A LA FUERZA
Disclaimer: Los personajes no nos pertenecen; son de la autoría de J. K. Rowling. Nosotras solamente creamos la historia.
CAPÍTULO VIII (Serena Princesita Hale)
¿AMNESIA?
Alexandra Elizabeth Parkinson Thomas mejor conocida como Pansy Parkinson siempre se había caracterizado por ser una chica fría y superficial a los ojos de todo el mundo que la rodeaba. Sin embargo esa era una fachada, una máscara para evitar que cualquiera pudiera dañarla. Además, era algo que le venía bien, pues desde pequeña había estado acostumbrada a tener solo lo mejor; por ello, jamás fue extraño, ante los ojos de nadie que desde el primer instante en el que pisó Hogwarts se proclamara dueña y señora del lugar.
Su porte y su altivez opacaban a cualquiera; y si bien, en los primeros días se mostró cauta y reservada, solo había sido como una manera de precaución, pues como buena Slytherin, era astuta y había aprendido a estar del lado más conveniente; pero sobre todo, había aprendido a que esa máscara que solía portar, la ayudaba a que nadie pasara por encima de ella. Y por ello también, no había sido extraño que fuese la novia oficial de Draco Malfoy –El autoproclamado príncipe de Slytherin— al que todos temían y respetaban.
Y es que, a ciencia cierta, ella no creía mucho en la pureza de la sangre, pues desde pequeña había aprendido que un buen mago y en su caso bruja, se hace a base de esfuerzo continuo y práctica constante, pero eso era pasado; pues enfocándose en el presente; o por lo menos en su presente y su realidad.
Sin embargo, eso era algo muy difícil de enfocar, si se comienza por el verdadero punto de partida que fue el descubrir que su novio la engañaba.
Todo había comenzado a finales del cuarto grado. Más específicamente en el mes de diciembre, justo después de la celebración del baile del torneo de los tres magos que estaba teniendo lugar en Hogwarts.
Esa fue la primera vez qué había sentido celos y algo parecido a una desilusión amorosa.
Recordaba que Draco –su Draco— del cual, por aquel entonces estaba perdidamente enamorada o, al menos eso creía ella, le había dejado de prestar atención, para enfocarla en alguien que ni en sus más locas pesadillas –que por aquel entonces, ni siquiera por asomo solían ser torturantes ni violentas como ahora— habría imaginado.
Y es qué aquella noche, Draco no había desviado la vista de Hermione –la sangre sucia— Granger.
Ella había sido la culpable, en cierta manera, que todo se viniera a pique, pues desde que había descendido por los escalones de Gryffindor en el desafortunado momento en el qué ellos iban pasando por allí, vestida como una autentica princesa muggle había captado la atención de su entonces novio. Algunas veces incluso piensa que si hubiese demorado un poco menos en arreglarse, si hubiese demorado un poco menos en hacerse esperar, quizás eso jamás habría sucedido y ella no hubiese tenido que soportar las consecuencias del inicio de su propio fin y de cierta forma la verdad de sus verdaderos sentimientos. Pero el hubiera no existe, y por ello vivía con las consecuencias de sus propios actos.
Recuerda perfectamente que Draco –que si bien no había parado de criticarla toda la noche; con algunas contribuciones suyas por supuesto— le había dirigido una mirada diferente a todas aquellas qué él solía dirigirle.
Por un breve instante, su mirada no había sido fría ni mucho menos amenazante. Sino más bien sé había vuelto cálida y llena de paz –aunque en ese momento ella ni siquiera lo notó; solo hasta después de analizar fríamente la situación— de esas clases de miradas qué son capaces de traspasarte el alma.
Por aquel entonces, la guerra y el regreso del— que— no— debe— ser— nombrado solo era un molesto rumor, algo qué si bien inquietaba sobre todo a los habitantes de la noble casa de Salazar, tampoco era una gran preocupación, pues, después de todo, cualquiera podría haber invocado la marca…. Pero eso es desviarse del tema principal.
Esa noche Granger lucia fabulosa. Era como el capullo de una crisálida, convertida en mariposa. Un botón de rosa qué recién abría sus pétalos con delicadeza y un suave perfume qué dejaba a su paso. (El recordar de cierta manera la estaba poniendo un tanto poética y eso era una soberana idiotez, siendo ella una Slytherin. Fría y calculadora por naturaleza)
Y es que aquella noche, Draco no había dejado de observarla. Incluso cuando el imbécil de Weasley –maldito imbécil que hasta en sus recuerdos se colaba de extraña y desagradable manera— la había lastimado, Draco había apretado fuertemente sus puños hasta lograr que sus nudillos sé volviesen blancos. Y ella había comenzado a comprender por qué, aunque se negase a aceptarlo, pues de alguna manera eso era bastante humillante. Así como seguir recordando cada uno de los comportamientos de Draco, —durante esa temporada—, su miedo reflejado en esas bellas gemas grises cuando se dio cuenta que ella había desaparecido y que el imbécil de Krum había tenido que rescatarla, entre otras cosas.
Pero eso era volver a desviarse…. Aunque quizás no.
El fin del cuarto grado llego y con su llegada una serie de eventos que ahora podrían catalogarse como muy desafortunados, pues después de aquel verano, Draco se había vuelto más sombrío y taciturno y ella lo comprendía, pues el rumor se había vuelto una realidad. Su padre se lo había confirmado al confirmarle también que aquel que tanto temían había sido el causante de la muerte de Cedric Diggory a su regreso y sus ansias de poder.
Y es que ella nunca se había considerado inferior a nadie, muy por el contrario, ella siempre se había creído superior a todas en muchos aspectos. Era una chica preciosa, rica, pero sobre todo inteligente como para menospreciarse a sí misma.
Sin embargo, al llegar el quinto grado, noto como Draco también sé había vuelto un poco más pendiente de ella. Como siempre intentaba protegerla –aunque el mismo lo negara— pues ese había sido el verdadero motivo por el cual él había entrado a formar parte de la Brigada Inquisitorial de Dolores Umbridge.
Había dado la orden expresa de que cualquier punto relacionado con Granger era él quien debía atraparla dejando muy en claro qué le importaba muy poco lo qué Potter estuviera o no haciendo en esas reuniones de las que ya tenían conocimiento. La quería a ella. El quería atraparla y cualquiera que supiera de su paradero o de las actividades que estaba realizando, debía comunicárselo de inmediato, por lo que nadie –creyendo qué se trataba de una venganza— se había opuesto y se le rendía un informe a cabalidad.
Por aquel entonces, también entendió que el cariño que la ataba a Draco no era el de una pareja. –Aunque claro, no por ello lo dejó— sino más bien el que se siente por un hermano y que sus celos eran precisamente de ese tipo. Celos de hermana que teme que le quiten a quién tanto ama y respeta. Por ello, se había convertido en algo así como su mejor amiga. Le escuchaba sin reprocharle absolutamente nada. Era paciente para escuchar y tardada para enfadarse. No lo juzgaba ni intentaba darle consejo alguno, pues lo creía innecesario.
Por ello aprendió a leer bien cada uno de sus gestos en cuanto a ella se refería. Como arqueaba una ceja cuando se preocupaba. Como apretaba sus nudillos hasta volverlos blancos cuando se molestaba. Como se alegraba con una pequeña y muy bien disimulada sonrisa con alguno de sus triunfos. Como se auto flagelaba después de insultarla con una mirada perdida en esa inmensa y grisácea mirada que se volvía aún más triste y tormentosa. Cuando ella estaba en peligro. O como le había dolido entregarla después de descubrir lo arriesgado de su hacer enseñando a otros hechizos de defensa en el Ejército de Dumbledore.
Sí, ella se había vuelto la mejor amiga—novia de Draco Malfoy porque había aprendido a ver más allá de lo que él demostraba. Ella se había convertido en la mejor amiga y aliada de Draco para ocultar lo que sentía por temor a que la lastimaran a ella.
Porque de alguna manera la había llegado a considerar su amiga, pues la admiraba por su inteligencia, después de recordar sus únicas palabras y su única conversación tan divertida después de aquel primer viaje en la locomotora escarlata que los condujo a Hogwarts. Porque ella se había acercado a ella sin una doble intención, sin conocerla a ella o a sus padres, por hablar con ella sin añorar su fortuna o lo que ella representaba. Por su sinceridad al hablar. Pero sobre todo porque de alguna manera después de asimilar lo que realmente sentía por Draco, quería solo lo mejor para él. Y eso, en teoría, había sido ella, hasta que lo dañó irremediablemente.
Por eso ella estaba allí.
Se había dirigido al lugar en donde ella se encontraba confinada en aquella mansión abandonada a las afueras de Salisbury, en la parte muggle de Inglaterra.
Después de que su amigo le había contado que los Mortífagos se estaban reagrupando para eliminar –aunque de manera más efectiva y menos notable— a los sangre sucia del mundo mágico.
Lo primero que había encontrado al llegar allí, había sido a Zabini, que al igual que ella, apoyaba a Draco incondicionalmente. Su amistad jamás se había basado en el miedo o la pleitesía que muchos le profanaban.
Pero a su mente estaban llegando tantos recuerdos y en desorden como una bombarda que es capaz de volar todo en un santiamén.
Los planes para capturarla. El miedo de Draco por los hijos de ella y de aquel imbécil. Y, por qué no reconocerlo, incluso el temor por la vida de su propio hijo Scorpius, a quien Draco había mantenido alejado de toda esa podredumbre, protegiéndolo al no contarle absolutamente nada de todo aquello que pudiera dañarlo. Los planes para ponerse a la cabeza de los mortífagos. O los planes para que ella se diera cuenta de que volvería a ser solamente de él, de Draco Malfoy.
Todo aquello rondaba en su mente con el peligro de explotar sin previo aviso y volverla loca. Porque fuera de la fachada en la que todos creían que Draco no la soportaba, ellos eran más que eso. Eran amigos y ella lo escuchaba y lo comprendía. Era un doble juego. Otra barrera de protección autoimpuesta para que nadie los dañara. Porque incluso aquellas palabras que había dicho de ella en aquel sillón frente a Draco eran huecas y tan faltas de verdad que de no ser porque era ella quien sabía la verdad lo habría creído. Pues sabía que Granger nunca había sido poca cosa para Draco y ella hubiese estado feliz de que en realidad estuvieran juntos. Porque sabía que se complementaban el uno al otro. Por eso, cuando regresaron por octava vez a Hogwarts a terminar su séptimo año de colegio, ella lo había animado a buscarla, a hablar con ella y volverse su amigo, sobre todo ahora que no estaban como guardaespaldas ni el zanahorio ni San Potter.
¡Y por Merlín que ahora se arrepentía de ello! ¡Sé arrepentía de haberle allanado el camino! ¡Sé arrepentía porque nunca imagino lo que su amigo sufriría al lado de esa bruja.
Pero lo que más la atormentaba. La mirada de Draco cuando había asegurado que tomaría venganza por el abandono de ella hace ya tantos años. Pues hace muchos años que ella no veía en él esa mirada gris de hielo que hace que se te congele la sangre que corre por tus venas.
Porque tenía miedo por lo que fuera que fuese a hacer su amigo, después del comportamiento que había tenido en aquel despacho y en el que ella logro vislumbrar la verdad detrás de aquellas frías palabras.
Porque sabía que el saldría incluso más lastimado que ella, pues sabía que para Draco el lastimarla a ella era como lastimarse a sí mismo. Y por el sentimiento de culpa qué la invadía por no hablar antes de lo qué ella fue testigo brevemente y que no logro revertir.
Por eso estaba allí. Esperando pacientemente un descuido de Zabini para entrar en aquella habitación en donde ella estaba confinada y liberarla. Pues prefería hacerlo –aunque ella no lo mereciera— antes de qué lastimara aún más a Draco.
Por ello, en cuanto Blaise salió por aquella puerta y sé alejo lo suficiente, ella se acerco sigilosamente y después de pronunciar un hechizo logro colarse a aquella habitación, aunque no quería arriesgarse, por lo qué no se había quitado la capa de invisibilidad que la cubría. Además, esa capa serviría para cubrir a Granger al sacarla de allí.
Se adentro sigilosamente y se impactó cuando la vio.
Conocía perfectamente aquella camisa y no era por el hecho de que alguna vez la hubiese despojado de su dueño. Sino porque era la favorita de Draco y era un regalo que ella le había hecho hace algunos años.
Observó como la ahora señora Weasley lloraba.
¿Quién se creía para llorar? Ni siquiera la habían torturado. Nadie la había lastimado. ¿Por qué lloraba? ¿Por la insípida comadreja? ¿Por su matrimonio?
Se quedó en una esquina. Afortunadamente ella estaba de espaldas frente al librero cuando ella había abierto la puerta y no sé había percatado de ello.
Vio como tomo un libro entre sus manos. Era un libro viejo y gastado. No le había hecho falta ver el titulo. Draco siempre lo llevaba consigo a cualquier lugar. Era un libro de literatura muggle, si no mal recordaba era Orgullo y Prejuicio, el favorito de Draco.
Decidió que observaría sus movimientos. La había intrigado lo suficiente como para permanecer completamente quieta y sin hacer ningún ruido. Quería descubrir que rondaba por la mente de Granger y lo iba a hacer. Por lo menos, quería disfrutar de verla sufrir un poco más, después seria libre para correr a los brazos del imbécil de su marido.
La vio dirigirse a la cama de Draco ¿Se podía ser tan descarada como para dormir allí? –se pregunto.
La vio entrecerrar los ojos por varios minutos –incluso llego a pensar qué dormía— de no ser por su irregular respiración.
La vio llorar y nuevamente se cuestionó el por qué. Aunque dedujo que seguramente era por el zanahorio de su marido y una ola de furia la invadió. ¿Es qué acaso no se daba cuenta de que lastimaba a Draco con su comportamiento? ¿Acaso no era capaz de vislumbrar cuanto la amaba y que por ella estaba allí, volviendo al infierno otra vez?
No. –Se respondió mentalmente a sí misma. Ella no era capaz de vislumbrar el daño que con su sola presencia le estaba causando. Ella no tenía idea de lo que había significado para Draco a lo largo de todos estos años el verla en su utópico matrimonio feliz posando para las cámaras con el imbécil de su marido y su "inigualable" familia feliz.
Porque ni siquiera se había dado cuenta de cuánto lo lastimó cuando él la vio en aquella casa jugando a ser la esposa perfecta preparándole la ropa a Weasley y la comida para su regreso.
Porque ella ni siquiera se había dado cuenta de cuánto lastimo a Draco cuando lo eligió a él para que no lastimara al inútil pelirrojo. Como lo lastimó con su mirada compasiva. Y aún así, ella se atrevía a usar la ropa de Draco como si su anterior comportamiento jamás hubiese tenido lugar….
Observó como se detenía en algunas páginas y lloraba aún más.
Por eso nunca le habían gustado las novelas. Suficiente drama tenía con su realidad como para atormentarse con cada una de esas frases, tal y como ahora lo hacía Granger.
La observo leer durante un par de momentos más. Mismos en los que se percató de que saltaba de una página a otra, como buscando algo.
Por fin, Morfeo se apiadó de ambas, pues era muy peligroso y en cualquier momento podía darse cuenta de su presencia, además, Draco podría volver en cualquier instante, a excepción de que hubiese decidido no demorar en mostrarle los recuerdos al pelirrojo. Al igual que Zabini, quien era el custodio de aquel lugar.
Cuando por fin se dio cuenta que había dejado de llorar se acerco a ella suponiendo que ahora sí dormía. Aunque lo suficientemente lejos como para que ella no se percatara de su presencia.
Ojala pudiera saber qué era lo que pensaba y por qué lloraba….
Pero ni Merlín estaba de su lado. Pues instantes antes de que pudiera acercarse a despertarla escucho a Zabini entrar.
Maldijo interiormente.
Observo a Zabini y escucho como le pedía perdón. Escucho una sarta de estupideces de parte del moreno hacia ella. Entonces se dio cuenta de que no había sido solamente su amiga, aunque al parecer lo había ocultado muy bien.
Por último, escucho a Blaise disculparse por extraer esos recuerdos que solo le pertenecían a ella. Después de todo y a palabras de Zabini, el solo era un invasor en su mente, pero debía pagar por el daño hecho a Draco, pues el ya le había advertido que Draco era vengativo y ella jamás lo escuchó, o no había querido entenderlo. Escuchó cómo le decía que si hubiese sido tan inteligente como se decía, habría interpuesto por lo menos un océano de por medio entre ambos y así quizás Draco no la hubiera buscado. Ahora, su única salida era estar allí, al lado de Draco y obedecerlo si no quería que sus hijos sufrieran las consecuencias.
Vio salir a Blaise de la habitación con semblante alicaído. Al parecer esa bruja –en el sentido más amplio de la palabra— no solo había conquistado el corazón de Draco, sino que había sido capaz de traspasar las barreras del corazón de Zabini, pues se había dado cuenta de que al moreno le estaba costando dañarla.
Pansy se concentró en lo que debía hacer ahora. No podía despertar a Granger pues gritaría y eso alertaría a todos los mortífagos. Un hechizo desilusionador estaba descartado ahora que Blaise la había visto. De la aparición mejor ni hablar. Sabía que esa habitación en particular tenía un contra hechizo para evitar el conjuro de las tres D. Lo único que le quedaba era esperar a que ella misma despertara y tratar de explicarle que la iba a ayudar pero antes tenía que salir, si no quería ser descubierta, pues era muy peligroso permanecer en ese lugar.
Draco podría llegar en cualquier momento y entonces sí sería un problema, pues no podría liberarla y de paso la catalogarían de traidora, aunque lo peor sería que Draco jamás volvería a confiar en ella y eso no lo deseaba.
Sin más opción, decidió esperar a que Blaise volviese a abandonar su puesto. Era lo único seguro y rogarle a Merlín, Morgana, Circe y a la magia más antigua por que no la descubrieran en el intento.
De repente, algo llamo su atención. La piel de Granger comenzó a emitir un ligero destello, como si de un conjuro se tratase, aunque claro, eso era imposible, pues ella estaba dormida y por su parte ella tampoco le había lanzado ningún hechizo.
Se quedó impresionada ante ese despliegue involuntario de magia y supuso que su dueña tampoco se estaba dando cuenta de absolutamente nada, pues seguía completamente dormida.
Decidió no decir nada y solo esperar. Aunque la espera fue realmente corta, pues apenas quince minutos después una somnolienta castaña abría los ojos pero esta vez había algo diferente en ellos. Era como si…. Pero eso era ilusionarse y además, honestamente, ¿De qué servía ahora? Si el daño ya estaba hecho.
La observo levantarse con una estúpida sonrisa en su rostro, como si no supiera el lugar en el que estaba o lo qué estaba por sucederle.
Había hecho un mohín de desaprobación al darse cuenta de que Draco no estaba en su cama y que no la había despertado. Incluso lo había llamado. ¡Por Merlín! Si no estaba completamente loca cuando había escuchado a Granger llamar a Draco y preguntarle si se estaba duchando y amenazaba con seguirlo si no le respondía.
Eso le extraño bastante a Pansy. ¿En dónde creía que se encontraba?
La vio desemperezarse y levantarse de la cama con las mejillas algo arreboladas y el cabello corriendo sobre la camisa de Draco.
La siguió atónita con la mirada mientras se dirigía a la cajonera del frente buscando algo. Pero eso no era lo extraño. Sino más bien, la familiaridad con la que se movía por aquella habitación. Como si hubiese estado antes en ella.
La vio fruncir el seño al tiempo que preguntaba ¡¿Por su uniforme de Hogwarts?
¡Por Merlín! Granger no se había visto al espejo y creía que aún estaban en el colegio. ¿En qué clase de pesadilla había entrado?
Sin más preámbulo y enfadada con Granger –y es que no se acostumbraba por nada del mundo a llamarla Weasley— y consigo misma se quito la capa de invisibilidad que la cubría de un solo tirón. Al diablo con Blaise. Ella necesitaba saber que pasaba allí.
—¿Qué haces aquí Pans? –Le preguntó una exaltada castaña. – ¿Cómo lograste entrar? ¿Quién te dio la clave de la torre? ¿Cuánto tiempo llevas allí? Deberías estar…. Esto no es…. —Se contradecía precipitadamente al tiempo que un rubor cubría sus mejillas mientras se observaba.
A Pansy le enfureció que la llamara así. Solamente sus amigos la llamaban así. Y ella alguna vez lo había hecho… durante su estancia en Hogwarts, después de hablar con ella y aclararle que si había dejado a Draco era para que ella lo hiciera feliz. Cosa que no había cumplido y darse cuenta de lo parecidas que podían llegar a ser, pero sobre todo, al darse cuenta (y como lamentaba haberse equivocado) que Granger amaba a Draco como él a ella.
—¿Qué sucede Granger? ¿O debería decir Weasley? ¿Quién le ha dado permiso a una inmundicia como tú llamarme por mi nombre? Eso solo lo hacen mis amigos y créeme, tú no estás cerca de ser una de ellas.
—¿Qué diablos te sucede a ti ,Parkinson? –Respondió algo enfurecida la castaña. —Draco podría salir en cualquier momento y adiós al cuento de ser buenas amigas. Porque te recuerdo que si no hemos dicho nada ha sido porque tú no lo has querido y con tus gritos, lo único que provocarás es que Draco salga del baño. Además Alexandra te estás alucinando. Si yo misma te conté ayer que terminaría con Ronald. Ya lo había decidido y sabes que si no quiero perder a Draco, es lo único que me queda por hacer. Aunque claro, Draco aún no sabe que yo…. Tú sabes. Que yo le contaré de lo nuestro a Ron y a Harry y que no me volverán a hablar en su vida. Además que es probable que con ello mi oportunidad de entrar a trabajar en el ministerio de magia también se vaya al traste, pues dudo mucho que Kingsley me acepte en el departamento de leyes mágicas, sobre todo si estoy con Draco y sabes que ese es mi sueño. Por si se te olvida Alexandra, voy a perder a mis mejores amigos por estar al lado del hombre que amo. Y eso te lo debo a ti, que me has convencido de dejar a Ron, aún y cuando ya había roto con Draco por elegir a Ronald. Sabes que ni siquiera los argumentos de Zabini fueron suficientes como para convencerme. Fuiste tú quien me hizo cambiar de opinión. Sabes perfectamente que tienes toda la jodida razón del mundo. Además, deja de mirarme así, Parkinson, que esa mirada ya no me da miedo. Pero sobre todo ¡Deja de llamarme Weasley! ¡No lo soy! ¡Y nunca lo voy a ser! –Gritó con vehemencia.
Fue en ese momento, después de aquella perorata que Hermione se analizó. No recordaba esa camisa. Incluso el largo no correspondía a él. Pero sabía que le pertenecía. Ella lo sabía su aroma estaba impregnado en ella.
—Perdona por vestir así, pero ¿Sabes? Pase toda la noche llorando porque Draco me ha evitado todo este tiempo y lo extraño. Me he vuelto jodidamente dependiente de él y usar su ropa me recuerda lo que hare. Quería sentirlo cerca durante la noche y está era la única manera.
Pansy miraba a Hermione de hito a hito. ¿Qué diablos le sucedía? ¿Acaso no recordaba lo que había hecho durante esos años? Si, ella si recordaba aquella conversación o mejor dicho el reacomodo de cerebro que había hecho en Granger al hacerle ver que nunca sería feliz con Weasley, pero ¡Vamos! Ella no sabía si había hablado o no con el pelirrojo. Solo recuerda que ella los había olvidado, pues había sido ella quien la había acompañado al departamento muggle en el qué se supone hablaría con Weasley y le contaría la verdad, pero jamás supo que sucedió pues ella la había dejado –a petición de Hermione— para hablar a solas con Ron, y al regresar, lo único que vio fue a Weasley saliendo del apartamento y a ella la encontró tirada en el piso con la única frase que pronunció: No quiero olvidarlo…
Si. Eso es lo último que supo y gracias a que ella actuó rápido y a que Weasley no era precisamente una lumbrera en encantamientos, logró borrar parte del oblivate, pero nunca supo lo que realmente sucedió, pues Harry Potter, el jodido niño que vivió llego al apartamento y la encontró allí, junto a ella, y la amenazo con enviarla a Azkaban si le había hecho daño a Hermione y ni siquiera le había dado tiempo de explicarle que Weasley la había dejado en ese lamentable estado, y después, cuando se lo dijo, él jamás le creyó y solo vio a Weasley al lado de ella en San Mungo. Así que desde aquella vez, había supuesto que jamás había llegado a contarle absolutamente nada de su relación con Draco.
Volviendo al presente. Granger había continuado con su perorata y lo último que alcanzaba a escuchar eran sus revolcadas ideas sobre que ella perdería a sus mejores amigos y que ella debía acompañarla al departamento.
Un escalofrió recorrió todo su cuerpo. Estaba teniendo un deja—vú. Era como revivir aquella jodida tarde y por Merlín que no estaba dispuesta.
Jalo a Granger de las manos y le planto un bofetón. Ella no lloraba, pero por primera vez, en casi dieciséis años volvía a hacerlo. Allí estaba la Granger marisabidilla que era su amiga. ¿Era posible que la estuviera engañando solamente para volver al lado de la comadreja? ¿O acaso, realmente había perdido la memoria? Pero, de ser así, ¿Por qué había vuelto justo a ese punto? Justo donde más había lastimado a Draco y de paso a ella al dejarla así. Ella la miro estupefacta.
Salió como alma qué lleva el diablo de aquella habitación en búsqueda de Blaise. Si alguien, después de Draco sabía comportarse con frialdad era él. Estaba bastante asustada. El único que podía ayudarla era él.
¿Dónde diablos estaba Zabini? ¿No sé suponía qué debía ser su guardian?
Por fin lo encontró. Estaba en el despacho de Draco, el ya le había enviado una lechuza. Ella ni siquiera pregunto el contenido.
—Blaise, necesito tu ayuda.
Eso era lo más doloroso y humillante que había dicho en su vida, pues sabía que debía contarle todo lo que sucedió a Blaise y no era que le agradara ni siquiera un poco.
—Estoy ocupado Pansy –le respondió el bastante altanero.— Tengo que cuidar de Granger.
—Es de ella quien te tengo que hablar. Al parecer tiene amnesia.
Blaise la miró. Ya ni siquiera noto que ella se había colado en su cuarto ni cuestiono porque ella lo sabía. Solo corrió al cuarto de Hermione. Lo que sea que le hubiese hecho esa loca pagaría las consecuencias. Draco no se lo perdonaría.
Al llegar a la habitación de Hermione se sorprendió de verla y gritando porque ningún elfo le respondía. Aunque ella jamás daba órdenes a esas criaturas, gritaba como desquiciada pidiendo ¿Su uniforme de Hogwarts?
¿Qué estaba pasando? ¿Cuándo había entrado a un universo alterno?
Apenas de entrar, Hermione se dirigió a él.
—Blaise yo…. ¿Por qué estoy en la recamara de Draco? ¿Dónde está él? ¿Está bien? ¿Me ha perdonado? Tengo que hablar con él. Suplicarle que me perdone. Fui una idiota ¿Sabes? No puedo seguir con Ron. Lo intenté. De veras lo intenté, Blaise. Voy a escabullirme y necesito que me cubras. Has caído del cielo. Gracias a Merlín. Le pedí que nos viéramos en un apartamento muggle y romperé con él. Hare lo que sea necesario para que Draco me perdone por mi inseguridad, pero necesito que averigües qué es lo que quiere. Lo que sea, lo haré.
Blaise le devolvió la mirada completamente desconcertado. Tomó un suspiro y le pregunto:
—Hermione ¿En qué año estamos?
—1999. –Respondió segura. —¿Por qué preguntas?
Blaise, la miro e hizo lo único sensato que se le ocurrió. La paro frente a un espejo de cuerpo entero que había en la habitación y ella se sorprendió.
—¿En qué año estamos, Blaise? –Le pregunto dubitativa.
—Otoño, casi invierno de 2015.
—¿Dónde está Draco?— Fue lo único qué Hermione pregunto antes de caer inconsciente. Al parecer su mente no había asimilado lo qué había ocurrido en sus últimas horas. Aunque por suerte Blaise logro atraparla en el proceso, antes de caer.
—¿Qué sucedió, Pansy? –pregunto sin poder disimular del todo el enfado que lo dominaba.
—Pues ella…. Tiene amnesia. Al parecer los últimos dieciséis años de su vida se han borrado de su mente.
—Tengo que avisar a Draco, Pansy. Quédate con ella y no hagas ninguna estupidez. Porque aún tienes mucho que explicar….
Dicho esto, Blaise salió a la lechucería de los Malfoy. Tomó el halcón, pues era el animal más rápido al volar y era demasiado urgente lo que tenía que contarle a Draco. Sin temor a errar, estaba seguro que había algo que Pansy no le había dicho y era probable, después de la arenga qué Hermione había pronunciado que algo o alguien la había detenido para no contarle nada a Weasley sobre su relación con Draco. Por lo que solo escribió: Cambio inesperado. Hermione amnésica.No revelaba mucho. Solo lo esencial para que él se intrigara y volviera a la brevedad posible. Además, el halcón también le daría una pista sobre lo grave de la situación. Pues solo lo usaba en momentos desesperados.
Además, Pansy parecía muy nerviosa. Y, ¿Desde cuándo era amiga de Hermione?
Esperaba que Draco no demorara mucho en llegar. Era necesario llegar al fondo del tema. No le gustaba nada el rumbo que estaban tomando las cosas. Todo podía complicarse para mal. Aunque por ahora, lo único importante era atenderla, por lo que llamo a un elfo con conocimientos en medicina y le pidió subir a checarla. Draco lo mataría si algo le sucediera a Hermione. La conversación con Pansy tendría que esperar.
