Tardé un poco.

Aclaro antes de iniciar la lectura: Si no les gusta el tema de la lactancia en el lemon, por favor NO lo lean.

Gracias por sus reviews y por esperar, creo que les va a gustar y si no, les devuelvo su dinero xD


Angaindo Nanknight, tenemos toda una vida por vivir.

Pero la vida transcurre, pasa y se desvanece.

Te la di.

La mía.

Vívela conmigo.

Te amo.


Capítulo VIII

-Juntos Contra el Mundo-

No me sentí capaz de dormir en la cueva con Levi, aunque lo cierto es que me había acostumbrado ya al ritmo de desvelo que supone el ser investigadora y madre primeriza, por lo que en el momento no me hicieron falta las horas de sueño, aunque sí bostezaba constantemente.

Me quedé analizando la formación con Armin en su tienda de campaña y cuando el día comenzaba a clarear, salí de ella ante la mirada fija e inexpresiva de Levi que parecía querer comerme con los ojos.

- Hanji – dijo con profunda voz – ven a mi tienda ahora mismo, tengo que hablarte.

Sólo asentí y me dirigí de inmediato a su tienda. Al entrar, Levi de inmediato salió, dio órdenes a todos de dirigirse a realizar la formación a campo abierto que estaba planeada, a 300 metros de donde nosotros estábamos y luego de eso, entró.

- ¿Acordaron tú y Arlet los detalles de la formación que solicité?

- Sí. Aquí está el informe - y le tendí una serie de apuntes, sin embargo, lo noté desconcentrado. Daba vueltas en la tienda, aparentando buscar algo que no encontró y después de unos minutos, en que no se escuchaba ni siquiera al viento sollozar entre los árboles, se inclinó hacia mí quitándome los papeles, que echó a un lado con desinterés y me besó tumbándome con violencia sobre su bolsa de dormir.

- ¡Levi,ya basta! Nos esperan en la formación y…

- ¡Cállate! – y me dio una bofetada tal que me aturdió por completo. Levi era ecuánime, daba órdenes con rudeza pero jamás perdía los estribos y tal acto me confundió al grado de que completamente sin voluntad, dejé de resistirme a su contacto, pero era evidente que tampoco lo estaba disfrutando como él esperaba y se quedó quieto sobre mí, mirándome fríamente - ¿Qué demonios te pasa? ¿No lo hago mejor que el maricón de Arlet o simplemente no me echaste de menos?

Tal recriminación me pareció el colmo del absurdo. ¡Él fue quien se largó! ¡Él fue quien me abandonó, embarazada y enferma y ahora venía con sandeces sobre acostarme con un mocoso!

- ¿Dices, Sargento, que me involucré con un subordinado? ¿Tienes pruebas de eso? – Le espeté con voz grave y lo miré con furia - ¡¿Vas a reclamarme por tu capacidad para ser hombre únicamente en batalla?!

Y me miró. Neutral. Confuso. De pronto pareció transformarse en un niño desvalido y por un segundo, su rostro se nubló con un dejo de tristeza que ni el mismo pareció comprender.

- Te dije que no podía volver, necesitabas tus malditas pruebas y las traje…

- ¡Y además ahora eres una hermana de la caridad trayendo mis pruebas..! Te dije que estaba embarazada. No era cualquier persona. Eran tus hijos. ¡Los hijos del soldado más fuerte de la humanidad! ¡De la persona que podía sacarnos a todos de este atolladero! ¡Tus malditos hijos por los que no hiciste ni puta cosa!

Me miró de nuevo.

- Hice, Hanji Zoë, lo que tú no pudiste y querías: ¡Descubrí cómo asesinar a esas cosas! En cambio tú… - y de pronto se quedó mudo unos momentos de tensión en que desde arriba me miró; se incorporó del suelo y me tendió la mano para que me levantara. Su rostro denotaba una vergüenza profunda, pues sabía cuánto me afectaba no haber sido yo la que descubriese algo tan importante.

- Tienes razón. No tenías elección. Pero debes entender que yo tampoco – y se acercó a mí tomándome por los hombros – Cuatro Ojos, si no hubiera ido,esa pesadilla se habría extendido para nuestros hijos, para ti… - me acarició la mejilla – Tú no lo ves, pero esto fue sólo para ti y para ellos… - y su rostro se pegó por la frente con el mío, mientras atraía mi cabeza por la coleta de mi cabello sosteniéndola con su mano – Tonta… Estaba… Ansiando volver a ti – y sin más palabras (para ser Levi ya había hablado demasiado) me besó de lleno en los labios apretándome contra su cuerpo.

Y el naufragio de mi voluntad comenzó.

Nos miramos unos momentos, como reconociéndonos. Acarició mis labios con sus dedos finos y alargados y su mano se deslizó, sin ceremonias, directamente a mi pecho. Yo no podía dejar de jadear; su cercanía provocaba siempre en mí efectos inmediatos que no podía ignorar ni evitar. Y que tampoco deseaba evitar.

Me dio la vuelta e hizo a un lado mi cabello, besando y lamiendo mi cuello, aspirando como si deseara memorizar su olor y aprender cada patrón y nota base de mi aroma. Sus manos acariciaban mis costados y rebuscaban mis pechos, delinéandolos y apretándolos por debajo de la blusa. Sus manos se mojaron, al apretarlos, con la humedad de la leche que aún se agolpaba en ellos, mas nada dijo. Al sentir el líquido caliente en sus dedos, se llevó esa mano a los labios y lo saboreó. Sentí una mordida en mi cuello, satisfecha, gustosa, y al apegarse a mí, la inmensa erección que coronaba su deseo. Masajeó mis glúteos con ella, como si pudiera penetrarme realmente sobre la ropa y escuché claramente una ligera risita burlona al escucharme jadear como si al final hubiese triunfado.

Sin decir una palabra, aflojó los botones de mi pantalón con facilidad y bajándolo aflojándome también las botas, me empujó al frente sobre la bolsa de dormir, con los cinturones todavía atados sobre mi piel, la que delineaba, acariciaba y masajeaba con detenimiento, como si tomara nota del número de poros en ella. Entonces, un momento no hizo nada, así que lo cuestioné.

- ¿Qué haces? – y sentía el sonrojo en mis mejillas ardientes. Él me tenía sobre mis piernas dobladas, apoyada en el suelo y levantando la cadera.

- Me aseguro de que no te haré daño. La herida ya no existe pero quería estar seguro.

Y nuevamente se hizo el silencio que era roto únicamente por el sonido de sus botas al acomodarlas en el suelo y de sus cinturones, los que enrollaba con rapidez. No vi que se retirara la ropa pero supuse que lo hacía y de pronto sentí como sin siquiera avisar, mi cadera era tomada firmemente con sus manos, las que acariciaban la piel de mis glúteos. Me estremecí y la piel se me puso de gallina. Sabía bien lo que seguía pero hacía tanto que lo deseaba que suponía que no volvería a suceder.

Levi dejó caer pesadamente su mano sobre uno de mis glúteos, acción que de inmediato me puso a punto y que dejó una intensa marca roja. Rozó la punta de su miembro con mi entrada y sentí que me derretía ante su contacto delicioso. Eché la cadera hacia atrás, más por instinto que por decisión, y de inmediato, todo su miembro se deslizaba entre mis paredes, las que lo apretaban más de lo que jamás antes lo habían apretado. Yo sólo podía gemir, jadear, estremecerme, soltar comentarios obscenos sobre su habilidad para excitarme y de vez en cuando incorporarme, dejándole tocarme los pechos.

- Tsk… Hanji Estás

- ¿Qué? – Yo jadeaba y no podía evitar moverme al ritmo de sus embestidas firmes.

- Estrecha. Pero… Es normal… Te han quitado tejido, ¿no?

Y asentí moviéndome con gusto. Levi mordía mi espalda, jadeaba, trataba de mantener el control pero su deseo lo traicionaba y sólo lo escuchaba gemir y jadear y eso me tenía tan profundamente excitada que, aunque traté de buscar en mis recuerdos alguno que concordara con esa actitud, no pude encontrar ninguno.

De pronto se detuvo y salió de mí. Volteé a mirarlo y sus ojos sólo me decían que me deseaban. A pesar de todo el tiempo que había transcurrido, Levi aún me deseaba y me amaba. Eso era suficiente. Me deslicé debajo de él, y abrí las piernas, las que nuevamente masajeó con interés observador. Miró mi sexo entonces con curiosidad y sin decir palabra pero con los ojos fijos en los míos, deslizó su lengua en mi entrada y la introdujo tensándola para darme placer. Chupaba y mordía mi clítoris mientras yo estaba a punto de gritar.

Al cabo de un momento en que me tuvo a su merced, fue subiendo más sobre mí y sus labios entonces se posaron en mis pechos mientras me acariciaba. Los apretó y nuevamente la leche que era generada con el fin de alimentar a nuestros hijos, fue beneficiosa también para él. Pareció transformarse y de inmediato sus dedos se deslizaron bajo mi ropa acariciando mi clítoris, mientras chupaba y lamía, asegurándose de que no quedaba ni se desperdiciaba una gota, las que perseguía si llegaban a escapársele.

En una sola estocada, me penetró, esta vez con todas sus fuerzas, mordiéndome el pecho fuerte, como si fuese a caer.

Me moví a su ritmo y comencé a besarlo, mordiendo sus labios, murmurando incoherencias. Sólo en sus brazos me sentía plena y segura. De pronto me miró, me tomó de la nuca y murmuró.

- Cuatro Ojos… ¿Te gusta? ¿No te gusta… más cómo lo hace el mocoso rubio? –pregunto casi en un susurro.

- Levi… -y le sonreí - Jamás me he acostado con Armin Arlet. Y tampoco lo haría.

Sus embestidas fueron haciéndose intensas mientras sus mordidas iban dejando ya la marca de su estadía en mi cuerpo.

Yo no podía más que arquearme, sollozar, decir su nombre…

Sólo puedo definirlo así: Éxtasis total.

Cuando terminó, aún seguía mamando de mis pechos con fruición, como un bebé. Le acaricié el lacio cabello y le dejé saciarse de mí mientras me llenaba por dentro con sus propios líquidos.

Le encantaba verme terminar. Siempre le gustó ver cómo me retorcía y suplicaba, sólo que estaba tan ocupado que en esta ocasión no lo hizo.

- Termina para mí, Hanji… - Murmuró lamiendo aún mi pecho.

- Shhhh… - hice esta expresión gimiendo aún- No puedo…

- Sí puedes… Te encanta… Sé mía…

- Enano tonto… Ya lo soy…

En ese instante, ambos temblábamos y Levi me apretaba contra su cuerpo.

Sólo habría deseado que me hiciera más tiempo el amor.

Lo que nos esperaba después de ese momento, fue algo que marcó nuestras vidas para siempre.

Trágico. Triste. Una de las cosas más dolorosas que tuvimos que vivir jamás.

Él era yo. Yo era él. Por fin estábamos de nuevo juntos contra el mundo.

Sólo que no sabíamos que el mundo también se alistaba contra nosotros.


Viene algo muy impactante, nadie se lo espera.

Los va a unir, pero es algo que como pareja, también los hará sufrir mucho.

No me odien ;-;