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Disclaimer: Tanto los personajes como Dragon Ball Z pertenecen a Akira Toriyama & Toei Animation.
Capítulo 8. Esto no te funcionará.
Pestañeó un par de veces, cansada.
En el último par de horas estuvo tratando de recordar lo que sea que debió pasar en ese espantoso planeta luego de su desmayo. Una vez que arribaron a Vegeta, Tooma, de manera graciosa, le dijo que debía tener cuidado de mirar a la luna la próxima vez. En realidad al principio le costó comprender a lo que se refirió su compañero, pero después de evocar lo último de lo que tuvo consciencia, supo que los netsujin habían logrado su propósito. Era extraño, demasiado a decir verdad. Tan sólo tenía en la mente ese momento en que fue obligada a mirar al cielo por los de la raza Netsu, y luego nada. Luego sólo estaban en el planeta Vegeta. Quiso saber los pormenores de lo sucedido, pero no pudo hacerlo; Tooma de inmediato se dirigió a una de las habitaciones con una muy herida Fasha en sus brazos, Bardock se había ido tras Geda luego de ser solicitado por éste, y Borgos simplemente, de manera indiferente, se fue a esperar afuera del centro médico; ninguno de sus compañeros se encontraba en disposición para darle respuestas acerca de lo ocurrido.
Y realmente deseaba saberlo.
Soltó el aire con pesadez.
Era obvio que logró transformarse en ozaru.
Temía por haber sido ella la responsable de lastimar a su compañera de escuadrón.
Se encontraba sentada en una de las sillas blancas del enorme centro, con las manos entrelazadas sobre sus piernas y la espalda encorvada, obsequiándose una perfecta vista del impecable suelo. Sus pies se sostenían sobre sus puntas, meneándose insistentemente, como impaciente. No recordar nada provocaba que poco a poco se frustrara. No era nada agradable tener todo un espacio vacío dentro de sus recuerdos. Quería saber qué fue lo que en verdad pasó con Fasha o por qué Borgos la evitaba en todo momento con ese desagradable gesto.
Se mordió ligeramente el labio inferior, levantando la mirada y observando a ese tal Mudgen con otro sujeto en el escritorio de recepción. Ambos trabajaban en algo a lo que ella no le prestaba demasiada atención; sólo se dictaban números entre ellos. Seguidamente, enfocó su mirada en una de las puertas que recién se abrió; por ella salió Bardock acompañado de Geda. Su capitán lucía enfadado, más de lo acostumbrado, y el lagarto parecía estarlo aún más que él.
—Las lunas también cuentan como cualidades de los planetas, Bardock —le dijo Geda, sonando molesto.
—A veces las cosas se salen de control —respondió como si nada—. ¿Qué esperabas que hiciera?
—Destruir la luna no.
—Olvídalo ya. —Lo enfrentó—. Por qué no mejor te ocupas de los equipos de exploración. Últimamente no te han mandado información completa. Si además de todo nosotros vamos a hacernos cargo de su trabajo, al menos deberíamos recibir más —objetó, seguro de sí.
El médico con aspecto de reptil no tenía ganas de discutir en esos momentos, ponerse a refutar con un terco como Bardock frente a los demás, en realidad no resultaba una buena idea. Malhumorado, desapareció por la misma puerta por la que salieron minutos antes.
—Idiota —masculló Bardock.
Gine le escuchó.
Él rápidamente se recargó sobre la pared, al mismo tiempo que se cruzó de brazos y continuó maldiciendo para sí mismo. Gine lo miró por un momento, de soslayo. No era difícil darse cuenta que el líder de su escuadrón no se encontraba con el mejor de los ánimos, y relacionando eso con la reciente charla que mantuvo con Geda, tampoco era complicado intuir que algo de la misión no salió como el reptil esperaba.
Sí, entendió la conversación y su principal inmiscuida. Ya tenía claro que ella terminó por convertirse en ozaru en el planeta Netsu, y que probablemente pudo ser ella quien lastimó a Fasha y por ello el cabecilla del equipo se vio en la necesidad de explotar la luna, pero los detalles seguían haciendo falta. Y a pesar de que estaba al tanto del pésimo humor que tenía Bardock en ese instante, no le importaba arriesgarse, debía intentarlo.
Tuvo la intención de ponerse de pie antes de que a Mudgen y al otro sujeto se les ocurriera hablar, y entonces la dejaran quieta en el mismo sitio, atenta a ellos.
—Número de registro: «dos, uno, ocho». —Dictó Mudgen, mientras el desconocido se ocupaba de anotar—. Nombre: Galic.
«¿Galic?»
Por acto reflejo se levantó enseguida, pero no avanzó más, sólo se quedó ahí, tratando de no perderse detalle alguno. Si no mal recordaba esos eran los números de registro de Galic…, el Galic que conocía.
Bardock enarcó una de sus cejas al percatarse del de repente extraño comportamiento de la chiquilla. De un momento a otro se quedó inmóvil, mirando hacia los dos que trabajan más allá. Rodó los ojos y prefirió desviar su mirada de ella; de todas formas siempre se comportaba así.
—En total han sido siete decesos entre los equipos de exploración y dos en los escuadrones de combate —repitió Mudgen—. Encárgate de publicarlos. —Le ordenó al otro y éste asintió, llevándose consigo los datos de la hoja para después pasarlos a la máquina que se encargaría de mostrarlos en una pantalla justo afuera del centro médico.
—Galic —susurró ella, siguiendo con la mirada al tipo de la información.
De pronto dirigió sus orbes hasta Mudgen y no titubeó a la hora de acercarse hasta su escritorio.
—¿Q-qué ocurrió con Galic? —Se apresuró a preguntar, no estando realmente segura de querer escuchar la respuesta. Se sostuvo fuertemente por el borde de la blanca mesa.
Mudgen la vio con desdén, mientras sonreía con cierta arrogancia.
—¿Así que conocías a uno de esos, eh? —Gine asintió nerviosa. La acidez del tono de Mudgen llamó la atención de Bardock, quien no demoró en mirar con mala cara al lagarto; si había algo que detestaba más que ser un soldado de clase baja, eran esos malditos reptiles pedantes. El subordinado de Geda no se detuvo y continuó—: Pues está muerto, así que ya no lo verás más —le informó con brusquedad, y esa maldita sonrisa burlona volvió a aparecer en su rostro—. Pero qué importa, si al final del día es el destino de todos ustedes, monos estúpidos.
—¡Mudgen! —Apareció Geda detrás del subalterno, advirtiéndole con la mirada—. Deja de decir tonterías. Dedícate a tu trabajo, ¿entendiste? —Al aludido no le quedó más remedio que asentir ante la orden.
Bardock descruzó los brazos y de inmediato apretó sus puños con fuerza, intentando por todos los medios contenerse. Aunque tuviera ganas de abalanzarse contra él y enterrarle el puño en el estómago, haciéndolo sufrir antes de matarlo, sabía que no podía hacerlo. Esos reptiles eran trabajadores enviados por el mismísimo Freezer, y de primera contaban con el apoyo de éste. Aunque podía matarlos de mil maneras dentro de su cabeza, eso jamás sería suficiente. Sin embargo, había que conformarse.
Gine ni siquiera se dio cuenta de la reacción que estaba teniendo el líder de su escuadrón. En su mente ya sólo tenía la palabra «Galic» acompañada de «muerte».
¿Galic en verdad estaba muerto?
«Está muerto, así que ya no lo verás más»
¿Y qué tal que era algún otro?
Pero no.
Aunque intentara hacerse creer que no era así, sabía mejor que nadie que no había equivocación alguna en eso. Los números mencionados eran los números de Galic, eran los de él y de nadie más. El viejo compañero de Boc ya no estaba más, esa era la realidad.
Sus puños se cerraron por inercia, pensando en un sinfín de cosas, todas relacionadas a ese viejo. Y sintió su corazón latir a mayor velocidad, podía percibir su pecho subiendo y bajando cada vez más rápido.
No. Tenía que calmarse.
No había razón para sentirse de esa manera. Ese viejo jamás se preocupó por ella. No fueron nada. Nunca.
Sacudió la cabeza de lado a lado. Todo a su alrededor comenzó a moverse. Llevó su mano derecha hasta su frente, necesitaba tranquilizarse.
«Está muerto, así que ya no lo verás más»
—Gine, ¿te encuentras bien? —le preguntó Tooma, en tanto la sacudía ligeramente por los hombros.
La hija de Boc no había notado la presencia de su compañero hasta ese momento, quien por cierto estuvo ahí desde hacía varios minutos. Entonces lo miró directamente, no pudiendo responder a su pregunta. Ni ella sabía cómo estaba. Lo único que pudo hacer, fue asentir con la cabeza al mismo tiempo que intentaba zafarse de él. Quería estar sola, y en ese lugar difícilmente lo haría.
Tooma, confundido, la soltó. No dijo nada más, pues sospechaba que Gine quería eso.
Y pese a que el saiyajin de armadura color azul la liberó rápidamente de su agarre, hubo alguien más que no estuvo dispuesto a dejarla marchar.
Bardock la sujetó con brusquedad por el brazo, logrando que ella se detuviera al instante. Una vez que sus miradas se cruzaron, Gine no evitó sentirse pequeña. Otra vez esa fría mirada. Desvió el rostro, todo con tal de no verlo, pero justo en ese momento sintió que el agarre de Bardock se intensificó.
Por supuesto que no la iba a dejar ir, esa niña debía ser responsable con el escuadrón; nadie se largaría de ahí hasta que Geda no les dijera cuál sería la próxima misión. Él no tenía por qué ir a buscarlos para que entrenaran como era debido. Ya Gine había desaparecido por tres días antes de la misión a Netsu, y si la dejaba marchar, con seguridad, iba a hacer lo mismo; pero no iba a hacerlo, no se lo iba a permitir, ahora tendría que esperar como todos y entrenar junto al equipo. Nadie tendría privilegios. Punto.
—¿A dónde crees que vas? —inquirió, enfadado.
—T-tengo que… —intentó responder.
—No. Tu deber es aquí.
Un par de ojos se mantenían expectantes a una considerable distancia de ellos; era Tooma atento a lo que sucedía.
—No comprendes —dijo finalmente, desesperada. Esta vez lo miró directamente a los ojos—. Tengo que irme, tengo que…
—He dicho que no. La última vez tuve que ir a buscarte, y eso no hubiera sucedido si estuvieras al tanto de las misiones —espetó, frunciendo el ceño. La miró, ella no tenía intención de decirle nada; todavía lucía afectada—. ¿Se murió tu padre? ¡Qué pena! Ahora siéntate y espera hasta que diga que puedes largarte.
De repente la soltó, siendo lo suficiente brusco como para mandarla al suelo.
Gine se quedó en el piso, mirándolo con temor. Tooma, por su parte, no se atrevió a intervenir.
…
—No voy a decirte esto otra vez —habló Geda, de espaldas al otro que recién se había adentrado a la habitación—; es preciso que te reserves de esos comentarios.
Mudgen tragó saliva, mientras cerraba lentamente la puerta tras de sí.
—L-le pido me disculpe. —Titubeó—. No volveré...
—No, no volverás. —Se giró para enfrentarlo—. Voy a encargarme de eso. —Aseguró concluyente.
El subalterno no podía ocultar su nerviosismo. Tenía noción de lo que Geda era capaz de hacer y no iba a negar que le aterraba la idea; sin embargo, también tenía que aceptar que era preferible que él le sancionase y no que fuese directamente el gran Freezer. Pero Geda solía ser bastante drástico, y muy pocas veces era él quien se hacía cargo de quienes no se comportaban bajo lo estrictamente establecido en las normas. Las mejores armas con las que contaban eran proporcionadas por el mismísimo dictador universal, y llevaban el nombre de Zarbon y Dodoria; eran éstos quienes, de la manera más despiadada, se cobraban todas las faltas.
—Uno más de esos cometarios y al gran Freezer le encantará tener una conversación contigo.
Volvió a tragar saliva.
—Bardock espera un nuevo planeta —habló Geda de nuevo, cambiando de tema. Mudgen comprendió pronto a lo que se refería y corrió hasta acercarse a un estante, de ahí tomó algunas hojas y no demoró en estar de nuevo frente a su superior, extendiéndole los documentos.
Geda tomó las hojas, revisando cada una con nada de interés. Luego sólo las arrojó al aire, provocando con ello que todas se esparcieran por el suelo. Mudgen titubeó, nervioso.
—¿Es todo lo que tienes?
—Son los planetas explorados.
El principal encargado del centro médico frunció el ceño. Se encontraba demasiado molesto, y no solamente con el inútil de Mudgen, sino también con ese obstinado de Bardock. El líder del escuadrón de clase baja ya la estaba causando demasiados problemas; su conflictiva forma de ser comenzaba a ponerle los nervios de punta. Últimamente discrepaba mucho más, ya no sólo preguntaba, ahora exigía respuestas. Mentiría si dijera que eso le tenía sin completo cuidado, porque aunque le fuera difícil admitirlo, había que aceptar que ese saiyajin no era como el resto; algo en él era diferente, y sin duda le alarmaba.
—¿Qué hay de Skotadi? —preguntó de pronto.
Mudgen enarcó una ceja, pero se apresuró a contestar—: El equipo de exploración no culminó con la misión. No hay muchos datos al respecto —mencionó, al mismo tiempo que observaba los escasos datos en una hoja.
—Es perfecto. —Sonrió de medio lado—. Al escuadrón de Bardock le vendrá bien.
—Pero…
—Anda, ve a informárselo a él. Diles que podrán irse en cuanto su compañera salga de recuperación.
El subordinado ya no argumentó nada, era obvio que algo tramaba Geda. No solía hacer ese tipo de cosas, excepto cuando de verdad quería deshacerse de todo un escuadrón. Estaba seguro que su jefe estaba al tanto de los pocos datos que recibieron acerca de Skotadi; sin ser demasiados, decían mucho acerca del lugar. No era de asombrarse que el equipo de exploración encargado de investigar aquel planeta, no haya vuelto con vida a Vegeta, y Geda era consciente de ese dato.
…
El escuadrón ya estaba reunido en la sala de recepción, únicamente faltaba Fasha, pues ella se encontraba en recuperación dentro de una de las cámaras. Todavía aguardaban a Geda, quien aseguró que les daría su próxima misión en cuestión de minutos. A Bardock ciertamente le preocupaba que después de la discusión que mantuvieron dentro de la oficina del lagarto, éste se mostrara renuente a mandarlos a algún planeta con un decente nivel de pelea, y lo peor era que no podría quejarse de ello si había sido él mismo quien cometió el error de destruir la luna.
En ese momento sus orbes se dirigieron hasta la causa que le orilló a desaparecer al enorme astro. Aunque quisiera culpar a Gine de todo, no podía hacerlo. Sí bien era responsable de no ser apta para controlarse siendo Ozaru, no fue ella quien decidió hacerlo; los netsujin la obligaron a transformarse. Y también sabía a la perfección que gran parte de la culpa realmente era de él…, y que lo fue desde el momento en que aceptó a Gine como un miembro más de su escuadrón.
Desde que midió el pobre nivel de pelea de la chiquilla, supo que no había sido buena idea integrarla.
Gine volteó a verlo en cuanto se sintió observada; Bardock la miraba con seriedad. Pero aquello no duró demasiado, él pronto desvió la mirada. La hija de Boc frunció el ceño enseguida, estaba verdaderamente enfadada. Muy pocas veces lograba sentirse de esa manera. Lo único que pedía era algo de tiempo sola, primero para saber si en realidad Galic había muerto, y luego para pensar las cosas, pero ya su capitán se había encargado de mantenerla dentro de ese centro médico hasta que él lo indicara. Ya no soportaba estar ahí, sin hacer nada, tan sólo tragándose todo lo que experimentaba en esos momentos; era enfado, era impotencia, era dolor.
Agachó la cabeza nuevamente; no esperaba que nadie la viera de esa forma.
Sentía la desesperación recorriendo su cuerpo entero. Sus manos temblaban, mientras con una de ellas se tomaba del cabello, justo por las raíces, todo en un vano intento por mantener la cordura; sus pies se movían incesantemente, preparándose para el momento en que podría salir de ahí; los latidos de su corazón le eran cada vez más intensos, tanto que podía escucharlos en sus oídos; otra vez empezaba a alterarse.
Justo en ese instante salió Mudgen con una hoja en las manos. Todos voltearon a verlo, y en cuanto el lagarto le extendió la hoja a Bardock, éste se aproximó hasta él.
El cabecilla del escuadrón se apresuró a leer.
—¿Skotadi? —Lo miró directamente.
—En la galaxia sur, sí —respondió de inmediato—. Podrán marcharse en cuanto tu compañera salga de la cámara de recuperación.
—Espera, espera, espera —intervino Toma, atrayendo la atención de los dos que hablaban—. ¿Eso quiere decir que no vamos a poder entrenar, o al menos descansar?
Bardock puso los ojos en blanco, pero no dijo nada, Toma tenía un punto a su favor y era precisamente lo relacionado al entrenamiento.
Gine por su parte, no paraba de maldecir dentro de sus pensamientos; no tenía nada de ganas de salir de nuevo a misión, y menos tan pronto.
—No si quieren esta misión —continuó el lagarto, dirigiéndose a Toma; luego sólo se fue hasta el escritorio, dando por terminada la breve charla.
El líder del escuadrón no estuvo conforme con aquello, así que sin meditarlo demasiado se dirigió hasta donde Mudgen se encontraba.
—¿Estos son todos los datos que tienes? —Quiso saber, dejando caer la hoja sin cuidado sobre el escritorio—. Te recuerdo que no somos un jodido escuadrón de exploración.
—Y a ti tengo que recordarte que no soy yo quien les otorga las misiones —expresó con dureza—. ¿Quieren esta misión sí o no? No tienes que hacer tanto problema, alguien más puede estar dispuesto…
—Déjalo ya —respondió orgulloso. No iba a permitir que ese lagarto se burlara de él. Se giró y se dirigió a sus compañeros—. Iremos a Skotadi en cuanto Fasha salga de aquí.
Mudgen no evitó sonreír burlón ante la respuesta de Bardock. No podía dejar de pensar que era muy fácil hacer enojar a un saiyajin; eran demasiado sensibles cuando de su orgullo se trataba. A pesar de que ellos se sentían invencibles, estaba seguro que su personalidad podría ser uno de los motivos que terminarían por matarlos; no sabían controlarse y estaban dispuestos a todo con tal de mantener la frente en alto. Eran fuertes, muy fuertes, de eso no dudaba, pero había algo que les faltaba y era no tener idea de cómo dirigir todo ese poder; eran individualistas, egoístas con ellos mismos. Muy pocos escuadrones —por no decir casi ninguno—, sabían trabajar en equipo. Por esa razón justamente era que el grupo de Bardock ya había llamado mucho la atención de Geda. Si todos los saiyajin se comportaran un poco como ellos, podrían ser una raza realmente imponente; solo bastaba que ellos decidieran unirse para hacer lo que les placiera. Al menos esa era la teoría que se tenía acerca de la raza saiyan, claro que ellos no tenían ni la más mínima idea de esa suposición.
Dejó de pensar tanto; el equipo en cuestión recién se había marchado.
…
Gine sólo pensaba en irse a su casa. Ya no le quedaba duda alguna; el viejo amigo de Boc estaba muerto. Una vez que salieron del centro médico, enfocó su mirada rápidamente en la pantalla por la que transmitían los decesos dentro de los equipos. El nombre de Galic y su número de registro fueron mencionados por segunda ocasión. Aunque estaba tratando de no sentir nada, no le resultaba como esperaba; Galic, pese a que le costara admitirlo, fue el único que siempre estuvo con ella, aun cuando era sólo para fastidiar; gracias a él es que no se sintió tan sola luego de la muerte de su padre, o incluso antes si tomaba en cuenta que Boc nunca se preocupó por ella, ni siquiera de la extraña forma en la que lo hizo Galic.
—Lo más probable es que Fasha salga hasta mañana —dijo Tooma, logrando sacar de sus cavilaciones a la muchachita—. Podríamos entrenar hasta que eso pase —propuso, ganándose la aceptación del líder.
La hija de Boc tuvo muchas ganas de pegarle en la cabeza a su compañero por la oportuna sugerencia. Cuando pensaba que ya podría marcharse, venía Tooma y lo arruinaba.
—Entonces vayamos al campo —concluyó Borgos, alzándose en vuelo y siendo prontamente imitado por el de armadura azul.
Bardock también tuvo la intención de elevarse, pero cuando notó que Gine no tenía la misma idea, se mantuvo en el suelo, esperando a que sus otros dos compañeros desaparecieran de su vista. Sinceramente ya le estaba cansado toda esa tonta situación de Gine. En cuanto ya no vio más a Tooma y a Borgos, se acercó hasta ella, sin molestarse en ocultar su descontento.
—¿Qué estás esperando?
Pero ella no respondió. Enfadada, giró su rostro y se cruzó de brazos.
Aquella digna pose no la vio nunca antes en esa chiquilla.
Enarcó una de sus cejas, algo confundido.
—¿Y ahora qué demonios te pasa? —preguntó, tratando de no sonar demasiado sorprendido.
—¿Qué tengo que hacer para que aceptes mi renuncia? —Apenas si se escuchó su petición.
El asombro de Bardock ya no pudo ser ocultado. Esa niña hablaba en serio. Ciertamente no esperaba escuchar eso, y mucho menos con tanta determinación. Porque no hacía falta que le gritara para darse cuenta de su exigencia, ese murmuro había sido más que suficiente. Quiso reír, tal vez orgulloso, quizás conforme, o simplemente sorprendido, pero no iba a hacerlo; pese a que Gine finalmente estuviera comportándose de forma decidida, ese no era el momento preciso para hacerle ver ese detalle de su comportamiento, y tampoco era él quien debiera resaltarlo.
—Así que estás enojada, eh —dijo, un tanto burlón—. No es mi culpa que tu padre se haya muerto. Seguramente era un bueno para nada.
Enseguida fue fulminado por la oscura mirada de Gine, y él rio por ese infantil intento.
—¡No era mi padre! —estableció con dureza—. Ese viejo… no era nada.
—¿Sufres por cada saiyajin que muere a diario entonces? —Inquirió, incrédulo—. Eres una tonta.
En un arrebato, Gine se acercó a él y lo abofeteó, pero Bardock no se quedó de brazos cruzados y le regresó el golpe de la misma manera, sin llegar a emplear toda su fuerza.
La joven saiyajin tomó su mejilla con la mano derecha, sobándose. En sus ojos estaban acumuladas las lágrimas que quiso derramar desde que se enteró de la muerte de Galic. Ya no soportaba más, ya no era capaz de retenerlo por más tiempo; su cuerpo y su mente le exigían liberación.
—¡Oye, ya basta! —dijo Bardock, tratando de controlar la situación—. Voy a darte un consejo, Gine: deja de ser una tonta sentimental. No te llevará a ningún lado. En este mundo no hay espacio para esas cosas. Padres, madres, hijos, todos mueren cada día, ¿cuál es el problema entonces? —La chica ya no dijo nada, agachó la cabeza y sólo hasta ese momento se permitió llorar con libertad, sollozando ligeramente, intentando ocultar su debilidad. Si a Bardock le preguntaran cuál era el acontecimiento más raro que le haya ocurrido, con seguridad respondería que ese—. Se me olvidaba que tú eres una saiyajin muy… peculiar.
—Déjame renunciar —pidió nuevamente.
—No.
—¿Por qué? —Alzó la mirada, dejando ver por fin su mojado y sonrosado rostro—. No me necesitan, no he hecho nada por el equipo. Soy un estorbo.
—Sí, ya lo sé. —Se encogió de hombros—. Pero no eres tú quien toma estas decisiones.
La verdad no quería decir nada que le hiciera creer a ella que era imprescindible para el escuadrón. No podía sólo argumentar que si la echaba en ese momento, entonces ellos no podrían salir de misión porque no tenían a nadie más para sustituirla; eso era atribuirle demasiado poder a una insignificante niña y no estaba dispuesto a hacer eso.
—¿No lo entiendes, verdad? —preguntó Gine enfadada, en tanto se aproximó a él de forma amanzánate—. Yo nunca quise hacer esto. Yo no soy como ustedes. —Ya estando lo suficiente cerca de él, lo tomó por la armadura, acercándolo a ella hasta que sus torsos quedaron a milímetros de tocarse; Bardock no hizo el intento por apartarse, quería ver hasta dónde era capaz de llegar, además de que su olor seguía teniendo el mismo efecto en él y tenerla cerca comenzaba a gustarle—. ¿Qué tengo que hacer para que me eches de una buena vez de tu escuadrón?
—Pues esto no te funcionará —atinó a responder, tomándola por la cintura, desapareciendo cualquier espacio que hubiera quedado entre ellos.
Gine abrió los ojos sorprendida, pero tampoco fue capaz de alejarse. Era como si algo la obligase a quedarse ahí, sin hacer nada, simplemente dejándose llevar.
Bardock acercó su nariz hasta su cuello, aprovechándose de que ella aún no decía nada. Aquello lo tomaba como una invitación a continuar. Olisqueó su piel, rozando su nariz en el proceso, no queriendo perderse nada de ese atrayente aroma. Ni siquiera lo pensó, sus instintos se dejaron llevar en cuanto el olor penetró nuevamente por sus fosas nasales; ya estaba seguro que nunca había olido algo similar. En otro momento se hubiera alejado, pero ahora no podía hacerlo, ahora sus sentidos tenían el control de su cuerpo. Queriendo llegar más lejos, reemplazó la nariz por sus labios, recorriendo con ellos desde su cuello hasta la mandíbula.
—¿Qué estás…? —intentó decir Gine, pero la boca de Bardock sobre la de suya le impidió continuar.
No evitó abrir aún más los ojos, si eso era posible; no podía creer lo que estaba sucediendo. Colocó sus manos sobre el duro pecho del cabecilla, con la intención de alejarlo de ella; no obstante, pronto comenzó a sentirse presa de él. Se dejó llevar por unos segundos, los suficientes para recordar que estaba besando al líder de su escuadrón y que estaban a la vista de todo el mundo.
Sólo eso bastó para que ella lo empujara.
—No es buena idea… no creo… —pronunció titubeante.
Bardock finalmente cayó en la cuenta de lo que estaba haciendo. Y se reprendió a sí mismo, por ser tan débil, por caer ante alguien como Gine. Su ceño se frunció de inmediato, logrando sorprender a la hija de Boc. Estaba muy enfadado consigo mismo por comportarse de esa forma; nunca se había dejado llevar de esa manera, normalmente él era el dueño de sus reacciones. Gine no iba a tener control sobre él, eso nunca.
—Primera vez que dices algo inteligente —respondió al fin, mientras se acomodaba las muñequeras. Se giró, de tal forma que le dio la espalda a la joven—. Quizás deba agradecerte que me hayas detenido; estuve a punto de cometer una estupidez.
Gine no estuvo preparada para escuchar eso.
El líder del escuadrón se elevó del suelo—: Es hora de entrenar. Ni creas que podrás evitarlo.
Y entonces se fue. La saiyajin se quedó mirando al cielo, ya no comprendiendo nada de lo que había ocurrido. Otra vez tenía esa amarga sensación de haber arruinado un momento; si continuaba así, se le haría costumbre… ¿Y por qué diantres estaba pensando en eso? ¿Es que acaso esperaba tener otro encuentro similar con Bardock?
Y aunque quisiera, ya Bardock había dejado claro que involucrarse con ella sería una estupidez.
Suspiró profundamente; tenía que ser sincera cuando decía que sólo lo detuvo para no continuar haciendo eso en la calle.
Ya no había remedio.
Hasta que a la autora se le ocurre actualizar. ¡Qué falta de consideración! ¡Hay que apedrearla!
No, ya en serio; estoy muy apenada, en realidad lo hago. Ya saben, uno nunca tiene la vida resuelta y por el contrario, tiene que hacerse cargo de resolverla. Eso es lo que hice en los últimos días xD Bien, lamento de verdad la demora, ya tenía muchísimas ganas de continuar, sobre todo leyendo tan hermosos comentarios que dejan; ¡de verdad se lucen!
Sé que digo esto cada vez que actualizo, pero realmente espero que la espera xD haya valido la pena. No sé si comentarles que este capítulo me costó mucho trabajo... okey, ya se los dije. Pero sí me costó un montón; creo que este capítulo de hecho es el que tiene más versiones xD, sin embargo, finalmente me decidí por esta que les estoy presentando.
Les agradezco mucho por continuar pendientes; por esperar, por agregar a favoritos y a sus alertas, y por sus lindos reviews. No les he contestado a varios y dejé muchas respuestas inconclusas, pero en cuanto tenga tiempo les prometo que les responderé. En serio mil gracias:
GEMITHA0208, celestia carito, amigo Bidden, hermanita amodorada Ary Lee, Cadiie Mustang, Lady supersaiyajin, saiyan blood24.
Angie: ¡Hola, Angie! Me alegra mucho que el capítulo anterior te haya gustado. En este nuevo capítulo, creo yo, hemos visto un avance colosal. Sólo puedo decir que la siguiente misión que se viene será intensa xD Muchísimas gracias por continuar pendiente de esta historia y por seguirme dejando conocer tu opinión al respecto. ¡Te mando un gran abrazo!
EMILY: Hola, hola. Espero no haber demorado tanto, o que al menos esa espera haya valido la pena xD Te agradezco mucho el comentario, y me alegra tanto que el cap anterior te haya gustado. Procuraré no tardar tanto para la próxima actualización, es sólo que justo en estos momentos estoy en temporada de evaluación. ¡Te mando un gran y fuerte abrazo!
FATIMA: ¡Hola, Fatima! Me da gusto saber que la historia les está gustando. Yo estoy fascinada con ella, si de algo sirve xD. Espero que este capítulo te haya gustado tanto como entregas anteriores. Mil gracias por dejarme saber tu opinión. ¡Te mando un gran abrazo!
diviceta21: No tienes nada que agradecer, lo hago con mucho gusto. Como te dije, quiero interesarme en la pareja de Bulma y Vegeta, porque me doy cuenta que hay muchas historias en torno a ellos, y tu idea me llamó la atención. Y bueno, me alegra que esta pareja te haya interesado y sobre todo que hayas decidido dedicarle algo de tiempo a leer este fic. También muchas gracias por tu comentario; me motiva a continuar. ¡Te mando un gran abrazo!
elizsu: ¡Hola, elizsu! Finalmente he continuado con esta historia; espero que no sea demasiado tarde y que no hayas perdido el interés en leerlo xD Muchísimas gracias por el apoyo. ¡Te mando un gran abrazo!
¡Saludos, y hasta el próximo capítulo!
