Aki otro cap Es el más largo que he escrito, como media página más que los últimos que he subido. Es q quería q salieran todos. Espero q guste. Muxos besitoss!!
Abydo: Recuerdo q m lo preguntaste una vez y s m olvidó responder: Ste fic durará hasta q no s m ocurran más cosas o no m kede ningún lector o yo q sé. Pero, x supuesto, no lo terminaré djando las cosas sin resolver. Aún keda para rato Ah, y gracias x tu review en el fic d MR A vr cuando continúas el d McGonagall!
CAPÍTULO 8: La palabra prohibida
Rachel volvía del trabajo, y sabiendo que Ross aún no estaría en casa y que Emma seguiría con Phoebe y Mike (se habían ofrecido a hacer de canguros ese día, tenían que ir practicando), sus pasos se encaminaron al Central Perk. No estaría mal tomarse un café en un sitio cálido y resguardado, con el viento que hacía, además con suerte podía encontrar a Joey.
Entró, y se sentó en una de las mesas. No se le apetecía sentarse en el sofá si no era con uno de sus amigos. Inmediatamente (llegó casi corriendo, y casi dio un traspiés), Gunther fue a atenderla, con una sonrisa tonta y desmedida dibujada en su rostro.
-Hola Rachel- saludó con voz acaramelada y tímida, como de quinceñera- Qué…alegría verte por aquí.
-Oh, gracias Gunther.
El camarero miró hacia todos lados, como buscando algo. Miró a Rachel gratamente sorprendido.
-¿Ross no está contigo?- preguntó en tono ilusionado.
-No- respondió ella, intentando no encontrar el significado que sabía que Gunther le daba a eso. Sacó un billete de cinco dólares del bolso- Oye, voy a tomar…eh, un café capuccino y un magdalena con virutas de chocolate.
-Ahora mismo te lo traigo…
Gunther corrió al mostrador, y a Rachel le pareció que daba saltitos. Sonrió, incrédula, y tamborileó con los dedos sobre la mesa. Aquello no era lo mismo sin los otros cinco. No le gustaba demasiado estar sola. Antes de que le diera tiempo a bajarse el ánimo un poco más, Gunther llegó con lo que quería, y una expresión de felicidad que Rachel no recordaba haberle pedido.
-Gracias- dijo ella- ¿Cuánto te debo?
-Oh, invita la casa…-Gunther hizo ademán de sentarse en la otra silla.
-¡Vaya, qué bien, gratis!- Rachel alargó la mano izquierda para coger la magdalena.
Gunther palideció y su felicidad desapareció.
-Eso…eso…¿es…es un anillo?- preguntó, con un tono de voz extraño.
-Ah, sí ¡¡Ross me ha pedido que me case con él!! ¡¿No es fantástico?!
-Sí, mucho- replicó Gunther de mala manera, con cara de homicida- Son cuatro con cincuenta.
-Pero me acabas de decir que era gratis…
-¡¡Cuatro con cincuenta!!- prácticamente chilló Gunther.
Rachel le tendió el billete de cinco, asustada. Gunther se lo arrancó de las manos, con aire ofendido, y se fue. Rachel levantó la mano tímidamente.
-Oye, Gunther, no te olvides del cambi…-él le dedicó una mirada escalofriante. Rachel tragó saliva- O mejor, puedes quedártelo de propina, si quieres…-bebió un sorbo de su café decidiendo no volver a mirar a la barra. Aquellas miradas podían convertirla en cenizas en dos segundos.
En ese momento, vio a una chica rubia entrar en el café. A pesar de no saber muy bien por qué, el rostro de la joven, que no llegaría (o lo haría difícilmente) a los veinte, le resultaba familiar. La miró, concentradísima durante un largo minuto, mientras pedía un café para llevar. Entonces, de repente, la ubicó. La paró justo antes de que ella cogiera la puerta para irse.
-¡Oh, hola! Tú… ¿Tú eres Érica, no?- preguntó Rachel, tocándole el brazo con la mano, mientras sonreía.
-¿Nos conocemos?- ella parecía extrañada.
-¡Ah, yo...yo soy Rachel Green!- se puso un mechón de pelo detrás de la oreja- ¡Soy amiga de Mónica y Chandler, los tíos a los que le diste los bebés!- la miró de arriba abajo- Caramba, ¡Estás estupenda para haber parido sólo hace unos cuántos meses!-acercó el rostro con aire confidencia- Yo tardé un año y medio en deshacerme de los kilitos que me regaló mi hija.
-Sí, bueno…tardaste más pero te quedaste con tu hija – Érica movía la cabeza mientras hablaba- Pero yo, aparte de una depresión posparto y unos cuántos kilos de más, que por lo que se ve conseguido eliminar, volví a casa sola.- forzó una sonrisa- Así que no creo que sea algo de lo que enorgullecerse.
Rachel se quedó a cuadros. No esperaba esa respuesta. Simplemente un "Gracias" o "¿En serio, un año y medio tardaste? Pues oye, yo hice una dieta que…". Y luego un silencio algo incómodo, pero simplemente porque no sabía qué decirle a esa mujer que le había alabado el aspecto. Pero no aquello.
-Eh…ah…uh…pe-pero…-Rachel no comprendía- tú…tú les diste a…Jack y Érica…en adopción…así que…no pe-perdiste nada….-se estaba poniendo nerviosa, y no paraba de gesticular- qui-quiero decir…¡No te los quitaron!...No, no estoy diciendo que tengas que…yo sólo…uh…-se paró a respirar, mientras se abanicaba con una mano- eh…
-Olvídalo –dijo Érica- Lo siento, no has dicho nada. Es que estoy un poco…-hizo un gesto para quitarle importancia.
-Vale. Mejor…así- carraspeó- Oye, encantada de verte. Ya verás cuando les diga a Mónica y Chandler que has estado por aquí.
-Ellos ya lo saben- informó Érica- he…estado con ellos hace unos días.
-¡Oh, vaya!- la miró a los ojos y leyó algo parecido a disgusto- No parece que la visita fuera muy agradable… ¡Oh, Dios mío! Chandler no paró de contarte chistes ¿verdad? – se puso la mano en el pecho- Lo siento mucho, no lo hace para volverte loca, créeme. Él es así. Le queremos a pesar de eso.
-No es eso…
-¡¡Madre mía!! ¿Fue Mónica? Dime, dime que no se te ocurrió dejar la copa fuera del posavasos.- le miró la frente- ¿No te hizo daño, verdad? Tus tímpanos no reventaron por los chillidos ¿no? – se mordió el labio.
-¡Rachel, no hicieron nada de eso! No pasó na…bueno, pasó algo. Pero no seré yo quién te lo cuente, entiéndeme, apenas nos conocemos. Y cuando ellos lo hagan, lo más posible es que me veas como un pedazo de guarra asquerosa, así que…
-¿Qué ocurrió?
-Oh, nada…nada importante. En serio. Oye, tengo que irme- antes de que pudiera detenerla, Érica salió por las puertas. Y Rachel se quedó allí plantada. Aunque no tardó en tomar la determinación de ir a casa de Mónica. Si bien tenía que ir en autobús.
Joey estaba sentado en el sillón, con Sofía en el regazo, abrazada a él. Estaban los dos en silencio, pero aún sin palabras, se entendía todo. El italo-americano, como él mismo se había definido el día que la conoció, sentía que por fin había conseguido aquello que necesitaba desde hacía mucho tiempo. La intimidad…esa intimidad con una pareja, la sensación de que conectaban y que no necesitaban más que estar el uno junto al otro para sentirse completos. Un sentimiento cálido, y embriagador, que le llenaba por dentro como un bálsamo reconfortante. Era genial. Ahora sabía lo que sentían Ross y Rachel, Phoebe y Mike, Chandler y Mónica, cuando estaban juntos. Y comprendía porque, pese a no ser perfectos, seguían estando unidos. No llevaban ni dos semanas saliendo (lo cuál era todo un logro para él, había que reconocerlo), pero ya Joey no veía tan lejano un "Te quiero".
-Me encanta estar así- susurró.
-Mmm…a mí también- concedió Sofía, estrechando más su abrazo- si pudiera quedarme aquí para siempre…
-¿Y por qué no ibas a hacerlo? Nos alimentaremos con una onda de esas…
-Sonda.
-Eso.
Sofía rió. Algo empezó a vibrar entre los dos, y una música latina sonó en algún punto cercano a ellos. Sofía se disculpó, se separó a regañadientes y sacó su móvil del bolsillo de sus vaqueros.
-¿Aló?...-comenzó a hablar en español, de modo que Joey no la entendía-Ah, Lupe, qué alegría escucharte ¿dónde estás?...¿Pero que haces acá? ¡Uy, no! ¡Estoy en el departamento de enfrente!...¿Que qué hago?...Ahora te lo digo, sí…¡Vale, vale! Estoy…-soltó una risita y Joey arqueó una ceja- ¡Estoy con un chico! ¡Sí!...¡Pues por supuesto que amará conocerla! ¡Sí!...¿Qué dijiste?...¡Oh, por Dios Santo! ¡No seas pájaro de mal agüero!...-Sofía frunció el ceño, escuchando-¡Si mamá me viera no diría nada! ¡No soy una bebita!...¡Sí, ahora salgo! ¡Ahora te veo!- Sofía colgó bruscamente, y se volvió hacia Joey, retornando al inglés- Era mi hermana, Lupe. ¡Está aquí mismo!- le cogió de la mano, ilusionada- Ven, que hay alguien que quiero presentarte.
-¿A tu hermana?
-Y a alguien más- replicó ella dándole un beso- Vamos.
Sofía caminó hacia la puerta, arrastrando a Joey, y la abrió. Justo al lado de la puerta del apartamento 20, había una mujer latina, unos años mayor que Sofía. Hasta ahí, todo normal. La mujer llevaba en brazos a un bebé de poquísimos meses, con vestiditos muy sencillos. Seguía, después de todo, dentro de la normalidad. Lo gordo vino después.
-¡Oh, tu hermana, y tu sobrinita!- exclamó Joel, acercándose sonriente a la niña.
Sofía rió y se sonrojó.
-¡No, no es mi sobrina! – ahí Lupe puso una expresión de "Ya verás…"- ¡Es mi hijita, bobo!
Joel paró en seco, y la miró con unos ojos que parecía que se le iban a salir de las órbitas.
-¡¡¿Qué?!!- gritó con voz rara y aguda. Sofía se sobresaltó- ¡Eso…es…es…imposible! ¡No….no la he visto…en todo este…tiempo…! ¡¡No puede ser tuya!!
-¡Joey, cálmate!- le asió por los brazos- No has visto a Carla porque mi hermana se la llevó a Puerto Rico para que mi madre la conociera. ¡Yo no podía ir por el trabajo, así que Lupe se ofreció!
-¡Ah, y encima ya tiene nombre!- Joyl seguía con aquella vocecita ratonil, como cuando Chandler se tragaba el helio de los globos para cantar I will survive -¡Se llama Carla!
-¿Cuánto crees que puede estar un bebé sin nombre?
Joey se rebotó.
-¡¿Cuánto crees que puede estar una mujer sin contarle a su novio que tiene una hija?!- le acusó.
-¡Oye, yo…! ¡Iba…iba…a hacerlo, de verdad…!
-¡¿Es una estrategia para cazar un hombre?!
Sofía le lanzó una mirada fulminante.
-¡Joseph, para, me estás ofendiendo! ¿De verdad crees que lo hice por eso? ¡¿Qué sólo busco a una especie de niñero?!
-¡¡No parece otra cosa!!
-¡¡Ah…!!- Sofía lanzó una frase que Joey no comprendió, pero que sonaba bastante mal: -¡¡Bastardo hijo de puta!! – las lágrimas aparecieron en sus ojos. – No creí que tú fueras de esa clase de tíos.
-Mira- Joey le puso una mano delante- Necesito tiempo para pensar ¿vale?- sin mediar una palabra más, se metió en su casa.
Phoebe estaba sentada en la alfombra con Emma a su lado, sosteniendo un cuento infantil y leyéndoselo. Aunque realmente, se lo estaba inventado todo, porque no le parecía que aquel cuento estúpido tuviera moraleja alguna.
-"…y entonces, la vaquita siguió al granjero que tan amablemente le había ofrecido las lechugas hasta el granero…-Emma la miró con interés- y una vez allí…¡¡El granjero apareció con una motosierra detrás de la puerta y machacó los sesos a la vaca!! Luego hizo hamburguesas con el resto de su cadáver, y su familia fue feliz comiéndolas, mientras el ternero quedaba para siempre huerfanito, y chutándose vacaína para superarlo. Fin."- la niña comenzó a llorar, al formar en su tierna mente la imagen de la vaca con las tripas y el cerebro desparramados por el granero- ¡No, Emma, no! ¡No llores!- Phoebe abrazó a la niña- Esto está bien ¿sabes? Te enseña que no se deben comer animalitos.
Mike entró en el salón con un cuenco de cereales para la merienda de la niña.
-Phoebe, le has "leído" un cuento en el que la protagonista muere brutalmente y su hijo acaba superándolo convirtiéndose en un yonki. Creo que ningún niño aplaudiría ante eso.
-Lo siento, pero si quiero causarle un trauma tan grande que no quiera volver a comer carne jamás, tiene que ser así de duro- explicó Phoebe, acariciando el pelo dorado de la pequeña- ¡Rachel no está, así que ahora puedo corromperla para volverla vegetariana, sin ningún problema! ¡¿No es genial?!
-¿Vas a hacer lo mismo con nuestro hijo?- inquirió Mike, cogiendo una cucharada de cereales y poniéndosela delante de la boca a Emma, que ante la presencia de la merienda se había tranquilizado un poco.
-¡¡Sí!!
Mike la miró algo disgustado, entristecido.
-Pero yo como carne ¿Quieres que Wind me vea como un asesino de lindos corderitos? ¿Quieres que me vea como un monstruo?
-Ese es parte del plan: Wind te verá así, y para que no lo haga, tú dejarás de comer carne, y te harás también vegetariano. Porque si intentas que se haga omnívoro, te daré una paliza, Mike Hanigan.
-Oye, me encanta que tengas la fuerza de voluntad suficiente para no comer carne, pero yo no puedo… ¡Me encantan las brochetas de piña y ternera!
-¡¡Oh, pues…podrías sustituirlas por…piña y..- se quedó pensando- piña!!
-De hecho, nunca acabo comiéndome la piña, Phoebe.
-¿Por qué?
- Me atraganté con un trozo de piña cuando mi ex-mujer me dijo que quería el divorcio- dijo Mike algo incómodo, dándole una cuarta cucharada a Emma.
-¡Oh, qué pedazo de puta!- exclamó Phoebe.
Entonces, ocurrió.
-…Pu…ta
Aquella voz, aquella fina y delicada vocecita que había repetido el nombre de la profesión más antigua del mundo, la última palabra que había dicho Phoebe, no pertenecía ni a ella ni a Mike. El matrimonio, sintiendo un escalofrío que le recorría la espalda, giró lentamente sus cuellos para observar a Emma, que sonreía por su logro.
-Emma…Emma preciosa…-dijo Mike muy, muy despacio- ¿Qué acabas de decir? ¿Qué has dicho?
-…Pu…ta
-O sea, que no eran alucinaciones mías- dijo Phoebe, aliviada- realmente ha dicho "puta".
-¡¿Por qué estás tan tranquila?!- exclamó Mike.
-Porque no flipab…-empezó a decir Phoebe, y entonces se dio cuenta. Señaló a la niña tapándose la boca con la mano- ¡¡Madre mía, Rachel y Ross nos van a matar!! ¡¡Vamos a morir!!¡¡¡VAMOS A MORIR, MIKE!!- lo asió por los hombros y empezó a zarandearlo con fuerza, histérica- ¡¡MORIREMOS TODOS, SIN REMEDIO!! ¡¡AHHHHHHHHH!!
-¡¡Phoebe, cálmate!!
-¡No puedo! ¡¡Rachel viene dentro de poco, y cuando vea que la niña dice la palabra que empieza por "p"…!
-Pu…ta.
-¡Sí, ya sabemos cuál es, Emma!- replicó impaciente, Phoebe- ¡Cuando lo vea, me va a culpar, me tachará de irresponsable y no volverá a confiar en mí!
-Eso no pasará.
-¿Ah, no? ¿Qué eres, adivino?-preguntó inicialmente sarcástica, aunque luego le dijo con interés:- Porque oye, si lo eres, conozco una feria ambulante dónde necesitan un adivino…
-No, no soy adivino. Pero podemos sustituir la palabra por otra, repetirle mucho otra para que la diga. Una que se parezca.
-¡Ah, vale!...¡Pues…pues…Utah!
-¿Para qué iba a saber una niña el nombre de ese estado?
-¡¿Para qué iba a saber la palabra "puta"?!- contestó su mujer a su vez.
-¡Pu…ta!
-¡¡Por Dios, Emma, me estás poniendo nerviosa!!- gritó Phoebe.
Mike la calmó lo mejor que pudo, y luego fue hacia Emma, que ahora estaba repitiendo la palabra como una larga cadena "Putaputaputaputaputa…". La niña le miró con atención, sonriente.
-Bien, Emma…-le cogió la manita-¿Sabes decir "Gruta"?
-Puta.
-No, no…Gruta.
-¡Pu…ta!
-¿Y ruta?
-Putaputaputaputaputa….
Phoebe salió en su ayuda.
-¡Eh, Emma! ¿Qué tal si cantamos un poco?- se agachó junto a ella y empezó a palmear-
"En…en…¡Utah!...había una ruta…que conducía a una gruta…y no se me ocurre más…lalaralalá… "- Mike comenzó a palmear también, a ver si aquello se animaba, porque Emma no parecía muy entusiasmada con la canción de Phoebe- ¡Venga, vamos, Emma! "¡En Utah había una ruta que conducía a una gruta! ¡En Utah había una ruta que conducía a una gruta!"
-…Utah…-dijo tímidamente la niña.
-¡¡Sí, lo has hecho!!- exclamaron los dos, y se abrazaton, por haberlo conseguido tan rápidamente- ¿Qué se dice?
-¡Utah!
-¡¡SÍ!!- gritó Phoebe. Su móvil sonó y lo cogió- ¡¿Sí, dígame?! ¡Ah, hola señora Graham…! ¡¿Cómo que no puede pagarme el masaje hasta agosto?! ¡Vale, adiós!- colgó furiosamente- ¡¡Será CABRONA!!- Mike hizo un gesto de "¡¡Noooo!!" alzando los brazos como si estuviera implorando al cielo.
-¡Ca…brona…!- la palabra no tardó en resonar por todo el salón, con voz infantil.
Mike y Phoebe se miraron.
-Rachel nos matará.
-Si no lo hace Ross antes.
−¡¡Escapemos a México!!
-¡¡Buenas tardes!!- saludó Ross alegremente a su hermana, cuando está abrió la puerta de su casa, y le plantó dos besos- ¡¿Cómo está mi hermanita preferida?!
-Bien…-dijo sin mucho ánimo Mónica- Pasa.
Ross había ido a visitarla, fundamentalmente, para hablar con ella sobre el tema que prometió a Chandler que hablaría: Que no podía hacerlo todo, que tenía que darse de baja para cuidar a los niños o poner una niñera. Pero que no podía ocuparse de casa, trabajo e hijos a la vez, o iba a acabar enferma. De hecho, ya lo parecía un poco.
Ah, y también, al final de la visita, iba a decirle la gran noticia sobre Rachel y él.
-¿Y Chandler?
-Aún sigue en el trabajo, siéntate y ponte cómodo. Jack y Érica…-su voz se volvió un poco más temblorosa al pronunciar sus nombres- están dormidos, no voy a despertarlos porque Érica se pone muy gruñona. ¿Te apetece algo de beber?
-No, no, en serio…-cuánto menos trabajo para ella, mejor- vengo para hablar contigo. Ven, ponte a mi lado.
-Ohm, vaya- Mónica se sentó, haciendo una mueca de curiosidad- ¿Y bien?
-Eh…a ver por dónde empiezo…Mó-Mónica, yo soy tu hermano mayor y siempre quiero lo mejor para ti ¿entiendes?
-Sí…-ella le miró extrañada.
-Me he enterado de que…no te diste la…baja por…maternidad.
-No, no me hace falta- replicó su hermana, a la defensiva.
-¿En serio-en serio crees eso?
-¡Por favor, Ross…soy una Geller! ¿Qué clase de mujer sería si no pudiera seguir con mi trabajo?
-Ya, eso está bien. Pero es que también te ocupas de la casa y de los niños.
-Es mi obligación como madre de familia.- dijo Mónica, sonriendo incrédula como si Ross fuera tonto.
- Mónica, no puedes con todo- le dijo Ross suavemente- mírate, tienes más ojeras que la niña de The Ring, estás pálida y no m hagas hablar de cuánto has adelgazado.
-¡Sí que puedo! ¡¿Qué quieres que haga si no?!
-Podrías…dejar a los niños con una niñera, y así descansas un poco.
Ese comentario encendió la mecha de la parte hiper-sensible de Mónica. Una niñera que cuidaba a los niños. Ella no los cuidaba. Lo que significaba que pasaba menos tiempo con ellos. Cuando estos podían ser los últimos días que los tuviera. ¡¡Una niñera que le quitara el poco tiempo que le quedaba con sus pequeños!! ¡¡¿Qué le pasaba a Ross?!! Se levantó de un salto, echa una fiera.
-¡¿Quieres decir que YO pase MENOS TIEMPO con mis HIJOS?!
Obviamente, Ross no podía entender porque se había puesto así. Ni Mónica ni Chandler les habían dicho nada todavía a sus amigos, para no preocuparlos.
-¡¿Qué, qué?!- Ross se echó hacia atrás, asustado.
-¡¡Mira, Ross, vete ahora mismo!! ¡Voy a tener un ataque de ira en menos de medio minuto y sería mejor que no estuvieras aquí! ¡FUERA!
Ross al principio fue reacio, titubeando cosas sin sentido, pero viendo que su hermana empeoraba por momentos, y sabiendo lo que eran las peleas físicas con Mónica, salió de la casa y llamó a Chandler inmediatamente.
-¡Tío, tu mujer está loca!- exclamó en cuánto el otro descolgó.
-¿Qué, perdona? Oye, Ross, creo que me has confundido con Kevin Federline.
-¡Chandler, hablo-hablo en serio! ¡He ido a hablar con Mónica sobre lo que me pediste, y…y ha empezado a gritarme histérica, casi le salían chispas de los ojos! ¡¡Parecía que quisiera matarme!!
-¿Pusiste los pies sobre la mesa?
-¡¡No!! ¡No soy un suicida! ¡Sólo…sólo le dije…que se diera la baja!
-¿Solamente eso?
-…Bueno…y que a lo mejor debía dejar a Jack y Érica… con una niñera.
Chandler se puso una mano en la cara y la dejó resbalar hasta la barbilla.
-Has dicho justamente lo único que no tenías que decir.
-¿Qué? ¿Po-por qué? Rachel y yo contratábamos a… niñeras para Emma, no tiene nada de malo.
-Ya lo sé…-Chandler suspiró. Habían decidido no contar nada hasta que no fuera absolutamente necesario, para no entristecer a ninguno. Pero tenía que hacerlo, tarde o temprano.- Ross…
-¿Sí?
-¿Te acuerdas de que Érica llamó cuando hicimos el torneo de comba, y que Mónica parecía preocupada? Por cierto- sonrió al recordarlo- yo gané.
-Te dejé ganar- replicó Ross.
.Lo que tú digas. Bueno ¿quieres saber por qué Mónica se puso así?
-Sí…
Chandler tomó un poco de aire, el nudo volvió a formársele en la garganta, como siempre que aquello le venía de nuevo a la mente.
-Érica quiere quitarnos a los niños. Y hoy…justo hoy, nos ha llegado una citación para el juzgado.
