitosa comida, Zell explicó a Rinoa y a la amable mujer su terrible desgracia: la alergia fulminante y absoluta a las lentejas.

—¡Que desgracia tan grande! —lamentaron ambas. Luego Rinoa empezó a comer y dijo—: Les falta un poco de sal para mi gusto.

—No me queda sal.

—No es problema, Zell puede aderezármelas. ¡No vea lo bien que se le da salar las cosas con sus guantes!

—Sigh... —El joven agitó los guantes frente al plato de la muchacha, aderezando no sólo a está y su plato, sino también a Squall que se hallaba en el diámetro de alcance de la mortífera arma.

—¡Muchas gracias! —agradeció Rinoa.

—...

Cuando terminaron de comer, doña Rogelia decidió darles un recorrido turístico por la casa y los llevó, gratis, al cuarto de arriba. Allí, dos niños hacían el pino y dormía a pata suelta, encima de una cama, Micifuz, el gato de la casa y más agresivo y letal miembro de Los Mosquitos Sangrientos Púrpuras. Selphie no pudo resistir la tentación de ir a tocar al minino, el cual, muy cabreado, se despertó y se dispuso a darle una lección a quien había osado perturbar su reposo. Saltó hecho una fiera decidido a dejarle la cara como un mapa a Selphie; pero, el parámetro suerte de la muchacha unido al de mala suerte de Squall hizo que ella resbalase y que el enfurecido gatito se estrellase contra el rostro de nuestro sufrido protagonista. Aún estaría allí, limándose las uñas, si Charco no hubiese acudido al rescate con una pelotita de goma. Los dos animales se pusieron a jugar al fútbol. Finalizado el incidente, doña Rogelia les enseñó las magnificas vistas del callejón trasero del Pub, único camino que conducía a la emisora.

Una vez terminado el tour volvieron abajo. Entonces entró una joven de unos veinte años:

—¡Hola, mamá! ¡Rinoa, qué alegría verte viva!

—¡Hola, Purpurina!

La líder de los libélulos le explicó a la recién llegada el magnífico plan de la retrasmisión de la falsa liberación de Timber y Purpurina dijo:

—Pues si queréis ir al callejón estáis obligados a atravesar el Pub El Paraíso de los Deseos. Daos prisa porque vengo de allí y me han dicho que están esperando a la Convención de Soldados Becarios que van a ir a celebrar la sobremesa. Son más majos... ¡Qué lástima que luego se estropeen! —lamentó la chica—. No creo que ellos os supusiesen ningún problema; pero suelen ir acompañados de algún mandamás para evitar que pongan verdes a sus superiores.

—Entonces debemos continuar ya hacia la emisora —decidió Rinoa—. Doña Rogelia, ¿puede cuidar a Charco mientras solventamos lo de la emisora?

—Claro, aprovecha para irte ahora que está muy entretenido jugando con Micifuz arriba.

—¡Luego vuelvo a por él! ¡Vamos!

—¡Rinoa, espera!

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Nada más traspasar la puerta de entrada del Paraíso de los Deseos, Squall fue taladrado por una voz aguda y chillona, según Squall, y martirizado por la peor de sus pesadillas: la voz no venía sola, sino acompañada, según Squall, de un cuerpo ridículamente ataviado con un traje rosa anaranjado chillón y con los descoloridos cabellos, color vómito de puré de patatas con yema de huevo, peinados en un horrible moño y dos greñas sueltas. En una palabra: Quistis.

—¡Exijo que me dé la llave de la puerta! —reclamaba la ex instructora mientras agitaba el látigo frente a la cara del matrimonio de mediana edad que regentaba el pub—. ¡Tengo que ir a la emisora!

«Mas que el Paraíso de los Deseos este antro debería llamarse el Infierno de las Pesadillas», reflexionó Squall.

—¡Rinoa, estás viva! —exclamaron alegremente el matrimonio, haciendo que Quistis se girase.

—¡Squall, qué alegría verte! —exclamo, eufórica, al ver en carne y hueso al hombre de sus sueños—. ¡Es el destino que se empeña en cruzar nuestros caminos! ¡¿Adónde vas tan solo?... —El foco que iluminaba al joven líder amplió su campo de acción—. Ah... vas con Zell... y con la chica de Trabia... y... ¡¿Y qué haces con la chica que te dejo tirado haciendo el ridículo en medio de la pista de baile?

—¡¿Y qué?

—¡Pues que después de la forma tan cruel en que te humilló, no creía que te fueses de cita con ella!

—¡Si dejé a Squall tirado fue porque tenía una cita con el dir...!

—¡Rinoa, Quistis! —bramó Squall, consiguiendo interrumpir la incipiente discusión—. Cuidado con lo que decís en público... —señaló con un gesto a los dueños del pub, las únicas personas, aparte de ellos, que había en el local en aquellos momentos.

El matrimonio escuchaba con mucha atención al grupo de jóvenes.

—Rinoa, te creíamos muerta y tú paseando con un chico y otra pareja —dijo la mujer.

—¡No, qué va, no es una cita!

«Cómo se apresura en negarlo. Claro, no quiere que llegue a oídos del imbécil de Seifer que le es infiel.»

—Mejor hago las presentaciones —resolvió Rinoa—, os presento a Horacio y su esposa Idulfina, un matrimonio que goza de toda mi confianza. Ellos forman el grupo de resistencia Las Ranas Ninjas de la Charca. Estos son unos amigos que han venido a ayudarme a...

La joven les explicó sus planes.

—¡Muy bien, Rinoa! ¡Proclama la liberación de Timber y todos lucharemos a tu lado! —apoyaron, con entusiasmo.

«Si toda la gente de Timber pertenece a algún grupo de resistencia, como parece ser —reflexionaba Squall—, ¿por qué no se echan a la calle ya y tiran a patadas a los soldados en lugar de esperar una declaración falsa para hacerlo?», el joven olvidaba lo más importante del plan de Rinoa: el decisivo factor psicológico que haría que los planes tuviesen éxito: la desmoralización de los invasores causada por la noticia.

—Y ahora que ya hemos explicado lo nuestro —empezó Zell—, Quistis, ¿qué haces tú aquí?

—No contestes aún —dijo Squall—, hagamos una reunión de emergencia.

Los cinco jóvenes fueron a una esquina del pub y empezaron a hablar en voz baja.

—¿Qué haces aquí? —exigió saber Squall.

—Estoy en misión secreta y no puedo decíroslo; pero necesito llegar también a la emisora.

—Vayamos todos juntos —propuso Selphie.

—Ni hablar —contestó Squall—. No iremos juntos, como mucho, iremos en la misma dirección.

—¡Squall, si estás enfadado conmigo porque bailé con El Estudiante del Antifaz, puedo explicártelo!

—No sé quién es ese estudiante, pero por mí como si bailas con el Jardín entero.

«Sigh... —lloró mentalmente Rinoa—. Me da la impresión de que Squall está celoso...», dedujo en uno de los mayores malentendidos de la historia de los malentendidos.

—Consigamos la llave y sigamos —propuso Squall, dando por zanjado el tema.

—¿Ella también viene? —preguntó Quistis, en un tono nada amigable, señalando a Rinoa.

Ella es mi dueña.

¡¿Cómorrr?

—Squall, enséñale el contrato —dijo Zell.

—¡Es una pasada de contrato! —opinó alegremente Selphie, como si a ella no la afectase.

Squall le tendió la copia del contrato a Quistis.

—¡Dios mío! —exclamó la ex instructora en cuanto terminó de leerlo—. ¡No puedo creer que el director Kramer te haya puesto al servicio incondicional de "ésta"!

—Me llamo Rinoa.

—¡Squall, ¿te das cuenta de que este contrato te obliga a complacerla en todo? ¡Por muy perversos y retorcidos que sean sus deseos, estás obligado a satisfacerla! ¡A hacerlo todas las veces que te lo exija, dejando el listón bien alto! ¡Eres su esclavo, su juguete, su muñeco, su consolad...!

—Se puede saber ¿de qué estás hablando? —cortó Squall.

La rubia dejó de mesarse los cabellos y, percatándose de que no se estaba comportando como una SeeD de su categoría, desechó los calenturientos pensamientos que sus celos le habían hecho imaginar y dijo:

—Nada, que debemos darnos prisa por poner en marcha el magnífico plan de ésta... quiero decir, de Rinoa, y liberar Timber de inmediato. Pero para ello necesitamos la llave de la puerta que da al callejón y los dueños no quieren dármela.

—Eso no es problema —aseguró Rinoa—, son amigos míos.

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—¡¿Cómo que no podéis darnos la llave? —se sorprendió la muchacha.

—Lo siento mucho, yo te la daría encantado —dijo Horacio.

—Y yo estoy deseando dártela —aseguró Idulfina—, pero una fuerza superior me impide hacerlo. Además, siento la imperiosa e imparable necesidad de presentaros un cuadro de diálogos...

De la nada apareció un panel que decía:

—Si quieres la llave, tienes que ayudarme.

a) Espera un momento, que tengo que ir a retocarme el maquillaje.

b) Te ayudaré.

Tras comprobar que la opción "a" los obligaba a revisar los enlaces y las magias, no tuvieron más remedio que elegir la b.

—Veréis, tenemos un gran problema —empezó Horacio—, de un momento a otro vendrán a ponerse ciegos de carajillos y chupitos los soldados becarios que han venido a la Convención Anual de Becarios, que se celebra este año en Timber. El acuerdo que tengo con ellos, y que ya he cobrado por anticipado, me compromete a ofrecerles un espectáculo; pero, lamentablemente, los actores contratados han cogido todos y a la vez ladillas, y, claro, los picores no los dejan actuar...

—Jo, qué mala pata... —lamentó Zell.

—Cierto... Y claro, los soldados becarios lo entenderían, son buena gente, pero el capitán que los acompaña, y que está muy interesado en el espectáculo, no sería tan comprensivo...

—¿Y cómo podemos ayudarte? —preguntó, inocentemente, Squall.

—Es muy fácil, sólo tenéis que...

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—Yo no pienso hacer eso —decía Squall.

Los jóvenes deliberaban en un rincón del pub.

—Macho, si queremos conseguir la llave, no tenemos más remedio.

—¡Puede ser divertido! —opinaba Selphie.

—Squall, pon toda la carne en el asador, que yo haré lo mismo —recomendó Quistis.

—Yo no pienso hacerlo —repitió una vez más.

—¿No decías que un SeeD debe estar preparado para todo? —adujo Rinoa.

—He dicho que no, y es que no.

—¡Es una orden! —ordenó la morena.

—Antes prefiero hacer un reset —dijo el joven líder con tal calma que les puso los pelos de punta. Sacó el mando y añadió—: Pero, esta vez, empezaré el juego desde el principio.

—¡Nooooo! —gritaron todos, y Selphie, en un alarde de buena suerte, se tropezó, se apoyó en la mano de Squall e hizo que el mando saliese volando y cayese dentro del escote de Quistis, demostrando que la mala suerte de Squall era directamente proporcional a la buena suya.

—¡Si quieres el mando, tendrás que cogerlo tú mismo, jeje! —declaró Quistis, poniéndose en jarras.

—Mira, Quistis, si es preciso, estoy dispuesto a revolverte las tetas con tal de terminar con esta pesadilla de una vez por todas.

—¡No seas loco, Squall! —intentó hacerlo entrar en razón Zell.

—¡Yo puedo meter la mano por ti! —decía Rinoa.

—¡Eso no vale! —protestaba Quistis—. ¡Tiene que ser él!

—¡Chicos, chicos, calma! —pidió Selphie, la que más tranquila estaba. Luego metió la mano en el escote de Quistis y recuperó el mando—. Toma, Squall. Si quieres hacer un reset y empezar desde el principio, hazlo. Pero ten en cuenta que esto forma parte obligatoria de la historia y, más pronto o más tarde, tendremos que hacerlo.

«Puede que tenga razón, pero...»

—¡Además, piensa en todos los malos momentos que te tocaría repetir! —se sumó Zell.

Squall pensó en Seifer y eso le dio fuerzas para seguir adelante:

—De acuerdo, lo haré —dijo con resignación y guardó el mando en la mochila.

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—¡Queremos fiesta, fiesta! ¡Queremos fiesta, fiesta! ¡Fiesta! —bramaban los becarios bajo la atenta mirada del capitán, que se mantenía impasible. Era fácil distinguirlos: los becarios eran los que llevaban uniforme de color azul cielo con una gran B bordada en la chaqueta a la altura del corazón, sonreían con alegría y en el brillo "inocente" de sus ojos podía leerse que eran buena gente; el capitán vestía de rojo y curvaba el labio hacia abajo lo que, sumado a la mirada inquisitiva, le daba a su rostro expresión de mala leche.

Horacio y su mujer Idulfina, con la ayuda de nuestros protas, habían redecorado para la ocasión El Paraíso de los Deseos: habían juntado las mesas hasta conseguir dos grandes alargadas, simulando dos especies de tarima. Alrededor de una de ellas estaban sentados los becarios masculinos heterosexuales y las becarias lesbianas, en la otra las becarias heterosexuales y los becarios gays. Todos estaban muy animados porque el vino había corrido a raudales en la comida que les habían preparado en el hotel y, ahora, los carajillos y las copas añadían alegría y jolgorio a los despreocupados jóvenes.

—¡Queremos fiesta, fiesta! ¡Queremos fiesta, fiesta! ¡Fiesta!

Horacio, con un micro en la mano, ejerció de maestro de ceremonias:

—¡Bienvenidos a El Paraíso de los Deseos, el lugar donde todos vuestros sueños, incluso los más calientes, pueden hacerse realidad!

—¡Bieeeen!

—¡Para ello, tenemos bellas odaliscas y hermosos mancebos!

—¡Braaaavooo!

—¡¿Queréis conocerlos?

—¡Síiiiiiiiiiiiii!

—¡No os he oído! ¡Más fuerte! ¡¿Queréis conocerlos?

—¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIIII! —bramaron a pleno pulmón los becarios, el capitán fingía indiferencia, aunque estaba muy interesado.

—¡Ante ustedes, para los chicos y las damas calientes que comparten aficiones sexuales, tres sexys conejitas venidas directamente de Oriente de la Mansión Playboy!

¡Taaacháaaaan! —resonó el efecto sonoro que Idulfina, la encargada de la parte musical, pinchó.

Rinoa, Selphie y Quistis hicieron su aparición triunfal arrancando alaridos de aprobación de aquella jauría. Las muchachas tapaban sus vergüenzas con una especie de bañador de cuero negro, muy ajustado y escotado, bordeado por una puntilla rosa, el mismo color que el pequeño pompón que tenían en la parte del trasero haciendo de rabito. Llevaban grandes orejas de conejo negras por detrás y por delante rosas, igual que la pajarita que usaban en lugar de gargantilla. El conjunto lo completaban unas medias de rejilla, por supuesto negras, y unos zapatos rosa de tacón de aguja. Las tres chicas adoptaron una pose muy femenina y, con una gran sonrisa, esperaron quietas una al lado de otra.

—¡Rubia, castaña, morena...! —enumeraba Horacio—. ¡Para todos los gustos!

—¡¿Y nosotros qué? —protestaron las becarias heterosexuales y los gays.

—¡Para vosotros, dos hermosos mancebos! —especificó Horacio—. ¡Dos equilibristas, además de bailarines de danzas exóticas!... ¡Especializados en la danza de vientre!

¡Taaacháaaaan!

Zell apareció con timidez, impresionado por el ambiente, y Squall a la carrera, debido al fuerte empujón que le había tenido que dar Idulfina para que saliese.

—¡Wauuauu, qué macizos! —gritaron los que los habían estado esperando con ganas.

Los chicos se colocaron al lado de ellas, posando también, aunque la expresión de Squall estaba bien lejos de ser sonriente y de felicidad, se sentía total y absolutamente ridículo. Los dos jóvenes iban sin camisa, con el pecho al aire. Supuestamente llevaban tatuados en el abdomen unos dibujos abstractos, en realidad hechos con rotulador, que junto al ombligo formaban una graciosa cara sonriente: lo que se suponía los ojos eran dos especies de rechonchos seises tumbados con pequeñas rayitas en la parte de arriba que hacían las veces de pestañas; el ombligo de los chicos hacía de nariz; y un gran paréntesis, semejando una sonrisa, con un dibujito en uno de los laterales que quería ser una lengüetita, como si se estuviese relamiendo, completaba la cara. Vestían unos vaqueros de lentejuelas, que empezaban a mitad de la cadera para no tapar el dibujo, y calzaban botas de charol negro. Para dar un toque más sexy, llevaban el primer botón del pantalón desabrochado.

—¡Que comience el espectáculo!

Idulfina pinchó un mix de los temas de los famosos stripteases de "Nueve semanas y media" y "Full Monty", que había hecho sin darse cuenta de que eran la misma canción.

Selphie, a la que le gustaba bailar encima de las mesas como ya demostró el día del examen, y Quistis se subieron encima de la mesa que les iba a hacer de escenario y empezaron a contornearse al ritmo de la melodía, arrancando alaridos de pasión. El látigo le daba un toque morboso al show

A Rinoa le había tocado hacer de camarera.

Squall y Zell se subieron a la otra mesa y empezaron, sin demasiada gracia, todo sea dicho, a contorsionar el abdomen, para que la cara sonriente fuese tomando distintas expresiones. Qué decir que ver tan de cerca el abdomen de aquellos macizos y con el primer botón del pantalón desabrochado, como una sensual promesa de lo que había más abajo, no dejó indiferente al público que los esperaba: no sólo aullaron, sino que hubo algún que otro desmayo; a los becarios les daba igual el poco arte y las pocas ganas que le ponían los chicos al espectáculo. Para darle más emoción, en realidad había sido para que Squall no pudiese perder la concentración ni un segundo y se dejase poner tiques de racionamiento en los pantalones, los jóvenes, a la vez que bailaban, tenían que hacer girar un plato sobre un palillo chino apoyado en la frente.

Tarara–rara–rará —sonaba la música, aunque apenas se oía entre tanto griterío eufórico—. Tarara–rara–rará... —Conforme pasaban los minutos, el alcohol y la sangre se les subía a la cabeza, más y más, a los espectadores.

—¡Macizo, menuo bocao que te voy a dar en cuanto te descuides! —bramaba un becario gay que, con la excusa de ponerle los tiques a Squall, estaba intentando bajarle la cremallera.

—¡Las manos quietas! —Le dio un golpecito Rinoa—. La mercancía es para verla, no para tocarla. ¿Qué quieres beber?

—Jo...

—¡Lo que yo quiero es beber de tus labios, guapa! —le gritó otro becario al tiempo que le tocaba el pompón a Rinoa e iba directo al culo.

¡PLAAAAAAF! —le partió la chica la cara antes de que él joven alcanzase su objetivo.

—¡Menuda fiera, así me gusta, que se resistan! —declaró el becario, levantándose y aproximándose a Rinoa; el chico iba superpasado de copas.

—¡Como le pongas un dedo encima a Rinoa te meto los palillos y los platos por el culo! —advirtió Squall, de momento sin dejar de bailar.

—¡Soldado cadete becario de octava! —bramó el capitán, interviniendo—. ¡En este espectáculo no están acordados los favores sexuales! A no ser que alguien quiera prestarse voluntariamente, je, je... —Miró a Rinoa, el capitán las prefería morenas.

—¡A la orden... señor... No volverá a ocurrir... señor...! —decía el becario haciendo eses; al final se estrelló contra una columna y cayó al suelo de bruces, donde se puso a dormir la mona.

—Lalalalalá lalá... —cantaba Selphie, que tenía embobado a un buen número de soldados.

—¡Preciosa! ¡Mueve el culito otra vez de esa forma!

¡Zis, zas, zis, zas! —agitaba con mucho arte el látigo Quistis, arrancando suspiros entre los becarios con tendencias al sadomasoquismo.

—¡Dame, dame, más! —pedía uno, más atrevido.

—¡Toma, toma! —Zis, zas, zis, lo complació ella, muy metida en su papel de reina del sado—. ¡¿A que duele?

—¡Sí! ¡Más fuerte!

—¡Soldado cadete becario de quinta, más compostura! —exigió el capitán—. ¡Que la sangre del uniforme no se quita sola y el ejército de Galbadia tiene cosas más importantes en la que emplear los giles que en detergente! Otra cosa sería que la sangre se hiciese estando desnudo, con las uñas, por ejemplo, je, je... —Miró a Rinoa, pero ella estaba muy ocupada quitándole con coñac el maquillaje a una becaria que había intentado meterle un tique en el escote.

—¡Sí, señor! —Se sentó modosito el interpelado para diez segundos después gritar como un descosido de nuevo.

—¡Rubio, qué bueno que estás! —chillaban unas chicas—. ¡Ven pacá, cordero!

—... —Zell, más rojo que un tomate rojo, era incapaz de articular palabra. En toda su vida no había pasado tanta vergüenza. Había visto cosas durante los años que trabajó con Don Corneo en Midgar; pero nunca las había tenido que sufrir.

—¡Moreno, mueve ese culito, mueve esa tripita! ¡Oh, Dios mío, pero qué bueno que está!

—¡Una copita de orujo para aquí, tía buena! —bramaban los sedientos.

—¡Tío bueno, enséñame todo lo que sabes hacer! —le gritaban otros a Squall—. ¡Seguro que manejas tu arma con la misma maestría con la que te mueves! ¡Atraviésame con ella!

Por suerte, Squall no se enteraba de lo que realmente le estaban diciendo; pero Quistis sí, por lo que gritó:

—¡Squall es virgen!

—¡Quistis! —protestó él, por supuesto sin dejar de bailar, a santo de qué tenía que contarles sus intimidades...

—¡Yo te desvirgaré! —se ofreció voluntario un gay.

—¡Yo lo haré! —se sumó una becaria.

—¡Yo! ¡Yo! —empezaron a surgir los espontáneos.

«¡Qué bien! —pensaba Rinoa, al tiempo que le ponía de sombrero una copa de cazalla a un becario de manos largas—, todavía no se ha liado con Quistis... ¿Debería retirarme y dejarlos a su aire? —se preguntaba, muy mística, en medio de aquella jauría humana—. Siempre fui de la opinión de que no hay que interponerse entre las parejas... Pero, aunque Squall parece interesado en ella, puede que aún no salgan juntos...»

—Oye, guapa —le dijo el capitán, sacándola de sus reflexiones.

—¿Sí?

—Acércate que quiero decirte una cosa al oído. —Rinoa se acercó—. Si tú quieres, yo bisbisbis —susurraba—, tengo bisbisbis muy grande bisbisbis mucho gustito bisbisbis sin que nadie se entere. ¿Qué me dices?

—Pues... —Rinoa giró la bandeja y le derramó por encima todo lo que llevaba. Luego se fue a la barra, cogió una botella de zumo de tomate y se la vació por la cabeza al tiempo que decía—: Qué torpe soy... cuánto lo siento...

Squall observaba extrañado la escena, aquel tipo ni siquiera había rozado a Rinoa. Lo sabía de seguro porque, durante todo el rato, no había perdido de vista las manos de ningún tipo. Si alguno se hubiese atrevido a tocarla hubiese sido lo último que hubiese hecho en su vida, él era su guardaespaldas y su obligación era protegerla, se daba como excusa.

—No importa... —murmuró el capitán, asumiendo deportivamente las calabazas. Ya tomaría represalias con sus subordinados luego...

—¡Toma, para que te tomes un vaso de leche! —exclamó una fan de Squall metiéndole un cupón de racionamiento más profundamente de lo que Rinoa consideraba aceptable.

—¡Las manos bien lejos de sus encantos masculinos, si no quieres que te las corte! —advirtió.

Y así estuvieron cerca de dos horas, hasta que todos los becarios, capitán incluido, fueron cayendo uno a uno por los efectos del alcohol.

Ahora, ya vestidos con su ropa habitual, se disponían a continuar hacia la emisora.

—Gracias a vosotros hemos hecho una fabulosa recaudación. Habéis hecho un trabajo estupendo —felicitaban Horacio y su esposa.

—...

—¡Ha sido divertido! —aseguró Selphie.

—Es verdad —convino Quistis.

—Que nadie le cuente esto a Dulci... —pedía Zell.

—Ahora dadnos la llave, que ya falta poco para la hora del té —pidió Rinoa.

—Aquí tenéis la llave prometida, os la habéis ganado.

La muchacha la cogió y abrió la puerta.

—¡Nos vemos cuando el plan esté en marcha! —se despidió de Horacio e Idulfina y salió corriendo, rumbo al callejón.

—¡Espera, Rinoa!

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Por el callejón se accedía a unas empinadas escaleras metálicas, parecidas a las de emergencia, pero un poco más anchas, que subían por la parte exterior de un edificio hasta la emisora.

Squall había conseguido alcanzar a Rinoa e iba en cabeza, seguido por la muchacha y los tres SeeDs. De pronto, allí en medio de la nada, en uno de los rellanos de la escalera descubrieron una pantalla panorámica gigante pegada a la pared del edificio.

—¿Qué hace esto aquí? —se extrañó Zell.

—No, sé... —respondió Selphie.

—Será para que vean la tele las ratas —dedujo Quistis.

—Sería maravilloso que hubiese una igual de grande en medio de la plaza mayor de Timber —dijo Rinoa—, así todo el mundo podría contemplar nuestra retrasmisión, porque las ratas no creo que nos sean de gran ayuda cuando todos luchemos tras nuestro comunicado.

—Ya... —murmuró Squall, con extraño tono y expresión.

—Squall, no pareces muy convencido —dijo Rinoa.

—Que tu plan me parezca la mayor gilipollez del mundo o no, carece de importancia. Soy un SeeD e iré a esa emisora porque tú lo ordenas, aunque vaya derecho a la muerte.

—¡Jo, Squall! —se sorprendió Rinoa—. ¡Qué pena, parecéis marionetas! ¡¿Es que no tenéis voluntad propia?

—¡Somos SeeDs y nuestra obligación es acatar las órdenes! —se sumó Quistis, pero tanto Squall como Rinoa la ignoraron y siguieron con su particular discusión.

—Somos SeeDs y nuestra obligación es acatar órdenes —afirmó el joven líder de grupo—. Tú mandas y yo obedezco, que me guste o no, carece de importancia.

—¡Pero ¿cómo puedes decir eso con tanta frialdad? ¡Vamos, que si te digo que te subas a la barandilla y saltes en caída libre los quince pisos que hemos subido, tú te tiras sin hacer objeciones!

—Entonces, ¿salto ya, o espero a que des la señal? —preguntó Squall.

—¡¿Quieres bajarte de la barandilla? ¡No lo decía en serio!

—A ver si te aclaras y te tomas en serio la situación.

—¡¿Me dices tú a mí que me lo tome en serio cuando estabas ahora mismo dispuesto a hacer el salto del ángel porque sí?

—Yo me tomo muy enserio mi trabajo, y mi contrato dice que tengo que luchar por tus objetivos, y lo haré, aunque no creo que consigáis nada...

—¡Oye, si tienes algo que decir, dilo!

De pronto apareció un panel de opciones:

a) Me callo, no vale la pena discutir.

b) Le canto las cuarenta y me desahogo.

Sin dudarlo, Squall eligió la opción b:

—No parecéis un grupo muy serio, ni vosotros ni todos los otros grupos de la ciudad; si en lugar de jugar a la resistencia os juntaseis todos y os organizaseis, como nosotros los SeeDs, que somos muchos y estamos perfectamente organizados, otro gallo os cantaría —declaró mirando a Rinoa directamente a los ojos—. Pero en lugar de eso, sois patéticos, especialmente vosotros: hacéis planes con ridículas maquetas pegadas con celo, no sois capaces ni de marcar un simple papel para no leer las contraseñas al revés, os dan retortijones al menor peligro y vuestro sistema de espionaje deja mucho que desear, que enseguida se percataron de lo que planeabais. No es nada fácil para mí trabajar para una pandilla de aficionados.

—Sigh... ¿Realmente piensas eso?...

—¡Squall, te has pasado tres pueblos! —recriminó Selphie.

—¡Nada de eso! —negó Quistis—, ¡sólo ha puesto los puntos sobre las íes!

—¡Sigo opinando que te has pasado!

—Yo opino como Selphie —se sumó Zell—, Rinoa y su grupo pusieron todo el empeño en la misión del asalto al tren, igual que nosotros.

De nuevo hizo su aparición un panel de opciones:

a) Selphie y Zell tienen razón, me he pasado tres pueblos. Me disculpo.

b) Quistis tiene razón. Arg, cómo duele reconocerlo. Doy por zanjado el tema y sigo subiendo.

c) Aquí el único que tiene razón soy yo. Sigo discutiendo y hundo el dedo en la llaga.

Ni que decir tiene que Squall eligió la c:

—¿Quieres saber lo que realmente pienso? —preguntó y, sin esperar respuesta, añadió—: Sólo eres una pija con ganas de jugar.

—¡¿Yo una pija con ganas de jugar?... ¡Pues tú una marioneta con ganas de jugar a los soldaditos!

—¡Por lo menos hago algo útil! ¡No como tú, que le haces perder el tiempo a todos! ¡Deja de jugar a liberar ciudades y vete a jugar con vestiditos y muñecas! ¡O mejor, con ridículos novios rubios inútiles incapaces de aprobar un examen! —Al percatarse de lo que acababa de decir, Squall enmudeció de golpe.

Todos miraban al líder, menos éste, que miraba a Rinoa.

«Me he pasado... —pensaba Squall—, no debía haberle sugerido que se fuese con Seifer...»

—¡Idiota! —rompió el silencio Rinoa—. ¡Pues como yo mando y me gusta jugar, ahora me apetece jugar a tomarme un descanso! ¡Se suspende la misión hasta nuevo aviso! ¡O lo que es lo mismo: te doy tiempo de recreo, puedes emplearlo en lo que mejor te apetezca! ¡Tonto! —empezó a bajar las escaleras—. ¡Yo me tomo muy en serio la liberación de Timber! —se le oyó decir antes de perderla de vista—. ¡Tonto! ¡Más que tonto!... Grandísimo tont... —la voz también se perdió en la distancia.

—Me parece que se ha mosqueado un poco... —opinó Zell.

—Te has pasado, Squall... —reprochó Selphie.

—Squall sólo ha dicho lo que pensaba —opinó Quistis—, y, como él, yo opino que Rinoa debería romper el contrato, olvidarse de Timber e ir a revolcarse con ese novio cateador.

—...

De pronto en la pantalla panorámica apareció un tipo de pie delante de un atril lleno de micrófonos:

—¡Buenas tardes a todos! —dijo muy emocionado—. ¡Tengo el honor de ofrecerles a todo el mundo la primera retransmisión por onda desde hace diecisiete años! ¡Y para tan gran ocasión ha venido el presidente Vinzer Deling! ¡Un hombre honorable, magnánimo, nuestro gran líder y guía espiritual, que ha querido compartir este momento con todos! ¡Venido directamente de Deling, Vinzer Deling, el presidente vitalicio de Galbadia!

El presidente fue a ocupar el lugar del presentador y con una sonrisa más falsa que la de un focarrol falso, adoptó una postura ligeramente ladeada hacia la derecha para mostrar a la cámara su mejor lado.

—Ciudadanos del mundo —declamó—, el ambiente esta muy caldeado entre los distintos países desde hace años. Por unas cuantas invasiones, sin importancia, por parte de Galbadia, se han herido susceptibilidades demasiado sensibles y las distintas naciones han roto las relaciones diplomáticas que nunca tuvieron. Pero vengo a hacer una propuesta que acabará con todas las guerras...

—¡Vaya —exclamó Selphie—, tanto preocuparnos y quería paz y amor!

—No sé yo... —murmuró Zell—, cuando nos lanzó a aquella cosa para que nos destrozara no parecía muy amoroso.

—Selphie —dijo Squall—, también se puede acabar con la guerra aplastando al enemigo. De este tipo no me fío.

—¡Da igual lo que pretenda! —intervino Quistis—. El poder de los Jardines unidos es superior al del ejército de Galbadia.

—Y como hablando se entiende la gente —decía Vinzer Deling—, y no nos gusta gastar saliva inútilmente, pensamos mandar a entrevistarse con los mandamases de las distintas naciones a una embajadora con un alto poder de persuasión. Alguien ante quien no duran las tensiones porque se encarga de eliminarlas, personalmente, de inmediato. Se trata de una bruja...

«¿Existen las brujas? —se preguntó Squall—. Si aún será verdad todo el rollo ese que nos soltaban en la clase de historia sobre la Guerra de la Bruja...»

—Una bruja megapoderosa y parca en palabras que hoy quiero presentar a todos...

De pronto, en la pantalla apareció la espalda de una gabardina inconfundible: la de Seifer, que por supuesto venía con él dentro.

—¡Seifer! —exclamaron Zell, Quistis y Selphie.

«No... puede... ser», no quería admitir Squall.

Un par de soldados salieron a interceptarle el paso al rubio, pero este se deshizo con facilidad de ellos y se dirigió hacia el presidente. Varios soldados más aparecieron y se interpusieron entre el joven y su objetivo.

Repentinamente, la pantalla panorámica dejó de emitir imágenes, alguien había considerado que mejor solucionaban sus problemas sin cámaras.

—¡Vamos! —apremió Quistis—. ¡Tengo que detener a Seifer!

—Pues que te vaya bien —dijo Squall y no movió ni un músculo.

—¡No pretenderéis dejarme ir sola a enfrentarme a un montón de soldados!

—¡Squall, Seifer es un imbécil, insoportable y egoísta! —declaró Zell—, ¡que seguramente se uniría a nuestros enemigos para pegarnos él también! ¡Pero es compañero nuestro y no podemos abandonarlo!

—Si yo no pienso abandonarlo, porque como no pienso ir hasta donde está...

—Squall —intervino Selphie—, deberíamos ir.

—Ese asunto no tiene nada que ver con nosotros. Nuestra misión es otra.

—¡Pero mi misión secreta es detener a Seifer y devolverlo al Jardín! —chilló Quistis—. ¡Y te ordeno que me acompañes!... ¡Uy!, ya no puedo darte órdenes, se me había olvidado.

—Jeje, ya no puedes —se regocijó Squall—, y no pienso ir. Nada hará que me mueva de aquí y vaya a donde está Seifer. Ni todo el poder del universo junto haría que yo...

—¡Squall! —gritó Rinoa, que subía corriendo—, ¡vamos a la emisora!

—¡A la orden!

—¡Estaba en el Paraíso de los Deseos llorando, quiero decir, tomándome un café, cuando ha entrado un cliente diciendo que habían empezado a retransmitir! —explicó la chica mientras subían—. ¡Vamos a ver si podemos hacer algo!

«Parece que no se ha enterado de lo de Seifer —reflexionaba Squall—, mejor, con un poco de suerte ya no está cuando llegamos»

—Pero, Squall —siguió la muchacha—, no quiero que hagas ninguna tontería. Si no tenemos posibilidades de vencer, huiremos, no quiero que arriesgues tu vida inútilmente.

—Si es una orden...

—Es una orden.

En cuanto irrumpieron en el estudio de televisión, Squall pudo comprobar que Seifer no sólo no se había ido, sino que tenía sujeto al presidente Deling y lo amenazaba con el sable pistola al tiempo que exigía:

—¡¿Dónde tienes a Squall?... ¡Confiesa! ¡Dímelo, o te mato!

—¡Seifer, no llevas rastas! —exclamó Rinoa.

«Pero si hace años que no lleva...», pensó Squall.

Al oír la voz de la chica, el rubio se percató de la llegada del grupo, y sus ojos contemplaron al objeto de sus deseos, Squall, primero con admiración, seguía estando igual de bueno que siempre, y luego con rabia, ¿qué hacía al lado de Rinoa?...

Los guardaespaldas presidenciales observaban la escena sin intervenir por temor a poner en riesgo la vida de su presidente.

—Squall, ¿qué haces con Rinoa? —exigió saber, con acritud, eso sí, sin soltar al presi.

—Ya ves, dando un paseo —contestó con ironía, adoptando una pose chulesca.

—Squall, no me vaciles —advirtió Seifer—, y, sobre todo, no te atrevas a poner ni un dedo sobre Rinoa.

—¡Qué enamorado está de ella! —malinterpretó Selphie.

—Grr... La tocaré si me da la gana —espetó Squall.

—¿En serio? —se sorprendió Rinoa.

—Rinoa, que no te engañen sus palabras —dijo Seifer, mosqueado por la afirmación de Squall—, no es que le intereses lo más mínimo, de hecho, seguro que te encuentra horrible, sólo te tocaría por llevarme la contraría a mí. Squall te llamaba: "la pija horrible de Timber más fea que el sobaco de un mono", que lo sepas, no merece la pena que te fijes en él.

—¡¿De verdad, me llamabas así?

—¡No te conocía! ¡¿Qué querías que pensase de alguien que se había hecho novia del sádico pervertido de Seifer?

—¡Claro! —ató cabos Quistis, al fin—. ¡El novio ridículo, inútil e incapaz de aprobar un examen es Seifer!

—Y sigues pensando de ella lo mismo, ¿verdad?... —preguntó Seifer, ignorando el comentario de la ex instructora—. Porque no te gusta nada, ¿verdad?... Y nunca la tocarías, ¿verdad?

—¡¿Y qué?

—Pues que no te conviene nada perder el tiempo con ella teniendo tan cerca a alguien que te conviene mucho más, alguien que puede proporcionarte más placer del que puedas imaginar...

—¡Habla de mí! —interpretó como quiso Quistis.

—No sé a quién te refieres ni me interesa —espetó Squall—, porque no veo por aquí a nadie más apetecible que Rinoa, quiero decir, que jamás tocaría a nadie que estuviese comprometida contigo.

—¡Seifer, tenemos que hablar! —recordó, de pronto, Rinoa.

—¡Ya hablaréis luego! —cortó Quistis—. ¡Y os revolcaréis todo lo que queráis en la cama los dos, porque ha quedado bien claro que a Squall no le interesa Rinoa para nada!

—¿Tú crees que ha quedado claro? —le preguntó uno de los guardaespaldas a otro.

—Yo no lo tengo nada claro... —respondió—. Si la chica se llamase Perla de Cristal Rubí Topacio Esmeralda Elizondo y uno de los dos que se pelean por ella se llamase Franco Alberto Manuel Juan Oscar Reyes, diría que estamos viendo un episodio de Pasión de Alagares, en vivo y en directo...

—Cierto...

—Esto, Rinoa —decía Seifer, ajeno a la disertación filosófica de los guardaespaldas—, si es necesario, me revolcaré contigo en la cama. Pero no dejes que Squall te toque ni un pelo.

—¡Seifer, tenemos que hablar! —exclamó Rinoa, aguantándose las ganas de empezar a repartir bofetadas por lo alegremente que se hablaba de temas que solo le incumbía decidir ella.

—¡Rinoa, no me cortes! —reprochó Quistis—. ¡Y deja ya de intentar acaparar la atención de todos! —Se plantó en medio de la sala y, señalando al rubio con el dedo, declaró a pleno pulmón—: ¡Seifer Almasy, estoy aquí para detenerte y llevarte de vuelta a la celda de castigo!

—¡Pues has perdido el tiempo!

—Desde luego, Seifer —intervino Zell—, mira que escaparte del Jardín...

—Eso —se sumó Selphie—, no será capaz de aprobar el examen de SeeD, pero, como escapista, no tiene precio.

—Así que sois SeeDs... —dijo el presidente, que había permanecido muy atento a la conversación.

—¡Tonta! —le reprochó Quistis a Selphie—. ¡Podían pensar que Zell se había referido a un jardín de plantas! ¡Pero, por tu culpa, ahora saben que somos SeeDs del Jardín de Balamb!

—Y del Jardín de Balamb... —siguió reuniendo datos Vinzer Deling.

—Mira que sois bocazas —espetó Seifer—, ahora sólo falta que les digáis también que, no solo trabajáis para la resistencia de Timber, sino que fuisteis vosotros los que frustrasteis sus planes en Dollet cargándoos la emisora. Menudo grupo de "marujonas" estáis hechos —declaró con suficiencia, después se dirigió a Squall—: A ver cómo arreglas el follón en el que nos han metido tus lacayos, señor jefe de grupo.

«Dios, no puedo creerlo... —se decía el joven, con una mano apoyada en la frente en un característico gesto exasperación—, ¿Cómo pueden ser todos tan bocazas?»

—¡Jua, jua, jua! —reía con ganas el presidente—. ¡Ya sé quiénes sois y dónde vivís! ¡Jua, jua, jua! —Estaba tan contento que parecía haber olvidado que tenía la punta del sable pistola apoyada en la garganta—. ¡Y lo que hicisteis en Dollet fue inútil! ¡Una hora después, mandamos a unos técnicos que arreglaron la emisora! ¡Jua, jua, jua!

—¡Desgraciado! —increpó Squall.

—Por cierto, ¿cómo es que estáis vivos? —inquirió el presidente, extrañado del detalle—. Namtal-Utok nunca falla. ¿Dónde está mi pequeñín?

—Oh, cuánto lo siento —ironizó Squall—, pero si quieres recuperarlo, desaliniza todos los mares y luego intenta reunir los cachitos.

—¡Nooooooo! ¡Namtal-Utok, vuelve, no me abandones! —El presidente lamentó amargamente la disolución de su pokemon, después declaró con intenso odio—: ¡Pagaréis caro lo que le habéis hecho a Namtal-Utok!

—De momento, el que lo tiene mal eres tú —le recordó Seifer.

—¡Ya veréis cuando venga Edea! ¡Os la vais a cargar!

«¿Edea?»

Como si las palabras del presidente hubiesen sido una llamada, en el estudio empezó a sonar el tema del opening de la historia, Liberi fatali, con coros incluidos. De la nada, surgiendo de una temblorosa pared, se materializó una hermosa mujer —la misma que Squall había visto en el collage de imágenes durante su pelea con Seifer el día que se marcaron la cara— a la que una enorme visera roja en forma de pico le tapaba el rostro.

La bella mujer llevaba un ajustado vestido negro desde el cuello a los pies; a ras de suelo, el bajo de la falda se abría hacia los lados como si fuesen los pétalos de una flor. La prenda le tapaba hasta la punta de los dedos de las manos, pero era muy generosa en el escote; pues éste bajaba en forma de uve hasta casi el ombligo. El cuello del traje, formado por un montón de largas plumas negras, debía estar muy almidonado ya que, además de desplazarse hacia los lados, subía hacia arriba en artísticas puntas que le daban un toque siniestro. Los larguísimos y sedosos cabellos no los lucía nada porque los llevaba cubiertos por un extravagante casco morado y dorado con una enorme visera roja, cuernos y una especie de ensaimada a cada lado, que recordaban a las de la princesa Leia.

—¡La bruja! —dedujeron los SeeDs.

La bruja se deslizó majestuosamente con mucha calma, sin hacer movimientos bruscos, o bien porque era su forma enigmática de caminar, o por miedo a que se le saliese una teta por el escote, quién sabe.

Se dirigió a Seifer y con tono muy místico y envolvente, realzado por la canción, le dijo:

—Pobre niño torpe e inútil...

»Pobre niño incapaz de hacer una tarea sencilla...

»Estás solo y abandonado por no saber qué camino tomar...

»Nadie te quiere...

»Incluso un peluche es más importante que tú...

»Pobre niño torpe e inútil... que no es capaz de lograr sus metas...

»Ven... que voy a darte lo que mereces...

Las últimas palabras las acompañó con un gesto de la mano dirigido al joven rubio.

Seifer dio un profundo suspiro y luego, sin decir ni mu, como un perrito al requerimiento de su dueño, siguió a la bruja que ya había comenzado a andar hacia la pared por la que había aparecido. Al llegar al duro muro, éste perdió su solidez y, con movimientos que recordaban a los del agua, los engulló.

Todos se quedaron mirando el punto por el que habían desaparecido.

—Squall —le dijo Rinoa bajito—, aprovechemos para escapar ahora que están distraídos.

Dicho y hecho, pues en cuanto Squall salió tras Rinoa, los otros tres lo siguieron.

En un pispás se plantaron en el pub.

—Me parece que Seifer lo tiene crudo —comentó Zell.

—¡Si me hubiese hecho caso y se hubiese rendido, no se lo hubiese llevado esa horrible bruja! —exclamó Quistis.

—Pobre Seifer... —lamentó Rinoa.

—Esa bruja se va a hacer un bolso con su piel —opinó Selphie—, y un collar con sus dientes.

—No os preocupéis por él —aconsejó Squall—. Seifer saldrá de ésta, siempre sale de todo. Es la personificación del dicho "hierba mala nunca muere". Además, con la práctica que ha cogido como escapista, en que se descuiden ya se les ha escapado.

—¡Ojalá tengas razón! —deseó Rinoa.

—Vale, todo aclarado respecto al imbec..., quiero decir, a Seifer —siguió Squall—, lo que tenemos que hacer es preocuparnos por cómo vamos a salir de una pieza de este lío.

—¿Qué hacemos? —le preguntó Zell.

—Sí, Squall, ¿qué hacemos? —se sumó Rinoa

—Ahora que saben que estamos vivos y que somos SeeDs, nos buscaran por todas partes —señaló él—, lo más seguro sería abandonar la ciudad cuanto antes.

—¡Eso mismo iba a sugerir yo! —señaló Quistis.

—Podemos coger el tren —propuso Selphie.

—Las estaciones estarán muy vigiladas —objetó Squall—. Rinoa, ¿hay alguna otra forma de salir de la ciudad que no sea en tren? —preguntó, con la lógica aplastante de un protagonista de videojuego; donde es bien sabido que por muy inmensa que sea una ciudad, y aunque no tenga ningún tipo de muralla, lo más probable es que sólo tenga una salida, que suele ser la misma que la entrada.

—Sí, existe un camino. ¡Vamos!

—¡Rinoa, espera!

Pasaron a toda prisa por casa de Los Mosquitos Sangrientos Púrpuras y recogieron a Charco.

—¡Seguidme! —salió disparada con Charco detrás.

—¡Rinoa, espera!

Antes de que Squall pudiese alcanzarlos, tres soldados de Galbadia les salieron al paso a la chica y el perro.

—¡Aaaaaaaaaaah! —gritó asustada y, ayudada por Charco que acudió al rescate y se lió a mordiscos con los soldados, empezó a repartir a diestro y siniestro patadas y golpes con la mano, que recordaban a los de los karatecas. En menos de lo que cuesta contarlo, los pobres muchachos estaban tirados por el suelo quejándose lastimeramente—. ¡Aaaaaaaaaaah! —Sin dejar de gritar, Rinoa corrió junto a Squall y se colgó de su cuello—. ¡Socorro, Squall!

—¡Guau, guau, guau!

—Esto te pasa por no esperarnos —recriminó él, aprovechando, como quien no quiere la cosa, para ponerle una mano en la cintura.

—¡Rinoa, Squall! —chilló Quistis—. ¡No es el momento de ponerse a ponerle los cuernos a Seifer!

Los dos jóvenes se separaron sobresaltados.

—¡Sólo la sujetaba para que no se cayese! —se justificó Squall, después se desentendió de Quistis—: Rinoa, no te separes de nosotros, que tú sólo eres una débil civil, déjalo todo en nuestras manos. Nosotros estamos entrenados para esto y mucho más —alardeó.

—De acuerdo...

—Guau...

—Es por aquí... ¡Seguidme!

—¡Guau!

—¡Rinoa, espera!

—¡Aaaaaaaaaaah! —chilló al darse de bruces con otro grupo de soldados.

—¡Guau, guau, guau!

Plif, plaf, plif, ñam, grr, ñam.

—¡Socorro, que alguien nos quite estas fieras de encima! —imploraban los soldados.

¡Ñam, plif, plaf, ñam!

—Arg...

—¡Socorro, Squall! —En cuanto les hubo dado la del pulpo a los soldados, muy asustada, corrió a colgarse al cuello del SeeD.

—¡Guau, guau, guau!

—¡Suelta a Squall!

—¡Rinoa, te he dicho que no te separes de mí, que tú solo eres una débil civil! ¡Esos soldados podían haberte hecho daño antes de que llegásemos a socorrerte si no llegas a molerlos a palos!

—Perdona...

—Guau...

—Deja los asuntos serios para los profesionales —concluyó el SeeD.

—¡Eso, deja de darnos problemas con tu debilidad! —recriminó Quistis—. ¡Y no te separes de Zell y Selphie! ¡Ellos también son SeeDs y puede protegerte! Squall y yo iremos delante.

—Te recuerdo que es Rinoa la que conoce el camino. Rinoa y yo iremos delante, Selphie y Zell irán detrás de nosotros y en cuanto a ti... Adiós, Quistis, que tengas buen viaje en el tren de regreso al Jardín.

—¡No pienso dejaros solos frente al peligro! ¡Necesitaréis a alguien de mi experiencia para salir airosos de este lío!

—Squall, antes has dicho que el tren sería peligroso —le recordó Zell.

—No podemos dejarla sola —se compadeció Selphie.

—¡No podemos separarnos! —afirmó Quistis—. Además, según el artículo 325 del reglamento: "En caso de follón gordo, los SeeDs que estén en la misma zona deben agruparse a fin de incrementar la fuerza y de este modo minimizar las bajas con el consecuente ahorro económico. Se seguirá esta norma siempre y cuando no entre en conflicto con la regla número uno." —recitó de memoria.

—Es cierto... —tuvo que admitir, muy a su pesar, Squall.

—¿Y cuál es la norma número uno? —preguntó Rinoa.

—"Un SeeD debe siempre obedecer las órdenes de sus superiores aunque esto suponga ir a la muerte." —contestaron los cuatro.

Rinoa prefirió guardarse su opinión sobre aquella estúpida regla.

—Ahora que lo pienso... —reflexionó Squall en voz alta—. En este momento, yo soy la máxima autoridad entre los SeeDs que hay en Timber.. Entonces, si mandase a Quistis quitarle el polvo al ejército de Galbadia acuartelado en Timber, ella no tendría más remedio que obedecer...

—Claro —dijo Zell—, en el hipotético caso de que lo hicieses.

—Pero tú nunca harías una cosa así —afirmó Selphie, con inocencia.

—Bueno, técnicamente no estoy obligada a obedecerte —le dijo Quistis—, porque no pertenezco a tu grupo. Pero es una tontería perder el tiempo hablando de algo que tú nunca harías.

—...

—¡Vamos, que el camino está cerca! —apremió Rinoa.

—¡Guau, guau!

—¡Ni se te ocurra separarte de nuevo! —está vez la atrapó a tiempo.

—¡Uy, es verdad!... Perdona...

Al poco llegaron al camino y vieron que la salida de la ciudad estaba custodiada por un grupo de soldados.

—¡Squall, ataca! —ordenó Rinoa, pero entonces vio que tras el grupo había un par de carros de combate con otra docena de soldados en cada uno—. ¡Espera, no ataques!

—A ver si te aclaras...

—Escondámonos antes de que nos vean.

Rápidamente se metieron en un hotel que había allí mismo.

—¡Rinoa, qué alegría verte viva! —exclamó la dueña.

—Os presento a Ernestina, la líder del grupo "Los Patos Desplumados de la Ciénaga", al que pertenecen también su marido, su hija y los empleados del hotel.

—Os están buscando por todas partes, pero aquí estaréis seguros porque a nadie se le ocurrirá que os hayáis refugiado en un nido de soldados. Tengo el hotel lleno hasta el último rincón de soldados becarios, pero ahora están todos haciendo la siesta. Os dejo que tengo una gran cena que organizar.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Rinoa.

—Hay que encontrar una forma de salir de la ciudad —afirmó Squall

En aquellos momentos, entró Watts en el hotel.

—¡Prinzeza, zeñor, oz traigo laz últimaz novedadez! Han zerrado a cal y canto la zalida de la ziudad por carretera y han detenido la zirculazión de todoz loz trenez, ezcepto el que va a Dollet. Uno que, juztamente, a mitad de camino tiene un apeadero por el que ziguiendo un peligrozo camino ze puede zeguir hazta el Jardín de Galbadia.

—Podríamos intentar coger ese tren —sugirió Selphie.

—Y pedir asilo político en el Jardín de Galbadia —añadió Quistis—, están obligados a dárnoslo por el convenio entre Jardines.

—Eso... —se sumó Zell.

—Buena idea, Zell —felicitó Squall—. El problema es que no tenemos dinero para los billetes —añadió.

«¿Nos darían algo por Quistis? —reflexionó el joven castaño—. ¡Qué tontería, por ella no nos darían ni para un billete.»

—Pues como nos encuentren, estamos listos —lamentó Rinoa.

—Bueno... —empezó Watts—, Zone y yo habíamoz penzado irnoz de la ziudad con eze tren... ¡Da igual, ya encontraremoz otra manera de zalir! —resolvió—. ¡Cazualmente, habíamoz comprado zinco billetez para los doz, juztoz loz que nezezitáiz! Oz loz regalo —Se los tendió a Rinoa.

—No puedo aceptarlos —dijo ésta.

—¡Pues yo sí! —exclamó Quistis al tiempo que los cogía.

—Dame eso —Squall se los quitó a ella.

—Squall, ¿qué pasará con Zone y Watts? —preguntó Rinoa, que seguía sin estar muy convencida de apropiarse de los billetes de sus amigos.

—No oz preocupeiz, a nozotroz no noz buzcan. Pero a vozotroz oz buzcan hazta debajo de laz piedraz. Zerá mejor que oz vayaíz en el prózimo tren que zale en cuanto vozotroz zubáiz a él. Id a la caza del viejo y allí noz veremoz en una hora, llevaré algo para que pazéiz dezaperzibidoz cuando zubáiz al tren.

—¡Gracias, Watts! —exclamó Selphie y en señal de agradecimiento le dio un beso en la frente.

—Zeñorita Zelphie... Guardaré eze regalo, el primer bezo que me ha dado una chica, en el fondo de mi corazón... —declaró profundamente emocionado.

—Os prometo que volveremos a vernos —aseguró Rinoa, con lágrimas en los ojos.

—Zí, dentro de una hora en la caza del viejo.

Mientras Watts abandonaba el hotel, oyeron que decía:

—Je, je... Zone ze va ha morir de envidia cuando le cuente lo del bezo...

—Todo aclarado, entonces —creyó Squall.

—¡De eso nada! —contradijo Quistis—. El convenio entre Jardines sólo obliga a dar asilo a SeeDs prófugos, pero no a civiles. A Rinoa no la dejarán entrar.

—Podemos decir que es SeeD —sugirió Selphie.

—Eso, ellos no nos conocen personalmente —apoyó Zell.

—De acuerdo, haremos pasar a Rinoa por SeeD —decidió Squall.

—¡Eso no funcionará! —alegó Quistis—. Se darán cuenta enseguida, no sólo por su gran debilidad, algo impensable en un SeeD entrenado, sino porque no lleva ningún arma. Y sabéis que un SeeD jamás se separa de su arma.

—Es verdad... —tuvieron que reconocer Zell y Selphie.

—...

—¡Propongo que la dejemos tirada en Timber y que nos marchemos nosotros al Jardín de Galbadia!

—Siento tanto ser una molestia para vosotros... Sigh...

—Si Rinoa se queda, yo me quedo también —declaró Squall.

—¡Squall! —Rinoa se emocionó profundamente.

Selphie y Zell no dijeron nada, ni falta que hacía, estaba más que claro que ellos irían a dónde fuese su jefe de grupo.

—¡Dices lo de quedarte por el contrato, claro! —recordó Quistis.

—Eh... claro, sí... lo digo por eso...

—Sigh...

—¡No podemos abandonar a Rinoa! —exclamó Quistis, con énfasis—. ¡Yo, la heroína de la campaña de La Tercera Rebelión de los Monstruos, no dejaré que un simple inconveniente como no tener arma suponga un problema! Porque yo, bla, bla, bla...

—Si tuviésemos dinero para comprarle una... —comentó Zell.

—Desgraciadamente, no tenemos ni un gil —señaló Squall.

—¡Propongo que robemos una! —aportó Selphie.

—... bla, bla... ¡Y bla! ¡Yo, la heroína de la campaña de La Tercera Rebelión de los Monstruos, invoco a mi buena suerte!

—¡Mola! —exclamó Selphie—. ¡Yo también invoco a la mía!

Squall y Zell prefirieron no mentar a su suerte no fuese que provocasen una tragedia de alcance cósmico.

Súbitamente, una música aflamencada, con castañuelas de fondo, empezó a sonar de la nada y por la ventana vieron aparecer una bicicleta que aterrizó frente a ellos consiguiendo un chirrido de ruedas. El que la conducía dio un espectacular salto mortal hacia atrás y se quedó de pie sobre el adorno en forma de bola que tenía la barandilla de la escalera que conducía al piso de arriba. El viento inexistente agitó la capa negra con el interior forrada en rojo, realzando la figura heroica del recién llegado, que se cubría el rostro con un antifaz blanco, llevaba un sombrero de copa negro y un uniforme de estudiante.

¡El Estudiante del Antifaz! —exclamó Quistis, poniéndose muy contenta.

«Otro payaso que llega al circo», pensó por su parte Squall, mientras Rinoa y Selphie exclamaba, aparentemente impresionadas:

—¡Un superhéroe!

El enmascarado, de otro salto chulesco, se plantó con una rodilla hincada en el suelo frente a Quistis y le besó la mano:

—Bella dama —dijo—, El Estudiante del Antifaz siempre a su servicio.

—¡Qué romántico! —exclamaron las chicas.

—...

—¿Qué haces aquí? —preguntó la ex instructora, muy interesada—. ¿Acaso has venido a verme?...

—Verte es lo que me ha traído aquí —declaró y se puso en pie, considerando que permanecer más de rodillas le restaba fuerza a su personaje.

—¡¿En serio? —Quistis no podía creerse su suerte, y eso que sabía que era mucha.

—Me enteré de que te habías marchado del Jardín de Balamb y de que te habías unido al grupo de Squall. —El servicio de espionaje shumi era muy eficiente—. Entonces decidí coger la vacante que había dejado el repartidor oficial de pagas. El pobre ha caído en el cumplimiento de su deber, se está recuperando de un picotazo que le ha dado un mosquito gigante en la pradera de Balamb. De ese modo, podré verte siempre que os toque cobrar —declaró con la mirada perdida en los profundos, preciosos y azules ojos de Quistis.

—O sea —dijo Squall—, que nos traes dinero fresco... Mm... ¡Eh, tú, no me ignores!

—¿Me hablas a mí? —inquirió el enmascarado, de muy mala leche.

Squall sintió un repentino rechazo por él, aunque no lo había visto antes, era como si lo conociera de hace mucho y se cayesen muy mal.

—No veo a otro gilipuertas por aquí —afirmó con acritud, el castaño.

El corazón de Gili dio un vuelco y, durante unos instantes se sintió perdido, justo el tiempo que necesito para percatarse de que aquello había sido un insulto y no peligraba su verdadera identidad.

—Te crees muy chulito —le dijo a Squall—, porque la mujer más hermosa del universo ha puesto sus ojos en ti.

«Este idiota no sabe que Rinoa es la novia de Seifer.»

—Pero yo te la voy a quitar —aseguró El Estudiante del Antifaz ajeno a los pensamientos del SeeD.

—Eso lo hablas con Seifer —espetó Squall, aguantándose las ganas de hacerle una cara nueva a aquel capullo; seguro que luego no iba a necesitar antifaz porque no lo iba a reconocer ni su madre. Pero... ni podía perder el tiempo en peleas ni a arriesgarse a dejar de baja al único tonto capaz de coger un trabajo tan arriesgado y con tan pocas expectativas. Necesitaba cobrar de vez en cuando.

Mientras Squall reflexionaba entre pelear o no, El Estudiante del Antifaz se había desentendido de él y volvía a halagar a Quistis. La ex instructora se sentía superfeliz por ser el centro de atención y la envidia de las chicas:

—¡Qué romántico! —exclamaron. El enmascarado acababa de darle a Quistis una rosa que había conseguido transformando una carta como si de un ilusionista profesional se tratase.

—Oye, mira —cortó Squall, cansado de tanta tontería—, páganos ya que tenemos mucha prisa. Lamentablemente no tenemos tiempo para ningún examen.

—¡Es verdad, tenemos que coger el tren! —recordó Quistis—. Páganos... por favor...

—Tus deseos son órdenes para mí —declamó—. Toma, me gustaría darte todo el oro del mundo, pero los shumis me han dado el dinero justo.

Quistis cogió los giles.

—Trae, aquí. —Squall se los arrebató.

Muy a su pesar, El Estudiante del Antifaz se vio obligado a marcharse, no sin antes volver a besar la mano de su amada y jurarle que volverían a verse muy pronto.

«No me pagan lo suficiente para lo que sufro», pensaba Squall mientras contemplaba la patética escena.

—¡¿Quién es? —le preguntaron a Quistis las chicas en cuanto el repartidor oficial de sueldos se fue por la ventana montado en la bicicleta.

—Es un superhéroe que apareció la noche de la graduación cuando el tiranosaurio de la zona de entrenamiento iba a devorarme. Él salvó mi vida.

—¡¿Ha vencido a Rexi? —exclamaron Squall y Zell.

—No, lo distrajo con su alucinante golpe final, "Picores del averno" y huyó conmigo en brazos... Aaaah —suspiró— Luego estuvimos bailando los dos solos bajo la luz de la luna...

—¡Qué romántico!

—¿Verdad que sí?... Y, no sé, pero me da la impresión de que le gusto un poco...

—Yo creo que está loco por ti —afirmó Selphie.

—¡Seguro! —se sumó Rinoa—. Aah... ¡Es tan romántico!... Un superhéroe interesado en ti...

—No sé qué le ves... —rezongó Squall.

—Macho, pues ágil, por lo menos es. Recuerda cómo ha entrado y los saltos que daba, ni un saltamontes, vamos...

Muy interesadas en su tema, las chicas ni les hicieron caso.

—¡Qué suerte! —decía Rinoa.

—¿Verdad que sí? —dijo Quistis.

—Aunque, la verdad es que no me extraña que se haya fijado en ti —afirmó Rinoa—, una chica tan guapa y tan segura de sí misma...

—Jiji... —rió halagada Quistis, que empezaba a pensar que Rinoa no era tan mala chica como había creído en un primer momento, quizás se había equivocado al juzgarla—. El Estudiante del Antifaz es fantástico, pero, lamentablemente, mi corazón ya tiene dueño —aseguró mirando fijamente a Squall.

—A mí no me mires —dijo molesto.

—No seas tímido, macho —malinterpretó Zell—, todos en el Jardín sabemos que Quistis y tú tuvisteis una cita.

—¡No fue una cita! ¡Era la prueba obligatoria para el examen!

—Pues yo no la hice y pude presentarme —objetó el karateka—. Además, el día del examen le dijiste a Seifer que estabas planteándote salir seriamente con Quistis, ¿recuerdas? Así que no disimules, macho, que estás entre amigos.

—¡¿En serio dijiste eso? —se emocionó Quistis.

—¡Es imposible que yo dijese eso! —protestó Squall, que no lo recordaba; como sistema de defensa autónomo, su memoria se encargaba de censurarle los recuerdos más traumáticos.

«Sigh... —pensaba Rinoa—. A Squall le gustan rubias... No tengo nada que hacer contra una rival tan fuerte, interesante, segura de sí misma y superguapa como Quistis... No estoy a la altura... Sigh...»

—Zell, quizás malinterpretases las palabras de Squall —dijo Selphie, la única presente con cierta sagacidad para los asuntos amorosos. Aparte de que se había enterado de lo que pensaba el SeeD de la ex instructora cuando le hizo de guía turístico por el Jardín.

«Gracias, Selphie», pensó Squall, profundamente agradecido.

«Si lo que Selphie dice es cierto, quizás aun tenga alguna posibilidad con Squall...», pensaba por su parte Rinoa, algo más animada.

—¡Estoy seguro de que dijo eso!

—¡Dejemos ya de perder el tiempo que tenemos un tren que coger! —cortó Squall—. Ahora que tenemos dinero, vayamos a comprarle un arma a Rinoa.

—Casualmente, aquí al lado hay una armería —dijo la muchacha.

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—No sé... no me veo yo peleando a puñetazos y a patadas... —decía Rinoa delante de unos guantes para lucha que había en una vitrina.

—Son tan bonitos... —opinaba Zell.

—¡Rinoa, ven, mira qué látigo tan chulo! —llamó Quistis, desde otra vitrina—. A ver cómo lo manejas. ¿Señor Saturnino, puede sacar el látigo? —le preguntó al dueño de la tienda.

—Por supuesto —respondió Saturnino, líder y único miembro del grupo de resistencia El Armadillo Solitario del Cenagal. Era un hombre de unos cincuenta años, rechoncho y con una brillante calva ahora decorada con dos grandes tiritas cruzadas. El armero abrió el candado y levantó el cristal brindado a prueba de balas—. Tiene muy buen ojo —le dijo a Quistis, con admiración—, la señorita sabría distinguir sin dificultad un látigo autentico, con denominación de origen, entre un montón de falsificaciones casi perfectas —aseguró, ya que era lo que, de hecho, había pasado.

—Jeje, los látigos son mi especialidad. Toma, Rinoa, a ver cómo se te da.

Rinoa cogió el látigo y empezó a sacudirlo con la misma gracia con la que sacudiría una alfombrilla.

Zas, zis, zas

—¡Cuidado! —advirtió Squall, que estaba tras ella y acababa de recibir un latigazo.

—¡Ay, ay! —se quejó Zell, situado delante de la joven, al recibir otro.

Zis, zas, zis

Los rápidos reflejos y la suerte de Selphie hicieron que esquivase otro que de rebote volvió a golpear a Squall. Sorprendentemente, aunque Quistis permanecía de pie, delante de Rinoa, parecía estar en gracia, pues el látigo pasaba muy cerca de ella sin rozarla.

—¡Deja eso Rinoa, es un peligro en tus manos! —gritó Squall tras atrapar un jarrón golpeado antes de que se estrellase en el suelo.

—Lo siento, soy tan torpe comparada con vosotros...

—No te disculpes —dijo Quistis, con una sonrisa muy amable—, solo eres una torpe y débil civil. Además, se requieren muchos años de entrenamiento y un don especial para manejar el látigo con mi maestría. Pero ya verás cómo encontramos un arma que seas capaz de manejar —consoló—, aunque sea de forma mediocre.

—Gracias por ser tan comprensiva.

—Yo sigo opinando —intervino Selphie—, que, aunque casi le haya roto la cabeza antes con el nunchaku al dueño de la tienda, con algo de práctica podría manejarlo.

—Mejor probemos con algo menos peligroso —propuso Squall—. Probemos con una espada. —Cogió una que llevaba una armadura que hacia de maniquí y se la pasó a Rinoa—: Toma.

La muchacha lo imitó y la cogió con una mano. Como si fuese atraída por un potente imán, la espada se fue derechita a clavarse al suelo, a donde hubiese ido Rinoa también de no ser por Squall.

—Sujétala con las dos manos—recomendó—. A ver...

—Uff... apenas puedo levantarla... Es demasiado grande... A mí lo que me gusta es el lanzamisiles, lástima que sea tan caro.

—Mola mucho el lanzamisiles —estuvo de acuerdo Selphie—. Pero, con lo que tenemos, no nos alcanza ni para un misil.

—También me gustaban los guantes tipo Lobezno... —señaló Rinoa.

—Quita, quita —negó Squall—, si lo primero que has hecho nada más ponértelos es casi sacarte un ojo.

—Es que me picaba la nariz.

—Bueno, poco nos queda donde elegir con nuestro presupuesto —dijo Squall y empezó a pasear la vista por el muestrario—: La lanza, no, pesa más que la espada; una trompeta ensordecedora... no, nos volvería locos a todos; un peine oxidado... no, terminaríamos por tenernos que poner la vacuna antirrábica; un brazo metralleta... no, primero habría que cortarte el brazo; una pelota asesina... no, es demasiado cara; marionetas diabólicas... dan miedo sólo de mirarlas... Unas maracas martillo, ¿quizás?

—En lugar de un SeeD parecería el miembro de una orquesta —alegó ella, muy lejos de imaginar que era una de las armas en la que más SeeDs estaban especializados.

—Las maracas martillo son demasiado vulgares para Rinoa —opinó Quistis—. Ella necesita un arma que le dé un aire sutil y juvenil, y que a la vez sea fácil de manejar. El arma tiene que disimular su torpeza de civil poco entrenada.

—Gracias por preocuparte tanto por mí, Quistis.

—De nada, siempre dispuesta a ayudarte aunque seas la novia de Seifer. Él y yo antes éramos muy amigos; pero un día, no sé por qué, dejamos de serlo. Lo recuerdo perfectamente, fue hace poco más de dos años... Quistis se proyectó un mini flashback, sólo para ella.

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Seifer y Quistis iban charlando amigablemente por el pasillo en dirección a la clase que ella iba a impartir y él a recibir. Gili, como hacía todos los días, se había adelantado para comprobar que todo estuviese perfecto para recibir a la instructora.

—¡Gracia por prestarme tus apuntes, Seifer! —decía jovialmente la chica—. ¡Y por haberme guardado un bombón de los que les robaste al director!

—¡Jajajaja!.. ¡Para eso están los amigos, Quis! —dijo él.

—¡Es verdad, yo, tú y Gili somos los mejores amigos del mundo!

—¡Cierto! —estuvo de acuerdo Seifer—. Viento y Trueno también son mis mejores amigos, pero lo nuestro es especial. ¡Nada ni nadie podrá romper nuestra gran amistad!

—¡Nuestra amistad está más allá del bien y del mal! —declaró ella.

—¡Nuestra amistad traspasará los límites del espacio y el tiempo, llegará más allá de la muerte!

—¡Oh, mejor amigo del alma, quiero confesarte un secreto! Y pedir tu inestimable ayuda.

—Dime, mejor amiga del alma. Haré todo lo que esté en mis manos para ayudarte.

—Pues resulta que me he enamorado loca y apasionadamente de tu compañero de cuarto, de Squall, y no pararé hasta hacerlo mío.

—¡Te odio, instructora Trapo! ¡Te odio y te odiaré hasta el último aliento de vida que me quede! ¡No vuelvas a dirigirme la palabra! ¡Adiós!

Seifer se marchó dejando, literalmente, a Quistis con la boca abierta.

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—Saturnino, ¿no tienes nada más?... —pidió Rinoa.

El hombre la miró con afecto.

—Mira, por ser tú, te voy a enseñar un arma de colección. Vale un pastón, pero os la dejaré por todos los giles que lleváis y unos cuantos tornillos.

Saturnino sacó de la trastienda un estuche y lo abrió descubriendo ante los ojos de los jóvenes un arma que arrancó una exclamación de admiración por parte de Rinoa:

—¡Es preciosa! ¿Y qué es?

—Es un chakram. Este tiene nombre, se llama Valkiria y es un modelo exclusivo. Es muy fácil de usar, se pone está pieza en el brazo y con ella se lanza el disco, que vuelve como si se tratase de un bumerang.

—¡Me la quedo, yo soy muy buena jugando al frisbee!

—¡Bien! —aplaudieron todos con entusiasmo, todos menos Squall, que dijo:

—¿No será mejor que la pruebe primero?

—¡¿Para qué? —opinó Quistis—. Estiliza su figura.

Total, que como tenían prisa y poco más donde elegir, Squall le dio al armero todos los giles que acababan de pagarles y un montón de tornillos, piezas que soltaban los alagares y que misteriosamente habían aparecido en su mochila después del sueño con Laguna. El amable señor les dio como regalo una funda invisible para que la muchacha pudiese llevar el arma sin llamar demasiado la atención.

—Y ahora a cazar a ese viejo para que Watts nos dé los disfraces —dijo Quistis que recordaba perfectamente las instrucciones del libélulo.

—¿Hay que cazar a algún viejo? —se extrañó Zell—. ¿Cuándo se ha acordado eso? Porque yo no pienso ir por ahí abusando de las personas mayores que...

—No te preocupes, Zell —cortó Squall—. Quistis no domina tantos idiomas como presume —afirmó—. En el wattsiano, caza es casa y caza, según el contexto, y en este caso significa casa —explicó sintiendo una satisfacción infinita por poder presumir de conocimientos delante de aquella que lo había martirizado durante años alardeando de sabiduría.

—Es fácil caer en ese error —justificó Rinoa.

—Sí, jiji...

—Rinoa, no justifiques su gran ignorancia —señaló Squall.

—Tampoco el wattsiano está tan extendido —argumentó la joven de cabellos y ojos negros.

—Y yo que creí que Watts simplemente ceceaba... —dijo Selphie.

La casa del viejo estaba muy cerca del andén en el que tenían que coger el tren. Era un hogar muy humilde, de una sola estancia que hacía las veces de todo. Una mujer joven hacía la siesta en una cama pegada a la pared mientras dos niños saltaban sobre ella, había poco espacio libre dónde jugar. El viejo, un hombre de edad indefinida, pero considerable, se balanceaba en una mecedora mientras miraba a un punto situado entre la pared y la nada, es decir, se balanceaba con mirada ausente como si lo que pasase en la casa no tuviese nada que ver con él. Squall, de pie con la espalda apoyada en una percha, no quedaba suficiente espacio libre en la pared, y con los brazos cruzados, esperaba a Watts. Charco estaba aprovechando para echar una cabezadita enroscado en un sofá y el resto del grupo, para distraerse, registraba los cajones de la casa:

—No hay nada de provecho —decía Selphie.

—¡Mirad, una hucha de cerdito! —exclamó Quistis.

Rinoa, Zell y Selphie acudieron prestos.

—¿Tiene algo dentro? —inquirió el karateca.

Quistis cogió aquella monada, el sonriente cerdito rosita de cerámica con una ranura en la parte superior para introducir monedas, y lo agitó.

Clink, clink, clink...

—¡Por lo menos tiene una moneda dentro! —exclamó.

Sin decir palabra, colocó al cerdito sobre una mesita y los cuatro jóvenes alzaron cada uno de ellos un martillo, dispuestos a destrozar la hucha y hacerse con el preciado tesoro: el gil.

—¡Quietos, ahí, paraos! —El bramido de Squall detuvo el movimiento de los brazos antes de que alcanzasen su objetivo—. ¡¿Cómo se os ocurre intentar romper la hucha? —recriminó. ¿Estaban tontos o qué? Romper algo delante de las narices de los propietarios... ¿Y si se enfadaban y los echaban a patadas antes de que llegase Watts con los disfraces?... o lo que era peor aún, ¿y si pretendían que pagasen los destrozos?...

—Jo, Squall...

—Joven —empezó a hablar con tono místico el viejo —, tu corazón es noble. Has impedido que tus amigos roben el gil que hemos conseguido ahorrar con mucho esfuerzo. El equilibrio del Cosmos en su infinita sabiduría recompensa los actos nobles así como castiga los actos malvados...

—Sí, claro... —le siguió la corriente Squall.

El anciano se puso en pie y empezó a moverse haciendo temer al SeeD que de un momento a otro se le desmontasen todos los huesos. Pero no fue así, el viejo se acercó a una pila que tenía llena de agua, se sacó del bolsillo un tubito muy pequeño y un cuentagotas e introdujo en el frasquito cinco gotas del agua de aquella pila, después tapó el tubito con un mini corcho.

—Toma —le tendió a Squall—. Tú recompensa por tu acción noble.

¿Para qué quería él un frasco con cinco ridículas gotas de agua?, se preguntó Squall; pero, por no hacerle un feo al viejo, lo cogió y se lo guardó.

—Es un agua especial, es mágica —comunicó el anciano.

—¿Para qué sirve? —preguntó Squall algo más interesado.

—Eso es un misterio. Ni siquiera yo lo sé.

—Ah...

—Pero cuando llegue el momento, lo sabrás —declaró con misticismo.

En aquellos momentos entraron Watts y Zone con un gran fardo.

—Aquí traemoz lo nezezario para que pazeiz todoz dezaperzibidoz. Zone y yo oz acompañaremoz veztidoz igual.

—¿Creéis que esto servirá para algo? —dudó Squall al ver el material.

—Mejor eso que nada —opinó Rinoa.

—Oye, Rinoa, ¿puedes hacerme un favor? —pidió el SeeD.

—Dime...

—Ordéname que me ponga ese disfraz —pidió.

—¡Es una orden!

—Gracias —Bueno, ya tenía la excusa que justificara que se hubiese puesto aquellas prendas.

Al poco, los siete, con gabardinas largas hasta los pies, con el cuello alzado, un gran gorro calado hasta las orejas y unas gigantescas gafas de sol que les tapaban casi toda la cara, estaban listos para salir. A Charco le habían planchado el pelo, se lo habían teñido de azul con un spray y le habían puesto un gran lazo rosa sujetando un mechón de pelos en la cabeza.

—Acordaoz de andar como oz he dicho —recomendó Watts—. Fijaoz cómo lo hago y me imitáiz. Vamoz.

Aquella procesión de gabardinas abandonó el refugio y se dirigió al andén. Todos andaban de extraña forma, mirando constantemente a todos lados, igual que hacía Watts, y de inmediato se convirtieron en el centro de atención de todos los presentes, incluidos los numerosos soldados que controlaban la estación.

El soldado jefe de ese destacamento le dijo al soldado de confianza que tenía al lado:

—Ese grupo llama mucho la atención. Es como si pretendiesen que los detengamos... Pero, los de la resistencia jamás llevarían esas pintas porque lo lógico es que intenten pasar desapercibidos. Seguramente será un grupo de compinches que quieren distraernos para que los fugitivos aprovechen para subir al tren. ¡Pues vamos a ignorarlos y a mantenernos bien alerta!...

«Manivela... ¿cuándo volveremos a vernos?»

—¡¿Me escuchas? —preguntó al tiempo que le daba un codazo.

—¿Eh?... claro... sí claro, tienes razón... —respondió automáticamente y siguió a lo suyo: «Aaah, Manivela... ¿cuándo podremos casarnos?»

—Me alegra que pienses como yo. Los dejaremos pasar y estaremos muy alerta para cuando lleguen los de la resistencia.

Total que, ante la sorpresa de Squall que estaba convencido de que en cuanto los viesen iban a detenerlos, los cinco jóvenes y Charco consiguieron subir al tren sin ningún problema.

Enseguida el tren se puso en marcha y Watts y Zone, con los ojos anegados de lagrimas y agitando grandes pañuelos, corrieron junto al tren hasta que éste salió de la estación y se alejó llevando a nuestros protas hacia un nuevo destino.

Mientras las chicas charlaban y miraban el paisaje por la ventana, Zell se zampaba unos mendrugos y Charco correteaba alegremente ladrando por el pasillo, Squall no podía dejar de pensar en su terrible sino:

«Salí anteayer del Jardín dispuesto a coronarme. Creía que se trataba de cumplir una importante misión con eficacia y rapidez y que volvería triunfante a recibir unos cuantos ascensos por mis méritos; y no sólo me encuentro con que la importante misión es una misión imposible, sino que me he convertido en prófugo... Y, encima, Quistis... ¿Qué más desgracias pueden pasarme?...», se decía el muy inocente, creyendo que ya había tocado techo.

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Notas de autora: ¡Hola a todos!

En primer lugar quiero desear a todos mis lectores de México que tanto vosotros como vuestros familiares y conocidos no estéis afectados por la gripe porcina y os encontréis bien. Espero que todo pase pronto y el país vuelva a la normalidad.

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Y volviendo a mi fic, como no se me pase de largo, creo que no hay nada que aclarar en este capítulo, así que sólo deciros que estoy muy contenta por la buena acogida que han tenido los capítulos 6 y 7 y porque todos los que han contestado a mi pregunta sobre la longitud de mis capítulos me han dicho que les parece bien que sean largos. :D

Ahora me gustaría haceros una nueva pregunta: ¿qué preferís, que os conteste a las reviews en privado o como vengo haciendo hasta ahora?... Como mis respuestas son largas, al hacerlo al final del capítulo da lugar a confusión respecto al número de páginas reales de la historia. De todos modos, a mí me da igual de una forma o de otra, lo dejo a vuestra elección. n_n

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Ahora el apartado de publicidad: ¡Si realmente os gusta reír, pasad por el fic de FF7 que Ayumi está escribiendo! ¡No os arrepentiréis! XXD Podéis llegar a él a través de mi profile en mis historias favoritas.

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Espero y deseo que hayáis pasado un buen rato con este capítulo. Tanto si es así como si no, ¡no os cortéis y hacédmelo saber con un review! No importa que sean cortos y estoy segura de que todos los que leéis mi fic me dejaríais un review si supieseis lo feliz que me hace recibirlos. :D

¡Nada más, amigos!

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Y ahora paso a dar respuesta personalizada a las reviews:

Ayumi Warui:

¡Jo, qué protestona!... De momento eres la única que me ha pedido que haga los capítulos más cortos, así que lo siento. Pero te prometo que te daré más tiempo para leerlos ^^. Después de eso, decirte que es para mí como agua de mayo que me digas que el capi (6+7) es muy bueno, porque si, con todo lo que te has reído en mi presencia con él, me llegas a decir que además de largo es malo, creo que te mato y luego digo que te has fugado con un extraterrestre para que nadie vaya a buscar las Dragon balls a Namek.

Y concluido el apartado de amenazas y demás, sé que te impactó el mensaje del falso presidente, jeje. A Squall también le impresionó mucho, lo mismo que al novio de Manivela. Por cierto, dale recuerdos de su parte cuando la veas XD

Como dices, la secuencia de contraseñas es muy buena porque es muy difícil que alguien la adivine si no la sabe. Era buena, pero en una estación de tren... No sé si Cid Kramer tuvo en cuenta este pequeño detalle cuando ideó las contraseñas porque si lo tuvo en cuenta, ya hay que ser retorcido XD

Y tienes razón, no sé cómo Squall confía en Selphie, Zell y Rinoa y hace caso de sus indicaciones; menos mal que tenía a mano el mando de la consola y pudo enmendar el desastre gracias al gran altruismo y a la campaña promocional de los moguris. Además, ha conseguido un bono para usar la tienda sous le pont gratis. Parece que su parámetro de la suerte está empezando a cambiar... Espera, no, que ahora se ha convertido en esclavo a su pesar, hay que ver la mala suerte que tiene este chico. Y no le tengas en cuenta su opinión respecto a los molboles, piensa que quizás se deba a algún trauma de la infancia... No sé, igual Squallinín se había ido de excursión con otros estudiantes y algún instructor, igual lo olvidaron y lo dejaron solo y abandonado en medio del campo y se encontró con un molbol y cuando, confiado, fue a pedirle que le dijese cómo podía volver al Jardín, igual el molbol lo inmovilizó con sus adorables tentáculos y, tras sonreírle enigmáticamente, lo masticó un poco, y cuando Squallinín agonizaba presa de miles de estados alterados, igual fue pisoteado por el grupo de estudiantes y el instructor que volvían del paseo y pasaron por encima de él sin verlo, y, si sobrevivió a tanta desdicha, humillación y abandono, igual fue porque tenía una historia que protagonizar y sufrir...

Dejando de lado el tema de Squall y su suerte, me alegra que te haya gustado el estreno de los guantes mejorados de Zell; pero con este monstruo poco podía hacer con ellos, excepto sazonarlo un poco, claro XXD En cuanto al uso de magdalenas florecidas como armas contundentes arrojadizas, le paso tu propuesta al encargado de las armas del Jardín de Balamb, a los otros no, porque es mejor no poner algo tan peligroso en manos de un potencial enemigo ^^

Y ahora al apartado de las negativas: ¡Oh, cuánto lo siento!..., pero Stilzkin no va a poder ser el prota... Una lástima, con lo carismático que es y la mala leche que tiene. Pero, desafortunadamente, sus múltiples ocupaciones y viajes le impiden tomar un puesto de tanta responsabilidad y dedicación, así que de momento Squall seguirá siendo el prota, jijijijiji.

¡Nos leemos!

PD: Muy bueno el último capítulo de tu fic ^^

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Moonedge: ¡Hola!

¡No podía faltar tu review! ¡Y está vez casi el primero! Ser el primero en mi fic es imposible, pues Ayumi me hace de beta reader personal para corregirme los despistes que se me hayan pasado, si es que no se le pasan a ella ¡jajajaja! (yo también le hago ese papel en su fic a ella, que conste XD). Para serte sincera, siempre espero con ilusión tu review, que espero no falte a ningún capítulo :) Sé, antes de leerlo, que me va a recompensar por las horas y la ilusión que le he dedicado al capítulo. Muchas gracias por mandármelo siempre :) Mejor paso a otra cosa que me estoy poniendo sentimental XD

Respecto al fic, qué bien que te haya hecho reír y que el encuentro entre Squall y Rinoa haya estado a la altura de lo que esperabas ^–^. Ya has visto lo mal que se ha tomado Squall que Rinoa sea la "novia pija de Timber" de Seifer, por no hablar del lío mental que se han hecho los dos con todas las mal interpretaciones, y Seifer por el medio sin siquiera estar presente. XXD

Las contraseñas fueron ideadas por Cid cuando se entrevistó con Rinoa, que fue cuando se las comunicó a ella para que la resistencia tuvieran el modo de reconocer a los SeeDs camuflados de turistas que les iba a enviar. Hay que ver la mala idea que tiene este hombre, pero lo que no me negarás es que es difícil adivinar la secuencia de las contraseñas si no se conoce de antemano, con lo que cumplen su objetivo a la perfección XXD

La historia de Zone y Watts... es supertrágica... sigh... con ruina, separación familiar, humillación, explotación infantil e incluso suicidios (eso sí, golpeando donde más duele) XXD Y respecto al plan de la resistencia, bueno, administró sabiamente sus recursos e, incluso, le llegó para que el diseñador de muñecos hiciese un fabuloso doble del presidente Deling, ¿qué más se le puede pedir? El resto quedaba en manos de los SeeDs XD

Y comentando tus fallos cuando asaltaste por primera vez el tren... No te preocupes, todos fallamos cuando lo intentamos la primera vez (al menos todos los que yo conozco, y eso que la jugamos en la playstation y no en un emulador^^), y todos hicimos como Squall, un reset, ¡no íbamos a consentir que nos degradaran! XXD

Respecto al tema de Squall y su posible parálisis facial, no sabría qué decirte, aunque no creo, lo que pasa es que el chico se ha entrenado desde pequeño para poder mantener la apariencia inmutable que le de el aire cool, que él supone que debe tener un buen SeeD solitario y frío como él. XD

Y ahora pasemos al tema de las XD:

¡¿Cómo se te ocurre llevarte el cuchillo gigante con lo que pesa y enlentece? Entre eso y el casco, no me extraña que terminases con la espalda molida XXD. También decirte que cada vez despiertas más mi admiración por ti por la forma con la que has dotado del espíritu de Silent Hill a tu relato a pesar de no haber jugado a ningún Silent Hill. Me quito el sombrero ante ti y me reafirmo en mi afirmación de que eres una persona profunda.

Espero que este capítulo también te haya hecho pasar un buen rato :)

Atte. Sakae Kaze, la escritora supercontenta por tenerte como lector.

PD: Ya que me preguntaste por el significado de hortera en el review, lo pondré por si alguien lee todas mis respuestas y tampoco sabe lo que significa (por aquello de la diferencia entre países hispano parlantes). Hortera = Vulgar y de mal gusto.

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Rananer: ¡Ey, Tronch!

Bueno, creo que en este capítulo se aclara uno de los grandes misterios del juego: por qué ceceaba Watts. Me alegra haber contribuido a este gran aporte para la humanidad, que sin duda me conseguirá un puesto en la historia. Mi nombre será recordado durante generaciones, más allá del fin de la vida en la Tierra (cuando los extraterrestres me pongan como materia obligatoria de estudio en sus escuelas XXD).

Y sí, Squall está muy picado con Rinoa; pero ponte en su lugar: para una vez que una chica lo mira, lo elige, deja que él deje volar su imaginación (durante el baile), lo abandona, lo obliga a agregar una nueva categoría en la lista de clasificación de mujeres, deja de nuevo que deje volar su imaginación, en pocas palabras, que le gusta (aunque él se niegue incluso a planteárselo), va y resulta que es ¡la novia pija de Seifer! Como para no estar mosqueado.

Has quedado impresionado con el magnifico plan de la resistencia y su maravillosa presentación, ¿eh? Estos chicos llegaran muy lejos XD Y respecto al moguri, tienes razón, manosearlo de esa manera es peligroso para la salud: se pueden quedar sin la mano de un mordisco XD Pero ¿qué haría Squall sin estas adorables criaturas?... Gracias a ellas, puede inmortalizar sus hazañas y repetirlas cuando las cosas se ponen muy feas (y no es un evento obligado por el que tiene que pasar sí o sí, claro XD). Y el pobre, con lo que le ha caído encima... Menos mal que él sí es un buen profesional: un SeeD frío y responsable, un lobo solitario con el comportamiento impasible necesario para conseguir el aire cool apropiado para un verdadero SeeD. Y por supuesto, dispuesto a hacer lo que sea para que no lo degraden :)

Ya me dirás qué te ha parecido este capítulo con "las aventuras y desventuras de un SeeD en aprietos y el asalto a la emisora por orden de su jefa" XD

¡Mamemimomú!

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Nebyura: ¡Hola!

Tomo nota de tu opinión respecto a la largura de los capítulos. A mí me pasa como a ti, si me gustan y son largos, mejor, porque así se sigue mejor el ritmo de la historia :)

Pues sí, pobre Squall, menos mal que de momento Seifer no parece haberse enterado de que quizás, a lo mejor, si Rinoa quisiera y Squall se dejara, podría convertir a su amado en su esclavo... No veas lo bien que lo iba a pasar el rubio dándole rienda suelta a su imaginación. Le iba a dar materia para escribir un nuevo Kama Sutra. Peeeeeeroo... como Seifer no se ha enterado... y Rinoa no creo que estuviese muy dispuesta a dejárselo (recuerda el susto que se lleva la pobre cuando piensa, en el capítulo 6, a causa del lío de las sábanas: "¡Oh, no! ¡¿Y si Squall es gay...?", no parecía muy feliz con la idea XD). Y aunque ella se lo dejase, no creo que Squall le permitiese a Seifer llegar muy lejos XXD

Me alegra que te haya gustado la escena del moguri, no creo que sea la última vez que veamos a Stilzkin, y como ves Dulci sigue cuidando de Zell a pesar de la distancia (Oh, el amor es tan bonito). Ya me dirás qué te ha parecido la reacción del presidente cuando se ha enterado de que ha perdido a su preciado pokemon y también espero, con ganas, tu opinión del resto del capítulo, que estoy segura de que no faltará :)

Gracias por tus reviews, me hace mucha ilusión recibirlos.

¡Nos leemos!

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Damr1990: ¡Hola!

Veo que te alegra que pusiera dos capítulos seguidos (en realidad iban a ser uno; lo tenía organizado para terminar cuando Squall se entera de que es esclavo de Rinoa XD Pero me di cuenta de que me estaba quedando excesivamente largo y decidí dividirlo en dos; pero ponerlos juntos porque, si no, me parecía que el corte entre ellos era muy radical. Así, quien quisiese seguir leyendo podía hacerlo ya. Tomo nota de que no te importa que sean largos, aunque no quisiera que por mi culpa pasases sueño y fueses con ojeras al día siguiente XD

Me preguntas que: por qué Zell dice que Dulci no es su novia. Primero porque aún no se han declarado su amor (son muy tímidos los dos en esos temas) ni salen juntos, por lo que técnicamente no son novios. Además, Zell no piensa que Dulci esté enamorada de él, sólo cree que es muy buena amiga y por eso, cuando oye lo de que es su novia, le da mucha vergüenza y lo niega, aunque en realidad es lo que le gustaría que fuese :)

¡PREMIO, has reconocido a Manivela! Has sido el primero :) y algunos de los que me han escrito me consta que también leen el fic de Ayumi. Muy observador :) Ayumi y yo nos preguntábamos si alguien se daría cuenta ^–^. Pues sí, mi pobre soldado sin nombre ama desesperadamente a Manivela (evidentemente la chica tiene unos cuantos años más que en el otro fic) y a este ritmo piensa que nunca se van a poder casar. Como es más pobre que las ratas pobres, el pobre duda mucho de que Cid, con el !#"#! genio que tiene, cuando se tranquilice después de vapulearlo a fondo por haber osado posar los ojos en una de sus niñas y piense que algún día Manivela tendrá que casarse, le conceda la mano. Esperemos que Manivela logre convencer a su papi :)

Y aprovecho para decirte que tienes razón, cierto ex–Soldier debería aprender de Squall a mantener la compostura que se supone a un guerrero entrenado y también a ser más precavido e inmortalizar sus hazañas más a menudo, que nunca se sabe lo que puede pasar... Aunque, ahora que lo pienso, como las aventuras de Cloud ocurrieron años antes que las de Squall, quizás es que Squall ha aprendido de los errores del otro y no piensa repetirlos XD. Sea lo que sea, Squall va por su mundo ganando aliados sin proponérselo siquiera, algo bueno que de momento ya le ha proporcionado un bono para usar la tienda "sous le pont" gratis. Y el pobre Squall, con la que le ha caído con la resistencia y los SeeDs que lo acompañan, necesita aliados serios y responsables.

Muchas gracias por dejarme siempre un comentario :) y ya me dirás qué te ha parecido este capítulo.

Te dejo, voy a seguir con "las aventuras y desventuras de un SeeD en apuros" para actualizar lo más pronto posible XD

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Amanda Beicker: ¡Hola!

¡Gracias por dejar un mensaje, como siempre haces! Te has convertido en una de mis lectores fijos, esos de los que espero siempre con impaciencia su opinión, y que me dan mucha fuerza para seguir adelante con mi largo proyecto :)

Pasando a contestar a tu review:

No importa que sea único (como el anillo XD), después de todo, el capítulo también es uno, pero colgado en dos :)

"Si lo sé, no vengo" (como si hubiese tenido opción de elegir XD) me parecía un título adecuado a la situación, me alegra que también te lo parezca a ti. Siempre intento que el título del capítulo sea un reflejo del contenido en general de éste, aunque no siempre lo consiga XD. Y sí, tienes razón, Squall va a tardar mucho en poder consolarse con su adorado Mumba, cuánto lo va a echar de menos y cuánta falta le va a hacer el peluchito al pobre Squall, rodeado de locos y de torpes.

Lo de la contraseña fue idea de Cid Kramer, un poco rebuscada, pero segura porque era muy difícil que, sin conocer la secuencia, alguien la adivinase de casualidad; con lo que cumplía su papel perfectamente... En cuanto a las consecuencias de las contraseñas, como él no las iba a sufrir en propia piel... pues que se aguanten los SeeDs, que para eso les pagan (aunque sea una miseria) y los regalan por 0 giles XD

Lo de Squall y Rinoa viene desde el baile, fue una especie de flechazo mutuo. Por parte de él ya sabíamos cuánto le había afectado la chica y ahora hemos podido saber que ella también había quedado muy impresionada con él. Aunque es una relación que presagia tormenta; ya me dirás, con Seifer de por medio sin siquiera estar presente... y con el fuerte carácter de los protas y el empeño de Squall en no tener compañía para no estar solo... Pero todo se andará XD

¡Qué bueno era el plan de secuestrar los donuts para liberar Timber!... Lástima que el malvado presidente Deling lo supiese y hubiese puesto los medios para evitarlo... Y el de retrasmitir la "falsa liberación de Timber", para convertirla en realidad, ya has visto que tampoco ha salido bien. Pobres, tienen para rato.

Y tienes también razón en que Squall funciona, de momento al menos, mejor solo XD y en que cuando jugamos, al principio era un lío lo de las contraseñas (y eso que no estaba Rinoa dictándonoslas con el papel al revés XD), al final todos pasamos de los guardias, creo yo, e hicimos reset para que no nos degradaran (al menos yo y mis conocidos XD).

Y para rematar el capítulo Squall descubre que es esclavo de Rinoa... El pobre se estresa mucho pensando que cuando Seifer se entere se aprovechará de ello para humillarlo y, sobre todo, se martiriza con la idea de ser testigo del amor entre su odiado rival y Rinoa... ¡Cuánto le queda aún por pasar a este chico!

¡Espero que este capítulo también te haya hecho pasar un buen rato! Ya me dirás ^–^

PD: Como habrás podido comprobar, las tácticas de despiste y ocultación de Watts funcionan más de lo que a simple vista puede esperarse XD

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FanFiker_Fanfinal: ¡Hola!

Primero agradecerte tus reviews, ¡está vez dos, uno por capítulo, ¡yujuuuu! ¡Muchas gracias! Pero, como está vez sólo subo un capitulo, me veo obligada a responder a los dos en uno (^^).

Empezaré por las faltas: en la primera, se me coló la tecla de al lado. Quería escribir: "se dijo Squall". En la segunda, también tienes razón, es "tirar de la cadena", lo que pasa es que la gente de mi alrededor dice "estirar de la cadena" y se me ha colado sin darme cuenta. Esto no sé si es deformación por culpa de mi familia o por la zona en la que vivimos. Ya lo he corregido, y muchísimas gracias por señalármelo (^^).

Y luego, antes de pasar a mi fic, decirte que, si hace mucho que no escribes, es normal que apenas te manden reviews porque suelen mandarlos cuando se actualiza la historia; después la lee menos gente y si a esto añadimos que sólo mandan reviews un pequeño porcentaje de lectores, ahí tienes la explicación.

Ahora pasemos a mi historia:

Siento mucho no sacar a Seifer más a menudo, imposiciones del guión ya que sigo el hilo argumental de la historia; pero te habrás dado cuenta de que está presente, en espíritu, aunque no esté (por lo menos para Squall, que sólo hace que maldecirlo XD). En este capítulo ha hecho una aparición estelar, aunque sea breve, ya me dirás.

Lo de Chanquete ha salido en el capítulo 6 en una comparación (cuando Squall va perdido por el pasillo del tren de la resistencia): "«Debe ser esta puerta», se dijo, más perdido que Chanquete en el desierto".

A mí también me encantan los moguris, son adorables, Y no me importaría dormir abrazada a uno y a un mumba, aunque haría un huequito para Squall (Seifer te lo dejo para ti) (^^) . Y en cuanto a lo que me preguntas sobre los moguris: no salían en el FF8, se grababa en puntos de grabación; pero decidí introducirlos en la historia (porque los adoro) adaptando el sistema de grabación del FF9 con la excusa de que los moguris se habían hecho con el monopolio de la grabación aplicando un nuevo y sofisticado sistema futurista que les había contado un "tipo" que había sido abducido por los extraterrestres (lo explicaba Mogi-mogi, el moguri del mapa del mundo que se llama con la flauta). Me pareció más personal y con más posibilidades de sacarle jugo que fríos puntos de grabación. Por si no has jugado al FF9, te diré que Stilzkin era el moguri viajero que solían encontrar de vez en cuando y al que le podían comprar objetos.

Y no hace falta decirte, pero te lo digo :), cuanto me alegra que estos capítulos te hayan gustado más; espero que éste haya estado a la altura y si no es así, prometo esforzarme más en la próxima ocasión. A mí, personalmente, me gusta mucho cuando trato los asuntos de los líos, enredos y amores de las parejas, aunque también disfruto escribiendo sobre los "libélulos asilvestrados pantaneros" y lo tontos que son, o con personajes bobalicones o torpes. Soy de risa fácil XXD. Y realmente creo que es mejor tomar la vida desdramatizándola en lo posible, siendo conscientes de la suerte que hemos tenido por nacer en un país como el nuestro y en esta época en la que podemos expresarnos con tanta libertad y en la que las personas, poco a poco, van abriendo sus mentes y siendo más tolerantes con los otros. Aún queda un largo camino por recorrer, y si podemos hacerlo con una sonrisa, mejor. La vida nos será más fácil, tanto a nosotros como a los que tengamos cerca. Ese es uno de los motivos por los que lo que más me gusta escribir es comedia. ¡Uf, menudo rollo que te he soltado, jeje!

Por último comentarte que, si quieres que Zell siga saliendo en el fic, no le pongas lentejas, que te recuerdo que es alérgico a muerte a ellas, mejor le pones el bocata de chorizo XD. Y el precio, bueno, puede que él esté dispuesto a pagártelo, si antes no muere de una hemorragia nasal por la idea; pero no sé qué opinará Dulci...

Me ha salido una respuesta larguísima; pero, como tú habías mandado dos reviews, te la mereces (^^)

¡Nos leemos, kupó!

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nancyriny: ¡Hola!

Me alegra mucho que te guste mi parodia y que te hayas reído con ella ^^. Y que la hayas leído tan rápido, a pesar de lo largos que son los capítulos, es muy satisfactorio para mí. ^^

En cuanto a lo que me dices de que no te convencen los gustos de Seifer, es una opinión que no comparto porque a mí me gusta Squall y si a Seifer le gusta Squall es porque tiene los mismos gustos que yo y si tiene los mismos gustos que yo no pueden ser tan malos porque a mí siempre me han dicho que tengo un gusto exquisito y si Squall está bueno pues entonces bla, bla, bla, bla... (Media hora después) ... bla, bla y bla, porque yo bla... ¿Eh, cómo? Que esta respuesta se va ha publicar y voy a quedar como una maleducada... Esto... Querida nancyriny, jajajaja... esto...

Bueno, dejo las bromas aparte, me pongo seria y te lo explico: tú has leído mi fic romántico, con lo que has visto la imagen que tengo Seifer, lo que pasa es que en la parodia de humor loco, como es la mía, me permito algunas libertades, y que Seifer estuviese enamorado loca y apasionadamente de Squall, desde que eran dos niños (aunque Seifer creyese que Squall era una niña, jeje), y que se muera de celos de Mumba (un peluche), da mucho juego y permite muchos enredos y situaciones cómicas. Y en la parodia todo está muy exagerado, a veces se exagera la personalidad real de los personajes (como en Squall, en mi fic), y a veces se hacen con personalidades opuestas a las que tienen (como Quistis), lo que también refuerza al personaje, por contraste. A Seifer yo lo necesitaba así, parecido al real y a la vez muy diferente (sobre todo en sus intereses y sus propósitos). No sé si con esta explicación lo entenderás mejor, pero como siempre digo, mi propósito no es ridiculizar a ningún personaje, y todos están tratados desde el más profundo cariño. ^^

Espero que este capítulo te haya gustado, ya me dirás tu opinión.

¡Nos leemos!

PD: En el capítulo anterior el comentario me lo mandaste en un privado, si no te importa, prefiero que la opinión la pongas en un review porque así contabilizo mejor los comentarios; además de que me es más sencillo responder siguiendo el orden en que los recibo (así no corro el riesgo de dejarme a nadie)^^.

Esto no significa que si quieres decirme algo en un privado no desee que lo hagas, estaré encantada de recibir noticias tuyas, vengan por donde vengan ^^

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Isa Leonhart: ¡Hola!

Me alegra mucho que te hayan gustado los capítulos ^^.

A lo que me dices de Zell, con la mala suerte que tiene este chico con la comida, no sé yo, si va a poder comer algo más que mendrugos... ya veremos ^^ En cuanto a Dulci, es verdad, el nombre habla de cómo es esta chica, y no creas que es por tacañería que no le compra bocadillos enteros, lo que pasa es que en el Jardín de Balamb no les dan más de un bocata por turno de comida (otra regla de los shumis del Jardín XD) y cuando se terminan, pues los que han llegado tarde, como siempre le pasa a Zell, que se aguanten XD. Y Zell jamás permitiría que Dulci se quedase sin comer por él ^^

Pues sí, Squall y Rinoa han soltado chispas en el reencuentro, y ya ha quedado claro que se gustan muchísimo, pero de momento parece que prefieren mantenerlo en secreto (sobre todo Squall, que no quiere reconocérselo ni a sí mismo (^^)) Y me alegra que te haya gustado el reencuentro porque es importante para mí que la relación que lleven estos dos personajes guste a la mayoría de los lectores ^^ En cuanto a ese problemilla de Rinoa y Seifer, no tardará demasiado en saberse (espero XD); además, igual lo has imaginado bien, ¿quién sabe? XD

Y lo que me comentas de Watts y Zone, es verdad, jeje, ya de por sí son bastante cómicos, jeje.

Y Squall, ¿en cuantos problemas más lo meterá el grupo que le ha tocado arrastrar con él?... Creo que le esperan muchos sufrimientos XD Menos mal que existen los puntos de grabación, aunque ahora que los controlan los moguris, tendrán que tener cuidado de no enfadarlos ^^ Aunque, habrás podido comprobar en este capítulo, que no siempre la opción de hacer un reset puede aliviarlo de su sufrimiento. "Pobre niño solitario y abandonado... ", que diría Edea XD

¡Nos leemos y gracias por el review!

PD: Mientras esperas a que Aerith se calme (algo que me parece imposible), aprovecharé cuando Rinoa esté dormida para mandarte a su "esclavo personal" sin que ella se enteré; pero ten cuidado con el pobre Squall, no lo vayas a traumatizar aún más de lo que está XD.

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Sora63: ¡Bienvenido de nuevo!,

Creía que te habías olvidado de mí :) ¡Qué bien que no haya sido así! Empecé a actualizar de nuevo, más o menos, cuando Ayumi (cuando conseguí sacarla del infierno, donde se le ocurrió resucitar, como si no me hubiese dado ya bastante faena con tener que ir a buscar las dragon ball).

Gracias por tus ánimos para continuar con mi fic, la verdad es que estoy muy motivada ^^. En cuanto a la pregunta de la longitud de los capítulos, no lo decía por mí, que voy a escribir lo mismo, sólo que los cortaría de otro modo. Ahora los corto donde a mí me parece más apropiado para la situación que estoy tratando en el capítulo. Lo decía por los lectores, por si se os hacía pesado que fuesen tan largos y lo preferíais más cortos; pero, de momento, a todos les parece bien como están. Esto me ha hecho feliz XD

Jeje, me alegra que te haya gustado la composición magistral de Julia, «Ojos clavados en mí». En ella, la joven pretendía hacerle llegar a Laguna lo que sentía por él (la pobre ya estaba harta de tanto esperar XXD). Al final su esfuerzo fue muy bien recompensado, jeje.

En fin, espero que hayas disfrutado también este capítulo, con las paranoias mentales de Squall, el loco grupo que le ha tocado en suerte y la aparición estelar de Seifer^^ Como habrás visto, ni todo el sistema de seguridad del Jardín de Balamb, ideado por las retorcidas mentes shumis, ha sido capaz de retenerlo (el poder del amor es muy fuerte XD).

¡En fin, que estoy muy contenta en tenerte de nuevo como lector!

¡Nos leemos!

PD: Cuando termine el fic, grabaré un cd con la OST, en el que entre otros temas estarán Ojos clavados en mí y la versión de Eres un enfermo de Yuraba y los Acorazados de Móstoles. Ya te enviaré uno firmado por Squall and company.

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vergil ansem: Hola!

Cuánto tiempo sin saber de ti. Creía que habías dejado de leer mi fic; pero deduzco por tu review que lo que pasaba era que no te habías enterado de que había seguido escribiéndolo. Estoy contenta de que haya sido ese el motivo y no que te hubieses cansado de leerlo^^ Por lo tanto te doy la bienvenida y quiero que sepas que me alegra mucho que tú también hayas vuelto a leer mi fic ^–^. Volví en febrero, más o menos cuando Ayumi. Vamos, cuando conseguí tener de nuevo tiempo para escribir (es que ir a por las dragon ball para resucitar a Ayumi y luego al infierno para sacarla (no tenía otro lugar mejor para resucitar, la muy #&¬#&...) me llevó bastante tiempo XD). Pero bueno, lo importante es que he vuelto con más ganas que nunca y de momento llevo buen ritmo^^. Yo me lo paso muy bien escribiendo las "aventuras y desventuras de un SeeD en apuros" XD y quiero trasmitirlo ^^.

Espero que los nuevos capítulos te hayan gustado al menos tanto como los anteriores y que hayas pasado un buen rato leyéndolos. Ya me dirás ^^

¡Nos leemos!