CATORCE
La noticia de que el campeón del Grand Prix junior de la edición pasada de dicho evento ha renunciado a la final se esparce como la pólvora por todos los medios de comunicación. La noticia ha sido tan súbita, tan repentina, que nadie en el medio puede dar crédito al comunicado de prensa que Celestino Cialdini ha hecho a dos semanas de la fecha del evento.
Nadie entiende qué es lo que sucede con la joven promesa del patinaje japonés que aquella temporada ha seguido sorprendiendo a propios y extraños con la cadencia de su mágica danza sobre el hielo. Nadie sabe por qué aquel chico hermoso ha renunciado a lo que sin duda hubiera sido para él, el refrendo del título que había conquistado por primera vez el año anterior.
Y es que nadie sabe lo que ocurre en las cuatro paredes de la habitación de Yuri Katsuki quien se encuentra ya en Yutopia. Nadie sabe que el pánico que lo atacó siendo niño ha vuelto con toda su fuerza, con todo su peso, con toda su oscuridad.
En este momento, el joven campeón se encuentra dormido entre los brazos de su madre. La temporada de este año ha sido más pesada que nunca porque Yuri ha patinado completamente asustado en sus eventos aunque nadie lo notó porque logró conseguir dos solidas medallas de oro en los eventos previos a la final. Nadie se dio cuenta porque Yuri intentó ocultarlo todo hasta el último momento pero aun así la cruda verdad se ha hecho presente sin que nadie haya podido evitarlo y esa verdad grita que Yuri no estaba bien, que no ha estado bien en mucho tiempo.
El joven Katsuki se estremece de nuevo entre los brazos de su madre ahora, y Hiroko siente que su corazón se rompe una y mil veces al escuchar que Yuri empieza a llorar en sueños. La madre del chico se aferra a él con fuerza y comienza a mecerlo entre sus brazos como si con el arrullo de su voz que tararea canciones de amor pudiera hacer que Yuri dejara de sufrir. Ella sabe que eso no será suficiente, ella sabe que tiene que esperar a que los medicamentos y la terapia hagan efecto pero quisiera poder hacer algo más. Yuri está pasándola mal, muy mal y sabe que su hijo se sentirá peor cuando se entere de que Celestino ha hecho ya el anuncio que nunca nadie hubiera esperado.
Pero aquello era necesario, piensa Hiroko mientras acaricia el cabello oscuro de Yuri y siente que su hijo recupera la calma una vez más. Era necesario porque en el último entrenamiento antes de partir a Tokio donde sería la final del Grand Prix de aquel año, Yuri tuvo una caída horrible que no terminó en una fractura monstruosa por puro milagro. Fue ahí cuando todos se dieron cuenta de que Yuri estaba fuera de sí, que había algo que no lo dejaba concentrarse como era debido en su entrenamiento. Y ese algo era el pánico, ese algo era el viejo monstruo conocido que parece ensañarse con el corazón del joven patinador que duerme ahora en los brazos de su madre.
Sí, todo el mundo había notado que la alegría serena del joven Katsuki se había esfumado de un día para otro pero nadie le había dado tanta importancia. Hiroko de hecho, había pensado que toda aquella tristeza tenía que ver con el hecho de que Yuri había estado ilusionado el verano entero con la idea de que su ídolo y nuevo amigo, Victor Nikiforov, pasaría el verano con él, en Yutopia.
Pero al final de la temporada, aquella visita no se había llevado a cabo debido a la complicada agenda del patinador ruso quien tenía demasiados compromisos incluso en los días libres de competencias. Yuri le había comunicado la noticia a su madre sin tanta alegría en la voz, pero aun así su hijo había lucido tranquilo, como si él entendiera perfectamente a Victor y que había ciertas cosas que simplemente no eran posibles por más que uno las deseara con el alma entera.
Y es que la amistad de los dos se ha hecho fuerte, Hiroko solía escuchar a Yuri hablando con el ruso por horas durante las vacaciones, y Minako solía contarle a ella que Victor y Yuri parecían estar siempre juntos a pesar de que por lo general los separaban miles de kilómetros de distancia.
Hiroko sonríe tristemente sin poder evitarlo. Ella sabe que el miedo de Yuri no siempre tiene una buena razón para atacar, simplemente lo hace. Su corazón de madre quisiera que todo fuera diferente y ese corazón le hace pensar que quizá todo hubiera sido diferente si el muchacho ruso que es el ídolo y ahora el amigo de su hijo hubiera ido a visitarlo. Quizá eso le hubiera dado fuerza a Yuri. Quizá, eso hubiera retrasado un poco el regreso de la oscuridad.
No, Hiroko no quiere encontrar un culpable, pero la idea de Victor Nikiforov siempre le había dado fuerzas a Yuri para seguir adelante y en aquellos momentos, Yuri necesita encontrar su fuerza a como dé lugar. Hiroko suspira una vez más y besa la frente de Yuri antes de arroparlo completamente. Es una noche fría de noviembre y hace solamente dos días que Yuri ha cumplido catorce años.
Pero aquel año no hubo una fiesta enorme, no hubo una reunión especial en Yutopia para comer cantidades industriales de Katsudon en familia, mientras todos le daban regalos a Yuri haciendo que el chico sonriera alegremente. Aquel cumpleaños fue una larga visita al hospital de la capital, aquel cumpleaños siempre será un recuerdo doloroso en el corazón de la familia Katsuki.
Hiroko suspira y decide dejar a Yuri solo un momento. Ella necesita un poco de cafeína en el cuerpo porque nadie la apartará de su hijo aquella noche, nadie la convencerá de dejarlo solo porque no podría soportar escucharlo gritar con terror una vez más.
—Tienes que cuidarlo bien, Vicchan, volveré pronto— dice Hiroko al caniche que duerme al lado de Yuri y quien le dedica una mirada de completa comprensión—. Cuida a nuestro Yuri ¿está bien?
Vicchan se pega más al cuerpo de su dueño como si hubiera comprendido todas y cada una de las palabras de Hiroko. La madre de Yuri sonríe con un poco más de esperanza y se encamina a toda prisa hacia la cocina de Yutopia. A ella no le sorprende para nada encontrar las luces encendidas pero sí le causa un poco de impresión escuchar la voz de Minako en la habitación.
—No seas tonto, no debes distraerte de la competencia y mucho menos retirarte— dice la profesora de ballet con firmeza mientras habla por teléfono—. Yuri jamás te perdonará si pierdes ¿entiendes? Tienes que dar lo mejor de ti en la final, eso es lo que debes hacer, Victor. Sí, ya sé que quieres venir a verlo pero él está bien, no vamos a descuidarlo… Sí, sí, te comprendo pero no debes buscarte problemas con tu entrenador ahora diciéndole que vas a escaparte a Hasetsu ¿entiendes? Concéntrate en lo que debes hacer, nosotros no descuidaremos a Yuri. Sí, Victor, yo sé que él es sumamente importante para ti así que hazlo sonreír ganando otra medalla de oro ¿quieres?
Hiroko se sienta frente a la profesora que sigue diciendo palabras tranquilizadoras al joven patinador ruso que se escucha sumamente preocupado y triste del otro lado de la línea. Después de asegurarle por milésima ocasión que Yuri está bien, la maestra Minako cuelga su llamada con Victor y suelta un suspiro antes de sonreírle a su mejor amiga con cansancio.
—Es un chico terco, me costó mucho trabajo convencerlo de no abandonar la competencia también— dice Minako aceptando la taza de café que Hiroko pone delante de ella.
—Victor Nikiforov le ha tomado mucho cariño a Yuri ¿no es así? — dice Hiroko con una sonrisa traviesa en los labios.
—Te apuesto lo que queda de mi fortuna a que tendrás un yerno ruso— dice Minako riendo divertida por primera vez en días—. Pero ¿quién puede culpar a Nikiforov por enamorarse de Yuri? Toshiya y tú le heredaron mucho encanto a nuestro pequeño…
—Enamorado…—dice Hiroko sorbiendo su café de forma lenta— ¿Crees que los dos sepan que es eso lo que les pasa?
—Los chicos siempre son torpes con sus sentimientos ¿no crees? — dice Minako y luego suspira de forma profunda—. Aún recuerdo cómo el tonto de Toshiya tardó más de medio año para tomar valor y hablar contigo en la escuela secundaria.
—La timidez era parte de su encanto— dice Hiroko con una sonrisa llena de recuerdos—. Pero tienes razón, los chicos son torpes y en esta historia son dos…
— ¿Te molesta ese hecho? — dice Minako con calma, ella adivina la respuesta pero quiere escucharlo de labios de su mejor amiga.
— ¿Por qué habría de molestarme? — dice Hiroko con una sonrisa enternecida—. Si Yuri conocerá el amor, lo que menos me importa es si su compañero es un chico. Solo quiero que mi Yuri sea feliz, eso es todo lo que deseo…
Minako sonríe y toma la mano de su mejor amiga entre la suya haciendo que Hiroko le dedique una mirada agradecida. Porque con ese gesto, la maestra de ballet está diciéndole que no está sola, que jamás lo estará y Hiroko recuerda ahora que el amor que todos sienten por Yuri es lo que lo hará salir adelante, que es ese amor el que no dejará que Yuri pierda su sueño. Porque Hiroko sabe que aquel alto en las competencias no es el fin de la carrera de su hijo, no. Aquello será solo una pausa, solo una pequeña y necesaria pausa para que Yuri vuelva a ser la flor llena de vida que siempre cautiva a la audiencia con su danza de hielo y cuchillas de acero.
Es así como los días de invierno siguen su paso. El frío del exterior es cada vez más intenso pero el miedo de Yuri parece remitir día con día hasta que una mañana el chico decide empezar a entrenar una vez más causando que su familia sienta que el tratamiento está haciendo efecto por fin. Los padres de Yuri llaman en seguida a Celestino Cialdini quien se hospeda en la capital pues el entrenador italiano había decidido mantener vigilada a la competencia de su joven pupilo y éste se alegra sobre manera cuando la noticia de que Yuri ha vuelto a patinar llega a sus oídos.
La final del Grand Prix ha terminado ya desde hace dos días, así que Celestino decide volver a Hasetsu mientras su joven pupilo se refugia en la soledad mágica y blanca del Ice Castle, lugar donde su sueño inició años atrás. Después de todo, el Ice Castle es ese lugar que siempre tendrá las puertas abiertas para él y para el enorme sueño que hay en su corazón.
Y es que aquella mañana, la primera en la que Yuri vuelve a sentirse como él mismo de nuevo es fría, sí, pero el sol brilla y se cuela por los ventanales de la pista de hielo haciendo que todo brille.
Yuri sonríe de forma tímida y aquella sonrisa lo toma por sorpresa porque cuando el miedo ataca es sumamente difícil sonreír. Pero ahora sonríe, sonríe y se desliza sobre el hielo con calma, como si el chico estuviera disculpándose con el hielo por haberlo dejado de lado por más tiempo del necesario. Yuri no sabe si será posible que él compita en el nacional de Japón de aquel año, él sabe que tiene que hacerlo si quiere competir en el torneo de los cuatro continentes y en el mundial del año que viene pero en aquel instante no se siente seguro de nada.
Y es que no sabe si el miedo se ha ido, si de verdad ha logrado controlarlo o si éste vendrá de nuevo causándole otra vez mucho daño. Yuri no está seguro de nada pero su cuerpo y su corazón se sienten livianos mientras sus pies se mueven de nuevo sobre el hielo. El hielo es su refugio, siempre lo será, por eso Yuri sabe que tiene una deuda profunda con él, que no puede fallarle. Quizá si todo sale bien pueda ser de nuevo el campeón nacional junior. Quizá, si todo sale bien, pueda hacer que las personas que lo apoyan se sientan menos decepcionadas de él porque Yuri sabe que los ha decepcionado a todos, que ha decepcionado sobre todo a una persona.
El corazón de Yuri duele dentro de su pecho cuando el rostro de Victor Nikiforov, su ídolo y uno de sus amigos más cercanos ahora, aparece dentro de su mente recordándole de pronto todos esos mensajes que no ha contestado porque se muere de vergüenza. Yuri no ha contestado a las llamadas de Victor porque no se siente con la fuerza suficiente para enfrentarlo. Porque él sabe que le ha fallado Victor, él se ha dejado vencer por el miedo y Yuri no está seguro de si Victor podrá seguir siendo su amigo después de algo como eso.
Porque Victor jamás hubiera dejado que algo así le sucediera a él ¿verdad? Victor no es un cobarde y Yuri siente que él sí lo es y por eso se muere de miedo, se muere de vergüenza de tener que enfrentarse a su ídolo, a su amigo.
Yuri suspira y deja que su cuerpo se mueva sobre el hielo, el chico cierra los ojos y simplemente deja que su cuerpo flote a la deriva como una nube surcando en cielo. No está entrenando precisamente, simplemente desea poder lograr que su corazón se calme un poco. Yuri solo quiere encontrar su fuerza de nuevo, eso es todo lo que quiere lograr, así que sigue patinando sin dirección, sin presión, solamente patina por el mero gusto de hacerlo hasta que, sin previo aviso, su cuerpo choca con otro y cuando sus ojos cafés se abren, el joven japonés piensa que está soñando porque la imagen de Victor Nikiforov sonriéndole de forma preocupada no puede ser real, de verdad no, y Yuri se pregunta si todos sus encuentros con él serán siempre igual de impredecibles como ese.
—Como no me contestabas los mensajes, decidí dejar a Yakov en el aeropuerto y tomé un tren a Hasetsu para venir a verte— dice Victor con una sonrisa brillante que hace que Yuri se pregunte si el sol siente envidia de la luz que hay en Victor—. Y antes de que me regañes y me digas que estoy loco, algo que de todos modos ya sé, déjame abrazarte ¿quieres?
—Victor ¿Qué haces aquí? ¿De verdad eres tú?— dice Yuri sin saber qué más decir.
—Sí, soy yo…— dice el ruso riendo alegremente—. Te he extrañado como un loco, Yuri, en serio. Solo déjame abrazarte ahora ¿sí? Aunque espera ¿por qué te pido permiso? Siempre me ha gustado sorprenderte así que…
Sin añadir más palabras, Victor toma entre sus brazos el cuerpo de Yuri y el patinador ruso se estremece un poco al notar que el chico ha perdido demasiado peso desde la última vez que lo abrazó de aquel modo.
—También te extrañé…—dice Yuri y no puede evitar que su corazón se sienta culpable y apenado por no haber respondido a Victor.
—Hey, deja de temblar…— dice Victor sin apartarse de él ni un solo segundo—. No escapé para hacerte sentir culpable, Yuri. Estaba muy preocupado por ti, pensé que estabas enojado conmigo por lo del verano y…
—No, claro que no…—dice Yuri separándose de su amigo simplemente para mirarlo a los ojos—. Yo no me enojé por eso, de verdad…
— ¿Enfermaste por mi culpa? — dice Victor con algo de vergüenza—. Yakov me contó acerca de tu problema, espero que no te moleste pero no lo dejé en paz hasta que averiguó todo y yo… Yuri, perdóname por fallarte de ese modo. Yo no quería que estuvieras triste, yo de verdad quería verte en el verano…
—Lo sé, pero no es eso…—dice Yuri intentando sonreír—. Mi problema es solo mío, es parte de mí…
— ¿Cómo puedo ayudarte, Yuri? —dice Victor tomando las manos de su amigo entre las suyas—. Por favor, dime cómo puedo ayudarte…
—Estás aquí…— dice Yuri y vuelve a abrazar a Victor solo para asegurarse de que el otro chico es real—. No tienes que decir nada, no tienes que hacer nada, solo quédate a mi lado ¿quieres? Solo quédate a mi lado un poco más…
—Mi Yuri…—dice Victor rodeando al patinador más joven con sus brazos—. Me quedaría contigo toda la vida, de verdad lo haría si con eso consigo hacer que tu corazón deje de doler…
Yuri sonríe y se aferra a Victor con fuerza. Él sabe que más tarde se sentirá avergonzado por todas las cosas que ha dicho y hecho hasta ese momento pero no puede evitarlo. Porque Victor está ahí con él, porque Victor lo ha llamado "mi Yuri" y él no sabe por qué esa pequeña silaba hace de su nombre algo mil veces más bello. Él solo sabe que Victor está ahí con él cuando podría estar en cualquier otro lado. Él solo sabe que Victor es el sol y que a su lado el miedo deja de importar, todo el mundo deja de hacerle daño.
Y su joven corazón de catorce años se siente en paz de nuevo. Yuri sabe que Victor no se quedará ahí mucho tiempo pero eso no importa mucho en aquel momento. Victor está ahí, Victor no se irá al menos en los próximos minutos y aunque Yuri sabe que aquel abrazo tendrá un final, el chico decide que al menos por un pequeño instante, soñará con un por siempre en los brazos de Victor Nikiforov.
Los ojos azules del príncipe del hielo brillan con alegría al ver a su amigo llevando a cabo la rutina que presentará ante todo Japón la semana próxima. Victor Nikiforov se estremece de alegría y de orgullo al ver a Yuri danzando con seguridad y firmeza sobre el hielo, el ruso puede decir que Yuri es un patinador fuera de serie y aquella emoción infinita que sintió al ver a Yuri patinando por primera vez vuelve a invadir su pecho de forma completa.
Y es que en realidad Victor no sabe qué es eso que se anida en su pecho cada vez que Yuri sonríe o danza del modo en el que lo hace sobre el hielo en aquel justo instante. Sí, claro, es más que evidente que él siente un cariño enorme por Yuri, un cariño que raya en la más sincera adoración pero una palabra como "cariño", parece también insuficiente.
Victor sonríe al ver el cuerpo de Yuri elevándose en el aire en los giros del fantasía por los que el patinaje artístico es un deporte de extrema belleza y su corazón de diecisiete años, se salta un latido al ver el aterrizaje perfecto del joven japonés quien, cuando patina, parece completamente ajeno al mundo de los mortales.
Victor Nikiforov aplaude emocionado y Celestino Cialdini le dedica una mirada divertida al chico ruso quien ha causad revuelo en todos lados al anunciar que se saltaría el campeonato nacional de Rusia debido a problemas personales. Aquella noticia no hizo felices a sus admiradores, pero Victor no quería volver a casa aun, no hasta estar seguro de que Yuri estaría bien, completamente bien. Sí, Yakov lo regañó y amenazó con renunciar a ser su entrenador pero Victor sabía que aquella era una amenaza vacía.
En los últimos años, Victor había puntuado tan bien en todos los eventos de la Unión de Patinaje Artístico, que en realidad perderse un campeonato nacional más no lo afectaría. Él estaba seguro de que la federación rusa lo elegiría como contendiente en el campeonato europeo y también en el mundial, así que Victor decidió quedarse en Japón unos días más.
Y aunque los rumores han llenado las redes sociales, nadie sabe que el verdadero motivo de la ausencia del príncipe del hielo en las pistas es ese chico de catorce años que patina ahora al ritmo de una canción movida y alegre que combina a la perfección con los movimientos del cuerpo de Yuri Katsuki aunque ¿hay alguna melodía que no se preste para convertirse en la compañera perfecta de la danza de aquel joven prodigio sobre el hielo?
—Es tan hermoso…—susurra Victor mientras saca el teléfono de su bolsillo y enfoca con él a Yuri buscando guardar aquel momento por siempre para poder revivirlo una y otra vez cuando tenga que estar lejos de su amigo de nuevo.
No, Victor no compartirá aquellas imágenes con nadie más, él sabe que Yuri no es tan abierto con su vida como todos los demás patinadores y Victor intuye que es ese misterio el que lo hace tan completamente encantador. El joven ruso suspira y rueda un poco los ojos cuando se da cuenta de lo que ha pensado porque en realidad Yuri es encantador haga lo que haga. Al menos para él, claro, pero a veces Victor se siente celoso al pensar que los demás también se dan cuenta de lo bello y perfecto que es Yuri Katsuki.
Pero no, no, Victor no quiere pensar en eso. Aunque la idea de que Yuri encuentre a alguien especial en su vida es enloquecedora a veces, Victor sabe que no debe apresurar las cosas. La amistad que tiene con Yuri es preciosa, es algo sumamente valioso para él y no quiere perder eso simplemente porque no es capaz de controlar sus sentimientos. Sí, sí, tiene sentimientos por Yuri Katsuki, eso es innegable pero ¿y si Yuri no siente lo mismo por él? ¿Y si Yuri se aleja de él porque se sentirá asustado? Y en última instancia ¿cuál es el nombre de todos esos sentimientos que bullen en su interior cuando mira a Yuri? ¿Toda esa confusión dentro de su pecho tiene un nombre? ¿Existirá la pequeña posibilidad de que Yuri sienta lo mismo en su pecho al pensar en él también?
El décimo suspiro dramático sale de sus labios y su corazón se detiene de nuevo porque Yuri ha terminado su rutina y sonríe directamente en su dirección. Y en los ojos marrones del joven Katsuki hay estrellas, en los labios de Yuri parecen esconderse mil historias que esperan ser leídas por Victor, por nadie más que Victor. Y aquella idea parece ser más que una idea, aquellas palabras en su mente son como una promesa que se hará realidad y el corazón de Victor late con fuerza, con locura.
El joven ruso aplaude intentando que los latidos de su corazón se calmen pero de pronto todo es tan claro: Yuri Katsuki es su destino, estar al lado de Yuri Katsuki es una de las razones de su existencia y su joven corazón le da la razón con cada uno de sus latidos. Y entonces Yuri ríe de forma feliz cuando Celestino le dice que lo ha hecho de maravilla y Victor grita su nombre simplemente para atraer aquellos ojos del color del chocolate hacia él una vez más y Yuri lo mira, lo mira directamente.
Y Victor sabe que a pesar de que el universo sea enorme, sus ojos siempre volverán a encontrarse con los de Yuri, sus ojos no mirarán a nadie más que no sea Yuri y ese designio debe estar escrito en todas las estrellas del universo.
Es entonces cuando Celestino le da la orden a su patinador de empezar de nuevo con la rutina y al verlo deslizándose una vez más sobre la blanca superficie helada, Victor descubre por qué todo el mundo siempre le dice que amor es todo aquello que está sobre el hielo.
Sí, porque Yuri Katsuki es un amor burbujeante, un amor sereno, un amor enorme deslizándose sobre el hielo y de un modo mágico y maravilloso todo tiene sentido dentro de Victor, todo tiene un nombre también.
—Amor…—dice Victor lentamente, saboreando las silabas dulces de esa palabra—. Amor, llamamos amor a todo lo que está en el hielo…
Y lo que está sobre el hielo es Yuri, lo que está sobre el hielo es también su corazón quien parece estallar dentro de su pecho ahora que su dueño se ha dado cuenta por fin de todo eso que siente por Yuri. Y ese corazón lo urge a gritarlo pero una sonrisa misteriosa aparece en los labios del joven Nikiforov quien suspira una vez más al ver a Yuri creando música sobre el hielo.
Sí, siente amor por Yuri, eso es un hecho pero él sabe que debe esperar y Victor esperará. Porque él sabe que Yuri llegará a la misma conclusión que él algún día, porque él tiene la esperanza de que un día, Yuri también se dará cuenta de que aquel amor que danza sobre el hielo tiene ojos azules, se llama Victor Nikiforov y a partir de ese preciso instante estará esperando por él sin importar cuántos días hayan de pasar para poder descubrir un nuevo mundo de la mano del otro…
