Hey hola, ¿cómo están? Yo me estoy quemando todas las pocas neuronas que tengo y lo único que me ayuda a sobrevivir son las dos semanas de descanso que tendré después de estos días. Siento el no haber podido actualizar antes y pongo de excusa mi tarea (: ya ni los de universidad se estresan tanto

Bueno, me alegra que sigan comentando el Ficc y sobretodo que les guste. Y también a los nuevos lectores que siguen la historia. Gracias por todos sus comentarios ya niños y sobre todo gracias a los que pueden corregir mi ortografía Jejejejeje soy muy mala en ella, trataré de mejorarla. Espero actualizar pronto, no prometo nada aunque espero que así sea.

Para ustedes.

PD: Glee no me pertenece ni tampoco sus personajes, los errores sí. Cualquier parecido a la realidad es pura coincidencia. Este FanFicc está hecho sin fines de lucro, solo como diversión y entretenimiento para ustedes y sobre todo para mí (:

PD2: El titulo de este capítulo es la síntesis de todo el contenido, Enjoy.


Las dos caras de la Luna.

Tan hermosas y apacibles, pero siempre una más obscura que la otra.

Rachel Berry, una muchacha de estatura más baja de lo normal, esto a creencia de Santana- Nunca había visto a alguien tan enano- replicaba la latina cada vez que se encontraban en los pasillos, incluso al parecer Santana estaba realmente obsesionada por la altura de Rachel, nadie podía ser tan pequeña y tener a todo un rascacielos como novio, he ahí la teoría de que los opuestos se atraen. Volviendo al tema, Rachel en pocas palabras era Rachel. Tan fácil y tan complicada de describir, su carácter cambiante y sus deslices de diva podían hartar a las personas en menos de 5 minutos que estuvieran al lado de ella, pero a pesar de su ego enorme, Berry -como la apodaba Santana- tenía un corazón enorme capaz de perdonar a quien se lo pidiese, claro midiendo las consecuencias y también conociendo a la persona que se lo pidiese.

La vida de Rachel no era fácil, hija adoptiva de un matrimonio homosexual que no era muy bien recibido en Lima, sin embargo trataba de sobrevivir día a día en el infierno llamado escuela. ¿Por qué infierno? ¿Acaso no era un infierno donde la mayoría de tus compañeros se burlan de ti y te tiraran malteadas heladas a la cara diciendo que no tienes talento para nada? ¿Dónde los que creíste tus amigos muchas veces te dan la espalda? ¿El tener que enfrentarte a los demás para sobresalir y lastimar a quienes más quieres? Era un calvario pero Rachel era un chica fuerte con una mentalidad tan grande que automáticamente veía a los que le habían o alguna vez hicieron daño como gente ordinaria. Nunca se dejó caer, nunca bajó la cabeza al sentirse intimidada y por eso muchas veces había terminado en el baño de las chicas tratando de limpiar su ropa del liquido pegajoso, pero se sentía orgullosa de ella misma. Rachel sabía que se necesitaría una paciencia enorme y también esperanza para salir de aquel lugar y cumplir sus sueños. Por eso, antes de recibir o haber recibido un Sluchie se repetía miles de veces que ellos nunca lograrían salir de ese apestoso sitio al que llamaban Cuidad, cosa que mantenía su temperamento en alto mas sin embargo, eso no quería decir que tendría que comportarse fuerte todo el tiempo, Rachel sufría, en silencio y sola como siempre lo hizo y así seguiría ya que a la morocha no le gustaba sentir consideración o dar lastima a la comunidad en general.

Rachel miro su reflejo en el baño y suspiro con fuerza.

-Nada me detendrá.-susurró apoyando sus manos en el mosaico del lavabo mirando su rostro ahora completamente aseado tratando de formar la sonrisa típica de Rachel Berry.

Miraba su imagen a través del espejo y no se sentía ella, veía a la presumida Rachel Berry que muchos conocían pero nadie a excepción de sus pocos amigos había observado más allá de la imagen superficial de ella. Todos tenían dos mascaras y Rachel trataba de ocultarlas ambas.

El sonido de la puerta abrirse hizo que desviara su vista y observará con un nudo en su garganta a la que alguna vez en su vida considero como su amiga.

La rubia observó de reojo a la morena cuando decidió entrar al baño. Al principio pensó que era el Sluchie el que obstruía su visión pero se equivocó al momento de sentir el aroma de Rachel invadiendo todo el ambiente. Sin pensarlo dos veces se ubico en el otro lavamanos aun lado de la morena y comenzó la fastidiosa tarea quitar el liquido frio de su rostro que al secarse, más se adhería al perfecto rostro de Quinn. Poco a poco abrió el grifo dejando que el agua corriera con libertar para obstruir su paso tomando el líquido entre sus manos llevándolo hacía su rostro y dejando que mojara y tratara de quitar toda mancha de Sluchie de cereza.

La morena no podía apartar la vista de Quinn, estaba tan centrada en dedicar a analizar cada parte que veía de ella, sin duda todo era diferente. Rachel jamás pensó ver a Quinn limpiándose su hermoso rostro por un Sluchie, siempre era Quinn Bitch Fabray quien los lanzaba a los menos afortunados y sobre todo a Rachel, era realmente extraño ver lo contrario ¿Acaso estaba en el mundo al revés? O ¿Estaría soñando?

-Creo que necesitas ayuda-dijo Rachel acercándose a la rubia sacando un pañuelo blanco de su bolsillo del vestido azul claro que llevaba el día de hoy. Quinn la observó sin embargo no puso objeción, raro en ella ya que la rubia cambiaba muy fácil de carácter, al igual o más rápido que Rachel.

-¿Sientes lastima por mi? ¿Por eso me ayudas?-preguntó La ex-porrista apoyando su espalda en la baldosa fría de la pared resbalando lentamente hasta el suelo donde siguió en suposición monótona con su vista perdida a la nada. La morocha al ver a la chica que creyó valiente, que creía que podía salir adelante sola, se puso en cuclillas levantando la barbilla de Quinn con su mano derecha un tanto temblorosa.- ¿Por qué tiemblas?

-Toco el rostro más perfecto que nunca había visto y tú dices ¿que por qué tiemblo?-aquella pregunta sonó retórica viniendo de Rachel.- Nunca he sentido lastima por ti, se lo que se siente que te tiren un Sluchie en el rostro, no es fácil de quitar y en muchas ocasiones ocupe una mano y nadie me la brindo, así que por eso te ayudo.

-¿Por compasión entonces?-de nuevo cuestiono la rubia en su papel de no bajar la guardia. Estaba de frente a la persona que la hacía perder la cordura, la persona que más quería y no iba a permitir sentirse débil frente a ella.

-No confundas, compasión es un sentimiento de pena o lastima hacia los que sufren calamidades. Tus sufres una desgracia pero la compasión no es algo que venga de mi parte, sino más bien es cariño. Aunque no lo creas siempre pensé que podíamos llegar a tolerarnos, pero entre Finn, el Glee Club, tú como porrista, no fue posible.-dijo Rachel con tranquilidad doblando el pañuelo hasta que se formó un triangulo, seguido comenzó a rosar la tela con el rostro de la rubia intentando secar las pequeñas gotitas del liquito transparente que resbalaban de la cara de Quinn.

-¿Por qué?-indago sorprendida por la respuesta de Rachel.

-Eso es algo que aun no llego a comprender. Sin embargo tengo varias teorías.

-Las escuchare.-la rubia había bajado un poco su temperamento aunque de nada le sirvió debido a las hormonas que ahora fluían en cantidades mas grandes a lo normal dejando su cerebro lleno de sentimientos encontrados. "Malditas hormonas" pensó Quinn.

-La primera fue que nunca pude ver tu verdadero yo, ni tu tampoco la persona que bajo mi enorme ego en ocasiones se oculta.

-Se escucha razonable… ¿Y la segunda?-Pregunto interesada ya que la primera teoría de la morena era correcta. Ninguna de las dos mostraba sus personalidades una a la otra, sin embargo Quinn, era la más cambiante de las dos.

-Que simplemente me odias y no puedo hacer nada por evitarlo.-al escuchar eso el corazón de la rubia se rompió ¿Cómo podía creer Rachel que ella la odiaba? De un momento a otro los recuerdos le vinieron a la mente, los granizados dirigidos a la castaña, las burlas, los apodos, su comportamiento. La ex-porrista tenía suerte de que Rachel, sobre todo lo que le hizo estuviera ayudándola.

-Rachel, yo no te odio, nunca lo he hecho.-le dijo con seriedad tomando una de las manos de la morocha que dejo su labor para mirar a los hipnotízantes ojos ámbar de Quinn, observando lo que en mucho tiempo deseó. Una mirada sincera, llena de verdad y sin rencores.- Lo admito eres desesperante en ocasiones e irritante también sin dejar que tu...

-Entendí el punto.-corto Rachel causando por parte de la rubia una ligera sonrisa.

-Después de todo lo que no te dije-bromeo Quinn- Siempre te tuve envidia.

-¿Envidia?-pregunto la castaña cambiando su posición a otra más cómoda hincándose sobre sus propias piernas.

-Sí.

-¿Por qué?

-Antes de convertirme en la perra mas perra de todas en McKiley tenía sueños que se vieron opacados lentamente por Frannie, ella quería que fuera la reina de la escuela al igual que ella. Poco a poco me fui dejando manipular hasta que me di cuenta de todo lo que había conseguido. Tenía novio, tenía el control de la escuela, tenía todo lo que alguna vez y lo que nunca pude imaginar-Ahora Rachel por fin estaba viendo a la pequeña Lucy Fabray que pensó que durante un tiempo vivía dentro de ella.- Sin embargo a cambio di mi felicidad, mis esperanzas, mis anhelos y termine perdiendo lo que nunca tuve. ¿Sabías que jamás pasante desapercibida por mi? Desde el momento que entraste, me verificaste tu actitud y tu fuerza. Me sentí débil. Veía tu fortaleza, a tus amigos, veía tus paciones como lo es cantar y me hacía sentir tan frustrada al no poder tener lo mismo. Tal vez pienses que soy una terrible persona y lo reconozco…

-Nunca pensé que fueras una terrible persona-Rachel interrumpió a la de mirar ámbar tomando una de sus manos en señal de apoyo. En realidad toda la información le estaba llegando de golpe y no sabía cómo actuar, estaba siendo complicado.-…Solo alguien que seguía el camino equivocado.-termino haciendo hincapié en sus palabras.

-No es sencillo seguir el camino correcto.- susurró Quinn huyendo de la mirada de cariño de Rachel.

-Nadie dijo que lo fuera-animo la pequeña- mírame a mí. Todos los días tengo que traer dos cambios de ropa por si acaso, pero jamás me rendí ni lo haré y cuando salga de este pueblo apestoso les restregare en sus rostros que logré ser alguien.-dijo con el orgullo Berry a todo su apogeo. Quinn no dudo en sentir felicidad por ella sin embargo el sentimiento de fracaso se apoderaba de ella.

-Me sentiré orgullosa cuando me lo grites en la cara.-le sonrió con un poco de sarcasmo.

-No lo digo por ti Quinn, tienes el potencial suficiente para salir de aquí por tus propios logros.

-Estoy embarazada, eso es por mis propios logros.- ironizó la rubia dándose su espacio para levantarse lentamente.

-No hablaba de esos logros. Hablo de tus talentos, cantas muy bien.-Alegro Rachel captando las palabras de Quinn. Rachel pensaba y creía en ella, sabía que si alguien podía salir de ese lugar eran ella y la rubia.

-No tan bien como tú.-La morena se empeño en seguirle el paso levantándose y mirando como Quinn se encontraba en la misma posición que ella antes de que entrara en el baño.

-No te compares, somos diferentes-susurró tocando con temor la espalda de la rubia.- Yo soy Rachel Berry y tu Quinn Fabray, dos personas muy diferentes que en ocasiones no tienen nada en común, dos personas que se equivocan como las demás… -pauso esperando que las palabras faltantes vinieran a ella por arte de magia, aun así no lo hicieron.

- Y no podemos hacer nada por detener los errores, solo podemos aceptarlos y tratar de sobre llevarlos.-finalizo el discurso que la diva inicio.

-¿Sabes? Creo que encontré a la verdadera Quinn Fabray.-comento apartando su mano del cuerpo de la ex-HWSM que al no sentir la mano de la diva dio un fuerte suspiro que vino acompañado de un gruñido de frustración. ¿Por qué estaba tan sensible al tacto de Rachel? Lo único que podía hacer era recriminar a sus malditas hormonas.

-Aun no Rach, aun no, se puede decir que no me conoces.-dijo bobamente encontrándose con la mirada chocolate que la hizo derretirse ante ella.

-Empecemos desde cero entonces, yo no te conozco y tú tampoco.- habló animadamente Rachel con un brillo de esperanza en sus ojos, estaban dando grandes pasos. Esta era la primera conversación civilizada que habían tenido amabas chichas y no lo dudaban esto las aterraba. Además nadie había salido muerto, todo estaba bien.

-No creo que sea posible, no contigo Rachel.- la rubia salió dejando a una Rachel asombrada tras de ella, realmente Rachel Berry no sabía nada sobre Quinn Lucy Fabray.


Definitivamente la vida de vueltas enormes en la vida. Santana nunca se imagino rodeada de humanos, mucho menos ir a una escuela pública y sobre todo llegar a enamorarse de una humana.

Brittany ahora formaba parte de la vida de Santana López, aquella vampira incapaz de hablar de amor, porque era un tema el cual desconocía del todo. Y sin embargo el corazón muerto de la latina no pudo resistirse a una inmensa alegría y a unos ojos destellando amor y cariño tan hermosos que no dudo en aceptarlos. Más no iba a mentir, tenía miedo. Miedo de lo que podía llegar a sucederle a la rubia a su lado. Era un inmerso dilema mental que se mantenía todo el tiempo que no estaba con Brittany.

Santana se preocupaba por la ojiazul que por otra persona o vampiro en toda su larga existencia, era inmenso el amor que la rubia de brindaba, tan fuerte para poder combatir con todos sus miedos internos, aunque Santana aun no se abría por completo a Britanny. La amaba, lo sabía pero había varias cosas que la latina había omitido de su vida, se lo contaría algún día a Brittany. La latina esperaba que ese día estuviese tan lejano como el día del final de su existir.

-¿Estás bien?-Pregunto la rubia preocupada viendo la expresión seria en el rostro de Santana que al escuchar que la rubia le hablaba suavizó su rostro dejando sus pensamientos de largo.

-Estoy preocupada.-Se sincero, al menos esto era verdad.

-¿Por qué?

-Adams.

-¿Desde cuándo te preocupa el? ¿Debería de sentir celos?

-Me preocupa desde el momento que fue como una niña estúpida a decirte que era un vampiro.

-No me importa ¿sabes?

-¿Que sea un vampiro?-pregunto con esperanza en la voz al escuchar a Brittany.

-Arti.

-Por un momento pensé que todo era demasiado bueno.-bufó con cierta molestia tocando con suavidad el hombro de la bailarina.

-Tampoco me importa que seas un vampiro.

-Lose Britt.

-Solo que hay algo que no entiendo… ¿Cómo supo Arti que eras un vampiro?-dijo con su rostro hecho un poema, era tan divertido ver a Brittany en estas situaciones. No se sabía si su expresión era de enojo o de molestia o simplemente era un puchero de frustración.

-Es lo que me sigo preguntando desde hace una semana.

-¿Arti no es un vampiro?

-No, no lo es, sino ya estuviera muerto, lo cual me haría muy feliz-amplio aun mas su sonrisa contagiando a Britt con ella- Hay ciertos códigos entre vampiros. Un vampiro no puede delatar a otro ser sobrenatural porque se condena a su propia muerte.-explico tranquilamente viendo como la rubia acomodaba su cabeza en la piernas de Santana.

-¿Existen las hadas?-Dejó sin más dejando a la de piel un tanto morena pensando por un momento.

-Si existo yo, no creo que nada sea imposible.

-¿Puedo conocer a una?-exclamo con felicidad retirándose de su posición para acercarse un poco a Santana.

-¿Por qué no? Aprovechare llevando un elfo para compararlo con Berry.-Era verdad, si ella existía ¿por qué no habría otras criaturas? Solo faltaba encontrar un hada y un elfo, en realidad quería compararlo con Rachel.

-Santana.-regaño con dulzura volviendo a recostarse.

-Ya, ya, solo digo Britt.

-¿San?-pregunto de nuevo con dulzura después de unos minutos de silencio.

-¿Sí?-respondió Santana centrando su completa atención en Brittany. Era curioso decir el "centrar su atención" porque no había ningún momento en el que Santana Lopez descuidara a su novia. Nunca la dejaba sola, cuidaba de ella como una niña pequeña, la complacía incluso en la mayoría de sus caprichos, le ayudaba en lo que necesitara. "Te ablandas Santana, pronto te compraran un collar de mascotas y te darán comida de animal" Era una de las muchas frases que Jonathan solía decirle cuando veía la sonrisa idiota por parte de Santana.

-¿Sabes cocinar?

-Sí, ¿Por qué lo preguntas?

-Muero de hambre.-contesto con una risita como niña pequeña tratando de ocultar alguna travesura a sus padres.

-Solo permitiré que mueras de dos cosas. Debido a una causa natural o que mueras de placer obviamente brindado por mi ¿Qué deseas comer?-comento sin ninguna preocupación de que alguien pudiera escucharlas. A lo que sabían solo Hanna, la hermana menor de Brittany, su pequeña cuñada, estaba en su habitación dormida desde hace varias horas.

-Me siento en un sueño, me pellizcaré… -Brittany tomo su mano y la llevo a su formado abdomen pellizcándolo hasta que sintió un leve dolor.-No, no estoy soñando.

-Eso es lo que me repito a diario cuando estoy contigo-susurró mientras veía a Brittany yendo hacia la cocina. En ocasiones se preguntaba si el vampiro era ella-... Venga ¿Qué quieres que cocine?

-¿Comida tal vez?-bromeo Brittany abriendo la nevera sacando una botella de agua que dejo sobre el mosaico color madera de la cocina.

-No te burles, tienes suerte de ser hermosa.-de un movimiento rápido Santana atrapo a Brittany entre una pared haciendo casi imposible que la rubia pudiera moverse.

-Lose.- Santana unió tiernamente sus labios con los de la holandesa sintiendo de nuevo aquella supernova explotar ¿Qué acaso siempre se sentiría así cada vez que le diera un beso? Por un beso de la rubia moriría, de eso estaba segura. Con calma comenzó a disminuir el ritmo del beso que por algunos segundos se había tornado un tanto pasional tomando la firme y delicada cintura de la rubia entre sus manos separándose por unos segundos dándole un respiro a Brittany. Santana se replicaba "Recuerda que ella necesita respirar" cada vez que perdía en los delgados labios de la rubia.

-Tu madre está a punto de entrar.-susurró la castaña a los labios de la ojiazul.

-Tiene llave.-contestó sin más.

-No me refiero a eso… bueno mm quiero decir que…-la latina aclaro su garganta, estaba dispuesta a dar el siguiente paso en la extraña relación que tenían-...Pues…Y-yo...T-tu-tu

-¿Desde cuándo tartamudeas cariño?-dejo un último beso en sus labios para deshacer el agarre de Santana tomando ambas manos de la latina que a paso lento se separaron del cuerpo de la bailarina.

-Desde hace semanas.

-Brittany, ¿Santana? Es un gusto verte aquí, tenías semanas sin verte, hay demasiado trabajo en el hospital.-ahí estaba su suegra. La madre de Brittany era casi tan hermosa como su hija, ahora supo de quien heredo la belleza y el buen ánimo que la caracterizaba.

-Señora Pierce, buenas tardes ¿Cómo está usted?-saludo cortésmente poniendo su educación ante todo. Siempre le enseñaron desde pequeña a respetar a las personas adultas o más grandes que ella. Aunque aquí pudiese hacerse una excepción.

-¿Usted? Santana tutéame.-comentó Susan acercándose a su hija depositando un beso en su frente.

-No puedo, por más que intento no puedo.

-Chica mi nombre es fácil, es Susan.

-Ahhh... Su…Su-Susan.

-Cariño es fácil, primero va la S luego la U después la S y la A y por último la N.-ayudo Brittany acercándose a la morena pasando su brazo por la pequeña cintura de Santana.

-Me salvaste la vida Britt-acto seguido Brittany dejo un pequeño beso en la mejilla de la morena para después darle un poco de espacio permaneciendo junto a ella.-… Ahora si empecemos de nuevo, Buenas tardes Susan.-

-Santana buenas tardes… ahora ya dejando los modales ¿Tienen hambre?-preguntó al ver la interacción entre ambas chicas y el rostro de su hija un poco pálido. "Deberá ser falta de alimento"- pensó su madre.

-Britt muere de hambre.-delató Santana a su chica sonriendo con placidez.

-Sí y Santana estaba por cocinar para mi, dijo que no dejaría que muriera de hambre si no por causas… ahh unas causas algo extrañas o que muriera de plac…

-Britt que tal si seguimos con la tarea de matemáticas-corto con sus palabras atropelladas moviendo sus ojos con inquietud.

-San, no nos dejaron tarea de matemáticas, incluso ya no nos dejan tarea desde hace varios días.-"Carajo" Pensó observando a la madre de la rubia mirarlas con…con ¿una mezcla de extrañeza y felicidad?

-Brittany, yo no vine ayer.- mintió descaradamente pues sabía que Susan estaba enterada por parte de Brittany que ella iba y venía de la casa con tanta facilidad como si fuera la suya.

-Claro que lo hiciste, y el día anterior y también el...-cuando pensó que podía estar peor escucho la risa ahogada de Susan que trataba de contenerse tapando con una de sus manos sus labios.

-Cielo lleva a Santana arriba antes de que se empiece a poner roja, mira su rostro. Las llamare para cenar, porque santana se quedara a acompañarnos ¿verdad?-habló cuando ya no le quedaban ganas de reírse, la pobre de Santana se veía que estaba avergonzada. Raro en un vampiro.

-Sería un placer... Susan.-

-Chicas, la puerta abierta, estoy en casa.-dijo con calma y seriedad al mismo tiempo. ¿Esa mujer que pensaba de la relación que Santana tenía con su hija? Era verdad, Santana era toda una fiera sexual pero hasta de cierta forma hasta ahora, no había pensado como sería tener sexo con Brittany y al pensarlo miles de cuestiones y dudas abatían su cerebro.

-Yo… ella... yo...-de nuevo balbuceo al no saber qué decir.

-¿Santana tienes trabada la lengua? porque hace unos minutos no parecía estarlo y lo comprobé, con la mía.-En esos momentos Susan solo atino al reírse pues no sabía si debía tomarlo como una broma o como una confesión desatolondrada. Pero al ver de nuevo el rostro apenado de la morena decidió que era demasiado sufrimiento por un día.

-Sera mejor que suban.

-Ven.-tomo la mano de santana y arrastro con paso decidido a su recamara.

-¿Puedo preguntarte algo?-cuestiono sentándose en su cama mirando de reojo la puerta entreabierta donde Santana avanzaba con cierta paciencia.

-Porque tartamudeas cuando esta mi madre presente. Dicen que cuando a una persona le gusta otra, tartamudea ¿te gusta mi madre?

-¡¿Qué? ¡No! ¡¿Qué? No Britt, no lo niego es hermosa, pero nadie más que tú.

-¿Entonces?-indagó la rubia.

-¿Ella sabe que nosotras somos novias?-dijo con nerviosismo.

-No lose, espero que lord Tubbington no le haya dicho, me gustaría que lo hicieras tu.-confesó poniendo una mueca de disgusto en el rostro.

-Ese es el problema.-La latina después de decir esto comenzó a darle vueltas a la situación, no era fácil de entender ni mucho menos de explicar.

-¿No quieres decírselo?-dijo extrañada ante el comportamiento de Santana, de un momento a otro la castaña cambiaba mucho en cuanto su carácter y eso era lo que tenía de algún modo preocupada a Brittany.

-No es que no quiera, solo que... necesito decirte algo antes.

-¿Cortaras conmigo?-la cara de felicidad cambio de un momento a otra en una expresando tristeza.

-¿Qué?-fue lo único que pudo decir al escuchar hablar a la rubia-Ni que fuera idiota, dejarte ir seria lo último que haría en mi vida.

-Me quedo más tranquila.- Brittany respiro más calmada levantándose de su cama tratando de ir hacia Santana.

-Lo que quiero decirte es que… Brittany te seré honesta, no puedo darte muchas cosas que tú quieres. Mira, cuando eres un vampiro y respiras en un ambiente con humanos es como si no hubieras comido en meses y al momento de entrar a un restauran los olores te marearan, pero sabes que no puedes comerlos, es una sensación tan intoxicarte que cuando te conocí tenía que huir de ti por qué no soportaba tu aroma.-dijo con un deje de tristeza mirando tras la ventana observando como el sol descendía con lentitud y dejaba con menos luminosidad a toda la cuidad.

-Manera tan sutil de decir que apesto.-Santana ladeo su cabeza formando una débil sonrisa.

-Apestas a gloria entonces. Tu aroma, el olor que desprendes, tu voz, tus labios, tu rostro, tus ojos, tu carácter, todo me atrae hacia a ti, es como un imán y estando contigo me siento tan feliz pero al mismo tiempo siento que estas en peligro.

-Lo peor que puede pasar es que me muerdas.- comentó sin más restándole importancia a lo que había dicho anteriormente. Eso en santana desato su paz interior. Sin decir nada se aparto de ella y tratando de no subir su volumen de voz continúo hablando bajo la mirada atónita de la rubia.

-Lo peor que puede pasar es que te conviertas en alguien como yo, que mueras-dijo con la voz totalmente quebrada pero a la vez llena de seriedad-… y por egoísta que suene… que te alejes de mí.

-Nunca lo haría Santana.

-Si me descuido podría pasar.-de nuevo la inquietud volvía a ella, se sentó en la cama de Brittany tomando su rostro en sus manos tallando un poco sus sienes que comenzaban a dolerle.- ¿Sabes? Es la primera vez que me enamoro de alguien, tengo miedo, estoy asustada, no sé qué hacer, el amor es tan ridículo y confuso. Nunca pensé en verme enamorada y menos de alguien de quien no valgo la pena.

-Mueve tu trasero de mi cama, levántate ahora y deja de menos preciarte.-hablo con voz demandante- Si algo me enseñaste fue a no hacerme menos. Santana eres la persona…

-Vampiro, ser sobrenatural, moustruo… como desees llamarlo, no soy una persona.-interrumpió la latina en su misma posición.

-Eres el mosutro más hermoso que haya visto, la mejor de todos. Mira hasta donde llegamos, me enamore de un vampiro y tengo la suerte que me corresponda. Lo llamare destino.

-Lo llamare fortuna.

-Me estoy hartando de tu actitud-espetó visiblemente enojada. La palabra enojo e ira no existían en el mundo mágico de Brittany. Ella era una persona que consideraba que la violencia en la sociedad y la ira hacia otras personas era absurda e innecesaria.

-Yo también, perdona.-susurró sintiéndose mal por ella misma, se estaba dando lastima. Veía a la rubia frente a ella, entregándole todo el amor que nunca recibió y lo estaba rechazando, era una estúpida.

-No hay nada que perdonar, solo por favor, no te menos precies, por mi.-se puso a la altura de Santana para tomar sus manos y besar tiernamente cada una de ellas.- Soy tu novia, estoy aquí cuando lo necesites y sobre todo, te amo Santana.

-Me haces sentirme especial.-murmuró a los labios del amor de su vida.

-Lo eres al igual que yo, alguien una vez me dijo y espero que ese alguien no esté equivocado porque si no estaré muy confundida.- dijo la rubia moviendo su cabeza peculiarmente simulando estar pensando.

-Quien te lo dijo, es una persona Sabia.

-No, ella no tiene barba blanca, ni es anciana, ni es hombre.

-¿Como sabes que no lo soy?-preguntó la castaña robándole un ligero beso a Brittany.

-Tienes 16.

-No sabes mi edad.-afirmó Santana buscando la mirada de Brittany que por momentos se iba de sus ojos a sus labios.

-No me dejas conocerla, ni tu vida.-se levanto de golpe mirando con un poco de enojo a Santana.- Tú sabes todo de mí. Mi nombre, mi edad, mi cumpleaños, mis animales preferidos, mi color favorito, mi cereal favorito, a mis padres, a mi hermana, mi casa, a Lord tubbington, hasta conoces mi sueño de convertirme en bailarina. Yo no sé nada de ti. Ni siquiera sé si tienes familia, o si tienes a un elfo escondido bajo tu cama.-termino cansada al pronunciar tan alta cantidad de palabras, en pocas palabras se sintió Rachel pues parecía estar dando uno de sus largos monólogos que siempre decía.

-Absolutamente no tendría a Berry bajo mi cama… ni en mi cama-comentó después de visualizar la espantosa idea que se había formado en su mente.- Ni en mi casa. ¿Por qué hablamos de ella?

-Santana.-protestó la ojiazul adoptando una postura demandante.

-Es verdad- la vampira se justifico pues la mayoría de las cosas que se decían eran verdad.

-¿Tienes un elfo?- hizo un mohín con sus labios frunciéndolos de una forma extraña que hasta a Santana se le hizo una muestra de que la rubia estaba pensando.

-No, pero en el cuarto de visitas tengo a la primera dama esposa de Kennedy.-contestó visiblemente enfada al recordar a Quinn.

-¿Kennedy?

-Fabray.

-¿Por qué primera dama?-curioseo la holandesa sentándose al lado de Santana.

-Es como la esposa de Keneddy, solo que en rubia. Quinn es la perfecta ama de hogar. Cada vez que despierto tiene en desayuno listo, siempre esta vestida con sus típicos vestidos de niña perfecta que no lastima a nadie y su carácter por la mañana es demasiado cambiante y suave.-Cada amanecer era distinto para la latina, cada vez que se levantaba tenía que soportar la risa pues al ver a Fabray actuar como Marry Poppins no tenía precio.

-No cambies el tema Santy.

-Me asusta la idea de abrirme a los demás.-confesó abatida dando un paso al frente obligándose a controlar su temperamento y orgullo. Ella era Santana López, nada le asustaba, de nada temía… hasta ahora.

-Estás conmigo no tienes porque asustarte, si te asustas te cubriré con mi mantita y todo estará bien o te abrasaré.

-O me podrías besar.-agrego con un deje de inocencia mientras movía sus manos con ligereza.

-Buena idea, pero primero juguemos.

-¿Jugar? ¿A qué?-pregunto viendo a su novia ubicándose en una mejor posición en la cama, no era una posición de las que Santana desease pero con tenerla viva y sonriendo nada mas importaba.

-Tú me preguntaras algo yo te responderé, yo te pregunto tu me respondes, es sencillo.-explico acercándose más a la latina.

-Bien, ¿quien empieza?-

-Tú, perdiste tu oportunidad. Sigo yo.

-Ni siquiera sabía que estábamos jugando.-Dijo la castaña como una pequeña niña que no quiere perder un juego.

-Lo hacíamos, como sea ¿Tienes mascotas?

-No, los animales me odian por alguna razón, piensan que puedo comerlos.

-¿Puedes leer la mente de las animales?-los ojos de la rubia se abrieron por completos al escuchar un gran secreto de su ahora novia.

-Lo siento, es mi turno ¿por qué entraste a las porristas?-indagó un poco más sobre Brittany, aunque sus preguntas ya tenían respuesta de la rubia. La ojiazul no le ocultaba nada a Santana y eso era lo que le daba seguridad al estar con ella.

-El baile es algo que me gusta y pensé que podía bailar ahí. Sigo ¿Puedes leer la mente de las animales? ¿Podrías leer la mente de Tubbi?-insistió con emoción mientras Santana embozaba una media sonrisa.

-Algo así, es algo que todos los vampiros pueden hacer. Y no leemos, sentimos. Tú tienes suerte puedes hablar con él.

-Sabes este juego me está aburriendo, yo quiero saber de tu vida… tú ya sabes mucho de la mía. Qué te parece si yo te pregunto y tu respondes.

-Yo no ganaría nada.-replico con disgusto.

-No en todo se tiene que ganar, pero por cada respuesta tendrás un beso mío.-dijo Brittany con su voz un poco ronca y mordiéndose sensualmente los labios mirando entretenida como su novia tragaba saliva en seco y se incorporaba rápidamente.

-¿Qué esperas? Pregunta.-apuro Santana en busca de sus besos.

-¿Cuántos años tienes?-fue el primer cuestionamiento que dijo la holandesa.

-Muchos más que tu… ahora mi beso.

-No es justo, dime tu edad.

-Pensaras que tu novia es una anciana.

-No lo pareces.-susurró rosando ligeramente su pulga con la mejilla de la vampira sonriéndole con cariño.

-90.-beso rápidamente los labios de su novia para volver a su posición anterior.

-¿90?

-90 años, es mi edad. Eso cuenta como otra pegunta.-le robo otro beso olvidándose de las preguntas.

-¡Wow! Es mucho tiempo ¿Qué se siente vivir tanto?-indago con valentía la ojiazul, se estaba metiendo a la boca del lobo o del vampiro… más bien de Santana.

-Es horrible.-comento queriendo atacar de nuevo los deliciosos labios de la porrista pero ella la detuvo con su mano.

-¿No te aburres?-siguió con sus preguntas acercándose aun mas a Santana, si eso era posible.

-Pase las últimas décadas de mi vida asiéndolo pero ahora llegaste tu, no me aburriré jamás.- de repente Brittany tomo el rostro de santana entre sus manos moviendo sus dedos con suavidad al sentir la piel de Santana-¿Brittany qué haces con mi rostro?

-Busco arrugas, mi abuelita murió hace 4 años y era una señora con muchas arrugas, un día le pregunte que si porque tenía tantas arrugas y me dijo que las arrugas deben de indicar los lugares donde hubo sonrisas. Mi abuelita murió de felicidad entonces.

-Que muerte tan afortunada, no sabía que podías morir de felicidad, sería una muy buena forma de morir.

-Lose. ¿Alguna vez has hecho algo de lo que te arrepientas?-ante esta cuestión un silencio de ultratumba se hizo presente en la habitación. La mente de Santana había quedado paralizada ante aquella pregunta que ella misma evitaba día con día.

-Perdón Santana yo no quería…-la rubia buscaba de algún modo solucionar su pregunta. Tal vez la latina no estaba dispuesta a contarle su pasado.

-De todas las cosas que he hecho me he arrepentido. Brittany no me conoces, no sabes cómo era.-su voz se encontraba arrepentida al igual que su mente. Con un poco de dificultad se levanto de la cama poniéndose a la orilla de esta esperando a que Brittany acudiera a su lugar.

-No me importa como eras, me gustas tal como eres.-se acerco por su espalda abrasándola con amor.

-Cuando era pequeña me preguntaba si algún día encontraría a alguien especial con quien pasar la vida. Creo que la encontré.-la latina dio media vuelta encontrándose con Brittany cara a cara, tomó su cintura y la atrajo hacia ella.- Lo siento, no puedo ofrecerte una vida conmigo pero si una eternidad-susurró al oído de a rubia haciendo que Brittany intensificará aun más el abraso.

-Esos deben ser muchos años.

-Más de los que te imaginas hermosa.

-Hola.-comento una tímida rubiecilla observando el perfecto y cálido abraso que por el momento interrumpía. -Perdón…

-Hanna recuerdas a ¿Santana?

-Hola pequeña.-saludo la castaña observando con ternura a la pequeña hermana de Britt.

-Hola… amm no quería interrumpir, pero mamá dice que la cena está lista.-dijo con cara baja y jugando con sus manos un tanto avergonzada.

-Genial, moría de hambre. Hanna camina-ordeno Brittany, pero al sentir una obstrucción en sus piernas vio que se trataba de la misma Hanna-¿Pero qué…?

-Que hermosos ojos.-comentó la pequeña rubiecilla mientras miraba a la mujer morena en todo su esplendor, sin embargo su atracción principal fueron esas orbes doradas que relucían cada vez más brillantes.

-Hermana dile a mama que bajamos en un momento.-dijo visiblemente absorta por la visión que tenía enfrente.

-Sus ojos…-apunto hacía ella de una forma cómica tratándose de quedarse ahí.

-Dile ya.-obligo Britt sacando a su hermana por la fuerza de la recamara y acercándose hacia su novia con paso firme pero lento.

-Hanna tiene razón, son hermosos.-la vampira parpadeo varias veces y fijo su vista en la pupila de Brittany tratando de ver su reflejo en ellos. Podía observar el nítido color áureo cubriendo la mayoría de su iris.

-¿Te gustan?-pregunto Santana al darse por vencida de no poder cambiar el color de sus ojos. ¿Qué demonios estaba pasándole? La última vez que vio ese color fue cuando tomaba sangre pero ahora ya llevaba meses lo que causo que el color fuera pagándose de algún modo y ahora volvía sin una respuesta lógica.

-Los amo. Parecen mágicos.

-Creo que lo son-comento dándole la razón a Brittany.

-Tengo una novia que es vampira, y tiene ojos mágicos ¿Qué más podría pedir?

-Que fuera normal.

-Lo normal es aburrido, es mejor con un poco de locura en la vida, así todo tendría sentido… vamos.

-Claro.

La cena trascurrió sin ninguna anormalidad, fue una simpática y divertida velada. En el trascurso mientras comían Susan, la madre de Brittany no podía dejar de observar a Santana, lo que hacía que la latina respondiera con un poco de incomodidad. La atacaron con preguntas de sus ojos. Y no era fácil responderles ¿Qué iba a decirles? "Es que soy vampiro por eso mis ojos son de ese color, pero sabe que están cambiando relativamente" absolutamente no podía decir nada parecido a eso, así que invento la escusa de que ese color eran sus ojos y usaba lentes de contacto marrones para ocultarlos. Susan le creyó de inmediato pues había extraños casos donde los seres humanos nacían con su iris de diferentes colores, sin embargo nunca vio un color tan hermoso como el de Santana.

Como se esperaba después de la cena vino el postre, un delicioso helado de vainilla acompañado con trocitos de chocolate. Sin pensarlo Brittany, Hanna y Santana arremetieron contra el helado como si fuera su vida, esto fue algo que causo de nuevo la risa de Susan mas no agrego ningún comentario. Fue hasta el momento que Hanna fue a dormirse despidiéndose de Santana y de toda la familia para poder ir a su habitación chocando con varias cosas en su camino debido a que la fuerza de Morfeo tenía ya aplicado un gran efecto en ella.

-Susan, ¿puedo hablar con usted? ¿A solas?-indago buscando la mirada de la mayor de las rubias.

-Claro que sí, Santana. Sígueme, aprovechemos que Brittany está tomando una ducha.-agregó levantándose de la mesa indicando que Santana la siguiera a una pequeña oficina donde la madre de Brittany guardaba algunos papeles de la clínica y reposaba un tiempo a diario. -siéntate- dijo indicando con la mano un sillón de cuero negro que hacía juego con la habitación.

-Señora Pierce… Yo estoy…-

-Saliendo con Brittany, lo sé.-interrumpió formando una sonrisa en su rostro posicionando sus manos en sus rodillas poniendo su total atención en la mirada de desconcertó de Santana.

-No le molesta que…

-En absoluto.- volvió a cortar las palabras de la chica para tranquilizarla un poco ya que la actitud de la morena se tornaba seria, quería conocer a la verdadera chica que salía con su hija.

-¿Cómo sabe que estoy saliendo con su hija? Si no es mucho pedir.-preguntó adoptando una postura más suave emitiendo con ternura sus palabras.

-¿Sabes? Brittany no es la única observadora. Me di cuenta por como sonríe, hacia bastante tiempo que no mostraba esa sonrisa y cuando apareciste en su vida da la casualidad que esa misma sonrisa volvió a ella.

-¿Porqué? ¿Estaba triste?-se mostro preocupada hablando sin pensar.

-Su última relación no fue la más feliz que digamos. Fue con el chico Adams ¿lo conoces?

-Sí.-contesto rechinando sus dientes y tratando de ocultar la mala cara que se formaba cuando nombraban al chico.

-Bueno, no sé si sea yo la indicada de decirlo, pero empezó a tratar mal a Brittany así que ella decidió terminar con él, obviamente el machismo del chico dio a flote y comenzó a seguir con las burlas. –Santana respiraba lentamente intentando tranquilizarse mientras que la señora Pierce continuaba contando un pasado del pasado de su hija.-Como vez Brittany no es una persona común y corriente, ella es especial en muchos sentidos y necesitaba a una persona que la quisiera y le diera cariño como todos queremos.

-Se como es Brittany, si me deja decir es la más hermosa y perfecta persona que jamás había conocido. Ella brilla por sí misma, no necesita a nadie que le este acompañando. Su mundo es en el que todo ser humano quisiese vivir, su forma de pensar es como la de un niño adulterado, sus comentarios que suben mi ánimo día a día. El cariño que demuestra a los demás y a mí. Sus palabras, sus consejos, sus errores, sus talentos. Es asombrosa la capacidad que tiene para contagiar a las personas su vitalidad y alegría. Susan, me enamore perdidamente de su hija, me tiene idiotizada, en el buen sentido.

-¡Vaya! En un momento pensé que me pedirías la mano en matrimonio de Brittany.-comento asombrada analizando todas las palabras que acababa de recitar Santana. Era tan especial la forma en que esa chica trataba a Brittany, como si la rubia pareciera estuviera hecha de cristal y temiera roperla.

-Esa será en la próxima ocasión que pida hablar con usted y su esposo.-dijo la latina haciendo reír a su suegra.

-Santana, se que quieres a Brittany…

-No la quiero, la amo.-corto el discurso que se suponía que estaba a punto de darle Susan. Santana no era de muchas palabras y siempre tenía que hacer las cosas sencillas, siempre fue directa.

-¿La amas y me lo dices a mí? Díselo a ella.

-Se lo digo cada vez que tengo la ocasión.

-¿Tus padres saben que mi hija es tu novia?-agrego cuando el ambiente tomo un nuevo rumbo.

-Bueno, no tengo padres.-susurró la vampira pensando en lo que constantemente decía cuando le preguntaban acerca de su familia.- Ellos murieron cuando yo era pequeña y me dejaron a cargo de mi hermano, él es mi única familia y Brittany claro.

-Lo siento.- Susan manifestó su sentimiento de pesar tomando una mano de Santana apretándola con una sincera sonrisa.

-No importa.-expreso sin importancia. Era verdad, le dolía el hecho de que sus padres estuvieran muertos, pero eso ya había sucedido mucho tiempo atrás y no podía hacer nada por remediarlo.

-Santana, ahora eres parte de esta familia, claro si quieres serlo.

-Me encantaría.-se puso de pie para estrechar su mano directamente en dirección a la rubia que solo observaba la mano hacia ella.

-Entonces bienvenida, Cuídala Santana.- sorprendió a la castaña quitando su brazo y abrasando a la chica que aun no se recuperaba mentalmente de su conversación con la señora Pierce.

-Con mi vida Susan, con mi vida.

-Hey ¿me uno al abraso?-manifestó la rubia con el cabello alborotado y húmedo riendo de ver a su novia en brazos de su madre.

-Claro corazón.-una vez que se abrasaron madre e hija compartieron una mirada de satisfacción que Santana no lograba comprender del todo.

-¿Santy que hacías aquí? Este lugar a veces me da miedo.-dijo declarando sieto temor que se alojaba en ella desde que era una niña pequeña. Constantemente sentía escalofríos recorrer su cuerpo cuando entraba ahí, no sabía si era el esqueleto humano que la observaba o si de repente todos los marcos de la pared se tornaban borrosos con algunas imágenes no aptas para niños.

-Platicaba un poco con ella hija. También estábamos planeando una cena aquí, para conocer al hermano de Santana, sería bueno conocernos ya que... bueno, ahora somos familia ¿no?

-Será un placer venir.

-¿Santana tienes un hermano?-pregunto la rubia confundida al saber que la vampira tenía algún familiar con ella.

-Sí.- respondió tímidamente mientras el sonido de su celular se hizo sonar por la habitación- creo que eres psíquica, es el. Con permiso.-fue lo último que dijo antes de salir por la puerta y atender su llamada.

-¿Santana?

-Sí, Jonathan, ¿quién mas sería pedazo de idiota?-pregunto con sarcasmo. Odiaba que Jonathan le preguntara todo el tiempo si era ella la que respondía o llegaba o se aparecía por cualquier lugar. Demonios, él podía oler su aroma a kilómetros de distancia pero ¿no podía recocerla a unos cuantos metros?

-López tenemos problemas.

-¿Qué paso?-dijo con enfado moviendo de medio lado su cabeza lo suficiente para comprobar que Brittany y su madre conversaban tranquilamente en su oficina.

-Te suena ¿Rachel Berry?

-¿Morena, que no para de hablar, con una nariz grande, enormes labios y mide metro y medio?

-Ahora la mido Santana.-agregó con sarcasmo ajustando su tono de voz pareciendo no sonar tan agresivo.- ¿Dime si la conoces?

-Es amiga de Britt ¿por qué no conocerla?-pregunto extrañada frunciendo sus labios.

-Britt es…

-Brittany S. Pierce es mi novia.-dijo con orgullo sonriendo como un estúpida enamorada ¿y quien dijo que no lo era?

-Solo quería oírlo de ti, Además estamos a punto de iniciar algo terrible.- comentó sin dejar de hablar con tranquilidad.

-Deja el drama y dilo de una vez, te está afectando estar con Rachel, ya te pego lo Diva.

-James.-por primera vez dejo su tono de tranquilidad y se dedico a permanecer en silencio al igual que Santana.

-¿Enserio?-espetó enfada cuidando su volumen de voz- Apenas estaba aprendiendo a vivir como una persona normal.

-Santana, tu no podrías ser normal aunque fueras humano.

-Salgo en 5 minutos.-dijo observando cómo su novia caminaba con tranquilidad hacia ella.

-¿Como que sales? Te quiero aquí, ahora.

-¿Desde cuándo te hago caso Hermanito?-comentó haciendo reír a Brittany que la miraba con una sonrisa alegre.

-Nunca lo has hecho, pero esto es grave.

-¿Qué tan grave?-cuestiono tratando de no borrar su sonrisa, pero se le estaba haciendo imposible.

-Si no hacemos algo rápido al paso que vamos, una trigésima parte de la población de Lima sabrá que somos vampiros.

-Salgo de inmediato. Espera ¿Qué paso con el elfo?

-¿Quien?-pregunto extrañado frunciendo su entrecejo.

-Rachel.

-James ataco el auto de la chica mientras conducía con Quinn abordo.

-¿Le paso algo a Juney?

-No, ella está bien-contesto acostumbrado al nombre con que solía llamar a la rubia- pero no dejan de decir que alguien pasó tan rápido que pensaron que habían chocado y Rachel no pudo evitar estrellar el auto frente a ese alguien.

-¿Indicaciones?-

-Ninguna.-cortó su llamada volviendo a componer un poco su postura ante la señora Pierce.

-¿Paso algo cielo?-preguntó Brittany con interés y preocupación a Santana.

-No nada grave, Rachel dice que atropello a un animal camino a casa, sabes cómo se pone con los animales.-agrego pues la rubia, sabía de mas como era Rachel cuando le hablaban de animales indefensos o de comer alguno de ellos, era demasiado exagerada a parecer de la vampiresa.

-¿Está bien?-esta vez fue Susan la persona que realizo la pregunta.

-Sí, incluso está en casa con Quinn. Con su permiso debó irme, mi hermano es algo… desesperado.-agrego despidiéndose con la mano de la madre de Brittany.

-Claro cariño, espero verte pronto por aquí.

-No se preocupe Susan, aquí estaré.

-Santana te acompaño.-la ojiazul tomo la mano de santana y con un ligero movimiento abrió la puerta de entrada. Una vez a fuera la rubia la miro esperando a que dijera algo, sabía que santana le estaba ocultando algo.

-Quiero que no salgas de tu habitación-suspiro poniéndose a su altura tomando sus hombros con delicadeza.- Y si escuchas algo anormal no dudes en llamarme.

-Pero que...-no pudo terminar de hablar porque los labios de Santana se obstruyeron con los suyos por algunos segundos. Fue un beso simple, tranquilo, de labios, indefenso e inocente. Santana no se separo del todo, coloco su frente con la de ella.

-Te amo.-susurró con dulzura ofreciéndole todo su cariño.

-Y yo a ti Sanny.- sonrió feliz viendo como los ojos negros de Santana se tronaban dorados tomando un brillo aun más hermoso que cualquier otro.

-Es difícil de explicar, Rachel no cocho con un animal si no con un vampiro de carne y hueso. Tuvo suerte de salir viva.-Se separo finalmente desconectando aquella conexión que mantenía con la rubia.

-Santana, esto no me gusta. Esta es la parte de la película en donde la chica linda se aleja y termina muerta.-agrego con cierto temor.

-Brittany, no debes temer por mi tengo una ventaja ¿lo recuerdas?-dijo tomando sus manos y abrasándola quedando en completa fricción con ese precioso cuerpo que se escondía bajo la ropa. Santana inspiro fuertemente y el olor de Brittany coló hasta lo más profundo de su alma trasmitiéndole paz.

-No hablaba de ti, hablaba de mí.

-Amor ¿Tienes miedo? ¿Te asusta morir?-las cuestiones de la latina fueron opacadas por la palabra "Amor", esta era la primera vez que Santana la llamaba así y se sentía tan jodidamente bien.

-A mi no me asusta morir. Solo que no quisiera estar presente cuando ocurra.-inteligente respuesta de la rubia, pensó Santana. Y era lógico nadie quería estar en el lugar de su asesinato.

-En cuanto las cosas se calmen en casa vendré a cuidarte ¿sí? Ahora no puedes ir conmigo porque estoy segura que en el camino se presentarán "Personas indeseables" y no quiero que corras peligro.-comentó tratando de convencer a la rubia, aunque más bien eran las palabras que utilizaba para convérsese a sí misma que todo estaría bien.-Aquí estás segura.

-Está bien.-contesto tranquila.

-¿Confías en mi?-Brittany asintió.- Llámame si escuchas cualquier cosa fuera de lo normal.

-Santana ¿tu auto?-pregunto cuando la morocha comenzó a caminar en dirección contraria a la de su convertible.

-Guárdalas ¿Sí?-de un movimiento rápido aventó sus manos que cayeron con delicadeza en las manos de Brittany.- No creo que me hagan falta.

Santana dio media vuelta y camino con normalidad cruzando la calle midiendo cada uno de sus pasos y sin darse cuenta se encontraba mirando a Brittany cerrar la puerta de su casa. Cuando realmente se dio por vencida de que la rubia estaría segura en su hogar y se fijo que no hubiera nadie alrededor comenzó a correr con una rapidez sobrehumana. Sus pies se movían con agilidad esquivando muchos de los objetos que se le cruzaban en el camino pero ningún humano. Ya era un poco tarde y eso era bueno para ella. Al cabo de llevar un minuto utilizando uno de sus muchos reflejos, paro en seco viéndose atrapada sentía un olor inusualmente familiar, pero no dio ninguna muestra de parecer interesada.

Continuo poniendo su frente en alto a paso lento por la orilla del asfalto buscando una ruta para ir a casa, pero sus sentidos estaban más concentrados en descubrir que era lo que se escondía de ella. Movió la cabeza incisivamente hacia ambos lados y de pronto el olor se duplico. Ahora no estaba sola si no con dos acompañantes más, solo que cuando quiso analizar mejor el segundo olor, dio un paso en falso y fue arrastrada y acorralada entre un árbol mientras unas manos la sujetaban con rudeza.

-López ¿Cómo estás?

-Muerta y ¿tu?

-No me quejo.-rio el castaño viendo como ágilmente salía de sus brazos y lograba tomarlo del cuello con su mano derecha aplicando toda la fuerza que necesitaba descargar.-Veo que tu agilidad sigue intacta.- a esto santana no pudo más que gruñir y dedicarle miles de miradas de odio acercando su boca al cuello del vampiro mientras sentía sus colmillos sobresalían abruptamente de ella.

-Nunca se fue.-susurró conteniendo las ganas de asesinar a James ahí mismo y desaparecerlo de su vida por completo.

-Que delicioso hueles Santana, acabas de cenar… a una mujer.-dijo con sensualidad en su voz irritando aun más a la vampira.

-No te importa James.-espeto con furia fortificando más el agarre de su mano con el cuello del castaño.

-No sabía que jugabas para ambos bandos… pero no lo niego, es excitante.-agregó atrayendo por la cintura a Santana hacía su cuerpo que al sentir un bulto entre su entrepierna se aparto de inmediato.

-Deja que tu amiguito baje, soy caliente pero no es para que te estés excitando pensando en mí.

-Divertida.

-¿Qué quieres James?-espetó con dureza intentando que ya acabara su monólogo para terminar con él.

-Que no quiero hermosa.-santana lo miro duramente y apretó mas su mano casi desintegrando la piel muerta que estaba comenzando a sanar.-Valla López, ¿susceptible hoy? Estaba en busca de dos presas y las encontré, lástima que el estúpido de Jonathan tuvo que intervenir, esas dos eran mías.

-No sé que les ves, una está embarazada y la otra es una enana.

-¿Así que las conoces?-cuestiono interesado pero un poco asfixiado debido a la mano de Santana que no se separaba por ningún segundo.

-No te importa James, si no quieres que acabe con tu existencia en este mismos segundo, te sugiero que te largues de Lima.

-¿Ahora es tu terreno?...comprendo, me voy. Fue un placer volver a verte primor, pero recuerda que estaré por ahí.

-Lose, y si se te ocurre pasar más te vale que no mates a nadie, ni muerdas, ni conviertas. Ahora largo.- Advirtió dejando libre al chico que sobo su cuello sonriéndole a Santana agradeciéndole por no terminar con su patética vida.

-Esa si es una mujer, tranquila no dañare a tu noviecita. No te preocupes, sabes que siempre tuve mi lado amable y sabes bien que la sangre humana no es lo mío. Quería verte a ti y a Jonathan pero ya sabes, la bipolaridad.

-Como sea, aléjate de ellas James o si no terminare mi trabajo después, nos metiste en un gran lio.-habló furiosa, no sabía con lo que se estaba metiéndose.

-Ya te dije, quería hablar con Jonathan.

-No es mi problema, hubieras pedido una audiencia con él.

-No es tan sencillo.-dijo tratando de ocultar ¿temor?

-Como sea, me largo.- mostro indiferencia hacía él y se fue del lugar dejándolo solo.

Inmediatamente se aparto de James y por decirlo así huyo del lugar. Ella no huía, no era cobarde, pero aquel vampiro no era de fiar. Y menos sabiendo que pudo haber matado a 2 de sus compañeras. El paso de Santana era tranquilo poniendo sus sentidos en todo el apogeo posible esperando cualquier aviso para tacar, pero eso nunca paso.

Algo que la latina no pudo percatar fueron un par de ojos color vino sangre observarla escondidos entre obscuridad de la noche, y ese había sido uno de los mayores descuidos de los cuales se iba a lamentar en un futuro no muy lejano.

Sin dejar de procurar no voltear hacia atrás sintió como algo vibraba en su bolsillo, inmediatamente se tenso como nunca más lo hubiese hecho en su vida, la mano le tembló al momento de tomar el aparato y tocar la pantalla.

-Santana…-susurraron con voz altamente asustada, el terror se podía escuchar y sentir atreves del celular, la mente de Santana colapso hundiéndose en un gran vacío y una opresión en su pecho se hizo presente ahogándola por completo, inundándola de los peores pensamientos, pensando en las desgracias que podían suceder a partir de hoy. Dio media vuelta y aventó el objeto con bastante enojo que casi rompe su mano haciéndolo trisas sobre el asfalto.

Algo no iba a estar bien esa noche y ella sabía que no debió haberla dejado sola.