Existía algo que Hanji podía hacer con suma facilidad, y que resultaba ser la envidia de la gran mayoría del ejército. Ella podía ser idiota y payasa, Hanji adoraba la diversión, se la pasaba de aquí hacia allá y a todos lados, pero cuando las cosas se ponían serias entonces ella también lo hacía, se daba por hecho que era capaz de comprender la situación. Hanji era una sargento, no por casualidad ni por error de nadie.
Cuando se había dado cuenta de la magnitud de aquel descubrimiento había tornado aquello en una investigación de lo más seria, la cual era culpable de muchas noches de insomnio. Los titanes eran su pasión, y averiguar que un shifter podía reproducir y engendrar resultaba algo maravilloso, estaba fascinada. Pero durante el tiempo en el que había sido testigo del desarrollo de esta criatura, y del extraño comportamiento del embarazo, la castaña había terminado en el inevitable de formular hipótesis poco alegres.
¿Y si la cosa no era humana? ¿Qué iba a pasar si Levi daba a luz a un titan en toda su forma, que poco después comenzara a expandirse hasta crecer? Siendo un poco menos extremos ¿Cómo iba a dar a luz si esa cosa literalmente estaba alojada en sus entrañas, como un parasito, sin bolsa u hogar alguno? Estaba entre su estómago y la piel, o a veces entre el estomago y el hígado, en cualquier momento podía moverse y romper algo; y matar a Levi. ¿Y si las uñas y dientes le aparecían? ¿Y si crecía demasiado y aplastaba sus órganos vitales? Durante el siguiente período, el desarrollo pareció estabilizarse y los desmayos, que habían sido alarmantemente constantes, se hicieron mucho menos frecuentes. Empezó la emotividad y la calma, por lo que Hanji pudo sentirse tranquila una vez más.
Luego Erwin había comenzado a sospechar. Comenzó justo luego de que Levi perdiese a su escuadron, la vez que Eren había sido casi capturado por la titan hembra, y muchos habían muerto. Para el comandante todas fueron muertes innecesarias, que pudieron haberse evitado de haber contado con la presencia del sargento más fuerte de la humanidad. Ese día, Erwin había irrumpido en su laboratorio y le había interrogado durante largo rato acerca de las famosas heridas internas, preguntándole en dónde habían sido hechas, de qué manera, por qué no lo había visto. Atareada con ellas, perseguida, Hanji evitó el tema con otros; bromeó, se hizo a la tonta, la que no sabe nada. Pero el rubio fue persistente y continuó aquellos acosos, a la hora que fuera. A la hora del desayuno o del almuerzo, o a la hora de recoger trigo para el pan; ahí estaba él para atosigarla con cuestiones y preguntas, exigirle la verdad.
Para el cuarto o quinto día, Hanji ya estaba completamente harta, por lo que había comenzado a ponerse realmente seria con el asunto. Firme, se negaba a hablar de más con Erwin, le refutaba sus preguntas, incluso comenzaba a ser insolente.
Para cuando todo había sucedido, ella había estado a punto de explotar en serio contra Smith, por acosarla con aquellas malditas interrogantes. Levi había salvado el pellejo de ambos cuando soltó aquel grito, pero no era un alivio, en absoluto, sino que era todo lo contrario.
Le hallaron en el piso, sobre un charco de sangre que había sido obviamente vomitada. Su cuerpo estaba hecho una pequeña pelotita sobre el piso, y temblaba por el dolor. Su expresión difería de lo que usualmente mostraba, era un rostro crispado por verdadero dolor interno.
-M-me duele!
Ambos se acercaron con prisas al otro, echándose al piso junto a él para checar su estado; Hanji fue directamente a posar una mano sobre su estomago, intentando sentir cualquier cosa, sin embargo no pudo hacer mucho de esa manera, no sentía más que la pequeña protuberancia que parecía haberse hecho un poquito más grande. De un momento a otro, Levi volvió a gritar, apretó los brazos alrededor de su estomago y vomitó otro tanto de sangre mezclada con bilis, y siguió quejándose.
- ¡Llévalo a mi laboratorio ahora mismo!- ordenó la castaña a su comandante, empujando a Levi hacia los brazos del rubio. Erwin no preguntó mucho y obedeció, cargando a su sargento con prisas y apresurándose a trasladarlo.
Pasillo tras pasillo, parecía que era una trayectoria eterna, y Levi convulsionaba y vomitaba más sangre, o gritaba. Cuando parecía que no podía seguir gritando, ambos soldados comenzaron a correr a toda prisa. El pelinegro vomitaba bilis y más sangre; casi podrían decir que ya había echado más de lo permitido, que estaba en peligro de muerte por desangramiento, pero aún así no dejaba de vomitar sangre y convulsionar, cada vez con menos fuerza. Otro pasillo. Correr por mucho tiempo. Doblar en la esquina y recorrer otro pasillo. Pasillos. Pasillos; ¿Qué tan lejos estaba el maldito laboratorio, que siempre parecía tan estúpidamente cercano? Escaleras, pasillos, pasillos, pasillos.
Otro pasillo. Levi dejó de moverse.
- ¡No creas que una amenaza de ese tipo va a asustarme, bastardo de mierda! ¡No tienes idea de con qué estás jodiendo, cabronazo, como me suelte y me transformé te vas a enterar! – El grupo de los ancianos no parecían inmutarse por la patética actuación del joven soldado, que forcejeaba e insultaba; forcejeaba e insultaba. Sus gritos parecían lo único que rompía la precaria calma del lugar, rebotando contra las paredes como una mariposa atrapada.
-No lo has entendido todavía, Eren Jaeger, tú no tienes opción. Nos ayudas, o soltamos un virus incontrolable en la base militar de la legión de reconocimiento. – El alemán interrumpió lo que el chino dictaba, negando con la cabeza.
- Ciertamente terminar con la legión representaría, para nosotros, un problema porque son participantes accidentales de la fase uno del plan de acción, ellos han eliminado muchos titanes, por lo que decir que los acabaremos a todos es una mera irresponsabilidad, un berrinche. Sin embargo, no cuesta nada sacrificar a cuatro o cinco de ellos, quizá un escuadrón entero de recién graduados, y a un sargento. He escuchado que éste sargento tiene la fama de ser el más fuerte de la humanidad, pero podemos prescindir de él… a menos que Eren decida que es imprescindible. ¿He sido claro?—el de cabello castaño tragó en seco y paró el forcejeo cuando la amenaza tomó una nueva forma, se volvió aún más gráfica y latente. Era como ver a sus seres queridos siendo apuntados con armas, en su mente.
Pero el orgullo de Eren no le permitiría rendirse tan fácilmente, no iba a permitir que le manipularan y lo utilizaran a su conveniencia, pero tampoco pondría en peligro a sus seres amados, especialmente a Levi. Decidió que lo más sensato sería fingir que se rendía y aceptar los términos que se le impusieran, para luego planear con más serenidad un modo de huir.
Un silencio denso cayó sobre todos los que estaban presentes en aquella habitación, incluso sobre Rossell, que ya era silencioso.
- ¿Podré volver a mi base militar, y ver a mis amigos y a mi amante?
- Por el momento no. Sin embargo en cuanto el proceso comience podrás asegurar la entrada de tu familia y amigos cercanos a la utopía, como recompensa por ayudar. Tu amante, el hijo que engendrará, tu hermana adoptiva e incluso la muchacha rubia que suele acompañarles todo el tiempo. Todos vivirán para observar la verdadera lozanía de la humanidad.
-… De acuerdo. Lo haré. Pero ¡Tienen que asegurarme que nada va a sucederles, a ninguno de ellos! ¡Absolutamente nada va a pasarles!
- No te preocupes joven Jaeger. A pesar de lo que puedas pensar de CELICA, yo te aseguro que puedes confiar en nosotros.
Los dos mastodontes rubios, que antes se habían encargado de azotar y torturar al castaño, ahora fueron quienes le guiaron casi a rastras hasta lo que parecía ser una base militar ultra lujosa, llena de aparatos extraños y científicos yendo y viniendo. Sus batas blancas parecían estar pintadas sobre las paredes y ellos parecían Goyas o partes que escaparon del Guernica, pero afirmaban su realidad cuando chocaban despreocupados contra el hombro izquierdo o derecho del titán.
Finalmente Eren llegó a una enorme sala que parecía el recibidor de un hotel o de una posada, no era demasiado lujoso pero se veía cómodo. Alrededor de una mesita de centro estaban sentados un par de muchachos a los que les calculaba su edad, más o menos. Una mujer mayor estaba en otro sofá, ataviada con un vestido color rojo de falda amplia, brocado de perlas en el corsé y unas mangas abultadas que caían por encima de sus hombros. Si no se hubiera fijado lo suficiente (Y no era que estuviera fijándose en el pecho de aquella mujer) hubiera parecido que era un vestido escotado, sin embargo su pecho y cuello estaban cubiertos por una fina tela color piel, casi transparente, que estaba, a su vez, adorada con hilos de oro. Era una mujer rubia, casi albina. Su expresión le recordaba a la de Annie, y de no haber sido por la nariz, que en su caso era más chata, hubiera podido jurar que se trataba de ella, unos años mayor.
Al otro extremo del sofá estaba sentado un hombre que rondaba más o menos la misma edad de la mujer, pero él era un pelirrojo de vestimenta extraña. No vestía como civil, ni como científico, era como si estuviera vestido con un uniforme militar de tipo extraño, adornado con cadenas de oro en los bolsillos y placas del mismo material sobre los hombros. Nunca había visto un uniforme de ese tipo, si es que era un uniforme.
-Aquí vas a quedarte mientras tanto, éstas personas son las que hemos recabado hasta ahora. Si haces algo extraño el comandante DuLac te exprimirá la cabeza como a una toronja-. Los mastodontes dejaron libre al joven castaño, permitiéndole tomar asiento si quería, o quedarse de pie; y procedieron a dar la vuelta e irse, no sin antes amenazarlo con algo que no entendió del todo. El hombre pelirrojo se echó a reír entonces, negando un poco con la cabeza y poniéndose de pie. Se acercó a Eren.
-No les hagas caso, no hay nadie más extraño que yo~ Dime Gabrielle, soy quien te dirá qué hacer y cómo hacerlo, o sea, comandante militar. Yo no soy un shifter, pero me paso la mayor parte del tiempo entre ellos, entre titanes o entre científicos. Si me escuchas como se debe muy probablemente no mueras… creo…Espero~. -El ánimo con el que aquel extraño le saludó descolocó un poco a Eren, sin embargo hizo el esfuerzo de saludar también.
- soy Eren Jaeger. Estaré bajo su comando a partir de ahora, señor.
-No me digas señor, suena a que tengo cincuenta~ dime Gabrielle. Ellos son tu equipo.- El pelirrojo señaló a las personas en la sala, a los dos muchachos y a la mujer.- Ella es Azmaria, está loca así que mejor odiala mucho~.- La mujer albina, cuyo nombre era Azmaria, volteó la cabeza a penas un poco y le saludó con una mano, sonriéndole con dulzura.- Es hija de Rossell, no me acercaría si fuera tu… Ellos son Jim y Albert Portman, son hermanos, los únicos con algo de sanidad mental en éste equipo. Probablemente mueran mucho antes que los demás.
Ambos muchachos levantaron la cabeza de los libros que leían. Llevaban cortes de cabello similares, uno de color castaño y el otro de color negro, cortos y peinados completamente hacia atrás.
- No le hagas caso a este idiota, Eren. Ha inhalado demasiados gases tóxicos de pasar tanto tiempo en el laboratorio.- Largó Albert, que tenía cabello y ojos negros.
- Acosando oficiales importantes, seguramente.- Completó luego su hermano Jim, castaño. – Tienes el uniforme de la milicia, de la legión de reconocimiento. Ven aquí y cuéntanos sobre la vida de un soldado. Nosotros quisimos entrar a la legión también, pero nuestra madre siempre estaba enferma y nunca pudimos aplicar.
- La utopía la curará, es por eso que estamos aquí, ella está bajo el cuidado de todos los doctores que vez, ellos dijeron que podrían curarla muy fácilmente.
- CELICA tiene acceso a tecnología que el resto de la humanidad considera perdida.- Ésta vez, fue Azmaria quien habló.- Tenemos acceso a químicos, a metales, plásticos. Todo lo que pensamos que había sido perdido gracias a la aparición de los titanes hace cien años, todo lo que parecía enterrado y cuyos vestigios estaban enterrados muy afuera de los muros. La línea genética de las familias que conforman al grupo es tan pura, que este conocimiento ha permanecido con nosotros, en nuestra línea genética.
-Basta, Azmaria. Eso se lo explicaremos detalladamente por la tarde cuando empiece el entrenamiento. Ahora mismo deja que se haga de amigos, los va a necesitar durante el tiempo que pase aquí. – Eren fue directo a sentarse junto a los gemelos, a quienes les había ganado algo de empatía por aquello que hablaban sobre su madre.
- Yo estoy aquí por mis seres queridos también. Mi madre murió hace muchos años, fue comida por un titán cuando derribaron la muralla María. Desde entonces estoy en la milicia. Cuando descubrieron que soy un shifter entonces me dejaron a cargo del sargento Levi… creo que ha sido lo mejor que me ha pasado.
- ¡Woah! El soldado más fuerte de la humanidad, que increíble! Me encantaría poder conocerlo.
- Sí. Levi es increíble. En muchos sentidos…Lo extraño más que a nadie, ¿saben? Así que voy a seguir hablando de él.
Una hora. Dos. Pasó mucho rato mientras Eren platicaba sobre Levi, sobre sus aventuras y sobre lo increíblemente habilidoso que era (omitiendo detalles sucios, por supuesto, porque cuando se habla de Levi es necesario omitir ese tipo de detalles, no fuera a ofenderse porque su nombre fuese usado para referirse a tales actos sucios)
Le extrañaba en sobremanera, demasiado para poder soportarlo sin poder hablar de ello durante mucho rato. Se preguntaba cómo estaría él, como estaría su bebito, si estaría triste porque no volvió. Si el bebé lo notaría.
-Te lo explicaré todo después, Erwin, necesito que salgas de aquí ahora mismo!
- ¡No voy a permitir que cosas de éste tipo pasen en mis narices sin que se me permita interceder, maldita sea! –
Se había logrado estabilizar a Levi, sin embargo no con buenas noticias. Erwin estaba más al pendiente que nunca de las heridas de su sargento, y Hanji estaba más brava, al pendiente de ocultar bien lo que sucedía entre ambos, en Levi y con Erwin. El rubio y la castaña llevaban peleando mucho rato fuera del laboratorio, en donde el pelinegro descansaba, inconsciente y agotado emociona y físicamente.
El ruido prolongado de aquella pelea comenzaba a mermar su sueño, sin embargo.
- Yo te lo diré después. Ya te dije que yo te lo diré ¿¡Por qué mierda no entiendes que yo te lo explicaré todo luego, maldición!? ¡No es momento de hacerme un jodido interrogatorio, es momento de preocuparse por Levi y por lo que le sucede! ¿¡no entiendes que podría matarlo!?
- ¡No entiendo porque llevas demasiado tiempo haciendo esto tu sola como si fueras la jodida jefa de todo, pero no es así! ¡Si esto continua voy a ordenar que se le dé de baja definitiva del ejército, porque es inútil tenerlo así, si va a estar muriéndose! ¡Piensa en su bien!
- ¡Tú piensa en su maldito bien!
La cama crujió, lanzando un chillido agudo cuando el pelinegro intentó incorporarse. Hanji fue de inmediato, no sin antes dar una última advertencia al comandante. Erwin se sentía excluido e impotente, no le permitían hacer nada por Levi.
- ¿Qué pasó?—La castaña se sentó a un lado del mayor, poniendo una mueca extraña y acariciándole un hombro. Definitivamente lo que iba a decir no iba a hacerle bien, pero era la realidad.
- Tuviste un colapso físico fuerte gracias a la cosa de ahí, está creciendo demasiado, como me temía. Levi, no quiero ponerte bajo presión, sé que lo de Eren es resiente, sé que éste 'bebé' significa mucho para ti ahora, o al menos eso imagino, pero es necesario que sepas que lo que va a pasar durante los próximos días es simplemente necesario. Pronto vas a entrar en una crisis física, y en ese momento tendremos que elegir entre tú o tu bebé.
-… ¿qué?
- Porque tendremos que decidir si lo sacamos o permitimos que se quede adentro. Si lo sacamos, no va a sobrevivir porque no está lo suficientemente desarrollado, eso es definitivo.
-… Hanji… espe-
- Y si lo dejamos dentro, va a aplastar tus órganos y a matarte. La cosa está así. ¿Quieres sacarlo ahora? O ¿Quieres esperar a que tu cuerpo entre en crisis y estés al borde de la muerte para sacarlo? Porque vamos a tener que sacarlo, Levi. No puede sobrevivir.
Mucho rato había pasado ya y el tema había cambiado a otro, y a otro. Dos chicos más habían aparecido pero se habían ido pronto. Le hablaron de Annie y de Reiner, también de Berthold y de Ymir; parecía que iba a ver un rostro familiar muy pronto, y se sentía culpable de alegrarse por eso.
Finalmente, alrededor de las cinco de la tarde, una campana sonó en el lugar y los muchachos se levantaron. Le explicaron a Eren que era la hora en la que los Couloun salían de junta e iban a sus dormitorios, por lo que todos detenían sus actividades para saludarlos.
Un grupo de científicos salió junto con ellos. Hablaron un momento entre ellos y con los hombres que antes habían entrevistado al castaño, y se dirigieron a Eren.
- ¿Perdiste la puta cabeza? No vas a poner un puto dedo encima de MI bebé. Es mí niña, no vas a tocarla, me suda si aplasta mis órganos o si los rompe.—Contrario a lo que Hanji esperaba, Levi reaccionó con pura histeria. No estaba gritando o haciendo un berrinche, simplemente estaba siendo obstinado como el solo, a niveles inimaginables.—Como te acerques a ella ¡Te mataré!
La castaña sintió un par de gotas frías en la nuca y la frente. Aquella había sido una amenaza real.
- Eren Jaeger.—El grupo de cinco hombres se dividió en filas, y de en medio salió otro. Los ojos azules del castaño se abrieron más que dos pelotas cuando se enfrentó a aquel doctor, o científico, o lo que fuera.
Cabello negro,no demasiado corto; bajito, incluso más que Levi, podría asegurarlo incluso si usaba unas botas de tacón alto. Con un rostro fino y una expresión de seriedad y completa profesionalidad. Tenía ojos rojos como la sangre, y estaban clavados en Eren.
- Vale, mocoso de mierda. Vas a extender el brazo para que pueda sacarte sangre por las buenas, o voy arrancártelo y llevármelo para hacerle exámenes. ¿Entiendes?
