Capítulo 8
Lynhxie se sentía caer.
Aunque no le era molesto, sino un caer mecido por un invisible viento, se preguntó si, en algún momento, daría con el suelo. Esa situación le recordaba a una historia que leyó hacia algún tiempo en, creía recordar, el País de Las Nubes, que trataba de una joven que caía por un largo túnel siguiendo a un apresurado conejo blanco.
Sin embargo, ella no había estado persiguiendo a ningún adorable animalito con prisas por ver a la Duquesa, ni siquiera recordaba cómo había llegado hasta allí y, con tanta oscuridad, casi no podría ni asegurar que estuviera cayendo.
De repente, esa sensación cesó, aunque no la tranquilizó para nada.: se encontraba parada en medio de un inmenso mar de negrura.
Entonces, una intensa luz la cegó durante breves instantes para mostrarse después como tres grandes estrellas: una verde, una blanca y una violeta, todas desprendiendo un inmenso poder que la aturdía.
De la primera estrella empezaron a surgir pequeños planetas, sistemas planetarios y hasta galaxias enteras, mientras que, la violeta, a medida que se acercaba a estas creaciones las apagaba y convertía en agujeros negros que absorbían todo a su alrededor.
La estrella verde intentaba paliar aquello convirtiendo de nuevo esos vórtices en renacidos planetas. Pero su hermana violeta no cesaba tampoco en su labor.
A Lynhxie le pareció que ambas se iban enfadando poco a poco (si tuviera sentido el hecho de que se enfadasen unas estrellas) y, cuando empezaron a colisionar entre ellas, no le cupo duda alguna. Cada choque liberaba oleadas intensas oleadas de poder y descontrolaba todo: aparecían y desaparecían planetas y sistemas a gran velocidad y sin ton ni son. Pronto las galaxias se vieron afectadas.
Lynhxie temblaba de pavor con cada golpe, pero le era imposible moverse para parar aquella pelea. De hecho, se dio cuenta, ¡carecía de cuerpo para ello!
Entonces, cuando parecía que ambas iban a asestar el golpe final, que iba a ser el fin, la estrella blanca que había estado apartada todo ese tiempo observando, corrió hacia ellas e interceptó el golpe.
Hubo otra explosión de luz y, cuando Lynhxie pudo ver otra vez, las dos que habían estado enfrentadas se encontraban en los límites de ese pequeño universo, mientras que la luz blanca se situaba en el centro. Parecía como si las otras dos no se atreviesen a acercarse.
El nacimiento y muerte de los mundos seguía, pero ahora más equilibradamente.
Sin embargo, la estrella reinante parecía perder brillo y tamaño paulatinamente, hasta que, llegado un momento, se apagó y desapareció. En su lugar quedaron dos pequeñas estrellas: una de verde clarito, y la otra, de color lila pálido.
Ambas, antes unidas, empezaron a separarse, atraídas por la gravedad de las dos más mayores, hasta ser absorbidas.
Ahora ya no habría ninguna pacificadora para detenerlas en su ancestral pelea. Los dos grandes luceros empezaron a girar en un mismo sentido, hacia la izquierda, guardando las distancias entre ellas, como calculando el próximo paso a dar, e iban cerrando el círculo poco a poco, arrastrando en su giro todo cuanto existía a su alrededor por la fuerza centrífuga.
Lynhxie comprendió entonces que la destrucción era inexorable. Nadie podría detenerla. Nadie. Todo iba a desaparecer en breves instantes.
Quiso cerrar los ojos, pero no podía dejar de contemplar a aquellas kamikaces.
Y siguió mirando cuando los brazos de luz hicieron el primer contacto...
.
.
.
El chillido teñido de pánico, terror y tristeza por parte de la joven que estaba, hacía un rato, tumbada en la cama, y ahora se había incorporado como accionada por un resorte, sacó a Fye de ese ensimismamiento que había llevado todo el rato que la había estado guardando.
-¡Lynhxie!
Fue a rodearla entre sus brazos con gran alivio.
La joven, todavía temblando, tras unos segundos de desconcierto, le devolvió el gesto con fuerza.
-¡Fye! ¡Fye, he pasado tanto miedo…! Era… era el fin de los mundos… no pude evitarlo… yo… yo…
-Shhhh… ha sido una pesadilla, ahora estás aquí, conmigo, no temas- dijo él acariciando con las manos su rostro e intentando transmitirle seguridad con sus ojos celestes. Lynhxie se dejó perder en ese mar tan puro que contenían, mientras su corazón volvía a su ritmo normal.
Acarició esas manos, que todavía se encontraban enmarcando su cara, y besó con ternura cada uno de los dedos de su mano derecha.
-Te he tenido preocupado otra vez, ¿verdad?... ¿Qué me ha pasado?
La mirada de Fye se crispó al mismo tiempo que recordaba lo sucedido. Volvió a abrazarla, esta vez con fuerza. Siempre con ese miedo a perderla en cualquier momento, dudaba ya de que le fuera posible mantener la cordura como le volviese a ocurrir algo a su princesa.
-Te desmayaste en el despacho de Yukito. Has estado 10 días inconsciente y…
.
.
.
Flashback
La princesa de Clown, como en los últimos 8 años, estaba encima del escenario construido en la Plaza Mayor de la ciudad entonando la tradicional canción que clamaba por todo su pueblo por que la Lluvia volviese a acariciar sus desérticas tierras y las hiciera fértiles y ricas por un año más.
Justo en el cambio de día y tras silenciarse la última nota que había salido de los labios de la joven, todos los clownianos reunidos allí alzaron sus rostros al cielo con los ojos cerrados, esperando recibir el frescor del agua sobre su piel como había pasado tantos otros años.
Sin embargo, esta vez ni una sola gota liberaron las nubes nocturnas por mucho que esperaron. Ansiosos unos y preocupados otros, el murmullo de sus temores empezó a aumentar de volumen, hasta que un par de ellos, haciéndose representantes del resto, preguntaron en voz alta lo que carcomían a todos por dentro:
-¿Qué pasa? ¿Por qué no llega la lluvia?
Sakura, que no se había movido de su sitio durante todo ese tiempo, miró preocupada hacia su izquierda, en donde se encontraban ocultos tras los falsos tabiques sus amigos, excepto Fye, quien estaba guardando a Lynhxie, todavía inconsciente, para dirigir entonces su preocupada mirada hacia su familia, que se encontraba en primera fila, rodeada de guardias reales, también presentes para ese gran evento.
-La profecía que dijo la voz a través de Lynhxie… se ha cumplido- susurró la princesa para sí, bajando la mirada hacia sus pies, incapaz de dirigirse hacia su pueblo porque no se sentía capaz de tranquilizar a su gente, ya que el mismo miedo que sentían ellos invadía ahora su mente: miedo por el futuro de la capital del reino y de sus ciudadanos.
.
.
.
-… y desde entonces el ambiente sigue igual de seco, los cielos siguen sin dejar caer ninguna sola gota de vida- terminó Fye de ponerle al corriente de lo que había ocurrido durante su largo sueño.
Lynhxie estrujó las sábanas con las manos sin poder evitar sentir cierta desesperación. Llevaba diez días inconscientes. Diez días de espera impaciente para toda aquella gente, diez días de calor intenso y de cielos de nubes ausentes. Si seguían así, pronto acabarían los recursos almacenados durante su época próspera, por no decir las reservas de agua, esenciales para la vida en ese lugar.
Y aunque no se acordaba de nada desde que se encontró con aquella mujer en la biblioteca real y no recordase siquiera las palabras que supuestamente habían maldecido a la ciudad, se sentía responsable de toda esa situación. Si de verdad todo aquello había sido culpa suya, ¿cómo podría repararlo? No tenía ni idea de qué hacer para poder ayudar a sus nuevos amigos y todos aquellos hijos del desierto, y cuanto más lo pensaba más nerviosa se ponía.
Fye, que la había estado observando todo ese rato que había permanecido en silencio, se dio cuenta rápidamente de lo que estaba pasando por su mente con solo mirar el sufrimiento que marcaba su rostro. Alargó sus brazos y la atrajo hacia sí en un fuerte abrazo.
-Lynhxie… Sabes que nada de esto es cosa tuya, ¿verdad? No pongas esa cara, acabará lloviendo. No es algo que podamos solucionar nosotros.
-Sí que tiene que ver conmigo, Fye. Si no… esa mujer no hubiera aparecido delante de mí en la biblioteca, ni me hubiera utilizado para darle esa noticia a Yukito...
-¿Qué mujer? ¿De qué estás hablando, Lynhxie? Esa mañana, casi todos los criados habían ido a la ciudad a ayudar con los preparativos. No quedaba casi nadie en el castillo, ni mucho menos en ese pabellón.
Lynhxie pasó entonces a contarle su encuentro con la extraña joven de largos cabellos verdes.
-Sospecho que no era para nada personal del palacio; nunca antes la había visto, estoy segura.
Fye le acarició suavemente el rostro, intentando calmarla.
-No te preocupes, estamos todos aquí, te protegeremos, no importa de quién tenga que ser.
-No… no es eso, en realidad…- Lynhxie calló, recordando que en ningún momento se había sentido amenazada por aquella mujer, más bien, había sido curiosidad lo que le había impulsado a seguirla, curiosidad y una cierta familiaridad incomprensible.
Sacudió la cabeza, intentando no pensar más en ello, ya que de nada le iba a servir en esos momentos.
-¿Y con tu magia? ¿No has podido traer la lluvia?
El mago le explicó entonces que se lo había propuesto a los reyes de Clown, pero estos se habían negado en un principio, ya que no querían alterar el curso natural de las cosas, confiando en que, como mucho, en unos días llovería. Sin embargo, tras ver que su pronóstico no se cumplía, acabaron por pedirle a Fye que realizara algún conjuro invocando al ansiado elemento de la Naturaleza. Este había recitado todos y cada uno de los hechizos que conocía para conseguir dicho fin, pero ninguno dio resultado. No se lo había querido contar a Lynhxie, para no preocuparla más, pero la verdad era que cada vez que las nubes, bajo orden del mago se reunían para exprimirse y dar agua, algo parecía contrarrestar el efecto de sus palabras mágicas y estas volvían a su disposición original o desaparecían.
El rostro del rubio se crispó al rememorar los malos resultados de todos sus intentos.
-Hay una fuerza superior que no está dejando que la Naturaleza siga su curso aquí- concluyó-. Al principio pensé que era por mi poca experiencia, porque nunca antes había realizado conjuros de ese tipo, ya que nunca es deseable cambiar el ritmo natural de las cosas, pero he podido sentir algo cada vez que lanzaba los hechizos, como una presencia muy poderosa que contrarrestaba mis palabras…
-¿Crees que puede ser… Xie?- preguntó Lynhxie, aunque ella misma lo dudaba, ya que no había sentido la presencia de su hermana desde que salieron de Celes.
-No. No es su magia, lo hubiera reconocido.
Fye calló, viendo que la joven volvía a cargar sobre sus hombros una responsabilidad que no era la suya.
La sujetó firmemente, aunque sin mucha fuerza para no hacerle daño, por los hombros y le obligó a mirarle a los ojos.
-Lynhxie, no te tortures. Nada de esto es cosa tuya, ¿me oyes?- y relejando más el tono, volvió a envolverla entre sus brazos y le dijo-: no quiero verte sufrir así. Sé lo que piensas. Desde que Xie te reveló todo, has estado sintiéndote culpable de todo lo que nos ha acontecido desde que estás con nosotros. ¿Acaso crees que alguno pensamos que algo de eso ha sido culpa tuya? ¿De verdad piensas que alguno de nosotros podemos culparte de lo pasado? Desde que te dejamos viajar con nosotros y desde que asumimos tu objetivo como nuestro también, aceptamos pasar por todo lo bueno y todas las desventuras juntos, ¡contigo!... Y yo, más que nadie, estoy aquí para apoyarte en todo y ayudarte con cualquier dificultad que encuentres. No te pongas triste, por favor, princesa… Ya sabes cómo me duele verte así.
Lynhxie, sin poder evitar que la emoción hiciera caer una lágrima que otra, besó con amor los labios del mago, atrayendo su rostro hacia sí con sus manos.
-Gracias, Fye- dijo, pensando en la suerte que tenía por poder contar con alguien así a su lado-. Te quiero tanto…
-Y yo a ti, mi princesa- le contestó este sonriente como siempre-. Ya lo sabes. Lo daría todo por proteger tu sonrisa, incluso mi vida, así que, por favor, tenla siempre colgada de tus dulces labios.
Labios que siguieron en su recitar de besos junto con los del rubio. Besos de amor y ternura en un principio que pasaron a cargarse de pasión y deseo y a acompañarse de caricias que buscaban el ardor del cuerpo del otro.
Las ropas cayeron sin orden alguno en ese rito que unía sus dos cuerpos, culminando con el final de la décima noche y el comienzo de un nuevo día.
En ese amanecer, y con el rostro del chico que más quería en ese mundo dormido entre sus brazos, Lynhxie sonrió feliz. Aunque no había olvidado el problema que asolaba Clown, no podía evitar sentirse terriblemente feliz por poder contar con su preciado ángel a su lado.
-Yo también… daría la vida por ti, Fye- fueron sus últimas palabras antes de caer dormida también.
.
.
.
N. A.: Pues nada, aquí os dejo un nuevo capítulo, este centrado plenamente en la parejita, haha.
Pronto empiezan mis exámenes (otra vez... son una plaga ), así que no sé cuándo actualizaré de nuevo, aunque siempre intentaré que sea con el menor retraso posible.
Por cierto, el otro día me hice una cuenta de Deviantart y pensé que sería genial colgar allí algunos dibus que hice de Lynhxie. No es que dibuje muy bien XD Pero más o menos es como la veía en mi cabeza, por si alguno tiene curiosidad, cuando publique colgaré el link en mi perfil. Por ahora solo llevo dos diseños, uno con el traje de lucha del concurso Demox (sí... ya sé que hace la tira que publiqué ese capítulo XD) y otro del vestido de fiesta que se puso después. También estoy pensando hacer uno de Xielynh, total, no tiene mucha más dificultad, siendo gemelas, haha.
Gracias de nuevo por seguir mi historia y por leer ^^
