Capítulo 8
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– ¿Y tú qué haces aquí? –Bramó Emmett al dios griego que estaba junto a Rose.
–También me da gusto verte Emmett– Ironizó y luego hizo un gesto pensativo –En realidad… ni tanto– Dijo sonriéndole.
–Ja, ja. Eres muy gracioso Eddie– Contestó Sentándose junto a Alice. Edward le lanzó una mirada asesina mientras se paraba. ¿Acaso se iba ya?
–No me llames así. Me llamo EDWARD– Le corrigió con voz frustrada y mostrando un semblante molesto. Al voltear hacia mí, relajó su rostro y sonrió torcidamente corriendo la silla para que yo pudiera sentarme entre Emmett y él. ¿Podía ser más adorable? –Hola Bella– Saludó con su voz aterciopelada, y viéndome a los ojos, dejándome hipnotizada al fijar mi vista en sus hermosos orbes esmeraldas.
–Cierra la boca Bella, que puedes tragarte una mosca– Se burló Emmett. Aparté la vista tan rápido como pude y sentí el fuego recorrer mi rostro. Emmett rió estruendosamente.
Como había dicho, Emmett no podía ser más imprudente. Y era un especialista en avergonzarnos, sin embargo parecía disfrutarlo más cuando se trataba de mí.
–Idiota– Pronunció Rosalie en un susurro, pero todos pudimos escucharla.
– ¿A quién llamas idiota? –Interrogó el grandulón.
– ¿A quién más podría ser?
– ¿Y porque me dices idiota?
–Porque lo eres– Fue su rotunda respuesta. Rosalie lo miraba como si quisiera clavarle el cubierto a la yugular, en cambio Emmett la miraba con tristeza y arrepentimiento.
–Como digas Barbie– Se rindió
–No me llames así gorila…
– ¿Podrían callarse de una vez? –Interfirió Jasper– ¡Diablos! ¡Dejen de comportarse como dos niños! –Nadie dijo nada más, aunque de vez en cuando Emmett y Rose que estaban sentados uno frente al otro se lanzaban miradas encolerizadas. Fue una comida realmente incomoda.
Luego se comer los chicos se ofrecieron a pagar. Saliendo del restaurante Alice quiso seguir de compras, los chicos y yo nos negamos y decidimos ir a ver una película. Alice no parecía contenta, pero una mirada y algunas palabras de Jasper bastaron para convencerla. Aunque no cumplió del todo su palabra, pues al entrar de nuevo al centro comercial corrió hacia una tienda de disfraces llevándose a Rose con ella. No comprendo para que, ¡pero es Alice! Ella siempre hace ese tipo de cosas. Acordamos vernos en un par de horas frente al cinema. Supuse que en cierta forma lo hacía para que las cosas entre Emmett y Rose se calmaran un poco y no tuviéramos otro episodio como el acontecido en la comida. Luego de unos minutos en los que estuvimos planeando que podríamos hacer para distraernos, mientras llegaba la hora de reunirnos con las chicas, Jasper y Emmett decidieron ir a una tienda de videojuegos, dejándonos a Edward y a mí solos.
– ¿Quieres ir por un helado? –Ofreció.
–Claro– Acepté. Caminamos hacia la heladería en silencio.
– ¿Qué sabor te apetece? –Preguntó al llegar.
–Vainilla.
– ¿Tu favorito? –Preguntó.
–Sí, ¿Cuál es el tuyo? –Yo quería saber cosas sobre él, aunque su helado favorito no era algo relevante, sería un comienzo.
–Fresa– Dijo sonriendo ampliamente – ¿Cuántos años tienes Bella?
–16– Respondí tomando un helado grande de vainilla con chispas de chocolate que él me tendía – ¿Cuántos años tienes tú?
–17. Eres algo… Menor para estar en el mismo grado que Alice y yo.
–En realidad no, este año cumpliré 17. ¿Así que Alice y tú son mellizos?
–Sí. Aunque como es claro, no nos parecemos en nada. Creo que se parece más a Emmett– Opinó riendo por la locura que sería esa visión, pues Emmett fácilmente sería el doble de estatura y el triple de ancho que Alice. Aunque también llevaba razón en que los dos tenían ciertos aspectos similares, como el cabello negro y ojos grises, además de una actitud bastante infantil y desenfada muchas veces –Y… ¿Cuándo es tu cumpleaños? –La pregunta que menos quería escuchar. Nunca me gustó celebrar mis cumpleaños, está más que sabido que no es de mi agrado ser el centro de las miradas.
– ¿Estamos jugando a las 20 preguntas? –Bromeé en un intento de desviar el tema. Él rió, pero me veía pacientemente esperando mi respuesta. Suspiré ¿Cómo se le dice que no a esa cara…? ¡Alto ahí! – ¿¡Estas usando "la cara" conmigo!? –Chillé de repente.
– ¿"La cara"? –Repitió confundido
–Sí, "La cara". Ese gesto de perrito mojado y abandonado que usa Alice para conseguir todo lo que quiere y que veo tú también usas– Exploté. Él frunció el entrecejo y luego comenzó a reír.
–Bella, Bella, Bella. Veo que conoces bien a mi hermana. Fue una mala idea seguir sus pasos, esta mueca… rara, no funciona. Aun así quiero escuchar tu respuesta– Con o sin mueca, ¿Cómo negarle algo?
–13 de Septiembre– Contesté en un susurro.
– ¿13 de Septiembre? Eso es en menos de dos semanas. Alice querrá tirar la casa por la ventana…
– ¿Qué? Espera… Tú no puedes decirle nada de esto a nadie. Y menos a Alice.
– ¿Por qué no? –Preguntó extrañado.
–Porque no quiero que nadie lo sepa y tampoco quiero una fiesta, ni regalos, ni nada de eso. Promete que no se lo dirás a nadie, por favor… ¿sí? –Rogué, esperando que se compadeciera. Al parecer lo logré, pues él suspiró.
–Ok. Prometo no decirle a nadie.
– ¡Gracias! –Dije abrazándolo y sintiendo una descarga en todo mi cuerpo. ¿Qué diablos estaba haciendo? Me aparte rápidamente y extremadamente roja– Lo siento, yo… –Traté de disculparme y el me cortó sonriendo.
–No te preocupes, Bella. No diré lo de tu cumpleaños, pero con una condición.
¿Condición? ¿Qué tipo de condición será? ¿No acercármele tanto de nuevo? Un poco asustada y un tanto más intrigada pregunté.
– ¿Qué condición?
–Dijiste que no quieres fiesta, ni regalos, ni nada eso ¿no? –No entendía de que iba esto.
–Sí.
–Bueno, mi condición es simple. Me dejarás darte un regalo en tu cumpleaños– Dijo sonriente y con los ojos brillando. ¿Qué? ¿Estaba bromeando?
–Edward… No es necesario.
–O aceptas mi regalo, o Alice se entera. Tú decides– Planteó con una sonrisa victoriosa. Bueno, no creo que fuera tan extravagante como su hermana. Pero a este juego yo también puedo jugar.
–Está bien, acepto.
– ¿Qué es exactamente lo que aceptas?
– Díselo a Alice– Dije lo más seria que pude.
– ¿En serio? –Cuestionó con los ojos abiertos como platos. No pude aguantar más al ver su expresión y comencé a reír.
–Claro que no ¿Acaso crees que estoy loca? –Y luego comenzamos a reír juntos.
–Por un momento creí que lo decías de verdad.
–Sonreíste dando por hecho que iba a aceptar tu regalo. Quería ver tu reacción si decía lo contrario.
–Eso fue cruel.
–Te lo merecías. Tu expresión fue impagable– Comenté riendo de nuevo.
De repente comenzó a embarrarme la cara con helado. Esto no se iba a quedar así, por lo que lo llené del mío. Parecíamos dos niños jugando. Era divertido estar con Edward, su risa era tan contagiosa. La gente que pasaba nos veía como si estuviéramos locos, otros en cambio sonreían al vernos, sobre todo las parejas.
Decidí correr, algo que por supuesto no era la mejor de las opciones. Como era de esperar tropecé con mis propios pies, Edward trató de sujetarme pero mi genial torpeza se las arregló para hacerlo caer conmigo, quedando él sobre mí.
Seguimos riendo como dos desquiciados, con la ropa y la cara completamente atiborradas de helado y galleta. Edward limpió mi mejilla con su dedo quitando el rico postre desperdiciado y luego lo probó.
–Delicioso– Comentó viéndome fijamente. Comencé a sentirme mareada, y no se debía a ningún golpe. Me había olvidado hasta de respirar cuando vi como acercaba lentamente su rostro al mío. ¡Edward Cullen iba a besarme! No sería mi primer beso, pues ese se lo di a un chico llamado Demetri jugando a la botella cuando aún vivía en Phoenix. Un recuerdo para nada grato. Podía sentir que ahora sería diferente. Para comenzar, Edward no usaba brackets, para continuar seria voluntario, ya que cuando besé a Demetri fue porque no había otra salida, o lo besaba a él o besaba a Heidi, la chica más presumida y de moral despreocupada de todo el instituto y para finalizar ¡Se trataba de Edward Cullen! El chico más inteligente, divertido, amable, apuesto, caballeroso… Ok, podría seguir todo el día hablando sobre lo perfecto que es. Cuando su boca estaba a solo milímetros de la mía alguien nos interrumpió.
–Pero vaya, los espectáculos que uno se encuentra por aquí. Esa no es forma de comportase en público muchachos– Sabía exactamente a quien pertenecía esa voz.
