Hola de nuevo,
Buaaaaaaaaaaaaaa no estoy recibiendo reviews! T-T q triste situación.
Espero que pronto los reciba, porque parece que no ha sido interesante la historia, aunque a mí me parezca que sí T-T
En fin... a ver qué sucede más adelante.
Me dirigí al consultorio, abrí las ventanas para que el aire entrara, debía aclarar mi mente aunque el recuerdo de ese sueño me hacía sentir bien y mal al mismo tiempo. Decidí que lo mejor, era tomar un baño con agua fresca para poder atender a los pacientes que tuviera. Fui a mi habitación y llené la tina, estaba completamente desnudo y entré al agua, yo estaba más frío ya que la sentí ligeramente tibia, no demoré mucho, la temperatura del agua fue la culpable, así que salí de la tina y me puse la ropa. Llegué al consultorio en una milésima de segundo.
Hubo actividad a los pocos minutos de mi llegada, una mujer con su pequeño hijo en brazos llegó llorando. El niño se veía deshidratado y tuve que aplicarle suero, estando más tranquila la mujer, le di indicaciones sobre los medicamentos que podía tomar el niño y de cómo darle el suero que era parte de la medicina que había puesto en la receta. Se veía más serena cuando dejó el consultorio. Un poco más tarde llegó una pareja con una niña ardiendo en fiebre, las compresas de agua ayudaron a bajarle la temperatura. Les recomendé que fueran a un hospital ya que la alta temperatura podía ocasionar daños cerebrales o hacer daño a uno o varios órganos.
Saqué los apuntes donde llevaba el estudio de Esme, debía volver a revisarla y sobretodo después de lo que había sucedido ese día. Ya eran casi las once cuando tocaron a la puerta, era Margaret. No entendía por qué estaba ahí después de nuestra última charla. Le abrí la puerta y me sorprendí lo que vi.
-Carlisle! – Se lanzó sobre mí y me abrazó, sollozaba. – Esto es horrible!
-Pero qué te ha sucedido? – La separé de mí para verle el gran hematoma del rostro. – Déjame revisarte. – Cerré la puerta y la senté en la silla que estaba frente a mi escritorio. – Por todos los cielos Margaret, cómo es que tienes este golpe? – Nunca había visto a una mujer golpeada, era la primera vez, era inconcebible que alguien pudiera lastimar a otra persona y mucho menos a una mujer, sentí enojo.
-Ha sido ella, es una salvaje y poco civilizada Carlisle, no deberías de tenerla aquí.
Estaba extrañado por lo que comentaba Margaret, quizás se refería a…
-Acaso te estás refiriendo a… - Tragué saliva. - …Esme? – Esperaba que estuviera mintiendo.
-Por supuesto que ha sido ella, irrumpió la casa de Katherine y me golpeó sin piedad, ellas son testigos.
No podía creer lo que escuchaba pero sus ojos no parecían mentir. No encontraba ninguna razón para que Esme hiciera tal cosa, a menos que…
-Margaret es increíble lo que dices, sabes la razón del por qué lo hizo?
Desvió la miraba y dudó en contestar.
-Mmmm… ella me acusa de algo que no es verdad. Pero aquí el punto importante es lo que me hizo. No la he denunciado sólo porque podrías verte afectado al estar ella aquí.
Miraba la rabia en sus ojos, era creíble que quisiera hacer pagar a Esme. Margaret miró hacia mi escritorio, los estudios de Esme seguían ahí, los iba a guardar pero escuché pasos que se dirigían hacia la puerta que daba hacia la casa, había despertado pronto y Margaret estaba ahí.
– Carlisle… tienes una loca en casa.
La puerta se abrió de golpe, ambos miramos a Esme; por un segundo mantuvo su color normal, pero comenzó a ponerse roja, se estaba alterando.
-Esme, no deberías estar de pie.
Me acerqué a ella pero no me miró, no le despegaba la vista a Margaret.
-Ha venido a ofrecer disculpas a Carlisle, Edward y a mí? – Cada vez estaba más colorada, probablemente tendría otra baja de presión.
-Esme cálmate. – Tomé su rostro con ambas manos y la obligué a mirarme, el perder contacto visual con Margaret no la seguiría alterando. – Creo que debes irte Margaret. – No dejé de mirar a Esme, parecía funcionar el contacto visual entre ambos.
-Esto no se va a quedar así Carlisle. – Margaret azotó la puerta al salir.
Esme retomó su color y sus latidos disminuyeron, todo volvió a la normalidad.
-Gracias, ya estoy mejor. – Tomó mis manos y las bajó, la manera en que lo había hecho pareció un poco fría, quizás era idea mía.
Quise revisar que todo estuviera bien.
-Antes de hablar, me gustaría revisarte nuevamente y revisar al bebé. – Tomé el estetoscopio, sería un chequeo rápido. – No necesitas ponerte la bata, sólo necesitaré que abras un poco tu blusa. – No sabía si la proposición era buena idea o no.
-Bien. – Ella lo tomó con calma, se sentó en la camilla y desabotonó la blusa lo suficiente para descubrir su estómago, lo mismo hizo con su falda para poder revisar su vientre. Me di cuenta que cerró los ojos, comencé el chequeo sin prestar atención, pero conforme avanzaba la sentía más incómoda o tensa además de mantener los ojos cerrados.
-Estás bien?
Abrió los ojos pero desvió la mirada.
-Sí, estoy bien. Continúa.
Su respuesta había sido seca no parecía reconocerla, al parecer sí estaba a disgusto junto a mí. Continué la revisión para demorar lo menos posible, no me gustaba verla con esa actitud, no parecía la dulce Esme que había conocido, esto me hizo recordar que no sentía nada por mí.
-Terminamos. El ritmo cardiaco del bebé es normal. – Guardé el estetoscopio. Quería dejarla ir, no sin antes hablar de Margaret. – Margaret me ha dicho que has sido tú quién la ha agredido. – Me senté en mi silla y la miré, ella desvió la mirada. – Ha sido por ese rumor? – Me puse serio al entender su reacción.
-Lo siento tanto Carlisle, por mi culpa estás en boca de todos.
Miré la cara de arrepentimiento cuando se acercó al escritorio.
– Pero sobre todo esa mujer, ella fue quién creó ese rumor. – Se sentó frente a mí.
Me costaba mucho trabajo que hubiera hecho algo así, la verdad no esperaba que tuviera un comportamiento como ese.
-Es por eso que la agrediste? – Me apoyé en el escritorio para verla más de cerca. Definitivamente no la conocía, quizás habían otras cosas que no sabía de ella. Me sentí molesto.
-No lo pude evitar, me contuve hasta el límite pero, me insultó y a ustedes también.
Por un momento dudé, acaso ella estaba tratando de defendernos?
-Esme, no podemos agredir a todo aquel que nos insulte o provoque. No se soluciona nada con la violencia. – Quería que entendiera eso muy bien, odiaba la violencia.
-Es la primera vez que agredo a alguien, aun así, se lo merecía y no me arrepiento de eso. Espero que ahora desmienta ese rumor.
Todo era culpa de ese rumor, si era verdad que Margaret había sido la que lo inventó, estaba causando muchos problemas hacia Esme, lo que digan de mí no me interesaba.
-No me interesa. Ahora lo importante es tu salud y la del bebé, se te bajó la presión, al parecer no tenía mucho que te desmayaste cuando llegamos. Quizás hubiera habido complicaciones si hubiera sido en el día. – Masajeé mis sienes, no quería imaginar lo que hubiera pasado. – Esme, debes cuidarte para que el bebé vaya bien. No debes hacer coraje o tener emociones fuertes. – Caminé hacia ella y me detuve a unos centímetros de donde estaba, se había puesto de pie. – Prométeme que te cuidarás y que no usarás la violencia, suceda lo que suceda. – La miré fijamente, quería que realmente entendiera que la violencia no iba con nadie y mucho menos con ella.
-Lo… lo haré.
Me alegré que aceptara.
-Muchas gracias. – La abracé sin pensarlo, ella se puso tensa, la iba a soltar pero pronto se relajó, tal vez no tenía opción, esos arranques debía controlarlos. A pesar de todo tuve oportunidad de sentir cada parte de su cuerpo que tocaba el mío, había ropa de por medio pero aún así, pude sentirla hasta que ella se separó, ahora estaba completamente seguro de que la había incomodado.
-Carlisle, lo del rumor… - Eso de los rumores era algo que también tenía que aclararle.
-Debes olvidarlo, no es la primera vez que se escuchan rumores sobre nosotros. Nos tienen sin cuidado. – Sonreí ligeramente, me importaba otra cosa en este momento. – Lo que nos preocupa ahora es tu salud, no queremos tener un aborto o complicación con el embarazo.
Abrió los ojos como platos, se llevó las manos al vientre, eso la había asustado.
– Ahora, olvida este incidente. Ve a descansar.
-Te veré después. – Salió prácticamente corriendo, tal vez ya no estaba cómoda como al principio, quizás se iría muy pronto, lo cual me causó un gran dolor en el pecho.
Permanecí en el consultorio hasta la madrugada y después me dirigí a la clínica. Nuevamente llegué antes de mi turno, había aguantado mucho estar en la casa con ella ahí, aún me dolía el pecho.
-Doctor Cullen… - Marie nuevamente me recibió, estaba extrañada. – Otra vez llegando temprano. – Se acercó a mí. – Disculpe que me entrometa, pero trae un cara deplorable. Le sucede algo?
No sabía que se me notara tanto mi dolor.
-Marie… - No sabía qué decirle.
-Ya veo… sólo puedo decirle una cosa, nunca pierda las esperanzas, no importa que todo parezca negro y sin salida, todo saldrá bien, se lo puedo asegurar. – Sonrió cariñosamente.
-Muchas gracias Marie. – Me sentí un poco mejor por sus palabras. Me alejé y me dirigí hacia los consultorios.
Todo el día me dediqué a revisar a la gente quemada del día anterior. Eran demasiados que no tuve oportunidad de atender a otros pacientes que no fueran ellos. Todo ese movimiento me hizo mantener la mente ocupada, mi trabajo era terapéutico y amaba lo que hacía, todo eso ayudaba a mantenerme en pie. Era mi refugio para no sentirme desamparado ante todo lo que estaba pasando.
Terminé y me dirigí a casa no sin antes ir a cazar, Edward llegaría por su lado ya que se había llevado el otro coche. Cacé unos cuantos siervos y mapaches. Más tarde llegué a la casa, el sol ya se había ocultado pero todavía estaba claro el cielo. Edward ya había llegado. Entré y lo vi sentado en el sofá, parecía enojado.
-Qué sucede? – Me acerqué a él y me senté a un lado.
-Ella no está en casa y me siento algo preocupado. – Se pasó la mano por el pelo.
-Quizás se demoró en lo que está haciendo. Cuánto tiempo llevas aquí? Cinco minutos?. – No debía demorar, aún era temprano.
-Llevo una hora.
Me sentí intranquilo por la respuesta.
-Crees que sería exagerado salir a buscarla? Me has contagiado tu preocupación, no quiero perderla por medio de un desastre. – Me puse de pie, los nervios salieron a flote, ahora era yo quien estaba totalmente preocupado, iba y venía frente a Edward. – Quizás podamos buscarla sin necesidad de la policía, podríamos rastrearla a través de su aroma y tu don nos podría ayudar. Leyendo la mente de otros podríamos llegar hasta ella.
-Cierto. Iríamos a pie, esas carcachas no nos ayudarían aunque pueden servir para guardar apariencias. – Él también se puso de pie. – Cuánto tiempo más le damos de tolerancia?
-Quizás no deberíamos esperar más. – Lo miré a los ojos.
-Carlisle, vamos a darle diez minutos. Después de eso nos marcharemos.
Dudé unos segundos pero al final suspiré y asentí.
Los minutos no parecían avanzar con la rapidez que debían, iba y venía ahora por toda la casa, horribles imágenes pasaban por mi cabeza, incluso unas eran muy tontas, cosas que muy probablemente no pasarían.
-Carlisle me estás volviendo loco con todo lo que estás pensando. – Me gritó Edward desde abajo, me encontraba frente a la cruz que había mandado a mantenimiento. Rezaba de pie, pedía que estuviera bien, esperaba que mis ruegos fueran escuchados y ella llegara sana y salva.
-Lo lamento Edward, no lo puedo controlar. Esas imágenes son involuntarias. – Giré para verlo.
De un salto se puso de pie.
-Qué sucede?. - Llegué frente a él.
-Es ella, está aquí. – Su rostro era duro. Parecía un padre enojado.
Yo suspiré aliviado, parecía que me había quitado toneladas de peso de encima.
-Por favor no la regañes. Ahora pensando claramente, ella puede estar o no en la casa, no estaba prisionera ahí.
Edward seguía enojado, pero cambió su actitud, entendió lo que le había dicho. Se sentó y yo hice lo mismo.
No demoró y apareció por la puerta. Estaba apenada.
-Lo siento, no me percaté de la hora. – Dio unos pasos y se detuvo.
-Iré a practicar con el piano. – Edward se levantó y entró al cuarto de música.
-Estábamos preocupados por ti. – Me acerqué a ella, quería abrazarla y no soltarla, pero no podía. – Me alegra que estés bien. – Sonreí ligeramente.
-Carlisle, realmente lo lamento.
Edward comenzó a tocar, era algo que no había escuchado antes.
– Está enojado? – Me miró y después hacia la habitación.
-Un poco, recuerda que es sobre protector. – Encogí los hombros.
Si supiera cómo estaba yo minutos antes…
-Iré a hablar con él. – Quiso avanzar pero la tomé del brazo, no era buena idea que hablara con Edward, quizás él no se resistiría y la regañaría.
-Déjalo, la música lo ayudará a tranquilizarse. – La solté, recordé que debía sentir mi mano fría. – Parece que estuviste ocupada, de lo contrario, no te hubieras retrasado. – Cambié el tema, la verdad es que tenía curiosidad de saber lo que había hecho.
La música se detuvo abruptamente, esa reacción de Edward me extrañó. Había visto Edward algo en la mente de Esme?
-Sí, compré todos los muebles para la habitación del piano.
La música se reanudó, quizás yo todavía estaba paranoico y pensaba cosas que no eran.
– Por cierto, esa cruz llegó en la mañana.
-Quedó lista antes de tiempo, olvidé comentarte. – Sólo habían tardado tres semanas, debía darle un incentivo al artesano. – Espero que no hayas tenido problemas para recibirla. – La miré fijamente, quizás era momento de quitarme la duda tan grande que tenía.
-No hubo problema. – Su ritmó cardiaco se aceleró.
-Esme, aún estás a gusto con nosotros?
Estaba extrañada por la pregunta. Recordé el momento cuando la revisé y sus reacciones.
-Me gusta estar aquí. Por qué lo preguntas? Ustedes han sido lo mejor que me ha pasado en la vida. Nunca dudes eso.
No me esperaba esa respuesta y su mirada me aseguraba que no estaba mintiendo.
-Pienso lo mismo. Has cambiado mi vida… - Decidí cambiar la frase, era muy comprometedora para mí. – y la de Edward también. Te preguntaba porque has estado un poco… distante. Pero ahora estoy tranquilo. – Le sonreí para que evitar que ella se preocupara.
-Ustedes son mi familia, estaré aquí mientras ustedes lo deseen.
Tampoco me esperaba que dijera eso, sentí una alegría desbordante en todo el cuerpo. Nunca la dejaría ir, nunca.
-Entonces no habrá problema. – sonreí ampliamente y tomé su mano para cruzarla en mi brazo. – Daremos un paseo por el jardín, tienes algún plan para la siguiente semana?
Ella estaba un poco sorprendida por lo que hice.
-Sí, tengo algunos planes.
Salimos al jardín, podía ver perfectamente el camino, la luna bañaba el rostro de Esme el cual brillaba tenuemente. Me contó sobre una amiga que había hecho, Katherine Ryan. Ella y su esposo eran dueños de un bufete de abogados y no tuve problemas para convencerlos de hacer aportaciones a la universidad. Al parecer ella remodelaría el bufete, me alegraba que hubiera encontrado una actividad fuera de la casa, me imaginaba que debía aburrirse sola. Se me ocurrió una idea para olvidar el incidente de ese día.
-Te gustaría ir al teatro mañana por la noche?
Era tarde para ir ese mismo día pero podíamos hacerlo al día siguiente.
-Teatro? Me parece buena idea, nunca he ido.
Sentí satisfacción al saber que sería la primera vez para ella, viviría esta experiencia conmigo, más bien, con nosotros.
-Le diré a Edward que saldremos los tres mañana. – Estaba seguro que me había escuchado. – Creo que ahora se encuentra una comedia en cartelera. – Traté de recordar el título pero no lo logré.
-Creo que para esta ocasión sí tengo algo qué ponerme. – Se quedó pensativa.
-Sabes que puedes comprar lo que desees. No te detengas por ese tipo de detalles. – No me importaba que gastara una fortuna en ella.
-Lo sé pero aún me cuesta trabajo. Entremos, parece que Edward ya no está tocando. – No me había dado cuenta que habíamos llegado a la entrada de la casa. Ella entró y yo le seguí, seguía pensando en Edward, fue algo muy extraño, pero sentí un poco de celos.
-La canción que tocabas hace un momento, de quién es? – Se acercó a Edward quien estaba en el sillón.
-Mía. Aún no la termino, era sólo la entrada. – Seguía serio.
-Disculpa por la tontería de hace un momento Edward, no sé cómo pasó. - Era tonto sentir celos de Edward, por eso me había disculpado.
-Vaya, no sabía que podías componer, se escuchaba muy bien. – Se sentó a su lado y para mi sorpresa, le dio un beso en la mejilla, Edward estaba igual que yo. – Vamos Edward, dejar de estar enojado.
Nuevamente sentí celos y también envidia. Me desconocía completamente.
-Realmente estábamos muy preocupados por ti. Cinco minutos más y habríamos salido a buscarte. – Edward me miró, esperando a que dijera algo.
-"Las noticias malas siempre vuelan" Si algo hubiera ocurrido, se hubieran enterado rápidamente. Siempre rezo por ustedes y por mí. Espero que nunca suceda algo. – Me pareció dulce que ella rezara por nosotros, sobre todo porque éramos casi indestructibles. Edward pareció estar más calmado, yo también lo estaría después de ese beso.
-Quieres dar una vuelta en el coche? – Edward le sonrió. Quería llevarla fuera de la casa, quizás debía aprovechar para examinar lo que me acababa de suceder.
-Te demostraré que ahora manejo mucho mejor, dame la llave. – Le hizo un ademán para que le entregara la llave, Edward fue por ella y se la dio.
-Edward, mañana iremos al teatro, espero que no tengas planes. Quisiera que fuéramos los tres para olvidar lo de hoy.
-Excelente, hace mucho tiempo que no asistimos. – Miró a Esme y la ayudó a levantarse del sillón. – Lista?
-Lista. – Se dirigieron a la puerta.
-Estaré en el consultorio. – Ambos asintieron y se marcharon.
Me sentí muy avergonzado por los celos que había tenido, era lo más extraño que había sentido y más por ser Edward el que se había envuelto en eso sin querer. No podría verlo a la cara después de esto, le pediría perdón pero seguiría sintiendo vergüenza.
Estuve en el consultorio tratando de pensar la manera en que me disculparía, escuché que llegaron y me preparé. Escuché a Esme entrar a la casa, se detuvo un momento en las escaleras y después subió. Momentos después Edward abría la puerta del consultorio.
-Relájate Carlisle. – Sonrió para tranquilizarme. – Debo confesarte que me sorprende que tuvieras celos de mí, pero creo comprenderte, la amas y es natural. – Se sentó frente a mí, parecía estar sereno.
-Aún así no debió ocurrir, eres como un hermano para mí. Eres mi única familia. – Lo miré fijamente.
-Ahora ella también es de la familia, aunque no sea de la misma naturaleza que nosotros. – Tenía razón. – Sé que ella no tiene el mismo trato contigo, pero tiene sus razones. Tiene sentimientos hacia ti que son diferentes a los que siente hacia mí. – Eso era evidente, parecía tener más confianza con Edward que conmigo.
-Agradezco el cariño que le das y que yo no le puedo ofrecer. Trataré de evitar los celos absurdos. Pero trata de estar con ella lo más que puedas. - Le supliqué con la mirada.
-Claro. Es como una hermana para mí y la cuidaré cuanto pueda. – Sonrió ampliamente. Se puso de pie, ya debía irse. -Mañana pasaré por lo boletos del teatro.
-Bien, te veré más tarde para ir a la universidad. – Asintió y se fue.
Esa noche no hubo gente por atender. Regresó a mí el deseo de abrir una clínica para poder atender con más formalidad a las personas, pero eso nos podría traer complicaciones con nuestro pequeño secreto. Debía conformarme con el pequeño consultorio que tenía.
Edward llegó a la misma hora de siempre, nos dirigimos a la universidad con el silencio habitual que estaba presente durante el viaje de todos los días. Llegamos al campus y nos quedamos en el área de maestros. Charlamos sobre sus avances en controlar su sed frente a su grupo de clase y personas de rededor. Esme le había ayudado en gran medida. Me daba gusto por ambos, él por su autocontrol y ella porque contribuía con su presencia para ayudarnos.
Di mis clases con normalidad, no había visto a Louis en ninguno de los pasillos, no sabía si estaba esperando el momento para hablar conmigo o si simplemente no era el destino encontrarnos ese día. Continué con mis clases y ya para dirigirme a la última clase, me interceptó la secretaria del decano. Una mujer de 65 años, de complexión delgada y lentes negros.
-Profesor Cullen, el decano quiere hablar con usted, pase a la oficina central al final de esta clase. – Jane esperó mi respuesta.
-Claro, acaso sabe el asunto que trataré con él? – Era la segunda vez que hablaba con él en tan poco tiempo, tenía la esperanza que no tuviera que ver con el baile.
-No profesor Cullen, lo lamento. – Encogió los hombros.
-No se preocupe. La veré en la oficina del decano. – Los alumnos ya habían entrado al salón. Jane se retiró y yo entré al aula. La clase fue normal, traté de no pensar en lo que quería hablar el decano. Sonó el timbre para indicar el fin de la clase y del día.
Esperé a Edward y le comenté sobre la reunión con el decano, prefirió esperarme afuera de la oficina.
-Hola Jane. – La secretaria me sonrió, hizo un ademán para que entrara, me detuve frente a ella antes de entrar. – Jane, sabe si la profesora Anderson asistió a la universidad? – Jane desvió la mirada, esa reacción no me gustó.
-El decano le informará de eso. – Sonrió forzadamente y volvió a indicarme la puerta.
-Gracias. – Le sonreí amablemente y entré a la oficina, el decano tenía recargados los codos sobre los descansa brazos y tenía ambas manos juntas, como si estuviera rezando, me miró serio.
-Carlisle, siéntese por favor. – Me indicó el sillón que había frente a su escritorio.
-Buenas tardes decano. – Tomé asiento y esperé a que comenzara a hablar.
-Carlisle, he recibido llamadas el día de hoy de dos de los patrocinadores, pidiendo retirar sus donaciones. – Me asombré de lo que acababa de decir, él permanecía serio. – Al parecer a causa de un rumor que se desató en el baile. – Me miró fijamente. - Sabe usted a qué rumor se refieren?
-Tiene relación conmigo ese rumor? – Pensé en Louis y en Esme, con ambas se habían generado rumores.
-Me temo que sí Carlisle. Como le mencioné la semana pasada, tengo que velar por la reputación de la universidad la cual se está viendo afectada y debo tomar cartas en el asunto. – Se inclinó hacia el escritorio y enfatizó la última parte de la oración. – Sabemos que gracias a usted conseguimos a todos los patrocinadores, pero no puedo permitir que sus amoríos indecentes destruyan este proyecto.
Me puse de pie.
-Aquí hay un malentendido y si no lo solucionamos, realmente puede perjudicar a gente inocente y a la universidad. – Ahora era yo quien estaba serio.
-Si cree poder solucionarlo sin que la universidad se vea afectada, adelante. Le daré sólo esta semana, después, considere dejar la universidad. – Se puso de pie y se acercó a mí. – Por cierto, su amiga la profesora Anderson, fue suspendida esta semana por su comportamiento inapropiado en la fiesta. Fui muy considerado con ella, otra persona la hubiera despedido inmediatamente. – Hablaba muy pedante, yo estaba incómodo y quería salir de ahí.
-Solucionaré el malentendido y en cuanto a Louis, gracias por no despedirla. Me retiro. – Me acerqué a la puerta.
-Que tenga buen día Carlisle. – Eso me pareció una burla, sin embargo no caí en el juego.
-Igualmente decano. – Volteé para dirigirle una sonrisa. Salí de la oficina y me acerqué a Jane. – Jane, necesito que se comunique con los patrocinadores que han hablado hoy y programe una reunión lo más pronto posible. – Utilicé el tono amable para persuadirla y me aproximé a ella.
-Eh…? – Tragó saliva y se puso nerviosa. – Esto… esto lo sabe el decano? – Una fina capa de sudor apareció en su frente.
-Por supuesto, me ha encargado solucionar un malentendido con los patrocinadores. – Sonreí lo mejor que pude y mantuve una actitud calmada. Fue difícil considerando todo lo que estaba sucediendo. – Entonces, me puede hacer ese favor? – Me acerqué un poco más a ella.
-Ah… s… sí claro profesor. Algún… le gustaría algún día en especial? – Se acomodó los lentes.
-Si es posible, mañana mismo.
-Es… demasiado pronto… para mañana. Déjeme ver lo que puedo, lo que puedo hacer. – Tomó el teléfono al revés. Al darse cuenta, sonrió y lo acomodó correctamente. Mientras marcaba, le susurré un "gracias" para no interrumpirla. Se comunicó con el primero después de tanto esperar. – Licenciado Eastvold buenos días, hablo de parte del decano Moore para programar una cita lo más pronto posible con usted. – Esperó un segundo la respuesta del otro lado. - Sí, exactamente. Jueves? – Jane me miró y negó con la cabeza. – Podría darme un segundo? Gracias licenciado. – Puso la mano sobre la bocina. – Puede el día jueves profesor. – Puso cara de amargura. No tenía opción.
-Dígale que será el jueves a las 3 pm.
Era mucho tiempo y probablemente los otros patrocinadores también hablarían. Debía hablar con todos ellos al mismo tiempo.
-Licenciado Eastvold, el jueves está perfecto. La hora sería a las 3 de la tarde. Mil gracias por su atención, que tenga buen día. – Colgó y llamó al siguiente patrocinador, le dijo el mismo día y la hora. – Listo profesor Cullen. – Ella sonrió coquetamente. – Le puedo ayudar en algo más?
-Así es. Necesito que cite a todo aquel patrocinador que llame para ese día y hora. – Nuevamente le sonreí. No me gustaba persuadir a la gente, pero ahora era muy necesario.
-Seguro profesor Cullen. – Suspiró.
Me acerqué y le toqué la barbilla, esperaba que no sufriera un ataque.
-Gracias Jane, es un sol. – La solté y me dirigí a la puerta. – Vendré el miércoles para saber cuántos patrocinadores citó, esperemos que no sean muchos.
La pobre estaba hiperventilando.
-Sí… si claro, aquí le espero.
Salí de la oficina. Edward se acercó a mí.
-No puedo creer todo lo que está sucediendo y todo por culpa de ella. – Edward gruñó por lo bajo.
-Quién es ella Edward? Quién generó todo esto? – Quería saber el nombre de la persona que había generado el rumor.
-Margaret Stevens. – Edward me miró fijamente, no mentía. – No tiene caso decirte exactamente lo que dijo, pero ahora estamos viendo las consecuencias. Me alegra saber que Esme le dio su merecido.
-No vuelvas a decir eso. Ella no debió usar la violencia, además, no consiguió nada. El problema que se generó aún persiste, fue algo inútil lo que hizo. – Lo tomé del brazo, él sólo desvió la mirada. – Vámonos. Debemos tomar aire para tranquilizarnos.
Él asintió.
Salimos de la universidad y fuimos al bosque, cacé con el instinto ya que mi mente estaba en otro lugar. Debía hablar con Margaret, realmente no le había creído cuando me dijo ese día que pagaría el desaire que le había hecho, lo peor era que no sólo me afectaba a mí, sino a Esme también. Decidí que hablaría con ella al día siguiente, ya que ese día teníamos la ida al teatro. No había nada que pudiera hacer antes del jueves, sólo me quedaba esperar.
Nos dirigimos a la casa más calmados, veía los escaparates y las casas de alrededor, íbamos por lo boletos cuando pasamos por la joyería donde había comprado el collar y aretes.
-Detente aquí por favor. Quiero comprar algo para Esme.
Se detuvo y bajé.
– Recoge los boletos y regresas por mí.
-De acuerdo. – Arrancó el coche y se marchó.
Entré a la joyería y estaba la misma chica. Me reconoció de inmediato y sonrió ampliamente.
-Buenas tardes caballero. Le gustó el collar y aretes a su esposa? – Esa era una pregunta para obtener información.
-Le encantaron. Ahora he venido por una pulsera o aretes. – No quise discutir mi estado civil con ella, así que le di por su lado, no le agradó mi respuesta ya que su rostro reflejó un poco de tristeza.
-Claro. Permítame mostrarle lo que nos acaba de llegar. – Sacó diferentes joyas de diferentes escaparates y las puso frente a mí. Noté unos aretes de diamantes de forma redonda que destacaban sobre los demás.
-Me llevaré estos. – Los tomé y se los mostré, estaba sacando otros aretes pero los volvió a acomodar en su lugar.
-Claro. Quiere saber más a detalle sobre ellos? – Se acercó y comenzó a retirar los otros estuches.
-No, tengo prisa. – Nuevamente saqué la chequera e hice el cheque. – Me puede decir la cantidad?
-Deme un segundo. Es una joya reciente y no tengo a la mano el precio. – Se dirigió hacia un rincón y sacó una libreta y buscó en varias hojas hasta encontrar lo que buscaba. – El precio es de 3,546 dólares.
-Gracias. – Anoté la cantidad y firmé el cheque. Se lo di y lo verificó.
-Quiere que se lo envuelva? – Quiso tomar el estuche pero me adelanté y lo guardé en el bolsillo.
-No es necesario. Así me los llevaré. Que tenga una buena tarde. – Le sonreí y salí del lugar.
Edward sólo demoró 10 minutos y apareció.
-Espero que le gusten los aretes que compré para ella. - Visualicé los aretes para que los viera Edward.
-Crees que sea buena idea? al parecer no está acostumbrada a recibir este tipo de presentes.
-Bueno, ahora veremos cómo reacciona.
Nos dirigimos a la casa, ya nos habíamos retrasado un poco y ella ya debía estar esperando.
Edward estacionó el auto y nos dirigimos a la puerta.
-Ya está lista. – Sonrió ampliamente.
Nos apresuramos a entrar, al parecer ella quería recibirnos pero nos adelantamos.
-Hola a los dos. Dense prisa o llegaremos tarde.
Ambos sonreíamos, estaba divina y se iba a ver mucho mejor con los aretes.
-Nuevamente te ves hermosa. – Me acerqué y saqué el estuche con los aretes. – Me gustaría que usaras esto. – Tomé su mano y los deposité en ella. – En el camino los vi y decidí comprarlos.
Abrió la caja con lentitud, la cara que puso fue similar a la vez anterior del collar.
-Diamantes! No, no. No puedo aceptarlo. No puedo estar recibiendo regalos cada vez que salimos a algún lugar. – Cerró la caja y la dejó en la mesa de centro.
No creí que llegara a rechazarlos, Edward tenía razón.
-No te agradaron? – Tomé la caja y la admiré para encontrarle algún defecto.
-Los aretes son divinos pero repito, no pueden estar haciendo esto todo el tiempo.
Quería romperlos, la verdad había sido una tontería haberlos comprado.
-Esta vez, yo no tuve nada que ver. – Edward se negó, la próxima vez debía seguir sus consejos.
-Los aceptarías si te digo que es el último presente que recibirás? – Sería lo último que le daría.
-Los aceptaré Carlisle. – Tomó los aretes y se los puso.
Su reacción la había sentido como una obligación, no quería que se sintiera así.
– Cómo lucen? – Giró la cabeza hacia ambos lados para que viera los aretes.
-Tomaron una increíble belleza cuando te los pusiste.
Se le veían estupendos.
-Gracias otra vez. Este será el último obsequio que recibiré.
Ambos nos miramos, era muy determinada su mirada, realmente no quería volver a recibir nada de mí, lo había entendido perfectamente.
-Iré a cambiarme, no podemos retrasarnos más. – Edward subió aprisa las escaleras.
Le seguí en automático.
Tomé un baño y me vestí, desperdicié tiempo para que no fuera a extrañarse. Edward hizo lo mismo, vino a mi cuarto cuando estuvo listo.
-Lamento el comentario de hace un momento. Ella no te está despreciando Carlisle.
Miraba el atardecer. No quise prestarle atención.
-No quiero que trates de arreglar esto. No hay problema, le dije que sería el último regalo que recibiría y así será. – Lo miré de reojo.
Edward ya no dijo nada, así nos quedamos varios minutos en silencio.
-Debemos irnos, ella nos espera. – Edward abrió la puerta y salió.
Yo había perdido el interés por la obra, pero no podía faltar a mi palabra de llevarla, así que también salí de la habitación.
Bajamos y ella se aproximó a la puerta, hizo una pequeña mueca al mirar su vestido disimuladamente. Al parecer no estaba a gusto con su vestimenta. Nos reunimos en la puerta y salimos al garaje.
-Yo conduciré en esta ocasión. - No esperé a que Edward estuviera de acuerdo; subí del lado del piloto y esperé a que ellos subieran.
Edward ayudó a Esme a subir del lado del copiloto, la verdad no me esperaba que ella fuera adelante y él atrás.
Por fin llegamos al teatro, esperé a que ambos bajaran para llevar el carro a estacionar.
-En un momento estoy con ustedes. – Miré por un instante a Esme y arranqué. Di vueltas en varias ocasiones intentando con desgana el encontrar algún cajón para estacionarme, para mi poca suerte, un coche salía en ese momento y no tuve opción más que tomar el lugar de ese auto. Bajé y caminé con lentitud, sentía que me iba a desmoronar.
Entré al teatro y subí al palco que siempre usábamos, antes de entrar, tomé aire varias veces. Ya se encontraban sentados. Ella estaría en medio de Edward y yo, me acerqué y vi su mano recargada en el descansa brazos de mi lugar.
-Ya va a empezar.
Ambos nos miramos mientras me sentaba y tomé su mano. No estaba seguro de estar haciendo lo correcto, pero a ella no le pareció algo molesto. Aún así no quise aprovechar y la solté.
La obra comenzó e inmediatamente comenzaron las escenas divertidas, los tres nos reíamos aunque Esme parecía divertirse más que nosotros, ella no se daba cuenta, pero ambos la veíamos. Llegó un momento en que se carcajeó tanto que sintió pena y quiso disimular un poco al poner una mano sobre la boca.
-Creo que le dio un ataque. – Edward estaba divertido, yo estaba muy contento de verla en ese estado, se veía tan dulce que podía quedarme horas viéndola así.
-Déjala, parece que se está divirtiendo.
Logró controlar un poco la risa.
-Lo siento, pero estuvo tan cómico que no pude contenerme. - Guardó compostura.
Comenzó el segundo acto. Las escenas comenzaron a dar un giro diferente, todo era dramatismo. Miré a Esme de reojo y noté que estaba completamente inmersa en la obra, tanto que hacía muchas expresiones. Cuando hirieron al protagonista, ella saltó de su asiento.
-No! – Ella comenzó a llorar.
No sabía qué hacer, quizás era mejor salir, nunca la había visto llorar y era frustrante.
-Hum… Esme… - Edward quiso traerla a la realidad. - Es sólo una obra. – Me miró esperando que dijera algo.
-Esto es tan triste, ya me imagino lo que ella debe estar sintiendo. – Continuó llorando, extrañamente sentí dulzura ante el comentario que había hecho. Las lágrimas no se detenían, estaba dispuesto a salir inmediatamente si ella me lo pedía.
-Podemos irnos si te hace sentir mal. – Saqué el pañuelo que traía en el bolsillo, limpié sus lágrimas delicadamente. – No me agrada verte sufrir.
Nunca permitiría que ella sufriera, haría todo lo que estuviera en mis manos para evitarlo.
-No se preocupen, él vivirá.
Ambos miramos a Edward.
-Qué? Cómo lo sabes? – Ella se acercó a él, noté en la mirada de Edward que había sido un descuido de parte de él decir eso, no habíamos visto esa obra con anterioridad.
-Bueno… he leído la obra. Tenía que decirte, de lo contrario, seguirías llorando. – Sonrió nerviosamente. Esperé que ella le creyera.
-Creo… que nos quedaremos. – Ella volteó a verme. Había cesado de llorar pero aún tenía la cara llena de lágrimas, así que seguí limpiando su rostro hasta que quedara seco. Iba a retirar mi mano pero ella la sostuvo y cerró los ojos. – Gracias.
No pude resistir y me acerqué para besarla, ella abrió los ojos, notó mis intenciones y se sonrojó pero no hizo nada para detenerme, le di un beso en la frente.
Su piel estaba suave y tibia, me hubiera quedado ahí por una eternidad pero la obra continuaba y no quería que ella se descuidara. Dejé el pañuelo en su mano y me acomodé nuevamente en mi lugar; todavía estaba sonrojada, se acomodó en su lugar y utilizó el pañuelo para ocultar su rostro. Eso fue algo interesante, me sentí bien por haberle provocado esa reacción. Después de varios minutos, el segundo acto terminó y salió disparada a la puerta.
-Debo ir al baño.
-Pero no sabes dónde está.
Ella se detuvo, no entendía la prisa que tenía, a menos que se sintiera mal.
-Pediré indicaciones. - Abrió la puerta.
-Te acompañaré. - Me extrañé al ver a Edward quien tenía una sonrisa pícara.
-No se preocupen, no tardaré. - Salió y cerró la puerta.
-Estará bien. Sólo necesita lavarse un poco la cara. - Se sentó y se acomodó en su lugar.
-Me preocupé cuando comentaste lo del protagonista. - Me senté.
-Yo también, afortunadamente se me ocurrió lo que dije. - Dio un gran respiro y me miró. - No creí que hubieran este tipo de escenas en una comedia.
Recordé el momento en que ella lloraba.
-Eran sentimientos encontrados, no me gustó en lo absoluto verla llorar pero, la manera en que lloraba por lo que sucedía allá abajo, me pareció muy dulce. Es muy sensible y dulce. Otros atributos más de ella, no sé si tendremos suficiente tiempo para conocerla completamente. - Miré hacia la nada.
-Sólo nos queda disfrutar de ella mientras esté con nosotros.
Los aplausos comenzaron a escucharse.
- Ya viene en camino.
Guardamos silencio y también aplaudimos. Llegó y se sentó apresuradamente, se veía muy agitada.
-Estás agitada, te encuentras bien? - La miré, estaba ligeramente ruborizada.
-Estoy bien. Sólo que corrí un poco para apresurarme. - Tenía la cara limpia, quería acariciársela pero me reservé.
-Shhh... - Edward nos calló y miramos hacia el escenario.
En el tercer acto regresaron las escenas cómicas, ella se veía más relajada y volvía a reír aunque no tan ruidosamente. En cada escena parecía buscar algo y lo encontró cuando en la penúltima escena apareció el protagonista, se emocionó mucho cuando lo vio. Era toda una experiencia verla, no me aburriría en lo absoluto admirarla todo el día, al contrario, sería muy interesante.
Se puso de pie y aplaudió fuertemente al terminar la obra, derramó una lágrima pero inmediatamente la quitó de su mejilla, al parecer había sido de alegría. Edward y yo también nos pusimos de pie y aplaudimos.
-Te gustó la obra? - Toqué su hombro y señalé la puerta, era hora de irnos.
-Me encantó. - Seguía emocionada.
-Pero te hizo llorar. - Edward la miró extrañado.
-Lo siento, soy un poco sentimentalista, es mi culpa el haber llorado, no la obra.
Abrí la puerta y los dejé pasar.
Salimos del teatro sin perder tiempo, no quería que nadie me hiciera algún comentario sobre el famoso rumor y creo que los demás estaban de acuerdo conmigo porque no dijeron ninguna palabra.
Jejejejej que tal con nuestro Carlisle? Sintiendo celos de Edward O.O
Repito y repetiré mil veces que no me canso de leer este fic... ME ENCANTA!
Espero pronto recibir reviews de ustedes, LOS EXTRAÑOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO T-T
