Nota de la autora Anisita: Naruto y sus personajes no me pertenecen, su autor es Masashi Kishimoto, esto lo hago por diversión si fines lucrativos.

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Acting

Capítulo Final

Tragué saliva con dificultad. Apenas si me doy cuenta que las manos me sudan y con cada paso que doy las rodillas me tiemblan; aquí dentro, en mi pecho, no es muy diferente a como estoy por fuera, el corazón late acelerado, nervioso y aunque lo intento, no logro calmarle. Oh, dios, oh dios... estoy por llegar a su oficina, ese fue el último escalón y ahora solo me queda recorrer aquel extenso pasillo alfombrado, las fotografías no logran distraerme, ni siquiera aquellas en donde mamá esta retratada, sonriente y feliz junto a padre. Veo el reloj en mi muñeca, aún es temprano, me pregunto si ya está despierto, tal vez... tal vez duerme en su alcoba y no ha entrado a su estudio, tal vez ese día se levantará tarde y decidirá sonreírle a sus hijas; quizás nos invite a algún lugar divertido antes de la fiesta y entonces me sentiré totalmente resuelta a contarle la verdad... no tendré miedo, me abrazara y me dirá que todo está bien.

Esbocé una sonrisa y mi mirada se pierde en algún punto de la puerta situada frente a mí.

Muerdo mi labio inferior al percatarme que otra vez ha sucedido, he soñado despierta imaginando mi vida mucho más sencilla de lo que es ahora, aquellas lagunas no logran otra cosa más que hacerme sentir fatal; esos sueños y deseos que a lo largo de la vida he acumulado, regresan con bastante fuerza cada vez que estoy en problemas, anhelando un "si mi vida fuera distinta… nada de esto estaría pasando…".

Abrí la boca para aspirar el aire que tanta falta me hacía y traté de no tambalearme; con el brazo en el aire y la fría madera de la puerta a escasos centímetros de mí, doy los primeros golpes, los cuales resonaron quedamente, pero fueron audibles. Y aguardo la contestación, pero no la hay. Nadie abre, parece que no le han tomado importancia.

Mi padre es un hombre de negocios muy importante, nunca tiene descanso, siempre está ocupado. Ha sacrificado muchas cosas por sacar adelante la empresa familiar y ya es algo común para mí ser ignorada por él.

Pero no por eso deja de doler.

Sacudí la cabeza queriendo alejar esos repentinos sentimientos egoístas, mezquinos y lúgubres que en nada me benefician. Sé lo mucho que padre ha sufrido, fui testigo de todo lo que tuvo que soportar para ganar de nuevo la simpatía de la familia Hyuuga, él había sido por mucho tiempo el candidato perfecto para heredar el imperio; sin embargo, todo mundo se volvió en contra suya al casarse con una extranjera, el amor de su vida. Mi madre. No lo desheredaron, pero si lo relegaron de su cargo en la compañía.

A pesar de eso... él nunca dio muestras de arrepentimiento. Salió adelante. Logró que los demás volviesen a confiar en él y se hizo tan valioso que finalmente se convirtió en el presidente de Hyuuga Corp.

Alcé el brazo y llamé a su puerta por segunda vez, con timidez. De nuevo no hubo respuesta. Tal y como pensé, está ocupado. No me alivia para nada saber que se ha postergado aún más mi conversación con él, desde que llegué el día anterior, evité su presencia de mil maneras; fingía estar ocupada y cansada por el viaje. Sabía que él sospechaba algo, padre había fruncido el ceño y tensado la mandíbula, pero simulé no darme cuenta de aquellas señales y anduve todo el día pegada a mi hermana.

"Esto es algo que debo hacer sola. Debo enfrentar a padre sin la ayuda de nadie, de lo contrario... le temeré por el resto de mi vida..."

Recién caía en cuenta que era más fácil decir las cosas que hacerlas.

-Hina-neechan... – la voz rumorosa de Hanabi logró asustarme, respingué y casi estuve por soltar un grito, me giré y la vi detrás mío.

-Hanabi-chan... no te escuché lle-llegar... – y era la verdad, tal vez fue la mullida alfombra la que ocultó sus pasos, eso o ella tenía la intención de sorprenderme. Por su expresión, supe que había eso sido lo último - ¿Estas e-espiándome...? – le pregunte con inseguridad, a veces, mi pequeña hermana lograba intimidarme un poco.

-Cómo puedes pensar eso de mí... – exclamó muy seriamente, alzó la barbilla con gesto airado y replicó – Simplemente pasaba por aquí... –

-Ya veo... lo s-siento... – a menudo juzgaba sus acciones por otra cosa, le sonreí de manera conciliadora. Mi hermanita no era capaz de hacer algo tan mezquino.

-Padre no está en casa – me sorprendí al escucharla; ella lo dijo con ese dejo de inocencia que tanto la caracterizaba – Salió muy tempano a la oficina, parece que era algo realmente importante –

-¿De verdad? No pensé que trabajaría hoy... – baje la mirada contrariada, quería ocultar la tristeza que me embargaba saber que padre se perdería mi fiesta de cumpleaños. Alcé de nuevo el rostro y esbocé una sonrisa que sentí como una mueca – Supongo que es algo inevitable... padre debe cuidar sus ne-negocios... –

-Supones bien – Hanabi me tomó con delicadeza la mano – Pero dijo que estará aquí temprano para tu recepción, no se la perdería por nada en el mundo – guardé silenció y observé el angelical rostro de mi hermanita, estaba muy seria, siempre había sido reservada, y ahora un rubor en sus mejillas indicaba lo abochornada que estaba en esos momentos. Me soltó la mano instantáneamente, yo sonreí mientras una cálida sensación me inundaba el pecho, ella había intentado animarme; no mostraba sus sentimientos a menudo y supuse cómo se sentía ella en este momento al mostrar preocupación por mí.

-Entonces, por ahora, bajaré... tengo curiosidad... por ver cómo quedó el salón para los in-invitados... – los encargados de adornar el lugar para la fiesta habían permanecido hasta tarde cumpliendo sus tareas, me fui a la cama antes de poder ver culminado su trabajo. Me aproximé a los escalones – ¿Vienes? – la invité, ella asintió con la cabeza, taciturna y dócil, como una bella flor de invierno. Rápidamente, Hanabi ya estaba a mi lado bajando las escaleras y cruzando un extenso pasillo que conducía al salón.

Lo primero que vimos fue a Neji-niisan en medio de aquella estancia, mirando expectante al techo; nosotras alzamos la vista imitándolo, con curiosidad. Por todos lados colgaban rectos y blancos lienzos de dosel, algunos caían con elegancia, otros se enredaban y formaban curvas; pero en general ofrecían un espectáculo realmente hermoso.

Neji reparó en nuestra presencia y se dirigió hacia nosotras. A pesar de lo temprano que era, él ya estaba vestido con un grueso suéter gris de cuello alto y un elegante pantalón oscuro de lana. Afuera seguramente estaba helando y tal vez más tarde nevaría; yo ya estaba acostumbrada a celebrar mi cumpleaños bajo un clima tan frío, pero quizás para algunos invitados sería molesto. Neji llegó a nuestro lado.

-¿Te gusta, Hinata-sama? – los ojos de mi primo me veían fijamente y sonreía con sencillez, sabía que él era el encargado de algunos preparativos para la fiesta y a juzgar por su expresión, estaba ansioso por oír mi opinión.

-Sí, mucho... – di unos cuantos pasos alrededor del salón, todo tenía un aspecto refinado, las mesas eran redondas y revestidas con manteles blancos, todas acomodadas de tal forma que dejaban libre la pista de baile. Mi sonrisa se desvanece.

Ahora que lo recuerdo, a mi me aterra bailar.

-Tendrás que hacerlo, lo sabes... – escuche decir a mi hermana, quien estaba a mis espaldas y había adivinado mis pensamientos – Ya habías practicado con Neji-niisan, ¿cierto? ... -

-Pero... frente a todos... n-no creo poder controlarme... – susurré decaída – Tal vez solo consiga pisar tus pies, en vez del suelo, Neji-nii... –

-No te inquietes por algo así. Pase lo que pase hoy en la noche, lo importante es que te diviertas, después de todo, es tu fiesta de cumpleaños – caminó hacia mí y estiró su mano invitándome al centro de la pista, y yo, después de dudarlo un poco, terminé por aceptar. En instantes nos encontrábamos bailando acompasadamente al son de una suave melodía grabada en nuestras mentes, pero que podíamos escuchar con claridad. Neji, sin soltar mi mano, pasó un brazo encima de mi cabeza incitándome a realizar un giro, yo lo realicé con éxito disfrutando de aquel baile improvisado. Hanabi aplaudió en cuanto nos detuvimos.

-¿Lo ves? Lo haces bien – exclamó con voz neutra dándome ánimos, yo tan solo sentí que mis mejillas se tornaban cálidas, bajé la cabeza con bochorno.

-Eso es p-porque Neji-niisan... – intenté dar el crédito completo a mi primo, después de todo, él era quien bailaba perfectamente. Ambos me observaban y sonreían divertidos, Hanabi intentaba ocultarlo, ya que no deseaba que su temple solido y altivo se viera opacado por una sonrisa. Yo hice lo mismo después de un momento, ellos obviamente se burlaban de mi nula capacidad en el baile, y eso, lejos de molestarme, también me divertía.

Aunque aún había cosas que me preocupaban, decidí disfrutar de esos pequeños momentos familiares. Inesperadamente, el rostro de cierto ojinegro cruzó por mi mente, lentamente deje de sonreír y mi vista se perdió en el gracioso baile que esta vez realizaban mi primo y mi hermana.

Me había marchado sin decirle ni una palabra a Sasuke-kun, ¿estaría él enfadado o feliz?

Conociéndolo, seguramente estaría buscando la manera de encontrarme. Apreté los labios con fuerza, en verdad me sentía mal por haberlo dejado de lado, pero confío que una vez explicadas las razones, Sasuke-kun me comprenderá... aunque, también existe la posibilidad de que él este aliviado de que anulé nuestro contrato.

Suspiré débilmente, comienzo a sentir aquella incertidumbre de antaño, cuando de niña debía enfrentarme a algo que me aterraba. Ahora era lo mismo… esa opresión en el pecho, no la había sentido desde la muerte de mamá.

Me percato que frente a mí, Neji-niisan y Hanabi me observan preocupados, ya habían parado de bailar y creo haber escuchado que me llamaron, pero resulté tan absorta en mis ajetreados pensamientos que no logré enterarme.

-Aquí vamos de nuevo, esa expresión en tu rostro... – la voz de Hanabi parecía hastiada, se cruzó de brazos y me miró expectante – Desde ayer que llegaste estás así, ¿Qué te pasa? – me sorprendí de lo intuitiva que se había vuelto mi hermanita y en tan poco tiempo! ese detalle le daba un toque tan maduro a su expresión infantil... ya casi no había rastro de aquella niña que disfrutaba intimidarme; en los últimos meses había crecido bastante. Creo que estuve en silencio bastante tiempo, porque observé como ella rodaba los ojos irritada, ante esto, me apresuré a contestarle.

-Son los nervios d-de... ya saben... soy algo torpe con las palabras... y esta noche, habrá muchos invitados... – intenté que mis ojos se mostraran animados, pero creo que no lo logré, ellos seguían con la vista puesta en mi, muy serios.

-Así que, ¿Sasuke-san no vendrá? – me preguntó el joven de la derecha, de modo que mi primo también se había percatado de que algo andaba mal. O tal vez yo no era muy buena ocultando mis sentimientos como creí. Esbocé una sonrisa con desgano.

-No – contesté cabizbaja, eso resumía todo, Neji-niisan ahora sabía que estaba por enfrentar a mi padre.

-Entonces, yo estaré allí cuando se lo digas a Hiashi-sama – alcé la vista contrariada; quise agregar algo, rehusarme, pero en realidad, me sentí totalmente aliviada al escucharlo decir aquellas palabras. Las lágrimas se agazaparon a mis ojos, creo que estoy sobreactuando demasiado...

-¿Qué está sucediendo?! – Hanabi alzó la voz, demandante y con un dejo de preocupación. Ella por supuesto ignoraba lo del arreglo matrimonial que padre tenía preparado para mí, y claro, no teníamos pensado decírselo, solo conseguiríamos asustarla – Neji-nii me contó que tenias novio ¿es cierto? –

-¿Qué...? – respondí al instante, giré mecánicamente el rostro, mi primo se sobresaltó al escuchar aquello. Él me dirigió una mirada nerviosa.

-Lo lamento Hinata-sama... tu hermana insistió mucho... – parecía avergonzado – No fue mi intención ser indiscreto... –

-Escuché algunos rumores – se apresuró a contestar la pequeña Hyuuga.

-¿Qué más sa-sabes? – inquirí con un hilo de voz, Hanabi arqueó las cejas.

-¿Acaso hay más? –

-Hanabi-san, ya te dije todo lo que querías saber, por favor, no hostigues más a tu hermana... – una mirada furtiva de Neji me comprobó que el secreto de la boda forzada seguía oculto. Suspiré con alivio.

-Ustedes esconden algo... – declaró ella con suspicacia, yo sonreí nerviosa y mi primo rodó los ojos. Claro que había muchas cosas ocultas, y no solo Hanabi las ignoraba, sino Neji-nii y padre. Un escalofrío me recorrió la espalda al pensar en el chantaje. Sasuke-kun actuando, como mi novio falso delante de mi primo y mis amigos. Y estos últimos, cuando se enterasen de la verdad... el solo pensarlo me hacia ruborizar.

-Por favor Hanabi-san, ¿Qué podríamos estar ocultando? – expresó el joven a su lado con hastío, luego agregó: - Hinata-sama, recuerda que tienes que comprar un vestido para ésta noche... – dijo Neji-niisan cambiando de tema – Quedamos en ir temprano hoy... –

-¡Es verdad, lo olvidé p-por completo! – afortunadamente no me había quedado dormida. Suspiré aliviada.

-¡Entonces vámonos! – mi primo y Hanabi se alejaron, yo caminé detrás de ellos; me reprendí por enésima vez el haber olvidado empacar el vestido que Sasuke-kun había escogido para mí en aquella ocasión.

¿Qué estará haciendo él en estos momentos?

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Con renuencia, entregué al taxista los últimos centavos que resonaban en mi bolsillo, vi como el carro se alejó dejando atrás una nube de polvo la cual aspiré con desagrado. El viento helado y las nubes grises que perfilaban el cielo claramente no auguraban nada bueno. Enfundado en un montón de abrigos, apreté sobre mi cuello la bufanda que comenzaba a deslizarse por mi hombro. Demonios, moría de frío.

-¿Estás bien? Parece que vas a desmayarte Teme... – observé a mi rubio amigo, él tan solo traía puesta una ligera chaqueta y una gorra de lana con estampados navideños, la cual me pertenecía, pero jamás la había utilizado porque odio tener cosas sobre mi cabeza. No me molesté en responderle, Naruto sabía de antemano que el invierno causaba estragos en mí, y aun así osaba burlarse. Calmé mi ira pensando que ya me las pagaría después. Emprendí el camino hacia la enorme reja que custodiaba la residencia. Moví la cabeza negativamente, aun no entiendo porque estoy haciendo esto, es decir, ¿Qué tiene ella de especial? Tan solo es una chica desaliñada y demasiado torpe que me obligó a fingir un noviazgo, utilizando el método más ruin y deshonesto que existe: el chantaje. Sin mencionar la creencia, mal infundada, de que mis preferencias sexuales se inclinaban hacia otro lado. La parte buena de eso último era que había conseguido convencerla de que Naruto y yo no somos pareja.

Dejé escapar un suspiro de resignación, las chicas sí que son una molestia. Una maldición. Si hace unas semanas me hubiesen dicho que por una mujer estaba dispuesto a regresar a la casa de mi padre, a pedir su ayuda, habría pensado que esa persona tenía serios problemas mentales. Yo, que odio inmiscuirme en asuntos ajenos y problemáticos, estoy por interferir en la vida de una chica; y aun cuando nada me ata a ella estoy haciendo todo lo contrario a mis principios. Quiero convencerme que es el fuerte sentido de responsabilidad tan arraigado a la sangre Uchiha, el cual no me permite dejar las cosas como están, porque en algún lugar, una joven será obligada a casarse y jamás me perdonaré si no la ayudo a salir de esa situación... de ninguna manera Hinata se ha vuelto importante para mí, obvio no, tampoco es como si la vida sin ella a mi lado sea inimaginable, de ningún modo su torpeza y candidez han conmovido mi corazón...

¡Argg! Ya estoy teniendo de nuevo estos pensamientos tan cursis...

-Oye, Sasuke, ¿vas a hacerlo o no? – me recalcó el Uzumaki a mi lado, seguramente hizo ésta observación porque yo estoy aquí de pie sin hacer nada más que mantener mi mano derecha, cubierta por un guante de lana, paralizada en el aire apuntando con un dedo el timbre de la casa.

-Ca-cállate... – respondí de mala gana, ¿Qué no entendía que para mi hacer esto era realmente difícil? Regresar al lugar en donde esta mi padre, el hombre que años atrás me había dejado muy en claro su renuencia a compartir el mismo techo que yo; hacía que mi cuerpo se agitara y mis manos sudaran. Naruto se adelantó a mí y presionó el botón, me aterroricé por lo que acababa de hacer, lo lancé con fuerza a un lado y cayó de bruces al suelo - ¡¿POR QUÉ DEMONIOS HICISTE ESO?! – espeté con ira.

-¡Solo quise da-darte un empujón, no tenias que reaccionar así, baka...! – se puso de pie con dificultad mientras frotaba su lastimado trasero.

-¡Idiota, aún no estaba preparado...! – apreté los puños, Naruto apretó la mandíbula. Nuestra batalla silenciosa de miradas se vio interrumpida por la voz que salía del intercomunicador.

-Buenos días, ¿Qué desea? – sentí los labios inesperadamente secos, siempre había aborrecido hablar a través de aquel aparato, pero en esta ocasión tendría que lidiar con eso.

-Quiero ver a m-mi padre, soy Sasuke Uchiha... – hubo un momento de silencio, la cámara de vigilancia que estaba instalada hizo un ruido extraño, seguramente habían activado el zoom.

-Genial, actuando así... tan arrogante... ¡harás que nos corran...! – el Uzumaki me dio un codazo, yo le lancé una gélida mirada.

-¡¿Sasuke-san?! – tanto Naruto como yo arqueamos las cejas sorprendidos, ¡me reconocieron! Después de todo este tiempo. Suspiré aliviado, por un momento temí que en los últimos años mi rostro hubiese cambiado demasiado como para que ellos me negasen la entrada – ¡Entre por favor! – las puertas de metal crujieron al abrirse de par en par, el camino de asfalto estuvo totalmente libre para mí. Por un momento no supe que hacer, me quedé inmóvil.

-Deja de actuar como el Teme que eres y entra ya... – me apuró Naruto en voz baja, reaccioné por fin y mordí mi labio inferior intentando calmar mi nerviosismo. Ingresé con lentitud; el camino estaba libre de nieve, pero los jardines, en otras temporadas verdes y relucientes, estaban en ese momento cubiertos por una extensa capa de algodón blanco, aunque no por ello era menos hermoso – Vaya, es más grande de lo que recuerdo... – escuché decir al Uzumaki, los dos seguimos avanzando lentamente. Un viento helado surgió de la nada y levantó algunas hojas, mi cuerpo se estremeció y no solo por el clima, sino por lo que me esperaba ahí dentro. Por instinto, giré el rostro al viejo roble que mi madre solía adorar, allí estaba, pero debido al invierno se encontraba triste y sin follaje. Aún así conseguí relajarme un poco. Al final del camino podía verse la imponente vivienda, la cual se hacía cada vez más y más grande conforme avanzábamos.

-De algún modo... luce atemorizante... – de nuevo me sentí un poco cohibido, había perdido la costumbre a ese lugar.

-¡Pues estar aquí en verdad me trae muchos recuerdos! – por alguna extraña razón, el idiota de mi amigo lucía emocionado. Había sido un error traerlo conmigo, pero tontamente creí que sería un buen apoyo en esta decisión tan difícil que estaba por tomar. Estaba claro que me equivoque - ¿Recuerdas que pasábamos las tardes encerrados en tu habitación? – me preguntó con las manos en los bolsillos y esbozó un ladina sonrisa - ¡Siempre estábamos uno encima del otro! Jajajaja! -

-No permitas que nadie te escuche decir eso... podría caer en malentendido, como tantos otros de tus estúpidos comentarios – contesté con nauseas, él frunció el ceño.

-¡Idiota, hablo de que siempre estábamos practicando movimientos de pelea...! –

-Si, como sea... – rodé los ojos hastiado, el rubio tan solo me miró agriamente. Llegamos al pórtico, y cuando terminamos de subir la escalinata, la pesada puerta de madera ya estaba abierta. Titubeé un poco antes de entrar, al hacerlo, fui recibido por una muchedumbre de sirvientes y demás empleados que yacían perfectamente formados en hilera, eso me sorprendió bastante, en verdad no me esperaba eso. Y yo que quería pasar desapercibido en aquella casa. El ama de llaves salió en mi búsqueda.

-¡Joven amo! – me abrazó efusivamente, todos alrededor aplaudieron y exclamaron vítores, se abalanzaron hacia mí, ninguno se quedó con las ganas de saludarme y brindarme una que otra palabra de felicidad. Yo intentaba corresponder a cada muestra de afecto, pero no era muy bueno en eso y todo lo hacía con torpeza; me percaté que a Naruto también lo saludaban. Los menudos brazos de la que fue por muchos años mi nana, me sostenían con fuerza, como si no quisiera dejarme ir. Realmente se sentía abochornado. Quería huir de allí cuanto antes, pero no podía simplemente apartarla con la frialdad que me había caracterizado en el pasado, además, en el fondo, también me alegraba de verla.

-Sachiko-san... mi padre... necesito hablar con él – aquella mujer entrada en años era más baja que yo, por eso alzó la vista para mirarme incrédula; sin embargo, después de recuperarse de la primera impresión, asintió comprensivamente. Se apartó de mí e hizo una profunda reverencia, todos los presentes la imitaron y yo tan solo tuve que aguantarme las ganas de pedirles que se detuvieran.

-Bienvenido, joven amo Sasuke-sama – exclamaron todos al unísono, escuché reír a Naruto con burla, comencé a desesperarme - Por favor, acompáñenme – la anciana dio media vuelta y comenzó a andar, nosotros la seguimos a través de varios pasillos. Con cada paso que daba mi nerviosismo aumentaba.

-Sabes, si quieres, aún podemos salir de aquí... – me dijo Naruto al oído, yo no respondí, a estas alturas, aunque quisiera, ya no podía retractarme. El rostro de Hinata apareció fugaz en mi mente, quería verla... es por eso que estaba aquí.

-Tal vez deberías esperar afuera – le sugerí con seriedad, estábamos a punto de cruzar el marco de la puerta que nos conduciría con padre; él se mostró reacio a abandonarme.

-Olvídalo, Sasuke, no te dejaré solo – fruncí el seño al escuchar esas palabras. Miré de soslayo a Naruto; por muy idiota, molesto y poco prudente que fuese, bueno, su presencia lograba tranquilizarme un poco. Claro que no era necesario expresárselo en palabras, él lo sabía... o eso quiero creer.

La puerta de madera se abrió, ambos vacilamos al entrar. Era el estudio de papá. Todo ahí dentro era justo como lo recordaba, aunque había algunos cambios, los mismos muebles, el mismo escritorio y el librero con cientos de libros seguían allí.

Pero no había rastro de Fugaku Uchiha.

-Sasuke-kun… Estás aquí – escuchamos una voz femenina detrás de nosotros, nos giramos instantáneamente y descubrimos que, en efecto, se trataba de una mujer. Me miraba incrédula – ¡En verdad eres tú! – se acercó, posó una mano en el hombro de Naruto y la otra sobre mi cabeza, sonrió con emoción – ¡Vaya, como han crecido! –

-Mamá de Sakura-chan... – los ojos Naruto se volvieron acuosos, pude ver que estaba haciendo un gran esfuerzo por no estallar en lágrimas.

-Mebuki-san – hice un movimiento de cabeza a modo de saludo, ella sonrió e inesperadamente me abrazó. Genial, más abrazos. La sangre se me abalanzó al rostro, creo que me sonroje o algo así. Mi madrasta se apartó e hizo lo mismo con Naruto, pero él si tuvo la decencia de corresponderle.

-Que emoción, Sasuke-kun, has vuelto, esto en verdad pondrá feliz a tu padre... –

-No yo no... – me apresuré a sacarla del error que mi visita había creado - Estoy aquí porque necesito la ayuda de padre – creo que mi voz sonó algo desesperada, porque Mebuki-san arqueó las cejas con sorpresa - ¿Dónde está él? Necesito verlo, es urgente! – me pasé la mano atreves de cabello; estaba húmedo y frío, al igual que mis manos, mis orejas y mi nariz. Una ventana estaba abierta, era por eso que la habitación estaba tan gélida.

-Sasuke-kun, ¿Qué sucede? – se acercó a mi muy preocupada, podía verlo en sus ojos; vi como Naruto cerraba la ventana, se aproximó también a mí – Estas pálido y decaído... ¿Acaso... hiciste algo...? ¿Estás en problemas de nuevo? – sentí sus dedos aprisionar mis hombros, me sacudió levemente, yo estaba demasiado turbado como para contestar.

-No nada de eso, Mebuki-san! – intervino Naruto – Se trata de una chica! Hyuuga Hinata...– fruncí el ceño ante las palabras de ese tonto – Sasuke necesita que...! –

-Oh, Dios! ¿Hyuuga? – ella en verdad lucía demasiado asustada – ¿Has dicho Hyuuga? Por favor dime que no embarazaste a ninguna chica Hyuuga... – la rubia mujer tomó asiento en un sillón cercano a ella, se llevó una mano al corazón.

-¡Claro que no! – me apresuré, de nuevo, a sacarla de su error. Otra vez me sonrojé, pero ahora hasta las orejas sentía arder – No sé por qué llegaste a esa conclusión, Mebuki-san, pero lo que tengo que decir no... no va por ese camino... – ella me miró dubitativa…

-El Teme tan solo quiere saber la dirección de la familia Hyuuga... – dijo Naruto con un ligero titubeo.

-Y si es posible, un auto, veloz, que me pueda llevar ahí antes de las ocho de esta noche... – finalicé con un dejo de impotencia. Estaba haciéndose tarde, Hinata se enfrentaría sola a su padre y tal vez la obligarían a comprometerse con otro joven, un extraño. La sola idea me repugnó – Tengo que protegerla... – susurré eso último, mirando al piso.

-Comprendo... – alcé la vista, ella... ¿comprendía? Comprendía qué? – Estas enamorado... por fin, el pequeño Sasuke-kun enamorado. Itachi-san y mi hija habían mencionado que tenías novia pero... tienes que perdonarme, pensé que tal vez se trataba de alguna treta tuya – soltó una risilla divertida, yo me sentí un poco apenado y confuso. ¿Treta?

-¿Entonces, me ayudarás a hablarlo con padre...? -

-Tu padre no está en casa, está trabajando... –

-¿Qué? ¿Ahora trabaja los domingos? – inquirí con enojo, hoy no era mi día de suerte...

-Surgió algo, en la oficina. Pero no te preocupes, hablaré con él por teléfono... – una sensación de alegría y gratitud invadió mi pecho, giré el rostro hacia Naruto y por su expresión, deduje que él se sentía igual. La vi tomar el teléfono de una mesita – Por favor, siéntense chicos – exclamó ella, le obedecimos y cada quien tomó asiento en un mullido sofá; Naruto y yo quedamos uno frente al otro, en medio había una mesita de madera y una joven sirvienta entró y colocó una bandeja de galletas frente a nosotros, sirvió las tazas con humeante té y después de sonreírnos se fue. Los ojos de ese tonto brillaron al ver la comida.

Yo, en cambio, no aparté la mirada de mi madrastra, ella marcó algunos botones en el teléfono inalámbrico y esperó. En seguida le contestaron.

Tragué saliva.

-Fugaku, querido... – saludó con voz apacible, del otro lado de la línea seguramente le respondieron con el mismo entusiasmo, porque ella soltó una risilla divertida – No te imaginas quien ha venido a casa... – enlacé mis dedos y los lleve a la altura de mi rostro, me di cuenta de que transpiraba mucho, las gotas de sudor se apelmazaban en mi frente – Es Sasuke-kun... ésta aquí! – dijo ella emocionada, la sonrisa no abandonaba su rostro, agitó unas cuantas veces la cabeza y me miró de soslayo – Lo pondré al teléfono si no me crees... – la rubia mujer se acercó a mí, yo palidecí, en instantes el auricular estaba en mi oído e intente emitir algo, una palabra; dije lo primero que se me vino a la mente.

-SasukeUchihatengoveinteañosymegustaelarrozfrito – esperé respuesta, pero no me contestó, ella rió, apartó el teléfono de mí y de nuevo ya estaba hablando con padre. Cuando se alejó hacia la ventana, yo pude relajarme un poco, me percaté que tenía los hombros tensos y me sentía nervioso y algo enfermo, ¡pero es que la presión era insoportable! Mebuki-san estaba negociando con padre; algunas veces sonreía y otras fruncía el ceño. ¡¿Qué significaba todo eso? A mi lado, Naruto comía alegremente los bocadillos de nuez y pasas, dio un sorbo a su té y continuó, yo entrecerré los ojos, se supone que en una situación como ésta debería apoyarme y sufrir al igual que yo; sentí desprecio y rencor por él. Sin duda notó el aura demoniaca que emanaba de mi cuerpo y giró el rostro para verme, dejó caer una galleta y su expresión cambió, estaba aterrado.

-Oi... Sasuke... no me veas así... – yo me mantuve estático en mi lugar, con lo codos en mis rodillas y los dedos de mis manos entrelazados, cubriendo mi boca, pero mi mirada puesta en él – No hemos comido nada desde esta mañana, tengo hambre! –

-¡Ya está! – anunció Mebuki-san con júbilo, desvié la mirada del idiota y la fije en ella. No estaba seguro si tendría buenas o malas noticias.

-¿Q-Qué ha dicho...? – me puse de pie, estaba preparado para cualquier cosa.

-Te ayudará – lentamente, esbocé una sonrisa, y mi madrasta me miraba completamente asombrada – Claro, hay algunas condiciones que tu padre quiere que cumplas... –

-No importa, haré cualquier cosa... – exclamé al instante, ella lucía sorprendida.

-¿En serio? ¿Cualquier cosa? – tal vez pensaba que estaba actuando muy raro.

-¡Así es! Pero ahora necesito la dirección y un auto para llegar... –

-Me temo, Sasuke-kun, que incluso usando el Ferrari, no llegarías a tiempo. La mansión principal Hyuuga está a kilómetros de aquí... calculo que llegarías allí hasta mañana... – escuchar eso fue como recibir un balde de agua fría, caí en el sillón más próximo completamente derrotado.

-¡Debe haber algo que se pueda hacer! – exclamó Naruto exasperado, yo quise decirle que se detuviera, ya no tenía caso, pero Mebuki-san habló primero.

-Claro que hay otro medio de transporte con el que puedes llegar esta misma noche – la observé con atención, ella se cruzó de brazos y sonrió con complicidad – Tu padre ha autorizado que lo uses... –

Parpadeé repetidas veces, demonios, y yo que tenia pavor a las alturas...

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Fijé la vista en el espejo; mi cabello, que hace apenas unas horas estaba lacio y sin vida, ahora tiene una elaborada forma que se concentraba en un solo moño alto, muy bien sujeto, y con algunos accesorios brillantes que sobresalían de todas partes; en verdad estoy asombrada, el peinado me hacia lucir bastante elegante... pero aun así no puedo evitar sentirme algo incomoda, sobre todo porque mi cuello está completamente al descubierto siendo que yo estoy acostumbrada a tenerlo siempre escondido entre mi mata de cabello, bufandas y chaquetas.

Suspiré resignada a mi suerte, intento creer que me veo linda con aquella capa de tenue maquillaje en mi rostro. Sonreí apenada, miré a todos lados en busca de alguien que se hallara presente, pero ya habían salido de mi habitación, entonces me puse de pie y me aleje un poco para ver mi figura completa reflejada en el espejo del tocador; giré varias veces como si estuviera bailando, me detuve súbitamente al ver una figura reflejada detrás de mí.

-Ne-Neji-niisan...! – exclamé abochornada.

-Lo lamento... no era mi i-intención... – él se rascó la nuca, bajó la vista con recato – Hanabi-san me dijo que ya estabas lista y... vine a ver el resultado...– se acercó lentamente, el elegante atuendo que habíamos comprado yacía sobre mi cama, aún no me apetecía vestirme con él; en cambio, seguía con la larga falda de lana puesta y una sencilla blusa roja de manga larga.

-Aún falta ponerme el vestido... – mi primo asintió y fijó su vista en mí. Se quedó unos momentos en silencio, yo me sentía cohibida.

-¿Sabes qué es lo que necesitas para lucir más bella aún, además del vestido? – yo parpadeé confundida, me sonrojé. No sabía la respuesta, aunque también podría no existir – Una sonrisa... – sentenció él muy serio, entonces deduje que mi estado de ánimo todavía no mejoraba.

-Lo lamento... hoy es mi cumpleaños y yo... es difícil para mi... –

-¿Tanto le quieres? – me dijo con extrañeza – Porque estas así por Sasuke-san... ¿cierto? – le oí suspirar, quizás mi expresión se lo confirmó, después todo, yo no soy buena ocultando cosas – ¿Qué es lo que pasó? Ustedes; él parecía tan... enamorado de ti. Supongo que pelearon... – parpadeé confundida ¡enamorado dice!

-Nada de eso... – "me cansé de chantajearlo, porque esa es la verdad, Neji-nii, él solo estaba conmigo por obligación, o más bien, extorción". No pude decírselo, estaba tan avergonzada, ¿Cómo se lo tomaría Neji-niisan? Todos en la familia Hyuuga me consideraban una chica tímida y carente de iniciativa, si llegasen a enterarse de mi comportamiento tan deplorable... bueno, no quería ni imaginarlo. Al ver mi semblante indeciso, mi primo tomó la palabra de nuevo.

-Tu padre está dispuesto a prometerte en matrimonio con alguien que él ya ha elegido. He hecho todo lo que ha estado a mi alcancé por evitarlo, pero no cambia de opinión; incluso intenté por todos los medios buscar a ese posible "candidato", pero... pero nada... Hiashi-sama se lo ha guardado bien –

-Padre... ha e-elegido al más conveniente... para los intereses de la fa-familia... – susurré con desgano, él frunció el ceño.

-De modo que sabes de quién se trata; Hinata-sama, dímelo – demandó con enojo, yo conocía esa mirada, gélida y tétrica... solo la usaba en asuntos relacionados con la empresa, con negocios. Pero no podía decírselo, sería una impresión muy fuerte para él.

-Todo eso ya no im-importa, Neji-nii, voy a declinar la oferta de matrimonio, y... no estoy segura como re-reaccionará padre pero, estoy preparada para cu-cualquier cosa... –

-No dejaré que te haga daño – sentí el suave toque de su mano en mi mejilla, esbozó una sonrisa y agregó: - Te protegeré, de él, confía en mí – me dejo sin palabras, se apartó y caminó hacia el tocador, encima de éste había un par de zapatillas nuevas, de hecho, tenían un tacón tan alto que temí no poder caminar con ellos puestos. Neji-niisan los tomó y los examinó con interés, luego me miró dubitativo, al parecer, estaba pensando lo mismo que yo.

-Veamos cómo te quedan... – de nuevo se aproximó a mí, yo me senté al borde de la cama y él insistió en calzarme las zapatillas; abochornada, accedí. Ya puestas, me puse de pie, di unos cuantos pasos, mis tobillos temblaban.

-Solo espero no caer fr-frente a todos, ba-bajando los escalones... y sobre todo... en la pista de baile... – dije aterrada, escuche que mi primo reía y yo tan solo seguí sufriendo en silencio. Mi hermana apareció de pronto, me giré para verla y la respiración se me cortó, Hanabi estaba hermosa. Su cabello largo y castaño, normalmente lacio, lucia ahora bonitas y variadas ondulaciones, estos lindos mechones bailaban al compás de sus movimientos; el atuendo que traía puesto era bastante sofisticado y le conferían un aire de madurez.

-Hermana, ¿sigues con esas ropas?... – me lo dijo a modo de reproche, apenada, no supe que decir, ella parecía más inmiscuida en la fiesta que yo – Se está haciendo tarde, venga, te ayudo – cogió el vestido .

-¿Ya lle-llegaron los i-invitados? – exclamé asustada, pero ella negó con la cabeza, lo cual me tranquilizó.

-Papá es el que ya está aquí... – sentí la sangre bajar hasta mis tobillos, múltiples manchas oscuras nublaron mi vista y me tambaleé un poco, pero rápidamente me sostuve del respaldo de una silla. Mi primo se acercó a mi preocupado.

-Entonces... ha llegado la hora – susurré sin poder creerlo; todo lo demás, el baile, la cena, Sasuke-kun, mi vestido... todo eso quedó en segundo plano y ya ningún otro pensamiento ocupaba mi mente que el de ir con mi padre y contarle de una vez por todas la verdad. Lo del falso novio... y sobre todo, mi renuencia a contraer matrimonio con aquel joven (des)conocido. Esta sería la primera vez que iría en contra de su voluntad.

-Hinata... ¿A dónde vas? Tu vestido... – escuche decir a Hanabi, hice caso omiso, crucé el marco de la puerta y me dirigí hacia la habitación de padre. Aceleré el paso, pude escuchar algunos pasos detrás de mí e imagine que se trataba de Neji-niisan. Llegué y no llamé a la puerta, entré de improvisto y ahí estaba él: Hyuuga Hiashi.

-Hija... – le escuché decir con algo de sorpresa, él estaba en medio de la habitación anudando su corbata, lo rodeaban un sequito de sirvientes y de alguna manera, todos notaron el ambiente que había traído conmigo, porque en instantes, la habitación se vio desocupada. Solo estábamos él y yo.

Sentí una mano posarse sobre mi hombro... mi primo.

-Necesito hablar contigo... – como la alcoba estaba en silencio, mi voz sonó demasiado fuerte y desesperada. Al instante baje la cabeza abochornada, el hombre frente a mi frunció el seño – Es algo importante... – dije después con más recato.

-Está bien, dime – era obvio que lo había preocupado, se acercó a mí y miró furtivamente a mi primo – Neji también está aquí... bueno, ¿de qué se trata? – exclamó impaciente.

-Yo... te mentí... – comencé dubitativamente, él arqueó las cejas. Tenerlo frente a mi hacia mis rodillas temblar, y su expresión me ponía aún más nerviosa – Te mentí... cuando te di-dije que... que yo... tenía pareja... – esperé su reacción a esto, pero no pasó nada, solo se quedó allí de pie con los brazos cruzados. Mi primo era el que estaba aturdido.

-Ya lo sabía – dijo mi padre calmadamente. Yo me quedé sin habla por unos instantes, giré el rostro hacia Neji-niisan y él estaba igual que yo, anonado. Abrí la boca para preguntarle desde cuando estaba enterado, pero se adelantó – Lo sé desde el principio, cuando me dijiste que no podías casarte con la persona que yo te elegí porque amabas a otro. No eres buena mintiendo, hija –

-¿Y entonces por qué torturó a Hinata-sama de esta manera? – intervino el joven a mi lado – Ella en realidad estaba sufriendo mucho, no sabe cuanto... asustada de pensar que Hiashi-sama quería obligarla a comprometerse... – yo lo interrumpí.

-Ahora que ya lo sabes, padre... que no hay tal no-novio... que lo inventé todo... –

-Pero ¿qué hay de este chico? – preguntó él calmadamente, yo palidecí – Neji me habló de un joven que... supuestamente es tu novio, ¿o se trata de otra plan entre ustedes dos para engañarme? –

-No. Sasuke-san SÍ existe... – exclamó Neji-niisan con convicción – Yo lo vi, estuve con él... es por eso que no comprendo... por qué Hinata-sama dice que es una mentira... – me veía interrogante. A estas alturas, mi corazón latía sin control, tenía que hacerlo, tenía que decírselos.

-Porque eso es, una horrorosa mentira. ¡Lo obligue! A Sasuke-san... lo obligué a... a... – apreté los puños con fuerza, las miradas de aquellos dos hombres estaban fijas en mi. Quería salir huyendo pero en cambio, seguí hablando – Yo l-l-lo chantajeé... – nadie dijo nada por un largo instante.

-¿Lo chantajeaste? – preguntó.

-Si... – respondí al mismo tiempo que asentía con la cabeza.

-No puedo creerlo... – papá se llevó una mano a la sien, cerró los ojos agobiado. Mi primo lucía estupefacto – Hinata hija... te atreviste a tanto... -

-Lo hice po-porque estaba demasiado asu-asustada – las lágrimas comenzaron a surcar mis mejillas, mis hombros se sacudían sin parar – Lo lamento... lo siento tanto... – me cubrí el rostro con las manos – Ahora, sé que me obligarás a casar, pe-pero no lo haré... – fije la vista en mi padre – No puedo... no quiero... y s-si eso me cuesta tu repudio... entonces... que así sea. Porque n-o hay nada que puedas hacer p-para obligarme... – hubo un silencio sepulcral después de eso, solo se escuchaban mis sollozos, que arruinaban mi maquillaje. ¿Cuánto me iba a costar desafiar a mi padre? Sea lo que sucediera después, no podía ser peor que esto, así que intenté tranquilizarme.

-Hinata... nunca fue mi intención hacerte sufrir de este modo, tan solo quería... puede que esto suene drástico pero, quería hacer de ti una chica fuerte – papá se acercó a mí y me envolvió con sus fuertes brazos, él era más alto que yo así que quedé acunada en su regazo, escuchado el acompasado latir de su corazón – Me preguntaba como reaccionarías a una situación así, nunca creí que fueras tan lejos como para... chantajear a alguien... de cualquier modo, olvídalo, olvídalo todo, por favor estoy orgulloso de ti, siempre lo he estado. No lo dudes nunca, por favor –

-Pero entonces... lo de la boda... – exclamé azorada, ¿Qué estaba sucediendo?

-Eso fue algo que inventé para presionarte. La verdad, esperaba que te dieras cuenta de que se trataba de una mentira... es impensable que alguien fuese capaz de hacerle a su hija algo así... –

-Hiashi-sama, se da cuenta de todo lo que ha logrado con esta... actitud tan... irresponsable... – le reprochó mi primo, quién se masajeaba la sien con fastidio – Y no solo logró engañar a Hinata-sama, sino que yo también caí redondo... –

-Perdónenme, comprenderé si esto cambia la concepción que tienen de mi, muchachos – padre suspiró, yo limpié lentamente mis lágrimas – Hinata, te has pasado la vida intentando complacerme en todo, buscando mi aprobación aún sin importar lo que tu deseabas. Yo quiero terminar con eso, mi objetivo era ese... que te enfrentaras a mi... que lucharas y pelearas por tus ideales. Lo conseguiste hija – alzó el brazo y acarició mi mejilla – Eres tan parecida a tu madre, no solo en el exterior... sino también en ese carisma único y valiente... – yo guardé silencio, sentía un nudo en mi garganta que me impedía hablar. Baje la mirada y sonreí débilmente.

-Entonces tampoco hay ningún candidato al cual debamos temer... –

-¿De qué hablas, Neji? – preguntó mi padre con extrañeza.

-Me refiero al supuesto prometido de Hinata-sama, con el que iba a casarla... –

-Ah! Eso... – se aclaró la garganta – Neji, te debo una disculpa por eso también. Verás, cuando le comuniqué a mi hija que debía casarse con... con quién yo había elegido para ella, pues, nombré a la primera persona que se me vino a la mente... – papá se cruzó de brazos – Te nombré a ti... –

-¿A mí? – mi primo se ruborizo un poco y perdió esa compostura serena que tanto le caracterizaba y reclamó: – Hiashi-sama... ¿cómo fue capaz de...? –

-¿Qué? No es nada raro que en nuestra familia haya matrimonios entre primos... – se defendió él.

-Es verdad, el mes pasado... el primo Hiroto-san y la prima Hinako-san contrajeron matrimonio... – intervine con un buen ejemplo de lo que era preservar el apellido Hyuuga entre nuestra familia, Neji-nii me observó con una mezcla de incredulidad y enfado.

-Hinata, por dios, ¿de qué lado estás? – me ruboricé, era cierto, debía estar enojada – Además, sus lazos consanguíneos son... son muy lejanos, ni siquiera estoy seguro que fuesen primos, aunque ambos comparten el mismo apellido... – repentinamente cambió de tema – ¡Esa no es la cuestión! Hinata-sama, tú lo sabías, y no me dijiste nada... –

-No quería preocuparte más, niisan… además... decirte que estábamos comprometidos... era un tanto vergonzoso para mí... – me di cuenta de que restregaba los dedos nerviosa – Imaginé que sería lo mismo para ti... –

-En efecto... – suspiró desganado, evitó mirarnos y se cruzó de brazos, aún estaba enfadado.

-Y dime hija, ese chico, ¿no hubo consecuencias después de que lo chantajeaste? ¿Debería llamar a mis abogados? – preguntó con cierta preocupación, yo negué con la cabeza. Claro que hubo consecuencias, pero no las que mi padre suponía. Sasuke-kun no está enfadado por extorsionarlo... sino por dejarlo atrás.

-No lo creo... – murmuré tímida – Deshice nuestro co-contrato... o algo así... –

-De cualquier modo, tal vez no se quede de brazos cruzados, Hiashi-sama, él es un Uchiha – al decir aquello, padre abrió mucho los ojos, me miró a mí y después pasó su vista incrédula a Neji-ni – No lo conozco muy bien, pero es de carácter fuerte... –

-Mi hija... chantajeando a un Uchiha – parecía que papá estaba renuente a creérselo. Yo me preocupé, seguro eso era algo grave.

-Si p-pero él no s-se lo tomó tan mal co-como piensas, padre... – intenté calmarlo, asombrada vi como una sonrisa surcaba su rostro - ¿Qué sucede? – quise saberlo, aquello era realmente extraño.

-Vaya, esto es digno de recordar, deberíamos hacer un espacio en los libros de historia... un Uchiha sucumbiendo ante el poder de un Hyuuga – yo arqueé una ceja, papá lucia radiante de orgullo, lo cual era incomprensible para mí.

-Hiashi-sama... por favor... – me pareció ver una vena en la sien de mi primo – No debemos tomarnos esto a la ligera... como dije, Sasuke Uchiha puede ser muy peligroso e impredecible... – yo no estaba de acuerdo en eso que dijo Neji-ni, y justo cuando iba a expresarlo en palabras, un ruido ensordecedor inundó todo el lugar. Se hacía cada vez más fuerte, las ventanas vibraban demasiado que parecía que en cualquier momento estallarían, mi primo y mi padre tuvieron que alzar la voz para escucharse por encima de ese enigmático retumbo. La puerta se abrió repentinamente, un par de hombres altos y fuertes, vestidos de negro entraron a la habitación, los reconocí instantáneamente, se trataba del equipo de seguridad de la familia Hyuuga. Nos ordenaron permanecer juntos y lejos de las ventanas, yo me sostuve del brazo de niisan, estaba aterrada.

-¿Qué sucede? – preguntó papá al agente, éste dio algunas órdenes a través del radio intercomunicador que traía y después habló en voz alta para que todos lo escucháramos.

-¡Un helicóptero! ¡Es un helicóptero, se ha estacionado en el jardín trasero, aun cuando se lo negamos rotundamente, señor! ¡Ahora mismo lo estamos rodeando! – yo estaba perpleja, me armé de valor y me acerqué a una ventana, en seguida escuché gritos que me lo prohibían, pero no hice caso. Estábamos en el cuarto piso de la mansión, la ventana daba vista exactamente al jardín y en efecto, allí había un enorme helicóptero estacionado en medio de la nieve, con las astas girando frenéticamente provocando una nube de niebla blanca levantarse y cubriéndolo por completo, docenas de hombres apuntaban con sus armas hacia un objetivo que comenzaba a descender del aparato.

Pude ver que eran dos personas, tenían los brazos en alto, uno de ellos sostenía una bolsa de compras en la mano y algo que me llamó la atención fue su rubio y enmarañado pelo agitarse por el viento. El corazón me dio un vuelco, yo lo conocía. Y a la otra persona, a ese pelinegro, también; más que a nadie.

Me di la vuelta, choqué con el duro torso de un agente, me tomó del brazo alejándome de la zona de peligro, seguía dando órdenes por aquel intercomunicador. Me mordí el labio inferior, estiré el brazo hacía arriba y le arrebate de las manos el artefacto.

-¡Escúchenme, bajen sus armas! ¡YO LOS CONOZCO, LOS CONOZCO! – grité alterada, el agente me arrebató el aparato y me miró sin entender – Papá, díselo, por favor, son mis amigos – debieron ver mi desesperación que en seguida comunicaron nuevas órdenes. Me preguntaron si estaba segura y yo se los afirmé una y otra vez. Salí de la alcoba y corrí tan rápido como pude, mi complicado peinado se balanceaba de un lado a otro, sentía la cabeza retumbar y algunos mechones de cabello descender y cubrir mi rostro. Pero yo seguí avanzando, sin parar, a reunirme con él.

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De pronto vi que bajaban sus armas, ya no nos apuntaban ni nos veían como una amenaza, o al menos eso creí por la forma en que se acercaban a nosotros y nos vociferaban órdenes. Me dirigí hacia la cabina de mando, le dije al piloto que podía irse ahora, entonces él emprendió vuelo causando otra vez aquel molesto alboroto, levantando nieve y viento helado. Naruto y yo fuimos conducidos al interior de la mansión, quedé sorprendido ante lo imponente de la construcción, el lujo y la exquisitez... lo admito, la casa principal Uchiha no se compara con la mansión Hyuuga. Estoy sorprendido que nos dejaran entrar, mi corazón saltó de emoción, tal vez Hinata ya se enteró que estoy aquí y en cualquier momento vendrá a nuestro encuentro.

-Esperen aquí – nos ordenaron con parsimonia, allí dentro estaba realmente cálido y confortable; un sirviente se nos acercó con una bandeja plateada sobre un carrito, había una gran variedad de pastelillos y postres, nos ofrecieron dos humeantes tazas de café la cual no rechacé, mis manos aun estaban congeladas y el liquido caliente reconfortó mi cuerpo.

Entonces vi una figura femenina en la otra habitación, cruzó el vestíbulo hacia la dirección contraria de donde estábamos, fue apenas un vistazo, pero pude reconocerla en seguida. Era ella, Hinata.

-Esto sabe a gloria... nee, Sasuke... – escuche murmurar a Naruto, pero yo me alejé de él lentamente, una voz grave me ordenó seguir en mi lugar pero no hice caso. En cuestión de segundos alcancé a la Hyuuga, solo puedo verle la espalda y cómo sus acompasados pasos provocan que su largo cabello ondulado baile graciosamente. Es ella, es Hinata, no cabe duda, su figura me hipnotiza, nunca he estado tan feliz de encontrarme con alguien. La tomé de los hombros pero no la obligué a girarse. Lo que estaba por expresar no podía decírselo cara a cara.

-Antes de que digas algo... escúchame... – tragué un poco de saliva – Te seguí hasta aquí y no sabes lo problemático que fue... –

-Oye... – murmuraron con voz trémula, ella intentó girarse, yo me resistí.

-Espera, estoy en medio de algo... podrías por favor tan solo... – la joven forcejeó conmigo, yo no supe que hacer y la rodeé con mis brazos, pegué su espalda en mi pecho y acerqué mis labios a su oído – Hinata... lo siento... pero no dejaré que enfrentes esto tu sola - la estrujé un poco más hacia mí, su menudo cuerpo se estremece por el contacto – Recuerda, fuiste tú quien pidió mi ayuda ¿y ahora quieres deshacerte de mí? No lo permitiré... –

-¿P-por qué tú...? – cerré los ojos al escuchar que me preguntaba aquello.

-¿No lo adivinas? Yo... yo a ti... – ¡vamos, hazlo, díselo!

-¡¿Sasuke-kun?! – gritaron mi nombre desde otro lugar, perdí la concentración y aflojé el agarre, la joven aprovechó esto y logró zafarse. Entonces pude ver por vez primera su rostro. Me congelé en el acto.

-¿Quién demonios eres tú? – apenas si logré balbucear esas palabras, fijé mi vista incrédula hacia esa chiquilla, se parecía bastante a Hinata.

-¿No crees que yo debería hacer esas pregunta? – respondió de igual manera, infló las mejillas indignada.

-Hanabi... él es... – giré el rostro y vi que la peliazul descendía por las escaleras de prisa, yo no me lo pensé dos veces y salí a su encuentro subiendo los peldaños de dos en dos, nos reunimos a la mitad del camino – Sasuke-kun ella e-es mi hermana... – murmuró tímidamente, yo solo la miré directamente a los ojos.

-Onechan, ¿él es tu novio? - ante estas palabras, Hinata parpadeó contrariada. Yo no le di tiempo de responder, tomé sus manos entre las mías, con delicadeza y encogimiento, aliviado por fin de ver su cara angelical.

-Tonta – le reprendí, ella abrió la boca queriendo decir algo, pero al final no se atrevió – ¿Creíste que te dejaría hacer esto sola? ¿De verdad? – le di un golpecito en la cabeza, ella se sonrojó.

-¡Te dejé u-una nota, prometí q-que regresaría...! – respondió velozmente, yo suspiré resignado.

-Jamás me conformaría con algo así... es decir, teníamos un trato, no es mi estilo romper promesas... – quería dejar en claro que no estaba para nada contento con lo que había hecho, pero mi voz no sonaba tan molesta como hubiese deseado – Voy a ayudarte con lo de tu padre... –

-Acerca de eso, Sasuke-kun... –

-¡Hinata! – abajo, al pie de las escaleras se encontraba Naruto, nos veía con una gran sonrisa de oreja a oreja y comenzó a ascender hasta nosotros – Que bueno que te encontramos, Sasuke estaba como loco buscándote... – torcí la boca con desagrado, de nuevo, el idiota estaba hablando de más - ... En serio lo asustaste al irte así sin despedirte, Hina –

-Lo la-lamento...! – la peliazul hizo una profunda reverencia, después sonrió levemente – Me alegra volver a verte, Naruto-kun... realmente me s-sorprendieron, nunca imaginé verlos tan pronto... ni que llegaran de esa forma... –

-Fue un préstamo del padre de Sasuke... – intervino Naruto refiriéndose al helicóptero.

-¿De verdad? – preguntó ella asombrada, yo desvié la vista incomodo – Pero pe-pensé que no tenían buena relación... –

-Así es, pero él fue capaz de hacer todo eso por ti, Hinata... – ellos hablaban como si yo no estuviera allí, claro que el viaje en helicóptero no había sido gratis, su padre le había puesto condiciones, condiciones muy altas... pero ahora lo que importaba era que había llegado a tiempo para salvar a Hinata. Ella miró con curiosidad la bolsa que traía cargando el rubio. Éste adivinó sus pensamientos.

-Ah! Sasuke insistió en traerlo... – le mostró su contenido a la chica y yo me guardé las manos en los bolsillos con bochorno, escuché que alguien subía las escaleras, se trataba de la hermana menor de ella.

-Pero si es... mí vestido... – exclamó Hinata abrumada, se trataba del atuendo que compramos en aquella ocasión, azul oscuro con brillos relucientes. Recordé la apariencia de Hinata al traerlo puesto, me estremecí un poco.

-Es muy lindo – agregó la hermana de Hinata a mi lado, yo la miré de soslayo y ella hizo lo mismo. Y era extraño porque hace unos momentos estaba abrazándola y susurrándole tiernas palabras al oído. De alguna forma parecía más madura de lo que se veía. Ella desvió los ojos y yo me sentí aliviado de que lo hiciera. Entonces algo llamó mi atención, alcé la vista y me encontré con un hombre alto y de expresión poco amigable que apareció en la cima de las escaleras, iba acompañado del primo de Hinata y debo decir que el parecido de todos ellos me perturbó. La chica a mi lado parecía estar muy alarmada de verlo. Yo fruncí el ceño dándome una idea de quién se trataba. El viejo le murmuró algo a Neji, algo que no alcancé a escuchar, tan solo vi como el aludido se encogía de hombros confundido.

-Padre... – murmuró mi novia con temor, el ambiente estaba dominado por un silencio estremecedor; apreté la mandíbula y di un paso hacia adelante, o más bien dicho, subí un escalón más, desafiante. El patriarca frunció el seño con desagrado.

-¿Y tú eres...? – preguntó aquel hombre severamente. Crucé miradas con Neji Hyuuga, él me observaba interrogante.

-Hiashi-sama, él es Sasuke Uchiha... – dijo servicialmente, sinceramente me molestó que ese tipo hiciera las presentaciones cuando yo mismo podía hacerlo perfectamente.

-De modo que tú... – echó un vistazo a su hija y después volvió a fijar sus blanquecinos ojos en mí –... eres el "novio" de Hinata – interprete en estas palabras un dejo de sarcasmo

-Así es – era extraño que todos nos encontráramos sobre la lujosa escalera de mármol; escuché a Naruto hacer un comentario de Hiashi Hyuuga.

-Sí que da miedo el viejo... – susurró muy por debajo, Hanabi le dirigió una mirada en extremo censurable.

-Estoy aquí para exigir que Hinata no sea obligada a un matrimonio que no desea... – me detuve en seco al escucharlo reír, y no fui el único extrañado, algunos parpadearon y fruncieron el seño, yo entre estos últimos. Con tranquilidad, bajó hasta en donde yo estaba, ignoré a la aterrada peliazul y al mismo tiempo no me dejé intimidar ante la expresión siniestra del patriarca Hyuuga. Éste se detuvo a escasos centímetros de mí. De acuerdo, el tipo podía hacer que me estremeciera un poco, pero jamás retiraría mi palabra.

-¿En serio? – me respondió él sin cambiar un ápice la expresión neutral en su rostro – No veo como puedas evitarlo, sin duda es un matrimonio muy beneficioso para ella, él es un joven de alta alcurnia, de un linaje bastante honorable. Y lo mejor es que no es ningún desconocido para Hinata – al escuchar eso me desubique un poco, volteé a ver a la chica a mi lado, pero ella mantenía la vista en su padre.

-¿De quién se trata? – espeté con enfado, ella agitó los brazos en el aire.

-Padre... detén esto... – suplicó con su trémula voz – Sasuke-kun tan s-solo está aquí por... –

-De cualquier forma, ese matrimonio no se llevará a cabo – volví a sentenciar muy seguro, tomé a la azorada ojiblanca de la cintura, aspiré profundo y solté las palabras que había planeado decir: - Porque ella va a casarse conmigo – no hizo falta alzar la voz, sé que me escucharon claramente.

-¿Qué? – escuché decir a Neji, Hinata estaba perpleja y su padre solo arqueó las cejas sorprendido.

-Alguien explíqueme... – la hermana pequeña de Hinata se acercó a nosotros rápidamente - ¿Por qué tan de repente ustedes...? –

-Hanabi-chan n-no es lo que piensas... ¡e-escuchen...! – apreté la mandíbula, ¿Qué estaba haciendo esa tonta de Hinata?, me decidí en hacer mi segundo movimiento antes de que ella acabara arruinándolo todo.

-Hinata va a tener un hijo mío, es por eso que será mi esposa –

Silencio total.

A partir de ese momento, me ganaría la absoluta desconfianza de los Hyuuga. Claro que nunca pensé en las futuras consecuencias. Solo me importaba ella.

-¿Perdón...? – interrogó Neji claramente turbado, lentamente tensó los hombros con furia.

-Sí, de hecho, aquí tengo el registro de nuestro matrimonio – extendí la hoja y la mostré, parecía que no daban crédito a lo que veían. Naruto, que se encontraba a mi lado, lucía totalmente pálido.

-Oye, baka, quiero ver eso – me quitó la hoja de papel de las manos, la expresión en su rostro indicaba a los demás que no era mentira – ¡¿Pero cuándo conseguiste esto?! – me espetó con contrariedad, la turbada peliazul también lo leyó y dejó escapar un pequeño grito de pavor conforme lo hacía.

-Realmente no importa cuando lo tramité; pero como pueden ver, solo hace falta la firma de ella para hacer el documento válido... – no pude terminar de hablar porque un enorme puño se estrelló en mi cara, trastabillé por los escalones hacia abajo, el golpe que se escuchó al estamparme contra el suelo resonó en toda la estancia. Intenté ponerme de pie, pero el dolor en el tobillo me lo impedía, alguien se arrodilló a mi lado, reconocí las suaves caricias en mi rostro. Hinata lucía pálida y totalmente turbada.

-No permitiré que te burles de esta familia, y mucho menos de Hinata-sama – la voz de Neji sonó bastante calmada, lo cual le daba un toque espeluznante a esa enorme figura que lentamente se acercaba a mí. Apreté la mandíbula con enojo, de acuerdo, me había sorprendido con la guarda baja, pero no volvería a suceder. Me abalancé contra él y chocamos con fuerza, caímos al suelo, forcejeamos un poco, yo recibí más golpes, pero Neji también tuvo lo suyo. A lo lejos se escuchaban gritos y pasos apresurados, alguien me tomó de los brazos y con fuerza me alejó del Hyuuga, me percaté que se trataba del padre de Hinata.

-¡Detengan esto ahora! – la atronadora voz del patriarca resonó fuerte, me soltó empujándome a un lado, lejos de su sobrino, y sobre todo, lejos de sus hijas. Naruto se colocó a mi lado, me costaba trabajo respirar y mantenerme derecho ya que había recibido algunos golpes en las costillas, el imbécil de Neji si que sabia usar sus puños... pero lo que más rabia me daba era ese semblante amenazador, sereno y calculador con el que intentaba intimidarme. Me percaté que un montón de hombres vestidos de negro estaban rodeándome, el cuerpo de seguridad, probablemente – Las cosas se han salido de control, les ordeno a los dos que guarden la compostura... – aun así, tanto Neji como yo nos lanzábamos miradas cargadas de hostilidad, él totalmente erguido y con las manos ocupadas arreglando el moño descompuesto de su cuello; yo, inclinado un poco hacia adelante intentando calmar el dolor de mi costado – Hinata no va a casarse ni contigo, ni con nadie – sentenció Hiashi, me tomó por el brazo y me instó a caminar, yo me rehusé.

-Eso... está por verse... – le sostuve la mirada, el arqueó las cejas completamente asombrado; era claro que no estaba acostumbrado a que le hablaran así. Me solté de su agarre y fijé mí vista en Hinata, ella estaba lejos de mi siendo retenida por un hombretón con gafas oscuras; el color todavía no regresaba a su rostro, estaba completamente anonadada, seguramente su corazón temblaba tanto como el mío. El guardaespaldas la soltó al escuchar que ella se lo pedía, se llevó una mano temblorosa a la frente retirando un azulado mechón que estorbaba. Entonces su mirada cambió.

Para sorpresa de todos, a paso lento, pero decididamente caminó hacia mí.

Y pensar que hace unos días ambos éramos unos completos extraños... y así hubiésemos continuado de no ser por ella, entrando a mi vida a la fuerza, modificando y alterando mi espacio. Hasta ahora me sorprendo de lo poco que me resistí a ella.

Hinata llega a mi lado, esboza una tímida sonrisa y, aunque ella suspira con nerviosismo, me toma de la mano y me mira fijamente.

-Sasuke-kun... t-todo fue mentira... – fruncí el seño sin saber a qué se refería.

-Continuaremos en otro lugar. Ya no tardan en llegar los invitados y no quiero que nos vean aquí – Hiashi nos condujo a un pequeño salón situado al costado del pasillo, entramos lentamente, yo lo hice con un poco de desconfianza, Naruto iba a mi lado, pude notar que estaba dispuesto a defenderme si era necesario. Rodé los ojos enfadado.

-¿De qué sirve que te pongas en guardia ahora? Si cuando era necesario no hiciste nada – le reclamé con voz baja, él parpadeó turbado.

-No me dio tiempo... todo paso tan rápido... – balbuceó y sus ojos azules se posaron en Neji - Además... no me emociona mucho enfrentarme a él... e-es aterrador... –

-Usuratonkachi... – le di un empujón con mi hombro, un rayo de dolor me atravesó completamente... si querer lastimé mi cuerpo. Esto me hizo detestar a Naruto y por consiguiente, lo golpeé en la cabeza con mis nudillos. Él no tuvo oportunidad de quejarse, Hiashi Hyuuga comenzaba a hablar...

-Así que... embarazada... – a mi costado, la chica ojiblanca respingó al escuchar eso.

-¡Padre, fue mi culpa! Yo n-no medí las consecuencias... ja-jamás pensé que... – Hinata volteó a verme – Que las cosas se po-pondrían así... –

-Con o sin su bendición... nos casaremos lo antes posible – alcé la voz, Neji me dirigió una de esas miradas asesinas, lo ignoré por completo.

-Sasuke-kun... no... Por favor... – dijo ella suplicante, Naruto sudaba a chorros.

-¡Solo necesito saber una cosa! ¿Estás o no estás encinta, hija?! – soltó con gran enfado, yo di un paso hacia adelante.

-¡Si! –

-¡NO! – la trémula voz de la peliazul se apresuró a corregirme, ambos intercambiamos miradas, ella se cubrió el rostro con las manos. Sus hombros temblaban.

-Escucha niño, ya basta de toda esta farsa, Hinata no está comprometida con nadie, nunca lo ha estado, así que el chantaje o mejor dicho, el contrato que tenías con ella, de ustedes, pierde utilidad... –

-¿El chantaje...? – murmuré con un hilo de voz, mis manos comenzaron a sudar. ¿Cómo es que él sabía de...?

-Lo sabemos todo, Sasuke – respondió Neji mirándome de soslayo, recargado en el escritorio y con los brazos cruzados – Hinata-sama nos lo reveló unos momentos antes de que ustedes llegaran... – dirigí mi vista rápidamente a la chica peliazul, estaba ruborizada y con expresión agitada.

-Intenté de-decírtelo... – y al escuchar esto, un aguijón de alarma me dejó estupefacto. A los pocos segundos reaccioné y tragué un poco de saliva, me giré y encontré los intensos ojos de Hiashi Hyuuga.

-Oh vaya, esto se pone cada vez más y más divertido...- había olvidado que la hermana pequeña de Hinata también se encontraba allí, su voz serena y mordaz me irritó.

-¿Y bien? Estoy esperando una explicación... –

-Papá... no sigas... – escuché decir a la peliazul – No debiste padre... Sasuke-kun t-tan solo trataba de a-ayudar... –

-¿Ayudar? ¿Mintiendo de esa forma, gritando por todas partes que embarazó a mi hija?! –

-Oi, Oi! Espera un momento Viejo, el primero en mentir fuiste tú ¿cierto? – Naruto salió a la defensiva, Hiashi frunció el seño.

-No discutiré eso con un vándalo... –

-Ah?! ¿Van-vándalo? –

-Naruto-kun, di-discúlpalo... él en verdad no piensa eso de ti... –

-Oh, claro que lo pienso -

Sentí las rodillas débiles, tal vez porque la emoción del momento ya había pasado y fue sustituida por el alivio (decepción) que sentí al saber que Hinata estaba a salvo, o mejor dicho, que nunca estuvo en peligro. Suspiré con contrariedad, frente a mí se libraba una conversación sin sentido, con gritos y reclamos. Escuché mi nombre varias veces más, los ignoré a todos y me deje caer en el sofá más cercano...

-Esto es justo por lo que las chicas me molestan tanto... – murmuré con sequedad, cerré los ojos y me masajeé la sien con fastidio – Solo traen problemas... – cuando alcé la vista, pude observar a Hinata de pie intentando amainar la situación, su tenue voz no podía hacerse escuchar entre tanto escándalo. Mantuve la vista en su figura, ahora que lo pienso, fui un estúpido al sugerir aquel embarazo inexistente, con esa cara de inocencia que tiene... es difícil imaginarla... en ese tipo de situación con un chico.

Ella sintió mi mirada y parpadeó azorada, yo torcí la boca, quería que se imaginara lo enfadado que estaba por meterme en esta situación, por irse sin explicación y pensar que yo iba a quedarme de brazos cruzados, ella tenía la culpa, oh si, era la responsable de que yo hubiese hecho el ridículo frente a todos.

Sus lánguidos ojos se curvaron, al igual que sus labios. Sonreía, tierna y dulcemente.

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El salón de invitados era enorme, los adornos no hacían más que incrementar la hermosura del lugar, los murmullos de la gente eran animados y los choques entre copas repletas de licor se dejaban escuchar con frecuencia. Naruto yacía de pie al lado de una larga mesa, no se daba abasto con la cantidad de bocadillos que tenia por escoger y felizmente tomaba cantidades generosas sin importarle las miradas asombradas que recibía. Sintió una palmada en el hombro, se giró encontrándose con el animado rostro de Kiba.

-¿Ah, ustedes! – saludó el rubio con la boca repleta de comida, tanto Shino como Kiba estaban elegantemente vestidos – Tanto tiempo... – saludó sonriendo levemente.

-Sí, la verdad, estoy sorprendido de verte aquí... – comentó el Inuzuka siguiendo el ejemplo del chico ojiazul, se llevó a la boca un enorme trozo de carne, después seguiría con el salmón y allá alcanzaba ver pastel de frambuesa... toda la comida lucía demasiado apetecible.

-Hinata, ella me invitó... – mintió el Uzumaki con descaro, dio un largo trago al contenido de su copa.

-Ese sujeto vino contigo – Kiba señaló con la mirada a (un muy popular) Sasuke. Estaba rodeado de gente, en su mayoría chicas, algunos otros lo habían reconocido como uno de los famosos hijos de Fugaku Uchiha; era la celebridad de esa noche, no cabía duda.

-Está aquí por Hinata, parece que no puede vivir sin ella... – sonrió con sorna, el chico a su lado arqueó una ceja.

-¿Entonces es cierto que van a casarse? – inquirió el castaño escéptico, al escuchar aquello, Naruto estalló en carcajadas.

-¡No lo creo! Después de lo que hizo – se aflojó un poco el moño alrededor de su cuello, no lo soportaba. El esmoquin que vestía había sido cortesía de Neji Hyuuga, aunque la verdad, le había aterrado hasta la muerte estar a solas con él, en su habitación, sintiendo su funesta mirada. Y toda la culpa la había tenido el Teme por decir esas cosas tan fuera de lugar. Aunque el solo recordarlo le divertía.

-Oii, ¿de qué hablas? Vamos, cuéntame – Kiba se sintió curioso, no era algo que hacia usualmente, pero cualquier chisme que involucrara a la familia Hyuuga le divertía, ellos que eran tan alzados, sobre todo Neji.

-No creo que sea lo más correcto, ¿sabes? Se trata de nuestra amiga... – el castaño quiso ignorar la voz de la conciencia, es decir, Shino. Naruto por supuesto, no dijo ni una palabra más, sería problemático explicarles todo desde el principio, además, podría meterse en problemas... y con eso se refería al primo de Hinata.

-Verlos reunidos a los tres... es bastante sospechoso... – el joven rubio respingó del susto al escuchar aquella grave voz a sus espaldas. Rápidamente se dio la vuelta y una gota resbaló por su sien.

-¿Por qué sospechoso? – inquirió Kiba arqueando una ceja, observó a Neji con escepticismo, a él y a Naruto. Se percató de los mallugones que el Hyuuga tenía en el rostro, el más notable era un corte sobre la ceja. Aquellas heridas le conferían un aspecto aún más amenazador - ¿Y qué te paso? ¡Luces como si hubieses estado en una riña entre vándalos! – al escuchar aquello, el Uzumaki no pudo evitar reír ante los recuerdos que se le venían a su mente. La fría mirada de Neji congeló a Kiba.

-Hinata-sama está a punto de bajar, estén pendientes – y sin más, les dio la espalda y se perdió entre los invitados, los chicos suspiraron aliviados.

-Esa mirada de Neji no augura nada bueno, te lo digo de una vez – exclamó el castaño advirtiendo al joven ojiazul. Éste tragó un poco de saliva. Estaba por responder a su comentario, pero diversos murmullos de asombro inundaron la cámara. La heredera Hyuuga había hecho acto de presencia.

Las finas cuerdas de los violines emitieron una dulce melodía, el chelo y las flautas hicieron su acompañamiento mientras Hiashi Hyuuga recibía a su hija con la mano en el aire, elegante y en extremo bella, algunos comenzaron a aplaudir en cuanto Hinata y su padre sonrieron a sus invitados y el hombre comenzó a decir algunas palabras de honor hacia su heredera en su veinteavo cumpleaños. Sasuke veía con sorna aquella fiesta que en verdad le parecía una farsa, una excusa para estrechar los lazos con los distintos socios de la empresa familiar y al mismo tiempo presentar a su hija en sociedad, carne fresca para algún hijo de un importante empresario o multimillonario extranjero que estuviese interesado en una alianza. Aquel método le parecía en extremo medieval, pero Sasuke no podía quejarse, todo quedaba en segundo plano al contemplar la exquisita figura de la peliazul, el vestido oscuro con brillantes se ajustaba perfectamente a su cuerpo, la pálida piel del cuello y escote contrastaba con el atuendo confiriéndole un aire maduro y sagaz. Todos asentían aprobatoriamente al verla, allí de pie, con una expresión calmada y fina que Sasuke sabía perfectamente que distaba de ser verdadera, en el brillo de los ojos de Hinata podía ver un atisbo de inquietud, miedo y nerviosismo.

Entonces, sus miradas coincidieron, la chica se sonrojó al descubrir que él la observaba y retiró rápidamente la vista, su mano seguía unida a la de su padre, sintió como éste la guiaba hacia la mesa principal y la depositaba en una silla. Todo mundo tomó asiento también, listos y ansiosos por la promesa de ver a una famosa Idol japonesa aparecer e interpretar sus mejores canciones. Aquel salón era inmenso, los meseros se movían con agilidad y Sasuke buscó la manera de ponerse en contacto con Hinata, pero no pudo, en ese momento las luces se apagaron y una suave voz surgió de la nada, un halo de luz iluminó a la cantante y el pelinegro apretó la mandíbula con fastidio. Esta iba a ser una noche larga.

-Sígueme – escuchó aquel murmullo cerca de su oído, giró el rostro y vio a la hermana pequeña de Hinata caminar entre la gente, alejándose. El Uchiha no tuvo más remedio que seguirla y varias veces estuvo a punto de tropezar con algún mesero. Las luces seguían bajas y la melodiosa voz de la cantante se atenuaba conforme se alejaban del lugar. Entraron a una habitación repleta de libros, seguramente la biblioteca familiar, Sasuke se mantuvo en silencio mientras la joven anunciaba:

-Espera aquí, ahora vuelvo... no te muevas – eso último parecía más bien una amenaza, el pelinegro quiso negarse pero en instantes la puerta se cerró y él no tuvo más remedio que esperar allí dentro, pensando que tal vez había caído en una trampa y que en cualquier momento saldrían de todas partes varios ninjas para acabar con su vida, o quizás mandarían a Neji...

La puerta de madera volvió a abrirse, Sasuke respingó esperando encontrar a cualquiera menos a la bella Hyuuga que lo miraba azorada, con su hermana al lado y una sonrisa cómplice en su rostro.

-No tarden mucho, comenzarían a sospechar... – y diciendo esto, cerró la entrada tras de sí dejando a los dos jóvenes en el interior de la biblioteca. Tuvieron que pasar varios segundos antes de que alguno se animara a hablar, la peliazul mantenía la vista en la alfombra, escuchó las suaves pisadas del Uchiha acercándose, le tomó por la barbilla obligándole a alzar el rostro, ella se ruborizó enseguida y retrocedió unos cuantos pasos. ¿Por qué estaba tan nerviosa?

-Quizás no podamos hablar en toda la noche, y durante los próximos días también; así que quiero que sepas algo... – Hinata lo miró fijamente al escuchar estas palabras, su corazón latía incontrolable, tragó un poco de saliva.

-Los gatitos que salvé en aquella ocasión están bien, los llevé a un refugio de animales y no hace mucho fui a visitarlos... he quedado con el encargado y... y me permitirá llevarme uno a casa... – se rascó la mejilla con bochorno, Hinata parpadeó aturdida, al principio no supo de que hablaba el Uchiha porque no era lo que esperaba escuchar, sin embargo... su mente trabajó rápido, y recreó una escena tiempo atrás, cuando ella (con cámara fotográfica en mano) buscaba toparse con Sasuke y Naruto, esperaba encontrarlos de nuevo como anteriormente los había visto: besándose; y de esa manera poner en marcha su plan de chantajear al Uchiha. Pero al único que encontró fue al pelinegro cuidando de una camada de gatitos que aparentemente habían quedado huérfanos. Y eso fue suficiente para Hinata, Sasuke Uchiha era conocido por su frialdad y desinterés hacia la especie humana... pero inesperadamente, la ojiblanca había descubierto una faceta distinta del chico.

-Estaba pensando que... cuando volvamos, es decir, a la ciudad, nosotros podríamos cuidar del gato..., tú y yo... –

-Sasuke-kun... – murmuró mientras lo observaba con incredulidad y asombro – Eres muy tierno... – él frunció el seño al escuchar eso último.

-Tierno dices… - comentó con desgano, se acercó a ella y sin mirarla directamente, le susurró: - Te ves linda... –

-Gra-gracias! – contestó igual de avergonzada que él.

-Supongo que después de lo que hice, tu familia se opondrá a lo nuestro... – el joven se aclaró la garganta.

-¿A lo un-nuestro...? – él se ruborizó un poco, en cambio, Hinata era un jitomate.

-Sí, ya sabes... ahora somos novios... novios reales... –

-Ah... –

-Pero no me importa lo que ellos piensen, siempre que tú estés de acuerdo en... – no pudo terminar la frase, ¿Por qué se le dificultaba tanto ser honesto? Tal vez porque estaba falto de experiencia, además, Hinata era la primera chica en mucho tiempo con la cual se sentía cómodo, no podía simplemente ir y decirle cuanto significaba para él, aun a pesar del tremendo viaje en helicóptero, y todo lo que fue capaz de hacer por estar a su lado esta noche. De algún modo, esperaba que ella lo intuyera.

-Sasuke-kun, sí quiero cu-cuidar de ese gatito contigo, quiero regresar y caminar juntos a la u-universidad cada mañana... – apretó los ojos y respiró hondo – Peroo sobre to-todo te quiero a ti... siempre, a mi lado... – las lágrimas aparecieron en los ojos de la Hyuuga, ella misma se sorprendió por esto y enseguida quiso limpiarlas. Pero el chico frente a ella ya lo estaba haciendo, muy delicadamente, cuidando de no estropear el maquillaje.

-No tienes que llorar... – dijo con su voz varonil, la peliazul respondió con un leve movimiento de cabeza, incapaz de mantener a raya sus sollozos, él suspiró levemente.

-Ahora debería besarte, ¿nee? – la ojiblanca abrió completamente los ojos, no se movió cuando él bajó el rostro hacia ella y rozó sus labios temblorosos. Apenas si duró unos segundos, pero como ninguno de los dos estaba aun preparado psicológicamente para un contacto más profundo, Sasuke decidió que aquel breve beso era más que suficiente, lo cual a la vez le pareció tonto porque ya la había besado antes y de un modo menos... pudoroso. Pero en ese entonces sus sentimientos no eran los de ahora.

-Mejor que volvamos... – musitó el pelinegro con bochorno, ella asintió enérgicamente y ambos se dirigieron a la puerta – La pista de baile, supongo que serás la primera que la use esta noche... –

-¿Eh?... – Hinata se alarmó, ¿Por qué le hacía aquella pregunta? Sasuke adivinó sus pensamientos. Solo le sonrió de manera sugerente y comenzó a alejarse de allí.

-Más te vale que estés preparada... – le dio la espalda y se perdió entre la multitud, ya cuando dejó atrás a la azorada Hyuuga, el pelinegro se llevó una mano al rostro y suspiró fastidiado - ¿Qué estoy haciendo? Yo odio bailar... – se quejó en voz baja, vio a Naruto atiborrándose de comida, desvió la mirada y los fríos ojos de Neji Hyuuga lo asechaban. El Uchiha rodó los ojos, esta sí que iba a ser una noche larga...

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Un as de luz le obligó cerrar los ojos momentáneamente, a pesar de encontrarse tumbado a la sombra de un árbol, ese delgado rayo había hallado la manera de colarse entre las hojas aterrizando justamente sobre su rostro. Sasuke se movió un poco y chocó con alguien, era Hinata quien se hallaba a su lado, pero a diferencia de él, ella estaba sentada sobre el pasto. La chica solo se ruborizó pensando tal vez que el pelinegro había querido acortar distancias entre ambos.

-Podría estar así por siempre... – murmuró él a medio dormitar, recibiendo gustosamente las ráfagas de aire que eran frecuentes en ese parque, adoraba el clima cálido y húmedo del verano.

-Si... – contestó ella con el corazón desbocado al sentir la mano del Uchiha entrelazarse con la suya. Volteó a verlo, pero él tan solo permanecía con los ojos cerrados.

Ya había pasado medio año desde que se habían convertido en una pareja oficial, tenerlo a su lado era abrumador y por la falta de experiencia Hinata solía cometer torpezas. Pero hoy no podía salir nada mal, hoy era un día perfecto y tranquilo. Ella se incorporó un poco buscando la botella de agua, al sentir el movimiento, Sasuke abrió lentamente los ojos, ambos se miraron fijamente. Aún estaban unidos por las manos. Él tiró de ella, acercándola. Hinata tensó la mandíbula; sinceramente, los besos eran la parte a la que más le costaba acostumbrarse.

-¡He llegado! – ese grito rompió la burbuja mágica en la que se encontraban, la Hyuuga alzó el rostro y logró vislumbrar a Naruto a lo lejos, venia hacia ellos montado sobre una bicicleta.

-Lo odio – susurró el pelinegro con ira contenida, Hinata se había separado instantáneamente, era en extremo tímida para esas cosas y eran contados los momentos en los cuales esos dos estaban solos. Llegó el rubio con el típico escándalo de siempre, estacionó la bici sobre el árbol, y en seguida se puso a brincar de felicidad y exclamar vítores. Había ganado la carrera a Karin. Pudieron verla subiendo la colina con extrema dificultad, pedaleaba lentamente y sin fuerzas. Al llegar hasta ellos, lo primero que hizo fue aventar la bicicleta a un lado y beber con ahínco de su botella.

-¡Esta es la tercera vez que te gano! – anunció el Uzumaki con sorna, la pelirroja lo miraba furiosa.

-¡Cierra la boca! – exclamó con las mejillas rojas y la frente perlada por el sudor.

-No es justo lo que estás haciendo, tú eres hombre... y ella claramente no tiene condición física... – agregó el pelinegro con parquedad, una vena apareció sobre la frente de Karin.

-¿Disculpa? ¿Me estás diciendo Gorda? – reclamó indignada, Sasuke se rascó la mejilla.

-No, definitivamente, eso no es lo que dije... –

-En cualquier caso... te reto una vez más! ¡Hasta la colina siguiente! – vocifero la bella pelirroja, se acomodó los anteojos y aspiró oxigeno profundamente, corrió y se montó sobre su bicicleta, abandonó el lugar rápidamente. Naruto se sobresaltó al ver que era dejado atrás.

-¡Espera! Eso es trampa! – él también salió disparado siguiendo a su enérgica prima.

-Solos de nuevo – comentó aliviado el Uchiha, volvió a tumbarse sobre el pasto y cerró los ojos. Hinata hizo lo mismo, pero ella se dedicó a observarlo en silencio, grabando en su mente las finas facciones del atractivo chico. Podía entender perfectamente por que las chicas lo asediaban constantemente, ahora que lo pensaba, ¿no habían estado declarándosele más de lo normal estos últimos días? La mayoría eran mujeres muy lindas, en extremo. Algunas incluso se metían con ella y la molestaban, pero no le había dicho nada a Sasuke, consideraba que ese era un precio justo por salir con él. Pero... y sí alguna de esas jóvenes conseguía... –

-... Separarte de mí... – fue un murmullo apenas, pero el chico lo escuchó.

-¿Quién va a separarte de mí? – abrió los ojos, y ella se alteró - ¿De qué hablas? –

-No es na-nada... – la Hyuuga se sonrojó hasta las orejas al ver como Sasuke se incorporaba sobre su codo y posaba sus oscuros ojos sobre ella. Ambos permanecieron así, con la brisa fresca a su alrededor.

-Deja de imaginar cosas sin sentido... – se inclinó hacia ella y la besó en la nariz, Hinata aprovechó la cercanía y rodeó su cuello con ambos brazos. Aquella acción sorprendió a ambos, el miedo era el responsable, Sasuke lo sabía. La chica lo soltó lentamente, sin saber porque de pronto estaba tan perturbada.

-Lo siento... – musitó tímidamente, alejó las manos de él pero este se lo impidió. Colocó ambas manos sobre su cuello, impulsándola hacia arriba, acercándola a él. La besaba con dulzura y delicadeza, quizás temiendo que los labios de ella pudiesen romperse con facilidad. Pero Sasuke sabía que si la trataba de ese modo era porque de otra forma, no podría contenerse y en vez de un romántico beso, lo que tendrían seria un frenesí de sensaciones desbordantes. Ah! Como ese que comenzaba a manifestarse, una mano del Uchiha se había posado accidentalmente sobre la cadera de Hinata y sin proponérselo, sus dedos ya recorrían la suave espalda de ella, la blusa se había levantado un poco y el contacto con la piel hizo suspirar a la chica.

-Ellos... e-están por volver... – musitó el pelinegro sobre los anhelantes labios de Hinata, ella asintió moviendo la cabeza, pero no detuvo el beso, el joven se alarmó, pero lejos de apartarla, la acercó más a él y hundió su rostro en el perfumado cuello de la bella Hyuuga. Esta vez no recibió de la chica un discreto suspiro, fue un lamento sonoro que bastó para apaciguar los ánimos de los dos. Se separaron instantáneamente, ambos agitados, Hinata con las mejillas coloreadas, Sasuke atontado. Se mantuvieron allí, recostados mirando fijamente las ramas del árbol en lo alto.

-No me im-importaría... si quieres hacerlo... Sasuke-kun... – Hinata mantenía el rostro fijo en el cielo, su trémula voz evidenciaba su nerviosismo.

-¿Hacer qué? – inquirió él frunciendo el seño, ella evitaba cualquier contacto visual. No respondió, tan solo se cubrió el rostro con ambas manos. Entonces Sasuke supo a que se refería.

-Olvídalo... yo... – comenzó Hinata, pero fue interrumpida.

-¿Tú quieres? – no podía creer que estuviesen teniendo esta conversación, Sasuke escuchaba sus propios latidos a la par del calor en sus mejillas – Nunca habíamos hablado de esto... –

-Si Sasuke-kun quiere, en-entonces... yo... – la bella ojiblanca se incorporó sentándose y recargando la espalda contra el árbol – Esta bien... e-eso es lo que ha-hacen las parejas... -

-Ese comentario en verdad me molesta – el Uchiha se puso de pie, la miró con resentimiento – No te obligues a hacer algo que no quieres Hinata, solo por lo que los demás dicen... – le dio la espalda, alarmada, la chica corrió a su lado.

-Perdóname... sí, si qui-quiero hacerlo... – lo sujetó del brazo, Sasuke estaba sorprendido - ¡Hagámoslo...! Por favor... no t-te enojes... – y sin siquiera esperarlo, ella rompió a llorar.

-¿Qué pasa?! – la tomó de los hombros, el llanto de Hinata no paraba – Oye! – no entendía lo que ocurría, la chica limpió sus lágrimas y aminoró su agitación.

-No me odies... – murmuró desconsolada – Por no q-q-querer hacerlo... –

-Tonta, ¿Cómo se te ocurre?! – intentó calmarla abrazándola, ella lo estrechó con fuerza.

-Esas chicas... s-son en verdad muy li-lindas... – ahogó un sollozo, el joven rodó los ojos viendo de que iba todo ese escándalo – Y lo m-más seguro es que ti-tienen experiencia... –

-No lo haría con nadie más, tú eres la que me gusta – le dio unas palmaditas en la cabeza, los gemidos aminoraron – No vuelvas a decir cosas como esa... me entristecen – ella alzó su vista, afligida.

-Oh Sasuke-kun... gomenasai! – estalló en llanto de nuevo, el joven tan solo suspiró cansado – No en-entiendo que me pasó... creo que tú en verdad m-me gustas demasiado... por eso, tengo tanto miedo de p-perderte... –

-Lo sé, lo sé... – le dijo al oído – Ya sabes, para mi es igual –

-¿De ve-verdad...? – preguntó con los ojos acuosos, Sasuke estaba abochornado.

-Si – con esto logró calmar a la peliazul; sin poder evitarlo, volvieron a besarse, largamente, los rayos del sol comenzaban a quemar. Se separaron y Sasuke la tomó de la mano, ni siquiera se habían percatado de la presencia de Karin y Naruto, los observaban con curiosidad y asombro.

-Vaya, vaya, que escenita nos hemos encontrado...-

-¡Karin, detente! Que molesta eres! ... – el rubio le dio un leve empujón.

-Ustedes, ¿Qué hacen allí parados como idiotas?! – reclamó Sasuke, a su lado, Hinata apretó los labios avergonzada. Sin soltar su mano, avanzaron y pasaron de largo a sus amigos. Sasuke tenía las mejillas un poco sonrosadas. Escucharon la voz burlona de Karin a sus espaldas, pero la ignoraron.

-Por cierto, mis padres quieren conocerte, así que el próximo fin de semana vendrán... - cambió abruptamente de tema, la chica enarcó las cejas.

-¿Cómo...? – Hinata parecía asustada - ¿A dónde? –

-A mi departamento - debido al préstamo del helicóptero aquella vez, Sasuke tuvo que aceptar las condiciones que su padre le había impuesto, las cuales habían sido: rentar un mejor lugar para vivir, aceptar una mensualidad y visitar la casa familiar por lo menos dos veces al mes; Sasuke no podía quejarse, su calidad de vida mejoró considerablemente, y lo mejor de todo es que una de las primeras cosas que pidió a la mueblería fue una cama individual. Solo para él.

Lo tedioso del asunto es que debía aguantar las visitas que le hacía la familia Uchiha, y ahora estaban empeñados en conocer a Hinata, debido a que habían escuchado maravillas de ella por parte de Itachi y Sakura.

-Sasuke-kun... no creo que... esté preparada para... –

-¿Olvidas que yo ya conocí a tu padre? Y no fue precisamente muy cordial nuestro primer encuentro... – el solo recordarlo, le provocaba escalofríos – Y lo peor es que tú pudiste evitar que yo hiciera el ridículo –

-Intenté decírtelo... – exclamó con ansiedad. Su novio negó con la cabeza.

-Hay una advertencia que quiero hacerte, mi padre odia a mucha gente, en especia a la familia Hyuuga y todo lo que se le relacione -

-Sasuke-kun... detente por favor... – el aludido hizo oídos sordos a las suplicas de la chica.

Y sus manos permanecieron entrelazadas todo el tiempo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-FIN.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Si, aquí estoy, con el último capi recién subido. Por fin! Espero que haya sido de su agrado, la verdad es que me demore demasiado, lo admito, así que si me quieren golpear por eso lamento decirles que su única forma de desquite son sus reviews, jejeje, los cuales SON SIEMPRE BIENVENIDOS Y AGRADECIDOS T.T

No soy muy buena con los finales, les puse un (intento de) epilogo porque consideré justo después de tanta espera, n.n

En verdad me divertí haciendo este último capítulo, también con la historia en general, quiero creer que ustedes también, por lo que he leído en sus hermosos reviews jejeje, así que me despido de este fanfic, que no será el último que escriba de esta pareja, jaja, (espero) gracias otra vez por leer esta historia y ojalá pueda verlos en otra nueva entrega que se me ocurra. Mil abrazos gente querida, adiós!